¿Queremos ayudar a África a que salga de la pobreza?

En 1885, tras la conferencia de Berlín, en la que se fijaron las reglas del reparto colonial del continente africano, Europa –sin Rusia– tenía alrededor de 275 millones de habitantes y África, seis veces y media mayor en tamaño, unos 100 millones.

De los 3.634 millones de personas que se añadirán a la población mundial hasta el final de siglo, casi el 90% (3.211 millones) nacerá en el continente africano.

Desde entonces, la población africana ha crecido vertiginosamente: si en 1930 ya alcanzaba los 150 millones, en 1960 eran 300, en 1990 ascendía a 600 y en 2017 llegaba a 1256. Y, de cara al futuro, las previsiones son aún más impresionantes: según la ONU en el año 2.050 África habrá duplicado su población con 2.527 millones de habitantes y, al terminar el siglo, casi volverá a duplicarla, alcanzando los 4.467.

En otras palabras, de los 3.634 millones de personas que se añadirán a la población mundial hasta el final de siglo, casi el 90% (3.211 millones) nacerá en el continente africano. Con un matiz, es en este continente donde se concentra la población más joven del planeta: en la actualidad, el 60% de sus habitantes tiene menos de 24 años de edad.

Si en sus países no encuentran formas de vida razonablemente satisfactorias, parte de estos jóvenes las buscarán como sea emigrando a otros lugares. Y, lógicamente, Europa tiene muchas papeletas para ser el destino final

Las cifras son mareantes y no hay que darle muchas vueltas para concluir que, si en sus países no encuentran formas de vida razonablemente satisfactorias, parte de estos jóvenes las buscarán como sea emigrando a otros lugares. Y, lógicamente, Europa tiene muchas papeletas para ser el destino final de muchos de ellos.

Ante esta perspectiva, la Unión Europea apuesta por impedir su llegada, blindando las fronteras y comprometiendo a los países intermedios, como Marruecos y otros, para que les cierren el paso. A corto plazo puede que sea la medida más eficaz. Pero, no es razonable confiar en que la estabilidad política de estos países intermedios, y su compromiso con Europa, vaya a aguantar con el paso de los años esa presión migratoria, que presumiblemente será creciente. Ni siquiera la estabilidad de Marruecos puede darse por descontada. Basta recordar los cambios provocados por las llamadas “primaveras árabes” en Túnez y en Libia.

Si Europa quisiera evitar que, en el futuro, se produjese la inmigración de, por ejemplo, un centenar de millones de subsaharianos (un 3-4% de los que nazcan), la estrategia de control de fronteras que está aplicando tendría que ser acompañada por una firme apuesta por el desarrollo de estos países. Un desarrollo que consiga anclar en sus lugares de nacimiento a la población joven.

Si Europa quisiera evitar que, en el futuro, se produjese la inmigración de, por ejemplo, un centenar de millones de subsaharianos (un 3-4% de los que nazcan), la estrategia de control de fronteras que está aplicando tendría que ser acompañada por una firme apuesta por el desarrollo de estos países.

¿Qué han hecho la mayoría de los países ricos para llegar a serlo? Simplificándolo mucho podríamos decir que, en general, pasaron por una primera fase, más o menos larga, en la que se desarrolló la industria nacional a partir de la gente que vivía de la agricultura, o la ganadería, y con un apoyo muy activo de sus gobiernos. Apoyo que incluía subvenciones y protecciones frente a la competencia extranjera. A medida que su industria se fue haciendo más competitiva se fueron abriendo al comercio con el exterior. Posteriormente, en todos los países desarrollados la industria ha ido perdiendo peso en la producción nacional (PIB) en favor del sector servicios.

Llegados a este punto, la pregunta es: ¿podrían los países africanos, y en especial los subsaharianos, copiar esta estrategia y lograr su propio desarrollo, hasta alcanzar cotas satisfactorias para sus ciudadanos? O, aunque no siguieran el mismo proceso que les ha servido a otros, ¿podrían desarrollarse por sí mismos, siguiendo cualquier otra fórmula, hasta llegar a esos resultados?

De hecho, las cifras parecen demostrar que se está produciendo un cierto desarrollo en esta región. Según el Banco Mundial, el PIB per cápita del África subsahariana ha pasado de 589,4 $, en el año 2000, a 1.574,8 $ en el 2017. Es decir, casi se ha triplicado. En ese mismo período, el PIB per cápita del mundo ha pasado de 5.490 $ a 10.748,7 $, y el de la Unión Europea de 18.241,9 $ a 33.836,4 $. Es decir, África crece a mayor ritmo que el conjunto mundial, pero al partir de cifras tan bajas, queda por ver si podrá sostener ese ritmo.

