¿Qué contamina más: un coche eléctrico o un coche diésel?

Esto podría ser una pregunta de examen o la propuesta de una investigación. En el primer caso solo habría una respuesta correcta, la que estuviera recogida en un libro de texto o se hubiera proporcionado de antemano, mientras que en el segundo habría que llegar, mediante la investigación y el análisis, a una conclusión.

El mismo enunciado puede ser cerrado o abierto, según el contexto en el que se formule. Y este ejemplo sirve para ilustrar dos concepciones diferentes de la enseñanza, que podrían extenderse a dos formas diferentes de enfrentarse con la información: la aceptación y la reflexión.

Volviendo al ejemplo propuesto, si nos ceñimos a las emisiones mientras circulan, parece evidente que los coches eléctricos contaminan menos que los coches que tienen motores de gasolina o de gasoil. Pero esta comparación es incompleta y engañosa. Para empezar, porque la electricidad con la que se han cargado las baterías de estos vehículos procede de una central eléctrica y muchas de estas centrales mueven sus turbinas quemando gas, petróleo o carbón; si este es el caso, el coche no emite gases cuando está en marcha, pero también ha sido necesario contaminar para que se mueva.

Dependiendo del país en el que se utilicen, los coches eléctricos son más o menos limpios. Así, en un país como Francia, donde gran parte de la electricidad se produce en centrales nucleares, los coches eléctricos son considerablemente más limpios que, por ejemplo, en Alemania, que dispone de cantidades ingentes de carbón y las sigue quemando para alimentar sus centrales.

Dependiendo del país en el que se utilicen, los coches eléctricos son más o menos limpios.

Por eso resulta sorprendente que la justicia germana considere legal que una ciudad pueda prohibir la circulación de los coches diésel por sus calles, para evitar que se superen los niveles máximos de óxidos de nitrógeno que en ese momento establezca la legislación. De hecho se espera que, en este país, para 2030 todos los vehículos nuevos sean eléctricos y ya se están anunciando subvenciones para su compra. Así que es muy posible que se consiga reducir las emisiones en las ciudades a costa de aumentarlas lejos de ellas, repartiendo democráticamente la polución.

Y los alemanes no son los únicos. El Reino Unido prohibirá la venta de vehículos a diésel y a gasolina en 2040, incluidos los híbridos; pero antes lo hará Noruega, un país al que le sobra el petróleo, que pretende implantar esta prohibición en 2025. París impedirá la circulacion de vehiculos diésel en 2024, coincidiendo con la celebración de los Juegos Olímpicos en esta ciudad, y Francia prohibirá la venta de vehículos con motor de combustión a partir de 2040; paralelamente se irán retirando los estímulos fiscales que en su momento se dieron para animar a los franceses a comprar vehículos a diésel en lugar de comprarlos a gasolina.

Paralelamente se están implantando las correspondientes normativas asociadas, como la obligatoriedad de instalar puntos de recarga para el vehículo eléctrico en todos los edificios y aparcamientos tanto públicos como privados, a lo largo de la próxima década. Por descontado que los gastos de instalar un tendido eléctrico desde el contador de cada casa hasta la correspondiente plaza de garaje correrán a cargo de los propietarios o de las comunidades de vecinos.

Hay una clara tendencia a que todos los europeos, estimulados o presionados, se muevan en vehículos con motor eléctrico. Por su salud y la del medioambiente. Y, en este contexto, escándalos como el fraude de Volkswagen para falsear los resultados de los test de emisión de óxidos de nitrógeno, no ayudan nada a reconsiderar que los vehículos eléctricos tal vez no sean tan buena alternativa como se nos quiere hacer creer.

Al analizar el impacto ambiental de un producto tecnológico, no solo hay que tener en cuenta el que supone su uso, sino también el que ocurre durante su fabricación, distribución y desecho. Y este análisis puede ser todo lo fino que queramos; por ejemplo, incluyendo o no el impacto de la campaña de marketing necesaria para venderlo.

Cuando se habla de emisiones no es suficiente con calcular las emisiones que se generan cuando los motores están en marcha, sino que hay que tener en cuenta todas las emisiones indirectas, aquellas que se producen durante todo el ciclo de vida del producto, desde que se extraen las materias primas para fabricarlo hasta que termina en una planta de reciclaje o en un vertedero; y en esta contabilidad hay que incluir la forma en que se obtiene la energía que los alimenta y las pérdidas que ocurren cuando esta energía se transporta . En el caso de los motores eléctricos, gran parte de la energía se pierde, en forma de calor, mientras circula por los cables de alta tensión, desde las centrales hasta las tomas de corriente.

