CAPAS DE MUERTOS

Miles de millones de años son los que parece ser que tiene la vida en la Tierra, según las investigaciones de hace bien pocas décadas.

Es una cifra tan abrumadora que difícilmente nos es posible concebirla mentalmente, y que evidencia el brutal abismo que se nos abre al plantar nuestros pies sobre el suelo que nos sustenta. Dicho sin más, estamos pisando una incalculable sucesión de capas de muertos. Organismos vegetales y animales, que alguna vez estuvieron vivos y que ya no lo están, conforman la plataforma desde la cual se escenifica nuestra vida. ¿Qué cifra podríamos dar del número de seres que yacen debajo.

El conocimiento inicial de esta verdad inevitablemente hace que nos dirijamos a cuestionarnos nuestra propia muerte, y seremos de las primeras generaciones de hombres que al morir seamos más o menos conscientes de que somos la última y más superficial capa que conforma el subsuelo.

Este es uno de los factores que explica esa relación tan maníaca que tenemos establecida con la muerte, entendida como final de la vida. Porque la primera y más infantil reacción es la de prevalecer vitalmente a costa de lo que sea, unas veces disimulando los muertos en los modernos tanatorios, otras participando de movimientos que garanticen nuestra supervivencia. Y todo esto es un signo de modernidad que nos diferencia claramente de nuestros antepasados, en los que la muerte, generalmente temprana, estaba presente desde el principio. Y tanto es así que muchos la buscaban premeditadamente, siendo un signo de valor o de locura.

A cuenta de esta estrenada consciencia, no es que la vida en si misma haya adquirido valor principal, sino que ahora se trata de disfrazar la tragedia y perpetuar la existencia a toda costa, incluso por encima de las siguientes generaciones, en un alocado acto de colectiva conjura contra la muerte. Tanto es así, que es prácticamente imposible encontrar una sola experiencia posible en nuestro entorno en relación a la muerte, pues todo lo relativo a ella está debidamente oculto a nuestros sentidos, mediante una especie de enigmática conjura de desconocido origen

No ha de tardar el momento en el que sea la vida misma la que adquiera el valor que ha de tener, una vez que esta psicosis garantista y auto sobreprotectora egocéntrica dé paso a una actitud de admiración y cultivo por la posibilidad que ofrece la existencia de vida, vivencia y vivenciación, como una opción de múltiple dimensionamiento del ser humano, dirigida a la transcendencia y no a la supervivencia

Prevaleciendo el pensamiento materialista, que siempre nos considerará no mucho más que un trozo de carne evolucionada, es difícil que se abran paso las otras dimensiones que configuran al ser humano, a las que descalifica por “espirituales”, y que la ciencia nos empieza a plantear desde los primeros movimientos fenomenológicos de hace dos siglos, y que cada vez ponen más en evidencia la peculiar multiplicidad del hombre. El descubrimiento o constatación de realidades no autobiográficas en la psicología individual nos abre a espacios psíquicos de origen desconocido, en los que ni el tiempo ni la experimentación cuentan, donde el entorno y la educación solo son velos que encubren otras identidades subliminales. El funcionamiento tan ilógico e imprevisible, como contundente e irremplazable, del sistema límbico también indica una suerte de información codificada que nos emplaza a plantearnos si en él reside una parte esencial de la naturaleza propia de la que estamos compuestos. Y por último, la constatación de núcleos y redes nerviosas ajenas y autónomas a los procesos del sistema nervioso central y periférico vuelve a llevarnos a tener que redefinir el concepto mismo de la individualidad, y cuestionarnos quienes somos sin necesidad por ello de dividirnos.

Mientras tanto deberemos participar de este espectáculo en el que a los animales se les mata en opacas trastiendas inaccesibles, se los trocea en partes comercializables, y se nos ofrecen en vistosas y pulcras bandejas asépticas. Ningún consumidor cabal toleraría ahora los rituales de antaño de cuchillo y desangrado, conocidos como “matanza”,  con los que se sacrificaban a los animales domésticos, para poder comer.

Y es especialmente llamativa la fobia adquirida respecto a la misma sangre, que, excepto en los dispositivos de transfusión, no es entendida como fuente de vida sino como evidencia de muerte. Este es el motivo por el cual las entidades dedicadas a la distribución de la sangre entre personas hayan tenido que retirar los logos en los que aparecían las gotas, para significar solo un corazón.

Así no es de extrañar que cualquier manifestación que tenga que ver con ella adquiera visceralmente un carácter repulsivo y de rechazo, y se relacione con el asesinato y el crimen, y nunca con la vida, el renacer y el alimento. Y en esto se apoyan las campañas mediáticas para insistir en una opinión formada desde los miedos, apelando al carácter más primario de los individuos.

Por todo eso, por ejemplo, mientras no vea a un activista anti taurino enfrentarse personalmente, en un ritual a vida o muerte, con un toro bravo, en un acto de heroicidad que consiste en transformar públicamente la tragedia en una procesión con hálito artístico, no me lo podré creer como gesto de defensa de los demás seres, sino como gesto de espanto ante la sangre, es decir, como gesto de espanto ante la vida y la muerte. Miedo a formar parte de la siguiente capa. Gesto de No Vida.

