Todos suponemos que lo que caracteriza al científico es su afán por ampliar el conocimiento que se tiene de la realidad y para ello está dispuesto incluso a modificar lo que hasta entonces creía. Eso sí, siempre que los nuevos conocimientos estén debidamente demostrados; esto es, que puedan ser comprobados experimentalmente por quienes lo deseen. Visto así no hay cabida para prejuicios ideológicos de ninguna clase. Pero como en tantos otros ámbitos la realidad suele ser muy distinta de como creemos.

Para empezar, solo una parte de la ciencia puede ser demostrada experimentalmente; el resto se basa en hipótesis o teorías que cuentan con más o menos indicios a su favor, pero no con el grado de certidumbre que da la constatación experimental. Cuando a ello se une la necesidad psicológica de tener “algún tipo” de explicación científica sobre tal o cual tema, nos encontramos con versiones que se han construido en base a algunas evidencias, que incluso han llegado a ser aceptadas por casi todo el mundo, pero que sin embargo carecen de demostración. Voy a centrarme en un ejemplo paradigmático de esto que digo: el origen del hombre.

En su mayor parte, la comunidad científica suscribe la teoría que propuso Darwin en 1859, si bien con algunos cambios. Según él, y resumiéndolo mucho, la humanidad surgió a partir de la evolución de un tipo de primate; de un mono, por entendernos. Esta evolución se produjo de un modo lento y gradual, gracias a la “selección natural”; selección basada en las pequeñas variaciones que suelen experimentar los organismos de los seres vivos debidas al azar y que son preservadas cuando proporcionan alguna ventaja al individuo en su lucha por la supervivencia, transmitiéndoselas a sus descendientes.

Es sabido que con este planteamiento Darwin provocó un terremoto ideológico porque, hasta entonces, se creía que los seres vivos habían surgido por creación divina; y lo que él planteaba era una evolución “natural”, en la que no solo negaba la intervención de Dios sino que, además, sostenía que el hombre había evolucionado a partir de un mono gracias, fundamentalmente, a la combinación del azar y la lucha por la supervivencia.

Curiosamente, sin embargo, esta teoría no ha sido nunca demostrada experimentalmente. Ni se ha observado la aparición de una nueva especie a partir de otra distinta, ni se ha podido predecir cuándo y cómo lo va a hacer. El propio Darwin reconoció que su teoría presentaba varios puntos débiles. Uno de ellos era que los restos fósiles conocidos de los animales ya extinguidos no mostraban esa evolución gradual. Lo resolvió diciendo que en el futuro, cuando se encontrasen muchos más fósiles, se confirmaría su teoría. Han pasado más de 150 años, se han catalogado ya más de 1.400.000 especies distintas de animales, conocemos más de 250.000 especies fósiles, pero seguimos sin tener un solo ejemplo que muestre cómo una especie se ha ido transformando hasta producir a su sucesora. Otro de los puntos débiles que Darwin señaló en su teoría era la formación de órganos complejos, y puso como ejemplo el del ojo humano: una maquinaria enormemente compleja para la que resulta muy difícil imaginar un proceso de construcción gradual a base de pequeños cambios, porque en cuanto le faltase una sola “pieza” dejaría de funcionar. Tampoco se ha resuelto este problema.

Más importante que estas objeciones es que la teoría de Darwin no ha podido explicar determinados hitos claves en la evolución de los seres vivos. Uno fundamental: el origen de la vida; ¿cómo se pudo pasar de la materia inerte a un ser vivo? Desde luego ahí no cabe hablar de “lucha por la supervivencia” porque no había nada “vivo”. Otro: el paso de las células sin núcleo a las células con núcleo. Durante aproximadamente 2.000 millones de años los únicos seres vivos fueron bacterias, formadas por una célula sin núcleo. Hace unos 1.900 millones de años aparecieron los primeros organismos dotados de células con núcleo. ¿Cómo se produjo ese “salto”? El darwinismo no tiene una respuesta y la que se está abriendo paso en la comunidad científica, que es la que propuso Lynn Margulis, es contraria a él. Según ella, estas células se formaron mediante la fusión de tres bacterias preexistentes, una de las cuales dio lugar a las mitocondrias. Otro ejemplo más: la “explosión del Cámbrico” que se produjo hace unos 530 millones de años. Según el registro fósil, con anterioridad a ese período básicamente lo que había eran algas marinas, y después es cuando aparecen la mayoría de los grandes grupos de animales que hoy conocemos. Aunque ese período duró unos 10 millones de años se considera muy poco tiempo para la evolución lenta y gradual que postuló Darwin.

Soy consciente de que para cuestionar con rigor la solidez científica del darwinismo hace falta mucho más espacio que el que permite este blog, pero espero que con estos ejemplos sea suficiente al menos para entender que estamos ante una teoría que tiene puntos débiles muy importantes. La pregunta entonces es obvia: ¿por qué la comunidad científica la defiende públicamente como si fuera una verdad indiscutible?

Una primera respuesta, muy habitual entre científicos, es que, antes de desechar una teoría ampliamente aceptada hay que tener otra alternativa que sea más convincente, porque de lo contrario nos quedaríamos en el “vacío”. Es un argumento muy discutible porque sugiere que, solo por conveniencia, puedan estarse manteniendo como válidas teorías que, sin embargo, plantean serias dudas. Sería como una especie de traición al espíritu científico. Pero, en cualquier caso, esta respuesta no explica del todo la firmeza con la que se defiende la veracidad de la teoría de Darwin.

Hay otra explicación: el darwinismo se ha constituido como la gran alternativa frente al creacionismo, la creencia de que fue Dios el creador del hombre y de los restantes seres vivos. Así lo reconoce mucha gente. Por ejemplo, Ernst Mayr, uno de los científicos artífices de la versión moderna del darwinismo, refiriéndose a las fuertes discrepancias que mantuvieron entre sí los principales defensores de la teoría de Darwin en vida de este, reconoce que hubo una creencia “superior” que los mantuvo unidos: “su rechazo del creacionismo, su rechazo de la creación especial. Esta fue la bandera en torno a la cual se reunieron y bajo la cual marcharon. (…). Nada era más esencial para ellos que dilucidar si la evolución es un fenómeno natural o algo controlado por Dios”.