Pero todavía hay más. Los coches, cuando se mueven, no solo contaminan con lo que desprenden por los tubos de escape. Más de dos tercios de las micropartículas (PM) que se generan en las calles, carreteras y autopistas, no proceden de la combustión sino del rozamiento en los sistemas de frenado, la superficie de las ruedas y el pavimento. Y resulta que los coches eléctricos son, por término medio, más pesados que sus comparables que queman petróleo y, en consecuencia, arrancan más partículas de los frenos, los neumáticos y el asfalto.

En el momento actual, si se tienen en cuenta todas las variables, y no solo las que le interesan a los políticos, los fabricantes de vehículos o los productores de energía, no está claro cuál de los dos tipos de vehículos aprovecha mejor la energía o tiene menor impacto ambiental. Las baterías de los vehículos eléctricos están mejorando, pero también lo está haciendo la eficiencia de los motores de gasolina y de diésel, al tiempo que se siguen reduciendo sus emisiones. Por otro lado, de nada sirve la limpieza del motor eléctrico si la electricidad se sigue generando a partir de combustibles fósiles. Todo esto sin comparar otros aspectos, como la poca autonomía que proporciona la batería, el considerable tiempo que se necesita para recargarla y la escasez de “electrolineras” en donde hacerlo.

Si se tienen en cuenta todas las variables, y no solo las que le interesan a los políticos, los fabricantes de vehículos o los productores de energía, no está claro cuál de los dos tipos de vehículos aprovecha mejor la energía o tiene menor impacto ambiental.

La valoración de una tecnología, además, no solo debe ceñirse a los aspectos técnicos, sino también a los sociales y económicos. Y es muy ilustrativa la situación del Congo, uno de los países más pobres y que, sin embargo, contiene las mayores reservas mundiales de coltán (un mineral imprescindible para todos los móviles y ordenadores del planeta) y de cobalto, un metal necesario para prolongar la vida de las baterías de litio e impedir que se calienten. Lejos de beneficiar al país, la extracción de estos minerales, que se realiza en condiciones insalubres, peligrosas y por salarios miserables, ha servido para financiar guerras locales y enriquecer a los señores de la guerra.

En este momento, a la vista de lo expuesto, parece que la introducción masiva de los coches eléctricos tiene más inconvenientes que ventajas para los consumidores, que son los que la van a costear. Sobre todo si ni siquiera está claro que sea una alternativa claramente mejor que las otras.

Y este debate podría extenderse a las centrales nucleares comparadas con las centrales de combustión, al uso de los plásticos frente a otros materiales que podrían sustituirlos, y así sucesivamente. Queremos mantener el crecimiento que hemos alcanzado y pretendemos que se haga sin contaminar. Un discurso parecido al de mantener las pensiones sin aumentar las cotizaciones y la edad de jubilación.

Pero así se construyen los discursos y se crean los estados de opinión: combinando la legislación con mensajes simples, fáciles de asimilar y aptos para cabezas perezosas.

6 comentarios

6 Respuestas a “¿Qué contamina más: un coche eléctrico o un coche diésel?”

  1. Aurelio dice:

    Creo que en el artículo se hace un acertado analisis de las falacias en las que se basa la ilusión de poder sostener el capitalismo sin necesidad de reforma mas alla de la tecnológica. Las diferentes crisis sociales y politicas alrededor del mundo demuestran la imposibilidad de conseguirlo. Hay una corriente que viene defendiendo esta teoria desde hace tiempo, siendo ridiculizada por lobbies, y proponiendo alternativas que permitan mantener un nivel de vida semejante con menor necesidad de recursos, estoy hablando del decrecimiento. Me parece que es de justicia hacer mención a este movimiento en un artículo como este.
    Por otra parte creo que la comparación con el discurso de las pensiones no ha sido la mas acertada, pues se omite un tercer factor que influye en la recaudación: el aumento del sueldo bruto de los trabajadores. Porque no olvidemos que la reducción de los salarios (no solo el el Congo, sino tambien en España) es otra de las consecuencias de intentar mantener el sistema funcionando de la misma manera.

