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CONCIENCIA SOCIAL

Atención, pregunta:

¿Devolveríamos un billete de 50 euros encontrado en la calle?

Ante esta pregunta casi todos respondemos que sí, dando por hecho que tienes localizado al dueño del billete y, por lo tanto, puedes devolvérselo. Pero, ¿y si no sabes quién ha perdido el billete? ¿Qué harías entonces? Probablemente quedártelo con el argumento de que si no lo coges tú lo hará otro. Un otro abstracto, sin rostro y sin nombre. Pero ¿y si el otro tuviera identidad? ¿Y si supiéramos que el que viene detrás necesita ese dinero más que nosotros? Quiero pensar que muchos pasarían de largo, confiando en que fuera ese otro, ahora identificado, el que recogiera el billete de la acera.

Y esto mismo sucede con los derechos que nos corresponden pero no necesitamos. Si tengo dinero ahorrado en el banco para vivir un tiempo y me quedo sin trabajo, ¿debería solicitar la prestación por desempleo? Realmente, no la necesito, pero a saber para qué se utiliza si no la reclamo, así que acabaré solicitándola. Si uno supiera con certeza que todo aquello a lo que renuncia irá destinado a mejorar la supervivencia de otras personas, seguramente sería capaz de renunciar. Pero como vivimos en el escepticismo absoluto con respecto al sistema que nos administra, esta conciencia social se complica. Y a más escepticismo, más posibilidades existen de que nos quedemos con el billete de 50 euros sin mirar atrás.

Hay personas que tienen la vida resuelta y sin embargo no dudan en beneficiarse de la reducción de tarifas del AVE para mayores de sesenta años, por ejemplo, cuando ellos mismos podrían financiar toda la red ferroviaria del país con lo que tienen acumulado en sus cuentas bancarias. Y a muchos les parecerá bien, porque, oye, tienen DERECHO. Ya, ¿pero los derechos no estaban pensados para amparar a quien los necesite?

¿Veríamos lógico acudir a un comedor social si cobráramos una nómina y tuviéramos la nevera llena? ¿Y vestirnos con ropa donada a la beneficencia aun contando con un fondo de armario como el de Victoria Beckham?

Y por si con ejemplos cotidianos no lo vemos claro, pensemos en Rajoy (tranquilos, solo será unos segundos) Resulta que tanto nuestro presidente como 62 diputados más están cobrando legalmente dietas por alojamiento. Y resulta también que todos ellos tienen vivienda en propiedad o residencia oficial. Entonces, si no necesitan ese dinero para un alquiler, ¿por qué lo siguen cobrando? Porque tienen DERECHO. Y los derechos hay que pillarlos rápidamente, no vaya a ser que te los quiten… Un poco como las vitaminas del zumo de naranja, que hay que beberse rápidamente para que no se pierdan (“Mariano, corre, bébete el zumo que se te escapan las dietas”) Además, la población somos también un ente abstracto; como ese “otro” que podría llevarse el billete del suelo, ese otro que parece no existir porque no pertenece a nuestra familia o a nuestro círculo de amigos. Y con esto no estoy cuestionando los sueldos de nuestros políticos, sino el cinismo, tanto suyo como nuestro, de aceptar beneficiarnos de aquello que no necesitamos.

Quienes nos gobiernan no son capaces de dar ejemplo con su comportamiento y abusan de un sistema que ha sido diseñado a su favor, pero eso no nos exime de asumir una responsabilidad que, a la larga, nos hará libres.

La libertad no pasa solo por reivindicar nuestros derechos sino por aprender a renunciar a ellos. Lo que yo no utilice le puede servir a otro. Y lo que yo no necesite se lo puedo ahorrar al Estado. Pero no es solo que se lo pueda ahorrar, es que de paso me ahorro la dependencia a ese Estado que amenaza constantemente con arrebatarnos nuestros derechos y nos tiene atemorizados. ¿Por qué nos tiene atemorizados? Porque puede. Porque posee las riendas de nuestra supervivencia. Pero no pueden amenazarme con quitarme algo que yo, de antemano, estoy dispuesto a rechazar.

