EDUCACIÓN DIFERENCIADA

Todavía es una opción minoritaria, pero la educación diferenciada, aquella en la que niños y niñas se educan por separado, es una tendencia creciente en numerosos países. En contra de lo que podría pensarse, visto desde la perspectiva de nuestro país, no está impulsada por gobiernos conservadores afines a la Iglesia sino por movimientos políticos  y sociales de todo signo, incluyendo los movimientos feministas.

Así, por ejemplo, mientras que en España hay algunas Comunidades Autónomas en las que se quiere retirar los conciertos educativos a las escuelas diferenciadas, en Reino Unido estas escuelas forman parte de la red escolar pública.

Después de aplicar la coeducación durante décadas, con la intención de alcanzar la igualdad de oportunidades y un mayor conocimiento y respeto entre los sexos, hay datos que parecen indicar que estos objetivos no se están logrando. Las estadísticas muestran que la violencia de género está creciendo y que el fracaso escolar es significativamente mayor en los varones que en las hembras. Evidentemente, no se puede responsabilizar únicamente a la escuela de que esto esté sucediendo, pero es necesario investigar qué parte de responsabilidad está teniendo en ello.

La educación mixta supuso un avance, al conseguir que las exigencias escolares, en cuanto al currículo y las materias impartidas, fueran las mismas para las niñas y los niños. Se impuso para corregir una situación social en la que, efectivamente, los varones eran educados para triunfar en el ámbito público, en el mundo laboral, mientras que la educación de las chicas se centraba en lo privado, en el entorno de la familia. Sin embargo, el que las exigencias y las oportunidades, tanto académicas como profesionales, sean las mismas para hombres y mujeres no implica necesariamente que unos y otras tengan que ser educados de la misma manera.

Simone de Beauvoir, filósofa, profesora, escritora, y una destacada feminista, afirmaba que no se nace mujer, sino que se llega a serlo; queriendo dar a entender que las diferencias en cuanto al comportamiento y la forma de pensar de las mujeres en comparación con los hombres se debían más al ambiente en el que se nace y la educación recibida que a las diferencias anatómicas y fisiológicas. La mujer es un producto cultural y los roles que desempeña (como madre, esposa, hija o hermana) no se deben a la genética sino a la forma en que ha sido socializada. Otros planteamientos más radicales llegan a afirmar que incluso la identidad sexual no depende tanto de la naturaleza sino que es un producto de la cultura y de la libertad de elección de cada persona.

Pero, sin negar que muchos de los comportamientos tradicionalmente femeninos o masculinos son aprendidos, lo cierto es que entre hombres y mujeres hay diferencias biológicas sustanciales,  además de las más obvias y visibles. Para empezar, la dotación cromosómica de las hembras y machos humanos es muy parecida, pero no es la misma: de las 23 parejas de cromosomas que la componen, solo una pareja es diferente para unas y para otros, XX en las hembras y XY en los machos. El cromosoma Y es más pequeño que el cromosoma X, por lo que se piensa que, en la evolución, surgió a partir del cromosoma X, posiblemente por la pérdida de un fragmento;  una diferencia que podría parecer mínima, pero que determina que la anatomía, el funcionamiento hormonal y la velocidad de maduración sean distintos; lo que no excluye que, además, puedan intervenir otros factores.

Es más, los recientes estudios de las neurociencias, aunque no son concluyentes, parecen apuntar a que las hembras y los varones no solo se diferencian en que unas tienen ovarios, vagina, los pechos más desarrollados y mayor concentración de estrógenos y progesterona mientras que los otros tienen testículos, pene y una considerable cantidad de testosterona, sino que también sus cerebros son diferentes; es decir, que presentan diferencias significativas en su estructura y su funcionamiento. Entre otras, el cerebro femenino pesa, en promedio, cien gramos menos que el del hombre pero tiene un mayor cuerpo calloso (un paquete mayor de fibras que comunican ambos hemisferios); las zonas relacionadas con el lenguaje son más extensas y se activan antes en las niñas que en las niños;  la conectividad cerebral, el cableado neuronal, es diferente en los hombres y las mujeres: mientras que en las mujeres, es mayor el cableado entre los dos hemisferios cerebrales, en los hombres hay mayor conectividad dentro de cada hemisferio, lo que explicaría la supuesta mayor dificultad de los varones para realizar más de una tarea al mismo tiempo y la mayor facilidad o eficacia para aprenderla. Y así podríamos continuar acumulando datos y evidencias que apuntan a que, efectivamente, entre los cerebros masculino y femenino hay diferencias innatas, que no se deben al ambiente en el que se vive ni a la educación recibida.

