NEAE

La obligatoriedad de la educación implica el diseño de un sistema educativo capaz de acoger a todos los que se encuentren en edad escolar. El modelo más extendido es lo que se conoce como escuela inclusiva y consiste en conseguir que todos los niños y niñas de una comunidad aprendan juntos, independientemente de sus condiciones  personales, sociales o culturales, incluidos aquellos que presentan cualquier problema de aprendizaje o discapacidad. La esencia de este tipo de escuela es la atención a la diversidad, es decir, ofrecer a cada alumno una enseñanza adaptada a sus necesidades. Se trata de proporcionar el apoyo necesario dentro del aula para atender a cada persona como precisa.

Entre estos apoyos hay algunos que responden a problemáticas muy concretas  y  se catalogan conjuntamente con la denominación NEAE: Necesidades Específicas de Apoyo Educativo. Son alumnos NEAE los discapacitados visuales, auditivos, motóricos o intelectuales, los que presentan un Trastorno Generalizado del Desarrollo, como el autismo o el Asperger, los que manifiestan trastornos graves de conducta, los que tienen déficit de atención con y sin hiperactividad (TDAH), los alumnos con algún tipo de dislexia, los que desconocen el idioma, los que deberían haber sido escolarizados y no lo hicieron en su momento, los alumnos de altas capacidades intelectuales, los alumnos que viven en un entorno social o familiar poco adecuado y, en general, todos aquellos que tienen o encuentran dificultades que se consideran mayores que las de los demás.

A la vista de la lista anterior, casi se podría decir que, en algún momento, un amplio colectivo de alumnos son, han sido o serán alumnos NEAE. Porque, además de las dificultades evidentes, como el síndrome de Down  o los problemas con el idioma, existen muchas otras, como la depresión, la ansiedad o la pertenencia a un entorno familiar o social poco adecuado, en la que podríamos incluirlos. Con esto quiero decir que la problemática es tan amplia que, en un grupo estándar de 20 o 30 alumnos, es fácil que nos encontremos con varias de ellas, unas temporales y otras permanentes.

Este grupo es atendido por varios profesores, entre los que uno de ellos realiza la función de tutor. Cada uno de estos profesores es responsable de elaborar las adaptaciones curriculares de aquellos alumnos que lo requieran, así como de conseguir o confeccionar los materiales que se precisen. En apoyo de su labor intervienen distintos especialistas: PT (Pedagogía Terapeútica), AL (Audición y Lenguaje), Orientación Educativa, PTSC (Técnico de Servicios a la Comunidad), Fisioterapeuta, ATE (Auxiliar Técnico Educativo) y, en algunos casos muy particulares, personal de enfermería.

Algunos de estos profesionales trabajan en el centro, mientras que otros son itinerantes y atienden a niños y niñas de diferentes colegios. Se producen así múltiples casuísticas: alumnos que reciben atención individual o en pequeño grupo varias veces por semana, alumnos que son visitados por un especialista cada quince días, alumnos que necesitarían atención pero no la reciben, porque no hay personal, no tienen diagnóstico, o porque su problemática se considera menos acuciante o no aparece reflejada en la lista anterior.

Entre tantos que participan, puede suceder que las funciones y atribuciones de cada cual interfieran o se diluyan con las de los demás, y nadie se considere realmente responsable de cada niño en concreto, sino que se pasen la pelota de unos a otros: el profesor delega en el especialista, el especialista demanda la intervención del tutor, los padres reclaman a unos y a otros, y el niño entra y sale del aula, pasa por distintos despachos, hace o no hace lo que le dicen y es atendido por todos y por ninguno, muchas veces sin responder a un diseño, una planificación o una estrategia consensuada y global. Y en la mayoría de los casos no se debe a una falta de profesionalidad o de interés por los alumnos, sino que lo propicia la propia organización del sistema escolar; su rigidez y su burocracia.

