BIG DATA

En los años cuarenta del siglo pasado, el Buen Doctor Asimov imaginó, en su serie de la Fundación, un futuro en el que Hari Seldon, un prodigioso científico, desarrolla la psicohistoria, una rama de la Ciencia que, combinando las matemáticas y el conocimiento de la psicología humana, permite a adivinar el curso futuro de la historia. Asimov, como buen racionalista, humanista y liberal, creía en el libre albedrío y no podía admitir que los actos de un individuo fueran previsibles, como si en vez de mente y corazón nos guiase un complicado algoritmo, por eso la psicohistoria no funcionaba con individuos, pero el comportamiento de las masas sociales lo clavaba.

Aún estamos muy lejos de una psicohistoria que funcione, pero lo cierto es que esta predicción de la ciencia ficción, como tantas otras de las cosas que en algún momento alguien ha tenido la osadía de imaginar, está cada vez más cerca de convertirse en una realidad; ¿a quién no le suena el Big Data?

Las nuevas tecnologías y el espectacular desarrollo de la informática y de los métodos de almacenamiento y tratamiento de datos permite que, con el rastro que dejamos en las redes sociales, al encender y apagar las luces de nuestra casa, con nuestras búsquedas en Google o simplemente mientras caminamos geo localizados por las calles, dejemos pistas de nuestro comportamiento, de nuestros gustos, aficiones, creencias y deseos a todo aquel que sea capaz de interpretarlos. Y el que sabe interpretar a las masas esta en una posición muy buena para poder manipularlas.

Nuestro sistema social, político y económico- al menos los principios filosóficos en que se sustenta- se basa en la asunción de que somos individuos inteligentes, libres, dotados de voluntad y con sentimientos propios y únicos. El Liberalismo Humanista, ese que cree en la capacidad del ser humano para decidir su destino libremente y en su derecho de hacerlo (ya sea mediante el voto en unas elecciones o decidiendo que le conviene como consumidor), es la corriente de pensamiento que en el Siglo XX se impuso al Nazismo primero y, con la ayuda inestimable de la socialdemocracia, al Comunismo después, y hoy en día domina en el mundo como la única Religión Verdadera (porque es una religión: mucho más eficiente que el Comunismo y a años luz del Cristianismo o el Islam a la hora de alimentar un planeta superpoblado, pero una religión al fin y al cabo, con sus dogmas y su componente de fe), fundamenta su discurso en que lo que nosotros sabemos de nosotros mismos, o lo que podemos descubrir de nosotros mismos, solo lo sabemos nosotros. O al menos nadie puede saberlo tan bien como nosotros…

Las religiones monoteístas que dominaban el Mundo hasta hace bien poquito, y que aún colean y de vez en cuando nos dan una muestra de su capacidad para traer el infierno a la Tierra prometiendo el cielo en la próxima, basan su poder terrenal en la idea que han inoculado en las mentes de sus seguidores; un creyente da por sentado que tenemos un alma inmortal y cree que lo más conveniente para la felicidad de ese alma inmortal es que en nuestro periplo terrenal sigamos los preceptos que los verdaderos dioses nos han hecho llegar a través de los verdaderos profetas: puede que tu vida en este mundo haya sido lamentable, pero si mueres llevándote por delante a unos cuantos infieles tu Dios te recompensará, ya lo verás. Además, en todo caso será la voluntad de Dios, porque Él es el que decide, los seres humanos solo tenemos ilusión de libertad.

Por otro lado, la religión de nuestro tiempo, el liberalismo humanista, no cree en almas inmortales -aunque en un ejercicio de disonancia cognitiva muchos científicos o economistas crean en algún Dios, o el lema oficial de los Estados Unidos sea “Creemos en Dios”-  y por el contrario cree en la Libertad de los seres humanos: el autentico dogma de fe de nuestro tiempo es el Ser Humano, como cumbre de la Evolución (o de la Creación, o de lo que sea, pero cumbre), y medida de todas las cosas, individual, con voluntad propia y libre albedrío (en tanto en cuanto goce de una libertad que le pueden quitar otros hombres o las circunstancias, pero no un Dios).

El liberalismo humanista lo del alma se lo deja a los creyentes; nuestro tiempo cree en el votante y en el consumidor, en la persona con inteligencia y sentimientos que hará lo mejor, guiándose por lo que le diga el corazón y su cabeza: el votante no se equivoca y el consumidor siempre tiene razón.

Por eso, cuando en un país como España se tienen que repetir las elecciones dos veces en tan solo unos meses, nadie cuestiona la capacidad de la gente para decidir quién ha de guiarles durante los próximos cuatro años, sino que todos los líderes políticos, los que ganan y los que pierden, aparecen en los medios defendiendo que, sean cuales hayan sido los resultados, el Pueblo ha hablado y los votantes no se equivocan. Pueden estar en desacuerdo en la interpretación de lo que de verdad quiere decir la gente al votar a este o aquel, pero a nadie le cabe la más mínima duda de que, cuando se sepa interpretar su voluntad, esta será infalible.