La cuestión no es afirmar o negar si las diferencias biológicas existen, sino decidir si son tan esenciales como para justificar la educación separada por sexos. Se trata de valorar si el desempeño académico, el tipo de estudios elegidos, la orientación laboral, los resultados profesionales y el conocimiento y el respeto del sexo opuesto, son significativamente distintos según se elija un modelo educativo mixto o diferenciado.

Y en eso están algunos de los intentos educativos de distintos países. Admitiendo que las niñas maduran antes que los niños  y sintonizan mejor con ciertas metodologías  y estilos de docencia de lo que lo harían los chicos, y viceversa, se trata de tener en cuenta estas diferencias y aprovecharlas para facilitar el aprendizaje en lugar de pretender que no existen o intentar eliminarlas, suponiendo que provocan algún tipo de discriminación o de desventaja.

Lo que es evidente es que si una persona es claramente más madura que otra no se puede tratar a ambas igual, solo por el hecho de que tienen la misma edad y, en consecuencia, se las ha colocado en el mismo curso dentro de una escuela; sobre todo si, además, se tienen indicios de que las dos perciben, piensan y sienten de diferente manera. Y estas consideraciones pueden extenderse tanto al sexo como a cualquier otro tipo de diferencia; de forma que la problemática que se presenta en las escuelas mixtas, que puede beneficiar o perjudicar a un sexo o a ambos, es similar a la que hay en las escuelas inclusivas, con los alumnos que se consideran normales y aquellos que tienen algún tipo de dificultad educativa, y la misma que hay en cualquier escuela en la que se intente que todos aprendan lo mismo, en el mismo momento y de la misma manera.

Esto se consigue tanto más cuanto más homogéneos sean los grupos y, en este sentido, las escuelas exclusivamente masculinas o femeninas, parecen preferibles a las mixtas. Este es uno de los argumentos que manejan sus partidarios; aunque, sin otras consideraciones, también podría aplicarse para crear escuelas en la que la separación se hiciera por la procedencia social, las aptitudes artísticas, la facilidad para las matemáticas o el conocimiento de un idioma. De hecho ya se hace: en la práctica las escuelas tienden a convertirse en guetos, o a separarse en pequeños guetos dentro de cada una de ellas.

Así, volviendo al tema de la separación por sexos, parece que en las escuelas mixtas los niños y las niñas tienden espontáneamente a segregarse, repartiéndose los espacios y relacionándose mayoritariamente con los de su mismo sexo.  Incluso hay preferencias que llegan a considerarse más propias de chicas que de chicos, entre ellas las asignaturas por las que se opta. Esto es particularmente acusado en la adolescencia y, lejos de contribuir a que desaparezcan los estereotipos sobre los sexos, más bien los refuerza y los provoca. En ausencia de comparación con el otro sexo y sin la presión social del propio, posiblemente los comportamientos que se tienen, los gustos que se manifiestan y los estudios que se eligen serían distintos y se aproximarían más a lo que realmente somos o necesitamos en ciertos momentos de nuestras vidas.

Como puede verse, la conveniencia o no de la separación por sexos, y de cualquier tipo de separación, en el proceso educativo no tiene una respuesta única. Y no puede tenerla porque cada persona es diferente de las otras y es diferente a sí misma a lo largo de su vida.

Pero no es esto lo que se está planteando en el debate entre los partidarios y los detractores de las escuelas diferenciadas. Lo que se está discutiendo es si las escuelas diferenciadas son más adecuadas que las mixtas para alcanzar los objetivos y valores que fija el sistema, que siguen siendo unos valores claramente patriarcales. Es decir, no se está buscando un tipo de educación que conduzca a otro tipo de valores y en el que se permita a cada cual educarse según le dicta su sensibilidad, eligiendo qué quiere aprender y con quién quiere hacerlo, con independencia de cuál sea su sexo.

