Se entiende por memoria la capacidad de almacenar y recuperar lo que recibimos por los sentidos; es decir, la capacidad de reconstruir la impresión que nos dejó el pasado con más o menos fidelidad. Todo acontecimiento deja una marca y la memoria consiste en la posibilidad de reconocerla y dotarla de significado.

Aunque hay que decir que todo se graba y todo influye, todo lo ocurrido y lo vivido se convierte en memoria, seamos conscientes de ello o no. Es más, esa memoria inconsciente posiblemente sea más determinante de nuestro estado que la otra. Tenemos que distinguir, por tanto, entre aquello que podemos recordar y la inmensidad que nos queda por descubrir.

Es sabido también que no hay un único tipo de memoria sino muchos; o, lo que es lo mismo, la memoria se manifiesta de muchas maneras, tantas como formas hay de escribirla y de recordar. A cada cual le impactan unas cosas más que otras y tiene más fácil acceso a ellas, de forma que nuestra memoria es visual, auditiva, cinestésica, olfativa, gustativa, táctil y quién sabe de cuantos tipos más.

Y unas memorias son más permanentes que otras, baste como ejemplo el poder evocador de los olores y la facilidad con la que olvidamos una lista de nombres o de cifras. Y hay memorias pequeñas y otras que son ilimitadas. Hay una memoria a corto plazo, temporal, y una memoria histórica que es la que nos otorga continuidad, la que almacena nuestra biografía y sobre la que se construye eso que llamamos nuestra personalidad.

Aunque la permanencia tiene más de deseo que de realidad; porque nuestra memoria, el conjunto de todas ellas, no deja de reescribirse una y otra vez. Y los recuerdos se enturbian y se distorsionan, se mezclan con el presente y se cargan de expectativas sobre el futuro, sobre lo que suponemos, esperamos o tememos que va a pasar.

Y aquí reside una de las claves del aprendizaje, en el uso que le damos a la memoria y en la posibilidad que tiene de impulsar o de paralizar. Desde este punto de vista, podríamos distinguir entre dos formas de usar la memoria, aquella que potencia y facilita que el aprendizaje se siga produciendo y esa otra que supone una carga y lo limita. La ejecución de movimientos de un pintor, el toque personal de un cocinero y, en general, la maestría en cualquier oficio o situación en la que es preciso arriesgar, combinando la experiencia con la innovación, serían memoria del primer tipo. Por el contrario, la repetición, la actitud desconfiada ante lo nuevo o lo diferente, el uso de viejas fórmulas para resolver problemas nuevos y todo aquello que suponga revivir nuestras manías, obsesiones, traumas, prejuicios y situaciones mal vividas formarían parte de ese otro tipo de memoria que nos empeñamos en cultivar.

Porque nuestro sistema educativo fomenta muy poco la primera y propicia mucho la segunda, proporciona pocas alas y genera mucho peso.

Con todo lo que ya se sabe sobre la memoria, resulta sorprendente que todavía se siga considerando que estudiar y memorizar son sinónimos de la misma acción; donde memorizar, aprender de memoria, consiste en repetir una información las veces que sea necesario, de forma que seamos capaces de recordarla y reproducirla con exactitud. Y mientras que la didáctica consista en distintas variantes de la secuencia explicación-memorización-verificación, los aprendices tienen poco margen para hacer otra cosa que no sea confiar en su capacidad de retención o en su habilidad para copiar. Precisamente por eso no deberían extrañarnos nuestros pobres resultados educativos, porque solo se obtiene lo que se demanda y solo se practica la técnica que se necesita para sobrevivir en el entorno escolar.

Nadie sabe precisar qué es el aprendizaje, pero podría decirse que consiste en adquirir experiencia y conocimiento de lo vivido; que no es lo mismo que almacenar. Sin memoria no es posible aprender, esto es cierto. Acceder correctamente a la memoria es una de las claves del estudio y de todo aprendizaje. Consiste en encontrar aquello que se precisa y relacionarlo con el momento presente, con la situación que se está viviendo en este momento, que es única y no se volverá a repetir; consiste en aplicar lo que ya tenemos a lo nuevo, de forma que el mundo avance, siga creciendo y nosotros junto con él. Pero esto no es lo mismo que memorizar, de la misma manera que memorizar es muy distinto de estudiar. Pero a los alumnos no se les demanda estudio sino fidelidad.

