Que la educación es una de las principales herramientas para la transmisión de ideología queda patente en la dificultad que supone alcanzar un pacto sobre aquello en lo que se debe educar, cuándo, cómo o dónde hay que hacerlo y a quiénes corresponde esa función. Aunque no se trata únicamente de ideología, sino también de defender los intereses enfrentados de los distintos grupos de poder.

Al diseñar, desde la política, un sistema educativo, se olvida que la esencia de la democracia es la pluralidad, el diálogo y los acuerdos. No consiste en que un partido consiga imponerse temporalmente sobre los otros, ni tampoco en que utilice todos los medios a su alcance para mantenerse en el poder o para implantar una forma única de pensar. Se trata de que convivan personas que tienen diferentes intereses y planteamientos, negociando, cediendo, y concediendo hasta alcanzar acuerdos que beneficien al colectivo. Sin olvidar que este colectivo  está compuesto de individualidades, que no son intercambiables y que no se pueden anular por un supuesto bien común.

Esta búsqueda del equilibrio entre lo individual y lo colectivo es el telón de fondo de cualquier pacto político que se pretenda alcanzar, no solo en educación. Se podría resumir en la cantidad de Estado que uno está dispuesto a soportar; situando en un extremo, el liberalismo más puro  y, en el otro, el colectivismo máximo que se pueda obtener, amparado por un Estado protector. Sobre esta escala, se superponen muchas otras: la que existe entre la competencia y la cooperación, entre los nacionalismos y la globalización, entre lo privado y lo público, y así sucesivamente.

En cualquier caso, parece que una de las prioridades actuales del sistema educativo de cualquier país es conseguir que sus ciudadanos, en particular, y el país, en general, sean más competitivos en la economía global. Lo cual, cuando se trata de educación, conduce a múltiples contradicciones. Por ejemplo, la que hay entre la educación obligatoria y el modelo inclusivo de escuela que lleva implícito y la necesidad de formar élites mejor preparadas que las de los restantes países competidores.

En este contexto de libre mercado, otros aspectos esenciales de la educación, como el ayudar a cada cual a encontrarse a sí mismo y dotar de sentido a su vida, mediante el estudio no utilitarista, el arte, la espiritualidad y todo aquello que descubra y ponga en juego sus potencialidades, pasa a un segundo plano. Lo que no impide que se cite como algo deseable, cuando conviene al discurso del legislador, en esta pugna por imponer una determinada manera de educar.

Pero, además de la pugna entre distintos modelos económicos, en las negociaciones sobre educación, se mezclan otros conflictos históricos, como la oposición ancestral entre la Iglesia y el Estado o las secuelas de las distintas guerras civiles por las que ha pasado este país; de manera que, la búsqueda de un posible pacto educativo está cargada de memoria y contaminada de rencores, y este es un mal contexto para negociar.

La derogación de la LOMCE parece inminente. Sea cual sea la coalición que gobierne, tendremos una nueva ley educativa; una ley que no podrá imponerse por mayoría absoluta, sino que se tendrá que pactar. Sin embargo, entre otros escollos, va a ser difícil que los nacionalistas renuncien al control que tienen sobre sus escuelas y sobre la lengua, la historia y la geografía que se maneja en ellas, va a ser difícil que la Iglesia se conforme con perder presencia en los currículos y va a resultar complejo que los defensores a ultranza de lo público acepten otras modalidades de escuela y otras formas de financiación. Pero la lengua o lenguas en la que se imparten las enseñanzas, el que la religión sea o no sea una asignatura evaluable y la necesidad o no de los colegios concertados no son los únicos aspectos a pactar.

La mayor o menor autonomía pedagógica y organizativa de los centros, las atribuciones de sus directores, los contenidos que se deben tratar, las evaluaciones externas, los itinerarios educativos, la forma de acceso a la Universidad, la conveniencia o no de la enseñanza bilingüe, el estatus legal del homeschooling y de las distintas formas de educación no reglada y la homologación de las titulaciones, son algunos de los múltiples asuntos en los que existen posiciones enfrentadas.

