“POPULABLE”

Dicen que el 9 de marzo de 1208, el Papa Inocencio III envió una misiva a todos los altos cargos eclesiásticos del Languedoc  francés y a todos los nobles y señores del reino de Francia, dando instrucciones para acabar con el catarismo, considerada como la más peligrosa de las herejías. En ella se decía más o menos así: “Despojad a los herejes de sus tierras. La fe ha desaparecido, la paz ha muerto, la peste herética y la cólera guerrera han cobrado nuevo aliento. Os prometo la remisión de vuestros pecados a fin de que pongáis coto a tan grandes peligros. Poned todo vuestro empeño en destruir la herejía por todos los medios que Dios os inspira. Con más firmeza todavía que a los sarracenos, puesto que son más peligrosos, combatid a los herejes con mano dura.”

Hasta aquí nada nuevo respecto a los conflictos de religión suscitados hasta entonces.

Otorgaba a quienes tomaran parte en la “Cruzada” los mismos privilegios que para los cruzados en Tierra Santa: absolución completa de los pecados y promesa del paraíso para los muertos en combate. Nada muy distinto a lo prometido a los guerreros del ejército enemigo por sus señores, y por tanto son guerras en pos de la salvación eterna. Pero a esta golosa oferta a una población atemorizada por el hambre y el miedo, se le añadió una novedad definitiva y esencial, una cláusula específica: las tierras «limpias de herejes» pasarían a ser propiedades, de pleno derecho, del guerrero que las hubiera conquistado. Esta promesa de posesión para las tropas y militares resultó definitiva para el desarrollo del conflicto bélico, y convirtió la intervención guerrera en una auténtica masacre.

Así, en julio de 1209 los ejércitos considerados “cruzados” se apostaron delante de la villa francesa “hereje” de Béziers, y Simón de Montfort al frente de este ejército atacó la ciudad y exterminó a la población sin tener en cuenta su filiación religiosa, edad, sexo o condición. Según las crónicas, fue donde se pronunció aquella frase maldita de: ¡Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos! Esta primera matanza, de casi 10.000 personas, según las crónicas de la época, no era en modo alguno habitual en las luchas de poder de señores y de nobles guerreros, que tras el desenlace del conflicto solían pactar rendición y sus condiciones en términos de tributos, prebendas y privilegios. Fue un golpe de efecto tan decisivo  que instauró el terror entre la población. Tras la conquista de la villa, el ejército avanzó hacia otro lugar clave en el desarrollo de la “herejía”: la ciudad de Carcasona, atravesando lo que más tarde se pasó a denominar el “valle del terror”. Todas las fortalezas, castillos y enclaves fueron capitulando sin ofrecer resistencia, pese a lo cual se recoge que fueron miles los muertos que  iban dejando atrás las tropas. En menos de un mes se había conquistado, la parte más importante del territorio enemigo, y las tierras entregadas empezaron a pasar a manos de las tropas conquistadoras. El mecanismo es sencillo: por un lado tierra y miedo, y por el otro muerte y pan. Y tardamos aún quinientos años más en enterarnos de que el Cielo no mata, y el hombre sí.

Apelar a las necesidades más básicas de supervivencia para movilizar a un colectivo con el fin de lograr el control y el manejo de una situación, es el mecanismo infalible con el que a veces actúa el poder en un demoniaco proceder ¿Fue con el edicto papal mencionado, hace casi mil años, al incluir la posesión de las tierras a los ejércitos conquistadores, cuando comenzó el populismo, en este caso desde el Poder establecido contra los indefensos seguidores del catarismo? Dicen los historiadores que hasta 200.000 ciudadanos de la época se alistaron en las tropas cruzadas, reunidas a las puertas de, a la postre, ciudad papal Avignon.

No creo que se le deba dedicar mucho tiempo a definir lo que es o no es populismo, porque en diferente medida, y analizando lo que sucede en muchos de los entornos en los que se desenvuelve nuestra vida, todo lo es. El recurso de utilizar como mecanismo la subsistencia, con el fin de lograr el control y dominio de las voluntades ajenas, es un instrumento habitual en el funcionamiento social actual, y bien saben los profesionales del marketing que si un producto no se asocia con la subsistencia, las campañas publicitarias deben dirigirse a que así sea. Y si algo distingue a las modernas sociedades actuales es el considerable aumento de las necesidades que nos han conseguido inculcar.

