Marinus van Reymerswale (After) - The city treasurer

Se mire como se mire, vivimos tiempos de enorme complejidad y confusión. La mayoría de los votantes se encuentran en una situación vital y económica difícil, por decirlo suavemente, y lo que es peor, no parece que vean ninguna salida. A todo ello se une que el descrédito de la clase política nunca ha sido más alto.

En estas condiciones es lógico que se perciba un alto grado de “cabreo” en el ciudadano, que vota y demanda políticas imbuido de ese sentimiento, sin que todo ello augure nada bueno.

Esto supone que el terreno esté abonado para que fructifiquen propuestas de subidas de impuestos, nos dicen que a los “ricos” y a las “grandes corporaciones”, culpables de todos nuestros males. También parece reclamarse una Inspección más dura frente al fraude, fraude que estaría poniendo en peligro nuestro modelo de Estado del bienestar.

Conviene hacer un poco de memoria, porque si no nos perdemos. Las democracias, tal y como hoy las conocemos, surgieron de la rebelión popular contra la voracidad impositiva del Monarca absoluto y de sus recaudadores, que esquilmaban sin pudor a sus súbditos. En España la primera manifestación de esta rebelión fue la de los comuneros, en la que importantes ciudades castellanas se alzaron contra Carlos I por las elevadas contribuciones que exigió para llevar a cabo su sueño imperial. Los comuneros fueron arrasados y el proceso democrático en España fue tardío y convulso. Pero en el mundo anglosajón el movimiento democrático creció con fuerza de la mano del lema “No Taxation without Representation”, es decir, ningún impuesto puede establecerse sin el consentimiento del pueblo soberano, manifestado a través de sus representantes parlamentarios.

Hoy vivimos tal confusión que estamos en el mundo al revés: ciudadanos pidiendo más impuestos y recaudadores más implacables.

Que quede claro desde el principio. Estoy totalmente de acuerdo en que el Estado luche contra el fraude, pero no me gustan muchas de las cosas que estoy viendo.

No me gusta que la legítima finalidad de la lucha contra el fraude se esté utilizando para que los recaudadores estén pisoteando derechos fundamentales que ha costado consagrar siglos de luchas y revueltas.

No puede ser que la Inspección actúe como nuevo Inquisidor del reino, devolviendo al ciudadano a la condición de súbdito. Cuando alguien tiene la mala suerte de que se le abre una inspección, al ciudadano se le presume defraudador y a partir de ahí tiene que empezar a remontar, probando que no lo es. Nos cargamos la presunción de inocencia. A continuación el sufrido inspeccionado queda sujeto a una investigación general sobre su vida y hacienda que debe terminar encontrando algo mal hecho, según la Inspección. Lo que sea. El sueldo de los inspectores depende, en parte, del importe de las liquidaciones que practiquen, aunque estén poco fundadas.

Recibido el sablazo, el contribuyente se ve sometido a un verdadero calvario. La Administración se pone en marcha embargando sus bienes a diestro y siniestro.

Mientras tanto, el ciudadano debe pasar por un interminable circuito de recursos: primero ante los tribunales económico-administrativos, que, a pesar de su nombre, no son más que la administración tributaria disfrazada de tribunal. En la práctica, estos “tribunales” no tienen por finalidad garantizar los derechos de los contribuyentes, sino reforzar la motivación de las decisiones de la Inspección.

Tras pasar una media de cinco años en estas lides, el contribuyente por fin podrá acceder a los tribunales de justicia, que, sobrecargados y desconocedores del inescrutable Derecho tributario, tenderán a dar la razón a la Inspección, aunque sea con escaso fundamento.

Todo esto de que paguen los ricos y las corporaciones está bien. El sistema tributario debe tener una finalidad de justicia social y redistribución de la riqueza. Pero siempre que no olvidemos algunas cosas importantes. Primero, que el fin de la recaudación no puede justificar que se pisoteen derechos. Segundo, que los emprendedores y las empresas son quienes dan trabajo y generan riqueza. Sin ellos la prosperidad económica de una sociedad es imposible. Y para emprender o arriesgar nuestro dinero en un proyecto empresarial es imprescindible contar con un entorno tributario favorable y seguro. Ahora mismo ese entorno que anime a la inversión en España, sencillamente, no existe. En lugar de plantear el impuesto tecnológico, deberíamos estar pensando cómo colocar a España en la vanguardia de la revolución tecnológica, entre otras cosas, mediante un sistema impositivo atractivo para el inversor y el emprendedor. En lugar de aterrorizar a las grandes fortunas, deberíamos estar pensando cómo atraerlas a España. Porque, efectivamente, los ricos (los de verdad, no los que ganan más de 50.000 euros, como están planteando ahora algunos partidos) normalmente generan riqueza a su alrededor: consumen, invierten y pagan más impuestos que nadie (un tipo impositivo bajo sobre una renta alta produce una recaudación importante). Y el incremento de estos factores (inversión, ahorro, consumo) produce un efecto multiplicador sobre la economía del que nos beneficiamos todos. Mas consumo es más empleo y más recaudación. Y esta sí sería una buena manera de asegurar el Estado del bienestar y las pensiones del futuro.