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Sobre Carlos Peiró Ripoll

Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Fue director del IMFEF, y ha ocupado distintos puestos de responsabilidad en áreas dedicadas a la salud mental y la Psicología como Director de Psicologías y Terapias del Centro Asistencial Santa Teresa de Arévalo, del Gabinete de Psicología de la Empresa CTO, y de la Unidad de Orientación Familiar de la Comunidad de Madrid. Coordina programas de formación en las que destaca el de “Redes Familiares para la prevención” del Plan Nacional de Drogas. Mediador Social y Familiar.

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33 Respuestas a CAPAS DE MUERTOS

  1. EB 1 Febrero, 2017 at 3:38 #

    Olvídese de los activistas anti-taurinos (tan obsoletos como los pro-taurinos). En un país de viejos ya no hay que preocuparse por actos heroicos ni tampoco paranoicos, esos donde fluye la sangre caliente de los que transforman sus obsesiones en excusas para satisfacer su ambición de poder. Quizás sí haya que preocuparse en EEUU porque los progres están paranoicos y listos para cualquier locura, pero con una reacción contundente ni siquiera será necesario enjaularlos en California.

    • Luis 1 Febrero, 2017 at 14:37 #

      En verdad que no acabo de ver una relación de mediana coherencia entre su comentario y el texto del artículo. Quizás en lo único que podamos coincidir es en el hecho de que la paranoia se extiende como la hierba.

      No creo, para nada, que nuestra sociedad haya superado una actitud muy cercana a la mera depredación al afrontar su alimentación; que se haya acercado a una alimentación medianamente reflexiva, que valore y dignifique la supeditación de unas formas de vida al mantenimiento de otras (entre ellas la nuestra).

      Y la muerte está presente continuamente, pero caminamos hacia ella como los cangrejos y no nos atrevemos a mirarla de frente. Sé que no digo nada nuevo, pero…

      • EB 1 Febrero, 2017 at 15:33 #

        Lea el último párrafo del artículo. Aunque no es “conclusión” de todo lo dicho antes parece ser el mensaje central de Carlos.

        Respecto a sus otros dos párrafos, me parece que su visión histórica de la humanidad se limita a lo que puede ver en el espejo retrovisor.

        • Luis 1 Febrero, 2017 at 23:57 #

          ¿Qué idea de la vida expresa este artículo visto como un todo?. No, no creo que el mensaje central este en el último párrafo. Hay también que leerse el cuarto, quinto, … séptimo, … etc.

          Respecto a lo del retrovisor, pues sí, es algo que se regala, … ahora, lo que resulta más difícil agenciarse en esta vida, es una brújula.

    • Juan Teruel 1 Febrero, 2017 at 22:15 #

      Al Sr. EB,
      Parece que su comentario quiere decir:
      “Eh, eh!, pero ¿qué hay de lo mío?

      Con todos mis respetos.

      • EB 1 Febrero, 2017 at 23:23 #

        Se equivoca. Mi comentario salta de los héroes a los paranoicos por la escasez de los primeros y la abundancia de los segundos, en particular en la política. Héroes y paranoicos tienen en común que cuando entran en acción la sangre se calienta –incluso la sangre de los espectadores.

        • Juan Teruel 2 Febrero, 2017 at 0:02 #

          ¡Que va! Un héroe nunca mataría a un espectador porque entonces lo que sería es un asesino.

          Con suma cordialidad.

          • EB 2 Febrero, 2017 at 0:31 #

            Por favor, los héroes calientan la sangre de quienes se benefician de sus acciones.

  2. EB 1 Febrero, 2017 at 20:39 #

    Me permito re-escribir el último párrafo del post de Carlos en estos términos:

    …mientras no vea a todos los senadores demócratas enfrentarse colectivamente, en un ritual a todo o nada, con Trump, en un acto de heroicidad que consiste en transformar públicamente la aprobación de ayer en el rechazo de hoy, no me lo podré creer como gesto en defensa del pueblo oprimido, sino como gesto paranoico ante la ilusión perdida, es decir, como gesto paranoico ante el triunfo y la derrota. Miedo a formar parte de la nueva capa de perdedores amargados. Gesto de no al triunfo honesto.

    Para informarse de la motivación leer http://www.nationalreview.com/article/444473/neil-gorsuch-ron-wyden-democratic-senators-unanimously-confirmed-2006

  3. Manu Oquendo 1 Febrero, 2017 at 22:44 #

    Creo que nuestra civilización no trata la muerte con madurez. Me refiero a la combinación, de ciencia, racionalidad, sentimiento, intuición y humildad que debiera ser nuestro patrimonio a estas alturas del campeonato.

    Todos la vivimos como una tragedia y probablemente es apenas un tránsito como en su momento lo fue el nacer.

    Ni nuestra función de onda elemental, ni la información se pierden en el universo. Y la conciencia ¿quién, de verdad, sabe dónde reside?

