¿NOS VA ALGO A NOSOTROS EN EL ASUNTO DE LOS REFUGIADOS?

Han pasado dos años y apenas se habla de ellos. Sin embargo, a principios del 2016 ya eran casi 5 millones los refugiados sirios que habían huido de la guerra en su país. Europa era el destino soñado para la mayoría de ellos. De hecho, entre el 2015 y el 2016 llegaron a las costas mediterráneas casi 1,4 millones.

¿Qué hizo la UE? Tras muchas tensiones internas, finalmente decidió desentenderse del 90% de ellos y acoger solo a 160.000. Una cifra bochornosa. Lo peor, no obstante, es que, en septiembre, terminado el plazo para cumplir con ese compromiso, resulta que solo habían sido acogidos 29.144, un 18,2%. Con todo, el desempeño de España fue aún peor: de los 17.337 acordados, se ha acogido a 1.980: ¡un 11,4%!

¿Cómo se explica esto? Probablemente incidan varios factores, pero no es difícil imaginar la reticencia del gobierno a hacerse cargo de varios miles de personas en estas condiciones, durante el tiempo que se requiera hasta que puedan valerse por sí mismas. Con todo lo que eso implica: proporcionarles casa, atención sanitaria, colegios para los hijos, búsqueda de empleo, etc.

Un compromiso para el gobierno de un país, España, que terminaba el año 2016 con serios problemas “en casa”: de una población con 46,5 millones de personas, casi 13 millones rozaban la situación de pobreza, según la UE, más de 4 millones buscaban trabajo y un 43% de la juventud estaba en paro.

A este panorama doméstico habría que añadir, aunque parezca un detalle menor, el engorro burocrático que supone la coordinación entre el gobierno español y los de Italia y Grecia (donde estaban acampados los refugiados esperando su reubicación definitiva), así como la que se precisa entre la Administración Central, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos, a fin de tutelar adecuadamente los procesos de inserción de cada una de las familias de refugiados.

Sea por falta de voluntad política o por complejidad e ineficiencia en la gestión de esa acogida, cuesta entender que la UE, y en particular el Gobierno de España, no hayan sido capaces de acoger a mucha más gente en estas circunstancias.

Mientras esto sucedía al nivel político e institucional, en el de la sociedad civil estaba produciéndose un fenómeno realmente sorprendente. En Italia, un grupo de organizaciones religiosas y laicas, lideradas por la comunidad católica de San Egidio, han acogido a más de 800 refugiados. Más que la mayoría de los países miembros de la UE. Tras un acuerdo firmado con los ministerios del Interior y Exteriores de Italia, este grupo se encarga de todos los trámites de selección, viaje, acogida y búsqueda de soluciones a largo plazo para su definitiva integración. Todo ello sin recurrir a los fondos del Estado y asumiendo ellos solitos los costes de toda la operación.

Tras este primer éxito, la comunidad de San Egidio ha firmado ya un acuerdo similar en Francia y está negociando otro con el gobierno español. En este caso, apoyados por varias organizaciones católicas y un amplio número de ciudadanos particulares.

Frente a la lentitud de los gobiernos y sus estructuras administrativas, llama mucho la atención la agilidad con la que se mueve esta organización para poner en marcha soluciones concretas al drama de los refugiados. Tanto es así que si uno se dejara llevar por la superficialidad del relato periodístico estaría tentado de pedirle al gobierno que dejara esta labor en manos de la sociedad civil.

Sin embargo, es fácil imaginarse que, junto a grandes activos (motivación, entrega, compromiso, etc.), estas organizaciones “civiles” también tendrán puntos débiles. Concretamente, en proyectos como este, donde se requiere una acción continuada durante muchos años, afrontando un sinfín de problemas y situaciones conflictivas, con mucha presión emocional, necesitarán disponer de una plantilla de personal curtido, con experiencia y comprometido a continuar durante años. Y no debe ser nada fácil disponer de gente de este tipo durante el tiempo necesario.