Esto, además de libertad, se llama “anarquía”. Para alcanzarla hace falta conciencia social y para ello es esencial que estemos dispuestos a revisar actitudes y supuestas necesidades y, simultáneamente, que nuestros políticos sean capaces de renunciar también a privilegios de los que podrían prescindir.

Aun así, ¿nos quedaríamos con el billete de 50 euros aunque nuestros gobernantes tuvieran un comportamiento ejemplar?

A este paso, me temo que eso nunca lo sabremos.

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Sobre Bárbara Alpuente

Actualmente trabaja como guionista de la serie "Cuéntame", emitida en TVE, y acaba de publicar el libro "El amor se me hace bola", editado por Editorial Planeta. Ha sido columnista de Grazia; revista semanal del grupo Prisma Publicaciones, y columnista de Yo Dona; suplemento del periódico El Mundo, desde el año 2005 hasta el año 2012. Ha trabajado en Canal Plus, Radio Nacional o Rolling Stone y ha sido coordinadora de guión y guionista en Camera café, Paramount Comedy y Doctor Mateo entre otras producciones. En 2011 publicó la novela "Más allá de mí" con La Esfera de los libros.

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11 Respuestas a CONCIENCIA SOCIAL

  1. iiiiiniiiii 5 mayo, 2013 at 16:43 #

    Personalmente pienso que el que tiene conciencia social la tiene independientemente de lo que hacen sus gobernantes porque le sale desde dentro.
    Los modelos son necesarios para dar ejemplo a todos aquellos que no tienen buenas intenciones como primer impulso, que debido a la picaresca española parece que abunda en nuestra cultura.
    Sin embargo tampoco son suficientes y creo que lo que necesitamos es un sistema legislativo que regule los derechos para que se administren adecuadamente, hasta que la cultura lo hiciera de forma natural.

  2. Pyrrho 5 mayo, 2013 at 19:56 #

    Esto me recuerda al dilema del prisionero, si colaborásemos ganaríamos todos. El problema es que en una sociedad en la que la colaboración es escasa, el que colabora sale muy perjudicado -paga por lo suyo y lo de los demás- y el aprovechado le llama estúpido.

    Como apuntan arriba, el cambio debe ser una regulación sensata que incentive la colaboración y penalice el comportamiento egoísta.

  3. mariano 5 mayo, 2013 at 21:39 #

    No lo veo claro. Siguiendo el razonamiento, los más ricos tendrían casi la obligación moral de usar la sanidad y la educación privada para no gastar los recursos de todos, lo que solo contribuiría a aumentar la desigualdad.

    Igual más que “conciencia social”, concepto que a mí me parece que tiene un ligero tufo paternalista (es algo que se le pide a los ricos y poderosos, no a los más desafortunados), lo que hace falta es “responsabilidad”, rara virtud exigible a cualquiera en la medida de sus posibilidades.

    • Bárbara Alpuente 7 mayo, 2013 at 11:28 #

      No se trata de no usar lo público, sino de no abusar de ello.

      Y sí, quizá “responsabilidad” habría sido más acertado, aunque en este caso hablo de conciencia social para el anónimo y para Mariano… El otro Mariano.

  4. Maria 6 mayo, 2013 at 0:31 #

    Es ridiculo centrar un debate, en lo que cualquier personalidad, se pueda gastar en dietas, y mas bien, pienso que es una forma de quitarse culpa, quienes tambien cobran dinerales, por ofrecer algun servicio a la población. El asunto, no es que lo que un individuo gaste, sino lo que decide en una esfera politica mas elevada, para desviar fondos publicos, y del Estado, para rescatar a los “ricos”. Si un politico ejecuta con una frialdad escalofriante, leyes y medidas que van en contra de los mas elementales principios politicos, no quedan mejor parados, quienes a pie de calle y en un supuesto mismo nivel que el ciudadano y lo popular, no se privan tampoco de seguir ofreciendo tarifas y ganandose la vida, cobrando por sus servicios, los mismos precios, que antes de la crisis, o quizas algo mas por el recrudecimiento de las dificultades y la subida de los impuestos. ¡Quien este libre de pecado, …que de ejemplo, …y lo diga abiertamente, pero quien no lo este,..que no señale con el dedo al pecador,….que eso es muy, pero que muy viejo! Es tan anonimo quien perdio el billete, como quien se lo encontró y no dijo nada a nadie!

