EL HOMBRE DEL TIEMPO

Seguro que alguien podrá descifrarnos el motivo por el cual a la climatología se le denomina “el tiempo”, cuando la mención clásica siempre hace referencia a los únicos tres momentos posibles incluidos en la mayoría de los lenguajes modernos: pasado, presente y futuro, y esenciales para la estructuración de lo que conocemos como realidad.

Un magnífico profesor de psicopatología nos indicaba en los tiempos de universidad, que las enfermedades en realidad deberían describirse no como un conjunto de conductas que se agrupan en una categoría, sino como las deficiencias psíquicas derivadas de la forma en que el curso del tiempo afecta a la psique. Así, desarrollando ese concepto, llegábamos a la conclusión de que existían dos grandes categorías de afectaciones, aquellas producidas cuando el tiempo estaba delante de la mente, y aquellas derivadas de cuando estaba detrás. Un ejemplo de las primeras serían las fobias y depresiones, y del segundo las paranoias y las obsesiones.

El escrutinio de la relación del hombre con el tiempo, nos puede ofrecer muy buenas señales del discurrir del individuo por la vida, porque más allá de entender que nuestra percepción actual es la mejor de las posibles, como tantas otras cosas, lo cierto es que no siempre ha sido igual, y probablemente en el futuro esta relación será sustancialmente mejor que la que ahora tenemos.

Es un axioma que la existencia se dirime entre dos hitos de partida, como son el nacimiento y la muerte, y que ambos se sitúan en polos variablemente opuestos en el que el primero es pasado, y el segundo es futuro. En el caso del ser humano, es cierto que este planteamiento adquiere una singular relevancia desde el hecho de que es el único que puede generar una consciencia compleja de esta obviedad, y que las diferentes formas en que la puede concebir, asimilar y proyectar, son determinantes en la forma en que se recuerda y la manera en que se pronostica.

No cabe duda de que esta relación, que subconsciente y habitualmente establecemos con el pasado y el futuro, está condicionando, cuando no determinando, la vivencia de eso que hemos denominado presente. Y es, la del presente, una denominación puramente diferencial, pues el presente es una simpleza ficticia de la que bien se sabe en el mundo de la Física de su inexistencia, y solo sirve para hacernos creer que lo que vivimos no tiene que ver con lo anterior, y que aún no es lo siguiente. Es decir, el presente es solamente una autoafirmación que reclama la independencia del pasado y un brindis al sol de la libertad con la que se encara el futuro. ¿Será el presente una forma de nacionalismo involuntario que sin saberlo todos compartimos?

Si nos adentramos en su terminología, además, no deja de aseverarnos su relación con un estado psicológico posible, como es el de preso o apresado. Es algo así como el tiempo verbal necesario para identificar lo que le sucede al presidiario, con un oscuro pasado del delito que evitar, y un futuro que nos está en sus manos. Visto así, queriendo el individuo que reivindica su identidad en el tiempo presente, desprenderse de los traumas del pasado y limpiarse para el camino futuro, cae irremediablemente en las garras de una forma de tiempo que solo contempla lo inmediato.

Eso es: lo inmediato. No, no es el presente del que nos inventamos su existencia, sino ese sentido primario del instante, que ligado a la satisfacción propia, conjuga una cadena progresiva hacia el consumo y la fagocitación de los sucesivos componentes, que poco a poco va amenazando al todo. Así consumimos tiempo colectivamente, como en los rituales que nos definen como conjunto: un macro-concierto en el que el ruido pretende callar el sonido pluscuamperfecto de un pasado ingenuamente digerido, y un espectáculo deportivo en el que convocar la potencia del cuerpo para espantar un futuro que hemos definido irremediablemente como decadente, por motivo de ese concepto perverso que es “calidad de vida”.

Es la lujuria de evitar las borrascas pasadas, y el frenesí para desdibujar el futuro con anticiclones eternos.

Entre otros muchos factores, la actual devoción por el dios Presente, es una deformación populista del concepto de Gestalt, que se instaló en los círculos académicos e intelectuales de la Europa central y América, en la segunda y tercera década del pasado siglo, cuyo fin era hacer obvio que para descubrir la estructura psíquica dominante no era necesario un análisis del pasado personal. Era, por lo tanto, un movimiento esencialmente anti-psicoanalítico, liderado por especialistas que procedían de él, que fueron rechazando de plano la dictadura dogmática establecida por la ortodoxia metodológica de la Escuela Alemana. De hecho, algunos de sus principales representantes como Fritz Perls, tuvieron que salir por piernas del nazismo.

Para calibrar el sentido de sus postulados valga decir que su desafortunado eslogan principal fue el de “El Aquí y el Ahora”, que pretendiendo romper con el sentido tiránico que el pasado había adquirido en el planteamiento freudiano, metió sin pretenderlo al hombre en la ficción esclava del presente. Mucho más capaz fue Jung, que para superar esa idea que condenaba al hombre a su pasado infantil remoto, amplió el pasado al origen de la humanidad y lo vinculó a un destino de realización personal; un abanico con todo el tiempo en su interior. Una posibilidad que, pasando por todos los tiempos verbales, se vaya acercando al infinito del infinitivo, para que la vida cobre sentido.

Como no podía ser de otra manera, de las sucesivas formas de vivir el tiempo que se van dando a lo largo de la existencia humana, la que nuestra cultura ha fijado como el referente primordial, es la que tiene que ver con la primera juventud y la adolescencia. Si alguna edad del hombre es esencialmente presentista, es esa en la que prevalece el anhelo de dejar atrás una infancia que no deseamos que nos defina, y aún no se han producido el cúmulo de experiencia y vivencias para poder proyectarse hacia adelante. La necesaria renuncia a las limitaciones de la infancia, llena de prohibiciones y condicionantes parentales y sociales, abre paso a un periodo transitorio y experimental, a la espera de que los centros neuronales maduren y se adiestren en el control de los impulsos y la capacidad en la toma de decisiones. Este periodo sin pasado que espera el futuro, inevitable y afortunadamente no tiene tiempo en el que asentarse, y solo lo inmediato excita sus circuitos de pensamiento azotado por la impulsividad vital. Y entonces toda la sociedad pone los recursos a su servicio, para que lo transitorio se convierta en crónico, la adolescencia no se acabe, y su futuro parezca no querer llegar nunca, quizás por temor a que nos desplace de la cínica definición de nuestra “zona de confort”. Y así van pariéndose generaciones incoloras, inodoras e insípidas, que llenan los despachos de psiquiatría a la espera de su diagnóstico y tratamiento del problema que los define: trastornos límites de personalidad, la antítesis de cualquier identidad posible.

La emulación de las personas de toda edad y lugar de los contenidos y modos del joven inicial, alcanza a todos, y muy especialmente a los que ven el recital terminarse, con unas escenas patéticas, esperpénticas y tristes, con las que nuestra sociedad ha acabado caracterizando a la vejez.

Sometidos pues a nuestro papel de presidarios, en el que solo podemos vivir el presente desde nuestra celda, ¿tendremos que conformarnos a la fuerza solo con soñar o doparnos, como hacen ellos?

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Sobre Carlos Peiró Ripoll

Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Fue director del IMFEF, y ha ocupado distintos puestos de responsabilidad en áreas dedicadas a la salud mental y la Psicología como Director de Psicologías y Terapias del Centro Asistencial Santa Teresa de Arévalo, del Gabinete de Psicología de la Empresa CTO, y de la Unidad de Orientación Familiar de la Comunidad de Madrid. Coordina programas de formación en las que destaca el de “Redes Familiares para la prevención” del Plan Nacional de Drogas. Mediador Social y Familiar.

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8 Respuestas a EL HOMBRE DEL TIEMPO

  1. Rosae 12 Junio, 2017 at 18:38 #

    El tiempo, qué es?- qué pudiera ser?-…

    Existen personas que viven toda su vida con la misma idea fija de cómo ha de vivirse..
    El tiempo pasó por ellos, como pasa por todos, pero por su mente- o pensar..pasó el tiempo?-

    El ayer ya no está, y el pasado no llegó y sin embargo es hoy, aún No siendo..
    Y ese hoy, que es y no-es al mismo tiempo sería el “presente”.. Casi siempre ausente..
    Es la realidad Dual? – o es nuestra mente dual? Y por ello vemos/ sentimos/ pensamos tan de dualidad= en conceptos como contrarios..