Cabe preguntarse si, en el supuesto de que no existiera la creencia en Dios ni el relato bíblico de la Creación, la teoría de Darwin habría tenido el apoyo que tiene entre los científicos, habida cuenta de sus debilidades. Mi opinión es que no, que de no haber sido por el papel que se le ha dado como gran baluarte de la visión materialista frente al creacionismo religioso, esta teoría no se habría sostenido. Sin embargo, es evidente que este papel excede el ámbito estricto de la ciencia para adentrarse en el terreno de la ideología, y concretamente de la del materialismo.

Es cierto que en la Historia reciente la ciencia se ha visto muchas veces frenada en su avance por el fanatismo de la Iglesia y, en general, de las religiones; y que incluso la tendencia a achacar “todo” a supuestas causas divinas ha supuesto un freno muy fuerte a la hora de buscar y explorar la existencia de posibles causas naturales. Por eso, Richard Dickerson, eminente biólogo y miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos propuso a sus colegas una regla muy razonable: “Veamos hasta dónde y en qué medida podemos explicar la conducta del universo físico y material en términos de causas puramente físicas y materiales, sin invocar lo sobrenatural”.

Pero una cosa es no aceptar el recurso a la intervención divina como argumento que impida investigar y buscar las posibles explicaciones naturales que pueda haber; y otra, muy diferente, es reforzar artificialmente la solvencia científica de una teoría para que sirva más eficazmente en el enfrentamiento ideológico entre el materialismo y la religión, como viene haciéndose con la teoría de Darwin. Esto segundo no tiene nada que ver con el auténtico objetivo de la ciencia.

Creo que, en este caso, la ciencia sí ha sido contaminada por determinadas actitudes ideológicas. Si, en lugar de preocuparse por las posturas más o menos lógicas o absurdas –desde el punto de vista de la ciencia- que puedan defender las religiones, la comunidad científica se hubiese centrado en investigar sin restricciones mentales y en explorar nuevas alternativas, cuando las existentes se revelasen como insuficientes para explicar convincentemente la realidad, la ciencia habría avanzado probablemente mucho más en este terreno. Pero, en todo caso, ¿la comunidad científica no debería, por principio, investigar cualquier hipótesis que a priori le parezca interesante, al margen de que fuese o no utilizada por el creacionismo o por el materialismo?

Llegados a este punto, la pregunta que cabe hacerse es si la contaminación de la ciencia en esta cuestión procede exclusivamente de la propia comunidad científica o si ha venido influenciada por los posicionamientos ideológicos y políticos de la sociedad. Supongamos por un momento que la ciencia llegase a la conclusión de que no hay indicios suficientes como para seguir afirmando que el hombre surgió por evolución natural del mono; que no tenemos ni idea de cómo apareció pero que no está nada claro que este fuera su origen, ¿qué pasaría? Ya sabemos que los creacionistas aprovecharían para contarnos que ellos tenían razón, que las cosas sucedieron como dice la Biblia o la religión que a cada uno más le guste. Vale. Pero dejemos eso a un lado. ¿Tendría la sociedad la madurez necesaria para aceptar que la ciencia no tiene ninguna explicación convincente y que simplemente estamos buscándola? ¿No sería lógico que los científicos nos contasen a los ciudadanos tanto lo que saben como lo que son conscientes de que ignoran? ¿Estaríamos los ciudadanos dispuestos a aceptarlo? Una sociedad que necesita explicaciones sobre todo como si fueran ciertas, aunque haya serias dudas de que lo sean, ¿no es una sociedad inmadura, infantil? Por tanto, ¿a qué queremos jugar?

56 comentarios

56 Respuestas a “¿ESTÁ LA CIENCIA LIBRE DE CONTAMINACIONES IDEOLÓGICAS?”

  1. José María Bravo dice:

    Realmente, otro articulo, de Bautista, muy interesante.

    Hace, un tiempo, leí un libro, breve, de un Físico, de un científico muy peculiar y Premio Nobel, Richard Feynman, que coincide, globalmente, con lo que argumenta Bautista. Ese libro resumía unas clases dictadas en una universidad americana. Y, esencialmente, para mi, enunciaba que el científico, también, titubea. La religión siempre ha tenido, quizás, como principios fundamentales, la Duda y la Fe. Pero recalco la Duda. El cientifico, de acuerdo a lo que vulgarmente creemos, afirma. Yo creo que esto es confundir la ciencia con la técnica. Y, desgraciadamente, vivimos es una sociedad tecnológica. En todo, en las ciencias sociales, incluida la política, y en las ciencias naturales que, en realidad se han convertido en ciencias “aplicadas”, me deslizo y digo, meramente, Tecnología. Como el asunto de la “eficiencia” en economía o en política.

    Bautista toca el tema de la Ideología y la Ciencia. Es evidente que la palabra ideología nos referencia a algo estático. Pero la ciencia, esencialmente, no es estática. La ciencia, la verdadera ciencia, duda, intuye, sueña, imagina. La ciencia es el hombre como es la mística, como es el arte. No se puede definir al hombre como ajeno a su realidad o a sus sueños. Hace un tiempo se afirmaba que la luz se propagaba en partículas, luego en ondas. Ahora se dice que en ondas y en partículas.

    Pero, que es la ciencia?. Que es el Tiempo, que es el Espacio. Pues son la misma cosa, todo depende de la velocidad. Todo depende de la percepción, del sentimiento, de la intuición. En fin, se busca el Conocimiento. Todos los días, en cada instante, en cada pulso gira el universo, cada campanada abre las persianas de la vida.

    Lo malo, lo peor es que se defiende la Teoría de Darwin para educar, para alinear, para justificar la Igualdad. A la religión le pasa lo mismo, a la política también: Todos creemos que son las cinco en todos los relojes pero olvidamos la otra parte, el otro verso, en la sombra de la tarde. Olvidamos el suceso del tiempo, la unidad relativa del espacio-tiempo. La ciencia siente la sombra y la luz. Lo demás es tecnología, ajuste convencional.

    Lo malo, también, es que des-ideologizar, implica que si no se defiende la Teoría de Darwin, entonces algunos afirmaran que hay un Dios Blanco y guapo que crea a los blancos guapos y que los negros y feos provienen del mono. En esas, aún, estamos. Y todo por miedo a cambiar, a no ser igual

  2. margendeseguridad dice:

    Sr. Manuel, veo usted es un “fundamentalista” científico y ello está bien, se nota quiere llegar a la verdad de las cosas. Pero como en la ingeniería, sabrá existen márgenes, los cuales se utilizan para mundanizar los cálculos (por si acaso).

