¿SOMOS LIBRES DE DECIDIR EN NUESTRAS DEMOCRACIAS?

libertad

Desde que, en 1776, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos estableciera la libertad y la igualdad como principios rectores de su ordenamiento constitucional y, unos años después, en 1789, la Revolución francesa recogiese esos dos principios, junto con el de la fraternidad, en su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el concepto de libertad se ha erigido en una de las piedras angulares de nuestras democracias. Sin embargo, se trata de un concepto con muchos matices y que depende en su práctica de muchos factores.

Aunque hay varias definiciones, me quedo con la que se refiere a la facultad que tiene el individuo para elegir de manera responsable su propia forma de actuar. Pero, para esa elección responsable, hay que tener la capacidad de evaluar las consecuencias de los actos. Tener capacidad de elección y de decisión sobre nuestros propios actos implica que seremos tanto más libres cuantos menos condicionantes restrinjan esa capacidad. Y para poder evaluar las consecuencias de esos actos hemos de tener el conocimiento necesario que nos lo permita. Por tanto, una política realmente decidida a aumentar nuestra libertad debería reducir esos condicionantes y aumentar ese conocimiento.        

Por ejemplo, la libertad de pensamiento. Como principio general, estamos de acuerdo en que debe ser protegida, sin embargo es obvio que está siendo limitada por multitud de factores. Uno de los más señalados es la carencia de formación debida a la falta de recursos económicos. Si un chico quiere estudiar y su familia no puede pagárselo, las restricciones al crecimiento intelectual que le brindaría esa formación académica estarían mermando su libertad. Pero no solo habría que actuar para que pudiera desarrollar las habilidades y conocimientos que le servirán para su futuro laboral o su bienestar económico, sino que también habría que hacerlo con todos los demás talentos que tiene; eliminando o reduciendo aquellos factores que impiden ese desarrollo.

Desde este punto de vista, es evidente que la acción política debería promover un modelo educativo que evitase el adoctrinamiento. Pero no solo el que postulan ciertas minorías sino también el que aplauden las mayorías. Debería evitarse, entonces, la enseñanza de las concepciones dominantes en cada época como si fueran verdades inmutables. Y esto no solo se refiere a las materias que más debate político suscitan, como religión, ciudadanía o historia, sino también a las restantes. 

En realidad, todo aquello que promueve un cierto alineamiento en nuestras ideas y forma de pensar está coartando nuestra libertad. En este paquete podemos incluir, sin duda, la costumbre de los políticos de manipular la opinión ciudadana en su provecho. También la actuación de los medios de comunicación, con su tendencia a mostrarnos solo unas determinadas caras de la realidad y unas formas de interpretarla. Y también a los colectivos profesionales que, por ejemplo, en diversos ámbitos de la ciencia insisten en contarnos ciertas teorías o explicaciones como si fueran verdaderas cuando ellos mismos saben que solo son las mejores de que disponen en ese momento, pero que probablemente se verán modificadas sustancialmente al cabo del tiempo.

Incluso habrá que reconocer que, con la mejor de las intenciones, nuestro propio entorno social y familiar contribuye a restringir nuestra libertad de pensamiento y de decisión. En definitiva, la formación en unos determinados valores éticos, o morales, lo que pretende es moldear nuestras ideas y nuestra conducta en una determinada dirección. Lo cual nos llevaría a preguntarnos qué parte de los condicionantes éticos que inculcamos en el proceso educativo de los pequeños responde a unos principios universales y no cuestionables (por ejemplo, no matar) y, en cambio, qué otra parte refleja los clichés o estereotipos propios de la mentalidad de la época en la que vivimos y que, por tanto, son perfectamente cuestionables. Es evidente que los condicionantes de este segundo tipo también estarían limitando indebidamente su libertad, por mucho que el grueso de la sociedad (y desde luego sus padres) estuvieran convencidos de su validez.

Pero no solo se nos condiciona en nuestras opiniones manipulando las ideas y las informaciones que nos llegan, también se logra ese efecto, aunque de otra forma, actuando sobre nuestras emociones y nuestros miedos. No hay campaña electoral que se prive de este recurso. Los ejemplos abundan en la política, pero también en los medios de comunicación, en la industria publicitaria, en la educación familiar y en tantos otros ámbitos de nuestra vida social. Es obvio que así se merma muy eficazmente nuestra libertad, aunque sobre ello no se diga nada en el debate político.

Todo lo señalado hasta aquí, son condicionantes a nuestra libertad que tienen en común que sus causas son claramente externas al individuo, porque le vienen impuestas desde fuera. Pero a eso hay que añadir aquellos otros cuyas causas se sitúan en lo que podríamos llamar los condicionantes propios de cada persona: su carácter, su genética, su fisiología, su memoria… Algunos de ellos pueden ser identificados y solucionados, otros solo identificados, otros apenas pueden ser intuidos y otros probablemente ni eso.

Por ejemplo, quien sea propenso a obsesionarse con lo que le sucede en la vida tendrá más limitaciones para razonar libremente. Sencillamente porque sus propias obsesiones le harán tender a valorar las situaciones de una determinada manera. O, por ejemplo, quien sea más sensible a ciertos miedos, porque vivirá más a la defensiva y tenderá a ver amenazas o riesgos donde quizás no los haya. Naturalmente estas personas serán más vulnerables a las manipulaciones externas que pretendan generar sensaciones de fragilidad, temor o indefensión en la gente. En estos casos, la acción política no podría resolver todo el problema, pero sí podría contribuir mucho a suavizarlo mediante una educación distinta y mediante un tipo de mensajes políticos más respetuosos y menos manipuladores.

