EDUCACIÓN EN CASA

No es la opción que elegiría salvo que me viera obligado a ella; pero, precisamente por eso, me gustaría disponer de esa posibilidad.

En los estados modernos, el llamado “derecho a la educación” también es una obligación; es decir, no existe la opción de no ejercerlo. Y esto es así no tanto para forzar a los menores a educarse sino para conseguir que sus padres o tutores se ocupen de que puedan hacerlo. Con ello se pretende evitar que el menor quede desprotegido.

Incluso en la Declaración Universal de los Derechos Humanos se especifica que la instrucción elemental será obligatoria, pero con un matiz: los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.

Sin embargo, entre las múltiples opciones o formas admitidas para garantizar que todo el mundo aprenda lo que se considera necesario o deseable, hay una, la llamada educación en casa, que no todos los gobiernos admiten, entre ellos el nuestro. En España, la legislación obliga a escolarizar a los menores de 16 años y una sentencia del Tribunal Constitucional de 2010 declaró que está imposición no va en contra de la Constitución, negando a los padres la facultad de apartar a sus hijos del sistema educativo oficial, público o privado.

Dos parejas, obligadas por el juzgado de Coín y la Audiencia Provincial de Málaga a escolarizar a sus hijos, recurrió en amparo al Tribunal Constitucional, argumentando que aunque la ley actual de educación establece 10 años de escolaridad obligatoria, la Constitución señala que lo que es obligatorio es la educación, no la escolarización y que ambas cosas no deben confundirse.

En apoyo de su decisión de no llevar sus hijos a la escuela, argumentaban que la educación que recibían en casa era más adecuada que la que actualmente se imparte en los centros oficiales, como probaba el hecho de que sus hijos hablaran cinco idiomas, supieran música y recibieran clases de matemáticas, lengua, ciencias y educación ética. Es decir, no existía ninguna dejación de los deberes paternos sobre este punto sino todo lo contrario. Lo que se estaba juzgando en definitiva es la potestad de un Estado para prohibir o restringir la libertad de los padres para educar a sus hijos de la manera que crean más adecuada.

Esta argumentación, más compleja y matizada de cómo la he expuesto, no fue sin embargo suficiente para conseguir el amparo.

Obligar a los padres a llevar a sus hijos a la escuela oficial no es anticonstitucional, ya que la facultad de los padres de elegir para sus hijos una educación ajena al sistema de educación obligatoria por motivos de orden pedagógico no está comprendida en ninguna de las libertades constitucionales que el artículo 27 reconoce. (Es cierto, no lo está).

Según el citado artículo, el derecho que tienen los padres a determinar el tipo de educación que habrán de recibir sus hijos se limita al reconocimiento de la libertad de los padres para elegir centro, así como el derecho a que reciban una formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus convicciones. (Es decir, la Constitución reconoce la libertad para elegir entre colegio público o privado así como el derecho a que sus hijos puedan optar entre religión o estudio, pero no se detiene en consideraciones pedagógicas).

Además, por expresa determinación constitucional, la libertad de enseñanza de los padres tiene su cauce específico en la libertad de creación de centros docentes. (Si no le gustan los colegios que hay, monté usted uno según sus preferencias. Eso sí, los poderes públicos se ocuparán de inspeccionarlo y homologarlo para garantizar el cumplimiento de las leyes).

Por otro lado, el derecho a la educación es un derecho de los niños, cuya garantía corresponde a los poderes públicos, y no se limita a la mera transmisión de conocimientos, sino que también aspira a posibilitar el libre desarrollo de la personalidad y las capacidades de los alumnos y comprende la formación de ciudadanos responsables. (De lo que se deduce que, cuando los padres enseñan a sus hijos no tienen en cuenta su personalidad y sus capacidades y, además, la escuela no está solo para instruir sino también para proporcionar ideología).

Para terminar, configurar la enseñanza básica como un periodo de escolarización obligatoria no impide a los padres influir en la educación de sus hijos, tanto dentro como fuera de la escuela. Dentro porque se tienen en cuenta sus convicciones religiosas y fuera porque continúan siendo libres para educarlos después del horario escolar y durante los fines de semana. (Faltaría más).

No tengo palabras, pero me queda la sensación de que, además de la constitucionalidad de la escolarización obligatoria, se estaba juzgando otra cosa de mucho más calado.