Más que subir precipitadamente los impuestos, lo que es una verdadera urgencia es revisar nuestro sistema impositivo, eliminando las incertidumbres y creando un marco estable y cierto que anime a los grandes capitales, a las empresas y a los inversores a instalarse en nuestro país.

De no ser así nos estamos condenando a un modelo basado en el funcionario y el asalariado. Y así ¿quién va a crear el ansiado empleo? ¿Quién va a asegurar nuestras pensiones?

 

11 comentarios

11 Respuestas a “La Santa Imposición”

  1. pasmao dice:

    Excelente recordatorio Don Isaac

    En mi opinión el problema es que no se busca el progreso general, si no el control de la sociedad mediante unas determinadas políticas que nadie ha votado y que nos vienen dadas. Estamos en muchos aspectos en una dictadura de facto, y el minsiterio de Hacienda se comporta como una de las herramientas que tiene el Poder para ejercer ese control.

    Sólo así es posible entender las políticas fiscales que llevan a un empobrecimeinto general y a una desincentivación absoluta de la inversión.

    Porque el problema secundario no son las grandes fortunas, si no las pequeñas y medianas, si es que existen. Las leyes que graban sucesiones y donaciones en numerosas Taifas, leyes que se quieren extender al general para que no haya evidencias del saqueo, recaudan poco, pero desincentivan mucho.

    Y quien cree usted que al final se lucra cuando se renuncia a una herencia, pue por ejemplo esos grandes ricos que desde el extranjero y a través de sociedades interpuestas pueden comprar gratis en esas subastas lo que para muchas familias fue un gran esfuerzao. Y no se preocupe que esos no pagarán muchos impuestos.

    En alemán impuesto se dice “Steuer”. Pero Steur tiene otros significados, como volante, timón… es decir desde el principio se concibe la recaudación como un instrumento para dirigir la sociedad a un rumbo prefjado.

    En el caso español es sintomático el caso de las multas de tráfico. Si fueran sólo la parte dura de una política de palo y zanahoria para que siguiéramos la normativa de tráfico y que hubera menos accidentes aceptaríamos el efecto prescriptor de los anuncios de la DGT de una maner mas efectiva (valga a redundancia). El saber que es simplemente para recaudar, o para que se sepa quien manda hace que nos pasemos los avisos, consejos de tráfico, por el forro de..

    Si lo recaudado en multas se repartiera cada año entre todos aquellos que no han sido multados (gente que tiene el carnet y que no conduce incluida), por ejemplo, sabríamos que que no habría ningún colectivao en concreto que se beneficiase del palo y atenderíamos con mas diligencia las indicaciones, así mismo las conductas irresponsables tendrían mucha mayor sanción social.

    Porque Tasas y Multas son además de los impuestos, los otros mecanismos con los que se finacia el Estado, y que también vemos día a día como son prostituidos.

    Así que además aprecido Isaac que además de los motivos de simplemente de exprimir a la vaca, que también, hay razones muy poderosas para que se haga lo que se hace cómo se hace.

    Un muy cordial saludo

  2. O'farrill dice:

    Por añadir algo mas a lo ya expuesto por el autor y nuestro amigo “pasmao”. Hace unos días se me reprochaba en el banco del que soy cliente (entidad privada) “la falta de información sobre mi persona y actividades” porque podía ser sospechoso de… ¿blanqueo de capitales con un saldo de 20.000 euros? y se me bloquearía la cuenta. Cuando miré a la empleada que me hacía esta recriminación, observé en ella su “funcionarización” corporativa. Es decir, se había convertido ella y su entidad (como en los demás casos) en “inquisidora personal del cliente”. Hacienda no necesita aumentar la plantilla de la Agencia Tributaria, sino que de un plumazo, con una norma que convierte a los ciudadanos en sospechosos, ha puesto a su servicio todo el sistema financiero para llevarse por delante, además de la presunción de inocencia, el derecho constitucional “inviolable” de la propiedad (una modificación más por vía de hecho de la C.E. a las que se refería Pedro de Vega ).
    Pero hemos hecho unas sociedades acomplejadas, temerosas, resignadas y, sobre todo, ignorantes más allá de la TV y los móviles. Nada de esto es inocente. Orwell ya es un hecho. Por desgracia. A menos que luchemos por nuestras libertades desde todos los foros y lugares posibles.
    Un saludo.