Y es posible que la memorización sea válida para asimilar leyes o los temarios de una oposición, pero es poco efectiva para adquirir otros conocimientos que requieren de más elaboración. Visto lo poco que recordamos de nuestro periodo escolar -y esto incluye la universidad- parece evidente que todas las horas que se emplearon en memorizar fueron un esfuerzo excesivo para un resultado muy pobre.

Pero esto no significa, insisto, que el aprendizaje deba desvincularse de la memoria, ni que esto sea posible, simplemente indica que memorizar es una de las distintas formas de utilizarla y no precisamente la mejor, sino todo lo contrario, de las más contraproducentes. Si establecemos una y otra vez las mismas conexiones nuestro cerebro se simplifica, adquiere vicios de pensamiento y no hace uso de una de sus principales cualidades que es la plasticidad.

Es más efectivo y permanente recordar los datos en paquetes, con una estructura que los vincule, pero no se enseña a relacionar, sino que se exponen los hechos y los procesos de una única manera, rígida e indiscutible, que proporciona la forma correcta de entender el mundo o de hacer las cosas. Somos una globalidad en la que todo está asociado con lo demás y son precisamente las asociaciones lo que le da sentido a cada individualidad. Pero, ignorando este hecho fundamental, todavía nos empecinamos en parcelar.

11 comentarios

11 Respuestas a “APRENDER DE MEMORIA”

  1. Manu Oquendo dice:

    Quizás uno de los problemas, apreciado Enrique, está en que realmente no hay problemas nuevos. O al menos hay muy pocos problemas nuevos, poquísimos.

    Estamos muy de acuerdo en casi todo (la descripción de la memoria humana) y probablemente no tanto en el valor del aprendizaje por repetición.

    Voy a usar un ejemplo deportivo que aprendí de mi entrenador de basket en el Atlético de SS a los 18 y 19 años. Aquellos veranos, José Antonio Gasca se pasó conmigo y con el otro base del equipo tres horas diarias de 12 a 15 enseñándonos lo que por aquel entonces se creía innato.

    Gasca decía continuamente que una clave de dicho deporte era que los dedos de la mano “pensasen” y “recordasen” independientemente del cerebro y la forma de que aprendieran a hacerlo era repetir, repetir y repetir.

    Un día descubrías que era cierto y que mucho antes de tirar una bola a canasta ya sabías que entraría porque tus dedos índice y anular tenían vida propia y te lo garantizaban.

    ¿Por qué es importante la repetición?
    Porque es la única forma de ganar suficiente velocidad de respuesta.

    La recuperación del conocimiento debe ser tal que no requiera de los sistemas conscientes que, lamentablemente, en los humanos son muy lentos (menos de 10 metros por segundo es la velocidad de transmisión neuronal consciente) comparado con la instantaneidad de lo instintivo reflejo.

    Nadie podría tocar el violín de modo consciente. Tampoco sobrevivir. Reaccionamos con excesiva lentitud.

    No es tu caso pero se percibe en el ambiente una cierta animosidad contra la memoria y contra la automatización de respuestas contrastadas. Algunas a través de los siglos.

    Es posible que esto sea consecuencia de que para el poder político es muy conveniente que le lleguen seres sin memoria y que esta sea configurable a su conveniencia.

    Cada día vemos ejemplos en el entorno educativo, en España, donde en el reparto del poder se ha llegado a permitir que cada taifa instale “la memoria conveniente” en las mentes.

    El sistema, nos recuerda Gellner al hablar de los nacionalismos, requiere una gran dosis de Amnesia.

    Lo cual no quiere decir que olvidemos el resto del proceso.
    Hay que recordar y recuperar información y relaciones entre elementos de información.

    Mis maestros solían usar el símil del armario y los cajones.
    “Antes de guardar en la memoria –decían– organiza tu mente como si fuera un armario con muchos cajones, diseña, rediseña y aprende la estructura del armario. Luego guarda cada cosa en su sitio y verás qué fácil s encontrarla”. Funciona estupendamente.

