¿SON NECESARIOS LOS PARTIDOS POLÍTICOS?

Si hiciéramos esta pregunta, probablemente una parte importante de los encuestados intuitivamente respondería que “no”, dada la visión peyorativa que en los últimos tiempos ha surgido alrededor del concepto.

Y los que diesen una respuesta afirmativa lo harían con poca convicción, aceptando que los partidos son una especie de mal necesario, que debemos tolerar si consideramos que la democracia es la mejor forma de gobierno conocida. Es decir, no creo que entre la mayoría de los encuestados hubiera un gran fervor hacia los partidos políticos.

Algo grave está pasando si tenemos en cuenta que sólo un 4% de los electores está afiliado a una de estas organizaciones, cuando supuestamente los partidos son el cauce para la participación política de los ciudadanos en la democracia representativa.

Últimamente se ha generalizado la idea de que los partidos o la partidocracia son los responsables del deterioro institucional en el que vivimos, con lo que surgen partidarios de la democracia directa, en la que el ciudadano tome directamente las decisiones sin intermediarios; o incluso de lo que se ha venido en llamar la expertocracia o tecnocracia, en la que, el ciudadano, consciente de la complejidad de la vida pública, prefiere dejar las decisiones en manos de técnicos o expertos.

¿Está este rechazo a los partidos justificado o es simplemente fruto del contagio de un descrédito institucional generalizado? Para esta reflexión he recuperado un artículo de Simone Weil, escrito en 1940 y publicado después de su muerte por Albert Camus.

El punto de partida no puede ser otro que el siguiente: que los partidos existan desde hace tiempo no es un motivo para conservarlos. Solo merece la pena mantenerlos si realmente puede afirmarse que hay en ellos algo de bueno, es decir, si su presencia contribuye a mejorar la calidad de la democracia, del debate público y de las decisiones que se adoptan.

Si no hay nada de esto en los partidos, por mucho que lleven tiempo existiendo y que su nacimiento sea prácticamente coetáneo al de las democracias representativas, no habría ningún argumento para su mantenimiento, ya que la inercia no significa nada si estamos persuadidos de que el modelo debe ir continuamente perfeccionándose en una especie de proceso evolutivo.

No puede abordarse la reflexión sobre los partidos sin señalar la confusión habitualmente existente entre medios y fines. La mayoría de las cosas normalmente consideradas como fines son únicamente medios. Se pueden citar todos los ejemplos que queramos, como poder, dinero, Estado y, por supuesto, la democracia o los propios partidos. En una concepción humanista, el único fin real sería lograr el Bien y la Justicia sociales, y a través de ellas la mayor evolución intelectual, cultural y espiritual del ser humano.

Que la democracia y los partidos solo son un medio para conseguir ese Bien social es fácilmente ilustrable: si en lugar de Hitler, hubiera sido la república de Weimar la que hubiera decidido, a través de vías rigurosamente parlamentarias, el exterminio de los judíos, esta decisión no hubiera tenido un átomo más de legitimidad.

Pues bien, el primer pecado de los partidos es que tienden a terminar considerando que el único fin es su propio crecimiento. En principio, el partido solo debería ser un instrumento para la realización de una cierta concepción del Bien social. Sin embargo, mientras que ese Bien es algo intangible y su discernimiento requiere de un arduo proceso de reflexión y debate, el partido es algo real y tangible. Además, los partidos pronto se persuaden de que solo poseyendo el suficiente poder pueden servir eficazmente a la consecución del Bienestar social.

Por todo ello, es lógico que el partido tienda a aparcar la honesta búsqueda de las políticas que contribuyan a ese Bien, difícilmente aprehensible, y se ocupe de ir aumentando su propio poder. De esta forma el crecimiento del partido termina por convertirse en el único criterio que permite medir la bondad o maldad de las cosas. Además, esa vocación de crecimiento no tiene límites: el partido siempre tiene la sensación de que su poder es insuficiente para hacer todas aquellas cosas que querría hacer y la tendencia natural es a ir extendiéndose hasta donde pueda. Incluso si llegara a tener un gran poder en el país, aún tendría la sensación de que las instancias internacionales le imponen cortapisas excesivas. Es fácil comprender así que, si no hubiera límites eficaces, los partidos tenderían al poder absoluto. En la exageración totalitaria, decía Trotski, “un partido en el poder y los demás a la cárcel”.