    Ocurre así con vida-muerte; la vida: sería un ir muriendo no? – y la muerte que ocurre en un sólo momento, su carácter es de “eternidad”.. Para siempre, no Volvemos!!
    Visto así, la vida respecto de la muerte sería o duraría lo que dura un “suspiro” no? –
    Así que pasarla tan mal por un suspiro!! – conve dria pensarlo…

    Y si el hoy (que a su vez no es), es lo único que realmente tenemos, y esto de “real” englobaria mucho más…cómo No Tenerlo En Cuenta o aferrarse a él? -… Para lo que cada cual quiera o desee..para vivirlo-sentirlo..para iniciar cambios si se autoproponen- o se proponen..
    Es hoy y no mañana CUANDO ha de hacerse…

    El presente siempre es hoy, y es en hoy donde está la posibilidad de cambio..
    Y..si nada cambia… Cómo se puede decir que “el tiempo pasó”?? –

    El tiempo, es el tiempo de vida? – o es en nuestra vida por donde transcurre este concepto..
    Y cómo vivir es morir, si muertos se “acaba el tiempo”… Como es que la muerte dura Una Eternidad? -…

    A ver…pensemos…quien Quiera!!!

    Si hubiera erratas, el corrector?.

  2. Andres Andres 13 Junio, 2017 at 14:37 #

    Estimado Carlos,

    Muy interesante su disertación sobre el tiempo. Sin embargo, me parece que en los hechos, la realidad muestra que el tiempo presente es lo único existente en los hechos. Puede que nuestra idea particular sobre el presente, efectivamente no exista como tal. Sin embargo afirmar que el presente no existe según la física, es algo que realmente está totalmente fuera de la realidad.

    Si estamos esperando a tener una foto fija de un momento presente, lamento comentarle, que no la tendremos nunca. El presente es un proceso dinámico, es un constante cambio.

    Culturalmente estamos muy acostumbrados a trabajar mentalmente con representaciones estáticas y caricaturescas de la realidad y de los diversos fenómenos. Al no encontrar algo estático en el presente, nada coincide con mi idea de presente, pero eso está muy lejos de ser una prueba de que el presente no exista. Lo único que muestra es que el presente no es estático y que no coincide con mi idea preconcebida sobre el presente, sólo eso.

    Por el contrario, el pasado es una serie de abstracciones más estáticas que se van construyendo a partir de los procesos que suceden en el presente. El futuro es una simple proyección mental, en función del comportamiento previo de los procesos y su estado actual.

    Diferentes culturas a lo largo de la historia, han dado mayor peso al presente, en aspectos culturales, cognitivos, de supervivencia en la naturaleza, etc.

    Aunque aún es poca, comienza a existir literatura que habla de los procesos cognitivos, vistos desde la perspectiva del tiempo. De igual forma hay aspectos neurológicos, especialmente importantes que en los humanos vale la pena contemplar.

    Uno de los trabajos más interesantes a mencionar, serían las del psiquiatra Ian McGilChrist, en su libro “The Master and His Emissary”, muy recomendable para entender el presente desde el punto de vista psicológico y desde la selección natural.

    Un saludo.

  3. Carlos Peiró Ripoll 13 Junio, 2017 at 19:02 #

    Gracias por tu comentario Andrés.

    En relación con él indicar que estás mezclando dos aspectos diferentes en relación con el tiempo, uno es el que tiene que ver con la física, y otro el que tiene que ver con su percepción subjetiva o lo que es lo mismo con la psicología.

    El artículo pretende reflexionar sobre la manera en que de forma colectiva, estamos percibiéndolo en nuestra sociedad actual. Está claro que la física no entiende el presente, pues la percepción que tenemos de él, siempre está sujeta a la velocidad de la luz, o lo que es lo mismo, solo percibimos su huella posteriormente recogida. Me apoyé en que la física no contempla el presente como argumento para afianzar la tesis, y poder iniciar un debate que se antoja interesante.También, el dinamismo permanente de los procesos fenomenológicos, que introduces en el debate, es una prueba de la tesis planteada, y aunque lo desconsidere, a mi me parece un elemento más que definitivo para entenderlo.