    Es decir, lo que nunca hago con las llaves al volver a casa.

    Saludos

    1. Enrique Sánchez Ludeña dice:

      Los derviches giróvagos repiten incansablemente el mismo movimiento, poniendo especial cuidado en que cada giro sea igual que el anterior y encontrando la diferencia entre cada uno de ellos. De no hacerlo así, la repetición conduce a la hipnosis. Puede que aquí radique la diferencia entre el automatismo y la experiencia.

      Por supuesto Manu que es preciso repetir, por comodidad y por eficacia, pero hay que ser conscientes de lo que la repetición contiene de pereza. De ahí mis reservas al uso que se hace de ella.

      Saludos y gracias por comentar

  2. Teresa Cabarrush dice:

    Gracias por tocar un tema tan interesante, un artículo muy bien expuesto, Felicidades al autor. Al menos los blogs, os tomáis en serio el tema de la Enseñanza, cuestión que los gobiernos no lo hacen, sólo se tiran tortas de barro a la cara, el saliente y el entrante.

    Muy importante: ” Somos una globalidad en la que todo está asociado con lo demás y son precisamente las asociaciones lo que le da sentido a cada individualidad. Pero, ignorando este hecho fundamental, todavía nos empecinamos en parcelar”.

    Sí, casi todas las personas se empecinan en ” parcelar”.

    http://www.youtube.com/watch?v=VRd_j6IEuVo

    Saludos.

  3. Victoria dice:

    Magnífica explicación, Enrique, a uno de los problemas de la aplicación de las leyes: Su interpretación, tanto del procedimiento a seguir como del contenido o materia a resolver, se realiza mayormente con base en ese método de la memorización, de no salirse de lo aprendido por rigidez, o por falta de voluntad y/o responsabilidad.

    Quedarse en el mero formalismo, hacer valer el “criterio” de quien resuelve refuerza la burocracia, entendida ésta como mero hacer formal, es decir, en apariencia, sin importar qué ni cómo, en lugar de buscar las soluciones relacionando proceso y derecho adecuándose a las circunstancias concretas, es, entre otras, una de las causas de incongruencia e inseguridad jurídica que vivimos tanto en la fabricación de nuevas leyes como en su aplicación efectiva por la propia Administración, los Juzgados y Tribunales.

  4. Micaela Casero dice:

    Si hay tiempo para memorizar, no se produce estrés al intentar recordar.
    Si no se tiene que demostrar a nadie, lo bien que has memorizado algo, se puede disfrutar con la repetición.

    Memorizar un poema es hermoso.
    Memorizar un trabalenguas es divertido.
    Memorizar operaciones matemáticas, es un reto.
    Memorizar palabras, es un juego asociativo estupendo.
    Construir una serpiente de frases y memorizarla, te hace reir.

    Hay niños con los que trabajo, entre 6 y 8 años, que se lo pasan “pipa” cuando empezamos a memorizar oraciones con sentido en un idioma diferente al que hablan, introducidos en un universo nuevo, sus memorias se esponjan con cada galimatías que descubrimos. Y, si hoy no lo consigues, mañana, tal vez, sí, y si no, probamos otros “trucos”, o nos “aprendemos de memoria” una canción, o jugamos al “elefante desmemoriado”…

    Hay ancianos con los que trabajo, entre 74 y 80 años, que cuentan en clase sus aventuras memorísticas, sus retos personales, sus luchas cotidianas y sus logros o éxitos “minúsculos y enormes” con las cuatro palabras, a veces cinco, que recuerdan, tras escribir listas, o tarjetas, tras preguntarse a sí mismos, dotando de sentido su memoria reciente, que la del pasado, la tienen bien fresca.

    Porque, aunque no hay memoria sin tiempo, ni tiempo sin memoria, las prisas por recordar, el miedo a perder la “eficacia memorística”, provoca angustia, y un sentimiento de rechazo hacia una capacidad que reivindica nuestra humanidad.

    Cuando aprendes un idioma, la memoria es una aliada indispensable, lástima que la mayoría de los docentes la conviertan en una herramienta que provoca desasosiego, insatisfacción y lo más triste, sensación de fracaso.