    Otro tanto de lo mismo se utiliza con la prudencia científica, se mantiene una aptitud vigilante pero mientras no hay otra cosa se utiliza lo más probable. Pues todo apunta a ello (blanco y en botella, solo falta el “leche”).
    Mas aún, teniendo en cuenta que la evolución IDEALIZADA de las especies, no quedaría demostrada ni viendo la evolución de una sola especie, en directo o en vídeo.

    Está bien exigir las frames intermedias de la película, pero por ahora nos vale que si alguien entra por un lado del muro y sale por otro suponemos ha ido de un punto a otro. Lo cual no es necesariamente cierto,…, aunque tiene toda la pinta.
    Toda la clasificación de los animales se basa en ello, y parece que encaja.

    Si no lo tiene aún muy claro, siento romper la magia pero el hombre ya ha forzado la evolución adaptativa (a los fines humanos en este caso) de un sinfín de especies. Entre ellas la de su mejor amigo,…,

    Igualmente, recordar, no tiene nada que ver con el origen de la vida. Lo de la adaptación-selección es igualmente aplicable a más de un organismo, por ejemplo musgo o abeja-flor.

    Y dado que, el origen de las hipótesis parte de un indicio experimental enlazado mediante la razón, no puede haber ideología. Aunque puede haber error,…

    1. Enrique Sánchez Ludeña dice:

      En los tiempos de Copérnico y Galileo, cuando había una oposición feroz a que la Tierra dejara de ser el centro del Universo, esta oposición no estaba exenta de ideología. Cuando, gracias a Freud, nuestro libre albedrío ya no lo era tanto, algo de ideología sí que había. Cuando Einstein renegaba y se resistía a las implicaciones de la mecánica cuántica no solo intervenía su razón, sino también su concepción estética de cómo debía ser el mundo. Cuando, emulando a Descartes, los organismos se conciben como complejas maquinarias asistidas por el equivalente a un gran ordenador, también hay ideología.
      Cuando el científico tiene hormonas, subconsciente, calor, deseos, carácter, personalidad, una nacionalidad, una cultura, un cabreo de mil demonios o una euforia que le desborda hay algo más que razón. Y cuando interpretamos el mundo considerando si concuerda o no con nuestra razón, para decidir si es razonable, los parámetros de comparación (nuestros prejuicios, arquetipos y estereotipos), ¿qué son, sino ideología?
      Igual que lo es esa confianza ciega que tenemos en el método científico que, como decía Feyerabend, no es ni metódico ni racional.

      1. José María Bravo dice:

        Me parecen interesantes los comentarios sobre el articulo. Hay algo de lo que dice Sanchez Ludeña, en lo de la Estetica que desliza como ideologia. Evidentemente la Ciencia tiene una Estetica, una percepcion del cosmos. Las ecuaciones perciben un movimiento, una curva, una distancia.

        Pero yo creo que la Estetica es, evidentemente en el universo de la idea, un anti-argumento. Y, por ahi es donde la ciencia, tambien, deja de ser ideologia.

        Quizas, interpreto mal a Sanchez Ludeña, pero no es necesaria la ideologia para conocer. Quizas el “metodo” puede erosionar lo ideologico. Puede ser un trabalenguas,pero el “metodo” puede no buscar un fin.

        El metodo puede ser un camino sin fin. Manu Oquendo dice que hemos remplazado a Dios por el Infinito. Es claro pero son conceptos estaticos, los dos,así expresados. La Estetica desata ese nudo, en cierto sentido erosiona la razón, la hace ductil no estatica

  3. Manu Oquendo dice:

    Un par de apuntes rápidos.

    Kuhn, Don Thomas, tiene un estupendo y conocido librito (“La estructura de las revoluciones científicas”) que ha sido de cabecera para científicos y epistemólogos modernos.

    Hoy Kuhn está perdiendo favor académico porque pecó contra el interés sagrado de la tribu cuando explicó “urbi et orbe” que un Paradigma científico no sólo es una teoría validable y con capacidad predictiva sobre algún aspecto de la realidad sino que también es “Un lugar del cual se vive” y que esta dependencia afecta profundamente la vida del paradigma.
    Tremendo pero constatable en numerosos aspectos y muy especialmente en ciencias sociales, maestras en producir muchos estudios en apoyo de lo políticamente conveniente para quien tiene el poder de subvencionar. Y ninguno en sentido contrario.

    Por lo tanto en poco espacio de tiempo veremos la otrora inconmensurable figura del profe de Harvard ir desapareciendo del Olimpo de los citables.

    Por otra parte no entiendo del todo la batalla encarnizada entre Creacionistas y Darwinistas. O quizás sí.

    Hoy basta, incluso para legos como un servidor, adentrarse unos instantes en la Física moderna para ver reproducidos, con pelos y señales, los milagros más inauditos de cualquier religión histórica de la mano de la Física de Cuerdas.

    ¿Por qué? Comienzo a sospechar que tras tanto trabajar para que el concepto de Dios no fuera necesario lo que han hecho es sustituirlo por el Infinito.

    En efecto, el Infinito garantiza la certeza estadística de que cualquier cosa es posible (probabilidad 1) si damos suficiente tiempo al azar.

    Al final me quedo con dos cosas.

    1. La alegoría de la Caverna de Platón. Este sí que sabía.
    2. La idea genial de que si miramos la materia en tamaños menores de 10 elevado a -33 el propio concepto de materia desaparece y sólo queda un minúsculo punto de energía infinita.

    O sea que tranquilos y buenos días.

  4. UnoQuePasa dice:

    Es interesante poner en el mismo saco la teoría de la evolución y el creacionismo. Viene a ser como mezclar el sabor de los tomates y el texto predictivo de los SMS.
    A ver si nos aclaramos: el creacionismo NO ES CIENCIA (http://en.wikipedia.org/wiki/Falsifiability). Supongo que lo único que es es religión, pero explicar el origen de las especies basándose en la fé es un tanto colorista.

  5. Deo gratias dice:

    Me van a perdonar que me inmiscuya en sus comentarios sin aportar nada a ellos, pero no he podido resistir la tentación.