El segundo pecado es que, tal y como están, los partidos no contribuyen a un debate inteligente, sino más bien a lo contrario. La búsqueda y el diseño de las mejores políticas para lograr ese Bien, difícilmente alcanzable, requieren de un continuo ejercicio de inteligencia y del cuestionamiento de los propios conceptos previos.

El partido político es todo lo opuesto a esto: tiende a prohibir que sus militantes realicen ese esfuerzo, no vaya a ser que cometan el pecado de llegar a expresar un punto de vista personal contrario al del partido. Simone ponía el siguiente ejemplo: si un hombre hace cálculos numéricos complejos sabiendo que le azotarán si obtiene como resultado un número impar, tenderá a hacer algún arreglillo en los cálculos para sacar siempre un número par e intentará ver pares donde no los haya.

El tercer pecado partidista es que necesita de la propaganda como instrumento para llegar al fin último de aumentar su poder. La propaganda agita las pasiones de las gentes, simplifica las cuestiones y elimina la posibilidad de un debate inteligente sobre las distintas alternativas. Esto lo sabe todo el mundo, incluidos los partidos, pero asumen el marketing como una necesidad para el objetivo del crecimiento de la estructura.

Con esta carga pecaminosa, volvemos al inicio ¿son realmente necesarios los partidos? En esa pregunta todos nos quedamos paralizados.

Macron ha llegado a ser Presidente de la República francesa y recientemente ha ganado la primera vuelta de las elecciones legislativas, con un 32,2%, sin contar con la rígida estructura de un partido clásico. Su experiencia ha agitado la crítica contra los partidos tradicionales, reforzada ahora por el argumento adicional de que ni siquiera podrían considerarse como un mal necesario.

Sin embargo, en las democracias representativas, es indudable que hacen falta organizaciones intermedias entre el electorado y el candidato, que den a este el apoyo que necesita para elaborar un programa de gobierno, pensar el modelo de sociedad al que pretende llegar y acceder al poder para conseguir ese cambio. Llámense partidos políticos, asociaciones o cualquier otra denominación que se nos ocurra, pero alguna organización intermedia será necesaria.

Si nos ponemos a hacer la carta a los Reyes Magos ¿cómo deberían ser esas organizaciones para conseguir que la gente se involucrara y participara en la vida política? Está claro que deberían ser muy distintas de los actuales partidos. Quizá su principal diferencia debiera ser que se tratara de organizaciones abiertas en las que la gente pudiera inscribirse y trabajar en grupos, por ejemplo, de educación, sanidad, tributación… En los que se pudiera debatir libremente y sin sujeción a un credo, elaborando textos y propuestas que pudieran nutrir un programa político. Sin miedo a que el resultado fuese par o impar. Esto no solo enriquecería al partido sino a la vida política en general, creando una base social más formada e involucrada en lo público. Inicialmente no solucionaría ni el pecado de la obsesión por el poder ni el de la propaganda; pero estos se irían suavizando a medida que la población aumentara en su cultura política y se fuera concienciando de que el único sentido de todo este tinglado es llegar a una sociedad lo más justa posible.

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Sobre Isaac Salama Salama

Licenciado en Derecho y en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Pontificia Comillas (ICADE, E-3). En 1996 ingresa en el cuerpo de Abogados del Estado y, desde entonces, ha desempeñado diversos puestos como Abogado del Estado: la Delegación del Gobierno de Madrid, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, la Agencia Estatal de la Administración Tributaria, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y los diversos Comités de Naciones Unidas para la protección de los derechos humanos. En el período 2000-2004 formó parte del gabinete del Presidente del Gobierno. En situación de excedencia voluntaria desde octubre de 2013.

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14 Respuestas a ¿SON NECESARIOS LOS PARTIDOS POLÍTICOS?

  1. EB 18 Junio, 2017 at 12:12 #

    Hola Isaac, para explicar por qué su pregunta está mal planteada, le recomiendo leer esta columna de FJL publicada hoy

    http://www.libertaddigital.com/opinion/federico-jimenez-losantos/la-espana-del-psoe-plurinacional-unisoberana-y-esquizofrenica-82506/

    que me parece excelente. La primera parte (los primeros cuatro párrafos) es esencial para definir el problema de todos los estados-nación, es decir, cómo se accede a su poder coercitivo legítimo. El resto de la columna explica cómo dos fuerzas (o movimientos o partidos o cualquier otro nombre que usted quiera darles) se enfrentan hoy para acceder al poder del Estado español. Sí, en todo estado-nación se accede al poder o recurriendo a la violencia o recurriendo a la persuasión para lograr una mayoría absoluta o relativa entre quienes aceptan algunos principios y normas. Ambas opciones se dan y usan en muchas variedades y en algún grado terminan coexistiendo porque no son excluyentes (ni el rey absoluto puede dejar de invocar algún principio para consolidarse en el poder, ni el presidente legalista puede ignorar la existencia de sus fuerzas armadas). Por lo tanto, la pregunta pertinente es cómo se accede al poder en un estado-nación cuando la competencia está condicionada a la aceptación de algunos principios y normas.

    • EB 18 Junio, 2017 at 15:09 #

      Y para contestar la pregunta pertinente cuando la competencia está condicionada a la aceptación de principios y normas de las democracias constitucionales, uno tiene que tener presente algo esencial que muchos charlatanes (dentro y fuera de la academia) se niegan a reconocer y que justamente hoy en este post

      http://cafehayek.com/2017/06/quotation-of-the-day-2107.html

      su autor nos recuerda.

  2. RBCJ 18 Junio, 2017 at 18:04 #

    Veremos cómo resulta la experiencia “Macron” sin duda refrescante, Estoy de acuerdo que son necesarias estructuras intermedias, Pero lo más importante es conseguir una cultura social , política , económica en los ciudadanos que les lance a participar y a competir en circunscripciones electorales.Esto no es inmediato. También reconozcamos que el modelo “Macron” ha sido posible porque fue Ministro de Economía porque aportaba valores personales y profesionales fuera de la política y que además saltó a la cúspide gracias a las oportunidades que da la República en Francia. Este modelo en RU resultaría mas difícil de prosperar y en EEUU la compleja campaña electoral americana financieramente hablando también hubiera supuesto una rémora.
    Luego volvemos…. educación , cultura…y reformas políticas y electorales.

  3. O'farrill 19 Junio, 2017 at 0:37 #

    La necesidad de los partidos depende de su utilidad real (no ficticia) a la sociedad. Si son representación genuina (por mandato imperativo y concreto) de los ciudadanos, ésta es (o debe ser) siempre temporal y, por tanto, “no profesional”.
    Cuando las ideologías son pura mascarada y no están en el corazón de las gentes sino en los lugares de donde procedan sus ingresos, está claro que el servicio a los demás, se transformará en servicio a los que pagan.
    Que yo sepa, el debate político no es algo que ocupe o preocupe a las masas (más allá de la barra del bar) sino que, por el contrario, lo rechazan dejando que otros se ocupen de los asuntos públicos por lo tanto hacen dejación de su soberanía (si es que alguna vez la tuvieron).
    Estudios realizados en distintos momentos sonde la “desafección” partidaria, demuestran que el declive en el apoyo social es imparable. Por mucho que “prometan” en sus programas, cada vez menos gente se los cree. La política se ha convertido en una especie de circo de varias pìstas (una por partido) donde el ciudadano contempla las piruetas y juegos de prestidigitación en cada una de ellas, para “ilusionar” a los “ilusos” que aún puedan existir.
    Maquiavelo decía aquello de “los hombres cambian de señor creyendo mejorar, con lo que se engañan…”
    ¿Qué diferencia puede haber del nuevo presidente francés con el personaje que era anteriormente? Ninguna salvo el cambio de nombre en la coalición que lidera. ¿Es legítimo que imponga su voluntad a toda la nación si vemos la realidad del número de votos que lo apoyan de verdad y con una abstención de más de la mitad de los ciudadanos? Según las reglas (legalidad) sí, pero según la lógica y la racionalidad no.
    Aquel refrán de “los mismos perros con diferentes collares” nos debería hacer reflexionar sobre ese gran “trampantojo” de la democracia en que se ha convertido la política en general (salvo honrosas y poco duraderas excepciones) puesta al servicio de quienes pagan.
    Un saludo.

  4. Lucas Montes 19 Junio, 2017 at 10:23 #

    Estimado EB, desconozco desde dónde escribe usted, tanto en el espacio como en el tiempo, pero si para usted es una referencia periodística de este pais un tipo como FJL, el más conspicuo representante de la caverna informativa, un señor que cree que lo que afirma vale porque lo dice él, sin necesidad de contrastarlo (cayó hace no tanto en una trampa que le puso Wyoming), un tipo que vive del insulto y los más bajos sentimientos viscerales de la gente sin criterio, un paranoico que sigue afirmando que el 11M hubo una tremenda conspiración, un tipo que comenzó su andadura en la extrema izquierda hasta que se cayó del caballo y vio la luz etc, etc, etc, apañados estamos!!