En un alarde de prepotencia, pero siempre sin cuestionar los pilares del sistema, puede que nos atrevamos a criticar a los ciudadanos de otras democracias, menos capaces que nosotros para decidir que les conviene. Por eso, cuando la primera potencia del mundo elige para guiarla los próximos cuatro años a alguien como Trump, tachamos a los votantes americanos de incultos, o a los ingleses que dijeron no a Europa y a los rusos que votan a Putin, de retrógrados y faltos de cultura política, pero jamás cuestionaremos la esencia de lo que significa la Democracia: el pueblo no se equivoca, porque las personas somos individuos inteligentes, dotados de sentimientos y actuamos de forma racional para conseguir lo que es mejor para nosotros.

Pero ahora resulta que la Ciencia, esa hermana pequeña del pensamiento liberal humanista, que es la que con sus conquistas ha conseguido que la economía crezca de forma ininterrumpida desde los días de Newton a los de Google (recordemos que hasta la revolución científica el PIB mundial per cápita se había mantenido casi inalterado), permite que seamos capaces de acumular los suficientes datos como para entender los resortes íntimos de nuestros pensamientos y de nuestras acciones. Y puede que un algoritmo aún no sea capaz de predecir qué voy a hacer esta tarde, pero ya hay algoritmos que convierten a las masas en entes predecibles y manipulables, y  es posible que los seres humanos a lo mejor no solo no tengamos alma inmortal sino que, como parte de la masa interconectada que somos, ni siquiera tengamos voluntad.

El saber es poder: el  Big Data es saber y la capacidad de manipulación que confiere ese saber es poder. Mientras utilicen ese poder para vendernos cosas parece que no nos importa demasiado, pero ese conocimiento también se puede emplear para decidir a qué información podemos acceder o qué tipo de noticias debemos leer, condicionando así nuestra visión de la realidad y en último termino nuestro criterio a la hora de elegir.

La campaña de Trump aparece ahora en las redes como ejemplo de uso del Big Data y manipulación de la información para condicionar el voto de la gente. Solo por poner un ejemplo: los encargados de comunicación de Trump sabían que los seguidores de la serie televisiva The Walking Dead eran más permeables a las ideas del candidato republicano que otros votantes, así que los espacios publicitarios en esta serie fueron especialmente saturados de anuncios sobre muros que mantienen a los mejicanos lejos del sueño americano.

Desde que existen las sociedades siempre ha existido una manipulación de las masas por parte de las élites para mantenerse o conseguir el poder, valiéndose de los resortes que han tenido a su alcance. El Big Data es un paso cualitativo impresionante en ese ejercicio de manipulación que todos los Poderes ejercen, para sustraerle al hombre su voluntad. En otro tiempo se utilizaban desfiles, concentraciones, prensa y televisión, pero el poder de manipulación que en un futuro cercano va a permitir el uso de algoritmos no tiene parangón en la historia reciente, y va a poner en cuestión uno de los axiomas básicos en los que se fundamenta nuestro sistema político: la capacidad de los votantes de actuar con libertad.

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Sobre Raúl Pérez Ponce

Ingeniero Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid y Licenciado en Economía por la UNED. Ha desarrollado su carrera profesional en el ámbito de la Consultoría Estratégica y de Negocio, habiendo trabajado para diversas empresas multinacionales y para la Administración Pública como consultor externo.

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7 Respuestas a BIG DATA

  1. EB 14 Diciembre, 2016 at 9:51 #

    Raúl, para empezar le recomiendo leer el comentario que hoy dejé al post de Manuel sobre la libertad. Personalmente ya no me causa ninguna sorpresa tanta denuncia de que en las democracias constitucionales la libertad es “poca”, “falsa” y para peor sigue disminuyendo porque las denuncias pretenden quitarle legitimidad a las democracias constitucionales.

    Luego le recomiendo aclarar bien qué se entiende por Big Data y para eso una referencia es
    http://www.forbes.com/sites/lisaarthur/2013/08/15/what-is-big-data/#1b1748a53487
    porque así uno puede distinguir los datos de los algoritmos que son medios para usar los datos y que merecen un análisis separado.

    Por último, como ha ocurrido con tantas otras cosas inventadas por los humanos, uno siempre debe reconocer su lado positivo y también su lado negativo. Sí, las armas sirven para defendernos y también para atacar, pero el problema no es la existencia de las armas sino los humanos que recurren a la violencia. Sí, los políticos y sus cómplices –en particular los políticos socialistas que siempre han querido expandir el poder legítimo del Estado-nación– siempre querrán usar toda la tecnología vieja y nueva para sus propósitos. Tome el caso de Obama y todo el aparato represivo que ha estado creando pero que los progresistas no denunciaron en su momento, pero ahora que Trump puede heredar ese aparato y quizás usarlo para perseguir a los progresistas sí lo denuncian. Esa hipocresía es típica de los políticos y sus cómplices. Nada nuevo.

