31 diciembre, 2017 /Isaac Salama Salama

Podíamos preguntarnos cuál fue antes: el huevo o la gallina. ¿Son las naciones una creación espontánea que emana del ser humano o más bien una creación de grupos de poder a quienes les interesa contar con masas uniformes y fácilmente manipulables?

Al poder le gusta la homogeneidad, la uniformidad, el pensamiento único. Un conjunto de personas que miran al mundo por un mismo agujero son mucho más fáciles de pastorear que una serie de individuos que aspiran a ver el mundo a través de sus propios ojos.

Los nacionalismos son una de las formas más potentes de homogeneización y adoctrinamiento que ha conocido la historia. Quizá sólo comparable al poder de las religiones organizadas y dogmatizadas.

El principio supremo del nacionalismo es que toda nación debe tener su propio estado, siendo, por tanto, la mayor agresión a ese principio la existencia de naciones sin estado. El nacionalismo considera a los estados contingentes y a las naciones eternas en cuanto consustanciales al propio ser humano (incluso en la metáfora del hombre sin sombra algunos creyeron ver al hombre sin nacionalidad). Habría naciones despiertas y felizmente casadas con su propio estado y naciones dormidas, esperando cual princesas, el beso redentor que las despierte (el “despertar” es una de las imágenes predilectas de los nacionalistas) de su letargo y las haga buscar y finalmente encontrar el alegre matrimonio estatal.

Para desmontar la falacia nacionalista hay que partir de una definición, aunque sea simplista, de estado y nación. Weber definía los estados como las organizaciones que ostentan el monopolio de la violencia legítima dentro de una sociedad. Hoy los estados son superestructuras más complejas, por lo que a su definición original se han ido añadiendo adjetivos como social, democrático o de derecho; pero para que haya estado como tal basta con que concurran los tres elementos de población, territorio y soberanía. El concepto de nación es mucho más difuso (“discutido y discutible” en palabras de ZP) aunque puede abordarse como un grupo con identidad cultural que se reconoce como perteneciente a una misma comunidad. Es decir, en esta aproximación simple sería la suma de cultura común y voluntad de pertenecer al grupo (Gellner).

Pues bien, lo cierto es que la nacionalidad no es un atributo inherente al ser humano y las naciones, igual que los estados, son una contingencia, no una necesidad universal. El nacionalismo, tal y como hoy lo entendemos, es un fenómeno relativamente reciente que nace unido a las sociedades industrializadas y a la generalización de la educación.

En las sociedades agrarias o preindustriales existía una fuerte estratificación social y una imposibilidad casi absoluta de movilidad entre clases. La alfabetización era patrimonio del estrato gobernante y de los clérigos. En el estrato inferior y cuantitativamente mayoritario existía una absoluta diversidad de pequeñas comunidades campesinas con una existencia vuelta hacía sí mismas, sin que hubiera interés alguno en promover una homogeneidad cultural entre ellas. En estas sociedades agrarias el único estrato en el que existía una verdadera ‘política educativa o cultural’ era el clero.

Y en esto irrumpe la industrialización. La sociedad industrial vive y depende del crecimiento económico constante y perpetuo, con el que sus ciudadanos cuentan. Ningún modelo socio-económico antes se había basado en la creencia, casi religiosa, en la posibilidad de un continuo progreso económico que trajera un mundo de prosperidad. Y, por eso mismo, ningún modelo ha sido tan vulnerable a la pérdida de legitimidad que supone una crisis que rompe de raíz con ese dogma que le sirve de soporte.

Este nuevo modelo de sociedad que emerge de la industrialización crea el caldo de cultivo donde aparece el nacionalismo. El ideal del crecimiento económico exige una alta productividad que solo puede conseguirse a través de la especialización. Además, esa elevada productividad ha de ser creciente, por lo que los hombres, como factores de producción, han de ser móviles, intercambiables entre diferentes industrias, de modo que puedan adaptarse a los cambios en la tecnología y en la demanda. Las personas no pueden ya quedar encasilladas durante toda una vida o incluso durante generaciones en un oficio, como ocurría con los antiguos artesanos en las sociedades agrarias. A esta doble necesidad –especialización y movilidad- se atiende a través de un sistema educativo estandarizado. Con lo que se da la paradoja de que nuestras sociedades son de las más especializadas que jamás haya habido pero su sistema educativo es de los más estandarizados. Todos los niños y jóvenes reciben la misma formación general hasta una edad avanzada y las únicas escuelas especializadas con prestigio son las que se encuentran al final del largo proceso educativo.