  5. NoticiasFavoritas 6 mayo, 2013 at 13:29 #

    La conciencia social es más fácil tenerla en época de bonanza que en época de crisis. En bélgica, un país donde tradicionalmente podías coger los periódicos libremente y depositar el dinero correspondiente, un furgón perdió un cargamento de dinero en un pueblo y todos los ciudadanos recogieron los billetes, pero para quedárselos. Ahora son como fuenteovejuna, adivina quién te dió.

    La crisis sin duda hace mella en la conciencia social de las personas.

  6. Alicia Bermúdez 6 mayo, 2013 at 23:21 #

    Si tuviera la certeza de que el que viene detrás lo necesita más que yo, cogería el billete del suelo, sí, y se lo darían en mano por si, absorto en sus preocupaciones, pasaba por su lado sin verlo.
    Lo que quiere decir que nunca daré ese billete, si me lo encuentro, a ningún otro.
    Y no se lo daría porque es imposible que yo tenga esa certeza; incluso es difícil que el propio necesitado pudiera afirmar con absoluta honradez (aun teniendo la capacidad de adivinar de la que yo carezco) que lo necesita más que yo.
    Otra razón para no dárselo es que el sólo gesto me estaría convirtiendo en benefactora, donante de algo que no es mío; y eso tampoco me dejaría contenta.
    Así que, agarre el ejemplo por donde lo agarre, hiciera lo que hiciese, nunca me quedaría contenta.
    Conclusión, que tirando por la calle de en medio y para eludir problemas, lo más satisfactorio para mí y para mi cómo me gustaría que fuese el mundo, sería no encontrarme el billete. Y asunto resulto.
    Pero… Argumentaciones aparte, me lo quedaría.
    Ocurre que es un ejemplo que se presta a la trampa; no quizá en el planteamiento pero sí en las respuestas que puedan darse porque, bueno, un billete es algo cuya utilidad todo el mundo entiende y comparte; pero la honradez requerida para actuar con rectitud es bastante más difícil de enjuiciar.
    Tal vez el escollo está, o yo lo encuentro, en decidir pensando en otro que, qué otro y cuál es su escala de valores que, además, puede no ser compartida por mí.
    ¿Qué criterio sería entonces de más peso, el suyo o el mío?
    Creo que resulta más sencillo el hacer y el decidir sin elucubrar razones que quedan fuera de mí y tan sujetas a error como las mías; y optar tan sólo (y en eso sí estoy plenamente de acuerdo, Bárbara, con tu planteamiento) por renunciar al derecho en cuestión, el que sea, si no lo necesito y por mucho que me asista.
    Y creo también que, a decir verdad, al renunciar estaré comprando un poquito de mi libertad. Que a lo mejor me interesa más.
    En fin. Que toda decisión que tomemos los humanos estará más o menos mediatizada por el egoísmo y el “qué me conviene más”; otra cosa es el orden de prioridades, o la escala de valores (tan subjetivo siempre), que aplique para sí cada persona.
    En este país nuestro, en concreto, a lo que se ha renunciado es a la libertad.
    Cosas de la vida…

  7. mrtaid 8 mayo, 2013 at 23:26 #

    Afortunadamente, para alcanzar esa independencia del estado, ese estado sin Estado o “anarquía”, no hace falta “que nuestros políticos sean capaces de renunciar también a privilegios de los que podrían prescindir”. Pueden comer mandarinas si quieren, que el estado no depende del Estado. Lo que me parece increíble en todo este movimiento, crisis, o como se quiera llamar, es que estemos todos, más que nunca, defendiendo un reforzamiento del Estado (del Estado del Bienestar), en vez de estar desenganchándonos de él, es decir, que estemos menos dispuestos que nunca a renunciar a nuestros “derechos”, derechos que son, a su vez, la zanahoria con que se engancha al burro.

    Esto me recuerda la famosa “dependencia emocional” en las relaciones de pareja, ¡¡tenemos una fantástica dependencia emocional del Estado!!

  8. Gema. 11 mayo, 2013 at 18:38 #

    Yo creo que esto de la libertad o liberación interior poco o nada tiene que ver con la cuestión económica-dineraria que nos han hecho creer o que nos han vendido;
    que cuando se tiene o se posee eso llamado dinero se pueden hacer más cosas está muy claro, como que se pueden obtener mas cosas, ligar más o a saber, pero todo esto pasa por un filtro, si acaso “quiero” tener mas cosas, o ligar más o comprar el mundo etc.. si quiero o no quiero, si me motivan tales cosas o no…y en este orden de prioridades de uno- quizás NADA tenga que ver la cosa dineraria;

    Si hay un Estado que se desentiende de las personas que está en situación de vunelrabilidad absoluta, y que lo que mejor hace es invertir en ejércitos y participar en guerras de aquí y de allá…ese Estado para que lo queremos los ciudadanos-yo, desde luego, para nada..ni olerlos!!

    Si me encontrara un billete de 50 o 100 o lo que fuese, desde luego, no lo devuelvo..mal actuar?, a mí nadie me devolvió esos monederos caídos al suelo que no han durado en tal sitio ni un segundo!!..distinto es si me encuentro una cartera con dinero y dentro de ella un dni- o algo que identifica a su dueñ@…
    en cuanto al billete solipandi por el suelo…para mí que es de quién se lo encuentra y punto…sin moralinas ni monsergas religiosas, anda ya!!

    Hace mucho tiempo leí en un buen libro unos principios de acción válida que decían así:
    1. Ir contra la evolución de las cosas es ir contra un@ mism@.

    2. Cuando fuerzas algo hacia un fin produces lo contrario.

    3. No te opongas a una gran fuerza. Retrocede hasta que ella se debilite, avanza con resolución.

    4. Las cosas están bien cuando marchan en conjunto, no aisladamente.

    5. Si para ti están bien el día y la noche, el invierno y el verano, has superado las contradicciones.

    6. Si persigues el placer, te encadenas al sufrimiento. Pero, en tanto no perjudiques tu salud, goza sin inhibición cuando la oportunidad se presente.

    7. Si persigues un fin, te encadenas. Si todo lo que haces, lo realizas como si fuera un fin en sí mismo, te liberas.

    8. Harás desaparecer tus conflictos cuando los entiendas en su última raíz, no cuando quieras resolverlos.

    9. Cuando perjudicas a los demás, quedas encadenado. Pero, si no perjudicas a otros, puedes hacer cuanto quieras con libertad.

    10. Cuando tratas a los demás como quieres que te traten, te liberas.

    11. No importa en que bando te hayan puesto los acontecimientos, lo que importa es que comprendas que tú no has elegido ningún bando.

    12. Los actos contradictorios o unitivos se acumulan en tí. Si repites tus actos de unidad interna, ya nada podrá detenerte.

    Yo creo que esto de la anarquía es o sería como gobernarse cada uno a sí mismo de la mejor manera posible y para ello, hay que resolver mucho interiormente, tender al auto- conocimiento, querer cambiar cosa de un@ que no nos gustan, comprendernos y comprender el mundo en el que vivimos, vivir con la mayor honestidad posible si es que nos lo permiten….etc…anarquía no tiene que ver con locura o guerra o unos contra otros etc..que tanto nos vendieron, anarquia es vivir como mejor nos parezca y mejor nos sintamos con nosotros mismos que al fin de cuentas es quién mas cerca tenemos;

    Reza una frase por las redes sociales que dice: vive por tí, porque al morir nadie lo hará por tí….algo así..no la recuerdo bien.

    • Bárbara Alpuente 11 mayo, 2013 at 18:52 #

      “Si me encontrara un billete de 50 o 100 o lo que fuese, desde luego, no lo devuelvo. mal actuar?, a mí nadie me devolvió esos monederos caídos al suelo que no han durado en tal sitio ni un segundo!!”

      10. Cuando tratas a los demás como quieres que te traten, te liberas

      Esto explicaría que nadie te haya devuelto tus monederos.

      Un saludo.

  9. Gema 12 mayo, 2013 at 1:28 #

    No estoy muy de acuerdo, no suelo encontrar dinero nunca, y viviendo con poco sí suelo perder dinero por puro despiste ….y en varias ocasiones, jamás me devolvieron nunca nada…porqué voy a devolver algo si encontrara??, aunque fuera un centimillo de euro ….bueno en ese caso sí lo devolvería pero que igual ni me lo cogerían.

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