La pregunta que hemos de hacernos es si estos países van a ser capaces de (…) crecer tanto, y tan rápido, como para que esos cientos de millones de jóvenes vayan encontrando los empleos que les permitan construir su vida allí

Pero es que con ese ritmo están muy lejos de resolver el problema demográfico. En realidad, la pregunta que hemos de hacernos es si estos países van a ser capaces de generar el tipo de desarrollo que les permita alcanzar las cotas que su crecimiento demográfico requiere y, sobre todo, hacerlo al ritmo adecuado. Es decir, si van a ser capaces de crecer tanto, y tan rápido, como para que esos cientos de millones de jóvenes vayan encontrando los empleos que les permitan construir su vida allí, según se vayan haciendo adultos. Quizás, el único precedente sería China, pero las diferencias políticas, culturales y de todo tipo, lo hacen inaplicable.

Así pues, si Europa quiere evitar el riesgo de que África por sí sola fracase ante semejante desafío, tendrá que implicarse activamente para asegurarse de que lo logra. Pero, ¿cómo hacerlo? Esta es la pregunta del millón porque llegar en el razonamiento hasta este punto era fácil. Lo difícil es encontrar una respuesta.

La UE, junto con sus Estados miembros, son los mayores donantes de ayuda oficial al desarrollo. En 2013 donaron 56.500 M€, el 52% de toda la ayuda mundial. Sin embargo, a finales del 2018 la UE, no satisfecha con los resultados, cambió el enfoque de su ayuda, implicando más a las empresas, europeas y africanas. El objetivo declarado, con este cambio, es que se creen hasta 10 millones de empleos en África en los próximos 5 años. Muchos en cifras absolutas, pero muy pocos para su crecimiento demográfico. Así pues, habría que encontrar otra fórmula.

Si la UE, junto con los gobiernos europeos y las empresas privadas, decidiesen echar toda la carne en el asador, con inversiones a gran escala, transferencias de conocimientos y tecnología, envío de técnicos propios, formación de los de allí, etc., el proceso de desarrollo podría ser más rápido. Sería un esfuerzo descomunal, que dejaría en pañales el famoso Plan Marshall que aplicó EE.UU. en Europa para levantar su economía tras la Segunda Guerra Mundial.

no podríamos hablar de un elevado nivel de desarrollo hasta que no empezasen a proliferar las empresas africanas competitivas y capaces de exportar al resto del mundo.

Solo en la agricultura y la ganadería se podría avanzar mucho, si se tiene en cuenta que, por ejemplo, el 60% de las tierras cultivables del mundo que están aún por explotar se localizan en el continente africano, que la región subsahariana produce menos de una tonelada de cereales por hectárea (9 en Francia), medio litro de leche por vaca y día (25 en Francia), tienen 10 tractores por cada 1000 agricultores (900 en Francia) y en 2015 la energía eléctrica producida en África era igual que la producida en España. Sin embargo, no podríamos hablar de un elevado nivel de desarrollo hasta que no empezasen a proliferar las empresas africanas competitivas y capaces de exportar al resto del mundo.

Ahora bien, a medida que se fuera acercando este punto, se plantearía un serio dilema para los gobiernos y empresas europeas: ¿estarían dispuestos a seguir ayudando al crecimiento de un tejido empresarial africano que amenazase con quitarles cuota en el mercado internacional? ¿Sería posible que ambas partes ganasen, de manera que lo que las empresas europeas perdieran en los mercados internacionales lo ganasen en los mercados africanos?

se plantearía un serio dilema para los gobiernos y empresas europeas: ¿estarían dispuestos a seguir ayudando al crecimiento de un tejido empresarial africano que amenazase con quitarles cuota en el mercado internacional?

Dejando aparte el problema de que los gobiernos africanos tendrían que ser capaces de hacer bien su papel (cosa que hoy por hoy plantea enormes dudas) ya que de lo contrario todo esto sería inviable, para el modelo económico de Europa y del resto del mundo sería un enorme riesgo: si el desarrollo de China se ha traducido en una seria amenaza comercial (y de otros tipos) para occidente, el de África ¿sería inocuo para nuestro bienestar?

Al final, lo que subyace con el problema de África es si, con el modelo económico que tenemos, se puede aspirar a que todos los países del mundo se desarrollen o eso acabaría siendo una amenaza para lo que entendemos como bienestar de los países ricos.

En cualquier caso, la “bomba demográfica” del continente africano nos obliga a decidir.