Hay múltiples argumentos a favor y en contra del homeschooling, pero pienso que el principal problema radica en las concesiones que tiene que hacer el Estado, con la consecuente dificultad o pérdida de control. Porque, si se tolera que los padres eduquen a sus hijos, ¿Por qué no tolerar que un grupo de padres contraten a uno o varios educadores para que ejerzan esta labor? Y si esto se admite, ¿por qué no permitir la creación de escuelas más pequeñas que las actuales, puede que con menos instalaciones y medios técnicos pero, también, con otros proyectos pedagógicos? Es más, si esto fuera válido para la educación, ¿por qué no habría de serlo también para la sanidad y tantos otros temas que nos afectan?

Todo ello abre un mundo que requeriría de una compleja regulación, pero esto no es excusa para que esta opción no se permita. Resulta sorprendente que un Estado, en lugar de intentar solucionar los problemas de aquellos que no se encuentran satisfechos con el sistema oficial, les ponga trabas y no les ofrezca ninguna alternativa.

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Sobre Enrique Sánchez Ludeña

Enrique Sánchez Ludeña, nacido en 1956, es licenciado en Ciencias Químicas, con la especialidad de Bioquímica y Biología Molecular, por la Universidad Autónoma de Madrid. Durante diez años fue profesor de ciencias y matemáticas en el Colegio Ágora. Simultáneamente, y desde entonces, se ha dedicado a la elaboración y edición de textos escolares y otros materiales didácticos sobre ciencias experimentales, tecnología e informática. Ocasionalmente colabora en actividades de formación del profesorado.

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11 Respuestas a EDUCACIÓN EN CASA

  1. Micaela Casero 30 Abril, 2012 at 11:26 #

    ¡Cuidado!

    Estoy de acuerdo con Enrique en que la posibilidad de elección exista.

    En Alemania, los padres tienen que escolarizar a sus hijos. Si no lo hacen podrían incurrir en penalización, incluso, ir a la cárcel.
    En Suiza, depende de los cantones. En algunos, puedes educar a tu hijo en casa, pero para ello, tendrás que contratar a profesores diplomados. En otros, ni siquiera ésto es necesario.
    En Austria, existe también la opción, y burocráticamente es un proceso muy sencillo, pero los chavales tendrán que hacer un examen externo cada año para controlar el nivel de conocimiento adquirido. Eligen la posibilidad, el 0,5 de los padres. Es decir, de cada 200 niños, un padre toma este camino.

    Un poco de historia: la educación en casa fue en sus inicios, la educación de las clases privilegiadas. Las familias ricas contrataban mentores o institutrices que formaban a sus hijos para el sabio y adecuado desenvolvimiento en sus esferas sociales. Fue a principios del siglo pasado cuando se inventó “el ser niño”, la educación pasó a ser un derecho universal, los niños dejaron de ser un potencial de la cadena productiva, para convertirse en seres que necesitaban la protección del estado y así recibir una formación académica. Etc, etc …

    Se trata de un resumen simplista, al que le faltan muchos matices por analizar, pero sirva como telón de fondo para contextualizar mi opinión.

    Cuando mis hijos tuvieron que empezar su vida escolar, me enfrenté a dos situaciones:
    uno de ellos, manejaba tres idiomas, el inglés, alemán y el español,
    el otro, superaba con creces la media de conocimientos matemáticos que se le exigiría en los primeros años de su aprendizaje.
    Tenía claro que la escuela “normal” destrozaría sistemáticamente las capacidades “extras” de los dos, anulando sistemática y concienzudamente su curiosidad infinita e intereses personales. No habría ninguna armonía entre los dos mundos, el privado y el público.
    Las opciones:
    -una escuela Montessori privada, fuera de mi alcance por motivos económicos.
    -una escuela Montessori pública, perdida en la montaña, que afectaría drásticamente a nuestra convivencia familiar. No nos podríamos ver en todo el día, sólo los fines de semana.
    -una clase Montessori en una escuela pública, a la que no tenían derecho mis hijos, por no vivir en el barrio adecuado. Si quería que mis hijos asistiesen a esa clase, tendría que mudarme.