    Remolinos en la corriente del río.

    Cuesta menos tener esperanza e ilusión que lo contrario y tenemos la inmensa fortuna de vivir en tiempos de confluencia entre la ciencia del cosmos, la intuición filosófica y la esencia de algunos libros religiosos. No todos, claro.

    Seamos optimistas.

    • EB 2 Febrero, 2017 at 9:50 #

      Hola Manu, tiene razón, no todos. Pero hay que distinguir entre los que no quieren y los que no pueden, y aunque nos equivoquemos al juzgar a otros, en muchos casos es obvio que no quieren.

    • pasmao 5 Febrero, 2017 at 18:47 #

      Apreciado Manuel

      Su comentario me recuerda a un estupendo libro de Evelyn Waugh, “Los seres queridos (The Loved One)”. Escrito hace ya tiempo..

      un cordial saludo

  4. Juan Teruel 2 Febrero, 2017 at 11:18 #

    Ese tampoco es un héroe, es un… político!

  5. Loli 2 Febrero, 2017 at 16:04 #

    Una se acostumbra a escuchar en los espacios clínicos, dedicados a la salud, el término: “se mantiene en estado vegetativo”, con soporte vital externo, cuando se produce una situación “eventual” o “permanente” de “deconexión”, entre aquellas partes del cerebro dedicado a la “cognición, vigilia y alerta”, y el resto, de nuestro organismo, cuando se producen situaciones de “coma” reversibles o no.

    Siempre me llamó la atención ese término, máxime cuando daba, y sigue dando lugar,a la creencia generalizada de que la persona que cae en ese “estado”, pasa, por no se sabe qué extraño mecanismo, de pertenecer a la especie humana, a forma parte del denominado “reino vegetal”.

    Pero, desgraciadamente, la actitud basada en el convencimiento de que en realidad es así, es patente en nuestra relación, en general, y desde el mundo sanitario en particular, hacia un ser humano en esas circunstancias.

    El sistema más potente, complejo, misterioso e inteligente, que forma parte de nuestra fisiología, es el sistema neurovegetativo, cada vez estoy más convencida.

    Porque, a pesar de que en estados como los anteriormente expuestos, el apoyo externo (alimentación, o inclusive la ventilación mecánica), sean necesarios para mantener el organismo dentro de fronteras vitales, la tarea de integración de todos los mecanismos, y sobre todo, la tarea de permitir el acceso a ……soñar, lo sigue ejerciendo el poderoso y enigmático neurovegetativo…. y con él, o formando parte él…..el límbico.

    Y, es curioso que, sabiendo que un ser humano muere cuando no sueña, no se plantee, desde foros clínicos, aparentemente, igual sí y son factores que de ser tomados en cuenta, lo desconozco en mi experiencia del tema, que una persona, aún aparentemente sin signos de relación sensitiva con lo que le rodea, sigue manteniendo relaciones que le unen con su objetivo vital, porque si no, no dormiría…y aún en estados de coma profundo…parece que sí se duerme…que hay pasos que distinguen el estado de no respuesta “aparente a estímulos”,pero de “vigilia”, del estado de sueño…y de sueños también profundos.

    Tratamos de ocultarnos estas realidades, y relegarlas al terreno de lo “clínico”, la “medicina”…sin hacernos demasiadas preguntas, porque, quizás sintamos que no estamos preparados para escuchar respuestas que ya se van desgranando desde lo que las investigaciones en esos, y otros campos de la neurociencia, están sacando a luz.

    No estamos preparados para ello, de igual modo que pedimos se nos “edulcore” y se presente envuelto en celofán y con lazo, la sangre, la savia, y entrañas de otros seres, para servirnos de alimento y vida a su vez, y no somos capaces de mirar cara a cara, en un acto de homenaje y respeto, este sacrificio, ni reconocerlo como tal.

    Quizás, mientras no adquiramos la madurez suficiente en ese reconocimiento, el mensaje que subyace del complejo ritual taurino, se mantenga vigente.

    Quizás, mientras la angustia por el mantenimiento a ultranza por la supervivencia, definida bajo sospechosos criterios de “dignidad”…. y si no, no vale…, seguiremos huyendo, trágicamente, de la propia vida, que sin la muerte, no se podría llamar así, sería otra cosa.

    Hoy leo en un periódico de tirada nacional: “Vaya, para un día que salgo en las esquelas, y no me veo”, en la “ídem” de una sevillana de 86 años , y que sin duda deseó que esa frase apareciera en ella, dado el momento.

    Parece que, de algún modo, tenemos herramientas suficiente como para enfrentar nuestros miedos, y mirarlos de “frente”.

    • pasmao 4 Febrero, 2017 at 13:27 #

      Apreciada Loli

      Interesantísimo comentario.

      Es posible que en esos estados que usted comenta, dan tanto miedo a la ortodoxia clínica porque su indefinición compromete a lo mas funcionarial (en el mas negativo sentido de la palabra) de la medicina.

      No son protocolizables, salvo a cañonazos.

