Inteligencia artificial y humanoides

La mítica película Blade Runner -la original- nos mostró un futuro de humanoides -replicantes-, con recuerdos y emociones y creados según los actuales estereotipos de belleza. En la película, un humano encargado de su eliminación acaba enamorado de una replicante tan perfecta que ni siquiera ella sabe que lo es.

La película plantea el interrogante de qué nos hace humanos: los recuerdos, las emociones… ¿o son estos únicamente estímulos nerviosos que provocan una reacción replicable en un replicante?

La reciente secuela de Blade Runner -como suele pasar, peor que la original- da un paso más y nos muestra al hijo de un hombre y una replicante, al modo de los semidioses de la mitología griega.

El futuro ya está aquí.

La empresa Hanson Robotics anuncia que pronto empezará la producción masiva de Sophie, una humanoide con inteligencia artificial (IA), rasgos muy femeninos, preocupada por el medio ambiente y que va a “colaborar” con el ser humano.

Siempre que aparece una innovación tecnológica de este calibre me acuerdo del “visionario” que se dice que predijo que los teléfonos portátiles nunca tendrían éxito en nuestro mercado. Se cubrió de gloria. Todos llevamos encima un aparatito con una IA que espía cada palabra que pronunciamos o cada paso que damos.

Seguro que alguien hoy piensa que Sophie nunca formará parte de nuestras vidas. Pero lo cierto es que las grandes empresas de tecnología están invirtiendo fortunas para que en un futuro más próximo de lo que pensamos todos tengamos una Sophie (o un James) en casa.

Hanson dice que, en tiempos de pandemia en que los seres humanos somos “peligrosos” los unos para los otros, Sophie puede evitar esa sensación de soledad que tanto ha aumentado. Uno de los mayores especialistas en robots de apariencia humana, Hiroshi Ishiguro, hace años que afirmó ya que “los humanos llegarán a enamorarse de los androides”.

Hay muchas preguntas que surgen. Ishiguro decía que para construir sus humanoides debía aproximarse a conocer qué es el ser humano. Y realmente cabría hacerse la pregunta de si sabemos qué nos hace personas. El racionalismo concibió al ser humano como un ordenador central que dirige un cuerpo articulado; apartándose de la concepción de la Grecia clásica que partía de la existencia del alma, como elemento distintivo de la persona.

Desde esta concepción de la humanidad conectada con la inteligencia, podríamos llegar a la conclusión de que la IA es más humana. Es verdad que la neurociencia todavía no se ha puesto de acuerdo para definir qué es la inteligencia, pero, desde una aproximación puramente racional y entendida como la capacidad de procesar información, lo cierto es quelos circuitos electrónicos que nutren la IA funcionan un millón de veces más rápido que los circuitos bioquímicos de nuestro cerebro. Esto supone que una semana de pensamiento de la IA equivale a 20.000 años para nuestra inteligencia. Y eso semana tras semana. Imaginemos a qué niveles de inteligencia racional podría llegar la IA en relativamente poco tiempo.

Ahora sabemos que lo emocional tiene una importancia esencial en la vivencia humana. Sin embargo, la neurocientífica Lisa Feldman nos dice que, después de 25 años escaneando el cerebro y el cuerpo humano, su conclusión es que las emociones son creaciones del cerebro basadas en predicciones sobre las experiencias acumuladas. En esta concepción “materialista” de lo emocional, si la IA es capaz de procesar la información y la experiencia a la velocidad que hemos visto ¿no sería también capaz de “crear” emociones más profundas que los circuitos bioquímicos del cerebro humano?

Sin embargo, la más intensa de las emociones, el amor, no sabemos de dónde viene o qué lo causa. Sólo conocemos cómo incide en nuestro cerebro y en nuestra biología. Tampoco sabemos por qué nos enamoramos de una persona y no de otras, aun cuando su nivel de inteligencia y formación o su apariencia física puedan ser análogos.

Y parece que el amor es un elemento importante para definir qué es el ser humano: la antropóloga Helen Fisher nos dice que no se ha encontrado ninguna sociedad humana en la que no existiera el concepto de amor.

Si el amor es “algo” -no sabemos el qué- esencial para definir lo humano, pero no sabemos de dónde viene o qué lo causa, parece que nos estamos perdiendo partes fundamentales de lo que significa ser humano. Y quizá lo humano tenga más que ver con eso que todavía desconocemos que con lo que hemos podido hasta ahora descubrir.

Volviendo a nuestra perfecta Sophie, se sugiere que eliminará la sensación de soledad y que incluso nos traerá un amor sin sufrimiento.

Creo que no. Sabemos tan poco del ser humano que esta afirmación es tan especulativa como la contraria. Pero creo que el contacto directo y personal con los demás es consustancial a nuestra naturaleza. Su sustitución por la relación con una IA, por muy estereotípicamente perfecta que sea, nos aleja de aquello por descubrir que nos hace únicos y que los griegos denominaban Alma.

Un comentario

Una respuesta para “Inteligencia artificial y humanoides”

  1. O'farrill dice:

    Me quedo con el último párrafo. La IA no existiría sino es por la inteligencia natural. En ese sentido tiene el mismo valor que el «chopper» utilizado por los homínidos: una simple herramienta, pero que puede ser muy peligrosa en mano de quienes se erigen como «dioses» del supuesto «olimpo» tecnológico. ¿Es interesante? Sin duda alguna, pero fuera de control puede provocar mucho daño como parece que vamos percibiendo.
    Un saludo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza Cookies propias para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web. política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies