Los parques y sus respectivas pistas, de fútbol o de baloncesto, que eran antes el obligado punto de encuentro de los muchachos del barrio han dejado de serlo
Echo de menos la vida del parque

Leyendo últimamente las largas entrevistas a deportistas retirados que publica Jot Down (y que me encantan, la verdad) me he dado cuenta de que muchos de ellos tienen en común algo poco común: echan de menos la vida en el parque. Sean deportistas veteranos rusos, balcánicos o españoles, todos ven con cierta tristeza que los lugares donde ellos aprendieron a jugar ahora se encuentran vacíos. Los parques y sus respectivas pistas, de fútbol o de baloncesto, que eran antes el obligado punto de encuentro de los muchachos del barrio han dejado de serlo. Jordi Villacampa, en una de estas entrevistas, y con la perspectiva que le da el haber sido director de un gran club deportivo, aducía una de las razones: el deporte, que era una actividad lúdica y callejera, a menudo improvisada, se ha convertido en una actividad de pago, programada y centrada en la consecución de resultados.

Esto es obvio, porque si pago para que mi hijo vaya a una escuela de fútbol, tengo que ver los resultados. Para que esos resultados sean visibles el entrenador ha de someter a los niños a una rutina de entrenamientos estricta. Entrenamiento físico, entrenamiento con balón y entrenamiento en equipo. En la mayoría de las escuelas, durante la hora, hora y media o dos horas que dure éste, todo está rígidamente programado y medido: diez minutos de correr, cinco de saltar con los pies juntos, cinco de sprint, cinco de fuerza; cinco de técnica con el balón con un hemisferio, cinco de técnica con el otro; diez minutos de pases, veinte de ataque/defensa…

¿Y de jugar? De jugar ni hablar. ¿Y de tensiones? El coach las resuelve rápido. Antes uno iba a jugar al parque o se quedaba después del cole y estaba allí hasta que anochecía sin hacer otra cosa que jugar y jugar. Allí había piques, empujones, riñas, risas, trampas. Las tensiones se creaban y se diluían solas, sin la intervención de ningún adulto. Si destacabas mucho, te dejaban jugar con los mayores, lo cual era, sobre todo en los países del este, un Gran Honor. Entonces sí podías pedir a tus padres que te apuntasen a tal o cual escuela, porque habías demostrado que eras capaz de jugar con muchachos mayores que tú a su mismo nivel y, sobre todo, que tenías el carácter como para aguantar sus puyas y sus burlas.

Ahora los padres, antes de que tú tengas conocimiento de causa, antes siquiera de que hayas tenido la experiencia de salir solo a la calle, directamente van y te preguntan ¿a qué escuela te apuntamos? ¿A fútbol, a baloncesto, a judo? Y el niño, que no ha tenido contacto alguno con el mundo del deporte más allá de la hora de educación física en el colegio dice que a fútbol, que es lo que más les gusta a sus padres y a sus amigos, por imitación de sus padres.

¿Por qué ha cambiado tanto esto? ¿Qué tenía de malo jugar en la calle? ¿Cómo se llegó a vaciar?

Son preguntas que tienen difícil respuesta. Por un lado el nivel de renta de Europa ha crecido. Antes, los padres de las jóvenes estrellas balcánicas, no podían permitirse el pago de un club deportivo. Solo aceptaban llevar a cabo ese esfuerzo cuando el niño de verdad destacaba. El caso de Raúl González y otros deportistas españoles es similar. Ahora, en cambio, no se espera a que el niño destaque, sino que entra directamente en el club deportivo como si se tratase de una extraescolar más. No pasan, pues, y esto es lo importante, por el parque. Pasan directamente del colegio al club deportivo.

En esto interviene, posiblemente, el papel sobreprotector de los padres. Muchos padres piensan que sus niños no están seguros en la calle y que, por lo tanto, no pueden estar solos en ella. Aunque sea en los jardines de enfrente de casa. Este es otro de los grandes cambios de mentalidad que han motivado que los parques se hayan vaciado de niños. A muchos niños de diez, once, doce e incluso trece años no les está permitido salir solos a la calle. Antes que eso, los padres prefieren que estén en un entorno seguro: en una escuela de fútbol, en una academia de extraescolares, en un taller de informática. A los niños que van a la escuela de fútbol se suman, pues, aquellos otros a los que no les dejan salir. Y los niños a los que sí les dejan, ¿qué demonios van a hacer en el parque solos?

