En ocasiones, los planteamientos libertarios o anarquistas y los planteamientos liberales pueden llegar a ser tan similares que se podría llegar a pensar que el anarquismo es una forma de liberalismo sin propiedad privada. Aunque el liberal no solo vela por sus posesiones, sino también por su intimidad, su pensamiento y cualquier otro ámbito de su individualidad.

Pero esto es una simplificación y hay diferencias significativas. Mientras que el liberalismo no niega la necesidad del Estado, aunque sí cuestiona algunas de sus funciones y pretende limitarlas, el anarquismo postula que el Estado no se necesita y rechaza cualquier forma de poder centralizado. En los planteamientos liberales, la función del Estado sería garantizar la ley y el orden; mientras que en los planteamientos anarquistas es toda la comunidad la que ejerce este control, basándose en planteamientos solidarios y evitando toda institución permanente, como el ejército o la policía, concebida para regular, vigilar y, en su caso, reprimir. El anarquismo niega la necesidad de un poder central.

También es una simplificación, y un error conceptual, confundir el liberalismo con el capitalismo, hasta el punto de utilizarlos como sinónimos, porque uno no implica ni conduce necesariamente al otro. Para empezar, los planteamientos liberales no solo defienden la libertad de mercado  sino la libertad en general, poniendo el límite de la libertad personal en la libertad de los demás y, para continuar, defender el derecho a la propiedad no significa que se quiera tener más de lo que se necesita.

Uno de los pilares del capitalismo, junto con la propiedad de los medios de producción y la libertad de mercado, es la competencia; pero un liberal podría alcanzar lo que precisa sin necesidad de competir, o sin necesidad de ser propietario de ningún medio de producción. Es decir, la competición, el ser competitivo, no es uno de los pilares del liberalismo y sí lo es del capitalismo.

Cierto es que el planteamiento liberal cuestiona la idea del Estado benefactor, pero no niega que tenga que existir algún tipo de solidaridad o de mecanismo corrector. Cuando las desigualdades son excesivas el sistema finalmente se rompe. Se requiere cierta dosis de solidaridad, aunque sea interesada. Las tensiones entre los planteamientos liberales y socialdemócratas se mueven en este terreno; en lo que cada cual está dispuesto voluntariamente a socializar.

Incluso el capitalismo y el comunismo que parecen tan diferentes, son más similares de lo que parece. En el primero, los medios de producción pertenecen a particulares mientras que en el segundo pertenecen al Estado, pero hay asalariados en uno y otro caso. La diferencia entre un capitalismo benévolo y un comunismo opresor no hay que buscarla tanto en la propiedad de las empresas sino en el destino y el uso que se hace de los beneficios.

Establecer la línea divisoria entre los distintos ismos requiere de un análisis fino y profundo, salvo que queramos quedarnos en estereotipos y superficialidades. El resultado de no profundizar en esta división es la confusión social y política en la que nos encontramos, en la que los ciudadanos reivindican sus derechos y sus libertades individuales pero al mismo tiempo  quieren que haya más Estado; o en la que se quieren mantener los privilegios, adquiridos o de nacimiento y, a la vez, formar parte de un mundo globalizado.

Esta confusión de los ismos también queda patente en la educación, donde proponer la no injerencia del Estado y cuestionar la educación pública es calificado automáticamente, por un sector de la población, como un planteamiento liberal, y en consecuencia opuesto a la equidad y la igualdad de oportunidades, cuando bien podría tratarse de un planteamiento libertario.  Sin matices, y sin explicar de qué tipo de sistema educativo estamos hablando, ambos estarían en el mismo saco.

Y lo mismo podría decirse, en el momento actual, en lo que se refiere a la propiedad de las escuelas, que en uno y otro caso deben ser de gestión privada, si quieren distanciarse del Estado. Y con privado no quiero decir con ánimo de lucro, sino simplemente que no están administradas y mantenidas por lo público; que tienen un propietario, sea este un empresario, una orden religiosa o un colectivo de vecinos.

Como no podría ser menos, no hay una ortodoxia anarquista sino distintas tendencias que comparten su rechazo al Estado y su exaltación del individuo. No son de extrañar las similitudes y paralelismos con algunos de los planteamientos liberales. Sin embargo, los planteamientos educativos de anarquistas y liberales, coincidentes en sus recelos ante el poder, son claramente diferentes en cuanto a su concepción del individualismo y de la libertad: no es lo mismo educar para conseguir un individualismo respetuoso que educar para alcanzar un individualismo fraternal.

Aunque, tanto la educación liberal como la libertaria, pretenden que seamos libres, que no seamos esclavos,  en una se piensa que cada individuo debe buscar y trabajar por su propia libertad, mientras que en la otra se sostiene que la libertad de cada ser humano se alcanza trabajando para que la consigan los demás.

Y esto no significa que a un liberal no le preocupe que los otros sean libres, ni que un anarquista se desentienda de su propia búsqueda de la libertad, esperando que le llegue cuando la alcance el resto de la humanidad. Pero los dos planteamientos son distintos; hay diferencias, tanto en el punto de partida como en el objetivo final. Y esto ya marca una cierta forma de educar. 

2 comentarios

2 Respuestas a “Los ismos y la educación”

  1. Alicia dice:

    Conocí hace muchos años a personas, compañeros entonces de trabajo, que se autodenominaban “anarquistas” y, si no recuerdo mal, estaban por lo general afiliados a la CNT.
    Ya digo que eso era entonces, han pasado cerca de 40 años y ya no sé nada de la CNT ni cómo pueda ser en la actualidad.
    Aquellas personas me gustaban muy poco, si bien podía ser un poco o un mucho condicionada por el hecho de que cuando escuchaba a alguien nombrarlos el tono iba teñido, a mi parecer, de una mezcla de prevención y un algo de… se me viene a la cabeza “desprecio” pero no quisiera exagerar.
    Pienso que cuando las personas decimos “soy esto o soy lo otro” no estamos conociendo a fondo y en su esencia que es lo uno ni lo otro.
    Años después conocí a alguien a quien quiero y en cuyos criterios confío absolutamente que me dijo ser anarquista; me quedé bastante desconcertada y se lo dije, y aunque no se detuvo a explicarme qué es el anarquismo pienso desde entonces que mi idea podía estar muy equivocada.
    En otra ocasión, en otra conversación, esa misma persona me dijo “tú eres liberal”, no en tono hiriente ni con acritud, sólo con mucha convicción.
    Volví a quedarme pensativa porque me resultó curioso “ser algo” cuyo significado y contenido desconocía por completo y de lo que apenas tenía una noción desdibujada y bastante imprecisa.
    Pero he ido comprobando a lo largo del tiempo, cuando escucho tertulias en la radio o leo algún artículo de periódico, que periodistas e incluso políticos que parece ha de suponerse tienen esos conceptos claros los utilizan con no menos arbitrariedad que pueda (bueno, “pudiera”, que como sé que tengo muy fácil incurrir en error procuro ser prudente) utilizarlos yo.
    En el caso de los políticos me parece grave.
    ¿Pero cómo evitar que lo hagan?
    Me gustaría que leyeran todos este artículo. Así que, gracias Enrique por escribirlo.

  2. Rosae dice:

    Me encantaría comentar en este apartado, el tiempo no me dá;

    Está superinteresante, liberalismo-anarquismo- libertarios- etc..
    quizás, no todo tenga tanto que ver con, propiedades-materialismo,estricta economía, sino con algo más normal, si cabe,
    quizás tenga más que ver con la libertad de vivir, a secas, esa “libertad” “patrimonioHuman@”..siempre PERSEGUIDA, por unos y otros.

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