ENTRETENER O NO ENTRETENER… THAT IS THE QUESTION

Lo de “Ser o no ser” de W. Shakespeare, fue seguramente un desliz mental o lingüístico del afamado autor teatral inglés en un día no muy inspirado.

Nuestro gran Cervantes lo tuvo más claro, se trata de ser “a lo Don Quijote o de ser a lo Sancho Panza”, y hoy situaría al primero en un frenopático y al segundo dirigiendo una promotora inmobiliaria. Si bien es verdad que Don Sancho ofrece una multiplicidad de versiones que lo hacen más versátil, y por tanto mucho más difícil de identificar de entre la multitud.

En nuestros días, desde la total contundencia de Ser, se han vertebrado las realidades personales a partir de la sibilina y silenciosa influencia del mundo del entretenimiento. Esta es una nueva energía que define  el estilo de vida occidental. Y sorprende que no esté siendo reconocida por la intelectualidad reinante, pues siendo el mayor enemigo de la cultura no se está siendo capaz de reconocerla y determinarla como tal. Sería muy duro pensar que ya ha sido su principal víctima.

La invasión del entretenimiento en nuestra psique alcanza todas las esferas importantes de la actividad humana, desde la imagen, pasando por el mundo del deporte, el espectáculo y el arte,  y terminando en la salud física. En la actualidad no es concebible ningún plan sin el elemento básico que lo compone y anima: el entretenimiento.

No hay actividad que se precie en la actualidad sin la motivación y el objetivo de este elemento esencial, que colectivamente hemos abrazado de una manera tan doctrinaria, servil y filiadora, que podríamos estar hablando de que es el nuevo demiurgo al que idolatramos en nuestro tiempo. Turismo es entretenimiento, compras también, sexo igualmente, cine, televisión y medios de comunicación asimismo, e incluso la guerra, el crimen y los asesinatos lo están siendo.

Lo cierto es que, como se ha mencionado por autores y comentaristas de este blog, no se entiende el mundo en el que nosotros vivimos sin la aplastante variable del consumo, cuyo principal, aunque no único, efecto psicológico tiene que ver con el estado mental del entretenimiento. El entretenimiento no solo es generado por la diversión, la distracción y el mundo de lo lúdico, como elementos externos, también es una búsqueda compulsiva de excitación interna con la que disimular de forma suficiente el sentido de la existencia.

Nuestra convicción atea no procede en modo alguno de un planteamiento religioso ni siquiera espiritual, que en general importa muy poco, sino de una atención indiscriminada hacia aquello que nos pueda entretener, que nos mantenga indefinidamente en un estado límbico de indeterminación, con el que quebrar y requebrar la realidad del tiempo que transcurre, y con ello desdibujar la silueta de la muerte, con la que incluso osamos fantasear sobre su desaparición futura.

Y así sucede, que el estilo de vida occidental ha requerido y alimentado una nueva forma de animismo basada en el fenómeno de la virtualidad, una de las formas más planas y superficiales del existir, en la que hacer positiva una recreación artificiosa provocadora del entretenimiento, evitando cualquier profundidad a toda costa como un gran tabú. Su crisis de fondo es que no hay interrogantes que resolver en la propia vida, retos que alcanzar y misterios en los que sumergirse. No hay más que una aventura virtual a manejar desde la tecla de On y Off,  obligando al Ser a un perpetuo entreteñimiento de arte y poesía, de verbo y cruces.

Poco importan la frivolidad, arrogancia y prepotencia con la que tenemos que afrontar las experiencias vitales, como consecuencia de esta manera psicopática de entender el paso del tiempo, el fin principal justifica sobradamente disfrazar sucesivamente al cuarto jinete del Apocalipsis, que ahora no es más que otro personaje del último y más vibrante juego de las consolas.

Las grandes manifestaciones civiles producidas en los últimos años, psicológicamente no responden a una preocupación por aquello que llena las pancartas y coreados eslóganes, porque yo no veo en el día a día actitudes generales de ocuparse del otro más allá de lo que me pudiera ir a mí en ello, ni por otras realidades, ni por las guerras de los demás, ni por el hambre del vecino, ni por la pobreza de otros. Parecen más bien abiertos cabreos colectivos, que con pasmoso consenso inmediato, reúnen a los que como consecuencia de decisiones políticas y económicas, se ven abocados a renunciar total o parcialmente a su propio entretenimiento. Reivindican su derecho a ese placer subliminal del entretenimiento a bocajarro, a que su cafelito (descafeinado) con leche no se les enfríe o se les vaya.

Puesto que es baldía la cuestión de Ser o no Ser, la de entre tener y no tener, es preferible lo segundo… y que Dios nos pille confesaos.

