Parar el juego: GameStop

Los tiempos cambian y, ahora, por fin, el débil puede, solo de vez en cuando, pero puede, destrozar al fuerte, incluso sin un motivo para ello, solo por demostrar que puede. Y eso, a los pequeños pececitos que nadamos entre los tiburones de la política y las finanzas, rezando para no salir heridos como víctimas colaterales de alguno de sus jueguecitos de poder y dinero, nos tiene que gustar.

Un ejemplo de ello lo hemos vivido estos días a cuenta de GameStop, una pequeña compañía estadounidense que vende videojuegos en tiendas físicas, cuyo caso está llevando a enormes “ballenas” del mundo de las finanzas a tener que asumir gigantescas pérdidas y  que, en última instancia, puede hacer que muchos tiburones financieros se tengan que replantear su juego; hasta el punto de que enormes fondos de inversión y brokers que siempre habían estado a favor de la desregulación ahora acuden llorosos a la SEC (el regulador financiero estadounidense) para que intervenga para parar esta nueva corriente que está amenazando con acabar con algunas de sus prácticas (o al menos dificultarlas): un montón de pequeños pececitos se han organizado por internet y les están haciendo morder el polvo.

En el mundillo de la inversión en bolsa (o materias primas, o criptomonedas, o divisas… cualquier cosa que se negocie en un mercado) hay varias maneras de ganar dinero: por un lado, están los intermediarios, que ganan siempre –cobrando comisiones por operar: son los que venden palas en la fiebre del oro-, luego están los que hacen arbitraje -compran y venden el mismo activo en dos mercados cuando se negocia a precio distinto en cada uno de ellos, obteniendo un beneficio y llevando a igualar los precios; también ganan siempre- y por otro lado están los “inversores”,  los que apuestan a la subida, o bajada, del precio de un valor.

En este último caso, los que ganan siempre suelen ser los grandes (que, todo el mundo sabe, manipulan los precios a su antojo, y si no sabes o no lo crees no deberías invertir en bolsa) mientras que los que pierden suelen ser los pequeños inversores, que habitualmente no saben contra quien juegan ni tienen la información o la capacidad para influir en el mercado. Naturalmente que hay inversores grandes que a veces pierden -porque otros aún más grandes apuestan en su contra o, simplemente, porque calculan mal los riesgos, pero no suele ser lo habitual- o inversores pequeños que ganan -gacelitas que pastan entre leones, usando el símil de un famoso manual de bolsa-, pero lo habitual es que los beneficios de los grandes jugadores vengan de las pérdidas de los pequeños inversores; esto es un juego de suma cero.

El mundo financiero está plagado de instrumentos que permiten apostar casi por cualquier cosa, muchas veces con enormes apalancamientos que ayudan (o multiplican, según como se usen) a gestionar los riesgos, y alguno de estos instrumentos dan la opción a aquellos que consideran que un valor va a caer para que puedan ganar dinero con su apuesta: si yo creo que una empresa va a perder valor en bolsa puedo pedir prestada la acción a alguien que la tenga, a cambio de un interés o comisión, venderla al precio actual, esperar a que caiga y comprarla luego más barato para devolvérsela a su dueño, quedándome con la diferencia entre el precio el que la vendí y el precio al que la he vuelto a comprar (esto se suele hacer utilizando instrumentos específicos que no necesitan siquiera comprar y vender la acción, se liquidan los precios entre los participantes y listo). Eso sí, si las acciones suben en lugar de bajar, seré yo el que tenga pérdidas.

Todos estos conceptos que cuento aquí someramente están maravillosamente explicados en la magnífica película “The Big Short”, traducida al castellano como “La Gran Apuesta”, cuyo argumento trata sobre los que se hicieron ricos apostando contra el mercado antes de la crisis del 2008. Si no lo has hecho ya, te recomiendo que la veas.

Por volver a la noticia que ha motivado este post; la historia de la curiosa lucha de David contra Goliat a la que me quiero referir nace de la crisis que por culpa de la pandemia estaba sufriendo la cadena de tiendas de GameStop, y a la que, dada la situación, muchos inversores institucionales (las ballenas y los tiburones de los que antes hablábamos) habían tomado como objetivo para sus tropelías.