    En cambio, me cuesta mucho más poder definir lo que es el pasado, que evidentemente es bastante más que “una serie de abstracciones estáticas que se van contruyendo a partir de los sucesos que se producen en el presente”. En realidad solo creo que el pasado sea estático en una pequeña porción de él, pues la sucesión de fenómenos que acaecen lo van transformando en una gran medida. E igualmente pienso sobre el futuro, del que hay sobradas evidencias de que las proyecciones que hacemos en él desde el pasado, pese a que esa sea nuestra intención, pocas veces resulta de esa manera.

    En cualquier caso, el debate se pretendía centrar en que nuestra concepción del tiempo en la actualidad es egocéntrica, pues el ego solo percibe el presente, y que en el terreno de la psicología social aún estamos en concepciones precopernicanas, aunque revestidas de una modernidad engañosa.

    Saludos cordiales

    • Andres Andres 14 Junio, 2017 at 8:40 #

      Hola Carlos,

      Igualmente, muchas gracias por el texto y los comentarios.

      Limitándonos al aspecto psicológico del tiempo, me parece que tiene razón, pues las concepciones sobre el pasado y el futuro efectivamente se están transformando y no llegan a ser rígidas del todo. En algunos aspectos pueden ser rígidas por siglos, pero al final pueden cambiar.

      Me ha aclarado mucho con el último párrafo del comentario. He releído el texto y me parece muy interesante sobre el (¿Podríamos resumirlo como?) “alargamiento artificial de la adolescencia”.

      Me parece que hasta cierta profundidad es correcto mencionar que lo que se fomenta es una cultura sobre el presente. Pero si lo miramos con más detenimiento, parece que lo que se fomenta es una cultura extremadamente superficial sobre el presente. Más que la cultura egocéntrica del presente, tenemos una cultura de la interpretación egocéntrica del presente.

      Vivimos una cultura que interpreta el presente en sus propios términos, según los prejuicios, según las propias costumbres y los sesgos adquiridos consciente o subconscientemente. ¿Y todo eso que de dónde viene?
      Del presente, definitivamente no. Claramente viene de aquello que ya hemos vivido previamente, de aquello ya que hemos interpretado, es decir, del pasado.

      Aunque en un inicio, parece que el ego fomenta vivir en el presente y en una cultura del inmediatismo, en realidad vive atrapado en el pasado. Vive en el inmediatismo de la interpretación del presente.

      Realmente no se mira al presente en su totalidad, sino sesgado a través del filtro del pasado. El pasado nos lleva a ver el presente en función de lo que ya hemos imaginado que será el futuro (así, el presente es medio para un futuro imaginado. Imaginación que tiene sus raíces en el pasado).

      En cambio, una cultura que percibe el presente en su totalidad, será todo, menos favorecedora del egocentrismo. Percibir el presente, es abrirse por igual tanto a lo que no es interesante cultural o personalmente, como a lo que sí lo es.

      El mundo está lleno de culturas, que han sido menospreciadas por su escaso avance tecnológico, y que sin embargo han tenido chispazos de una cultura real del presente. Ejemplos se encuentran en el Amazonas, en los Indios Americanos, en tribus de Australia, en algunas partes del Himalaya, África, etc. Pero esos claros ejemplos difícilmente son percibidos, ante tantos velos culturales que nos hacen suponer que los demás también ven en el presente sólo un lugar en donde todo es un medio, para lograr un fin.

      Vivir interpretando el presente en función del pasado, no es proceso automático inevitable, existen alternativas.

      Un saludo,

      • Carlos Peiró Ripoll 14 Junio, 2017 at 22:49 #

        Hola nuevamente Andrés,

        Son interesantes tus reflexiones sobre el sentido del “presente superficial” y su relación con el pasado.

        Lo que yo observo del entorno social respecto a la manera en la que nos relacionamos con el tiempo, creo que es una derivada de uno de los componentes psíquicos principales del sustrato emocional, como son los impulsos, y no está tanto circunscrito al pasado.