      Si en medicina 2+2 no son siempre 4, esa incertidumbre se acentúa aún mas ahí, en esa llaga donde ha puesto el dedo.

      un muy cordial saludo

      • Loli 4 Febrero, 2017 at 15:59 #

        Gracias por su amable apreciación.

        Solo dos apuntes más al respecto:

        El PSOE, y creo que también el partido de “Ciudadanos”, estudian llevar al Parlamento una Ley respecto al derecho a la “muerte digna”….miedo me da legislar algo de lo que se desconoce….prácticamente todo.

        En general, y es bastante curioso, muchos de los que se adhieren a los movimientos anti-taurinos y pro-animalistas, son partidarios, al mismo tiempo de legislar el “aborto” , y al menos, no se les escucha decir nada al respecto de cómo nos agenciamos, en las sociedades “avanzadas”, la carne para consumirla (desde el propio concepto del “ganado en granjas”, hasta los “mataderos”, pasando, inclusivo, por el de “mascotas”.

        Y un tercer apunte, el recién nombrado juez del Tribunal Supremo por Donald Trump, defiende, al parecer, con la misma vehemencia la pena de muerte, como condena el aborto.

        Todo un ejemplo de las tremendas contradicciones en las que nos estamos desenvolviendo, y defendiendo o atacando, sin que se nos descomponga el rostro, como lo más natural del mundo.

        Un cordial saludo, también.

        • pasmao 5 Febrero, 2017 at 18:39 #

          Apreciada Loli

          Lo de la muerte digna y pamemas varias lo que en realidad esconde es una ley de eutanasia a saco para:

          1/Minimizar gasto sanitario (las personas a mas mayores mas gastan mas en asistencia sanitaria)

          2/Pagar menos pensiones. Cuanto antes la espichemos, menos gasto.

          Y el que no lo quiera ver así, pues que no lo vea.

          Al final tendremos a los Arguiñanos de turno en las teles holográficas hablando de cómo condimentar las diferentes variedades de “galletas verdes” (*1) que nos esperan.

          un muy cordial saludo

          PS

          (*1) Galletas verdes:

          Para los que no lo sepan mirénse en google lo referente a la película “Cuando el destino nos alcance” en inglés “Soylent green” .

  6. Sedente 2 Febrero, 2017 at 17:54 #

    Siempre me acordaré de aquella visita.

    De aquella visita que ya no fue visita pues él no estaba ya allí.
    Parecía que había dejado simplemente su chaqueta sobre la cama y yo solo podía que abrazarla.
    Él no era su chaqueta aunque ella hablara de él.

    Él ya no estaba allí, ni sufría los problemas de su chaqueta. De su ropa.
    De la ropa que le había cubierto toda su vida y que fue cambiando con sumo cuidado durante toda ella para que fuera apenas perceptible que se cambiaba de ropa. Hasta que decidió dejarla allí, sobre la cama.

    Él era su alegría, su vitalidad, su calor, su genio e ingenio. Su constancia.
    Él era todo lo que hizo. Todas las cosas que hizo.
    Él estaba en todas las cosas que hizo.
    Él lo hizo.
    Él lo hace.
    Y lo sigue haciendo y lo hará.

  7. José Luis Carrillo 2 Febrero, 2017 at 20:29 #

    José L.

    Resulta curioso ver como el binomio vida-muerte suscita tantos comentarios, es como si no fuéramos conscientes de que no puede existir uno sin el otro.

    Parece que necesitamos ponernos en los extremos para opinar y estar en contra del extremo opuesto: taurinos-anti taurinos, creacionistas-evolucionistas, espiritualistas-materialistas, etc.,etc.

    Dicen que los extremos se tocan, y ahora que la ciencia nos está revelando que la materia que percibimos a través de nuestros sentidos, se podría decir que nos la estamos inventando, ya que en realidad son movimientos de electrones entre los que existen espacios interatómicos, que de momento parecen que están vacíos pero ya veremos más adelante, es decir que nuestra biología es también energía, y si pensamos que la energía ni se crea ni se destruye…pues al mejor, como creo que dice Carlos en su artículo, no deberíamos tener miedo a la muerte, después de todo tampoco esta tan mal servir de base a las pisadas de nuestros nietos.

    Saludos.

  8. Sedente 3 Febrero, 2017 at 10:39 #

    Sin duda hay en la alimentación un tema crucial.
    Pero hace falta coraje para sacudir esa manta.

    A la manta da miedo mirarla, y nadie puede objetar que, de forma espontánea o instintiva al sacudir una manta llena de mugre, uno aparta la cara lo máximo posible y tiende a cerrar los ojos e incluso a no respirar o mantener la respiración cerca de ella mientras se la sacude.
    Tan terriblemente sucia está esa manta.

    Digo que sin duda hay o existe un tema crucial en la alimentación.
    Solo hace falta pensar un rato en el orden que hemos aceptado para comer.
    El orden aceptado como correcto para comer en las mejores mesas nos habla de muchas cosas.
    Ensaladas, sopas, pescados, carnes, frutas y dulces. Los más asados o hambrientos incluirían un café, una infusión e incluso un puro.