Sin embargo, hay limitaciones que son inherentes al estado actual de la especie humana. Por ejemplo, si nuestra capacidad para captar la realidad está restringida por el reducido rango de percepción de nuestros sentidos y, por tanto, solo vemos u oímos una mínima porción de lo que existe, es evidente, entonces, que nuestro conocimiento y comprensión de la realidad será también muy reducido y, por tanto, lo será nuestra capacidad para evaluar las consecuencias de nuestros actos y para ejercer nuestra libertad de forma responsable. Es como si, desde la oscuridad de un pozo quisiéramos comprender y actuar sobre lo que sucede en el mundo exterior. Podremos creer lo que queramos, pero lo cierto es que nuestra libertad de opinión y decisión está limitada por nuestra propia ignorancia.

No creo que haga falta seguir mostrando más aspectos que condicionan nuestra libertad, que los hay, para tomar conciencia de la cantidad y complejidad de los factores causantes de ello. De lo que se deriva que, aunque se quisiera, la acción política y social no podría incidir sobre todos ellos. Pero sí podría incidir mucho más de lo que lo está haciendo y sobre muchos más aspectos de los que se dicen.

Por eso, cuando hablamos de la democracia y de que hay que respetar las decisiones que han votado los ciudadanos, alegando que las han tomado libremente, hay que ser conscientes de que esa libertad es muy reducida, nos digan lo que nos digan a este respecto los políticos y creadores de opinión. No, no es cierto que seamos libres cuando decidimos nuestro voto o elaboramos nuestras opiniones políticas. Es más, vivimos en un entorno político donde se nos está queriendo manipular permanentemente. Desgraciadamente, la política se ha convertido, no en la actividad dirigida a garantizar la libertad individual y colectiva, sino más bien en lo contrario, en un ejercicio que conduce al vaciamiento de esa libertad, mediante la manipulación de las ideas y los procesos de formación, el falseamiento de la información, la instrumentalización y agudización de nuestros miedos y pasiones, etc. Otra cosa es que seamos más o menos conscientes de ello.

Sin embargo, sí disponemos en nuestras democracias de medios para hacer que, progresivamente, las cosas funcionen de otro modo e ir ampliando nuestros grados de libertad. A estas alturas habrá poca gente que se crea que esos cambios vayan a venir impulsados desde las estructuras que ejercen el poder político, social, cultural, educativo y, en definitiva, ideológico. Es mucho más probable, aunque no sea fácil, que esos cambios, si se dieran, vinieran promovidos desde abajo, desde la propia ciudadanía. Para ello, la primera condición es ser consciente de la situación y de que nosotros somos, a la vez que sus víctimas, sus cómplices. La segunda condición es estar dispuestos a trabajar en esa transformación, tanto a nivel colectivo como personal. Esto es lo que haría evolucionar el sistema político actual hacia una verdadera democracia.  

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Sobre Manuel Bautista Pérez

Ingeniero Aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid. En la Administración Pública ha sido Director General de Aviación Civil (2004-2009), Director General del Instituto Nacional de Meteorología (actual Agencia Estatal de Meteorología) (1986-1996) y Asesor del Ministro de Transportes, entre otros puestos. En el sector privado ha trabajado en el Grupo Anaya, como Director General de la División de empresas multimedia, y en la empresa Multimedia Resources como Director General. En el ámbito internacional ha sido Vicepresidente de la Organización Meteorológica Mundial, miembro del consejo de administración de organismos como el IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático), Eumetsat, Eurocontrol, etc., y ha trabajado para varios Gobiernos de América Latina como consultor del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, en temas de desarrollo estratégico.

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28 Respuestas a ¿SOMOS LIBRES DE DECIDIR EN NUESTRAS DEMOCRACIAS?

  1. Manu Oquendo 23 noviembre, 2016 at 14:43 #

    Antes de pasar a comentar el jugoso artículo de D. Manuel Bautista siento la necesidad primaria de decir que, antes de nada, las ciudadanías democráticas deben recuperar algo perdido en muy gran medida: Dignidad Moral.

    Es imprescindible para luego exigirla a las Instituciones.

    Todos hemos sentido hoy un aldabonazo moral con la muerte de Rita Barberá de un infarto en su hotel de Madrid.

    No es la primera víctima mortal del acoso y del odio profesionalmente excitado y financiado.

    Estas muertes lamentables que son causa de vergüenza colectiva ponen en cuestión muchas “instituciones” de nuestro sistema legal como, por ejemplo, la Acusación Popular ejercida por agentes políticos y sus factores. Por ejemplo, la Presunción de Inocencia. Por ejemplo, la Proporcionalidad.

    Si un sistema deja de ser Moral se termina destruyendo a sí mismo.

    Descansen en paz.

    • pasmao 23 noviembre, 2016 at 17:32 #

      Apreciado Don Manuel

      Para mi resulta terrible tener la convicción de que muchos de quienes se llevan hoy las manos a la cabeza pasado mañana estarán como si no hubiera pasado nado con quienes se han ausentado en el Congreso.

      Esa pantomima es insoportable.

      Para que haya acabado Rita así era necesario que existiera un medio ambiente de podredumbre moral que lo hicera posible.

      Y lo peor es que para de eximirse de la responsabilidad de semejante asco, lo que pretenden es extender esa basura lo mas posible, para que su mal olor quede difuminado.

      un cordial saludo

  2. Manu Oquendo 23 noviembre, 2016 at 23:40 #

    El libro IV de “La Democracia en América” de Alexis de Tocqueville se ha publicado como separata en Francia bajo el título del Despotismo Democrático.

    Es el más interesante de los 4 libros de dicha obra porque proyecta asombrosamente bien cómo evolucionaría el sistema creado por la Revolución americana y la francesa. Ambas muy diferentes.

    Creo que este libro de 60 páginas (las últimas del tomo 2 de la versión española de La Democracia en América) es de lectura obligada para mejor responder la pregunta que hace Manuel Bautista. Una pregunta importante.