    No suelo leer artículos de este tipo, pero por una vez les he dado una oportunidad. Después de disfrutarlo, debo agradecer al autor sus encomiables palabras, hacía semanas que no me reía, y hoy he llenado el salón de mi casa de sonoras carcajadas. Suerte que hoy no trabajo.

    Muchas gracias, siga así, volveré a leerle.

    1. pajarodepapel dice:

      Henry Gee en la revista Nature (2000): La cuestión del origen de las especies debe tener que ver, fundamentalmente, con la evolución de programas embrionarios… /…/ Usted puede buscar a Darwin para una respuesta pero buscará en vano. Darwin estudió leves variaciones en características externas, sugiriendo cómo esas variaciones pueden ser favorecidas por circunstancias externas, y extrapoló el proceso al árbol completo de la vida. Pero, seguramente, hay cuestiones más profundas para preguntarse que por qué las polillas tienen alas más negras o más blancas, o por qué las orquídeas tienen pétalos de esta u otra forma. ¿Por qué las polillas tienen alas y por qué las orquídeas tienen pétalos? ¿Qué creó esas estructuras por primera vez? La victoria del darwinismo ha sido tan completa que es un shock darse cuenta de cuan vacía es realmente la visión darviniana de la vida.

      1. Alicia Bermúdez dice:

        Tiene que haber cuestiones más profundas.
        “¿Qué creó esas estructuras por primera vez?”.
        Esa es justo la más profunda de las cuestiones y en la que, quién sabe por qué, evitan cuidadosamente profundizar tanto la ciencia como la religión como la filosofía. Investigar en torno al color de las alas de las polillas es menos comprometido, conlleva menos riesgo de meterse en jardines. Y es que las alas de las polillas tienen una consistencia, por frágil o efímera que sea, y se pueden observar al microscopio, y averiguar de qué están hechas ¿Pero quién tiene gana de abordar el conocimiento de algo que no se sabe qué es, ni cómo es, ni cómo ni por dónde hincarle el diente?

  6. tal dice:

    Me resulta curioso (y en la curiosidad trabajo, soy neurocientífico) el esquema “mental” de algunas personas. Curioso, pero no inexplicable. El conocimiento actual del que ya disponemos me permitiría hacer una exposición experimentalmente comprobable de porqué razona así el autor de este “ensayo”. Yo tampoco suelo acercarme a este tipo de artículos, pero la actual angustía de los científicos viendo cómo unos ineptos desmantelan la ciencia en España me hace buscar todo tipo de recursos que puedan sustituir “mi falta de fé” en el ser humano y sus regidores en un más que posible vano intento de encontrar una solución, cuando menos para mi laboratorio. Y así caí en esto. Me reiría como han hecho otros cometaristas que le han replicado debidamente, pero estoy demasiado triste. Mire, Manuel, sospecho que usted no hace experimentos. No sé si los experimentalistas somos una clase aparte de los científicos o no, todo es semántica, pero sí sabemos algo, después de demostrar algo experimentalmente, no sólo nos enriquecemos con el nuevo conocimiento, hay un valor añadido mucho más provechoso, en el mismo proceso averiguamos la naturaleza de la ignorancia previa al experimento que nos hacia no poder predecir ese conocimiento, y sobre todo porqué y en qué consistía la ignorancia que aventuraba un sinfin de teorias, muchas estúpidas, pero que fueron utilizadas por los que siempre utilizan la ignorancia ajena para su propio provecho. Verá, cuando se descubre o demuestra algo experimentalmente no es la primera vez que ese fenómeno ocurre. Siempre fué así. ¿Le parece una perogrullada? Pues préstele más atención, proque hasta ahora no hay un sólo fenómeno natural que el hombre haya podido explorar experimentalmente y haya quedado al albur de las interpretaciones ocasionales. Cuando algo no se puede demostrar experimentalmente no desaparece. Sólo tiene usted que esperar. Las piezas mejor o peor conectadas de la teoría de la evolución exigen un poco de respeto. Miente usted (perdone que no utilice el eufemismo de “falta a la verdad”) cuando dice que no hay nada demostrado experimentalmente en este campo. No manipule a los lectores ocasionales. Afortunadamente, los científicos, muy de vez en cuando, salimos del laboratorio y podemos desenmascarar falsos profetas, cuestionadores de todo, ensayistas y divulgadores como usted. Algun dia se rellenarán las piezas que faltan en la teoria evolucionista, es evidente, tenga paciencia, pero muestre respeto por el conocimiento y el saber, no vuelva a juntar en un texto ciencia y religión. Los científicos no hablamos nunca de religión. Así sabemos que usted no lo es.

    1. pajarodepapel dice:

      “…no hay un sólo fenómeno natural que el hombre haya podido explorar experimentalmente y haya quedado al albur de las interpretaciones ocasionales.”

      Todavía hay muchas más preguntas sin responder que cuestiones resueltas… el mismo modelo estándar de partículas, que para empezar no incluye la gravedad, deja un montón de puntos sin contestar… (le recomiendo el último libro de Alberto Casas del IFT)

      Lo que sí parece claro es que el auge y la consolidación del darwinismo han sido paralelos al modelo económico y social del que nació, el mismo que está haciendo aguas en este momento.

      Por eso me parece muy pertinente plantear este tema ahora!

      Si trabaja en el Instituto Cajal podríamos charlar un día sobre este asunto, seguro que nos hemos cruzado muchas veces por los pasillos.

      Respecto a buscar financiación, le recomiendo que siga el consejo de nuestro compañero Antonio Turiel, científico del Instituto de Ciencias del Mar de CSIC,
      http://crashoil.blogspot.com.es/2013/07/mi-colapso-y-yo-el-csic-zozobra.html

      Una pregunta para Manolo:

      ¿Lo que cuestiona es la idea de Evolución, o el mecanismo biológico subyacente (las variaciones “al azar”, el poder creativo de la selección natural)?

    2. José María Bravo dice:

      Es divertido lo que afirma “Tal”. Dice que los cientificos no hablan de religión y por eso comprueba que Bautista no es cientifico. Que forma más inquisitiva de llegar a esa conclusión.