    Parece que en el ritual de supervivencia por excelencia el orden de las cosas sea preceptor de nuestra historia y de nuestros más primarios deseos.
    El orden de los sabores.

    Suave, fresco, natural. De nuevo suave pero ahora caliente, hervido, tratado con agua. Luego, seres vivos cocinados y condimentados. Y, finalmente, fruta y dulzor.

    El café, la copa y el puro es, en todo caso, un tiempo para pensar sobre lo hecho.

    Parece como si en cada ritual alimenticio quisiéramos reproducir nuestra entera historia. Nuestros más primarios instintos.

    Lo que nos damos, nos hemos dado o queremos darnos.

    Nos dimos salud y alimento con los vegetales. Conocimos el fuego y lo utilizamos con los cereales en nuestras sopas. Utilizamos más tarde el fuego para asar las carnes como ejemplo de todos los rituales sangrientos que nos han acompañado. Y por fin tomamos la fruta, como deseando acabar con algo dulce.

    Toda una historia. Toda la historia. Toda nuestra historia.
    ¿No es sorprendente?

    • EB 3 Febrero, 2017 at 18:52 #

      No Sedente. Nadie, ni mi nieto de 3 años, hoy se sorprende por la alimentación. La abundancia –siempre relativa– de algo bueno no causa sorpresa.

      Si quiere sorprenderse de algo importante es, primero y ante todo, de los muchos años que vivimos bien a pesar de que seguir sintiendo miedo por la muerte. Cualquiera haya sido nuestro pasado hasta hoy, lo que sorprende es que en tan poco tiempo un número extraordinario de viejos vivimos bien, aunque siempre hay algunos que les guste pasarla mal y otros que lamentablemente no la pueden pasar tan bien como querrían. Pronto –un par de décadas– y la adaptación al cambio demográfico será historia y la abundancia relativa de viejos que disfrutan la vida no causará sorpresa.

      La segunda sorpresa es que a pesar de todas las veces que han sido derrotados, los parásitos progresistas insisten en hacerse del poder político del estado-nación para someter a los demás. No importa cómo se disfracen ni las estupideces que digan para engañar a la masa, una vez más serán derrotados. Hoy su amargura por una nueva derrota causa risa pero no se puede ignorarla porque volverán una y mil veces. Sí, la abundancia relativa de algo malo y tan combatido como los parásitos progresistas causa sorpresa, pero seamos optimistas y pensemos que el nuevo brote es tan pasajero como otras plagas que amenazaron a la humanidad.

      • Sedente 3 Febrero, 2017 at 19:46 #

        Sí que era sorprendente, sí.

        Había algo arcano, oscuro y siniestro en nuestra forma de alimentarnos.
        Si tenías alguna dolencia y visitabas al médico, éste te acostumbraba a aconsejar que cuidaras tu alimentación, que tomaras fruta y verdura, cereales, legumbres, sopas y caldos. Raramente oías a algún especialista nutricional aconsejarte la ingesta masiva de carnes asadas o cosas parecidas.
        Si se trataba de pescados, se intentaba diferenciar el tipo de carne al que representaba. Así se le llamaban de carne azul o blanca y unos parecían mejores o menos dañinos que otros.
        No era aconsejable intervenir quirúrgicamente a nadie después de un festín de carnes, si no que era mejor acudir al cuidado y saneamiento del cuerpo con el estómago vacío y mejor habiendo comido frugalmente la víspera.

        Si ese estado de las cosas en el comer era aconsejable a la hora de sanar al cuerpo, parecía obvio que las otras cosas no eran tan sanas, ni aconsejables, ni apropiadas para la salud humana.

        ¿Nuestros dientes? Pues la verdad, se parecían más a los de un rumiante que a los de ningún felino.
        ¿Nuestro sistema digestivo? Pues la verdad, funcionaba mejor con alimentos suaves, hervidos, con fruta y legumbres que con asados o carnes rojas que solo hacían que darnos una sensación de pesadez y acarreaba problemas de todo tipo a la larga.

        Aún así el ser humano seguía con sus sangrientos rituales. Sus muertes, sacrificios y degollamientos.
        Ya fueran animales o humanos.
        Seguían las guerras contra todo “bicho” que se moviera.
        Matábamos a ballenas, a insectos o a humanos indistintamente si lo considerábamos necesario.
        Matábamos a quien hiciera falta.

        Así era la Bestia.

        El Ser Humano convertido en Bestia.

        ¿El toro?

        El toro estaba allí, dibujado en las paredes de las cavernas. Dejando patente constancia de los hechos.
        Durante miles de años la bestia con cuernos había permanecido allí para constancia de los hechos.

        Poco sabía hacer el toro. Vivir y mover su cabeza desde abajo hasta arriba lanzando sus cuernos hacia el cielo.
        El toro siempre movió sus cuernos hacia el cielo.