La alfabetización universal y el derecho a la educación que exigían las sociedades industriales condujeron a la creación, por primera vez, de grandes comunidades culturalmente homogéneas. De tal modo que la clase gobernada -la más numerosa- pasó a tener un credo común, como la clase clerical de las sociedades agrarias. Es así, como las sociedades modernas terminan volviendo clérigo a todo el mundo, de forma que todos reciben la educación externamente.

En esta sociedad no es de extrañar que “el símbolo y principal herramienta del poder del estado” pase de ser la guillotina a ser la educación universal. Actualmente es tan importante el monopolio de la legítima educación como el de la legítima violencia (Gellner). Podríamos afirmar que si el monopolio de la violencia es el atributo principal del Estado, el monopolio de la educación lo es de la nación. Ninguna nación, tal y como hoy la entendemos, podría subsistir sin esa universalización de una educación homogénea y estandarizada.

Por tanto, si la sociedad industrializada engendró los nacionalismos, parece claro que estos son tan contingentes como el modelo en el que nacen. Sin embargo, lo más importante es ser conscientes de que vivimos en una era nacionalista. Una era de sociedades de clérigos sin religión, en la que las sociedades se adoran abiertamente a sí mismas, prescindiendo de la intermediación de un dios (Durkheim). La exaltación de esa autoadoración es ni más ni menos la Alemania nazi. Tras la experiencia del nacionalsocialismo, los optimistas pensaron que nunca volvería a cultivarse la exaltación nacional; sin embargo, los nacionalismos siguen brotando como en la hidra de mil cabezas. Y, ojo, todo nacionalismo (con o sin estado) es perverso: agita un sentimiento de trato desigual y de particularidades, reales o inventados, y, a partir de ahí, sacraliza la pertenencia al grupo. Quien está fuera es indigno de la misma consideración y derechos que la casta superior de nacionales. Así de simple.

También es importante ser conscientes de que “el nacionalismo engendra las naciones, no a la inversa” (Gellner): en el contexto creado por las sociedades industrializadas, el nacionalismo impone y generaliza una cultura, en ocasiones preexistente, aunque desfigurada, y en otras simplemente inventada, a poblaciones estratificadas y que ya tenían sus propias culturas locales. Esto implica la difusión generalizada de un idioma mediatizado por la escuela y supervisado académicamente, codificado según las exigencias de una comunicación burocrática y tecnológica.

Los nacionalistas de nuestro estado eran bien conscientes de la potencia de la educación universal y del camino para despertar a la princesa dormida. Se han puesto a ello concienzudamente. No pensemos que el nacionalismo español sea mejor. Pero en estos tiempos hay que estar alertas al nacimiento de nuevas cabezas del mismo monstruo.

Por último, y quizás lo más importante de esta reflexión es que nos lleve a cuestionarnos todo aquello que en nosotros consideramos personal e intransferible, no nos vayamos a convertir en nacionalistas de nosotros mismos. Nuestra forma de pensar ha sido puesta ahí por alguien y para algo. A partir de ahí que cada cual decida si quiere ser un borrego o un hombre libre.

17 comentarios

17 Respuestas a “Nacionalismos”

  1. José Maria Bravo dice:

    Extraordinario artículo que toca muchas llagas. Difícil de un comentario a la ligera.

    Me hace preguntar en que limites vivimos?. Que legitima nuestro espacio que llamamos Estado-Nacion ?.

    Artículo que cuestiona los cimientos de de lo que llamamos nuestra identidad nacional.

    En que frontera vivimos?. Que cerca ponemos para identificarnos?. En que espejo nos miramos para sentirnos idénticos?

  2. colapso2015 dice:

    ¿Estado democrático?
    Esto se parece a “derecho a decidir”…

    Estado – con mayúscula–
    De la wikipedia:
    Cicerón: Es una multitud de hombres ligados por la comunidad del derecho y de la utilidad para un bienestar común y apoyo a la comunidad.