  2. RBCJ dice:

    Sí parece claro que el coche eléctrico es mejor dependiendo en cuánto mejor de la energía con qué se cargue.
    Otro tema es si disponemos de los materiales raros necesarios para la fabricación de las baterías y alta tecnología implicadas.

    Although there is widespread understanding that electric cars can reduce carbon emissions, just how effective they are depends on the electricity they use. Given that the vast majority of the world’s power generation is grid-tied, the carbon reduction potential of an electric car depends largely on where it is charged. Ver informe http://shrinkthatfootprint.com/wp-content/uploads/2013/02/Shades-of-Green-Full-Report.pdf
    Sobre los “rare earth minerals”
    The World Trade Organisation has judged that China’s export restrictions on rare earth minerals are incompatible with its rules, sources from nations involved in the dispute said, marking the second time that Beijing’s use of export quotas and tariffs as an industrial policy tool has been successfully challenged.
    Sustained supply shortages could jeopardise Japan’s leadership in production of metallic components used in hybrid and electric cars, energy-efficient home appliances and windpower generators
    https://www.ft.com/content/486d5c68-40b5-11e3-ae19-00144feabdc0

  3. Manu Oquendo dice:

    Supongamos por un momento que nuestro liderazgo social, el Poder Real, en las postrimerías de esta civilización estuviese buscando prioritariamente su supervivencia –normal, ¿no?– y que, confrontado con el lamentable resultado de sus Políticas Públicas desde 1970, estuviese recurriendo a la manipulación emocional y a una interpretación sui generis de la “destrucción creativa” schumpeteriana como forma de prorrogar su posición privilegiada unos años más y a nuestra costa.

    Es decir, supongamos que la función del “Cambio Climático” –antes Calentamiento– y del papel del “CO2 pero solo el antropogénico” fueran argumentos artificiales, populistas y falsos. Supongamos.
    Que cada uno le otorgue la probabilidad que crea. A estas alturas yo ya le doy más del 50%.

    Traigo un resumen de un texto publicado no hace mucho.

    Cita
    “Sobre el cambio…climático”

    Hace unos meses asistí en una capital española a un coloquio sobre el Cambio Climático. En la mesa presidencial estaba un alto cargo público responsable de ….Cambio Climático. Le acompañaban un director de Estrategia y……..Cambio Climático de una compañía eléctrica; un director de Energías Renovables y….Cambio Climático de un constructor de parques eólicos así como dos analistas de un conocido Think Tank que también exhibían las palabras “Cambio Climático” en sus tarjetas de presentación. Es evidente que vamos sobrados de “Intereses Creados”

    El público estaba formado por periodistas asignados a cubrir el “Cambio Climático”, algunos accionistas, empleados y directivos de proveedores y operadores del sector energético, la delegación en España de alguna ONG global y un par de banqueros que eran los anfitriones del acto. El concurrido evento se dedicó a desgranar reglamentos de la Unión Europea, planes, obligaciones más o menos inminentes e hitos a superar. Una especie de arenga a lo largo de un evento europeo quizás algo parco de espíritu y orientado a recordarnos las obligaciones resultantes de haber transferido soberanía.

    Lo que más me llamó la atención fue que, en algún momento de sus intervenciones, todos los ponentes dijeron estas palabras: “Es que… yo esto me lo creo”. Mi vecino de asiento, directivo de una importante asociación de empresarios, me miró de reojo al oír la reiteración de un acto oral fallido tan inesperadamente freudiano.

    Salí del evento sin poder olvidar la frase en cuestión. Tanto es así, que su recuerdo me ha llevado a escribir estas líneas sobre un asunto público en el cual comienza a predominar una atmósfera inquisitorial impropia de nuestro tiempo. Un tiempo que no parecía caracterizarse por la reinstauración de Autos de Fe pero que, como vemos, se nos están colando en lo cotidiano. De hecho, dos temas muy actuales, la Ideología de Género y el Cambio Climático, –ambos empleando procedimientos muy similares– han penetrado profundamente en los Presupuestos Públicos y en las estructuras humanas de las Instituciones desde donde ejercen una férrea dictadura sobre el pensamiento incluyendo, en el primero de los casos, sanciones administrativas a personas que piensan y se pronuncian razonablemente de modo distinto.
    Es decir, comienza a haber “Galileas” pues ya van dos profesoras de colegios públicos, –Madrid y Tafalla–, expedientadas por ejercer su libertad de expresión y de cátedra que esperamos sean protegidas por la Constitución. Es como si la mera discusión hubiese de ser aniquilada de raíz. Como si el nuevo orden global hubiese de tener ciencia oficial. Recordemos que ciencia oficial es una contradicción en sus propios términos según Popper y Kuhn.