    Por otra parte tenemos el concepto de Libertad que no es tan fácil de definir y está sometido a disputas.

    Tras darle unas cuantas vueltas yo la defino como “la posibilidad de elegir entre A, B, C, etc. en ausencia de coacción”. Es la conocida como libertad negativa (no coacción).

    Tradicionalmente se ha establecido otra forma de libertad: la libertad de obligar a otros. Esta se conoce como libertad positiva (legal) y es la que permite al Estado el uso de la ley y la coacción para forzarnos a alguna conducta.

    Por lo tanto hay objetivamente una confrontación entre ambas. La libertad del Estado prima sobre la de los Súbditos (coacción) y estos han de plegarse. Esto anuncia ominosamente que “ceteris paribus” a más Estado menos libertad Privada.

    Desde esta perspectiva la acción del Estado es, en general, limitativa de la libertad verdadera. La libertad de elegir.

    Es claro que la libertad de uno no debe ser tanta que permita hacer daño a terceros y aquí tenemos un límite natural a la libertad ciudadana o individual que todos aceptamos por equitativa y equidistante.

    En algún lugar de esta reflexión hay que dejar espacio para un argumento importante.
    ¿Es libre el individuo que no tiene los medios para llevar a cabo lo que elige?

    Por ejemplo: ¿Es libre para elegir una persona sin medios para cuidar su salud maltrecha? ¿Es libre para elegir una persona hambrienta? ¿Es libre de ir a la universidad alguien que no dispone de medios económicos para ello?

    Parece que los grados de libertad de estas personas están afectados por sus medios económicos y que otra persona con dichos medios es….más libre. Una quiebra del principio de igualdad al menos en su forma más demagógica.

    Este argumento –que algunos cuestionan como falaz– tiene bastante sentido.

    La falacia se expone así.

    Una persona que, con medios económicos iguales, no se ha esforzado o no ha podido adquirir ciertos conocimientos ¿tiene el mismo grado de libertad que otra que no solo ha trabajado para adquirirlos sino que se ha esforzado en discernir qué opción conviene más elegir?

    O este otro: una persona fea y otra atractiva ¿tienen el mismo grado de libertad de elegir pareja?

    Es decir, el argumento socialdemócrata debe ser defendido moralmente cuando realmente procede porque desde otra perspectiva es un tanto demagógico y sofista.

    Las personas de una colectividad deben tener acceso a bienes públicos (salud, educación, alimento) por una cuestión de moral constituyente de la comunidad.

    Pero “ojo al Cristo que es de plata”: Del mismo modo que los miembros de dicha comunidad deben estar sujetos a responsabilidades personales para la producción de los bienes públicos. Sin excepción y con trabajo voluntario si se carece de medios. (Más viejo que Tomás Moro)

    Por no hacer esto demasiado largo cierro apuntado dos observaciones.

    El Estado representaba en tiempos de Keynes en torno al 12/14% de la Economía. Hoy sobrepasa el 50% solo con su fiscalidad Explícita. Si incluimos su gasto financiado por deuda más la fiscalidad Oculta y la Implícita sobrepasa el 60% de la fiscalidad a la que está sometido el contribuyente promedio.

    Esto, como saben perfectamente los mayores porque lo han vivido, significa que la Libertad Personal se ha reducido, grosso modo, como mínimo en la medida en la que el Estado ha aumentado su dimensión.

    El estado se manifiesta a través de Leyes, Normas y Coacción que incrementan la Dependencia y el Sometimiento personal.

    Es evidente que solo por este hecho la libertad se ha reducido dramáticamente.

    Pero de esto ya nos avisó Tocqueville hace 176 años.

    Hay más –por ejemplo la explosión de medios tecnológicos de control social que está llamada a reventar a medida que la sociedad madure y lo vaya pillando– pero dejo aquí estos apuntes para, de momento, acotar este asunto tan importante.

    Saludos cordiales

  3. pasmao 24 noviembre, 2016 at 12:08 #

    Excelente post de Don Manuel

    Una triste pregunta que hay que hacerse es si queremos realmente ser libres para decidir o no.

    Las decisiones se toman individualmente. Valga la redundancia, pero por desgracia es necesario vistos los tiempos que corren hacer esa puntualización.

    Al respecto conviene recordar el tema del voto secreto o a mano alzada. Y sus consecuencias.

    En teoría el voto es secreto, pero las presiones para que cada vez lo sea menos son cada vez mayores.

    La renuncia a nuestra privacidad en aras de la masa, el cómo mandan las redes sociales que a saber cómo y en función de que se organizan es terrible. Y entre las personas mas jóvenes aún mas.

    Se renuncia a la libertad de decidir, ligada a una responsabilidad (por lo menos moral), para aceptar una lismona social ligada a una renuncia de la privacidad para poder ¿decidir? en manada (sólo en 4 asuntos profundamente emocionales y nada relevantes en la práctica) y ciscarse en lo que sea menester.

    Es decir, que se produce una sinergia maldita entre el poder del estado y la renuncia a la libertad individual “delegandola” en decisiones colectivas que restringen de manera cada vez mas orweliana o happy world nuestra libertad.

    Se puede ser libre si no hay privaciadad y esta es cada vez menor.

    Y no son sólo las redes sociales per se. La decisión por ejemplo de acabar con el dinero en metálico es algo que tampoco se ha analizado suficientemente. Y que no me vengan con el cuento de que es por el tema de los impuestos que se escaquean.

