El arte “perverso”

Se atribuye al icono del “pop” Andy Warhol la frase: “Arte es todo aquello que los artistas decimos que es arte”. Y se quedó tan tranquilo. Arte, es pues todo lo que unos supuestos artistas deciden que es arte, sin importarles ser parciales y ególatras en dicha actitud. Pero el Sr. Warhol se equivocaba, quien decide lo que es arte, es un conjunto de “entendidos” o “connaisseurs” que ejercen el oficio de orientadores sociales para decidir qué es arte y qué no lo es. Después el “mercado” se ocupará de ratificar tales opiniones con sus precios, las instituciones públicas se adaptarán a ello y, finalmente, los artistas serán consagrados sea cual sea la calidad de su producción.

James Gardner, crítico de arte de la National Review, tiene un magnífico libro que titula “¿Cultura o basura?” refiriéndose al proceloso mundo del arte actual, destacando cómo esa alianza de expertos, críticos, galeristas, marchantes, museos, comisarios, fundaciones y coleccionistas que forman ese conjunto llamado “mundo del arte”, deciden en virtud de sus intereses, gustos o simples opiniones personales, lo que debe pasar a la historia del Arte y lo que debe ser rechazado.

Por su parte, Anthony Haden-Guest, también crítico de arte en publicaciones como The New Yorker, Vanity Fair o The Times, se refiere en su libro “Al natural. La verdadera historia del mundo del arte” , a esa conjunción y confusión de arte y dinero, talento y fama que, las modas artísticas o los medios de comunicación, van imponiendo en cada momento, viniendo a coincidir con lo que el escritor Tom Wolfe, en su libro “La palabra pintada” denuncia sobre la prevalencia de la opinión de los supuestos “gurúes” artísticos como Greenberg, Rosenberg o Steinberg, en el desarrollo de modas artísticas contemporáneas, donde era más importante en el mundo del arte la existencia de una “teoría convincente” (la palabra) que la propia obra de arte “con el fin de aunar en nosotros el conocimiento de las obras aisladas y la comprensión de sus valores inmanentes” (según Hilton Kramer, director de la sección de Arte del “Times”). Una palabrería muy del gusto de quien no entiende, pero que resulta “epatante”.

Con esos mimbres se ha ido construyendo la historia del arte contemporáneo, donde es “arte” todo aquello que queda ungido por los dogmas y opiniones de unos cuantos, por las ferias, bienales e inauguraciones bien engrasadas con el dinero público en forma directa o indirecta; donde el público, la sociedad normal, queda automáticamente excluida, a menos que se hayan adoctrinado antes convenientemente con las palabras de los que sí saben, sí conocen.

Todo tipo de manifestaciones y aberraciones artísticas han tenido cabida en ese mundo del arte que, en teoría, está representando las tendencias, gustos y modas de cada momento. El “progreso”, como una gigantesca máquina que lo arrasa todo, se lleva por delante lo anterior y lo menosprecia (a menos que las cifras del mercado lo santifiquen). Un movimiento sigue al que le precede y cada creador pretende ser original y provocar revuelo en cuanto a su trabajo. Unos lo hacen volcando escombros en una sala de cualquier “bienal”, otros con la agresión más o menos gratuita a iconos o imágenes religiosas, otros con la instalación “artística” de un urinario en la galería que se preste a ello, otros con la agresión física de su propio cuerpo, otros con la “apropiación” del paisaje, otros con sus excrementos enlatados y vendidos como joyas artísticas, otros con la exhibición obscena de actos y perversiones sexuales, otros con el sacrificio, mutilación o tortura de animales, otros aprovechando para quitarse del estudio o de su casa todo aquello que debía ir al reciclaje o a la basura….. Todo es “arte” porque así nos lo dicen y porque está mal visto no reconocerlo como tal. La mentira, el engaño, la estafa y la “mitología artística” se perpetúa, se mantiene pretendiendo que aporta “frescura” (y mucha a veces) al caduco arte anterior.

Estos días son noticia unas controvertidas “obras de arte” de la exposición “Art and China after 1989. Theater of the World” en el Guggenheim de Bilbao, que han vuelto a provocar polémica y rechazo en distintos sectores sociales. En Nueva York tuvieron que ser retiradas, pero en Bilbao se han expuesto con el consiguiente revuelo. Un revuelo que también viene bien (no lo olvidemos) como reclamo para la visita a la exposición. Una exposición que quizás no se produciría si China no se hubiera convertido en una potencia económica y que cuestiona de nuevo las razones de apoyar (o no) lo que se supone que es “arte” de acuerdo con los criterios de los comisarios de la misma (un “terrario” con animales vivos es sólo eso: una manipulación de la Naturaleza).