  9. EB 4 Febrero, 2017 at 9:13 #

    Wow. Su cuento lo he escuchado muchas veces y siempre llego a la conclusión de que quienes lo cuentan quieren creer –para sentirse bien– que igual estaríamos aquí si nuestros ancestros hubieran sido tan “virtuosos” con ellos. Pero bien sabemos que eso es mentira, que jamás estaríamos aquí si no hubiera sido por las “maldades” de nuestros ancestros. Qué reconfortante sentirse moralista sin haber jamás tenido que enfrentar circunstancias distintas a las que la gran mayoría hoy enfrentamos (y por las que debemos gracias a nuestros ancestros). Yo recomiendo a quienes desprecian a nuestros ancestros que paguen hoy por las maldades de ellos y que paguen en serio, no con discursos frente al espejo diciendo “lo siento”. Antes, y lo digo por ancestros que no llegué a conocer por pocos años, alguna gente que sentía culpa por sus errores graves se suicidaba para dar ejemplo a sus hijos y nietos. Y si no quieren pagar ese precio tan alto, por lo menos que se encierren para vivir como monjes.

    A propósito de toros dibujados en cavernas, uno de mis ancestros vascos a quien conocí ya muy viejo dedicó buena parte de su larga vida a ellos, pero no recuerdo que sus conclusiones fueran tajantes y en todo caso investigaciones posteriores han mostrado que eran cuestionables. Que alguien afirme que esos toros eran patente constancia de los hechos me causa risa.

    • Sedente 4 Febrero, 2017 at 10:45 #

      Quizá el tiempo verbal que he utilizado en mi comentario lo ha inducido a error y por eso me habla Usted tanto de los “ancestros”.
      Mi comentario lo escribí antes de que Usted escribiera el suyo y era una reflexión interna sobre lo que yo había escrito anteriormente y que forma parte de un blog personal.
      De ahí que me permita licencias con respecto a lo que escribo, así que puede conjugar mi anterior texto en presente si así le place.

      En vista de su comentario, negando la sorpresa, pensé que estaría bien incluirlo aquí para que se pueda ver que realmente existe esa relación alimenticia de la que hablo con los hechos.
      Las cosas que he dicho son hechos. No son opiniones ni invenciones.
      Los médicos te dicen eso, nuestros dientes parecen eso y los humanos hacemos eso.
      Matar a todo bicho viviente del planeta, ya sean ballenas, microbios u otros humanos.

      No sé de dónde obtiene la conclusión de la que habla en referencia a que, entiendo que se refiere a mí cuando dice: “Yo recomiendo a quienes desprecian a nuestros ancestros…”. Mire Usted, con toda la cortesía de la que soy capaz le pido que se detenga y vuelva a leer la breve elegía en mi primer comentario en referencia a mi padre y que si tiene Usted algo de imaginación o interpretación creativa sepa a bien entender que allí no solo hablo de mi padre, si no que en el “Él” que empleo para referenciarle existen todos los posibles “Él” anteriores que Usted sea capaz de imaginar.
      Es decir, todos los ancestros de esta gran bola de capas de muertos que pisamos.

      En cuanto a que los toros están allí para dejar patente constancia, es sin duda, reitero, patente constancia que están allí dibujados para dejar constancia sobre los hechos y eso son también hechos. Si Usted cree cosa diferente ya es harina de otro costal.

      Saludos.

      • EB 4 Febrero, 2017 at 15:54 #

        Usted dice “El Ser Humano convertido en Bestia” y ahora recuerda que elogió a su linaje. O sea usted se contradice o usted se considera de un linaje excepcional, quizás representante de la Super-Humanidad. Por favor, si quiere escribir palabras lindas y palabras fuertes, tenga cuidado al mezclarlas.

        Y respecto a lo que se considera un hecho, jamás la interpretación y el juicio de una acción humana (o super-humana si se trata de su familia) o de una obra fruto de la acción humana es único por más “consenso” entre “muchos” humanos en un determinado momento.

        • Sedente 4 Febrero, 2017 at 17:11 #

          Muy señor mío.

          Yo no he recordado nada en referencia a que elogié a mi linaje, pues lo tengo muy presente y forma parte constante de mí.

          Mi padre con respecto de mí, igual que el suyo de Usted, será mi padre, antes, durante y después. No existe pasado ni futuro respecto a mi con respecto a Él, como supongo que su padre de Usted será siempre su padre indiferentemente del tiempo que pase.
          Yo no recuerdo que lo elogié, como Usted dice. Lo elogié, lo elogio y lo elogiaré porque como padre mío me dio la vida al igual que a Usted el suyo hizo con Usted.
          Mi Padre dándome la vida permitió y permite todo esto que está sucediendo aquí y ahora al igual que el suyo de Usted.
          Mire Usted que por cosas de las cosas en las cosas de este mundo que pisamos, parece ser que todos venimos de un algo común. Sea este algo alga o bacteria o impulso o fuerza o como tenga Usted a bien llamarle o disponer, y resulta que es la misma para mí, mi Padre, Usted y el de Usted.

          Tenga a bien cesar el acoso al que me somete con sus reiterados ataques sin venir a cuento ni a qué, le pido por segunda vez, pues no querría que la cosa fuera a mayores teniendo en cuenta todo lo que le explico como mejor y más buenamente puedo.