Debido a las directrices de la Administración, la jornada escolar se compone de varias sesiones de clase, que suelen durar entre 45 minutos y 1 hora. Cada una de estas sesiones se dedica al estudio de una asignatura concreta, impartida habitualmente por un profesor que no suele ser el mismo que el de la sesión anterior. En este tiempo, cada profesor debe centrar la atención,  plantear el trabajo que se va a hacer, explicarlo, conseguir que los alumnos se pongan a hacerlo, responder dudas, mantener el orden y, al final, procurar que el aula quede mínimamente recogida para el que viene después. Todo ello sin perder de vista la diversidad de su alumnado, a la que debe atender, ofreciendo materiales y explicaciones a la medida.

Ahora bien, si en el aula solo hay un adulto responsable, cada atención individual se realiza a costa de no prestar atención al resto. El profesor se tiene que repartir, particularmente entre los que más lo requieren o lo necesitan. Pero hay alumnos que necesitarían la atención exclusiva de una persona durante todo el tiempo y, cuando no la reciben, son enormemente disruptivos o, por el contrario, desconectan y se ausentan, como si no estuvieran allí.

La necesidad organizativa de mantener reunidos a los alumnos de la misma edad, recibiendo una enseñanza específica durante un tiempo limitado, condiciona fuertemente la metodología que puede aplicarse, lo que es posible hacer y lo que no. Con más de un profesor en el aula, aunque fuera a costa de que los grupos tuvieran más alumnos, con temarios menos rígidos y con periodos más largos, ya solo con eso, la diversidad se podría atender de otra manera.

Pero, incluso con otra organización, para atender satisfactoriamente a estos alumnos no basta con la buena voluntad y el sentido común. Además de los conocimientos propios de las materias que imparte, cada profesor o profesora debe estar mínimamente preparado para enfrentarse con estas situaciones. No basta con saber matemáticas, lengua, historia o ciencias naturales, sino también fisiología, tecnología, dinámica de grupos… Hay que saber algo sobre la biología, la psicología, los síntomas, los  tratamientos y las tecnologías vinculadas con cada tipo de problemática.  No es este el perfil de la mayoría de los que se dedican a la enseñanza. Muchos de estos aspectos no se incluyen en los planes de estudio ni se han contemplado durante su formación como docentes.

Todos estos problemas, y muchos otros, que están impidiendo que la inclusión tenga lugar y sea realmente efectiva, son reflejos de un problema de fondo más amplio: se están dedicando todo tipo de recursos y medidas para integrar a los alumnos en la corriente educativa principal, para adaptarlos a lo que dice la normativa que debe hacerse en la escuela, cuando el planteamiento debería ser justo el contrario, debería ser la escuela la que tendría que transformarse para responder a la diversidad de todos los que acuden a ella.

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Sobre Enrique Sánchez Ludeña

Enrique Sánchez Ludeña, nacido en 1956, es licenciado en Ciencias Químicas, con la especialidad de Bioquímica y Biología Molecular, por la Universidad Autónoma de Madrid. Durante diez años fue profesor de ciencias y matemáticas en el Colegio Ágora. Simultáneamente, y desde entonces, se ha dedicado a la elaboración y edición de textos escolares y otros materiales didácticos sobre ciencias experimentales, tecnología e informática. Ocasionalmente colabora en actividades de formación del profesorado.

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13 Respuestas a NEAE

  1. pasmao 26 Octubre, 2016 at 10:44 #

    Pues no estoy muy seguro don Enrique

    ¿No será que el concepto per se de enseñanza inclusiva no es el mas adecuado?

    La sensación de que lo que realmente se pretende, aunque no se explicite, es que esa inclusión lo es para que se acepte una politica de lo (valga la redundancia) “políticamente correcto” es algo que tenemos muchos padres.

    Lo mismo que en tiempos de Franco, sólo que entonces lo “políticamente correcto” era otra cosa. Y por favor no vengan con que ahora lo políticamente correcto lo hemos decidido entre todos porque esto es una democracia, porque me da la risa.

    Curioso el silencio general que hay frente a sucesos cómo el ocurrido en Mallorca con el bulling. Y hay muchos mas.

    O los múltiples problemas que presenta (para los alumnos) la enseñanza y aprendizaje en español en las partes de España donde además se habla otro idioma, y no me refero al inglés.