    I. Kant: Es una variedad de hombres bajo leyes jurídicas.

    L. Duguit: Es una corporación de servicios públicos controlada y dirigida por los gobernantes.

    Karl Marx: El Estado no es el reino de la razón, sino de la fuerza; no es el reino del bien común, sino del interés parcial; no tiene como fin el bienestar de todos, sino de los que detentan el poder; no es la salida del estado de naturaleza, sino su continuación bajo otra forma. Antes al contrario, la salida del estado de naturaleza coincidirá con el fin del Estado. De aquí la tendencia a considerar todo Estado una dictadura y a calificar como relevante sólo el problema de quién gobierna (burguesía o proletariado) y no el cómo.

    Kelsen: El Estado es el ámbito de aplicación del derecho.
    Carré de Malberg: Es la comunidad política con un territorio propio y que dispone de una organización. Es la comunidad de hombres sobre un territorio propio y organizados en una potestad superior de acción y coerción.

    Herman Heller: El Estado es la organización política soberana de dominación territorial. Es la conexión de los poderes sociales.

    Max Weber: El Estado es la coacción legítima y específica. Es la fuerza bruta legitimada como “última ratio”, que mantiene el monopolio de la violencia.

    La RAE:
    5. m. Conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano.

    Después de leer lo anterior, y lo anterior de lo anterior, …, puedo decir que me he quedado como estaba. Por ello expondré que veo y entiendo por Estado.

    Estado: Conjunto de personas formado por aquellos tienen asignada una renta, extraída de forma coactiva e indiscriminada entre la población.

    No parece correcto definir acorde a la -forma visible- y no a las funciones. Pero con una visión atrás y observando la variedad e indefinición de Estado (muchos no incluyen las versiones feudales), creo las funciones como las motivaciones u origen son ajenas al objeto observable en si. El cual es a todas luces una FORMA DE PODER mantenida por la población.

    O sea, “Estado democrático” es una Contradictio in terminis .
    No sucede lo mismo con “país democrático”, pues se sobreentiende país con gobierno democrático, es obvio y evidente que el poder y LA SOBERANÍA NO PUEDE ESTAR DISTRIBUIDA, por lo tanto en país (caso de multicultural) o la nación, carecen de poder efectivo como grupos de definición. Esto es Estado y país, Estado o nación no son ni sinónimos ni intercambiables. La estructura del Estado, fuertemente jerárquica y de funciones de nula votación-demos. Erigir las “nota informativas” o las costumbres legislativas “previas” o aún no votadas y demás mandatos, las cuales escriben/ejecutan los funcionarios como algo democrático es no vivir en la realidad. Por ello, creo que los miembros de la Asamblea del país o la nación bajo ningún concepto deben ser pagados por el aparato sino por el distrito que lo elige, pues en caso contrario pasa a formar parte del Estado. Y por lo tanto, la división del poder, bajo mi punto de vista uno de los pilares del proceso de civilización, desaparece al igual que la civil-ización de la asamblea.

    No será muy buena, pero no soy aristócrata…

  3. Manuel Bautista dice:

    Este magnífico artículo me ha hecho reflexionar en cómo se han configurado históricamente las naciones y estados modernos.

    Es cierto que las sociedades agrarias no necesitaban ni lo uno ni lo otro. Ahí cada pueblo tenía su propio “nacionalismo” y los que no eran de allí eran extraños y mirados como forasteros. En las grandes ciudades supongo que el fenómeno ya sería de otra naturaleza.

    Las naciones históricas, como España, surgieron mucho antes de la revolución industrial, pero fueron estructuradas como tales por los auspicios de la Corona y sus aliados. Siempre en un proceso de arriba abajo.

    Cuando los estados modernos deciden quitarle el poder a los monarcas y emprender un proceso democratizador, supongo que se plantearía definir quiénes son los ciudadanos sobre los que basar ese proceso, y en función de qué esos y no otros (por ejemplo, ¿incluir a los indígenas de las colonias?)

    En cualquier caso, si lo analizamos con cierto detenimiento queda claro que, a día de hoy, la condición de ciudadano de tal o cual nacionalidad es bastante poco natural y muy artificial. Señalamos el idioma como uno de los rasgos claves. Pero, ¿qué pasa cuando un inmigrante subsahariano consigue aprender el castellano o el catalán sin ningún acento? ¿Se acabaron las barreras?

    Decimos que también cuenta la historia, pero ¿hasta dónde? Obviamente la parte que nos interesa y contada como nos conviene. Y la cultura, ¿a qué nos referimos en un momento histórico en el que pese a la abundancia de títulos universitarios cada vez hay más incultura o la que domina la decide Tele5?