          Ni me considero de un linaje más excepcional que el Suyo ni menor, puesto que si tiene a bien entenderlo, ambos dos, más todos los demás, hemos salido de la misma tierra que pisamos. A ver si Usted consigue entenderlo.

          Y, de nuevo, no insista retorciendo lo evidente pues no conseguirá cambiar los hechos de que en una cueva (de hecho en varias) existen pinturas sobre toros o animales cornamentados. Eso es un hecho constatable.

          Sin más, le repongo de nuevo mis saludos.

  10. Juan Teruel 4 Febrero, 2017 at 20:51 #

    Qué para que el ser humano viva necesita alimentarse de cadáveres es una evidencia. Y que cualquier ser vivo, a su vez, también necesita alimentarse de otros seres vivos (los vegetales sí lo son), igualmente. Me temo que esto es indiscutible.

    Las fobias a la sangre, la eliminación de la muerte de nuestras consciencias, el encubrimiento de los seres muertos a la percepción, y ese juego macabro e ilusorio de inmortalidad en el que nos sumergimos alegremente, es propio de los seres humanos de nuestro tiempo.

    Estando en la cúspide de la jerarquía evolutiva, como así parece, queremos comportarnos de manera que “no hemos roto un plato”, como un rasgo más del buenismo que nos azota.

    ¿Es quizá una forma de evitar pagar la cuota de nuestra responsabilidad vital, no admitiendo ni reconociendo la deuda que contraemos con los seres de los que nos alimentamos? Una grave manera de ser irresponsable.

    Mientras, pocos alzan la voz por nuestros descendientes a los que no dejamos nacer. Vergüenza, es un término aún demasiado beningno.

  11. Lucas Montes 6 Febrero, 2017 at 12:59 #

    Sea cual sea el autor y el tema de reflexión, ya encontrará el contertulio que firma EB la manera de escribir dos de sus constantes: que algún aspecto o comentario “le causa risa” y que os progres o progresistas son el compendio de todos los males que aquejan a la civilización. Perdona, pero eres un poco recalcitrante.
    Hoy se trataba de repensar como lidiamos con la muerte, ¿o no?
    Venid a una sala de disección, analizad un cadáver, y sabréis mucho de lo que es el hombre…

    • Loli 6 Febrero, 2017 at 16:40 #

      No sé, estimado Lucas, yo he estado en salas de autopsias, y también, desgraciadamente, cerca de personas en el momento de “fallecer”.

      Le puedo asegurar, que, se nota perfectamente una diferencia, un cambio que trasciende lo que se está viendo en ese momento.

      Y no es explicable, la persona pasa de estar, a no hacerlo, y sin embargo, al menos a mí, en esos primeros momentos, algo me llama a mantenerme allí, a esperar …y a medir mis palabras…porque siguen haciendo efecto, y son importantes.

      Me es imposible no sustraerme a esa impresión, y creo que no soy la única.

      Y en una sala de autopsias, mire…no se aprende mucho sobre lo que es un hombre, solo se pone de manifiesto…lo muchísimo que se desconoce.

      Es cuando se expone, aparentemente, a la luz, aquellos indicios que pueden aclarar, y a veces medianamente, lo que ha podido ocurrir en ese cuerpo, antes de morir, pero de la misma manera que, ante una tienda de exquisita cristalería, podemos deducir que ha sido pisoteada por un “paquidermo”, por ejemplo.

      Que conste que ese “paquidermo”, puede ser la propia persona.

      Desconocemos mucho…y en esos sitios, ese desconocimiento se pone de manifiesto, de forma, al menos para mí, escalofriante.

      Esa es mi humilde experiencia.

      Un saludo

      • Loli 6 Febrero, 2017 at 17:12 #

        Y, sí, yo también estoy de acuerdo con “la recalcitrancia exhaustiva” del Sr. EB sobre sus apreciaciones sobre “la risa” y “los progres”.

        Me llama la atención porque, dentro de su discurso, aparecen estos dos conceptos, como factores que rompen totalmente el formato de sus comentarios, que si bien, se puede estar de acuerdo o no con su línea de pensamiento, parecen seguir un hilo argumentario, siempre en un sentido, pero al menos coherente en ese aspecto, y de pronto esa argumentación se ve quebrada y rota, de manera exabrupta y recurrente.

        Es como una “fijación obsesiva”, y para tranquilidad del Sr. EB, creo que tiene “tratamiento”, no hace falta que viva eternamente bajo la tiranía de su dominio, y… nos maree a los demás con ello.

        Porque, sin ánimo de ofender…pero de verdad, por favor, Sr. EB, inténtelo, se puede tratar, es muy…muy cansino y…agotador el leerle siempre lo mismo, como si solo existieran los EEUU, y Ud. junto con su inexplicable “risa”…en el mundo.

    • Sedente 6 Febrero, 2017 at 18:27 #

      Sí.
      Y la cosa, a veces, no es para reírse sino, y muy tristemente, para todo lo contrario.