    Desde entonces he comenzado a bucear los fines de semana en la cuestión del clima en bibliografía científica y de divulgación que niega las hipótesis AGW –Calentamiento Global Antropogénico por sus siglas en inglés– y que nos recuerda cosas tan obvias como los ciclos solares, Mínimos de Dalton, Milankovitch, etc. Como lectura introductoria recomendaría el clásico de “La venganza de la Tierra” de James Lovelock, padre científico del ecologismo y hoy excomulgado por la Comisión de la “Doctrina Oficial” Climática.

    Los lectores verán que casi toda la bibliografía que he reunido está en inglés. Las traducciones tardan pero creo que, afortunadamente, ya son mayoría los lectores habituados a sobrevivir en lenguas que se enfrentan con mayor presteza e independencia de criterio a las cuestiones importantes. Entre los libros acumulados estos meses destacaría los siguientes.
    “Climategate” de Brian Sussman. 2010
    “A new little Ice Age has started” de Lawrence Pierce. 2015
    “Dark Winter” de John L. Casey. 2014
    “Climate of corruption. Global Warming Hoax” de Larry Bell. 2011
    “The deliberate corruption of Climate Science” de Tim Ball. 2014
    ” Climate Change, the Facts” de Alan Moran (Editor). 2015.

    Por cierto, he de decir que soy creyente: reciclo, me gusta y defiendo el aire limpio y la mar bravía e impoluta de mi infancia, planto árboles a pesar de que la fiscalidad del agua me penaliza; no doy pienso a mi perro y he dispuesto que no me incineren porque me gustaría irme al cielo desde el seno de la madre Tierra. Me sorprenden las políticas públicas que en toda la UE, de facto, promueven la incineración de decenas de millones de cuerpos al año a cinco o seis horas de rabiosa combustión de derivados de hidrocarburos fósiles por cada óbito. Tremenda incoherencia ¿no?

    Pero, sobre todo, ¿por qué hemos cambiado de slogan?; de Global Warming –Calentamiento Global– a Climate Change, –Cambio Climático–. La representación China en Copenhague, en 2009, planteó la cuestión y todavía sigue esperando respuesta. ¿Por qué?

    En este artículo me gustaría abordar algunos hechos históricos relevantes que o bien hemos olvidado o nunca se nos han enseñado:

    1. Hace unos 10 o 12,000 años que terminó la última gran glaciación con una subida de temperaturas muy superior a las de hoy día.
    Durante dicha glaciación, en la latitud de Boston –nuestros Pirineos–, el hielo alcanzó un espesor de entre 1.5 y 2 Kms. Una altura parecida tuvo lugar en las islas Británicas y al sur de Francia unos 500 metros. En nuestra península el clima fue siberiano y por ello hay abundantes restos de mamuts y, en esta tierra atlántica, podemos disfrutar de la supervivencia del durísimo “garrano” galaico, la principal joya zoológica de Galicia y que hoy conocemos mejor gracias a nuestro compañero de promoción Felipe Bárcena. Los últimos restos de los Neanderthales, extinguidos durante aquella glaciación, se localizan hoy muy al sur, cerca de Gibraltar y Málaga, como si hubiesen tratado de huir hacia latitudes más cercanas al Ecuador.
    El mar estaba entonces unos 120 m. más bajo lo cual quiere decir que en media es como si el nivel de las aguas hubiese ido subiendo entre 1.0 y 1.2 centímetros por año. En estas condiciones Europa fue un desierto helado y despoblado durante al menos los 20,000 años que duró aquel evento.

    2. Con posterioridad, hace solo unos 6,000 años, se produjo otro calentamiento con temperaturas generalmente superiores a las actuales. Se conoce como el Holoceno Medio. La causa más probable se atribuye a pequeñas alteraciones de la órbita terrestre que habrían resultado en una mínima variación en la radiación solar. Las temperaturas estimadas de aquel periodo oscilan entre 2º y 6ºC superiores a las actuales en latitudes más boreales.