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Sobre Enrique Sánchez Ludeña

Enrique Sánchez Ludeña, nacido en 1956, es licenciado en Ciencias Químicas, con la especialidad de Bioquímica y Biología Molecular, por la Universidad Autónoma de Madrid. Durante diez años fue profesor de ciencias y matemáticas en el Colegio Ágora. Simultáneamente, y desde entonces, se ha dedicado a la elaboración y edición de textos escolares y otros materiales didácticos sobre ciencias experimentales, tecnología e informática. Ocasionalmente colabora en actividades de formación del profesorado.

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11 Respuestas a EDUCACIÓN DIFERENCIADA

  1. Manu Oquendo 8 febrero, 2017 at 23:18 #

    Nos empeñamos en corregir a la Naturaleza y lo hacemos desde la ideología, lo cual es el colmo de la soberbia.

    El artículo refleja perfectamente lo que ha ocurrido y está ocurriendo: España se ha convertido en un laboratorio de iniciativas de ingeniería social. Todas, una tras otra, van saliendo rematadamente mal y a nuestra costa.

    Lo que no hay es libertad educativa y por eso tenemos millones de niños y niñas convertidos en conejos de Indias y las familias impotentes.

    ¿Por cierto por qué vas a tener hijos si te los van a educar a la fuerza sin que puedas decir ni mu? ¿Para hundirlos en la miseria?

    • Carlos Peiró Ripoll 9 febrero, 2017 at 13:31 #

      Estimado Manu,

      Coincido con la perspectiva que viertes en tu comentario, pero quisiera hacer algunas apreciaciones para ampliar convenientemente el tema.

      Rara vez, excepto quizás ahora, el género masculino se ha cuestionado su identidad, y cuando lo ha hecho ha sido más forzado que por voluntad propia. Esto ha producido más que una modificación al alza, una limitación a la baja, impidiendo una evolución natural en línea con una transformación, que es mucho más interesante.

      El género femenino, habitualmente sometido, humillado e incomprendido por los siglos de los siglos, ha tenido que ir peleando por la consecución de un espacio específico y propio, aunque mi sensación es que está aún lejos de haberlo logrado. Como es ampliamente conocido, esa voluntad viene dada por la esencia social patriarcal, que domina el concepto mismo de realidad social, y dificulta las posibilidades introspectivas al encuentro de una misma.

      La forma en que se ha hecho y se está haciendo, poniendo el acento en la independencia económica y la inserción laboral, tengo serias dudas de que sea el camino para conseguirlo, y sus consecuencias sociales son evidentes para todo el que quiera ver sin prejuicios de partida. El fondo de la cuestión, es decir la identidad de género femenina, está llena de paradojas y confusión. Por un lado, está plagada de referencias a la contra de lo masculino, y por tanto, trasluce demasiada lucha de poder que lo aleja de una búsqueda que pudiera ser más fructífera. Y por otro lado, se incentiva un paradigma de igualdad de identidades donde el referente es lo masculino, negando de partida las diferencias que existen más allá de las puramente biológicas, y que las neurociencias están poniendo en evidencia en aspectos tan claves como los mencionados.

      Lo expuesto en relación con la educación, es un reflejo sintomático de la confusión reinante, si bien parece que en la escuela existen algo más de opciones de acercamiento a la naturaleza propia que en el medio social. Simplemente porque hay algo menos de política e ideología inmiscuida, y eso siempre es un plus de claridad.

      Una más que interesante aproximación a la cosmogonía de los femenino, lo presencié en la obra de “Las estaciones de Isadora”, recientemente estrenada en el Teatro Español y próximamente a representar en el Teatro Tribueñe. Es muy recomendable a quienes tratamos de acercarnos a esa insondable realidad que es la identidad femenina. Seguro que entorno a ello se podría suscitar un profundo debate.

      Saludos cordiales a todos.