14 comentarios

14 Respuestas a “¿Queremos ayudar a África a que salga de la pobreza?”

  1. O'farrill dice:

    Desde mi modesto punto de vista, la pregunta clave de Manuel es si los gobiernos y empresas europeas (o de cualquier otro lugar) estarían dispuestos a ayudar al desarrollo de una competencia política, económica y cultural que limite o condicione sus propias economías.
    Africa es indudablemente un país de enormes recursos que, o bien se les han ido quitando, o bien se ha impedido que se exploten eficazmente. Los recientes acuerdos contra la contaminación ambiental van por ese camino: impedir el desarrollo de economías competitivas en los países que pueden hacerlo (como se ha demostrado en China, India, Brasil o en la propia Africa con un crecimiento superior de la renta en algunos países).
    Como decía Benedetti «al final, hay que elegir» entre un apoyo generoso y desinteresado en todos los aspectos desde la UE para fijar población y la inmigración creciente tras los «efectos llamadas» de las sociedades occidentales (de las que ha desaparecido el esfuerzo y el mérito y sólo se aspira a la subvención). España es uno más de los países mediterráneos donde se proyecta la imagen de que es posible vivir sólo del cuento (más de 12.000 millones en subvenciones públicas cuyo destino final se desconoce según la AiREF).
    En esta tesitura parece lo más razonable y serio la regulación de la inmigración, tanto en beneficio del inmigrante (al que se pueda garantizar la subsistencia digna en lugar de dejarlos «tirados» como en el caso «Aquarius») como de la población que lo recibe e integra que se enriquece con su cultura.
    Estamos asistiendo en este sentido a una guerra de relatos entre los supuestos «buenos» o «solidarios» (que no asumirían la responsabilidad de asilo en sus propias viviendas) y los «malos» o «intransigentes» que denuncian el negocio que se está haciendo a costa de la inmigración. Esta parece ser la realidad que tenemos bajo la batuta de quien «organiza» así de pronto estos flujos migratorios.
    Soluciones las hay, pero no desde la «utilización» de los inmigrantes como carne de cañón para fines dudosos (más allá de su explotación como mano de obra barata en el mejor de los casos o en su explotación delictiva), sino respetándolos en su dignidad como seres humanos. Creo que ya he comentado el magnífico artículo de Tom Wolfe en «El nuevo periodismo» sobre los demócratas elitistas de la costa este de EE.UU., que necesitan a estos inmigrantes como decoración «progresista» de su fiestas y «saraos», sirviendo copas a los invitados y limpiando después.
    Un saludo.

    1. EB dice:

      O’farrill, hace pregunta es muy vieja y la respuesta siempre es la misma: No, no queremos ayudar a que entren nuevos competidores. No se puede entender la larga historia de cada uno de reinos y estados de Europa que han querido impedir la formación y el desarrollo de otros reinos y estados en Europa y en el resto del mundo bajo el falso supuesto de que la riqueza de su reino o estado es algo «predeterminado». Sí, todavía pocos intelectuales europeos rechazan ese supuesto. La gran mayoría de intelectuales europeos siguen sirviendo a sus amos porque creen que la riqueza está «predeterminada» y su tajada dependerá de lo bien que sirvan a sus amos. El griterío de los intelectuales «revolucionarios» europeos es solo porque quieren cambiar de amos, bajo el supuesto también falso de que los nuevos amos les darán una tajadita algo mayor.

      La falsa ayuda a Africa post-independencia –es decir, en los últimos 60 años– es una muestra de la porquería de los gobernantes europeos. Ojalá algún día alguien se tome el trabajo grande de explicar cómo los países europeos –Suecia y España en particular– «ayudaron» al gobierno de Namibia cuando se volvió independiente en 1990 (sí, todavía no han pasado 30 años; yo estuve allí varias veces en 1992 y 1993 cuando esa ayuda era más necesaria).

      La falsa ayuda a Africa y otros continentes sigue marcada por los intereses de los gobiernos de turno en los países «donantes» en Europa y el resto del mundo.

  2. Paz dice:

    ¿Quiere África salir de la pobreza?¿Lo quieren sus líderes?¿Lo quiere su población?

  3. Loli dice:

    Parece que una de las preocupaciones de los nuevos grupos políticos que van a entrar en el gobierno de la Comunidad de Madrid, es garantizar que todo emigrante que llegue se empape de la historia, usos y costumbres del país que le va a acoger.

    Me parece normal, es una política que se intenta llevar a cabo en todo Estado “acogedor”, una manera de comenzar una mejor inclusión por parte de todos, de los que llegan y de los que reciben.