Anoche, otro tipo de manifestación artístico-musical como el concurso de “Eurovisión”, venía a demostrar la “trastienda” de cualquier actividad cultural, manipulada y organizada siempre por intereses ajenos al arte o a la música. Intereses que se tratan de enmascarar, pero que empiezan por la “nominación” previa de quien se llevará el concurso. Más o menos lo que ocurre cuando la convocatoria de un cargo en las Administraciones Públicas ya tiene nombre. Parecido a lo que sucede en el mundo del deporte donde se promocionan clubs, personajes y deportistas y donde tampoco ganan siempre los mejores.

Todo ello no tendría importancia si, por muy “rebeldes” que se proclamen los artistas, estuvieran solamente a expensas de su aceptación social (traducida en venta directa al público de sus obras) en lugar de ir mamando de las ubres de los presupuestos públicos (adquisición de obras, organización de exposiciones y bienales, subvenciones, etc.) o de los privados, como en el caso de fundaciones y coleccionistas que dedican parte de sus fondos al “arte”, en unas formas muy parecidas a las institucionales y que, por cierto, también tienen repercusión en la Hacienda Pública en forma de exenciones fiscales.

El arte “perverso” -o lo que algunos tratan de presentar como tal- es simple mercado de arte y, por ello, tiene puesta la vista no en el mensaje artístico (que encaje en lo correcto del momento), no en la forma o técnica de expresión, menos aún en la calidad de las obras, sino en los dígitos que pueden alcanzar los precios en el mundo especulativo de los intereses de cada uno. Del artista, por mucha pertenencia a los “Young British Artist” de la década de los noventa o de estos otros pretendidos “provocadores” más recientes; de quienes los promocionan y les prestan ayuda institucional (nunca con dinero propio); de quienes viven de tratar de “explicar” lo inexplicable en textos crípticos que pretenden ser “críticos”; de quienes mueven servicios relacionados con exposiciones, transportes, seguros, etc. Todo ello es legítimo y así se lo puede reconocer. Lo que no lo es tanto es el intento de manipular la inteligencia de las personas con la promoción de lo que, por mucho que diga el mundo del arte, simplemente no es arte.

5 comentarios

5 Respuestas a “El arte “perverso””

  1. pasmao dice:

    Excelente artículo.

    No es el sobre el poder del arte, si no sobre el arte del poder. “El Poder es Arte porque lo digo yo y punto”. Esa es la filosofía que nos quieren obligar a comprar.

    Lo siguiente es, “muestra tu sumisión a estos ídolos de barro y serás de los nuestros”.

    Les dejo unos links sobre cómo afecta la “difusión” del arte a los de “abajo”:

    http://www.hoylosangeles.com/latimesespanol/hoyla-activistas-de-boyle-heights-protestaron-por-la-gentrificacion-y-las-galerias-de-arte-en-el-vecindari-20161107-story.html

    http://www.latimes.com/projects/la-es-gentrificacion/

    Es posible que dentro de unos años con eso de “agumento de fondo” hagan un musical de gran éxito que provoque sesudas reflexiones.

    Un cordial saludo

    1. Juan Laguna dice:

      Muchas gracias por su comentario. Conozco el problema del desalojo de los habitantes del centro de Madrid a lo que está contribuyendo eficazmente el ayuntamiento de Ahora Madrid. ¿Quien lo iba a decir? Los “antideshaucio” dificultando la vida de los ciudadanos….para beneficio de inversores. Las obras en Gran Vía, por ejemplo, no son otra cosa. Un saludo.

  2. Si las gentes no buscamos el arte que creemos auténtico Y LO COMPRAMOS con nuestro dinerito, todo lo que queramos decir, escribir, protestar, no valdrá PARA NADA.