    Al fin y a la postre las decisiones de compra y la privacidad asociada a ellas forman también parte de nuestra libertad de elección.

    un cordial saludo

  4. O,farrill 25 noviembre, 2016 at 18:17 #

    La pregunta planteada es muy simple pero vemos que, la posible respuesta, es demasiado compleja y, cuando esto ocurre, es porque posiblemente no se pueda responder de forma que convenza.
    En ella hay dos cuestiones importantes: capacidad de decidir (sinónimo de libertad) con su correspondiente responsabilidad por ello; por otra: “en nuestras democracias” parece referirse a una forma peculiar de “democracia”, lo que es muy cierto.
    Para intentar entenderlo debemos partir de la enorme diversidad social existente en lo que es la “soberanía popular”, la democracia sin “peculiaridades” y sin adjetivos o intereses que la distorsionen.
    Como muy bien apunta el autor, son muchas las circunstancias que existen a la hora de “decidir” y, por ello, quizás debemos entender que, con todas sus posibles imperfecciones, la democracia directa sería la más ajustada a su sentido original. Algo que no es imposible pero que, en la práctica, resulta difícil pues siempre habrá formas y medios de influir, adulterar o claramente manipular las decisiones. Lo estamos viendo con formaciones como “Podemos”, las tan nombradas “primarias” en el seno de los partidos o en la interpretación sesgada de las normas. Sólo la existencia de un mandato imperativo directo, concreto y puntual en la representación política, con posibilidad de revocación inmediata, podría acercarse a ese ideal democrático. Algo muy lejos de la realidad en “nuestras democracias” por muy avanzadas que se consideren.
    Otra cuestión importante es la capacidad o conocimiento o preparación de cada uno de nosotros para establecer tal mandato imperativo en nuestro nombre. Cada uno somos diferentes y no tenemos un patrón predeterminado en nuestras acciones. Eso supone lo impredecible de nuestras conductas y la dificultad de la respuesta social a las mismas. En estos momentos, aprovechando tal circunstancia, quedamos a merced de lo que “los políticos” decidan por nosotros. Es el precio de nuestra comodidad o de nuestra resignación: nuestra cesión de libertad para decidir en quienes nos administran, aunque seamos conscientes de que no lo hagan con la ética o la honestidad o la preparación necesarias para la gestión de lo ajeno.
    Concluyo con algo muy obvio dando la razón al comentario de Manu Oquendo: cuanto más declinemos nuestra responsabilidad, mayor será el poder coercitivo sobre nosotros y nos lo habremos ganado a pulso. Ya estamos en ello.
    Un cordial saludo.

  5. EB 26 noviembre, 2016 at 11:09 #

    Cualquiera sea el sistema de gobierno, ser libre significa elegir tomando en cuenta los muchos factores que escapan o parecen escapar a nuestro control. Si ignoramos esos factores, la probabilidad de que nos equivoquemos es alta. Y por eso nos preocupamos que nuestros hijos y nietos aprendan a tomar buenas decisiones, incluyendo el reconocimiento de esos factores y sus consecuencias. Y por supuesto, por más que lo intentemos, nunca nuestros conocimientos de esos factores serán suficientes para tener certezas sobre las consecuencias de nuestras decisiones y por eso asumir la responsabilidad por las consecuencias —esa que nos puede y debiera disuadir de tomar riesgos torpemente— es esencial a la libertad.

    Muchos factores que condicionan nuestra libertad, comenzando por la certeza de la muerte que nos recuerda el “poco” tiempo que tenemos para disfrutar nuestra vida o sea nuestra libertad. La naturaleza impone límites a nuestra libertad, pero los desafiamos e intentamos que por lo menos sus consecuencias sean menos severas. La evolución de la naturaleza humana está marcada por nuestras “adaptaciones”, es decir, por nuestros esfuerzos para mitigar las restricciones naturales a nuestra libertad, comenzando precisamente por el desafío a la muerte (si no podemos postergarla, intentamos mitigarla con la esperanza de la resurrección o de un paraíso celestial). Hoy miles de millones de humanos somos más libres que antes porque hemos tenido éxitos importantes en controlar factores naturales que por muchos siglos limitaron nuestra libertad.

    La libertad individual de cada uno de nosotros está limitada también por la presencia de otros con igual “derecho” a ser libres. La coexistencia plantea desafíos para acomodar a todos aunque el espacio y la distancia han sido una barrera natural para ayudarnos a mantener a muchos otros lejos, lo suficiente para ignorarlos. Hoy somos muchos, muchísimos, y para peor esa barrera natural cada día es menos efectiva. El camino nos ha tomado muchos siglos pero hemos ido aprendiendo a convivir en la multitud: las normas que alguna vez fueron eficaces sólo a nivel de familia o tribu se han ido transformando en códigos morales y jurídicos para hacer posible esa convivencia. No son perfectas, y mucho todavía puede hacerse para perfeccionarlas, pero no ha sido ni será fácil porque nuestro lado oscuro nos invita a sacar provecho de las normas observadas por otros. Si no es por maldad, es por oportunismo, y por lo tanto la probabilidad de que las normas no sean cumplidas por algunos sigue preocupando. Miles de años atrás reconocimos la conveniencia primero de algún cacique que hiciera cumplir las normas de la tribu y la protegiera de otras que querían someternos a sus reglas pero discriminando en contra de los sometidos, y luego de alguna forma de gobierno, pero pronto aprendimos que nadie podía protegernos contra el poder ilimitado del gobernante.