    Hasta ahí, parece que bien.

    La duda que viene rondándome hace tiempo, sin embargo, es que si no sería también, no conveniente, sino hasta obligatorio, igualmente, que los que se supone “acogemos”, estuviéramos también “empapados” de cultura respecto a los que llegan.

    Es decir, ¿por qué no una obligatoriedad mutua en ese aspecto?.

    Y no solo a nivel administrativo o judicial, sino a nivel de la sociedad civil, y que los estamentos de la Administración pública se encargara de estructurar el subsanamiento de nuestra ignorancia.

    Porque, entiendo que si bien es cierta la existencia de terribles mafias que controlan la “inmigración ilegal”, quizás sería, también interesante, bucear un poco en todos los parámetros que facilitan y crean las condiciones necesarias y hasta estables, para que este tipo de organizaciones criminales aparezcan y consoliden.

    Y no sé si, a lo mejor, ese afán de los países desarrollados por tratar de aparentar una ayuda al desarrollo de los países menos favorecidos, pero llevados, también, por el propio temor al mismo, no será una de las causas que estén favoreciendo esas organizaciones.

    Se fían las ayudas (a modo general) a gobiernos forzados a la manera “occidental”, pero con una cultura muy diferente en cuanto sus modelos sociales y sus relaciones mercantiles, con un acercamiento al dinero desde avales y conceptos que no tienen que ver con los que en Europa, por ejemplo, dieron lugar a su aparición como elemento de intercambio avalado por algo, (creo que en su momento pudo ser hasta la sal), con un valor consensuado.

    En otras culturas, quizás, las cosas no funcionan así.

    Pero no nos ha importado.

    Estas financiaciones desde los países desarrollados, dotan de un poder inaudito a estructuras de gobierno en lugares que no están organizados socialmente para ese modelo “democrático” que hemos querido imponer a esos países, y ese dinero..va directamente a ser gestionado por caciques, o por las etnias más dominantes en ese momento….de ahí a la rápida estructuración mafiosa en el control de algo que proporciona un poder inaudito, y que encima coloca en posición de negociación o extorsión a los que lo dominan, frente a sus gobiernos y frente, también, a aquellos países a donde mandan a la gente que huye, no ya de la miseria, sino de la esclavitud y de la muerte, va un pasito bastante rápido.

    A ese respecto, parece que la postura más acertada por parte de los países “ricos”, sería la de ser mucho más responsables y generosos.

    Responsables en tanto y en cuanto no se puede financiar con ayudas y dinero estructuras de gobiernos que se saben caciquistas y corruptas, por más que parezca que convenga estratégicamente su apoyo y financiación.

    Y por otro lado, de hacerlo, que sea desde el control y fiscalización suficiente para que se revierta en su objetivo…la ayuda al desarrollo.

    Desde el planteamiento de que esta ayuda, igualmente, debiera hacerse desde todos los aspectos, no tratando de ir estudiando en cada caso aquéllas ayudas que a corto o largo plazo podrían garantizar un crecimiento en estos países, que les permitiera competir con nosotros, y a lo mejor, no hacerlo, porque lo tememos.

    Habría, quizás, emplear más medios de todo tipo en el seguimiento y gestión de la financiación para el desarrollo, aunque eso desbaratara, en parte, nuestra propia arquitectura mercantil en esos países, y estrategias políticas de competitividad que se desarrollan, en suelo de países pobres, entre los países más ricos.

    Hace falta generosidad.

    Conocer la cultura, historia, y hasta geografía de aquellas gentes que llegan de forma tan dramática a nuestras costas, y de las que no lo hacen de manera tan evidente, pero con sus razones a cuestas igualmente, debería ser objeto de trabajo por parte de las sociedades que pueden permitírselo, en vez de hacer de su ignorancia, una especie de estandarte “nacionalista”.

    Soluciones, como alude O´farrill, seguramente hay.

    Regular la inmigración es una, sí, el problema es bajo qué criterios.

    Y ante el desconcierto, la falta, puede que injustificable de previsión, de estos flujos migratorios, a base de no haber contemplado durante todo este tiempo de “vacas gordas” para los países desarrollados, y “flacas” para el resto, de que esa situación se haría insostenible, en primer lugar para los últimos, y que la reacción lógica sería la de un cambio importante de los flujos migratorios, que buscarán no solo mejorar su forma de vida hacia donde ya tienen referentes, sino muchas veces, simple y llanamente….supervivencia, dicha regulación parece compleja, y seguramente no va a responder, de forma efectiva a políticas exclusivamente punitivas o restrictivas radicales.