Ahora bien, tendríamos una sociedad mucho mejor si la solidaridad de la que hacen gala estas organizaciones se generalizase y se convirtiese en algo habitual. En primer lugar porque ello implicaría que los ciudadanos dedicaríamos más tiempo a ayudar a los demás y, en consecuencia, menos a mirarnos el ombligo y a cultivar nuestro egocentrismo. Ya solo eso, implicaría un salto cualitativo. Además, habríamos dado un paso importante hacia un mundo mejor al conseguir que de los débiles no solo se ocupasen las instituciones sino también sus conciudadanos. Y, por último, seríamos menos dependientes del Estado, y por tanto más libres y autónomos, al poder resolver más problemas por nosotros mismos.

¿Qué habría que hacer, entonces, para que la solidaridad se extendiese y fortaleciese en la ciudadanía? Indudablemente se trata de una cuestión compleja que no admite respuestas sencillas.

Cuando hablamos de solidaridad solemos referirnos a la ayuda que se le da a alguien desinteresadamente. Esa ayuda suele venir precedida por un sentimiento de empatía por las circunstancias en las que está esa persona o grupo de personas. Si se trata de una acción puntual (como darle dinero a alguien que lo pide en la calle) esa empatía puede surgir más fácilmente, pero dura un instante. Pero si se trata de una acción que debe prolongarse durante varios años, más que un altruismo momentáneo, es necesario, sobre todo, sentirse responsable de contribuir a su solución.

Y es aquí donde tenemos uno de los problemas más gordos de nuestro modelo de sociedad: tendemos a concebir la responsabilidad como un mecanismo psicológico-religioso que nos hace “cargar” con los problemas de los demás. Lo vemos como algo que reduce nuestra libertad. La solución que hemos encontrado es que, en la medida de lo posible, le traspasemos esas cargas al Estado. Sin embargo, eso ha hecho que los ciudadanos nos hayamos acostumbrado a sentirnos mucho menos responsables ante los problemas ajenos y que nos cueste más movilizarnos para ayudar a otros. Es evidente que es un gran avance histórico que el Estado asuma un papel importante en el ejercicio de la solidaridad, pero no es admisible que, por haber construido un Estado más solidario, nos hayamos convertido en individuos más insolidarios, más distantes e insensibles a las desgracias ajenas. Porque el resultado de ello es que nos hemos hecho más inhumanos.

Cuando hay estudios que cifran en 4 horas diarias las que dedicamos los españoles, en promedio, a ver la televisión, no podemos alegar que es la falta de tiempo lo que nos impide implicarnos en alguna medida en las causas ajenas. Más que de tiempo es un problema de actitud, de cultura social y, sobre todo, de educación.

Es fundamental, por tanto, que entre unos y otros construyamos un discurso político y social que ensalce la solidaridad como un valor central y reclame un mayor ejercicio de responsabilidad de los ciudadanos ante los problemas ajenos. Por eso, en el asunto de los refugiados (como en tantos otros), aun cuando pueda parecer simple buenismo, nosotros nos estamos jugando algo más esencial que lo que, incluso, les pueda pasar a esa gente: si vamos a seguir avanzando hacia una sociedad constituida por personas ensimismadas en sus propios problemas, aisladas en sus respectivas burbujas e indiferentes a los demás; o si estamos dispuestos a darle un giro a esa tendencia para construir una sociedad de un nivel de calidad humana realmente superior.

Este es nuestro auténtico reto. Y los refugiados, como tantos otros problemas, son magníficas oportunidades que se nos presentan para ejercitar nuestro músculo solidario, de responsabilidad social o como le queramos llamar, y así poder construir un mundo realmente humano.

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Sobre Manuel Bautista Pérez

Ingeniero Aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid. En la Administración Pública ha sido Director General de Aviación Civil (2004-2009), Director General del Instituto Nacional de Meteorología (actual Agencia Estatal de Meteorología) (1986-1996) y Asesor del Ministro de Transportes, entre otros puestos. En el sector privado ha trabajado en el Grupo Anaya, como Director General de la División de empresas multimedia, y en la empresa Multimedia Resources como Director General. En el ámbito internacional ha sido Vicepresidente de la Organización Meteorológica Mundial, miembro del consejo de administración de organismos como el IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático), Eumetsat, Eurocontrol, etc., y ha trabajado para varios Gobiernos de América Latina como consultor del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, en temas de desarrollo estratégico.