En definitiva, el lugar de encuentro de los muchachos tras el cole, sociológicamente hablando, ha cambiado y ahora es de pago.

¿Qué hemos ganado y qué hemos perdido con todo esto? Yo soy pesimista y me temo que nada bueno pueda salir de vaciar los parques de niños. Creo sinceramente, como los veteranos del deporte antaño, en la calle como lugar de aprendizaje, como lugar donde ganar confianza lejos de los padres y de los profesores, como lugar donde ganar autonomía. Y no creo que las escuelas deportivas sean capaces de llenar este vacío. Ni lo pretenden. Más bien al contrario, el adulto está allí permanentemente presente y se trata de actividades aún más dirigidas que en la escuela, con un margen mínimo para la imaginación y la improvisación.

Hemos ganado, eso sí, en capacidad competitiva y en valoración del esfuerzo (cultura del esfuerzo como dice el slogan de una camiseta de un equipo de baloncesto actual) orientado a la obtención de resultados. Pero la vida es fundamentalmente una actividad lúdica y si los niños no aprenden a jugar, de mayores no sabrán vivir. Y vivirán un sinvivir presa de medicamentos que, además de matar el dolor, matarán también la imaginación y nos convertirán en una población de entes somnolientos (esta es la vertiente política del asunto y por lo que lo traigo a colación).

Tal vez no esté de acuerdo con la afirmación de que la vida sea una actividad fundamentalmente lúdica, pero entonces tendrá que estarlo con que es fundamentalmente seria y objetiva. Y esto, a poco que lo piense, sí que le hará reír.

5 comentarios

5 Respuestas a “Echo de menos la vida del parque”

  1. pasmao dice:

    Meláncolicas y ciertas reflexiones Yaid

    Simplemente le expongo una anécdota, de cuando tendría unos 15, hacia finales de los años 70, cuando aún se jugaba en los parques. Estábamos jugando un partidillo de esos, las porterías podrían ser unos bancos, una mochila, una papelera.. y jugábamos con una pelota de tenis, o una pinchada, o a saber que.. El terrno mas ancho por un lado que por otro.. el tema era jugar.

    En ese parque estaba prohibido jugar al futbol en las zonas comunes.. pero a en las horas en que había poca gente (¿un Sábado/Domingo a primera hora de la tarde?) se hacía la vista gorda.

    Pues nos vino una pareja de municipales, nos echó una bronca del demonio, amenzó con llamar a casa de nuestros padres.. al fondo en un corro un grupito de “mayores” se pasaban un porro mas grande que un zeppelin, el humo se olía de sobra donde estábamos, y no era el primero.. La pareja de municipales ni se les acercó, ni osó perturbarles ..

    Tuvimos muy claro que para tener el “respeto” de la “autoridad” lo que valía era hacerla lo mas grande mejor. Cuanto mas malos mas “respeto” te tendrían.

    Por fortuna no nos dió por jugar a ser “mayores”, pero si aprendimos la lección, que por desgracia he visto confirmada a mucha mayor escala desde entonces.

    un cordial saludo

  2. Loli dice:

    Sí…es añoranza, y quizás mucho más, lo que nos evoca esas tardes infantiles, o mañanas también, cuando pedíamos permiso a nuestros padres, o eran ellos directamente los que nos lo decían y bajábamos a jugar en la acera, pendientes de la hora, o de la ventana por donde la voz de la madre nos llamaba de vuelta a casa.

    Porque….¿qué hay de esos juegos, iniciadores, sugerentes y mágicos, que solo podíamos practicar en la calle y en grupo?..

    Existían los juegos de balón sí,…pero y¿ esos, la mayoría, que en principio eran practicados por las niñas, pero donde a veces se permitía y se enseñaba a participar también a los niños?.

    Juegos como “el Corro de la Patata”, la insinuante y mágica “Rayuela”, “el Patio de mi Casa”….juegos con canciones, posturas, y movimientos en grupo…juegos hasta complejos, por lo que quizás eran las niñas las más preparadas para realizarlos a una edad más temprana.

    “Saltar a la Comba”….ese semicírculo que formabas con una cuerda alrededor de tí misma, donde, cuando eras capaz de conseguir la suficiente destreza y ritmo, ya estabas en condiciones de llamar a otra niña a saltar contigo sin riesgo de descontrolar ese ritmo y por tanto la cuerda misma, y dañar así a tu compañera, o compañeras, porque cuando el dominio era grande, ya podían entrar más en el arrope de la misma vuelta.