      Bueno, dije inquisitiva, perdone, parece que yo tambien hablo de religión. No en verdad, la religión es otra cosa. De eso no habla Bautista, en cambio “Tal” parece referirse a ella de una manera inquisitiva, perdón expeditiva. Quizas así es más racional, más “cientifico”

    3. maria dice:

      no podria estas màs de acuerdo con usted, “Sr. tal”. yo tambien soy cientìfica, experimental. y dirijo un laboratorio de investigaciòn en una universidad pùblica. quizàs sea por eso.

      1. pajarodepapel dice:

        Yo trabajo en Biología del Desarrollo y me parece que el planteamiento de Manolo no queda muy lejos de lo que dicen otros científicos de prestigio, como el mismo Henry Gee cinco comentarios más arriba en la revista Nature (pero hay muchos más ejemplos).

    4. Raquel dice:

      Buenos días:

      Encuentro su comentario muy acertado. Me escandaliza la mezcla que mi compañero ingeniero (pero no de igual especialidad) ha hecho pretendiendo poner en duda la teoría de la evolución.

      Yo, con mis humildes conocimientos científicos veo esa teoría razonable. Todos los que investigan y van haciendo lentas constataciones de su veracidad no ven alternativa, no por oposición a alguna teoría como la de un Ser creador (algo realmente inverosímil si observamos la naturaleza y sus mecanismos), sino que tratar de “confirmar” una teoría así, que pruebe la forma de evolucionar de la vida desde formas simples hasta organismos de altísima complejidad) exigiría un experimento de miles de años, con resultados que sólo nuestros descendientes remotos llegarían a conocer.

      Quizás los poseedores del conocimiento en este país, deben salir algo más a la calle, a demostrar la falacia que nos rodea: las falsas teorías económicas que arruinan la vida de tanta gente interesadamente para que unos pocos, los menos, ganen más.

      Y nos arruinan no sólo económicamente haciendo que muchos pasen a la indigencia, a ser pobres. Sobre todo nos arruinan moralmente, matando la ilusión de mejora que debe tener toda sociedad, la ilusión en la vivíamos hasta la crisis. Estableciendo aquello de que si el de al lado está en paro es porque es vago, porque no vale. Tantos creyeron que podrían pagar hipotecas enormes porque tenían esa ilusión. Y además convenía manejarles en esa dirección. Ahora interesan otros principios: vivimos por encima de nuestras posibilidades, no se puede sostener. Pero se recorta la única posibilidad de mejora: en educación, en investigación, en cobertura social….Esto último con lo que supone de seguro moral. Si piensas que si te va mal, la sociedad te va a ayudar, eres más generoso y positivo en tu trabajo diario. Está constatado, tal vez no experimentalmente…

      1. Enrique Sánchez Ludeña dice:

        No soy ingeniero, de ninguna especialidad, sino bioquímico y biólogo molecular de forma que el darwinismo y la teoría sintética de la evolución no me son ajenas, como tampoco lo son a Manuel que, aunque no lo diga, lleva dos décadas estudiando sobre el tema.
        Simplemente quiero apuntar que la teoría no me parece tan razonable como usted afirma; porque uno de sus pilares es la intervención del azar, la acumulación de miles de millones de casualidades afortunadas en un intervalo de tiempo que resulta increiblemente corto para el resultado conseguido.
        Si la evolución es el resultado de la acción de las leyes naturales, parece que todavía no las conocemos todas.

    5. Martin dice:

      Lástima, llego tarde al artículo:

      Me quedo con la frase de Albert Einstein ” La ciencia sin religión es renga. La religión sin ciencia es ciega”.

      Y no remito la frase de Christian B. Anfinsen, Nóbel de Química en 1.972, por si le da por sentirse aludido.

      Sr. tal, creo que anda usted bastante errado.

      Dejo estos link donde aparecen científicos de todos los tiempos con creencias religiosas.

      http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/13668853/Testimonios-de-cientificos-creyentes.html

      http://www.apologeticacatolica.org/Ateismo/ateismo23.htm

      http://huidadelmundanalruido.zoomblog.com/archivo/2009/09/08/testimonios-De-Cientificos-Creyentes-E.html

  7. Manuel Bautista dice:

    En respuesta a “margendeseguridad”,

    Señala usted que, por prudencia científica, “mientras no hay otra cosa se utiliza lo más probable”. Eso suena muy razonable. Y, dicho así, yo también lo compartiría. Pero, ¿qué pasa cuando no hay otra cosa porque se obstaculiza que emerja esa otra cosa?

    Un ejemplo: Lynn Margulis vio cómo rechazaban quince veces las revistas científicas más prestigiosas el manuscrito donde exponía su “teoría de la endosimbiosis serial”. Solo tras dos años, de intentarlo una y otra vez, consiguió que se lo publicaran en 1967. ¿Motivo? Su teoría era manifiestamente contraria al darwinismo.

    Como bien apunta Manu Oquendo, quiénes controlan lo que se publica o no en las revistas científicas que de verdad importan, y quiénes controlan qué proyectos serán financiados y cuáles no, están decidiendo qué líneas de investigación tienen posibilidades de avanzar y cuáles no.

    Una aclaración a “UnoQuePasa”: estoy de acuerdo en que el creacionismo no es ciencia, pero impedir que, desde la propia ciencia, salgan una o cincuenta versiones alternativas al darwinismo, tampoco es ciencia. Y es de esto de lo que estoy hablando.

    Me ha gustado la mención de “pájarodepapel”: muy bueno.

    Un cordial saludo a todos

    1. José María Bravo dice:

      Yo quisiera terciar, brevemente, en el debate. Afirmáis todos, incluso Bautista, que el “creacionismo” no es ciencia. Yo os pregunto que es Ciencia y que no es Ciencia?.

      La Filosofía de la Ciencia va encaminada al conocimiento y el conocimiento también indaga por la “verdades”, por que no certezas, ocultas, no observables.

      Hemos de ver lo que es la Ontologia, que es lo que hay?, que es la realidad?, que misterio encierra?. O la gnoseologia, el origen y el alcance del conocimiemto.

      Nos hemos acostumbrado a llamar ciencia lo observable pero los científicos, los que “merecen” llamarse así cuando indagan sobre la gravitación universal, o sobre la mecanica cuantica, siempre tienen una pregunta, no solo experimental, si no una indagación, un “misterio” no identificable en cada paso. El por que cuando hay un eclipse varian las condiciones y por que la razón del mismo eclipse, etc.