    ¿Y qué podemos hacer el ciudadanito de pie?, es cierto que se encuentra ante un panorama de llegada de «competidores foráneos» en un Estado que se basa en el “bienestar” subvencionado.

    Sí…pero quizás esta situación debería, en lo que se pueda, suponer, no solo motivo de preocupación por el miedo a perder parte de las ventajas a las que supuestamente nos ha tenido acostumbrados este modelo social, a veces a costa de pérdida de dignidades y utilizando la humillación sistemática a través del “monstruo burocrático” en el que se convierten las instituciones a la hora de otorgar ayudas, sino, quizás, pudiera ser una oportunidad para ampliar nuestra espacio de conocimiento, de consciencia ante una realidad que no se limita a unas fronteras, ni siquiera a una localidad, y menos aún a las cuatro paredes que soñamos con poseer aunque sea al final de nuestras vidas.

    Tratar de entender y conocer el mundo que habitamos, supone, admitir que abordamos su comprensión con grandes prejuicios y estereotipos, productos de la ignorancia, que se acrecientan y aumentan de manera feroz, cuando la confrontación es “directa” y producto de la amenaza de “competidores” en esa especie de ilusión mantenida que es “vivir sin sobresaltos”.

    Ante la pregunta de Paz, le plantaría por dónde empezar para contestarla.

    Africa es el segundo continente más grande del mundo, climáticamente una tierra de grandes contrastes que marcan el movimiento y la organización social de las zonas habitadas. Eso y los cambios forzados por las organizaciones territoriales impuestas desde las políticas coloniales, ajenas al desarrollo natural social de los pobladores, de una gran diversidad étnica y cultural, de un continente de esta envergadura.

    Sería largo extenso hablar de ello, e igual no es pertinente al artículo, pero lo traigo a colación ante el comentario, tan….simplista, y de verdad que no quisiera resulta ofensiva, del comentario arriba antes aludido.

    ¿Cómo se plantearía el conocimiento del deseo generalizado de la población de un continente? ¿Se debería convocar un “referéndum….. continental»?…..

    ¿Les preguntamos a la gente si quiere se pobre?, a lo mejor, primero habría que conocer los conceptos de riqueza o pobreza de cada uno de los grupos poblacionales del continente entero.

    ¿O les preguntamos por qué se empeñan en huir de la violencia, o de la muerte segura….o por qué se arriesgan, con todo el dinero recogido en su aldea, en conseguir un viaje incierto con la misión de prosperar y ayudar a prosperar a «su gente», una vez realizado con éxito una aventura tan, tan, tan ….arriesgada?…o ¿sería pertinente preguntarnos nosotros porqué ni nos planteamos ese tipo de actos?.

    Es que no encuentro sentido a tu comentario Paz, lo siento.

  4. O'farrill dice:

    Entre Argelia y Mali existía ya hace veinte años una ruta llamada «del contrabando» sin que nadie supiera de qué contrabando se hablaba. Lo recoge en su libro «El largo camino africano» Roger Mimó que, al final, descubrió de qué contrabando se trataba: seres humanos. Me permito transcribir su texto: «Por fin quedaba clara la historia del contrabando. Era un tráfico de seres humanos en pleno siglo XX, arrancados de sus tierras natales bajo la terrible amenaza de la miseria, para servir como mano de obra barata en el mundo desarrollado».
    Las antiguas caravanas de esclavos han sido sustituidas por el tráfico de inmigrantes. Ya no se dirigen hacia Arabia solamente. Se dirigen a nuestros países ¿desarrollados? para su explotación laboral o sexual.
    El problema no son las fronteras (que siempre han existido), sino las condiciones en que se mueven en algunos casos: «En Tamanrraset la mayor parte de los africanos de su grupo fueron detenidos, azotados y devueltos a Mali por las autoridades argelinas». ¿Qué ocurre además en las caravanas americanas, africanas o en las travesías del Mediterráneo? Puede pasar de todo, desde que acabes esclavizado en otro país a que te tiren por la borda de cualquier patera si no accedes a las exigencias de los traficantes. Eso en Africa, en América y en Asia (recordemos a los «rodhinyas») pero… ¿qué pasa con la esclavitud en occidente? Gentes que se rompen la espalda trabajando desde las 7 de la mañana con un contrato precario y sueldos de poco más de 600 euros al mes, mientras ven cómo se pierden más de 12.000 millones de euros en subvenciones fuera de control.
    Efecto llamada: en Cataluña y Andalucía han decidido pagar esa misma cantidad a los menores (que no lo son tanto) inmigrantes…. ¡para evitar que roben, violen o trafiquen con drogas!
    Lo dicho: parece preferible para la propia protección del inmigrante su regulación en forma de visado y garantía de unas condiciones de vida dignas en el lugar de destino.
    Un saludo.