Cuando uno de estos inversores cree que una compañía va a ir mal toma una posición “bajista” en la misma, es decir, apuesta a que va a caer y, dependiendo de lo grande que sea la compañía y de lo grande que sea el bajista, suele convertirse en una profecía autocumplida, ya que el fondo inversor no dejará subir los precios, vendiendo siempre que alguien quiera comprar para evitar la subida, con lo que muchos otros inversores empezarán a vender sus propias acciones para huir de la trampa, haciendo que los precios se desplomen. Evidentemente, un fondo de inversión de un banco mediano español no va a poder hundir el precio de las acciones de Microsoft, por mucho que se lo proponga, ya que no tiene dinero para influir en el precio de una empresa tan grande, pero sí que puede hacerlo con una empresa de pequeña capitalización en la bolsa española.

Pues bien, la empresa estadounidense antes mencionada, que comenzó el año cotizando a 17 dólares por acción, empezó a sufrir en sus carnes la presión bajista de varios de estos inversores institucionales, que no esperaban el desafío que se escondía en una famosa red social, Reddit, donde en uno de sus foros de inversión, llamado WallStreetBets, con millones de lectores, se decidió un ataque conjunto por parte de los lectores a sus posiciones bajistas.

La estrategia era simple: si todo el mundo compra acciones el precio sube y si los bajistas no son capaces de pararlo se empezarán a liquidar sus posiciones, provocando enormes pérdidas para ellos que no harán más que impulsar de nuevo el precio hacia arriba; exactamente lo mismo que hacen ellos cuando quieren subir el precio de una acción para vendérselas más caras a los pequeños inversores.

Lo siento, pero me parece una noticia súper divertida, por lo inusual, aunque pueda acabar causando un terremoto financiero de insospechadas dimensiones. En el momento en que escribo esto, las acciones de la compañía valen 380 dólares, desde los 17 que valían cuando comenzó el desafío, y la mayoría de los fondos que apostaban por la caída de la compañía están cerrando sus posiciones, porque no pueden asumir más riesgo. No es exacto y depende del instrumento, apalancamiento, etc., pero para hacerse una idea, en estos precios por cada dólar que apostaron a la baja pierden 22 si mantienen la posición y no la han cerrado, y las pérdidas globales de los bajistas superan los 24.000 millones de dólares, lo que está llevando a muchos de ellos a cerrar sus apuestas bajistas en otras empresas, no sea que se conviertan en el nuevo objetivo de WallStreetBets y vuelvan a perder millones…

Pues eso, que en un blog que se llama Otras políticas me apetecía comentar un caso de esos que demuestran que, siempre, otras políticas, otros juegos, otros ganadores, son posibles.

2 comentarios

2 Respuestas a “Parar el juego: GameStop”

  1. R. Estévez dice:

    En efecto, un caso muy interesante. Ya veremos si el Securities and Exchange Commission protege a los grandes o se lava las manos.

    También coincido con el autor en que la película, «the big short», es estupenda y vale la pena comprarla para verla varias veces en casa. Explica estupendamente cómo fue en los EEUU la burbuja inmobiliaria.

  2. O'farrill dice:

    Efectivamente el mundo financiero ya se ha apoderado de los océanos y no solo es el depredador por excelencia, sino quien impone (porque tiene poder para eso) las políticas que le resulten más convenientes. Cuando, como ocurre en la mayor parte de los países, la política queda sometida al dinero (recordar en España la célebre reunión en la Casa de América), pocas posibilidades quedan a los pequeños peces de escapar de unas u otras fauces (los gobiernos también las tienen).
    Experimentos que sean realmente independientes para neutralizar esta actividad hay pocos y mucho me temo que algunos estén promovidos por los grandes. Son como esos peces «timonel» adheridos a los grandes cetáceos que les sirven y protegen.
    Montar una plataforma independiente con una repercusión pública importante (como parece que ha ocurrido con GameStop), no puede sustraerse a la vigilancia del «ojo que todo lo ve» con capacidad de censura sobre el contenido, a menos que tenga participación en la misma. Por otra parte, la complejidad del sistema financiero con «productos» variopintos y hasta estrafalarios donde la intermediación de la intermediación es una constante, hace necesario contar con medios y recursos que, al final, resulten ser los mismos perros con distintos collares.
    De momento la CNMV en España ha advertido que tales prácticas son un delito.
    Si además la colaboración «política-dinero» es tan evidente como en nuestros tiempos, poco espacio hay para buscar caminos diferentes a los que se nos imponen desde la concentración oligopólica y los cárteles corporativos desde su capacidad de presión. Basta con comprobar el «mix» actual con la excusa del control de capitales donde el sector financiero actúa contra sus propios clientes (pececillos) mientras se pone de perfil con los grandes depredadores.
    Un saludo.

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