      La ciencia no olvida la cosmologia que incluye a la física, a la astronomía y a la religión. Si, a la religión. Acaso no nos acordamos de los cientificos como Maimonides. O estos son dedeñables?.

      Yo os pregunto de nuevo por qué acotamos la ciencia? . Por qué la hacemos tan casposa?

      1. Manu Oquendo dice:

        Hola, José Mª:

        La verdad es que tu pregunta me sorprendió y mi primera reacción fue negar que se estuviese acotando la ciencia en el sentido de ponerle límites.

        Releyendo tu post interpreté que quizás te refieres a un cierto recelo social ante algunas manifestaciones denominadas ciencia oficialmente y que en el imaginario popular han comenzado a perder el prestigio que otrora tuvieron.

        Sólo hay que volver los ojos a la supuestamente inculta población londinense o, más aún, España de entonces y ver que las tiendas de Oxford Street celebraban el anuncio de E=MC2 y los taxistas madrileños las conferencia de Keynes en Madrid.

        Entonces había más respeto y admiración por estas luminarias y hoy, la verdad, esto no es así a pesar de que se nos supone infinitamente mejor educados que nuestros abuelos. Algo que ya me gustaría poder decir.

        En otro post citaba a Kuhn pero no dije que antes de ser profesor de Harvard fue alumno del ruso Koyré y que Popper, al igual que Kuhn comienza a caer en desgracia ante los gestores de nuestro paradigma científico. No se sabe muy bien por qué pero esto sucede.

        A mi me parece, sólo me parece, que el sistema no tolera las discrepancias de fondo y tanto uno como otro son tremendamente críticos con algunos aspectos de la gestión que el sistema hace de lo que tenemos por ciencia.

        Los capítulos que Popper dedica a Hegel parece que nada tienen que ver con esto pero me temo que mucha gente no se los perdona.

        El caso es que si miramos el campo de las ciencias sociales la cosa está bastante cruda y el desprestigio es inevitable. Por muchos motivos: mucha ideologización y un férreo control sistémico sin que se escuche un lamento o una queja desde la comunidad “científica”. Desde luego nada comparable a lo que se escucha en cuanto se reduce el presupuesto de investigación.

        Por poner un ejemplo.

        La gente ve que se gastan millones en “investigar” cosas que tienen que ver con ideología de género (en el país con menos muertes por millón de Europa–unas 60 o 70 personas al año) y no mueve un dedo para entender por qué se suicidan, cada año, unas 3600 personas, es decir 50 veces más y la mayoría hombres. Diez cada día. Diez cada día y ni un sólo titular ni fondo de investigación.

        Lo mismo sucede con los “expertos” en pensiones que se callan que sucesivos gobiernos se han gastado en comprarse votos más de 260,000 millones de euros (de superávits contributivos de la SS) y tienen la sangre fría de culpar a la “longevidad” olvidando que los hombres vivimos 7 años menos que nuestras queridas compañeras de tránsito. Es realmente indecente lo que muchos supuestos científicos hacen por dinero.

        ¿Y qué decir de nuestros Psicólogos sociales, Sociólogos, Politólogos y Economistas ? Callados durante décadas hundidos en modelos matemáticos inoperantes tras recibir ni se sabe cuántos Nobel para ahora echarse las manos a la cabeza como si estuvieran sorprendidos.

        Qué decir.

        El menor respeto social se lo han labrado a pulso. Por sus silencios, sus pleitesías y su devoción científica….al presupuesto y al “side consulting job” en la Instituciones.

        Nada que ver con personajes con la integridad de un Einstein, una Sra. Curie, un Wiener del MIT o un Keynes capaz de dimitir en desacuerdo con su gobierno.
        Times have changed y no para bien precisamente.

        Súmale que realmente seguimos viviendo de descubrimientos hechos en la primera mitad del Siglo XX y se comienza a entender lo que creo que preguntas.

        Un saludo cordial

        1. José María Bravo dice:

          Gracias Manu. Eres muy generoso con mi comentario. Yo, apenas, señalaba que, como tu con mucha precisión aduces, nadie habla de ciencia. Todos de mercado. Podriamos escribir un articulo que titulara: “La Ciencia de comprar como Florentino”.

          Un abrazo

  8. Manuel Bautista dice:

    En respuesta a “tal”,

    Para acotar, en lo posible, los malentendidos, le diré que, aunque he trabajado con científicos, yo no lo soy. Pero me interesa mucho la ciencia. Y, desde luego, creo que es un error garrafal recortar los presupuestos dedicados a I+D. Del avance de la ciencia depende, en gran medida, el progreso de la humanidad. Pero, dicho esto, creo que hay que señalar los vicios que se dan en algunas de las prácticas científicas.

    Deduzco de sus palabras, y del tono empleado, que le he molestado. Lo siento, porque no pretendo herir a nadie personalmente. Pero estamos aquí para reflexionar sobre cualquiera de los temas claves para nuestra sociedad, desde el respeto pero también desde la libertad de pensamiento y opinión. Sin tabúes.

    Dice usted que miento cuando digo que “no hay nada demostrado experimentalmente en este campo”. No he dicho eso. Lo que he dicho es que “esta teoría (en su conjunto) no ha sido nunca demostrada experimentalmente”. Le pido, por favor, que me diga cuándo y cómo se ha demostrado. Aunque es un tema del que he leído bastante, es posible que usted pueda darme algún dato clave que se me haya pasado por alto.

    El caso es que usted mismo reconoce después “algún día se rellenarán las piezas que faltan en la teoría evolucionista, es evidente”. Perdone que discrepe: yo no lo veo tan evidente. ¡Ni siquiera disponemos de una definición de “especie” en la que estén de acuerdo biólogos y paleontólogos! Darwin, desde luego, se reconoció incapaz de encontrar esa definición, pese al título de su obra más famosa.

    Por otra parte, yo no junto la ciencia con la religión, y precisamente lo que pido a los científicos que están en esto es que no lo hagan; que se olviden en su trabajo de la religión, de Dios y del creacionismo, y se dediquen solo y exclusivamente a investigar con rigor científico. Y, por cierto, he puesto un ejemplo (podría citarle un montón) de un ilustre científico, Ernst Mayr, uno de los fundadores del darwinismo moderno (¡no tan moderno porque data de los años 40!), que los mezclaba sin pudor. Lo digo por eso de que “los científicos no hablamos nunca de religión”: ¡ojalá fuera cierto!