  2. EB 9 febrero, 2017 at 10:07 #

    Enrique, la educación entendida como desarrollo personal desde el nacimiento hasta la madurez nos presenta los dos problemas críticos de los grandes desafíos de nuestras vidas. Primero, qué sabemos para tomar decisiones “buenas”. Segundo, quiénes deben tomar las decisiones y bajo qué condiciones. Por definición de gran desafío, lo que sabemos nunca es suficiente para tomar decisiones “indudablemente buenas” y para peor estamos lejos de aprovechar bien lo poco que sabemos. Y además cada adulto debe enfrentar “a los demás”, es decir, a todos aquellos que quieren influir en sus decisiones (sí Bárbara, no sólo a las mujeres no las dejan en paz), algunos hasta el extremo de negarle autoridad y transferirla a algún “colectivo” (sí Isaac, el dominio de lo público se define por aquellas decisiones que se transfieren al “colectivo” definido por su monopolio sobre el uso legítimo de la coerción en una jurisdicción, es decir, por una jurisdicción política).

    El problema de la educación jamás debe verse sólo en términos de educación escolar (incluyendo universitaria) porque quienes tienen la responsabilidad de gestionarla no tienen la voluntad de ser “padres” (algo probado en los experimentos extremos del totalitarismo con la complicidad de los progres hipócritas de las democracias constitucionales). El problema específico de la diferenciación en la educación escolar en principio parece un problema de conocer qué diferencias deben tenerse en cuenta para educar “mejor”, pero dado nuestro pobre conocimiento de cuáles son esas diferencias no pasa de ser otra excusa para que los progres hipócritas demanden “inclusión” a cualquier precio, esto es, “inclusión” en un sistema escolar controlado por políticos progres y sus cómplices, en particular los sindicatos de maestros y profesores (ver https://www.nytimes.com/2017/02/07/opinion/the-comforts-of-the-betsy-devos-war.html?_r=0 ).

  3. Paz 9 febrero, 2017 at 10:15 #

    Los guetos son los que se crean en el sistema actual. Este sistema que prima la socializacion, como si hubiera que enseñarnos a socializar (!) fomenta en realidad el bullying y la infelicidad de los niños.
    Separar por gustos, aficiones, NIVELES, seria la mejor manera de que cada niño encontrara su talento, de que se relacionara con gente que le animaria a esforzarse y a sacar lo mejor de si mismo.
    Sera este un valor “patriarcal”?
    Pero por lo visto, lo que se pretende es que los niños se adapten a lo que Simone de Beauvoir o cualquier otro guru diga.
    O se pretende, en nombre de intereses oscuros tal vez, de solidaridad mal entendida, que nadie pueda aspirar a hacer las cosas bien, puesto que se premia la vagancia, la molicie, la irresponsabilidad y la dependencia de la ubre estatal? Se pretende que no seamos nunca adultos?
    La naturaleza humana y el Bien deberia ser la brujula.

  4. Eduardo 9 febrero, 2017 at 14:12 #

    Entiendo el debate, pero no estoy nada de acuerdo con la segregación educativa de los niños por género. Niños y niñas conviven en la familia, en todos los ámbitos, ¿por qué separarles en clase? La convivencia entre niños y niñas me parece esencial para la educación, aunque seamos especies diferentes, escuchar y aprender del “otro” me parece fundamental. Solo diré que mi infancia en el colegio hubiera sido muy triste si solo hubiera tenido de compañeros a chicos, qué pereza de verdad. Fui educado en el Liceo Italiano, un oasis de libertad en la entonces todavía encorsetada sociedad franquista y post franquista española. Una educación mixta que era la envidia de mis amigos españoles que estudiaban en colegios españoles. No la cambiaría por ningún sistema segregacionista. Estoy de acuerdo en que hay que dar una vuelta completa al sistema educativo, pero no a base se separar niños de niñas.

  5. jesús Martínez 10 febrero, 2017 at 16:03 #

    Y mujer y hombre los creo…así reza el antiguo testamento de la Biblia Católica, es seguro que la complejidad de educar a niñas y niños en común es mas esforzada, compleja y sobre todo requiere de una mayor complejidad en los formadores.

    Mi visión sobre este tema es mas simple, ¿ esta el cuerpo de docentes preparados para una complejidad adicional como esta?.