    En ambos casos parece que la terca realidad se impone sobre lo “politicamente correcto” y que en la disyuntiva entre afrontar un problema real (asumiendo que existe) y el hacerse los locos, muchos profesionales de la enseñanza (y por ende funcionarios/interinos) prefieren hacerse los locos.

    Pasa cómo con Franco y lo que les decían las madres a los hijos, “tu no te metas en política y no tendrás problemas”. Y el que manda manda.

    Tanto tiempo pasado para estár en las mismas.

    un cordial saludo

    • Enrique Sánchez Ludeña 26 Octubre, 2016 at 21:25 #

      También hay muchos otros educadores, funcionarios y no funcionarios, que lo padecen cada día y se dan contra las paredes que fija la Administración y la ideología del modelo que todos llevamos instalada, lo queramos o no, votemos o no votemos. A poco que profundicemos en nosotros mismos, podemos encontrarla.

  2. EB 26 Octubre, 2016 at 11:05 #

    Enrique, gracias por argumentar que los buenos deseos del primer párrafo no se pueden satisfacer, ni hoy ni nunca. El problema inmediato, sin embargo, es que los políticos no tienen esos buenos deseos aunque sí los usan como excusa para sus propuestas. El problema inmediato es poner fin a las propuestas de los políticos que se resumen en más de lo mismo–eso que usted denuncia en el párrafo final.

    • Enrique Sánchez Ludeña 26 Octubre, 2016 at 21:28 #

      Es lo que tienen los ideales, las utopías y los arquetipos: que sirven como referente y también como motor, para perseguirlos y no quedarse quieto.

      • EB 27 Octubre, 2016 at 0:39 #

        En 50 años por el mundo como asesor económico he aprendido que los utópicos son un obstáculo a los cambios que sí se podrían hacer. Sus sueños les impiden siquiera intentar entender dónde están parados. Y peor cuando su arrogancia los lleva a considerarse sabios con superioridad moral. Por suerte, solo abundan en las tribunas y sus gritos son fáciles de ignorar.

  3. O,farrill 26 Octubre, 2016 at 18:46 #

    Algo conozco del tema que pone Enrique en el blog sobre lo que él llama NEAE pues mi hija, que dicen tiene “discapacidad” a partir de un sistema que ha establecido un listón (siempre uniformando) de separación entre los “socialmente útiles” y los “socialmente inútiles”, ha sido para mí la referencia inmediata en cuanto educación se refiere.
    Desde los primeros años ha estado pasando por mil terapias en lugar de estar jugando y aprendiendo en el parque con los demás niños y en consultas de “expertos” que la hicieron preguntarme: “Papá ¿a que yo soy rara?”
    Más tarde la “integración escolar” donde sus profesores no entendían porqué se la incluía en ella, tuvo una explicación por parare de la dirección del colegio: “es para mantener las ayudas…” Hizo su Primaria y su Secundaria con notable resultado y “a pesar” de tener que atender tanto la asignatura correspondiente, como atender además (trabajo añadido) las materias de “integración para las que era sacada del aula. La consecuencia: los demás compañeros ya la miran como “un bicho raro” y empiezan a rechazar su compañía. No hay “integración” hay “segregación” inducida por el sistema.
    Al terminar la ESO no recibe ningún título acreditativo de su esfuerzo porque se supone que no son “útiles” a pesar de que sus notas medias estaban entre 7 y 8 en las distintas materias. Más frustración, más decepción y más soledad social a menos que se la mantenga de forma permanente en el “gueto” de los “discapacitados” (yo prefiero hablar de diferentes capacidades). ¿Qué queda? Pasar por esos “centros especiales” que, a modo de “guarderías” les dan una educación “especial”. Unos títulos (que no son tales) de auxiliar administrativo, de auxiliar de “entornos tecnológicos”, de Arte, Cultura y Comunicación…. con la colaboración incluso de alguna ilustre universidad. También dos oposiciones en la Administración con calificaciones altas que tampoco sirven para nada porque, al final, no hay plazas para todos.
    Sólo, como padre, la satisfacción de haber podido dedicarle mi tiempo para enseñarle y aportarle desde las materias clásicas, hasta cuestiones como economía, demografía, comunicación, política, organización empresarial, arte, música, etc.
    Lo decía un gran chico con Síndrome Down que había llegado a la universidad: “mientras eso sea considerado una noticia, es que no hemos entendido nada…”