    Juegos donde los árboles eran la “casa protectora”, donde allí no te podía tocar para ocupar el lugar del que buscaba que se lo intercambiaras…

    Juegos donde la palabra “salvado” iba acompañado de un “por mí y por mis compañeros”….juegos que solo, a lo mejor, podíamos jugar los niños, en los parques, en las calles, juegos, donde los adultos miraban, y admiraban quizás, desde lejos….donde se dejaba hacer…y solo se intervenía cuando las acrobacias provocaban alguna rodilla lacerada, o cuando algún abuso excesivo no era convenientemente resuelto….

    Mientras esas calles bullían de canciones infantiles….

    Ahora…parece que la magia de los cánticos de los niños jugando, ha sido suplantada por la banalidad de las canciones “modales”….las de moda…las del modelo.

    ¿Porqué han desaparecido aquellos juegos que tanto, y tan adecuadamente nos iniciaban en el mundo de la fascinación, de la alegría, y de lo mágico?.

  3. Paz dice:

    Soy una de esas madres que no deja a sus hijos salir solos a la calle. En mi descargo digo que son menores de 8 años, pero no se cuando podre hacerlo.
    Vivimos en el cogollo de la gran ciudad. No conozco a los vecinos, que van cambiando cada cierto tiempo.
    El paradigma de educacion es liquido: algunos padres piensan como nosotros y todos los demas tienen su particular manera de educar.
    Los adultos no son colaboradores de los padres, y lo entiendo, porque asi como cualquier adulto cuando yo era niña era un trasunto de los padres con autoridad para regañar…y ayudar, ahora se exponen a la regañina de los padres de los querubes aunque esten haciendo puro vandalismo…
    Igual en las “urbas” cerradas a cal y canto se puede jugar libremente.
    Y efectivamente, echo de menos que mis niños puedan encontrarse con otros niños mas espontaneamente, pero detecto incluso en los parques desconfianza y hasta desden.
    Vivimos atomizados.
    Y sobre el club de futbol, como cualquier otra extraescolar, pues la presion para que tus retoños no pierdan comba en el proceloso mundo infantil con las mejores y mas provechosas actividades es muy alta. Y ademas, si no van a poder jugar en la calle y en casa la diversion es una pantalla, mejor que hagan algo de provecho.
    Aunque no sea lo que los padres realmente queramos.

  4. Muy cierto Taíd,

    Tanto progreso, ¿para que?, si no nos deja espacio para simplemente mirar el sol, para jugar al futbol o para ser el portero más lento del barrio, sin que tenga que mejorarlo con entrenamiento.

    Los adultos cada vez creemos tener las soluciones de todo, y sólo hace falta ver cómo está el mundo, la economía y demás. Hay algo en los niños, de lo que debemos aprender. El simple gusto por existir, por vivir, sin tener que estar evaluando lo vivido, comparándolo ni juzgándonos por ello.

    Estamos creando una sociedad con una niñez más y más anulada y relegada a considerarse una simple etapa formativa, que nos prepara para formar parte del engrane social, industrial, económico.

    Como adultos, creo que aún podemos rescatar a la niñez, de nuestros aspectos menos certeros. Y como adultos, aún podemos recatar esa tarde de parque, sea para jugar al futbol, para sentarnos a ver los árboles, mirar el atardecer, o simplemente andar, sin ningún destino o sin ningún porqué.

    Un saludo.

  5. Rocio dice:

    Qué cierto Taid, y qué miedo…

    Mi hijo de dos años tiene parques cerca de casa, si, pero… no tendrá uno o varios grupos que chavales con los que encontrarse en la calle… porque aunque haya parques, las calles y las viviendas están organizadas para que cuando salgan a la calle no se encuentren… no se podrá cruzar prácticamente con ningún niño por la calle. Esto es así porque o viven en un edificio-fortaleza con todas las comodidades en su interior, donde los padres les llevan de la casa al coche en ascensor y del coche a cualquier sitio… que no es la calle a jugar. Y si no, viven en chalets… o casas adosadas con la vida orientada al interior, a “sus cosas”. Es de locos… pero es así…
    Creo que lo que más me preocupa es no saber cómo dar una solución a mi hijo en este aspecto… y la verdad que me da bastante miedo…
    Porque estoy de acuerdo en lo importante que es… estar en la calle… con los amigos…

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