    Creo que en este momento todo lo que tenga que ver con el tema educativo es altamente complejo en función del sistema que nos han impuesto, dicho esto, es una buena reflexión la abierta por Enrique pero,en mi opinión queda en posición secundaria si tenemos en cuenta los grandísimos defectos estructurales de la educación de los niños y jóvenes en este momento.

    Carlos, habla de la insondable personalidad femenina y ¿es menos insondable la masculina?.

    Estamos responsáblemente unidos por el creador e irresponsablemente separados por nuestros cojones históricos que convirtieron la fuerza física y la resistencia en símbolo de supremacía cuando no es ni mas ni menos que símbolo de involución burristica.

    Si me apretáis tengo una opinión personal sobre este tema y es la siguiente :

    ”Pobrecitos si ademas de estar tan alejados como hombres de la sensibilidad del mundo,ademas en los colegios se agranda esa distancia.

    Pues la cercanía generara esfuerzo de mejora evolutiva y necesidad de engrandecer nuestra relación como lo que somos; dos razas diferentes…

  6. Loli 11 febrero, 2017 at 12:55 #

    Completamente de acuerdo respecto a que la adecuación de las respectivas diferencias entre niños y niñas, no tiene una respuesta única en lo que a aprendizaje se refiere.

    Quizás uno de los inconvenientes que alimenta esa dificultad radique en la “parece” forma obligatoria, consensuada y prácticamente “incuestionable” manera de configurar y proyectar la educación, como “labor y empresa”, que necesariamente debe estar enmarcada dentro de “alguna forma institucional”, pues de lo contrario no sería nunca justa en su accesibilidad y en sus contenidos.

    Es posible que ésta sea una manera demasiado lineal de entender, no solo la educación, sino el complejo mundo sensorial y sensitivo de los seres humanos, de donde, finalmente, se generarán las bases del conocimiento..

    La singularidad del que accede al aprendizaje es la esencia de cualquier descubrimiento al que vaya a abocar.

    Toda institución, necesita pertrecharse de una serie de elementos definitorios y criterios identificativos.

    Creer que esa realidad pueda asegurar un “acceso justo y equitativo” al conocimiento, es, cuando menos, a mi modo de ver, “ingenuo”.

    Quizás, abordar las diferentes necesidades que, desde la distinta manera de “contemplar el mundo” se configura en los dos sexos, desde la miradas distintas del niño y de la niña, ponga también de manifiesto una complejidad necesaria de asumir a la hora de abordar la educación.

    Se requeriría, posiblemente, un trabajo más polidireccional, que sea capaz, no solo de abordar más matices, sino también de dejar sentadas las bases para asumir cambios y dejar lugar a la aparición de otros nuevos.

    Algo dinámico.

    Eso, hoy por hoy, es incompatible con una vía de funcionamiento en ese aspecto, enmarcada por protocolos, programas y objetivos generados desde una configuración institucional, por definición.

    Por otro lado, seguramente, tan poco bueno es empeñarse en una educación separada totalmente en función del sexo, como hacerlo en lo contrario, sin ningún tipo de atención a la diferencia.

    Creo que la interrelación en el aprendizaje es necesario. Lo contrario sería privar totalmente de la necesaria y enriquecedora experiencia de ambos mundos, a los que van a desarrollarse necesariamente en esa interacción.

    A lo mejor, la solución, o soluciones, irían conformándose a medida que se abriera el abanico, primero a admitir lo público y notorio de la “diferencia”, de la forma distinta de funcionar nuestros cerebros femenino y masculino.

    Después, a lo fascinante que puede resultar darse cuenta de esa realidad, porque, y estoy de acuerdo con el comentario de Jesús, tan insondable puede parecer para un hombre, el mundo de la mujer, como para una mujer, la mirada del hombre sobre el mundo. Y ambos desde territorios sensoriales distintos…eso es mágico.

    Llevar todo eso al terreno educativo, requiere un trabajo que tiene que tener en cuenta esta “complejidad”.

    De algún modo, habría que ir viendo la manera de incorporar las evidencias de una realidad que rechaza de forma cada vez más clara “escondrijos” de idearios, y afrontar sus retos desde miradas mucho más amplias, aunque cueste, y es seguro que costará, mucho más trabajo.