    • Enrique Sánchez Ludeña 26 Octubre, 2016 at 20:56 #

      La sociedad no se cambia mediante decretos. La llamada integración escolar, que ahora se llama inclusión escolar, con más propiedad aunque sus prácticas sigan siendo integradoras pero no inclusivas, es un claro ejemplo. Abrir las puertas de la escuela para todos fue un paso necesario (y obligado como la escolarización) pero todavía se está en los comienzos. No basta con destinar recursos y personal especializado. Lo primero es educar a los que la van a hacer posible, incluidos los padres de los alumnos que, piensan, no tienen una hija o un hijo problemático.

      Con un sistema que permitiera la educación en casa (en distintas variantes, con los educadores que cada cual pueda permitirse y considere oportuno) y de alguna manera asesorada por un organismo fiable, preferentemente civil) y los correspondientes exámenes libres, posiblemente tu experiencia habría sido muy distinta.

      • O,farrill 26 Octubre, 2016 at 22:38 #

        Muchas gracias Enrique. Creo que tema tiene un calado más profundo que tú apuntas en un comentario posterior. Desde algún sitio se diseña (puede que hasta con las mejores intenciones) y se imponen “modelos” o “patrones” que nos llevan a la obediencia acrítica, siempre más cómoda que la libertad de cada uno para orientar su vida.
        ¿Te has dado cuenta de que todo el sistema tecnológico se basa en órdenes al usuario y que éste no puede hacer nada diferente a lo que permite la máquina?
        Un saludo.

        • O,farrill 26 Octubre, 2016 at 22:42 #

          Hoy, en una entrevista realizada en los actos de aniversario del periódico “El Español” a Albert Rivera, éste insistía una y otra vez en su condición de “liberal” para, entre otras cosas, IMPONER el inglés como tercera lengua en España. Claro que también ha dicho como liberal que “la iniciativa privada tiene que cubrir aquello que no cubre el Estado”.

  4. Manu Oquendo 26 Octubre, 2016 at 18:54 #

    El problema, estimado Enrique, es que el párrafo en cuestión describe un sistema educativo totalitario con el agravante de que en vez de buscar excelencia busca el mínimo común múltiplo.
    Esto es el problema central de la ideología que lo inspira: Totalitarismo Ramplón so pretexto de Igualdad de Resultados.

    Y ello, a pesar de que la Constitución garantiza la Libertad de Enseñanza. Lo peor es que al convertirla en mera Posibilidad de Abrir centros que sigan las exigencias del Poder se la han cargado.

    Como dice O’Farrill, cada vez que se lee uno la Constitución Vigente –y lo que a partir de ella se ha construido por la puerta trasera– se nos cae el alma a los pies.

    Saludos

    • Enrique Sánchez Ludeña 26 Octubre, 2016 at 21:14 #

      Ya lo decía Krishnamurti en muchas de sus obras; por ejemplo, en El Arte de vivir:
      “Desde la infancia se nos educa para obedecer, sin que sepamos nada al respecto. Cuanto más autoritarios son nuestros padres y más tiránico el gobierno, tanto más nos compelen, nos moldean desde nuestros primeros años; y sin comprender por qué debemos hacer lo que nos dicen que hagamos, obedecemos. También se nos dice qué es lo que debemos pensar. Nuestras mentes son purgadas de todo pensamiento que no sea aprobado por el estado, por las autoridades locales. Jamás se nos enseña ni se nos ayuda a pensar, a descubrir, sino que se nos exige obedecer…”