    Efectivamente los nacionalismos, las naciones y los estados no surgen de abajo arriba, por necesidad de las personas, sino de quienes gobiernan. Pero, el caso es que hoy, una vez consolidados, se nos han hecho imprescindibles a los ciudadanos. Por citar solo un ejemplo, si no hubiera Estado ¿a quién le reclamaríamos nuestros derechos? Si no hubiera fronteras y nacionales bien “controlados”, ¿cómo se podrían gestionar esos derechos?

    Lo sorprendente, para mí, es asistir a nuevos procesos de creación de “identidades” nacionales, sobre bases tan endebles intelectualmente como las que sostienen cualquier nacionalismo. Solo se explica recurriendo a los sentimientos, a las emociones. Significaría, por tanto, que los nuevos nacionalismos solo serían posibles si se consigue anular nuestra capacidad reflexiva y sustituirla por la emocional. ¿Hay algún nacionalismo de nuevo cuño que no recurra al sentimiento de superioridad o al de victimismo?

    En fin, esto da para mucho. Muchas gracias por tu reflexión, Isaac.

    1. José Maria Bravo dice:

      Decia el filosofo espanol Xavier Zubiri: “pienso sintiendo, siento pensando”

      No es tan facil, Manuel, separar la razon y la emocion. De hecho los gobiernos motivan la emocion
      Vease el himno, la bandera. Los eventos de masas,etc.

      Las razones de Estado, conllevan coercion. Se justifican usando la fuerza.

      Este debate da para mucho. La expresion de los pueblos es muy compleja. La masificacion, contradictoriamente, sublima el ego.El Estado es su maxima expresion

    2. colapso2015 dice:

      “Es cierto que las sociedades agrarias no necesitaban ni lo uno ni lo otro.”

      Le suenan las naciones indígenas americanas, eran ambulantes y estaban digamos en la edad de piedra. Debo reiterar el Estado es una forma de poder, no se trata de “si lo necesitaban o no”. Se impone, de hecho si olvidamos la personalidad jurídica falaz creada en el renacimiento, el origen y naturaleza del Estado está siempre vinculada a una forma de poder hegemónica bien sea explícita o implícita. Concretamente los primeros trazos de tal estructura resultaron de la invasión extranjera de territorios -agrarios- (propietarios**), a los cuales solicitaban un impuesto recaudado por “la corporación de invasores externos” (El Estado).
      El Estado “moderno”*, de personalidad jurídica ad hoc (yo pluralidad soy “el Estado”!), constituye un razonamiento circular sin el más mínimo sentido. Si la persona jurídica la sustenta el Estado con su ley, ¿quien atribuye la naturaleza de “persona”, ente jurídico al Estado? Nadie.
      De otra parte debe salir pues la ley,…, es decir, Boletín Oficial del Estado = “Estado de Latrocinio Moderno”. Las leyes, NO son asunto del Estado, sino de la nación (la no corporación).

      “Cuando los estados modernos deciden quitarle el poder a los monarcas y emprender un proceso democratizador,”
      ¿Qué “los estados modernos” decidieron qué? Cualquiera diría estamos hablando del misterio de la santísima trinidad. ¿Quien son “los Estados modernos”? Veo la deidad corporación, con el misterio santísima personalidad jurídica, ha calado hondo en el mundo industrial,… No he visto tal cosa ,…,

      “Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás.” Albert Einstein

      *:http://es.wikipedia.org/wiki/Estado_Moderno
      **: la propiedad se vincula al poder, en moralidad a la primera ocupación, pero no deja de ser una estrategia animal de no colisión superflua de intereses mutuos; supervivencia.

  4. Loli dice:

    Resulta que acabo de leer en un libro de Introducción a la Antropología (Marvin Harris)que, la costumbre escocesa de llevar faldas o “kilts” entre los clanes, , no responde a una tradicción remota.

    Parece que los “kilts” no fueron usados hasta alrededor de 1746, siendo introducidos por un inglés preocupado por que sus trabajadores vistieran atuendos que les permitieran más libertad de movimientos, y por lo tanto fueran más productivos.

    La vestidura tradicional:una única pieza de tejido acomodado en pliegues sobre los hombros y ajustado alrededor de la cintura, hasta fomar una especie de enaguas cortas, era más inoperantes para esos fines.

    Fueron, luego, los fabricantes de tejidos, tejidos de cuadros, típicos en Escocia, quienes promovieron una asociación entre distintos diseños de los kilts con los distintos clanes
    y con movimientos que perseguían revivir mitos celtas.