    1. pasmao dice:

      Apreciado O’farrill

      A mi para pagar una multa de 30€, por olvidarme de pagar la ORA, y querer hacerlo por giro postal también me exigieron el DNI por la cosa de la normativa de blanqueo de capitales. Eso si, el funcionario de Correos me lo decía abochornado, sabía que era algo delirante, pero era un mandado, ¿quien se va a poner a blanquear capitales pagando multas de tráfico por giro postal? es absurdo y surrealista.

      En el banco es mucho peor, porque no sólo son una Hacienda bis, es que si nos creemos que la información personal que les vamos a dar no la van a usar ellos para su exclusivo uso privado es que hemos nacido ayer.

      Con una documentación al banco donde le autorizamos a comunicar nuestros datos en su entidad al BdE y a Hacienda para que ellos, y no el banco, pudieran cruzarlos, sería mas que suficiente. Algo que ya pueden (BdE y Hacienda) hacer sin pedirte ningún permiso, por cierto.

      O sea que si esa opción no es posible, es porque con la nueva normativa el banco saca algo a cambio. Y eso se llama información finaciera extra sobre nuestra vida privada, y si lo hace amparado por un decreto es porque es juez y parte en todo ese “merdero”

      un cordial saludo

  3. Paz dice:

    En tiempo de los Reyes Catolicos e incluso de Carlos I, para obtener fondos debian convocar Cortes, es decir, a los que iban a pagar, y conseguir que votaran a favor. Es decir, tenian que explicar que iban a hacer con el dinero que pedian a su gente. Luego la cosa se complicaba cuando metian tambien a los banqueros…
    El absolutismo puro y duro fue despues. Y aun no hemos salido. Se nos esquilma, basicamente, para mantener redes clientelares cada vez mayores, de gente que no aporta pero sabe quejarse. En fin, somos vasallos sin voz ni voto, aunque lo maquillen de demagogia, digo, de democracia

  4. O'farrill dice:

    Titular de “El confidencial” de hoy: “EL GOBIERNO DESBLOQUEA EL ACUERDO CON CRISTIANO: 19 M Y UN JUICIO RAPIDO SIN CARCEL”. Analicemos: es el poder ejecutivo el que desbloquea un caso judicial mediante un “acuerdo” que incluye otra intromisión en el poder judicial: “un juicio rápido sin cárcel”. Y yo me pregunto ¿no nos rechina todo esto ante el silencio de quienes debían velar por la separación de poderes?
    Lo dicho: estamos capturados como personas y como ciudadanos, debiendo asumir que vivimos en democracia….. Un saludo

  5. Isi dice:

    Quien va a crear el ansiado empleo? La tecnología no crea empleo. Lo destruye.

    Quien va a asegurar nuestras pensiones? Quizás lo que falla es el modelo. Un modelo piramidal basado en un eterno crecimiento.

  6. EB dice:

    Isaac, España no ha cambiado y entonces me sorprende que usted diga que todo es más complejo y confuso. No. Usted no quiere aceptar la triste realidad de lo que siempre ha sido España –a veces más, a veces menos, pero siempre un país de sumisos a los que circunstancialmente gozan del poder coercitivo del Estado. Y como este poder es un premio muy grande hay muchos que se atreven a pelear por conseguirlo –ambiciosos a pesar de su poca competencia y cero integridad. No debe extrañarle que la violencia (explícita o implícita) haya sido parte esencial de esa pelea, y hoy en que los viejos son muchos y los jóvenes más inútiles que nunca antes, lo único bueno es que hay menos violencia. Pero sí hay más traición, y por eso usted tiene a Sánchez de Presidente, a catalanes grotescos sueltos por Europa, y a gente como Iglesias amenazando a medio mundo.

  7. loli dice:

    He intentado buscar y documentarme un poco sobre las bases históricas de las tributaciones.

    Pero, al final, reconozco que es imposible reemplazar el desconocimiento sobre una materia, a base de un intento de asimilación intensiva de información, máxime cuando no existen unas bases que permitan una comprensión más profunda de esa información.

    Sin embargo, entiendo, que quizás, mi situación cultural en ese aspecto, pueda ser la de mucha gente, seguramente la que ocupe a esa mayoría de clase media…o ya no tan media, si no más bien baja, que soporta el peso tributario de este país.