  2. EB 14 Diciembre, 2016 at 11:48 #

    Sobre algoritmos, recién leo esto en BBC

    http://www.bbc.com/capital/story/20161212-algorithms-are-making-us-small-minded

    que por supuesto me causó risa porque supone que “antes” vivíamos en un mundo de certezas donde podíamos elegir sin que los algoritmos “nos ayudaran”, pero en realidad vivíamos en un mundo muy limitado porque la poca información estaba manipulada por los medios masivos (sí, por esa porquería que era la BBC o El País o el NYT). Y que quede en claro que “antes” ese nosotros a que me refiero era una minoría pequeña en todas las democracias constitucionales ya que la gran mayoría no tenía ingreso suficiente para siquiera acceder a las noticias manipuladas. Si lo quiere personificar, estudie el caso de Walter Cronkite en EEUU, ejemplo claro del manipulador de la información en la cadena CBS por décadas (ver https://en.wikipedia.org/wiki/Walter_Cronkite ).

  3. pericalospalotes/ 14 Diciembre, 2016 at 23:31 #

    Big-data, Big-data…

    mucho dato, mucho algoritmo..

    indicaciones del FMI para España: subir el iva entre otras cosas…

    subida de cuarto de punto, el interés del dinero, según la reserva-federal-americana//

    Datos y datos, para las personas, empresas, banca, países, naciones etc..
    pero la vida-humana- en el caos y hundimiento..para el 80%..
    Nadie les ha votado, por qué se les escucha entonces?-

    Estoy por disfrazarme de autopista, necesito un generoso rescate!!

  4. Manu Oquendo 16 Diciembre, 2016 at 0:29 #

    Al hablar de “Big Data” refiriéndonos a “Muchos Datos” (que es más exacto que “Grandes Datos”) solo estamos hablando de cantidades inmensas de caracteres, pixels o sonidos formados por ceros y unos. Nada más que eso.

    El paso de Datos a Información se hace a través de Agregación y Concentración de datos en función de un “Orden” determinado. El resultado es Información.

    Por ejemplo:

    Un dato es el importe de un pago por tarjeta, otro el establecimiento, otro la identificación directa o indirecta del comprador, otro el producto comprado, otro la confirmación oral –por ejemplo– de la transacción.
    Información sería la agrupación en un intervalo temporal de, por ejemplo, todas las compras de combustible de una persona concreta. Es decir, lo que permite contestar a una pregunta útil para alguien que casi nunca es el que ha producido la información (su dueño teórico)
    Lo mismo al pasar de Pixels a una Fotografía, es decir, Pixels con un orden reconocible.

    El dato en abstracto no tiene valor. Solo lo tiene si podemos relacionarlo con algún “orden”.

    A partir de la Información podemos a construir Conocimiento, es decir, construcciones intelectuales que nos permitan explicar, describir y predecir.
    En Inteligencia Artificial se llaman “motores de inferencia” pero son solo lo anterior. Formas de predecir una vez que se puede interpretar y explicar el pasado.

    Desmitifiquemos por tanto el Big Data porque ni es nuevo ni en sí mismo tiene valor.

    Me explico: para producir Conocimiento es mucho más útil tener perfectamente identificados a través de un DNI a todos los miembros de una comunidad, que vivir la situación de países cuyas leyes prohibían asignar un “número” a cada uno de ellos como con los reclusos o con el ganado.

    De estos creo que hay apenas dos: USA y UK y poco a poco van cayendo en la trampa del rebaño marcado desde que nace.

    Una vez tienes a todo el mundo “marcado” de modo indeleble el Big Data es inútil, innecesario.

    Gracias al identificador único –como nuestro DNI inventado por Franco– tienes todo al alcance de la mano porque has construido todos los sistemas de gestión y control social incorporando el DNI de quien realmente quieres controlar: el Ciudadano.

    Lo que sí da miedo es ver una sociedad que se deja llevar confiada e inconsciente del ronzal.

    Si en vez de ser siervos fuésemos ciudadanos no aceptaríamos esta situación.

    Por una razón: Los datos son nuestros y aquí los usa todo el mundo contra su único dueño.

    Hay que repensar muchas cosas inauditas que nos parecen normales.