    Todo ello dio lugar a estudios de “dudosa erudición” que finalmente sentaron las bases para delimitar quiénes estaban legitimados para ponerse determinados diseños.

    Y no fue hasta 1850 cuando quedaron establecidas las relaciones entre los diseños textiles y los clanes (Trevor Roper 1983)

    En resumen, que lo que nació para facilitar el rendimiento y sometimiento de las gentes en aras de mayor productividad en etapas ya pre-industriales, se convirtió en orgullosa seña de identidad y hasta de supuesta heráldica de todo un pueblo.

    Se me antoja que el atuendo tradicional escocés es mucho más interesante y revelador en cuanto a singularidades y conocimiento de la historia y el desarrollo de los pueblos de Escocia. Sin embargo es con la reciente “falda” con la que los asociamos todos.

    ¿Cuántos datos de este tipo..cuántos sesgos históricos puede haber detrás de muchos nacionalismos actuales’

    Hurtos históricos que se hacen sobre todo a aquellas poblaciones sobre las que incidir o dirigir hacia organizaciones sociales excluyentes.

    Porque en definitiva eso es lo que son los nacionalismos, y no encuentro ningún ejemplo que demuestre lo contrario.

  5. Victoria dice:

    Según la RAE, además de constituir una ideología que confiere entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos, que aglutinan a su vez aspiraciones muy diversas, la aspiración o finalidad del nacionalismo es alcanzar cierta independencia de sus órganos rectores.

    Resulta compatible con la idea del autor de que son cabezas de un mismo monstruo, pero ignoro quién es éste. ¿La supranación, políticamente hablando?. ¿O la irracionalidad del ser humano, en toda su dimensión y manifestación colectivas cuando no reconocemos la alteridad de otro ser humano como parte de ese mismo “corpus” o “animus” en la propia existencia, y generamos masas de multicabezas?.

    En todo caso, se apunta magistralmente la génesis del monstruo: UNO MISMO cuando no potenciamos la libertad sino la masa.

    Gracias por el foco, Isaac.

  6. RBCJ dice:

    Más del 99% de la población española no leerá este artículo , menos en estas fechas. Se plantean si son borregos o libres…probablemente no. Aunque sin duda si les preguntan o les asaltan con injerencias en su terreno de actuación dirán que son libres de decidir y actuar mientras no afecten a la libertad del de enfrente. Un axioma. Desde aquí enlazamos con nacionalismos , estados y nacionalidades….demasiados términos que sin duda representan algo pero que siempre está en duda si los que los exaltan y diferencian no tienen como objetivo más que cuotas de poder para.. ¿vivir ellos mejor ? o que vivan todos los de la nación , estado o nacionalidad mejor…El clamor social como corolario dicta mayoritariamente en que ellos ,los políticos dirigentes, gracias a estos debates viven no ya mejor sino que probablemente sea su único medo de sobrevivir…desfalcos, prevaricaciones , cohechos o simplemente robos aparte. En principio no mezclemos sinvergüenzas con oportunistas de la política. No es fácil dilucidar el pensamiento global de porqué una bajada de yuan nos produce inmediatamente un roto en el Ibex o al revés en perspectiva doméstica porqué es mejor que la educación en un estado estará mejor gestionada desde un ámbito autonómico más micro. Probablemente los sentimientos mueven las naciones pero la inteligencia, la lógica , el sentido común, la responsabilidad y la perspectiva global deben gobernar los estados .Confuso , un tema no fácil pero seamos libres y pensemos antes de actuar.
    MB artículo Isaac.Saludos

  7. Jose Maria Bravo dice:

    Muy interesante y bien hilvanado articulo. El asunto de Nacion es algo muy complejo. Nacion y tribu son, quizas, todo lo contrario. Tribu tiene un cierto origen sagrado e implica cierta dispersion. Nacion se “encamina” al concepto Estado, ya se “declina” hacia “civitas”. Digamos, para hacer un parangon historico, tribu tiene origen judio y Civitas, el de alguna manera su opresor, un origen romano.

    Isaac hace una reflexion que nos lleva a vislumbrar la “Ciudad Estado”, el Estado “supranacional”, etc.

    Tambien nos adentramos al concepto de lengua e idioma. Que, quizas, tambien son antagonicos. La lengua es mas una expresion de comunicacion primitiva e idioma ya algo estructurado e implantado..