    En realidad eso es también lo admitido a nivel de un “progresismo” mal entendido, porque es verdad, que en esto, como en tantas cosas, nos quedamos con las soflamas, sin ser capaces de caer en la cuenta de los matices, como el de por ejemplo, que un nivel impositivo aparentemente bajo sobre una fortuna grande, supone una recaudación también mayor que la que pueden propicias capitales o rentas más bajas.

    Primero, plantear que, en general, tenemos de forma demasiado asumida, aún para una “democracia” que se considera joven…,(quizás en esto habría mucho que hablar, desbrozar y profundizar en las diferentes formas organizativas sociales que han convivido en la Historia de la Península), la división entre lo “público” y lo “privado”, adjudicando a lo primero el papel de lo “bueno” y a lo segundo el de lo “malo”.

    Tendríamos que hacernos muchas más preguntas, cómo por ejemplo, cuál es el papel de lo denominado “privado”, en la ingeniería económica de un Estado, que finalmente, termina entrando con su maquinaria en el mismo tinglado financiero que marca la economía mundial…., convirtiéndose él mismo en un inmenso empleador…con la misma necesidad de acumulación de beneficios y superávits que marca, al parecer, el modo capitalista de funcionamiento….etc…

    Pero es que, además de no estar muy al tanto de cómo se articula nuestro sistema social, tampoco parecemos, en general, mostrar un interés más de acorde con nuestro papel de “pueblo soberano” en una democracia.

    Cómo de verdad, funciona nuestro sistema tributario, más allá de las arengas “oficiales”, cómo son gestionadas y utilizadas las cantidades de dinero que Hacienda nos reclama, y por las que somos o no “ciudadanos honorables” o “defraudadores sin alma”a los que no les importa los ancianos que se guardan, sí o sí, todos juntos en un mismo recinto…para el resto de sus vidas, ni los niños a los que se les priva del “adiestramiento” de una educación totalmente estatal, o el “acceso universal” a una sanidad global, protocolaria, judicializada, dependiente del “corta y pega” de los informes clínicos guardados en un “centro base” informático…(en general, porque los recursos que se utilizan no dan para más, eso y la rígida conceptualización de lo que “debe ser” o “no” la Salud”, gracias a esa especie de “Gran Inquisición” que muchas veces supone el aparato logístico de la OMS).

    Tampoco, creo que en general, nos preocupe mucho conocer Historia, cómo se han ido organizando y desarrollando los grupos humanos que han conformado las sociedades, o preocuparnos, siquiera, por la ignorancia que de ello podamos tener…

    Es verdad que muchas de grandes revueltas, rebeliones y levantamientos, se han producido en base a la “presión impositiva” que se ha ejercido sobre las poblaciones.

    Pero cabría preguntarse, quizás, si no se habrán producido otras maneras de atraer a poblaciones lejanas entre sí, dispersas, muchas veces formando, sin saberlo, parte de una conquista, de un botín de batallas o invasiones….y que poco a poco se vieron siendo partícipes de grandes civilizaciones, o imperios, y que a veces, y a pesar de esas distancias, y la diversificación étnica, se identificaban con ese imperio, con esa cultura, con esa civilización.

    Algo, que trascendiese la mera prepotencia, debía de alentar esa cohesión…aunque fuese algo subyacente, y aún demasiado subsidiario de las ambiciones de poder.

    Algo se debía de producir en estructuras que marcaron imperios, que se mantuvieron en el tiempo, y que en ese tiempo fueron el contexto de muchos abusos y tropelías, sí, pero también del desarrollo y expansión de civilizaciones y de sus conocimientos.

    Pienso que, de algún modo, la aportación a una estructura social, a una forma organizativa de poblaciones y personas, ha debido de ser sostenida, además de por acciones impositivas y/o coercitivas, a lo largo de la Historia de la Humanidad, también por otras formas de formación, de proyecto o de incentivos a los pueblos, que no necesariamente pasaran siempre por una acumulación de riqueza, aunque sí, desde luego, por asegurar y proteger su capacidad de subsistencia y asentamientos dentro de unos mínimos de estabilidad y sosiego que, probablemente, el desarrollo humano precisa en su camino de desarrollo.

    Seguramente, también, profundizando y buceando en ello, encontraríamos formas contributivas, locales o mucho más generalizadas, que han considerado matices y equidades, que quizás no se hayan siempre sustentado en valores consensuados por los poderes, y hasta es posible que contemplasen como riqueza elementos más en consonancia con el impulso del desarrollo humano.

    Hace poco retomé el libro, por cierto, recomendado en este blog por Manu Oquendo, “La ilusión financiera”.