    • EB 19 Junio, 2017 at 13:04 #

      No se preocupe que se muy bien quien es FJL. Yo me referí sólo a su columna y se la recomiendo porque quizás le ayude a entender lo que está pasando en la política española. Entiendo que usted quiera centrarse en las personas y no en las ideas porque la política es una cuestión de personas y no de ideas a pesar de las mentiras y la hipocresía de aquellos que piensan que la política y el gobierno se refieren a la búsqueda del bien común y la justicia social. Precisamente la gracia de la columna referida pone énfasis en las personas de los políticos y no en esa falsedad.

    • EB 19 Junio, 2017 at 13:16 #

      Y respecto a lo que usted se refiere como caverna informativa, no le quepa duda que la podredumbre de los medios masivos españoles supera largamente las deficiencias de los medios más nuevos. Espero que sienta la misma repugnancia por El País, El Mundo o cualquiera de los medios masivos más viejos.

    • EB 19 Junio, 2017 at 13:46 #

      Y para poner a prueba su preocupación por los buenos y los malos, le recomiendo que lea esta columna

      https://www.usatoday.com/story/opinion/2017/06/19/we-need-robert-mueller-resignation-or-second-special-counsel-glenn-reynolds-column/102990890/

      El autor, Glenn Reynolds, es bien conocido y podrá encontrar muchas referencias a su persona, su trabajo y sus ideas en internet. La columna se refiere al problema político mundial más interesante y preocupante de hoy día y permite entender por qué la política es sobre personas y sus acciones y no sobre sus ideas (por buenas o malas que sean).

      Nota. En los medios masivos españoles poco o nada encontrará sobre el tema de la columna de GR lo que se debe a la profunda podredumbre del periodismo español.

  5. Loli 19 Junio, 2017 at 12:31 #

    El denominado Movimiento 15 de Mayo (15M), que se produjo en el centro de Madrid, capital de un estado de la Unión Europea, de manera tan espontánea que, a mi entender, pilló desprevenidos a los partidos y organizaciones políticas del país, fue, quizás, un reflejo, un exponente de algo que en evolución, está empujando a las sociedades hacia un cambio de modelo.

    Esto es lo que en cierto modo parecía palpitar, en general, en las gentes.

    ¿Proyectado en desafección hacia el sistema de partidos, hacia los políticos siendo la baja calidad de los gestores gobernantes y los aspirantes a ello, no solo producto de una relajación intelectual o de una baja demanda ciudadana, sino también la consecuencia de “un impulso intrínseco a la propia evolución de las sociedades, propiciado por fuerzas más amplias que las meramente locales?.

    Algo nos llevó a salir y contar nuestra frustración, que por primera vez, no iba en contra de un partido determinado, ni contra un signo ideológico en concreto.

    Sin saber en qué materializarlo, se pedía “otra cosa”, “investigar otros modelos”, porque el pálpito indicaba que era posible, que dentro de los territorios aún no explorados de nuestras capacidades como personas, como sociedades, existían otras formas de relación, de organización.

    Pero lamentablemente fue algo enseguida fagocitado por las estructuras políticas e ideológicas “al uso”.

    Recuerdo episodios donde claramente se comprobaba cómo esos mismos grupos denostados, sindicatos, partidos, organizaciones políticas, a los que una y otra vez se les decía que no “nos representaban”, se quedaban en “rincones estratégicos”, acechando, esperando el momento de hacerse con las riendas….

    Finalmente lo hicieron.

    Y colocaron su vieja plantilla “organizativa”, suplantando y aniquilando la que incipientemente se estaba esbozando.

    Y cuando miro atrás y me pregunto porqué las cosas se desenvolvieron de ese modo, me da la sensación de que pronto se nos acabó “fuelle”, porque no fuimos capaces de mantener una situación de atención y compromiso con esa atención.

    Algo que hubiese llevado a esa parte de la “sociedad civil” a querer seguir profundizando en las causas que nos habían llevado a esa situación de “desencanto” con un sistema que parece vuelca toda posibilidad de avance dentro de los límites marcados por ideologías, que además han dejado de ser tales, y quieren un hueco en el término de “teologías”, para hacerse “eternas”…parece.

    Pero faltaba base, faltaba, quizás también, reconocer esa carencia y querer subsanarla.