  3. Alicia dice:

    Existirá, seguro que existe en el mundo tan grande, algún ser solitario, o no tan solitario, para quien la principal motivación para tirar de su vida ―o para intentar entender ese mundo grande, o los pequeños mundos de sus congéneres o el suyo mismo― sea el crear; lo que sea, pero crear. Crear justamente aquello a lo que se siente impulsado y para lo que aún de forma un tanto subjetiva se considera capaz.
    Y se pone a ello. Se pone sin mayor ambición ni inquietud ni expectativa que aplicar a su obra todo su poco o mucho saber hacer, sin más propósito que, una vez terminada la obra, poder decirse a sí mismos “ahora hay en el mundo una nueva creación que es lo mejor que he sabido crear”; y a ello dedican su tiempo, su esfuerzo, sus desvelos y, ya puestos, su aceptación de que la labor a la que con tanta pasión se aplica bien puede ser que sea ignorada o, caso de no ignorada pero sí enjuiciada por cualesquiera criterios o sensibilidades distintos de la suya, calificada de mala, de carente de valor alguno.
    Si el ser solitario, o no tan solitario, se para a hacerse la consideración de que tal vez su pequeña hazaña ―pero “Magna Obra” a sus ojos y a su juicio, que para eso son los suyos y está echando el resto― va a correr tan negra suerte, ¿qué hará?, ¿abandonar aun antes de haber empezado porque total a quién va a importarle?
    Puestos en esas tampoco va a importarle a nadie si el ser solitario, o no tan solitario, respira o no respira; ¿y dejará por eso el ser solitario (o no tan solitario, ya; que me lo salto por no repetirme) de respirar?
    Lo que pasa es que hay otra cuestión, que, esa sí, tiene su miga.
    A saber: Hay que ganarse la vida.
    Pero aquí me asalta la pregunta ―que a lo mejor al ser (y ya no entro en si solitario o no, que no quiero ponerme pesada) también― , o, mejor, dos preguntas.
    Una ¿Qué es ganarse la vida?
    Otra ¿Cómo ganársela?
    Y otra más ―anda, mira, me están saliendo tres― ¿Para qué ganársela?
    Y, una cuarta ―que empieza una y se lía, se lía― ¿Qué vida no hay que perderse para ganarse la vida?
    Y como hacerme las preguntas sé, pero contestarme se me da peor, no se me ocurre mejor cosa que preguntarle al ser (el de marras, ya digo), que para eso está ahí y lo mismo hasta para eso me lo he inventado yo, que qué diría él.
    Y, a la primera, va y me salta con ―que, de verdad, por qué tendría yo la ocurrencia de pedirle ayuda― que a qué me refiero; porque, dice, que si estamos hablando de la inmortal o de procurarse el sustento. Y como veo que conteste lo que le conteste va a seguir sacando punta al tema con que si sustento para el alma o para el cuerpo, me hago la loca y le digo bueno, mira, déjalo aunque sea y pasamos directamente a la segunda.
    A esa, el “cómo”, contesta más deprisa; que me suelta con enorme desparpajo que es muy fácil, que para ganarse la una no hay mas que sacrificar la otra.
    A la tercera, el “para qué”, me suelta que depende de lo ambicioso que se sea, y que si se es mucho se sacrificará la del sustento, y que si se es menos pues la otra. Y que como cuánto soy yo de ambiciosa. Pero, yo, bajo el pretexto de que no estoy muy segura de que en su respuesta no se haya liado, o querido liarme y cruzado los términos, le digo bueno déjalo y vámonos a la cuarta.
    Entonces es él el que se zafa argumentando que le parece que me estoy alargando mucho, que incluso ―me sugiere― podría resumir y quitar paja.
    Entonces voy y me pico y le digo que lo resuma él ya que es tan listo.
    Y, sí, me lo resume con un breve discurso en que me cuenta (a grandes rasgos, que es en síntesis) que, y que por cierto ya lo dijo Serrat muy bien cantado, no hay que confundir valor y precio. Y que si el precio es verdad que lo puede determinar un experto no menos verdad es que el valor de lo que no tiene más precio que el valor que tenga a bien el darle (por sensibilidad o por criterio) quien no tenga qué ganar ni qué perder con ello no tiene precio.

    1. Juan Laguna dice:

      Muchas gracias Alicia por su comentario. El acto de crear es una necesidad de expresión íntima y personal que no busca trascender a lo económico, sino al sentimiento personal de cada uno. El arte tuvo (y aún tiene algo de eso), pero hablo del arte de verdad, no del “prefabricado” para consumo del respetable. En el mundo del teatro (que también conozco un poco) son frecuentes las “ocurrencias” que se tratan de disfrazar de “creaciones”porque todo vale. En el de la música lo mismo. En la literatura igual….
      Falta humildad y sobran estímulos en una sociedad convencida de ser la más “preparada”, que desprecia todo lo anterior y pretende dar lecciones de “modernidad”.
      Un saludo.

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