    3. En época mucho más reciente, ya en plena Historia de nuestra era, es bien conocido el Periodo Cálido Medieval, entre el año 900 y el 1300 DC, con una temperatura media también superior a la actual.
    Durante dichos siglos se produjo la colonización vikinga de Groenlandia –la tierra verde y con abedules de buen tamaño–. Fue durante este periodo cuando Inglaterra tuvo una floreciente actividad en sus viñedos que rivalizaron con los del continente. En su memoria quedan no solo las numerosas calles inglesas con alusiones a Viñedos y Vinos sino también sus bellas catedrales góticas edificadas durante la prosperidad de una época más cálida. Durante la misma época, en Alemania –también con tradición vinatera–, las viñas crecían en tierras unos cientos de metros más altas que hoy día. Tenemos así otra evidencia de temperaturas medias superiores a las actuales. En conjunto y recurriendo a estudios de otras latitudes –China guarda una valiosísima y única documentación histórica de miles de años– parece que la media alcanzaba entre 1º y hasta 4º C más que hoy día.

    4. Unas décadas más tarde nos encontramos con la Pequeña Edad de Hielo medieval. Cuando el Támesis se helaba todos los inviernos y sobre el hielo se celebraban los Carnavales y los Mercadillos como atestiguan el arte y los libros de aquella época que se conoce en inglés como The Little Ice Age (LIA) y que arranca en torno al 1400 hasta mediados del siglo XIX.
    Cuando los “Pilgrims” comenzaron a viajar a Norte América, a pesar de estar familiarizados con el frío de aquella Inglaterra, la mortalidad durante el primer invierno en New England era casi del 50% con temperaturas por encima de 25º bajo cero y puntas de 40º C, también bajo cero.
    Los estudios de aquella época estiman que el enfriamiento medio fue de unos 2º C como mucho y sin embargo todo el vino doméstico desapareció de Inglaterra y los cultivos que sobrevivieron en el continente lo hicieron a más baja cota sobre el nivel del mar.
    Ante el selectivo ruido mediático en torno a esta cuestión es necesario ejercitar la memoria y recordar que los silencios son importantísimos en los relatos. La memoria humana es un instrumento de enorme debilidad.
    Fin de cita

    Con el permiso de los editores abordaré en otra ocasión la cuestión del CO2 porque no solo hay períodos históricos con un nivel de CO2 atmosférico bastante superior al actual sino que está en cuestión la relación causal de este factor en el calentamiento o en el enfriamiento.

    De hecho los mismos científicos que desarrollaron los modelos del IPCC que pronostican el efecto del CO2 nos acaban de advertir, Septiembre del 2017, de un error en sus cálculos que significaría dos cosas: Una predicción de calentamiento a largo plazo inferior en nada menos que un 50% a la ya minúscula de la vigente teoría oficial y la evidentísima necesidad de incluir a la hoy excluida actividad solar como elemento crucial en el clima terrestre.
    Es decir ya estamos en predicciones inferiores en Rango a los parámetros de Error Estadístico de sus propios modelos.

  4. Un lector habitual dice:

    Estimado Manu,

    Sus comentarios siempre se agradecen, porque aportan valor a este blog. Pero, en este caso, ha colocado un comentario que viene a ser un copia y pega de dos comentarios anteriores: los que publicó en los artículos “¿A quién beneficia el cambio climático?” y “La conversión de Voltaire y el cambio climático”. Seguro que puede aportar mucho más al debate, además de lo que ya ha dicho.

    1. Manu Oquendo dice:

      Le creo, estimado lector habitual. Y, lo que son las cosas, no había caído en la cuenta porque el texto de hoy es, como indico, un extracto de un artículo de varias páginas publicado en un círculo privado a principios de este mes de Abril.

      Naturalmente dicho artículo incluye ideas previas (o Viceversa –los que usted ha leído podrían provenir del mismo–porque no suelo guardar textos breves) cuya reiteración es siempre una forma de diseminación de datos e ideas muy recomendable.
      Confío en esta mínima reiteración le sirva para “dar visibilidad” a la disidencia de ese gran timo de nuestro tiempo: el “cambio climático” antes “calentamiento global”.
      Sí le agradecería que, ante el constante bombardeo mediático de contraparte, redistribuya y disemine las ideas que contiene porque de esta forma estaremos algo menos manipulados y mejor informados.

      Un saludo cordial

  5. Paz dice:

    Para aprender, y para que las ideas calen, la repaticion es importante. Los comentarios de Manu Oquendo nunca son superfluos.
    La propaganda es muy repetitiva y es superflua.

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