        Los impulsos, muchas veces sostenidos por componentes orgánicos como son las hormonas, son consustanciales al funcionamiento humano y por tanto uno de sus recursos principales para la vivencia de las experiencias que se van sucediendo en nuestra vida. Tanto es así que su simple disminución conlleva necesariamente procesos psicopatológicos como la depresión.

        Pero impulsos hay de muchos tipos, y en lo que nos concierne, con muy diferente recorrido e implicaciones. Cuando se habla del presentismo que nos domina, seguramente estamos hablando de un solo tipo de impulsos: con un recorrido breve, en búsqueda de satisfacción inmediata, rápidamente reiniciables, y muy binarios -solo cabe un sí o un no- a su propuesta. Este manejo de los impulsos suele conducir a que el curso que dirigen adquiere connotaciones adictivas, pues el placer producido por su satisfacción es fácil, rápido y de corta duración.

        Este tipo de impulsividad, a la que podríamos denominar primaria, es claramente dominadora del manejo psíquico actual, y creo que se extiende en facetas tan aparentemente lejanas como el ocio, las relaciones sexuales, y los conflictos sociales. Y una de sus principales características tiene que ver con el efecto directo que tiene sobre la percepción y la sensitividad, pues quien es preso de esta forma de impulsividad tiene serias dificultades para recoger otros estímulos sensitivos que no tengan una relación exclusiva con el deseo de consecución del placer que la acompaña.

        Todo ello está en las antípodas de la percepción de la realidad en su totalidad, al que haces mención en tu comentario, que tendría que ver con los fenómenos de sincronicidad descritos en muchas culturas y mencionados con frecuencia en la literatura. Estas experiencias es díficil contextualizarlas en una forma de tiempo definida (pasado, presente y futuro), pues parecen producirse como una suerte de “salto en el vacío”, al que sería más adecuado denominarlo como “atemporal”.

        Nuevamente gracias por el comentario y saludos.

        • Andres Andres 15 Junio, 2017 at 8:59 #

          Hola Carlos,
          Realmente, creo que con lo que me comentas, nos vamos acercando a procesos muy importantes y que son poco abordados en general. Por ello, creo que debemos ir avanzando con cautela y mirarlo todo varias veces.

          Sin duda, los impulsos a los que haces mención, son importantes y efectivamente dominan facetas como el ocio, relaciones sexuales. También, sin duda, sesgan dramáticamente la percepción individual y social, limitándola sólo a aspectos relacionados con la consecución de los propios impulsos.

          Si lo vemos con gran calma, creo que hay dos aspectos a considerar:

          El primer aspecto es: Los impulsos, finalmente se limitan a sensaciones físicas complejas en el cuerpo, sea hambre, dolor, una tensión, calor, etc. Por ejemplo: el miedo puede ser un dolor en el estómago y un temblor en el cuerpo, de manera simultánea.

          El segundo aspecto es: La manera en que trabajan los impulsos, no suele ser aislada. Por ejemplo: yo siento hambre y a continuación (un poco después), surgen pensamientos y sentimientos que me llevan, a decidir comer o a negarme la comida.

          Entonces, los impulsos, provocan reacciones cognitivas de más alto nivel (en forma de pensamientos y sentimientos), los cuales son los que finalmente se atribuyen una decisión respecto al rechazo o satisfacción del impulso. Esos pensamientos o sentimientos, provienen del pasado (de dónde si no). Es por ello, que ante el mismo impulso, algunas sociedades/individuos lo ensalzan, mientras que otras lo invitan a reprimir. Por ello, no hay una respuesta uniforme/universal y mecánica ante los impulsos.

          Dado que el proceso impulso/pensamiento-sentimiento/acción, suele ser rápido, se suele dar por sentado que el impulso lleva anclados pensamientos y sentimientos inevitables. Sin embargo son dos procesos en interacción.

          En una sociedad/persona que valore el presente en su totalidad, no hay porqué separar en los hechos entre lo que sucede fuera y dentro de uno mismo. Entonces, se puede ser consciente del impulso (que tiene su propio valor y lugar) y a la vez aprender a ser consciente de la reacción posterior. Ser consciente de lo que cultural o individualmente, los propios sentimientos o pensamientos nos llevan a hacer ante dicho impulso.