    Allí, encontré un término, que, desde luego, creo que busca el hueco entre lo “público” y lo “privado”, y es el del “bien común”.

    Sin embargo, posiblemente, que para que ese concepto pueda tomar una forma y un peso que le garantice un holgado hueco en conceptos como “democracia”, y“equidad social”, debiera, quizás, ser capaz de asegurar o garantizar “un marco de sosiego” para todos los estamentos sociales que componen una población, contemplando, inclusive, que ese marco implica no solo a esa población ni al territorio en el que parece confinada, sino todo lo que la incide y la influye, y ahí, es posible que abriéramos una puerta psicológica importante que nos colocase de forma más realista en el concepto de “organización humana”, de “organización social”.

    Con sosiego me refiero a garantizar no una supervivencia, ni tampoco a asimilar “supervivencia” con el binomio de “necesidades-consumo”, sino con la búsqueda de una situación de “sosiego” respecto a las necesidades básicas, que incluyen más cosas además de las imprescindibles de sustento y vivienda.

    Sería algo así como la necesidad de reconocer y deshacer los arados ideológicos que tienen trilladas nuestras rutas reflexivas, sobre todo respecto a los valores que pueden impulsar la organización de una sociedad.

    Quizás sea una irresponsabilidad demandar más presión impositiva, pero quizás, también, sea una irresponsabilidad mayor, no escudriñar, desde las posibilidades y los puntos de partida de cada uno, qué entendemos por “bien común”, cómo financiamos eso que denominamos “estado de bienestar”, qué entendemos por “bienestar” y si seríamos capaces de, además de elegir a aquéllos que van a gestionar nuestro “dinero”, tener la formación suficiente como para saber “auditarles”, y “reclamarlas” o inclusive “proponer” otras vías de financiación o de distribución de lo recaudado, incluyendo la de la propia gestión de una parte de lo que se impone como tributo…

    Aunque solo sea el intento…ya supondría algo, pienso, para una parte importante de nuestra sociedad, que no está muy acostumbrada a asumir una responsabilidad de la que ya no podemos escatimarnos más, y la prueba está en los gobiernos que están saliendo de nuestra “voluntad soberana” de elección.

    1. O'farrill dice:

      Estimada Loli, por precisar y echar una mano en tu interés por conocer algo más sobre el tema:
      a) El libro “La ilusión financiera” recomendado por Manu Oquendo, es en realidad un trabajo del economista y jesuita Gäel Giraud, editado por Sal Terrae en el año 2013. Es un texto interesante que no hay que confundir con:
      b) “La teoría de la ilusión financiera” del profesor de Hacienda Pública Amílcare Puviani de la Universidad de Perugia, publicado en Italia en el año 1903 y presentado en España por el Prof. Alvaro Rodríguez-Bereijo, publicado por el Instituto de Estudios Fiscales en el año 1972, del que no se encuentra un solo ejemplar fuera de las bibliotecas especializadas (yo lo encontré en la del Ministerio de Hacienda y en la del CEPC). En este texto se destaca “la errónea percepción popular del auténtico sentido de las disposiciones tributarias, con objeto de ocultar la carga real de los impuestos y exagerar los efectos beneficiosos de los gastos…” Sobre esta cuestión hicimos una mesa redonda en el CEPC el pasado año en la que intervinieron José Manuel García Margallo e Ignacio Ruiz Jarabo (exdirector de la Agencia Tributaria) con escasa asistencia por cierto.
      c) De Ruiz Jarabo, existe un libro también imposible de conseguir (sólo en bibliotecas como la de Hacienda) : “Estado Fiscal y Democracia” que disecciona el funcionamiento de la AET, según su propia experiencia.
      En realidad la cuestión impositiva es muy fácil: cuanto es el presupuesto que los ciudadanos estamos dispuestos a aportar para el mantenimiento en coste real de los servicios públicos (cuestión parlamentaria) y cuanto es el coste ficticio o innecesario de tales servicios que nos quiere imponer el gobierno de turno, según sus conveniencias. En el momento que se autorizan sobrecostes en el gasto público, modificaciones presupuestarias o endeudamiento, nos intentan convencer del supuesto “bienestar” basado en protocolos absurdos (como el sanitario), donde las responsabilidades profesionales y personales se diluyen y desaparecen…
      Un saludo.

  8. loli dice:

    Muchas gracias O’farrill por tus aclaraciones e información.

    Un abrazo

    1. O'farrill dice:

      De nada. En este mismo blog hay un artículo sobre la “Declaración de Granada” de unas cuantas decenas de catedráticos de Derecho Tributario y Financiero. Es muy interesante. Un saludo.

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