Como puede verse, en la anterior relación apenas se ha hablado de didáctica y pedagogía o de organización escolar, de cuál es la mejor manera de aprender o de educar y cuáles son los momentos, agrupaciones, espacios y medios más adecuados para hacerlo. Sobre estos temas tampoco hay acuerdo, aunque cada vez se dispone de más evidencias sobre las prácticas, hábitos y decisiones que convendría erradicar.

No corresponde a los políticos decidir sin escuchar, aunque sea una práctica común. Y no puede haber una reforma educativa sin articular un mecanismo que recoja todas las perspectivas: la de los expertos y teóricos en educación, la de los profesores que están en el aula y la de los alumnos y sus padres o tutores; y no solo ellos, sino también la de los educadores de calle, los filósofos, los científicos, los artistas y los guías religiosos. Y, por supuesto, la de los empresarios, empleadores, empleados, autónomos, parados y jubilados; los sociólogos y los psicólogos, pediatras y geriatras, y cualquier otro colectivo que queramos incluir. La educación, como la salud, es un asunto de todos.

Una reforma educativa en profundidad no se puede improvisar; pero se pretende derogar inmediatamente la ley educativa actual y, no más tarde de seis meses, presentar y aprobar una ley nueva, supuestamente pactada e inmune a los vaivenes políticos. De hacerse así, lo que se consiga tendrá poca o ninguna credibilidad.

2 comentarios

2 Respuestas a “El pacto educativo”

  1. RBCJ dice:

    Si tras sucesivas reformas de leyes de educación en los últimos 30 años todavía estamos dónde estamos, todos descontentos y un sistema educativo con notable fracaso escolar ¿a quién echamos la culpa , a los políticos, a los profesores a ambos…también a las competencias autonómicas que fomentan la división y ausencia de reconocimiento de un mundo global?.Realizar un debate amplio , generoso , inteligente con todas las partes interesadas y afectadas puede ser demasiado largo y quizás sobra un exceso de democracia.Por que no fijarse en las métricas que se disponen de los diferentes sistemas educativos en el mundo y copiamos lo bueno ,dónde se desarrollan y promocionan valores, dónde se obtienen más avances en la evolución de conocimientos y desarrollo de aptitudes de los alumnos…copiar no tiene por que ser malo.Que un estudiante vea que ser profesor de instituto está verdaderamente reconocido por la sociedad sería un éxito..y hablo también de mejores condiciones económicas y de trabajo. ¿Cómo se hace? . Miremos alrededor ,no es difícil.¿Cómo se evita el fracaso escolar ?. Miremos alrededor no es difícil.Pero quién mira , tú , yo , el empleador , el político , el alumno , el padre….
    Comencemos por los políticos y miremos las autonomías.La competencia autonómica nos debilita , al menos en la educación. Divide y vencerás , eso debieron pensar aquéllos que querían una educación muy próxima pero escasa de valores , eficacia, excelencia , generosidad , permeabilidad..Sentirse el mejor es malo, sembrar dudas es mejor, que el estudiante piense y razone..los conocimientos llegan por añadidura a lo largo de la vida , olvidando unos y recogiendo otros . Fronteras las mínimas.

  2. Paz dice:

    Mientras se siga pretendiendo, no la igualdad de oportunidades, sino la igualdad de resultados, mientras se siga avergonzando y castigue a los niños que tienen interés por el estudio, mientras todo el mundo se crea con derecho a sacar un sobresaliente sin dar un palo al agua, mientras la autoridad y el respeto al maestro se sigan menoscabando, mientras cada actor de la educación no asuma su parte de responsabilidad y no uno solo asuma la de todos, no habrá solución.

    Sobre las CCAA, algunas consiguen un rendimiento mayor que las demás, probablemente con menos medios, las que tradicionalmente han dado valor en su sociedad al trabajo y al esfuerzo.

    Esos nacionalistas que predican la inmersión lingüística…pero llevan a sus hijos a estudiar a colegios donde el método de estudio es totalmente diferente del que ellos quieren imponer a los demás!!!
    Está claro que quieren solo carne de cañón, votos que periódicamente los elijan, una y otra vez, esquilmando cual señores feudales el trabajo de los cautivos, cautivos porque con esos planteamientos educativos no tendrán muchas opciones en su vida.

    Y no es cuestión de dinero, es cuestión de lo que uno quiere hacer con los estudiantes.

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