    A veces se intentó, a través de las famosas Asambleas Populares, ahí se puso de manifiesto esa falta de base, aunque se producían, eso sí, en las primeras, un torrente de ideas, que demasiado rápidamente fueron reconducidas por las fuerzas políticas ya establecidas, que como he comentado antes, estaban prestas y al acecho para hacerse con las riendas de ese movimiento.

    Y fue demasiado rápido porque, si bien es cierto que todo movimiento de ese tipo necesita de unos cauces por donde poder empezar a concretarse, matizarse y ser funcionales, también necesitaba de gente dispuesta a querer aprender, a reconocer la “polis”, como resultado de su actuación en ella, y por tanto a comprometerse con una responsabilidad, que existe aunque no queremos ser conscientes de ella.

    Y a gente dispuesta, en su aprendizaje, a aumentar el círculo de su ignorancia…algo muy incompatible con las doctrinas.

    El ánimo que debía alentar ese compromiso, no parecía ser aún lo suficientemente extenso, y a la primera de cambio, no les fue nada difícil a las viejas alternativas, con sus aparatos de poder, sus aparatos de partido por tanto, colarse en las iniciativas recién nacidas, y quebrar su crecimiento.

    Hay que decir, que esta acción se produjo sin gran resistencia, por parte de aquella gran parte de gente se había entusiasmado ante la posibilidad de algo nuevo.

    ¿Y el por qué de ese desinfle…tan temprano?.

    Quizás existan varias repuestas para ello, mi impresión, es que uno de los factores pudo ser quizás….la pereza.

    Estamos tan adocenados a que la reflexión política, de cómo y porqué vivimos en un orden social que hemos pactado, es algo ajeno a nosotros, que, finalmente, son otros los que deben de hacerlo, al habernos ido cada vez más despegando del protagonismo, que a pesar de esa inconsciencia, existe sin que nos podamos desligar de ello, por el simple hecho de necesitar vivir en sociedad, la “polis”.

    Sin embargo nos resistimos a ver esa realidad.

    Posiblemente, a estas alturas, la existencia de “partidos políticos”, debería ser un profundo “anacronismo”.

    Pero las sociedades que deberíamos estar ya a una altura que nos permitiese dar un salto cualitativo en ese aspecto….nos adormecemos a la primera de cambio… la “nana” más decimonónica y vacía que oigamos, es suficiente para devolvernos a casa….y delegar la acción de pensar a los que, solo buscan las mismas fórmulas pensadas por otros, para repetirlas una y otra vez, porque el brillo de la creatividad, parece habernos abandonado.

    • Alicia 19 Junio, 2017 at 14:28 #

      El 15M se movió por pasiones y movió muchas pasiones. Y creo que todo aquello a lo que, en cualquier aspecto de la vida, nos adherimos de forma pasional es inducido (por la propia vehemencia) a terminar asemejándose a lo que se quiere desterrar.
      Quizá si lo mirásemos todo con distancia, como si lo que nos quieren “colocar” no fuese directamente (en nuestros bolsillos y en nuestras carnes) a beneficiarnos o a perjudicarnos; como si fuéremos jueces imparciales del bien y del mal, las cosas funcionarían infinitamente mejor.

  6. Alicia 19 Junio, 2017 at 13:57 #

    Si nos ponemos finos ocurre que todos los medios de comunicación, tanto escritos como hablados como televisados, todos tienen su chinita en su zapato, todos son sectarios y con todos dan ganas de ni verlos ni oírlos ni mirarlos.
    Hace tiempo que suelo seguir El Cascabel y La Marimorena en 13tv. Lo elijo como mal menor y porque, aun con reparos, es con lo que menos en desacuerdo estoy; y aun así me da nauseas muchas veces.
    No confío en ninguno. Todos están pagados por alguien y con más o menos elegancia arremeten y cargan las tintas contra “el enemigo”.
    ¿Pero qué otra forma hay de estar un poco al tanto de la actualidad?
    Y con la literatura, la seria, la de personas honestas y de solvencia que escriben sin personalismos ni rencores, también ocurre que tienen visiones muy distintas de una misma realidad.
    Ocurre en economía, política, filosofía…
    Siempre me acude a la cabeza el “todo es, nada cambia” y su contraposición “nada es, todo cambia”. Y ambas frases están dichas por filósofos. No estoy segura de los nombres, pero tengo idea de Demócrito y Heráclito. Igual de respetables y respetados uno que otro.