La publicidad es populista buscando el impacto de sus mensajes entre potenciales compradores, los medios de comunicación también, noticiando sucesos que capten a lectores y espectadores, los poderes políticos y administrativos, también tratando de captar ciudadanos que les voten en las elecciones. En una sociedad regida inexorablemente por la ley de la oferta y la demanda, el que ofrece populariza, y el que demanda es susceptible de popularización, en un escenario típico de las ferias, una sociedad en la que hasta el arte tiene una y la cultura es una industria. Lo mismo sucede en todas cuantas facetas de lo público que queramos comprobar, y la discusión que se propone ahora tiene más que ver con el papel asignado y auto asignado en una batalla aún por finalizar, en la que las primeras escaramuzas están cambiando los roles previstos, y por las reacciones de cruzados y herejes ante esta aparentemente imprevista situación.

Por lo tanto, el debate podríamos centrarlo mejor en los mecanismos que sustentan las acciones políticas, mediáticas y sociales, para convertir una cuestión en algo susceptible de ser popularizado. Se le puede denominar “Lo populable”. Hay un buen montón de ejemplos que los especialistas en el tema podrían indicarnos, y como botón de muestra nos puede servir las acciones que el franquismo llevó a cabo a final de la década de los ´50 en relación con la intervención del Estado en las políticas públicas de vivienda, que están en la base de las sucesivas burbujas que hemos vivido desde entonces, y de la que aún estamos pagando las consecuencias en nuestros días, y de las que parece que tardaremos en salir.

Para analizar este fenómeno de naturaleza eminentemente social, destacaremos las principales características de lo populable:

Quizás lo más esencial es la elementalidad del pensamiento que lo sustenta y el carácter primario de los temas que se debaten. Siempre se hablará de cuestiones muy básicas como el alimento, la vivienda, la vida o la muerte (salud y paz), lo nuestro y lo ajeno (inmigración), la propiedad (lo tuyo y lo mío), etc. Nada es populable sin ceñirse a estas cuestiones. Inocencio lo sabía porque no tenía ni un pelo de inocente.

Como consecuencia de esto, hay una manifiesta ausencia de elaboración crítica en lo debatido, tratando por sistema de sustentar los mensajes en el ataque a lo establecido hasta el momento, admitiendo mal cualquier alteración a esa Verdad inamovible, entendiendo cualquier otra dinámica como desviación o sesgo -o cualquier cosa aún peor-. Lo populable requiere del sentido de lo absoluto e incuestionable. La infalibilidad papal así lo atestigua.

El estilo en el que es transmitido debe ser acorde con el mensaje y su contenido, de manera que la defensa de sus argumentos se debe hacer en forma de eslóganes, proclamas, y todo clase de embravecidas soflamas que recuerdan a los pasquines de los tabloides revolucionarios. El carácter de lucha en el mensaje es esencial en una disputa con sustancia semi-bélica, que si no recuerda a una cruzada es solo por el tiempo que ha pasado.

Los destinatarios preferentes de las campañas deben ser determinados colectivos caracterizados por ser las capas más desfavorecidas de la sociedad en términos económicos y sociales, colectivos excluidos o en riesgo de ello, y habitualmente muy alejados de puestos de poder y responsabilidad pública.

La relación con sus líderes se considera esencial para el buen funcionamiento del movimiento, de forma que hay un tipo de identificación casi completa con ellos, biunívocamente: el líder es considerado la encarnación individual de los individuos que componen el colectivo, y a su vez él se considera la representación mimética de todos ellos, su voz y su pensamiento.

El campo de juego siempre va a ser en exclusiva en el terreno de lo público-social, concretado en términos duales del tipo de Estado/ciudadanos, Partidos/electores, etc., en los que hay unos que tienen todo el control y los otros que no lo tienen nada. Además, se alimenta la consideración de que esa, la social, es la única realidad que tiene importancia, desconsiderándose cualquier otra, especialmente la relativa al ámbito de lo personal y particular. La individualidad no cabe y no se entiende, eso se le deja a Dios que ya los irá reconociendo.

El movimiento debe fraguar en un clima de descontento generalizado, el cuasi-mesianismo de la puesta en escena requiere de unas buenas dosis de malestar, miedo, pérdida de privilegios, y riesgos evidenciables. También es requisito la urgencia, inmediatez y rapidez de la respuesta colectiva, que argumentada tras la solidaridad alarmista ofrece una sensación clara de no poder aguantar más, utilizando esa desesperación para la consecución de sus fines. Para poder populabilizar es necesario que haya potencial pérdida del estado del bienestar, no hace falta llegar al malestar que caracterizaba lo sucedido antiguamente.