  5. Ligur dice:

    Manuel, has omitido el papel fundamental que juega o debería jugar el Vaticano y por ende el Papa Bergoglio en la tragedia Africana.
    Este papa no deja de insistir en la obligación de todo país, en acoger a todo el inmigrante que llegue, que lloriquea por las concertinas de las vallas de Melilla, que apoya descarada a la Krischner para que vuelva al poder en La Argentina.

    Leyendo al periodista C. Vidal,: “un papa al que se considera representante de Cristo en la tierra, colaborador del nuevo orden mundial, (colaborador necesario o cabeza invisible digo yo), queriendo implantar la ideología de género a nivel mundial, apoyando una dictadura planetaria ejercida sobre una masa ovejuna, creada sobre la base de una inmigración masiva y la sustitución demográfica. Una dictadura que triturará las instancias de soberanía nacional, para ceder el poder a un nuevo gobierno mundial con excusas como las del cambio climático”.

    ¿Cuantos inmigrantes podría acoger el Vaticano y darles todo lo que un ser humano necesita para vivir dignamente?, ¿por que no lo hace?.

    Recuerdo que fue Nicolás V, el papa que dio el pistoletazo de salida para el saqueo de África y la esclavización de sus habitantes.
    Recuerdo que fue, el rey Leopoldo II de Bélgica el causante de al menos 13 millones de africanos asesinados en el Congo y la esquilmación de muchísimos de sus recursos naturales.

    ¿Desde cuando le ha interesado al mundo África si no para esclavizar y robar?

    Cuanto hijo de satanás pulula por la faz de la tierra.

  6. Loli dice:

    En una de las cadenas privadas de la televisión española, desde hace interminables años se está pasando una serie, también interminable.

    Solo le diferencia un poco de las demás, el hecho de que intenta incorporar un castellano de la época…principios siglo XX…, con giros, dichos y exclamaciones frecuentes en la época.

    No es que lo consiga con mucho acierto, pero sì se recuperan algunas palabras y expresiones.

    Una de ellas se repite con bastante frecuencia en boca de los personajes de dicha serie.

    Y, lamentablemente, creo que, últimamente, y ante demasiados comentarios, y sobre todo, ante temas en concreto, esa frase, cuadra bastante bien:

    «¿Estamos perdiendo el «oremus», o qué?».

  7. Ligur dice:

    A ver Sra. Loli. ¿Se podría explicar un poco más?, nos deja in albis, a mi por lo menos.
    Saludos

  8. Loli dice:

    Verá Sr. Ligur:

    El comentario de la Sra. Paz, como ya señalé , me parece abosolutamente simplón y fuera de lugar, sin un mínimo ápice de intencionalidad en cuanto a tratar de entender en verdad lo que está ocurriendo.

    Y en el suyo, y en serio que sin ánimo alguno de querer herir suceptibilidades, pues…en fin, creo que mezcla de una manera un tanto forzada personajes y personas.

    Hablar de que los emigrantes “subsaharianos”, lloriquean frente a las concertinas de las vallas de Melilla, me parece, así a “bote pronto” una descripción que desde el principio indica…..y puede que esté equivocada, pero eso es lo que extraigo de ella…., una nula intencionalidad (nuevamente) entender cómo y porqué llegar esta gente, después de un viaje peligroso, temible e incierto, ante ellas.

    Y, francamente, las opiniones del Sr. Periodista C. Vidal, no me dejan de parecer una interpretación, un tanto escorada y dirigida a encajar en una especie de hipótesis conspiratoria, que, bueno, no deja de ser eso, una hipótesis, y que igual podrían plantearla la gente que emigra, respecto a los países que se blindan a ello.

    La historia de la humanidad siempre se ha escrito desde el movimiento y los flujos migratorios.

    Las sustituciones demográficas se han producido constantemente en la historia, y muy poco avance en la evolución del hombre se hubiera dado de no ser así, incluso su propia supervivencia como especie estaría amenazada, hace mucho tiempo ya.

    Hace poco la Sra. aspirante a candidata a gobernar la Comunidad de Madrid, comentaba que podría resultar ofensivo el denominar “contratos basura” a aquellos contratos (por miserables que fueran sus condiciones) que ayudaban a encontrar un trabajo a los desempleados.