    No os quiero aburrir con todo el proceso de reuniones, actos públicos y reivindicativos, largas horas de espera delante de la puerta del funcionario correspondiente, explicaciones absurdas del estilo de que mis hijos no equivalen a un niño normal, pues al ser extranjeros no cuentan como 1 niño, sino como 1 niño y medio con el riesgo de que al entrar en una clase podrían romper la balanza y se hiciera necesario una nueva clase con la correspondiente subida de costes, además al ser extranjeros podían sobrepasar el límite admitivo en una clase normal… ¡demencial! ¿no? Lo que menos importaba era por qué buscaba como madre una formación alternativa, o si los niños iban a estar más o menos contentos…

    Fue en estos momentos cuando me planteé la educación en casa, junto con otros padres. No era difícil de gestionar burocráticamente, pero la práctica presentó obstáculos insalvables para mí.

    Si educas a un niño en casa, significa que uno de los padres tiene que estar presente. Soy madre “solitaria”, tengo que ir a trabajar.
    Si educas a un niño en casa, hay que contratar a profesores diplomados y dispuestos a gestionar un proyecto alternativo. Para mí, demasiado caro. Yo, misma soy profesora diplomada, pero soy madre de mis hijos, no su profesora. Sinceramente, creo que esta opción en la mayoría de los casos no funciona.
    Si educas a un niño en casa necesitas espacios, materiales para educar, además en un proyecto alternativo, se necesita algo más que un aula con bancos …
    Si educas a un niño en casa, está el examen de rendimiento que planea como una sombra, como un control invisible …
    Si educas a un niño en casa, hay padres que están dispuestos a dar dinero, ofrecer espacios, pero es curioso, que debajo de las grandes palabras, muchos de esos padres se tambalean ante las primeras dificultades o entran en crisis sus convicciones educativas.

    Decidí, invertir mis energías en una lucha en la que creía más: cambiar la escuela pública, buscar nuevos caminos en los ya iniciados. Además, básicamente, estoy de acuerdo en que toda persona tiene derecho a la educación, pero igual que hay profesores que son “peligrosos” hay padres que lo son también. El triángulo educativo: padres, profesores y niños, se necesitan mutuamente para crecer en armonía. Solo así, los sectarismos, las radicalizaciones, pueden intentar controlarse. Atención, que no hablo del estado, sino de los integrantes del triángulo.

    El tema de “educación en casa” me parece un arma de doble filo, es importante que sea posible optar a ella, pero ¡Cuidado!.

    El rosa es un color muy lábil.

    ¿No sería esta opción más interesante en la escuela secundaria?

    Siento que el comentario me haya salido demasiado largo.

  2. Inés 30 Abril, 2012 at 23:07 #

    Es cierto, deberíamos tener libertad de elegir completamente cómo y dónde educamos a nuestros hijos.
    El mío mas pequeño pasaría la mitad del tiempo con sus abuelos, pero no durante el ocio, sino para el trabajo. Una parte de los puentes y ocios que se toman los maestros, en campos de trabajo, en talleres donde les enseñaran a trabajar la madera, la cerámica, o en un circo, o en un teatro, pero como parte de sus asignaturas.
    Si viviera en un pequeño pueblo pequeño y conociera a otros padres que han decidido cambiar de vida pero están suficentemente preparados y organizados, claro que me gustaría que la ley me dejara la libertad de poder enseñar a mis hijos el mundo que a mi y a otros como a mí nos gustaría enseñarles, un mundo en el que la mirada fuera mucho más allá que las de unas ridículas pruebas de nivel.

  3. mrtaid 1 Mayo, 2012 at 12:17 #

    Me ha gustado el artículo. Me ha gustado sobre todo que deje claro el matiz: el Estado no permite que se eduque a los niños fuera del sistema.
    Hay exámenes oficiales, hay infinitas posibilidades de evaluar, por parte del Estado, lo que se aprende. El problema, pues, está claro que no es qué, sino cómo. Cómo quiere el estado que se nos eduque. Y solo hay dos opciones: colegio público/colegio privado. El 95% de los colegios, sino más, separa a sus alumnos por edades, no por capacidades y mucho menos por afinidades;etc…

    • Tazz 24 Septiembre, 2012 at 15:34 #

      la verdadera cuestión es el qué hay detrás de este interés en que el Estado eduque. Los libros de texto mienten en muchas cosas, y quieren un Mundo laico (digo mundo no Estado), existe un grupo de personas ocultistas que dicen ser Iluminados que controlan la educación mundial, la información y hablan de democracia cuando es dictadura encubierta.