Por último, la atribución del propio malestar a un mundo injusto, desigual y clasista, identifica al individuo como poco capaz o interesado en interiorizar personalmente las causas de ese malestar propio y de generar fórmulas personales para encarar una modificación sustancial de su propia vida, limitado por un nivel educacional y cultural que no se lo facilita, situando los objetivos de mejoría y de bienestar solamente en un mayor nivel económico. Porque una buena parte de la manera en la que encajamos y encauzamos los problemas está también en cada uno de nosotros que tenemos capacidad y recursos para ello, y no solo en la consecución de bienes, aunque permanentemente la sociedad de consumo nos esté diciendo lo contrario. Lo máximo a lo que puedes aspirar como hombre no está fuera de ti.

Y es así, y solo así, como se debe combatir la peligrosa avidez que suscita el quedarse sin casa, sin empleo y sin ingresos, mientras los que tienen responsabilidades sobre ello miran para otro lado sonriendo, en su clásica voracidad por manejar la situación.

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Sobre Carlos Peiró Ripoll

Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Fue director del IMFEF, y ha ocupado distintos puestos de responsabilidad en áreas dedicadas a la salud mental y la Psicología como Director de Psicologías y Terapias del Centro Asistencial Santa Teresa de Arévalo, del Gabinete de Psicología de la Empresa CTO, y de la Unidad de Orientación Familiar de la Comunidad de Madrid. Coordina programas de formación en las que destaca el de “Redes Familiares para la prevención” del Plan Nacional de Drogas. Mediador Social y Familiar.

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2 Respuestas a “POPULABLE”

  1. pasmao 5 Marzo, 2017 at 15:30 #

    Pues no se Don Carlos

    Simplemente me parece que una gran mayoría que se escandalizan por las cotas a las que ha llegado el populismo lo único que han hecho en estos últimos 30-40 años es abonarlo.

    Y visto el panorama parece que lo que creen es que no se le ha abonado bastante y quieren aumentar la dosis.

    El reflexionar para no caer en “soluciones” populistas requiere que los individuos, INDIVIDUOS, repito, se hagan cargo de que con los cada derecho que tienen (a satisfacer por el Estado, es decir por los otros, según el Evangelio popular) no se le opone ninguna responsabilidad.

    El sentirse masa para lo que sirve es para alejarse de cualquier responsabilidad individual. En la post Alemania nazi nadie en particular se sentía concernido por los campos de concetración, aunque como pueblo estaban muy cabreados porque Hitler les dijo que iban a ganar y perdieron.

    La semana que viene aquí en España hará el día 11 trece años del 11M. Los dias posteriores fueron toda una leccion de populismo y cómo sacar partido de él. De lo que de Verdad pasó ese terrible día toca hacerse el loco, no vaya a ser que cómo durante el franquismo te puedas “significar”.

    De los happenings de otros 11S en el corner noreste durante estos últimos años ni le cuento. Si ahora se hiciera un referendum bien podrían decir acerca de los no separatistas lo mismo que dijo Beciers ¡Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos! (en sentido figurado, mientras piensan que con una ley foral sobre la Hacienda catalana se podía haber solucionado todo, por lo que en el fondo la culpa es de los otros). O que se cree que es esa paz impostada en el País Vasco/Navarra donde a poco que rascas te sale una Alsasua.

    un cordial saludo

  2. pasmao 5 Marzo, 2017 at 15:36 #

    Aclaración

    “El reflexionar para no caer en “soluciones” populistas requiere que los individuos, INDIVIDUOS, repito, se hagan cargo de que con los cada derecho que tienen (a satisfacer por el Estado, es decir por los otros, según el Evangelio popular) no se le opone ninguna responsabilidad.”

    Está muy mal expresado.

    Me refiero a que desde arriba se ha laminado el que nos queramos hacernos responsables de nuestras decisiones como individuos, porque el Estado se hace cargo de todo.

    Sin el sentimiento de responsabilidad individual no es posible combatir el populismo.

    Pero si uno se quiere hacer responsable de lo suyo sin abdicar en el Estado, se convertirá en una persona mucho mas exigente con las responsabilidades de terceros. Y ello es algo muy inconveniente en el tipo de sociedad en que vivimos.

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