    Bien, pues fíjese que hasta eso yo lo vería, en cierto modo, justificado, cuando la situación de las personas es altamente precaria y desesperada.

    El tema es que esa, la de trabajos…..basura, rondando y sin rondarlo, el abuso, es una situación que no debiera durar en el tiempo, y que de hecho, en los países que son objetivo de la emigración, como los supuestamente desarrollados, hay mecanismos y alternativas para, al menos fiscalizar y revertir esos abusos.

    La gente que llega a “lloriquear” a nuestras fronteras, claramente, lo hace desde situaciones donde no tienen la más mínima oportunidad de auxilio o reclamaciones en sus países de origen.

    Tendríamos que plantearnos, y de hecho es algo que ya se está imponiendo por la propia dinámico del sistema económico al que Europa y los países de ese primer mundo se aferra (unos más que otros), qué es lo que entendemos “vivir dignamente”, y es algo que se ha planteado varias veces en el foro de este blog.

    Consumo…prosumo…, pero mientras, creo que aporta muy poco, o prácticamente nada, un tipo de lenguaje que blinda con el miedo, y con bastante desconocimiento, parece, de la historia del hombre, movimientos que, si bien son aprovechados por organizaciones desalmadas o por todos aquellos que ven la oportunidad de “acercar el ascua a su sardina” ideológica, en los cambios, que, sí o sí, no tienen más remedio que producirse por la propia inercia del desarrollo del ser humano y del mundo con él…¡apañados estaríamos si no!.

    La labor de los Papas, a lo largo, también de su historia, desde luego ha sido muy desigual.

    No hay que olvidar que representan un estado, el del Vaticano, unido, por tanto a una representación política muy terrenal.

    El antecesor del que se retiró, Juan Pablo II, fue altamente admirado por las política más conservadoras del momento, entre otras cosas, fue el eje fundamental para conseguir el desmoronamiento de la antigua Unión Soviética, y para que Polonia pasara de un régimen dictatorial comunista, a otro ….dictatorial o “cuasi”….derechista.

    El actual Papa, juega igualmente sus bazas, recibe un legado, donde él también tuvo su papel, que muchas veces fue el de apagar los fuegos diplomáticos levantados por las políticas de sus superiores, donde el levantamiento de las alfombras más bellacas del Vaticano han dejado heridas profundas en su credibilidad.

    En cierto modo, sin embargo, él llega, también de América Latina, uno de los lugares donde, la parte más socialmente activa de la Iglesia, ha marcado y dejado su huella.

    Esa parte, existente y también mantenida, de la Iglesia unida a los más desfavorecidos, unidos a ellos contra los abusos y las injusticias de los poderosos, de algún modo está también presente el difícil momento de este Papa.

    Creo que es bastante…..forzado, insisto, hacer una lectura de lo que está sucediendo actualmente en el mundo, queriendo ver en cualquier acción….política o nacional, un plan preestablecido para subvertir el “orden mundial”….¿qué orden?.

    ¿O es que las soberanías nacionales aludidas por C. Vidal, han estado ahí desde siempre, y sus poblaciones son “de pura raza”, y eso es inamovible?.

    Siento si mi lenguaje no le es comprensible….creo que yo tampoco entiendo los que aquí, últimamente en este foro, se están volcando.

    Un saludo

  9. Loli dice:

    «Perder el oremus…»…

    Perder la cordura, el juicio….la razón….

    «Tiene su origen en la misa anterior al Concilio Vaticano II y refleja ese momento de estupor que te atenazaba cuando el cura invitaba a la oración y te pillaba pensando en las musarañas e incapaz de cumplir con la liturgia» Alfonso Rojo en un artículo de la Razón.

    Bien….me quedo con esa invitación a la oración que nos pilla incapaces de formularla desde un pensamiento complejo que busque la trascendencia, que explore fuentes y se aventure en la búsqueda… que amplíe las certezas fronterizas de nuestra forma actual de razonar.

    Saludos.

  10. Ligur dice:

    Hola Sra. Loli;
    Lea sin tanta fruición y vera que no son los subsaharianos los que lloriquean si no, el mismo papa, dicho con sus propias palabras en una entrevista que le hizo un impresentable de la Secta.
    La opinión de C. Vidal es tan válida como la de cualquier otro, si no le gusta, pues no lea a este Sr. y aquí paz y después gloria, pero no la califique de hipótesis conspiranoica y así no tendrá que despreciar lo que ignora.