      Jiddu Krishnamurti, El arte de vivir, Editorial Kairos, 1994

  5. Loli 1 Noviembre, 2016 at 9:05 #

    Durante un tiempo tuve la oportunidad de trabajar en un colegio e instituto públicos.
    Mi trabajo consistía en atender aquéllas tareas específicas de “profesionales sanitarios”, que precisaran los alumnos con “necesidades especiales”, que recibían clase en dichas instituciones.
    Era una figura, entonces, puesta en práctica de forma reciente y sin una regulación específica, pero me dio la oportunidad de conocer y asistir a una experiencia de la que pocas veces se habla en sus términos más profundos e interesantes.
    En el colegio había un equipo multidisciplinar de apoyo, de esos que sí, efectivamente, trabaja con los niños con esas especiales necesidades, sacándolos de las aulas en unas determinadas horas, y trabajando con ellos en diferentes áreas.
    Había niños con déficits motores de diferentes tipos y origen, problemas de parálisis cerebral con distintas afectaciones y grados, muchos problemas de alergias alimenticias, y crisis convulsivas, e inclusive con problemas metabólicos graves que requerían soportes mecánicos adicionales.
    Lo más curioso es que, todos tenían un informe de otra institución que primero los evaluaba (Atención Temprana, creo que se llamaba), que indicaba su validez para, con el apoyo de esos equipos de integración, cursar los estudios, al menos de Primaria, y algunos ya saltar al Instituto, dentro de un colegio “normal”.
    Y en la mayoría de los casos, efectivamente era posible esa integración…pero…el esfuerzo institucional requerido, y que no solo afectaba al presupuesto, sino a los programas, a los objetivos, al miedo de otros padres respecto a que esa integración obstaculizara el camino de sus hijos “normales”, terminó degradando sobremanera este interesante proyecto.
    Allí pude ver cómo, en las aulas de los más pequeños donde llegaban los niños con determinados problemas de menor edad, se desarrollaba una capacidad sensorial entre todos impresionante, así, además, me lo comunicaban los profesores encargados en estas aulas.
    Los más pequeños establecían enseguida un capacidad de entendimiento y compresión hacia sus compañeros que tenían limitaciones graves en ambos aspectos….y eran capaces de transmitir y traducir lo que querían y lo que expresaban a los adultos, que aunque con alguna formación en el área, veían cómo eran los propios niños los que con una menor dificultad conectaban inmediatamente con sus compañeros “diferentes”.
    Por otro lado, fui testigo, de cómo a la hora de evaluar a estos niños en su capacidad, a la hora de decidir si se seguía dentro de un colegio normal de integración, y a su paso al instituto, o directamente se les “despachaba” a un “Centro de Atención Especial”, los psicólogos, al menos los que yo conocí en el centro, que llevaban a estos niños durante todo el proceso del colegio, me decían, y así hacían constar en sus informes (informes que no gustaban nada a los evaluadores de fuera, encargados de dictaminar el futuro de esos niños, y creo que muy mediatizados por la presión de padres temerosos de la influencia ralentizadora de esos niños en sus hijos, y del propio colegio, agobiado por tener que hacer frente a cada vez más tareas en ese sentido y con un presupuesto, cada vez más adelgazado.),que realmente, no podía dictaminar y hacer constar, como así casi se les obligaba a realizar, que niños con capacidad de lenguaje y movilidad limitadísimo, estaban también incapacitados y discapacitados en su actividad intelectual y sensorial.
    Y eso era porque, en sus evaluaciones y pruebas, lo que habían constatado de esos niños era, precisamente, que sí eran capaces de comunicarse de un montón de formas, de crear su propio lenguaje abierto a todo aquél interesado en escucharle, eso ya lo sabían bien en las aulas de los más pequeños, y que desde esa comunicación, no podía, el psicólogo infantil, y desde lo evaluado, determinar que esos niños tuvieran la capacidad intelectual disminuida en modo alguno, y que inclusive, en algunos casos, lo que se constataba es que había un aumento, no solo en capacidad cognitiva, sino sensorial también.
    Aquello, y desde lo que viví, no evitó, sin embargo, y ante el dolor de sus padres, que muchos de esos niños no conocieran cursos más adelantados en el colegio….se les asignó, directamente un Centro de Atención Especial para el curso siguiente.

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