      Decía antes que a la manta da miedo mirarla. La manta esconde bajo ella cosas espantosas y terribles. Todas las cosas que nos hemos “comido” y “tragado” esconde la manta.
      Por eso da tanto miedo mirarla.
      Por eso cerramos los ojos y no queremos mirarla. Por eso ni tan siquiera respiramos si estamos cerca de ella. Su hedor ácido de muerte te entra por la nariz y te posee durante días con solo una bocanada.

      La manta esconde fauces capaces de hacerte temblar. Fauces semejantes a las de los cocodrilos. A las de un león hambriento dando dentelladas. Las fauces que esconde la manta son como las de un dinosaurio desbocado persiguiéndote para devorarte.
      La manta esconde también cuernos. Cuernos como los de un toro bravo capaz de levantarte como a una cerilla por la fuerza de su cuello. Tantas veces durante tantos años ha movido el toro su cuello y ha mirado con sus cuernos al cielo.
      La manta esconde los cuernos de los rinocerontes y de los mamuts bajo ella, sus huesos. Capaces de derribar tribus enteras de un solo golpe.
      La manta esconde los cuernos de los becerros que con sus chasquidos hacen tronar sus deseos entre los cerros de las montañas. Por una hembra.
      Por un puesto en la manada.
      La manta esconde bajo ella los dientes de las ratas y su toda voracidad. Los dientes del castor y sus mandíbulas y su tesón y determinación capaz de cortar árboles y formar lagos en los ríos.
      La manta está repleta de gusanos y esconde garras negras.

      A la manta cuesta mucho sacudirla y poner sus ojos en ella mientras lo haces.

      La manta tiene tras de sí la mugre de las cabezas de los buitres, capaces de introducirse con ella por entre las nalgas de una presa para llegar hasta el estómago y comerse sus entrañas.

      Así es la manta y todo lo que cubre.

      La manta huele a hedor ácido e hiriente por tantos años de muerte.
      La manta cubre todas esas cosas y muchas más bajo ella. Cubre nuestras vergüenzas dicen.

      La manta cubre nuestras vergüenzas.

      Pocos tienen la des-vergüenza para salir sin esa manta. Pocos se muestran con sus ropas verdaderas.
      Con las que le dio la vida al nacer.

      Sin la manta estaban aquellos que aparecen en las fotos antes de ser gaseados y/o quemados en salas y edificios enteros hechos para ellos.
      Allí estaban todos sin ninguna manta sobre ellos, escuálidos por el hambre al que habían sido sometidos por su religión o procedencia.
      Sin manta que le cubriera estaba aquella niña que corría por la carretera, con su verdadera ropa quemada por el fuego de una bomba. Llorando y con los brazos alzados para no rozarse.

      Todas estas cosas u otras están en nosotros.
      En nuestra cabeza. En nuestro humor. En nuestro hacer las cosas.
      Todas esas cosas nos las hemos “comido” y “tragado” nosotros y están en nuestras entrañas.
      Todas esas cosas salen a la luz muy pocas veces para dar testimonio del por qué a todos nos da tanto miedo mirar a la manta.

      Pero las regurgitamos como rumiantes.
      Y por eso cerramos los ojos rápida e instintivamente cuando sacudimos la manta. Por que nos dan miedo sus entrañas.

      Y mentimos y lo negamos y decimos, nunca más.
      Pero vuelve a suceder y sucede.

      El niño negro con su estómago hambriento y sus ojos llenos de moscas tampoco necesita cubrir sus vergüenzas.
      Él no sabe de esas cosas.
      Él solo tiene hambre de amor de cosas hechas con amor.

      Él no sabía que iba a venir al mundo. Ni su padre tampoco.
      Su padre solo hizo el amor o no y tuvo su recompensa inmediata.
      Obtuvo su placer inmediato. Su pago inmediato pues se suponía que había amado.
      Esa era la naturaleza de las cosas.

      Esa era la verdad.

      La verdad es que nos cubrimos con una manta hace miles de años para tapar nuestras vergüenzas, dicen.
      La verdad es que nos cubrimos con una manta para tapar todas esas capas de muertos.

      La manta la hicimos nosotros.
      La manta la hacemos nosotros con nuestras manos y con nuestra mente llena de cosas.

      Esa es la verdad.

      Y así andamos.
      Como ciegos.
      Levantando muros y vallas.
      Para no ver, para no mirar.
      Tapando nuestras vergüenzas.
      Con mantas y capas y muros y vallas de vergüenzas tapadas.
      Sobre todas esas capas de muertos.

      • charlie 7 Febrero, 2017 at 7:18 #

        ¿Por qué no escribes todo eso en un blog?, aquí pinta muy poco.

        • Sedente 7 Febrero, 2017 at 8:45 #

          Parece que busca una excusa para no tener que mirar.
          Quizá me equivoque. ¿Qué busca?

          ¿Debe estar la moral alejada de la política?
          ¿Deben estar los sentimientos y la historia alejados de la política?
          ¿Sobre qué construimos?

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