    La democracia constitucional ha sido un gran paso adelante en intentar devolver la soberanía a los electores y poner algunos límites al poder del gobernante. Sus instituciones, sin embargo, siguen siendo deficientes y frágiles porque siempre ha habido y habrá grupos que intentarán apropiarse del poder legítimo del gobierno y no precisamente para ejercerlo bien sino para abusar de él en beneficio personal de los miembros del grupo. Hoy, en todas las democracias constitucionales, esos grupos siguen vivos, algunos dormidos, otros despiertos, y a estos últimos cuesta enfrentarlos porque se disfrazan de demócratas respetuosos del estado de derecho. No, el problema no está en la democracia constitucional, por más que puede perfeccionarse y mucho, sino en nuestro lado oscuro, ese que muchos no quieren reconocer y enfrentar. Hoy, aprovechando vacíos de poder generados por la crisis económica, los matones han vuelto a salir a la calle para acosar y amenazar a quienes los enfrenten, pero entonces nos damos cuenta de cuántos hipócritas había entre nosotros porque no dudan en sacar provecho de los pocos matones para sus ambiciones de poder. Muchas batallas y guerras se han dado contra los colectivistas —aquellos que niegan la libertad individual porque es un obstáculo a sus pretensiones de dominio— y todo indica que habrá nuevas batallas y guerras porque el premio que los colectivistas buscan es grande y están dispuestos a pagar un precio alto por conseguirlo (mucho más si ese precio lo pagan otros).

    Hoy tenemos evidencia clara de que el problema no está en la democracia constitucional sino en la naturaleza humana. En la medida en que aceptamos la necesidad de gobierno como un mal necesario o peor la conveniencia del gobierno como medio eficaz para algunas acciones colectivas, aceptamos que unos pocos tengan poder legítimo para ejercer coacción sobre el resto y bien sabemos la imposibilidad de controlar eficazmente el ejercicio de ese poder. Sí, muchos quieren engañarnos con promesas de ser “buenos” gobernantes, pero no hay uno solo que califique como tal. Peor, ese poder del gobierno es un premio muy grande, grandísimo, para los pocos que lo logran, y no debe extrañar que la competencia por lograrlo sea sucia, muy sucia, porque no hay sistema alguno que puede hacer cumplir “las reglas del juego”. Sí, las reglas de la democracia constitucional son difíciles de hacer cumplir y los electores —con todas las deficiencias de su naturaleza humana para conocer todo lo que algunos “románticos” lamentan que no conozcan— tienen que tomar decisiones en condiciones casi absurdas, como recién se ha vuelto a probar en la elección de EEUU. Sí, mucho se puede mejorar, pero siempre se estará lejos de los sueños de los “románticos” y habrá que seguir soportando a farsantes que compiten por el poder movilizando ejércitos de cómplices tan podridos como ellos, algo que tan bien se ha visto en la elección de EEUU (sí, El País no informó sobre la crítica interna del NYT respecto a su propia podredumbre, ni tampoco sobre lo que está ocurriendo al interior de CNN).

    Hoy, sábado 26, amanecemos con la noticia de la muerte de Fidel. Y entonces celebramos la suerte de vivir en una democracia constitucional —sí, con todas sus deficiencias— y no en la podredumbre cubana que construyó Fidel y que sus cómplices hipócritas en las democracias constitucionales hoy celebran en sus obituarios.

  6. Manu Oquendo 26 noviembre, 2016 at 12:06 #

    Un inciso. Un breve descenso a la pradera y lo cotidiano. Un baño de nuestro esperpento de cada día.

    Un ejemplo concreto de ejercicio de la Libertad de Prohibir y Coaccionar.

    Esta Libertad exclusiva del Poder es el gran factor limitador de la Libertad Real de los Ciudadanos.

    Noticia que veo al bajar a por un café en la portada de La Vanguardia del jueves 24. Lo de Rita Barberá viene también en portada pero mucho menos destacado y en un tipo de letra menor de la mitad de la del titular.

    En Portada: “Hacienda bajará el límite para los pagos en efectivo”. De 2,500 euros a 1,250.

    Es decir, podemos tratar de evadirnos de la realidad de mil maneras. Por ejemplo y sobre este tema leyendo a sesudos autores, politólogos, filósofos y demás.

    Pero al bajar a la cocina la realidad te despierta.

    ¿Libertad?

    Esta forma de Estado es una máquina de laminar libertades. Hace tiempo que su dinero dejó de serlo, hace tiempo que te obligaron a abrir cuentas bancarias (obligatorias) hace tiempo que no pasas de un instrumento a su servicio. Instrumento mayoritariamente Recaudador, por cierto.

    No solo fracasa en la generación de oportunidades económicas y produce Empobrecimiento y Endeudamiento masivo sino que en su ansia enfermiza de Control entra en Círculo Vicioso Auto Destructivo.

    Las únicas libertades que he visto crecer desde los años ochenta son las sexuales de minorías y el consumo privado de droga. El resto han decrecido todas. Cada día hay una avalancha de nuevas restricciones.

    Es decir, no hace falta leer a grandes autores –muchos de ellos parte de la red clientelar del Despotismo “democrático representativo”–. Basta bajar a por un café y ojear la prensa reciente.

    Basta comparar cada día con el anterior para ver que este sistema es un motor de Control Despótico y Paranoico en Metástasis.

    El resultado es un número creciente de ciudadanos que, literalmente prefieren que “esto reviente de una vez y se pueda respirar”.

    Dicho lo cual seguiré tratando de no ver lo que de verdad sucede.

    Saludos

    • EB 26 noviembre, 2016 at 21:01 #

      Hola Manu,

      Hola Manu. Hoy las grandes dificultades financieras que enfrentan casi todos los gobiernos llevan a que se recurra a todo tipo de intervención para recaudar ingresos adicionales. Y además muchos gobiernos siguen intentando imponer “sus preferencias” a las preferencias individuales de sus residentes y para eso se recurre a todo tipo de regulación. El discurso de quienes alegan que en respuesta a la crisis los gobiernos gasta menos y regulan menos es falso.

      España no es excepción y lo único positivo que puede decirse del gobierno de Rajoy es que bajo cualquier otra alternativa se habría gastado más y regulado más en comparación con lo observado desde fines de 2011 hasta hoy. Peor, de ahora en adelante Rajoy tendrá que hacer algunas concesiones, lo que implicará más gasto y más regulación.