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Sobre Carlos Peiró Ripoll

Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Fue director del IMFEF, y ha ocupado distintos puestos de responsabilidad en áreas dedicadas a la salud mental y la Psicología como Director de Psicologías y Terapias del Centro Asistencial Santa Teresa de Arévalo, del Gabinete de Psicología de la Empresa CTO, y de la Unidad de Orientación Familiar de la Comunidad de Madrid. Coordina programas de formación en las que destaca el de “Redes Familiares para la prevención” del Plan Nacional de Drogas. Mediador Social y Familiar.

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4 Respuestas a ENTRETENER O NO ENTRETENER… THAT IS THE QUESTION

  1. Isaac 13 febrero, 2015 at 17:36 #

    Enhorabuena Carlos por el artículo.

    Tratas un tema importante sobre el que casi nadie se detiene y que creo que es la clave para entender nuestra sociedad occidental de consumo/bienestar. Hasta tal punto es así que se identifica bienestar con el tiempo que tenemos para estar entretenidos. A eso le llamamos ocio y hacemos que nuestra vida gire en torno a ese nuevo dios pequeño. Así, no es de extrañar que cada vez nos encontremos con una sociedad más egocéntrica, egoísta y, en último término, más profundamente infeliz.

    Y, por supuesto, los poderes encantados de tener a ciudadanos entretenidos, mientras ellos hacen y deshacen impunemente. Tu artículo enlaza en este sentido muy bien con el de Manuel sobre cultura democrática ya que sin ciudadanos alerta, activos y atentos a todo lo que pasa a su alrededor, sencillamente la democracia se convierte en una caricatura grotesca de niños chicos que nunca acaban de asumir la responsabilidad de sus vidas.

    Saludos.

  2. Lucía 28 febrero, 2015 at 14:16 #

    Y la disculpa general es que no tenemos tiempo, estamos cansados, la vida es muy dura y necesitamos distraernos para no pensar en los problemas. Es como si en cierto modo hubiera una asunción colectiva de que las cosas no tienen solución y que estamos aquí para comprar, tomar cañas, ir a la moda y seguir a la masa. A una masa, la que más a mano tengamos. Y esto lo facilita mucho toda la industria del entretenimiento. Te da tema de conversación, te dice qué pensar, dónde ir, cómo Ser, qué Tener… Te soluciona ocuparte. Ahora… ¿hasta cuándo nuestro Ser de cada uno nos lo permitirá? Vamos a tener que estar ultramedicados para seguir sin escucharle

    • Manu Oquendo 28 febrero, 2015 at 20:43 #

      Genial.

  3. Loli 16 febrero, 2017 at 7:46 #

    Tenemos asumida una dirección y un sentido en la forma de narrar y contemplar la Historia, que, en gran parte, viene determinada por un consenso del modelo social, y éste, a su vez, por el modo en que recoge los acontecimientos históricos, compilados y relatados, en general, por aquéllos que se sintieron vencedores en los distintos eventos de la Humanidad.

    De esa manera, hay acontecimientos…no debidamente contados, los hay que por inexplicables, ni siquiera se les permite formar parte del relato, hay epopeyas que directamente se excluyen, aunque se sepa de su existencia, y hay tiempos que…desaparecen, y se organizan y reorganizan calendarios y circunstancias, que disfracen ese “error” u “omisión”.

    “Somos enanos encaramados en los hombros de gigantes. De esta manera vemos más y más lejos que ellos, no porque nuestra vista sea más aguda o nuestra estatura más alta, sino porque ellos nos sostienen en el aire y nos elevan con toda su altura gigantesca”.
    Estas palabras, pronunciadas por el filósofo Bernardo de Chartres (siglo XII) y que parece también sirvió canciller de la Catedral de Chartres durante siete años, tuvieron gran resonancia en la Edad Media.

    Y sin duda siguen teniendo el mismo eco ahora.

    ¿Gigantes distintos a nosotros? ¿Posibilidades gigantescas en nuestra propia especie?.
    “Nos sostienen en el aire…” Ese plano al que estamos llamados a desenvolver nuestra realidad.

    “Veritas, filia temporis”, la verdad es hija del tiempo, dice también Bernardo de Chartres.
    Quien tiene la capacidad para ello, tiene la responsabilidad de que no se roben los tiempos a las personas, de que no se confunda, por ejemplo, e arte con el ocio, eso, creo, es una manera de sustraernos tiempo de vida.

    Con nosotros mismos, tenemos, seguramente, la responsabilidad de no distraernos… no perder un tiempo cuyas dimensiones desconocemos, porque la “verdad….. es su hija”.

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