    Sinceramente soy incapaz de seguirla y de terminar su intervención, no se si será el calor o lo extensivo de su opinión que hace sobre el particular o ambas cosas.
    Ud. quiere ir a Morón de la Frontera pasando por Santillana del Mar y eso es sumamente agotador, por lo que no pienso replicar su post.
    Estoy acostumbrado a sus eternas y a veces vagas exposiciones pero esta noche no puedorrrrr.
    Felices Sueños con un ventilador directo y un fli fli con agua pulverizada.

    PD. ¡¡¡¡si es que lo tiene todo Sra. Loli, sabe hasta latin!!!

    1. Loli dice:

      Ud. me pidió aclaración a un comentario…

      Comentario realizado por mí y que tenía por base el tema del artículo publicado.

      Si Ud. ya sabía del perfil de mis exposiciones, y teniendo en cuenta que, a raíz de lo reflejado en su escrito, no está dispuesto a leerlas, pues ya de antemano le resultan vagas y tediosas, entonces, lo que no entiendo, es por qué me invita a ello.

      Conozco mis problemas de exposición, mucho más cuando trato de incluir una mirada que incluya la emotividad que rodea cualquier tema, y que, para mí, sobresale sobre cualquier dialéctica, fría, racional….y a veces impía, máxime en un tema de tanta sensibilidad como el que traía a colación el artículo de D. Manuel.

      Y es algo que ni puedo ni quiero evitar.

      Dicho esto, entiendo que la única finalidad de esa invitación a que explicara el último comentario al suyo, era el de una crítica puramente personal, sin ningún interés por el tema tratado.

      En ese caso, creo que mejor hubiera hecho en aplicarse el consejo de refrescarse en una noche de calorina, a Ud. mismo, y ahorrarse la burla personal.

      PD. No, Sr. Ligur, no sé latín, más allá de lo estudiado en el antiguo bachillerato, creo que de la reseña que hice, no se puede deducir jactancia de ello, y tampoco escondo lo comentarios que hago bajo ningún pseudónimo.

      Otros, como Ud., no pueden decir lo mismo.

      Y cuando ese anonimato se mantiene para aprovecharlo en un ataque puramente personal….tiene un calificativo.

      Buenas y trópicas madrugadas.

  11. EB dice:

    Manuel, leyendo lo que está ocurriendo en este mismo momento en la frontera de EEUU y en el Mediterráneo, ojalá tenga la valentía de irse a Africa u otra parte donde pueda ayudar. Los que quieren ayudar pues que vayan a Africa o a Centroamérica donde tanta ayuda se necesita. Así lo hicieron muchos que quisieron aunque sus esfuerzos no fueron suficientes. Pídale a Jorge Bergoglio que vaya con usted y recuérdele lo que hicieron los cristianos auténticos.

    Si va a Africa o Centroamérica recuerde que tiene dos opciones para ayudar. La primera es involucrándose directamente con la gente del lugar en sus tareas diarias, obedeciendo a la autoridad aunque la aborrezca. Los progresistas podridos lo acusarán de cómplice de la autoridad pero será un misionero auténtico. La segunda es trabajar con la resistencia a la autoridad para que «las cosas cambien», algo que esos progresistas podridos puedan aplaudir desde lejos, pero al mismo tiempo algo que puede exigirle un sacrificio personal enorme. En todo caso, le recomiendo no asociarse a alguna de las varias ONGs controladas por progresistas podridos.

    Si decide quedarse en España y seguir predicando, entonces tendrá que elegir tribuna –si está con los progresistas podridos, o está contra ellos. Sí, la división la crean esos progresistas –atrincherados en cuevas de ratas como El País– porque hoy les conviene llenar España (y el resto de Europa y EEUU) de refugiados para engrosar sus filas. La lógica de un mundo de estados-nación no permite «fronteras abiertas» pero si controles razonables de las migraciones, y además no excluye la posibilidad de intervenir en estados-nación con gobiernos depredadores para contener su acción depredadora. Pero no se sorprenda por el fracaso de su prédica, cualquiera sea el bando que elija.

    Por supuesto, siempre puede quedarse en España y no predicar. Esta es la opción de más del 99% de los españoles, gente razonable que sabe sus limitaciones y da gracias por la suerte de que las atrocidades que todavía suceden en otras partes ya no suceden en España. Pero a diferencia de esa gran mayoría usted puede unirse a algún grupo para desarrollar propuestas razonables sobre una nueva política migratoria de España –no es un trabajo para virtuosos, pero sí para viejos inteligentes y prudentes.

  12. EB dice:

    Manuel, le recomiendo leer la primera parte de este artículo largo publicado ayer

    http://nymag.com/intelligencer/2019/06/andrew-sullivan-democrats-are-in-a-bubble-on-immigration.html

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