  5. Juan dice:

    Muy bien todo lo referente a la memoria.
    Pero, ¿en quién o quienes estás pensando cuando dices que a los alumnos “no se les pide estudio sino fidelidad”? Llevo más de 30 años trabajando en la educación y no conozco a ningún profesor que pretenda eso. Hay muchas maneras de memorizar ¿quién dice que no se pretenda que los alumnos “asocien”, establezcan “conexiones” o “estructuren los “datos en paquetes” para memorizar?
    Dices que el resultado de tantas horas empleadas en memorizar es “muy pobre”; ¿no será que no te acuerdas? Es curioso que cuando se quiere criticar la memoria se habla de cosas que hay que “entender” pero se olviden siempre de cosas imprescindibles que hay que memorizar: ¿qué tal la tabla de multiplicar? ¿qué tal la table periódica de los elementos? ¿Qué tal los tiempos verbales que tanto ayudan a hablar mejor? ¿qué tal los verbos irregulares en inglés, por ejemplo? Seguro que hay muchas cosas más.

    Saludos

    1. Enrique Sánchez Ludeña dice:

      Como digo expresamente en el artículo, no pretendo negar la necesidad de la memoria en el aprendizaje; es más, daría igual que lo hiciera porque son inseparables. Simplemente he querido resaltar que se emplea en exceso y que se emplea mal. Se demanda memoria y se enseña poco como utilizarla de forma inteligente.
      Voy a intentar aclararlo un poco más con los ejemplos que citas.

      Aunque me he dedicado más a la docencia y al mundo editorial, se da la circunstancia de que soy químico. Se puede decir, por tanto, que en algún momento de mi vida tuve un dominio considerable de la tabla periódica. Ahora no soy capaz de recordarla completa, aunque puedo reconstruirla, explicar su lógica y deducir las propiedades y la configuración electrónica que debería tener un elemento según su número atómico y la posición que ocupa, aunque no recuerde el nombre del elemento que corresponde al número 56, por ejemplo.

      Respecto a las tablas de multiplicar, puedo aprender de memoria que 7 por 9 son 63, pero también puedo recordar que 7 por 9 es lo mismo que 7 por 10 restándole 7:

      7 x 9 = 7 x (10 – 1)= 7 x 10 – 7 x 1 = 70 – 7 = 63

      que es mucho más sencillo para el que no tiene memoria y más formativo para el que está aprendiendo a calcular.

      Respecto a los tiempos verbales, creo que los utilizo correctamente, pero ahora no puedo conjugar el pretérito pluscuamperfecto de indicativo del verbo procrastinar, por ejemplo.

      De los verbos irregulares en inglés no tengo opinión, me sé los que utilizo y, claro, me los tuve que aprender.

      Un saludo y gracias por tus comentarios, en este y en los demás artículos

      1. Jesús dice:

        Edit: releeo y veo que incumplo la norma de los 350 caracteres, espero cumplir la excepción y en caso contrario acepte mis disculpas.

        Suscribo lo dicho y añado: cuando aprendes un idioma “de verdad”, no memorizas, te impregnas. Por eso cuando sabes inglés (sin llegar a un nivel espectacular) y te encuentras una palabra que no has visto en tu vida, muchas veces eres capaz de acertar su pronunciación al vuelo.

        En español, de hecho, es bien sabido que el truco de la ortografía no es memorizarse las reglas (que se puede hacer y a veces hacen falta, pero son una pesadez) sino leer y leer y leer mucho. Los tiempos verbales no los empleamos bien por haberlos memorizado de una tabla, sino por utilizarlos día a día en un contexto (¿repetición? sí, pero en un contexto cada vez diferente)

        Con la (para mi siempre odiada) sintaxis sucede lo mismo, leer te dota de riqueza lingüística y eleva tu registro. ¿Quieres una buena ortografía y sintaxis? La respuesta no es “memoriza sus reglas”, sino lee.

        Porque se aprende haciendo. Como decía Confucio:
        “Dime algo y lo olvidaré. Enséñame algo y lo recordaré. Involúcrame y entonces lo aprenderé.”

        En matemáticas, por ejemplo, con el paso de los años creo que he llegado a la conclusión de que toda la materia que veo no la entiendo verdaderamente hasta que mucho después forma un subproceso dentro de un subproceso dentro de un proceso mayor.