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6 Respuestas a ¿NOS VA ALGO A NOSOTROS EN EL ASUNTO DE LOS REFUGIADOS?

  1. pasmao 4 diciembre, 2017 at 17:43 #

    Don Manuel, pues si, nos va muchísimo en este asunto.

    El problema es que no se quiere ahondar por miedo a que la verdad deje (o no nos deje) malparados a unos cuantos.

    Lo primero que habría que considerar es si es exclusivamente un tema de refugiados o si es de inmigración económica. Por lo visto mas de un refugiado sirio y su familia, de los auténticos, se ha encontrado en Alemania con una melange de otros “refugiados” de Pakistán, norte de África, .. todos calificados como sirios, siendo emigrantes económicos y no políticos muchos de ellos, aunque la verdad me parece difícil distinguir la frontera. Cuando de sirios nada, y con un rigor islamista impuesto por la “comunidad” casi equivalente al que padecían por el ISIS allí en Siria, rigor que además se toleraba desde fuera, por la autoridad alemana, para que no hubiera lío. Y para el caso de los no musulmanes ya ni le cuento.

    Pero con este tema para variar, a los Uropeos se nos ha mentido.

    Lo segundo lo dice usted en su primer párrafo “Europa destino soñado”. Vaya por dios, esto nos acerca otra vez indirectamente al primer punto, pero también al ¿por qué Europa? Si son musulmanes en su mayoría, si nuestras costumbres les chocan, si van a tener un que hacer un esfuerzo de adaptación, si la travesía hasta aquí es larga y peligrosa.. Y teniendo a tiro de piedra a países ricos, con cultura parecida cómo Arabia Saudita, Kuwait, EAU, Quatar, Baherim.. ¿Cómo es que no van allí?

    Lo peor de esa pregunta es que
    1/ nos la hacemos muchos
    2/ En los medios es un tema tabú, los políticos no dicen nada, las ONG se hacen las locas..

    Tiene que ver con que el ISIS ¿y esos países tienen mucha relación?, o que ¿tienen miedo a que les den problemas (cómo los palestinos en Jordania y el famoso Septiembre Negro)?, o ¿es que les salen muy caros?..

    O que para un musulmán que tanto nos critica en el fondo lo de irse a esos países no mola porque saben que aquí a la larga les irá mejor que con sus hermanos en la fe. Para luego una vez aquí estar dale que te pego en la mezquita salafista de turno.

    Mas mentiras, o silencios sospechosos.

    Añadamos que la solidaridad no se puede imponer. Es algo que nace de uno. Pero entre esos que nos mandan y mienten parece que hacerse la foto imponiendo la solidaridad ajena es muy bonito.

    Uno puede ser solidario, pero primero tiene que exigir la verdad, por qué viene esa pobre gente, que alternativas tuvo pero se les cerraron las puertas.. así uno sabrá a que carta quedarse cuando esos árabes ricachones se las quieran dar de grandes prohombres comprando equipos de futbol, organizando mundiales, paseando en sus yates y pasándonos por la cara su “superioridad”. Etc.

    Por que hay dos problemas añadidos:

    1/Que los bomberos pirómanos que prendieron la mecha que provocó la estampida están también entre nosotros. La guerra de Irak y la de Libia por ejemplo. El día que vea cómo en los barrios pijos de París se acoge a refugiados, van a sus hospitales privados y colegios privados, pagados por sus ricos Sarkozys de turno, o lo mismo en los Hamptons, en los Baden Baden.. o en nuestros Puerta de Hierro o Pedralbes, etc… Y pagados por ellos no a costa del presupuesto público.. y no en barrios cutres donde los accesos a los servicios básicos están saturados..ese día igual nos ponemos estupendos..