    En respuesta a “pájarodepapel”,

    En primer lugar, le felicito por ser capaz de reconocer abiertamente las muchas cuestiones a las que la ciencia no tiene aún respuesta; lo que no quita que todos aspiremos a que poco a poco las vaya encontrando.

    En cuanto a la pregunta que me hace, lo que yo dudo es que el principal motor de la evolución sea la selección natural. Me parece lógico que eso haya influido en alguna medida: la lucha por la supervivencia y la adaptación al entorno son “fuerzas” que deben influir. Pero puede haber muchas otras, y mucho más decisivas, que no estén aún identificadas. Por ejemplo, me da la impresión de que se empieza a recuperar al señor Lamark. En todo caso, reconozco que me mosquea tanto recurso al azar y a mutaciones, de las que tan poco se sabe acerca de sus causas. Por lo demás, parece que la evolución es un hecho, la cuestión es dilucidar qué es lo que la impulsa.

    Muchas gracias

  9. Lucas Montes dice:

    Esta vez estoy bastante en desacuerdo con Manuel. Y creo que su discurso no se sostiene porque contiene errores de base. Así, cuando afirma que “Ni se ha observado la aparición de una nueva especie a partir de otra distinta” creo que yerra pues sí se ha observado en unos cuantos casos, y a partir de una sola mutación. Así, de memoria, recuerdo un caso de planta (también son seres vivos) y creo que se ha hecho con alguna mosca de la fruta. Me va a perdonar que no deje mis tareas (mi trabajo) para concretarle buscando la información, pero ya le digo que esa afirmación suya es falsa y la información existe. Otra cosa bien distinta es que la evolución, tal como la vemos hoy, no es ya la de Darwin; ha habido muchas aportaciones y, por ejemplo, la idea de la endosimbiosis de Lynn Margulis se incluye como explicación del origen de las eucariotas. En cuanto al origen la la vida está claro que no hay una “lucha por la supervivencia”; tan claro como que hay una evolución prebiótica o molecular antes del surgimiento de la vida. Otros pasos, como las causas de la explosión cámbrica siguen siendo objeto de análisis (acaba de aparecer con este título un artículo en la revista Science). Finalmente no faltan demasiadas piezas para completar el puzzle de la evolución humana, y he de decir que a mí me resulta fascinante todo lo que vamos sabiendo. Un saludo y gracias por traernos siempre temas del máximo interés.

    1. pajarodepapel dice:

      Aquí tiene una prueba (espero las suyas) de que el entendimiento de la formación de especies es extremadamente incompleto…

      “Macroevolutionary speciation rates are decoupled from the evolution of intrinsic reproductive isolation in Drosophilaand birds

      http://www.pnas.org/content/110/38/15354.abstract?sid=f13550a9-2a35-4525-915c-e8d2b7e55a60”

      Durante décadas casi toda la investigación en este terreno se ha sustentado en la presunción de que la causa principal del surgimiento de especies nuevas, un proceso llamado ‘especiación’, es la formación de barreras a la reproducción entre poblaciones.

      Un ejemplo bien conocido de esto último es la mula: los caballos y los asnos pueden aparearse pero sus crías son estériles.

      Pues bien, ahora biólogos de las universidades de Chicago (UC) y Michigan (UM) han cuestionado la presunción de larga data de que las barreras reproductivas genéticas, conocidas asimismo como aislamiento reproductivo, sean una fuerza que impulsa la ‘especiación’:

      “No encontramos pruebas de que estas cosas estén relacionadas. La tasa de surgimiento de las barreras reproductivas genéticas no pronostica la tasa de formación de nuevas especies en la naturaleza”, señala el artículo. “Si estos resultados fueran ciertos en términos más generales -algo que todavía no afirmamos pero sospechamos que así sea- ello implicaría que nuestro entendimiento de la formación de especies es extremadamente incompleto, porque HEMOS PASADO TANTO TIEMPO ESTUDIANDO ALGO EQUIVOCADO DEBIDO A ESTA PRESUNCIÓN ERRÓNEA DE QUE LA CAUSA PRINCIPAL DE FORMACIONES DE ESPECIES ES LA FORMACIÓN DE BARRERAS A LA REPRODUCCIÓN”, afirmaron los investigadores.

      Charles Darwin se refirió al origen de las especies como “el misterio de los misterios”, y aún hoy, más de ciento cincuenta años después de sus investigaciones, se puede afirmar tranquilamente que los biólogos que estudian la evolución no pueden explicar plenamente cómo surgen plantas y animales nuevos.

  10. Alejandro dice:

    Solemos mentar la ciencia como si se tratara de una entidad todo poderosa al margen del bien y del mal que resuelve todas las incognitas fenoménicas que el universo nos brinda. Pero cabe decir que cada persona que se presta al servicio de este método de conocimiento presenta o presentamos nuestros propios condicionantes personales o divergencias en nuestro enfoque, que evidentemente debieran ser enriquecedoras y no limitantes. Aunque la ciencia es un método que trata de objetivar el conocimiento para un acceso más amplio de éste, cabe destacar que al final todo conocimiento es subjetivo ( El que no lo vea así que repase un poco de física cuántica) y por tanto a veces es difícil diferenciar lo que vemos en nuestros experimentos de aquello que deseamos encontrar. No podemos despojar a la ciencia de expectativas creadas que a veces se cumplen y otras no, pero como sabe cualquier ilusionista es fácil hacer creer a nuestro cerebro algo que en realidad no existe salvo en nuestra imaginación.
    Con todo esto lo que quiero decir es que a veces no somos conscientes que se ahogan las divergencias de opiniones en temas científicos por tendencias e incluso modas y qué admitir lo que se ignora no debilita al mundo científico.
    Poniendo como ejemplo la teoría Darwinista (o NeoDarwinista con la genética), ésta es capaz de explicar muchas cosas, pero tiene la salvedad que no es predictiva, lo cual no la despoja de todo su valor pero no encierra todas premisas de una teoría científica per se.
    Lo que es normal y lógico, a mi modo de ver, es que la Ciencia se tiene que cuidar de la primera chaladura que suelte un charlatan de turno porque no se puede esgrimir el argumento del todo vale, el rigor deber ser precepto en cualquier conocimiento que queramos legar.
    Muy interesante todo el debate creado.