        Y creo que esto sucede porque la mayoría de las veces no nos enseñan matemáticas de verdad, sino pura algoritmia. El algoritmo de la resta, suma y división. El de las raíces cuadradas. El de calcular puntos de corte de una función. El de derivar, el de invertir una matriz.

        Sin embargo no enseñan lo que de verdad creo necesario, las nociones matemáticas. Porque cuando yo sé que la raíz cuadrada de un número es otro número que multiplicado por sí mismo da el primer número, a mi me da igual si lo hallo por un algoritmo en papel, pintando una circunferencia y haciendo medidas o con una calculadora.

        Si comprendo que una derivada significa la proporción de cambio entre dos variables y que una integral es una suma infinita, ¿para qué puñetas tengo que memorizar todos los algoritmos de todos los subcasos que existen? Pues el examen no consiste en demostrar que lo entiendes, sino en demostrar que te sabes el algoritmo adecuado.

        Cada paso que avanzo en matemáticas (estudio ingeniería) tengo que arrastrar un montón de algoritmos que no necesito y que sólo sirven para tener que comprobar más errores y sobrecargar la memoria.

        En mi facultad las carreras son de 4-5 años (Bolonia o plan antiguo) y el primer día nos dice el director que la media está entre 6 y 9 años para acabarlas. ¿Estamos locos? Luego vas a un examen de álgebra donde tienes que ortonormalizar espacios vectoriales mediante desarrollos de Fourier para que no te dejen calculadora y no puedas ni multiplicar dos matrices, cometiendo errores de “-1×1=1” porque estás más pendiente del proceso superior (la ortonormalización) que de las operaciones sencillas que tienes que realizar tropecientas veces en el examen.

        Eso se llama aumentar la dificultad para NADA. Y es un abuso de memoria. (Me llevé un ábaco al examen para protestar, el instrumento era tan arcaico como la manía de no usar calculadora).

        También recuerdo cuando en Bachillerato me enseñaron que hay ciertos problemas que se pueden resolver pintando una gráfica en un software y buscando puntos de corte en vez de resolviendo sistemas de ecuaciones (pues ambas cosas significan lo mismo, pero en contextos diferentes)

        O cuando en estadística en la carrera pasé de utilizar una fórmula que es un tostón inmenso (Bayes) y puse un diagrama de árbol con instrucciones lógicas que daba los mismos resultados en mucho menos tiempo. Eso tuve la suerte de que me lo enseñaron antes de la carrera. Le dije al profesor que qué tal si lo hacíamos así en clase, que era mucho más visual y rápido, y me dijo que para él no y que se sentía más cómodo con las ecuaciones y que así lo íbamos a hacer. Ole tú.

        Yo creo que si no tuviéramos que retener los algoritmos (memoria) y el peso se centrara en la aplicación de las nociones matemáticas apoyándonos en recursos como el software, podríamos avanzar mucho más rápido y lejos en la educación matemática y quizás encontraríamos muchas más aplicaciones para el día a día. (Creo que esta idea es reproducible a otras materias).

        No es que la memoria sea mala, es que hemos pecado de darle demasiada importancia y hace falta corregirlo (por eso a veces puede parecer un poco radical el discurso contra la memorización, pero para nada se trata de aniquilarla)

        Un saludo y un placer este blog que acabo de descubrir, tengo abiertas 20 pestañas más para leer, subrayar y guardar =D

        1. PETER dice:

          Perfectamente explicado, y de acuerdo con todo lo que dices salvo una cosa: no hay nada mas sencillo, corto e intuitivo que la regla de Bayes.

  6. Patricio Calvache dice:

    La memoria es indispensable para todas las ciencias , depende como la utilicemos, no hay abuso en su aplicación hay defecto en no hacerlo, porque mientras más la utilices mucho mejor serán los resultados que obtengas. Solo aquellos que consideran a la memoria como un mal en la educación y que han adoptado sistemas y métodos “actuales”, “modernos” creen que la enseñanza se fundamenta solo en dejar que el ser humano haga lo que se le ocurra, razone como el quiera, aprenda lo que le interese etc. Cómo llegará a sus felices años sin entrenar y estrenar su memoria?

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