    2/ Pero que sea esa misma gente la que nos quiere enseñar al resto cómo ser solidarios (por obligación) con nuestro dinero o recursos para no se sabe muy bien que. Por que muchas veces parece cómo algo organizado precisamente por esos mismos bomberos pirómanos, algo no se si destinado a exacerbar populismos, abaratar mano de obra, incrementar presupuestos a ayuda humanitaria que a saber luego en que bolsillos acaban, .. lo único que está claro es que no parece casual y nadie ha dado una explicación convincente.

    Usted ha señalado que los únicos que ha visto que hacen algo son organizaciones de voluntarios que van casi por libre, y ese es el fondo de la cuestión.

    Los Estados no sirven para eso, los estados cada vez mas sirven para menos, excepto para recaudar impuestos y mentir, sólo las organizaciones, a mas desligadas del estado mejor, sirven para algo. A mas políticos o “lideres sociales” veamos haciéndose una foto mas nos podemos echar la mano a la cartera.

    No he comentado nada de los problemas con que las comunidades de refugiados han provocado en numerosos sitios, y que han sido censurados por los medios, etc,.. como puede imaginar eso tampoco ayuda.

    Así que yo veo demasiados silencios y cinismo entre quienes deberían haber tenido una conducta ejemplar en un tema tan terrible.

    Completamente de acuerdo en que deberíamos hacer un ejercicio de solidaridad, y que ello es posible, pero cómo se nos quiere obligar a dicha solidaridad a costa de imponernos un silencio terrible acerca de que es lo que ha pasado, dicha solidaridad se complica.

    No se si me he explicado suficientemente.

    De todos modos si conoce usted alguna organización, que no sea de las del circuito habitual, que esté implicada en estos temas y deja su link (donde espero que haya un nº de cuenta corriente) no tendré inconveniente en hacer una aportación.

    Un muy cordial saludo

    • Manuel Bautista 5 diciembre, 2017 at 14:53 #

      Estimado Pasmao,

      Es difícil no estar de acuerdo en los ejemplos de cinismo o hipocresía que usted menciona.

      Desde el rechazo a los refugiados sirios por parte de los países árabes ricos a las políticas promovidas por los países europeos (venta de armas, apoyos a las famosas “primaveras” árabes para luego desentenderse ante los caos resultantes, etc.), pasando por el buenismo, los silencios sospechosos y la manipulación de los medios de comunicación.

      En realidad, en el asunto de los refugiados como en el de los inmigrantes, TODOS nos movemos con nuestras dosis de contradicciones, entre lo que sientes cuando les ves ahí, en esas condiciones terribles, y lo que sientes cuando te preguntas hasta dónde estarías dispuesto a llegar si se tratara de incorporarlos a tu entorno vital.

      Pero, reconocer que estamos rodeados de contradicciones e hipocresía, no resuelve el núcleo del problema: que esta gente sigue ahí, pidiendo ayuda.

      En cuanto a lo que me pregunta usted al final, le respondo que sí, que concretamente conozco una ONG, que se llama “Olvidados” (http://www.olvidados.org/index.html) y que, dentro de sus escasas posibilidades, hacen una magnífica labor.

      Creada en 2010 por un grupo de amigos, esta ONG se financia exclusivamente con las aportaciones privadas de quienes les conocemos. En relación con el tema de los refugiados sirios, merece la pena destacar que estuvieron 1 AÑO (desde marzo 2016 a marzo 2017) en 4 campamentos de refugiados en Grecia, desplegando más de 30 voluntarios (ninguno de ellos a sueldo) sobre el terreno. En ese tiempo enviaron 6 camiones tráiler con 22 toneladas de alimentos y productos de primera necesidad.

      Como son muy pocos, la web no está actualizada y tampoco refleja adecuadamente su labor, pero es realmente impresionante. En esta web hay una cuenta bancaria para quienes quieran ayudarles.

      Un saludo afectuoso,

      • pasmao 5 diciembre, 2017 at 17:56 #

        Muchas gracias Manuel

        Ya me pasaré por la cuenta corriente. Si no la tienen muy actualizada en estos casos suele ser porque están dedicando mas tiempo a ayudar que a hacer publicidad.

        Estos temas ponen a prueba nuestras convicciones.