    El fin en esto del nacionalismo hay tanto que hablar. Y, ahora, en el presente, hay que hablar ingles o aleman para ingresar en el “Estado”.

    Ciertamente este articulo hace pensar. Gracias

  8. Agustín dice:

    También se pueden usar trazos gruesos, pero no por ello desacertados: nacionalismo=religión, ecuación a la que se puede sumar el fútbol. Esta dimensión cultural del fenómeno nacionalista no debe despreciarse, sobre todo en el caso español. Yo, personalmente, le encuentro gran provecho en mi trabajo como profesor: https://www.academia.edu/2345221/Religiones_culturas_sociedades

  9. ABH dice:

    Bueno, los nacionalismos han existido desde siempre, y no tienen porque entenderse de manera negativa.

    Lo que comenta este buen artículo parte de un nacionalismo extremo y agresivo, cuando no tiene porque ser así siempre.
    Es cierto que en épocas de crisis (económicas, sociales,…) el ser humano puede perder la cordura y asirse a elementos diferenciadores para protegerse, y entre ellos esta el nacionalismo…y mal llevado por dirigentes, ya sabemos.

    Yo, siendo como soy de una región para nada “nacionalista” entiendo que no hay nada malo en sentirse orgulloso o afectivo con determinadas características que definan una “nación” siempre que no sea excluyente, se procure una integración y se eduque en la transigencia y apertura de miras que te enseñe que no eres ni único ni especial.

    PD.- Me ha gustado mucho la nota de loli al respecto de los “kilts”

  10. Marta Vendrel dice:

    Me congratula ver, máxime a pocos días de unas elecciones donde al parecer ganará por mayoría absoluta la opción que mejor defiende los intereses de los catalanes ( no de todos) que es para lo que la gente les vota, que el propio representante del PP ya manifiesta que la solidaridad de Cataluña debe tener un límite. El propio Ministro de Exteriores del Estado dice que se estudia ceder todo el IRPF y los especiales a la consellería de Hacienda.. y el PSOE aboga directamente por un pacto fiscal. Evidentemente si estas ideas cristalizan en un pacto fiscal, que es lo que se viene reclamando desde hace ya mucho, pero mucho tiempo, una parte muy importante de Cataluña no deseará la independencia, al no sentirse esquilmados. Mejor juntos que separados, pero no a costa de saquear las arcas autonómicas… Sobre la opinión de los nacionalistas hay que decir, que parece olvidarse, que al Sr. Más se le elige para que represente y defienda a Cataluña, no a Ceuta ni a Extremadura; Y para los intereses de Cataluña, lo que conviene (al menos en mi modesto punto de vista) es continuar en el Estado, con un pacto fiscal. Y es tan evidente que explicarlo, sería dudar sobre la inteligencia de los cultos lectores que arrastra esta página.

  11. José María Bravo dice:

    Salama recrea un asunto complejo: la nación. Nación nos emociona, en donde nacemos. Estado nos racionaliza, nos limita, nos condiciona, nos “legítima”. Recordemos el éxodo, los pueblos han sufrido tempestades, hambrunas, persecuciones, expulsiones, invasiones, diluvios, etc.

    Ahora que hay el conflicto catalán, uno se pregunta cómo se puede “acallar” a un pueblo que no se “identifica” con un “Estado” que hacer? Que pensar?, que sentir?.

    Cuánto gente emigra en busca de sobrevivir? Cuanta gente “huye” de persecuciones religiosas, raciales, etc?. Cuánto éxodo en busca de un origen, de un sentimiento, de un sonido, de una grafía, de una “roca”, de una “espada”.

    Que legitima una frontera? Que sangre ha señalado una frontera?

    Un saludo de Año Nuevo

  12. Manu Oquendo dice:

    Tenía razón Goebbels al decir que la repetición construye creencia.
    Pero las Creencias pueden ser Falsas y Perversas.

    https://www.youtube.com/watch?v=VHYsrhT2ggQ

    https://www.youtube.com/watch?v=VhuM2Xm-xH4

    El Nacionalismo Identitario es una ideología Incompatible con la democracia. Es sencillísimo de entender: Se apoderan de tus hijos para Imponerle la Identidad que ellos quieren.

    ¿Revisión Constitucional?

    Pues claro. Para excluir estos partidos intolerantes y plañideros.

    La solución es sencilla: Plantar cara y decir la verdad. No tolerar ni un solo abuso.

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