  7. Paz 20 Junio, 2017 at 12:08 #

    Hay bastante mas gente que vive de la visceralidad aparte de FJL. De hecho, se han constituido recientemente en partido politico, y no naranja precisamente.
    FJL podra caer mejor o peor pero justamente el asunto del 11M lo ha tratado estupendamente, aunque solo sea por ir contracorriente. Por el mero hecho de que desguazaran los trenes casi inmediatamente se que la version oficial numca puede ser verdad.
    El articulo que menciona EB dice verdades como puños mal que nos pese.
    El 15M siempre me parecio mas falso que una moneda de 3 euros y lo que ha seguido me ha dado la razon.
    Mientras los partidos politicos se preocupen mas de su burocracia interna, que se lleva toda la energia y recursos de los integrantes y ciudadanos/subditos, y de estrategias para su propio beneficio no podre pensar otra cosa que son ladrones y bandidos con permiso legal, que no legitimo, para serlo.

    • Alicia 20 Junio, 2017 at 15:21 #

      Eso es cierto, Paz. Es el único que siguió insistiendo – lo escribo en pasado porque hace tiempo que no lo escucho; me molesta cuando los directores de programas son muy críticos pero incorporan la publicidad como información, aunque todos lo hacen sin importarles que ello les reste credibilidad – con lo del 11M.
      Otros se desmarcaron y, aunque sin nombrarlo – Carlos Herrera, por ejemplo, que justo por eso dejé también de escucharlo -, pasaron a calificarlo de (no recuerdo la frase con exactitud) paranoico o algo así.
      Debe de ser que no conviene ponerse pesado y… Pelillos a la mar.

  8. Loli 20 Junio, 2017 at 17:29 #

    La palabra pasión connota el concepto de “sufrimiento” y de “pasividad”, pero también el de emoción (que tiene que ver con movimiento), ligado al deseo, y también a la “ilusión” que despierta.

    Por lo tanto plantea la paradoja del sufrimiento que paraliza, ligada a la ilusión deseada, motivadora de esa “pasión”, y por lo tanto activa.

    Seguramente es esa dualidad que aún no hemos aprendido a resolver, pero a la que no nos podemos sustraer, porque, entiendo, que puede nacer de nuestra propia necesidad de activación y de romper la sensación de “estabilidad” contraria a nuestro propio funcionamiento vital.

    Todo cambio de modelo ha venido a través, en un momento u otro, de un estado “pasional”, que, debido a su naturaleza dual, si no viene precedido, entiendo, o con la vocación de trabajo y compromiso de todos, o al menos, de una importante mayoría de las personas que se implican en ello, pues inevitablemente cae hacia uno de sus lados, y es recogido por las viejas estructuras que se querían superar.

    Desde ese aspecto “dual”, que no deja de ser incierto, tan falso, o tan relista nos podría parecer cualquier manifestación en pro o en contra de cualquier aspecto de la vida social, todo dependería, en el actual modelo social, de la ideología con la que estamos juzgando el entorno.

    Pero por eso he puesto antes, que es algo que no es cierto, esa dualidad encierra, como “la pasión”, un tercer aspecto, que, aprovechado en su impulso, parece querer encontrar la nueva forma que en realidad encierra.

    El deseo impulsa el trabajo del encuentro con lo que rompa la inercia del péndulo, es lo que ilusiona, porque se presenta como un “descubrimiento”.

    Y de verdad pienso, que esa “ilusión”, si que existía en el “Movimiento del 15 de Mayo.

    Pero la inercia, o la falta de compromiso a de verdad explorar nuevas posibilidades (realmente esa exploración nos llevaría, seguramente, y como ya se ha apuntado otras veces en este foro, a cambiar nuestros conceptos de necesidades), nos ha colocado prácticamente al principio del camino.

    Las dos supuestas innovadoras formaciones políticas que se autoproclaman nacidas de ese Movimiento del 15 M, o al menos dicen “inspirarse” en él, finalmente se recogen y acogen en “las mismas viejas arquitecturas políticas” que dicen querer “renovar”.

    Así con más o menos toques “tecnócratas”, o “populistas”, se presentan con estructuras clónicas, y aún dentro de sus propias filas, ponen las mismas cortapisas a aquellos que aspiran a proyectar nuevas maneras de pensamiento.

    Es por eso por lo que pienso que no hemos sido capaces de “crear”, de pensar en otras posibilidades, y entonces lo que nace de esa incapacidad, son “re-nacidos”, pero nada nuevo.

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