Haka 2006

Hace poco más de 50 años Charles de Gaulle comentó a sus íntimos cuando planificaba su respuesta ante los acontecimientos de mayo del 68 que el secreto era aguantar hasta julio, que ninguna revolución tendría lugar en Francia mientras estuviera disputándose el Tour.

El movimiento se evaporó antes, pero lo cierto es que, durante el estío, al menos cuando no se está corriendo el Tour de Francia, pasan cosas: empezó la Revolución Francesa, acabó la Segunda Guerra Mundial (rendición de Japón) y el hombre pisó a la Luna (lo siento Casillas, pero no hay duda. Llegó) …de hecho, casi todo lo que pasó en el mundo antiguo tenía lugar en verano: ¿no esperarás que a nadie le dé por invadir nada con frio?

A la espera de lo que pase este verano, algunos temas seguirán esperándonos:

El valor

Elegir a los cobardes

Banderas y antorchas

 

Un comentario

Una respuesta para “Seguirán ahí después del verano”

  1. loli dice:

    En 1959, El presidente norteamericano llegó a España, junto con su esposa, dando el espaldarazo al Gobierno de la dictadura de Franco.

    La Guerra Fría se impuso, “las democracias occidentales” parece que con grandes tragaderas, aceptaron sin “empacho” cobijar bajo la categoría de “aliado”, a un régimen que pocos años antes rendía, también sin empacho, su pleitesía y admiración por el Gobierno y la figura de Hitler.

    Un dato curioso, al parecer, en el descabellado intento de una invasión por los Pirineos de lo que hubiese supuesto un ejército republicano “reconstituido”, a través de combatientes y exiliados que habían combatido (y muchas veces de forma destacada y hasta determinante) en la Europa que combatía contra los nazis, parece que no estaba al margen el propio gobierno estadounidense…el cual, claro está, y bajo las leyes no públicas del espionaje internacional, nunca lo admitió.

    Ese mismo gobierno cuyo presidente besaba la mano de la mujer del dictador y reía y bebía en la recepción ofrecida por la dictadura al portador de la “operación Marshall”, había hecho oídos sordos al llamamiento para salvar la vida de una serie de personas que, confiadas en su respaldo y también, en el del Partido Comunista Español en el exilio, se habían aventurado a una acción imposible, y se habían encontrado con que los instigadores no solo les dieron la espalda, sino que ni siquiera tuvieron en cuenta sus peticiones de ayuda para huir de las cárceles donde se les torturó y finalmente ejecutó.

    Unas ciento sesenta personas han sido devueltas a Marruecos, la mayoría subsaharianos, y por lo tanto expuestos de manera casi segura a la total falta de garantías en cuanto a su seguridad y destino, acción sin precedentes, en Melilla, y todo ello por el mismo Gobierno que hace unos meses quiso hacer un gesto de solidaridad con los náufragos recogido por el buque “Aquarius”, que estaba empezando a ser un grave problema para Italia, que aunque no les dejara desembarcar, no podía dejar de atenderlos, y también una pesada carga emocional para los habitantes europeos, que, afortunadamente, vimos libres nuestras conciencias al desaparecer, nada más desembarcar, la vida de estas gentes de nuestros “ojos televisivos”.

    Charles de Gaulle parecía confiar más en la potente distracción (y por otro lado en la fuerte vocación “chovinista” del francés ante su acontecimiento deportivo “estrella”), que en la posibilidad de que las nuevas ideas que estaban gestándose y acariciando caminos sin explorar, en posibles múltiples direcciones y que parecían querer abrirse paso en el neocórtex de toda una generación.

    Finalmente parece que la intuición de Gaulle se cumplió.

    Y es que, desgraciadamente, cada vez es más fácil acertar en algunas previsiones.

    El valor de abordar perspectivas complejas por parte dirigentes y gobernantes, parece adquirir una probabilidad menor.

    En razón, quizás, de que la aparición de ese valor, en los gobernados, parece alejarse de forma proporcional a la percepción de riesgo, del peligro que ante un horizonte de una mayor profundidad y diversidad de pensamiento, se ponga a la “certidumbre”.

    Y ante la “incertidumbre”…. elegimos lo que creemos que nos da seguridad….y preferimos tener asegurado nuestro “Tour”, retorno estival….pensando que esto nunca cambiará.

    Mientras, otras gentes que no tienen ya ni donde volver la mirada, y si alguna vez había podido soñar en que en sus tierras empezaban a acelerar sus perspectivas de avance, políticas fuera de su alcance, les arrojó a guerras insospechadas, o a hambrunas irracionales por evitar y prohibir su nomadismo ancestral.

    La certidumbre, madre de criterio y protocolos, enemiga del valor, probablemente, cómplice de planes veraniegos y de derechos adquiridos e irrenunciables.

    La certidumbre que puede volvernos locos y agresivos cuando la realidad hace su aparición, y hemos aceptado que nos eduquen para pensar que si eso sucede, la culpa de…otros.

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