        Probablemente, si Jesús volviera a nacer, lo haría en un campamento de esos. Pero cómo en este mundo de lo políticamente correcto eso no procedente asi nos vá.

        Un muy cordial saludo y una muy Feliz Navidad

  2. Alicia 5 diciembre, 2017 at 1:17 #

    Pues a mí me parece que lo ideal sería que de esas cosas nos ocupásemos la gente, la corriente, que creo que es lo que se llama sociedad civil.
    A fin de cuentas es lo que hacemos un poquito al estilo del viejo chiste “Lepe, por la Coruña”, que damos mucha vuelta – por el Estado vía impuestos – para terminar a fin de cuentas siendo la sociedad civil quienes pagamos.
    Así que sí; sociedad civil.
    Pero no vía ONG´s porque… ¿Son todas las ONG¨s del todo “no G´s” o tienen todas un poquito (o un muchito) de “sí G´s”? Que lo digo porque tengo no sé que idea no sé si bien fundada que rara es la que no tiene intervención del estado, como subvenciones y cosas así; y si no hace las cosas a gusto del estado les “cierran el grifo”. Y, aunque no se lo cierren ¿Son todas transparentes? ¿Está muy clarito quién las gestiona y si las gestiona bien?
    Así que mi idea, que como es mía me parece a mí muy buena, es que cada persona – de las corrientes, de las que tenemos un techo y comemos y vestimos y pagamos la luz y el agua y otras menudencias y aun nos sobra para algún capricho – elija libremente ocuparse de un refugiado, o de un inmigrante, o de un sin-papeles, o de un pobre, o de una mujer maltratada (que también nos cuestan; ellas son muy libres de elegir sus compañeros sentimentales, pero cuando las cosas les salen mal ahí está el 016 y mucho presupuesto para educar a los maltratadores, que ellas no necesitan por lo visto ser educadas ni aprender a no ser maltratadas), o de un gay, o de una lesbiana, o de un transexual, o de un homosexual o de un bisexual (que también todos esos nos cuestan como dicen que están oprimidos y marginados); y lo/la cuide, y se ocupe de él/ella, y le dé afecto y cariño y comprensión y todo lo que necesite…
    Puede sonar a chascarrillo. Pero lo digo totalmente en serio. Que la única forma de que las cosas funcionen es hacerlas libremente y con las entendederas y los criterios propios y personales e intransferibles. Que cuando hay que ponerse de acuerdo y llegar a consensos se suele fastidiar todo cuando no terminar como el rosario de la Aurora.
    A lo mejor lo he explicado muy mal. Pero no se podrá nadie imaginar lo clarísimo que lo tengo en mi cabeza.

    • pasmao 5 diciembre, 2017 at 18:04 #

      Alicia, te has explicado perfectamente.

      El Estado y ciertas instituciones lo que hacen es cronificar el problema. Porque parasitan de él, entre otras causas.

      Se olvidan de que lo que hay allí son personas y sólo lo ven como una oportunidad de hacer política con la solidaridad “obligatoria” de terceros.

      Feliz Navidad

  3. O,farrill 11 diciembre, 2017 at 19:22 #

    Aunque un poco tarde, quiero unirme al debate que plantea el autor. Claro que nos va mucho a nosotros el problema de los refugiados. Primero por sentimientos humanos (que son hábilmente explotados más tarde); segundo por no exigir responsabilidades a los causantes de estos desplazamientos; tercero por ajustarnos a lo “correcto” en cada momento en lugar de lo “correcto” (moral) a lo largo de nuestra vida.
    Los refugiados no surgen por generación espontánea. Se les obliga a serlo e incluso se les dirige hacia donde resulte más “conveniente”. Nadie abandona sus raíces si no se les obliga a ello con guerras, bombardeos, aislamientos, epidemias…. Menos aún poblaciones enteras.
    La pregunta es: ¿porqué los europeos hemos seguido el juego del imperio en lugar de denunciarlo en los foros correspondientes?
    Pasmao, como siempre, pone el dedo en la llaga con sus comentarios. Un saludo.

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