  7. EB 4 diciembre, 2016 at 11:09 #

    Estos últimos días hemos visto cómo en muchos países los políticos y sus cómplices insisten en limitar la libertad de expresión en democracias constitucionales. Siempre parecen tener una buena excusa para hacerlo y siempre parecen tener éxito porque muchos, muchísimos, prefieren no escuchar lo que otros tienen que decir, en particular si los mensajes les recuerdan su complicidad pasiva con esos políticos. Sí, mucho mejor discutir la belleza del paraíso celestial que el ruido de quienes les recuerdan que nunca se ganarán ese paraíso porque sólo existe en los folletos de los farsantes que saben lo fácil que es vender humo a los sumisos.

  8. EB 14 diciembre, 2016 at 9:09 #

    Manuel, espero haya leído este artículo de hoy 14 de diciembre

    http://www.elmundo.es/sociedad/2016/12/14/58502066468aeb23288b4681.html

    que es un horrible collage de ideas, pero destacando las ideas de Raoul Martínez quien acaba de publicar un libro celebrado en The Guardian

    https://www.theguardian.com/books/2016/dec/13/raoul-martinez-writing-creating-freedom-artist

    En este segundo artículo queda bien claro que RM es un vulgar socialista que necesita justificar la toma del poder con cualquier excusa y entonces hay que quitarle legitimidad a la libertad en las democracias constitucionales. Por supuesto, RM y los otros que critican la “poca” y “falsa” libertad en las democracias constitucionales nada dicen de lo que pasa en países donde no hay democracia constitucional, y mucho menos de lo que ha pasado donde sus mentores genocidas han gobernado.

  9. EB 23 agosto, 2017 at 9:50 #

    Los sucesos de los últimos 10 meses, desde que se publicó inicialmente el post, han confirmado lo dicho en mis comentarios sobre la competencia política. No importa los muchos posts y artículos circulados argumentando lo que debería ser pero ignorando lo que es –algo común en los posts de este blog– nuestras vidas siguen siendo más libres que nunca antes, aunque no tan libres como quisiéramos debido a la competencia entre políticos mentirosos e hipócritas sostenidos por ejércitos de cómplices que recurren a esa argumentación acompañándola con anuncios y amenazas apocalípticas si sus deseos no son satisfechos.

  10. Manu Oquendo 23 agosto, 2017 at 12:27 #

    Recordemos que estamos en plena fase de despotismo democrático.

    Una fase predecible en las Democracias representativas –y sin representación real– que predijo Tocqueville en el Libro IV de “La Democracia en América” y publicado en Francia como separata bajo el título “Le despotisme democratique”
    https://www.contrepoints.org/2014/02/14/156510-le-despotisme-democratique.

    Nuestros territorios aquejados de la Patología de lo Identitario son un buen ejemplo de ello. Entre estos territorios los tenemos de Dos Tipos. Físicos y Virtuales. Todos muy reales y todos despóticos.

    Es decir no solo cubren las provincias antes llamadas Bardulia, Caristia y Autrigonia y la Tarraconensis Hispanorum. Cubren ideologías como la de Género, religiones como el Islam, las doctrinas AGW sobre el cambio climático, la obligación legal de venerar en las escuelas los arquetipos de comportamiento homo y LGTBI o la de llamar en las Portadas de los Medios “crisis financiera” al presente que nos aqueja.
    La lista sigue pero basta y sobra con estos ejemplos.

    Aparte de la legislación específica que ya castiga o dificulta con sanciones penales y administrativas la discusión libre de los temas anteriores nos encontramos con cosas tan despóticas que es necesario plantearse ya la defensa ciudadana frente a los Déspotas..

    Me explico.

    1. El asunto que está sobre la mesa son la libertad de expresión, de cátedra, de enseñanza y de opinión. No está sobre la mesa el derecho de minoría alguna al respeto y a la aceptación de sus peculiaridades.

    2. Está sobre la mesa el empeño de ciertos Lobbies y del Poder en obligar a las mayorías sociales a adoptar contra su voluntad arquetipos y estereotipos de comportamiento que no son los propios y a que se les respete al menos tanto como los de las minorías.

    Quien diga otra cosa miente y, por ende, sigue servilmente el manual diseñado por los rectores culturales del sistema. Es decir, gente que nos miente con harta frecuencia pero que domina los manuales de Psicología de Masas y fomenta la emotividad antes que el dato y el raciocinio.

    ¿Qué dice el manual de gestión de la masa ciudadana?

    “No entres al trapo del argumento. Busca el reflejo pavloviano y tilda al discrepante de cualquier fobia hasta que nazca el reflejo Pavloviano. Haz que desaparezca, como sea, cualquier semblanza de discrepancia”

    Es más………….

    Si te dicen que no te pueden obligar a que tu hijo o hija aprenda en el colegio, –como si fuera dogma de fe científica y moral–, que las opciones sexuales son Indiferentes, no pienses en lo que dicen……….dile “fóbico”.

    Si te dicen que, como hemos visto estos días luctuosos, las ayudas sociales a la comunidad musulmana discriminan a las personas de otras culturas y religiones en las mismas condiciones………..no te preguntes por qué…………llámales Islamófobos y aplaude a Colau por crear un Observatorio de la Islamofobia en los medios (100,000 eurazos de los que nos sobran) para que se lo piensen dos veces antes de decir la verdad.

    Callemos al que discrepa con la verdad.

    Si te dicen que hay cincuenta veces más correlación causal entre los Mínimos de Dalton y los ciclos de calentamiento/enfriamiento terrestres, que las tesis AGW oficiales, no te preguntes qué es un Mínimo de Dalton………..llámales “negacionistas”.

    Esta es la técnica. No discutir, trabajar las emociones, reducir la racionalidad. Poner etiquetas.