    Saludos

  5. EB 16 Diciembre, 2016 at 11:02 #

    Estos últimos días leyendo sobre lo que está ocurriendo en EEUU me ha quedado clarísimo que el problema no es Big Data sino los muchos mentirosos e hipócritas que escriben y hablan para influir a los demás y sobretodo para incitarlos a acciones que esos cobardes jamás emprenderían. La podredumbre de políticos y sus cómplices charlatanes ha llegado a niveles ridículos en anticipación de lo que debe legalmente suceder el lunes 19 en EEUU, esto es, la ratificación de la elección de Trump por el Colegio Electoral. Esa podredumbre que se observa en EEUU también se puede observar en España y en el resto del mundo porque la “globalización de las comunicaciones” permite que muchos repitan lo que se dice en EEUU y le agreguen sabor local para los mismos propósitos de influir e incitar a la masa.

    Sí, como ha sucedido con tantas innovaciones tecnológicas, es un error centrarse en lo nuevo cuando el problema es lo viejo: el lado oscuro de la naturaleza humana.

  6. O'farrill 16 Diciembre, 2016 at 21:06 #

    “El liberalismo humanista, lo del alma se lo deja a los creyentes…” Creo que me puedo identificar aproximadamente en esa línea de pensamiento político y considero que el alma es lo más importante que tenemos como seres humanos. Lo que nos da una categoría diferente. Otra cosa sería el “racionalismo” o el “pragmatismo” de quienes, como Santo Tomás, sólo creen en lo que ven o conocen. Todos los “algoritmos” del mundo no son nada con esta cualidad del ser humano: su alma. Eso que nadie puede definir, controlar, orientar, manipular… a pesar de formar parte de cada uno de nosotros. pero la Ciencia no sería nada, el Arte no sería nada, ni el progreso social sería nada, sin la existencia del alma que crea, inspira, guía emociones y sentimientos…
    Ya lo hemos dicho en alguna ocasión: estamos tan perdidos que buscamos esos nuevos “mitos” a que aferrarnos creyendo que nos aportan seguridad. ¡Qué gran equivocación! Un saludo.

  7. Loli 16 Febrero, 2017 at 7:56 #

    Si alguien, o algo, pudiese “viajar”, o colocarse simultáneamente en nuestro futuro y nuestro presente, estaría en condiciones de y conocer qué es lo que necesitamos para desenvolvernos en este “tiempo”, pues ya lo sabría de antemano.
    Si lo encontráramos, con nuestro nivel de desarrollo intelectivo, seguramente nos parecería algo muy inteligente, o sospechoso…. pues conocería cosas de nosotros mismos que nos sorprendería, pero al no poder aún explicar la razón de su conocimiento, por no tener el receptor del mensaje el desarrollo necesario para ese entendimiento, su acción tendría que realizarse de manera cuidadosa y hasta discreta.
    Si de esa acción dependiera el podernos mantener con unos niveles aceptables de supervivencia que aseguraran nuestro desarrollo, ayudándonos a despreocuparnos, en parte, de los matices más complejos, para que pudiésemos ir dando pasos cada vez mayores en ese desarrollo, si esos actos en realidad fueran un verdadero trabajo por velar nuestro funcionamiento vital en este presente, con la fe puesta en el conocimiento de nuestro, futuro, ¿cómo lo asimilaríamos?¿cómo lo inscribiríamos en nuestros esquemas conceptuales?.
    Seguramente lo relegaríamos a la categoría de “automático” o inclusive de “funcionamiento primitivo y adaptativo ligado a la supervivencia”, al hacerse insoportable la mera posibilidad de reconocer lo mucho que ignoramos de nosotros mismos.

    No puedo evitar acordarme, con esto, de nuestro Sistema Nervioso Autónomo, o Neurovegetativo.

    Ese que nos permite mantener los márgenes necesarios no solo de supervivencia, sino que también contiene los ritmos posibles para aumentar esos márgenes, para ir acercándolos a nuestra consciencia, las pequeñas limas que podrán ir debilitando las rejas del miedo, y del “esto está así, y no hay más”.

    ¿A quién o a qué llamamos “ángeles de la guarda”?.

    El funcionamiento “automático” de cualquier célula de nuestro cuerpo, es mucho más complejo y requiere de una inteligencia, de la que aún estamos lejos.

    El camino de la esperanza en que algún día no seamos ni encarcelados ni carceleros, no parece que se encuentre muy lejos de nosotros, y encima, parece que hasta “cuidado”.
    Nos faltan muchas cosas, quizás también la fe en ello.

    Cabría preguntarse las razones que nos alimentan, continuamente, esta carencia.

    Quizás una de esas razones radique en la creencia de ya estamos “terminados”.
    Creencia que mantenemos con la obstinación propia del despotismo y la prepotencia trágicamente infantilizada.

    Custodiada desde la razón con importantes “cancerberos” argumentales y justificantes.
    Y la pereza, pues salir de las cárceles, requiere un trabajo, y el Neurovegetativo…. parece que también se agota.

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