          El simple darnos cuenta de esas reacciones, abre la puerta a que la respuesta ante los impulsos, no sea tan mecánica, ni rutinaria. El simple darnos cuenta de las reacciones habituales, abre la puerta a acciones creativas e incluso lleva a disfrutar de ese “salto al vacío”, que es en dónde (hablando figuradamente), se descubre que se puede volar.

          Un saludo,

  4. Loli 16 Junio, 2017 at 7:57 #

    Las series de televisión, las telenovelas, parecen estar diseñadas en sus guiones, para mantener una suerte de “presente-prisión” continuada de las posibilidades de atención de la gente.

    Y creo que se hace a través de que en realidad existe un primer arranque al principio de su existencia, y luego todo se desenvuelve a través de idas y venidas de esos primeros impulsos, de tal manera, que el tiempo parece paralizarse, tanto en los espacios escénicos , como en sus personajes, a los que nunca se le hace dar un “salto cualitativo”, con lo cual siempre están disponibles para “ocupar” de nuevo un lugar en ese “presente mantenido”, en el caso de que sea necesario….y aunque no lo sea, también.

    Lo tremendo, es que ese ritmo binario, ese volver continuamente a los argumentos que se creen son la razón de la vivencia inaprensible, cala tanto, porque es el reflejo de nuestro funcionamiento cotidiano…, además, es curioso, porque siempre deja esbozar posibilidades de resolución, de mirar más allá del linde, de saltos cualitativos…que finalmente se retrasan…de forma infinita…indefinida.., el futuro no termina de existir, más allá de la imaginación, del deseo, del anhelo, y de la fantasía…,porque cualquier elemento será utilizado como excusa para volver al pasado, o a lo que se cree se ha vivido como tal, a buscar referentes, sin el menor atisbo de duda, sobre cómo ha existido realmente ese “pasado”, del que cada cual tiene su propio “relato”.

    Es curioso, también, fijarse, en cómo esta manera de establecer secuencias y denominarlas como “tiempos”, aunque las intuyamos muchas veces como “imposturas”, son las que dominan el pensamiento, los relatos, las ideas, ideologías y doctrinas.

    Dominan los debates políticos y los que no lo son, las reflexiones direccionadas y vigiladas por los medios de comunicación, y solo tambalean ante los avances en el descubrimiento del funcionamiento de la materia y de las características de la vida (el avance de la Ciencia).

    (Antes, a lo mejor, ya se han tambaleado muchas veces con el Arte, por eso también se le quiere meter en un “ministerio” y enmarcarlo en la máquina de hacer “funcionar” un determinado “estado”).

    Es entonces cuando lo paradójico, lo atemporal y lo “irracional”, hace su aparición, como componentes por derecho propio de esa realidad que nos circunda dentro y fuera.

    Una realidad cuyo presente ya ha pasado y cuyo futuro, igual espera ser habitado…o igual ya lo está, y nuestra concepción del mismo está en función de hacerlo consciente, o de conformarnos con los niveles de consciencia a los que hemos llegado.

    De cualquier modo, es cierto que hay momentos en los que creo sabemos cuándo estamos dando un paso cualitativo, algo que nos diferencia del momento inmediato que nos precede…..y no está ocurriendo siempre, ni tampoco es coincidente con lo cronología que hemos creado para entendernos, ni siquiera, quizás con la que la propia Biología se apaña, en el estado, general, del hombre actual.

  5. Rosae 18 Junio, 2017 at 18:29 #

    Quería añadir que quizás no todo sea impulso/ sentimientos- pensamientos/ y acción;

    Y tampoco aquello que interpretemos del pasado..o imaginemos a futuro.. (sin buscar confrontación), somos seres evolutivos (o involutivos)…y en esto va lo que hayamos integrado del pasado y cómo queremos vernos en el futuro cada uno de nosotr@s..

    Un breve aforismo de corte humanista dice así : Resolverás tus conflictos cuando los entiendas en su última raíz, no cuando quieras resolverlos (inmediatamente).
    La vida nos viene dada o es aquello que queremos que sea?….

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