    No sorprende así que haya calado tan hondo lo de “Crisis Financiera” cuando todos sabemos que no lo es. Que es una crisis de todo el sistema político occidental cogido en el ciclo infernal de sus contradicciones y limitaciones estructurales.
    Por ello……………No nos dejemos influenciar por quienes nos lo dicen aunque de alguna forma sean ilustre legión hace ya décadas. Callemos la boca de gente como Toynbee, Tocqueville y tantos otros. Silencio.

    No se si me he pasado, creo que no. Pero es que hoy regreso a la meseta y dejo la bruma amable del mar Cantábrico desde la que se ve todo más claro.

    Un saludo cordial.

    • pasmao 23 agosto, 2017 at 17:19 #

      En efecto Manu, todo muy medieval.

      Estamos entrando en la Edad Media 2.0, o cómo narices lo quieran llamar.

      Sólo hay que ver la aceptación que tienen series cómo Juego de Tronos, que nos presentan esa Edad Media sin iglesia, o sin religión, donde el poder religioso queda absorvido por el político y el mágico. Con el deseo inconsciente de buscar que nuestro mundo actual acabe degenerando en eso, símplemente por aburrimento.

      Eso si, a cambio de no tener cristianismo opresor nos hemos quedado con lo peor de ese cristinismo, La Inquisición, perfectamente agiornada.

      La Globalización es el mecanismo perfecto para todo ello, diluir la antigua democracia representativa, de las pocas naciones en que funcionó, aunque fuera a medias, en entes despóticos que se alían con otros donde nunca hubo ni un asomo de democracia (india, china) para con una excusa de remedo de “democracia global” dejar la representación del pueblo en manos de esos organismos despóticos tan parecidos a lo que nos dicen que hubo en aquellas épocas.

      Y todo ese inframundo de Leyes de Genero, de mezclas de identidades cuturales a la remanguillé, el cambio climático irrelevante versus la contamición mas que evidente, etc, cómo quien busca el equilibrio de un gintonic perfecto en la noche mas frivola, son el aderezo perfecto para esa nueva religión (mezcalada con el estado) donde se nos negará la tenencia de dinero con el que podamos decidir por nosotros mismos.

      En fin.

      Un cordial saludo

    • Carlos Peiró Ripoll 24 agosto, 2017 at 20:33 #

      Manu,
      Solo un matiz algo más que semántico: de lo que se trata es de establecer estereotipos en el pensamiento que tengan como efecto potenciar el valor más activo de la actualidad, el de exclusión-inclusión, como perversión del juego minorías-mayorías.
      Los arquetipos son otra cosa de mucho más calado, que no admite por definición falsedades, y no digamos sociopatías como las de la realidad presente.

      Lo que vivimos en estos momentos es la degradación de un conjunto de prototipos que han quedado desfasados por la evolución del conjunto.

      Un cordial saludo.

  11. RBCJ 23 agosto, 2017 at 18:34 #

    Habría que decir que en las sociedades desarrolladas libres somos .Es cierto que sólo tomamos decisiones sobre lo que nos preguntan o marcamos preferencias sobre las listas de personas que nos proponen. Lideramos poco y tampoco individualmente llevamos adelante iniciativas .
    ¿Cultura , maduración democrática?…es lo que hay. El tiempo , especialmente si “la calidad de vida se deteriora” acelerará acontecimientos.Mientras que la educación y los educadores “buenos” nos guíen . Estos últimos son pocos …y el sistema tampoco está gestionado ni diseñado para “los mejores”.Ser responsable socialmente y dar prioridad a esos sentimientos no es sencillo.Tampoco nos han educado para ello.
    Saludos

  12. EB 27 agosto, 2017 at 11:05 #

    Hola Manu, algunos puntos sobre su último post.

    1 — Mucho se podría habla sobre Tocqueville y su visión del despotismo democrático, pero hoy es una curiosidad académica. Como lo he dicho antes, las deficiencias y la fragilidad de las instituciones de las democracias constitucionales son notorias, algo que hemos aprendido por las experiencias de 150 años post-Tocqueville. Y aunque esas deficiencias pueden en alguna medida superarse, ninguna institucionalidad será suficientemente fuerte para contener al lado oscuro de la humanidad. Y recordemos que la unidad relevante para la política sigue siendo el estado-nación y que las diferencias en los sistemas de gobierno de los casi 200 países son importantes, incluso entre aquellos que pueden clasificarse como democracias constitucionales. Si no intentamos conocer causas y consecuencias de estas diferencias poco o nada podemos argumentar sobre reformas; y además, no podremos entender el orden político mundial, ese que resulta de las interacciones entre gobiernos de estados-nación.

    2 — Sí, en distintos grados la política de lo “Identatario” parece haberse extendido a muchos países. Si profundizamos su análisis, nos damos cuenta que no es nada nuevo, ni en su versión territorial (algo tan viejo como la humanidad) ni en su versión virtual. En cuanto a la segunda recordemos que la dimensión derecha-izquierda es tan virtual como otras dimensiones basadas en características apuntadas en nuestros documentos de identidad y que el aprovechamiento político de las últimas se basa en la viejísima distinción entre opresores y oprimidos. Cualquiera sea la “historia” de la dimensión derecha-izquierda, hoy tiene significado sólo para quienes insisten en distinguir entre opresores y oprimidos, es decir, para los que se siguen auto-clasificando como izquierdistas o progresistas (o liberales en EEUU) y atribuyendo al resto intenciones perversas de opresión (sí, lo más fácil es acusarlos de “fascistas” aunque los fascistas originales fueron izquierdistas y las versiones más podridas del fascismo hoy las seguimos encontrando entre izquierdistas). No nos dejemos engañar por progresistas que siempre han buscado el poder por cualquier medio y para beneficio personal de sus bandas. Cualquier duda al respecto lea sobre el debate originado estos últimos meses por el ultra-liberal Mark Lilla (profesor Columbia University) y su rechazo de la estrategia “identataria” del Partido Demócrata en EEUU (ver http://marklilla.com ).