  7. Jose Blas Garcia 11 febrero, 2017 at 19:01 #

    ¿Podemos supeditar todo a alcanzar los objetivos? La Escuelas diferenciadas es precisamente lo contrario que hoy he llamado la inclusión de género. http://www.jblasgarcia.com/2017/02/la-inclusion-de-genero-y-el-pensamiento.html Diferenciar por sexos es llevar al extremo la idea de la enseñanza homogeneizada, como si eso fuera posible, ni siquiera con un aula donde todos sus miembros sean del mismo sexo. No todo vale , como señalas estimado Enrique, para alcanzar los objetivos y valores que fija el sistema, que, (para colmo) siguen siendo unos valores claramente patriarcales.
    Transformar la escuela.

    • Enrique Sánchez Ludeña 11 febrero, 2017 at 21:17 #

      Hola José,
      No tengo una opinión tan clara sobre el tema como la que parece que tienes tú, pero los que defienden la educación diferenciada en sus distintas fórmulas (completa, solo en algunas etapas escolares, solo para algunas materias, etc.) manejan el argumento de que los estereotipos sexistas a los que aludes en el artículo al que nos enlazas, lejos de desaparecer, se refuerzan en las escuelas mixtas, debido a que aparece una competencia entre géneros y a que la presión del grupo penaliza ciertos gustos y comportamientos que se consideran propios del otro sexo, por ejemplo, optar por estudios científicos o técnicos.
      Lo que sí tengo claro es que no se debe impedir que accedan a ella a los que crean que es la mejor opción. Lo que tengo claro también es que el principal problema reside en cómo está planteada la escuela, en los fines que persigue, en el modo en que se organiza, en sus intentos de homologación de las personas y en tantas otras cuestiones de las que hablamos tanto en tu blog como en este. Mientras estas otras cuestiones no se resuelvan, la discusión a favor o en contra de la educación diferenciada me parece un tanto estéril, y con demasiada carga ideológica.
      Un abrazo

  8. Rosae. 11 febrero, 2017 at 19:52 #

    “Próximamente…en los mejores cines…”

    Hace poco en un telediario escuché, sólo veo 1al mes..por aquello de estar informada: iba sobre los tarifas de luz en pleno temporal de frío, casualidad?-….

    La Noticia Se Redactaba Así, Y No bromeo: ” Con Esto De Las Subidas No Se Busca Beneficio Económico Y, Se Va a Mirar Muy Mucho Qué Nadie Se beneficie Más Que otros, Nada Tiene Que Ver El frio Que hace sino Otro tipo de cuestiones”….

    Algo así escuché y creo, que el oído todavía me funciona…
    después largaron aquello de que la “fiscalía” o parecido iba a revisar estos subidones/ tarifazos de luz…
    Pues bien, hombres/ mujeres/ transgeneros- etc………
    si se nos dirigen a nosotr@s como si de párvulos fuéramos….
    Para que tanto gasto en educación?// y, qué más dará si es unisex o no?//
    Mas vale que empiezan a considerarnos “personas” ” íntegras”…y, después…lo que conlleve la nueva consideración!!
    Para experimentos: los del motos/en el hormiguero!!
    Perdón erratas posibles.

  9. Rafa 16 febrero, 2017 at 10:29 #

    “La mujer tiene un solo camino para ” superar ” al hombre; ser cada día más mujer.

    Y creo que se puede añadir. El hombre para ser cada día más hombre, debería acercarse a la mujer, o por lo menos a su sensibilidad femenina.

    ¿ alguien duda que hay una sensibilidad femenina y una masculina ?.

    Y que esa sensibilidad, viene marcada por la historia y el mito ?.

    ” Vesta, se ocupaba de mantener el fuego del hogar”. La mujer mantiene el fuego del hogar, el hombre lo enciende.

    Esto traspolado a la actualidad, ¿que significa ?.

    Es evidente que esa sensibilidad femenina, tiene que ser tenida en cuenta y desarrollarla,
    ¿ como ?., no lo sé.

    Con educación separarada para hombres y mujeres o quizá con otros métodos, pero es evidente que tendremos que buscarlo entre todos.

    Un abrazo

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