  4. José María Bravo 1 Mayo, 2012 at 14:11 #

    Este articulo de Enrique Sanchez, además de abrir el debate sobre la educación, nos remonta a propuestas que, en su día, España vivió, como fue la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcarate y otros. Profesores separados de la Universidad por defender una educación ajena a las doctrinas, publicas, imperantes en la época. Pudieron hacerlo por un tiempo y marcaron un hito.

    En la cuna de las ideas hay tantas propuestas que valen la pena actualizar sin miedo y con fuerza.

  5. GREGORIO 5 Mayo, 2012 at 17:24 #

    ¡ Què armado está todo ¡. ¿ Será porque casi todo el mundo siente tanta repulsión por las armas como atractivo por la uniformidad ?
    Es una evidencia que desde el estado se ha instrumentalizado la educación como herramienta de poder. Pero, ¿hasta dónde llega el poder sin la aquiescencia del ciudadano?
    Se sabe que el control en la educación supone ejercer dominio en lo social. Si no, ¿por qué en las sociedades en las que todo se ha liberalizado no ha sucedido tal cosa con la educación ?. La argumentación doctrinaria del “bien social” a la que acompaña el civismo del buen ciudadano normalizado nos ha hecho creer que este “invento educativo” es todo menos eso, un invento. Es decir, es el modo adecuado de conseguir “bien-estar” vía consumo. Y logrado esto, ¿ para qué queremos más ?. El resto del discurso que origina la educación se ha camuflado, y ocultado como a los poetas. E interrogantes como por ejemplo: ¿ Sirven los sistemas educativos para el adiestramiento ?. ¿ Es el adiestramiento un método para la sumisión ?. ¿ Acaso con la sumisión no se produce un tipo de pensamiento reduccionista y de uniformidad?. ¿Nos fundamentaliza el pensamiento uniforme en la creencia de lo nuestro como lo mejor? . La búsqueda de ser el mejor genera competitividad fratricida por conseguir el reconocimiento de triunfador, siendo esto parte de la doctrina en la que no importa tanto cuales sean los medios empleados, sino el fin conseguido.
    Estamos asistiendo a toda una practica social de comportamientos avalada por enunciados de derechos como el de educación, en el que se manifiesta cómo el Estado tiene más poder de decisión que los padres, y convence de que es él el que proporciona el “bien”, porque además no caben planteamientos de equivocación ni de responsabilidad estatal.
    Rompamos lanzas, troceemos armas, destrocemos armarios, porque sino no vislumbraremos almarios que nos hagan plantear que, previo al enunciado del derecho a la educación, se instaló en nosotros la posibilidad de adquirir conocimiento para así ir adquiriendo mayor grado de consciencia. Y es éste un acto de responsabilidad, esto es, de buscar la respuesta más sabia posible mediante estudio y trabajo, de modo que se amplíe en nosotros el perímetro de lo conocido y el área de lo ignorado. Y esto, querida gente que seguís el blog de otra políticas posibles, no lo concede ningún Estado .

  6. Manu Oquendo 30 Mayo, 2013 at 23:02 #

    He vuelto a leer el artículo y he salido convencido de la naturaleza totalitaria y jacobina de nuestra constitución. Por si algo le faltaba.

    Según la interpretación de un tribunal político al servicio mayoritario de nacionalismos, socialismos (dos doctrinas a las que no es posible sacar del totalitarismo y que necesitan adoctrinar para poder sobrevivir) y un grupo de comparsas que se dejan llamar derechas, la educación que muchos recibimos no nos sería posible hoy.

    Los totalitarismos, aquí, están blindados para los jóvenes en lo que a perder el tiempo enjaulados durante veinte años de sus vidas se refiere.

    Con este tipo de sentencias resulta que los nacionalismos nos obligan a frecuentar su sistema educativo y el estado se ve imposibilitado (a través del sistema de enseñanza libre que había en los años 50 y 60) de examinar y dar títulos se suficiencia académica sin necesidad de ir a clase.

    Que un derecho tan básico nos esté vedado es de bochorno. ¿Democracia? ¿Libertad?

    No, hombre, todo lo contrario.

  7. Homeschooling Spain 21 Septiembre, 2016 at 9:37 #

    Lo compartimos en la FanPage de Homeschooling Spain

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