    3 — Sí, la libertad de expresión hoy está amenazada, especialmente en EEUU donde décadas atrás muchos reconocían la fuerte protección judicial a ese derecho fundamental (sí, su protección sigue siendo más fuerte que en el resto del mundo). Esta amenaza comenzó años atrás, mucho antes de que Trump anunciara su candidatura. Estos últimos días —a propósito de lo ocurrido en Charlottesville— se han publicado cientos de artículos y posts sobre el tema. Entre tanto ruido uno puede destacar el comunicado de Carol Christ, rectora de la Universidad California – Berkeley, emitido el martes 22 pasado

    http://news.berkeley.edu/2017/08/23/chancellor-christ-free-speech-is-who-we-are/

    pero no se puede olvidar que precisamente fue en esa universidad donde meses atrás se atentó contra la libertad de expresión de los denunciados como “fascistas” por la organización AntiFa que no ha dudado en recurrir a la violencia para silenciar a los “fascistas”. No sorprende que sea en las universidades donde más se debate el tema y donde más se nota la presencia de AntiFa porque hace ya tiempo que han estado vendiendo la idea de “espacios seguros” para que los estudiantes no escuchen a quienes supuestamente tienen la intención de “ofenderlos” con ideas “malas”. Por suerte, en varias universidades donde se cometieron atropellos grotescos contra la libertad de expresión, ya se ha observado una reacción positiva.

    4 — ¿Por qué los izquierdistas ponen tanto esfuerzo en silenciar a sus opositores? En otros tiempos, su primera recurso era la violencia y se justificaban en que la opresión era tan obvia que los opresores no dejaban alternativa a un grupo “revolucionario” pero minoritario dispuesto a liberar a los oprimidos. Hoy, el recurso a la violencia es la tercera alternativa. Primero se dede fingir la intención de persuadir con argumentos lógicos y evidencia y digo fingir porque el 99% de las posiciones izquierdistas no pasan de excusas para acceder al poder. La pobreza de su lógica y su evidencia genera rechazo entre los infieles y entonces se recurre a amenazas de silenciarlos para que no ofendan los buenos sentimientos de los jóvenes candidatos a comulgar con la izquierda. Aunque mucho se puede cuestionar a la educación escolar masiva, algo ha dejado, quizás lo suficiente como para que pocos se dejen tomar por tontos. No sorprende la fuerte disposición de los izquierdistas a recurrir a anuncios y pronósticos apocalípticos en caso de que no se silencie a los “malos”. Sí, los tiempos han cambiado, y el orden de las alternativas también. Antes se adoctrinaba a los sobrevivientes de la violencia, hoy se intenta adoctrinar a quienes habrá que sacrificar físicamente si se fracasa en el intento. Por supuesto, hoy los medios masivos que siempre se han definido como “liberales” de acuerdo a la definición usual en EEUU ya no esconden su complicidad e intentan desesperadamente de adoctrinar trazando líneas rojas para distinguirse de todos los que no aceptan sus posiciones. No sorprende que estos intentos generan situaciones absurdas como cuando denuncian que buena parte del resto de la población son blancos racistas, o que los americanos de origen asiático de nombre Robert Lee deben pedir perdón por sus ancestros racistas.

    5 — Todo lo anterior sería motivo de risa si uno creyera que nunca recurrirán a la violencia. La posibilidad de que lo hagan siempre ha existido y existirá, pero hoy como ayer no podemos hablar de que es probable. Hasta ahora los brotes de violencia han sido menores, más allá de que se los haya magnificado para calentar a los partidarios de cada posición. Todo indica que seguiremos escuchando discursos agresivos que reflejan una paridad de fuerzas entre los directamente involucrados en la lucha política y con la intención de conquistar votos “independientes” en futuras elecciones. Mientras tanto el gobierno federal de EEUU seguirá muy limitado en lo que pueda hacer, algo que por sí mismo no es malo. Lo más grotesco es que los gobiernos de otros países tampoco pueden hacer mucho, sea por temor a perder la próxima elección o a provocar una reacción negativa de otros gobiernos, sea por falta de ideas. Sí, hemos llegado a una situación con mucho, muchísimo ruido, y que promete más ruido de palabras, pero en que ningún gobierno quiere o puede hacer algo nuevo para tranquilizar a sus ciudadanos y se conforman con mantener el estatus quo. En el futuro cercano, lo más probable es que las acciones “fuertes” de los gobiernos sean sólo “defensivas”, aunque a veces no lo parezcan. Las acciones “ofensivas” serán reacciones a errores ajenos, algo probable porque la estupidez jamás será erradicada (insisto en recomendar leer sobre las leyes de Carlo Cipolla).

    6 — En todo caso, si uno quiere hablar de violencia en EEUU, no se puede ignorar lo que sigue ocurriendo en los barrios negros de las grandes ciudades de EEUU, en particular de Chicago. Allí las bandas se matan entre ellos diariamente sin que los políticos locales —en su gran mayoría del Partido Demócrata— muevan un dedo para evitar que esas matanzas continúen. Por supuesto, nadie leerá algo sobre esa violencia en el WP y el NYT y mucho menos en las porquerías españolas. Como siempre, la mentira y la hipocresía de los progresistas americanos y europeos dan asco.

  13. EB 5 septiembre, 2017 at 11:04 #

    Hola Manu, deje lo que está leyendo y lea esto

    https://straightlinelogic.com/2017/09/03/so-deep-its-sunk-by-robert-gore/

    De lo mucho que he leído sobre lo que está ocurriendo en EEUU, me parece el análisis más consistente.

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