  11. pajarodepapel dice:

    Contestando a Lucas…

    “No faltan demasiadas piezas para completar el puzzle de la evolución”

    Permítame decirle que su optimismo raya el candor… lo que se cuestiona, no es que la vida evolucione –algo que otros científicos plantearon antes que Darwin-, sino que lo haga de forma gradual a base de ínfimas mejoras sucesivas introducidas por azar.

    Existen varios saltos evolutivos (la explosión cámbrica p.e.) y cada uno de ellos ha supuesto un reto al darwinismo, pero todos ellos palidecen frente al origen de la vida. El paso de lo inerte a lo vivo es el salto de todos lo saltos. No hablamos ya de un abismo evolutivo: hablamos de un abismo del que ni siquiera está claro que pueda ser evolutivo, un fenónemo que puede quedar fuera del ámbito de la aplicación del darwinismo.

    Esta es un cuestión que sigue sin resolver. Y el problema es que el ser vivo más simple que conocemos es ya extraordinariamente complicado. Si la primera célula se formo a partir de materia inerte es obvio que no pudo hacerlo en un solo paso, ¿dónde están su herederos?

    En 1981 Crick escribía lo siguiente:

    “UNA PERSONA HONRADA, armada con todo el conocimiento disponible en la actualidad, sólo podría afirmar que, en algún sentido, el origen de la vida parece POR EL MOMENTO como un milagro…De momento no podemos decir si el origen de la vida en la Tierra fue un suceso extremadamente improbable o (tan probable que resultó) casi inevitable. O cualquier posibilidad entre esos dos extremos. Si fue altamente probable, no hay problema. Pero si resulta que fue muy improbable, estaremos forzados a considerar la posibilidad de que la vida pudiera haber surgido en otros lugares del universo en lo que por una razón y otra las condiciones fuera más favorables”.

    Como decía Margulis, esto traslada el problema a otro planeta, donde la cuestión seguiría abierta…ahora bien, lo que nos dice Crick es que en ese otro planeta la vida no tiene por qué mostrar una pauta tan extravagante, con un solo código genético omnipresente pese a su arbitrariedad, y con las primeras bacterias apareciendo en el registro fósil en el mismo momento en que el planeta se enfrió y dejó ser literalmente bombardeado por meteoritos.

    En cualquier caso, es una tema abierto de investigación, donde la teoría de la panspermia es una explicación más y no mucho más lunática que las contorsiones que el establishment científico favorece en la literatura sobre el origen de la vida.

    Lo que no vale es minimizar la magnitud del problema y seguir repitiendo la parábola de la sopa (!en una atmósfera rica en CO2 Y N2 no hay guiso!) y el estanque templado como una letanía.

  12. Manuel Bautista dice:

    Estimado Lucas,

    (Y en realidad para animar, más aún, este debate tan interesante)

    También yo me remito a su frase: “no faltan demasiadas piezas para completar el puzzle de la evolución humana…”. Propongo que nos centremos, a modo de ejemplo, en el caso de la aparición del hombre, de la especie humana.

    La visión ortodoxa nos dice que la primera especie humana, el Homo habilis, surgió en África hace unos 2,3 millones de años, por evolución de una especie de australopitecos (homínidos no humanos). El género de los australopitecos incluye varias especies y se extiende hasta hace 4,2 millones de años, el Australopithecus anamensis, que es la más antigua. Actualmente, no se sabe qué especie de estos australopitecos fue la que evolucionó para dar paso a la primera humana; si fue alguna de las conocidas (africanus, afarensis,…) o una que aún no conocemos.

    Pero, yendo hacia atrás en el tiempo, lo que todos los expertos están de acuerdo es que, más allá de los 4,4 millones de años (fecha del Ardipithecus), hay un inmenso período de unos 6 millones de años (hay quienes hablan de 10), prácticamente vacío de fósiles. Según mis noticias, apenas llega a la media docena los huesos fósiles descubiertos.

    En estas condiciones, ¿cómo puede la versión ortodoxa afirmar que compartimos un antepasado común con el chimpancé, que era un mono que vivió hace unos 7 millones de años, si prácticamente no hay fósiles en los tres millones de años que siguieron a ese mono? Y en los 2 millones de años siguientes, los del período australopiteco, los paleoantropólogos no se ponen de acuerdo ni en cuántas especies distintas hay, ni en qué línea evolutiva las interconecta, ni cuál de ellas (si es que fue alguna) dio lugar a los primeros humanos

    ¿No resulta un poco fuerte obviar estos datos? Cuando hablamos de que el registro fósil no avala la teoría de Darwin, estamos hablando de esto. Si esto sucede con la evolución humana, que es la que más nos interesa, por razones obvias, ¿qué será el resto?

    En mi opinión, estimado Lucas, al puzzle de la evolución humana le faltan aún muchas piezas.

    Podemos ahora hablar de lo que dice la genética, que creo que está mucho más cerca de su campo profesional. ¿Hablamos de la solidez del “reloj molecular”, y de su pretensión de que las mutaciones se producen a un ritmo básicamente constante, pese a ser debidas al azar? ¿Hablamos de que, pese a eso, el reloj molecular no da fechas absolutas y, por tanto, necesita de fósiles bien datados (¡otro gran problema!) para darlas?
    Insisto, y sin ánimo de herir a nadie, pero ¿cómo es posible afirmar que tenemos un antepasado primate que vivió hace 7 millones de años si apenas hay datos que avalen tal afirmación?

    Un cordial saludo (y muchas gracias por participar en este debate)

  13. Manu Oquendo dice:

    Si observamos lo que percibimos como “materia” –en sus componentes sucesivos y en progresión de tamaños decrecientes– resulta que la biología es solamente uno de los numerosos estados intermedios de esos “ladrillitos” básicos.

    Llamémosle “MicroNanoQuarks” o como queramos, pero lo que los modelos actuales de Física indican es que en cuanto descendemos a tamaños de en torno a 10 elevado a –33 lo que queda es una pizca de energía pura, una vibración y no existe lo que llamamos materia.

    Hago notar que esto hoy día es una hipótesis no comprobada experimentalmente porque nuestra capacidad de micro-medida actual se detiene en 10 elevado a –18.

    Pero sus modelos matemáticos lo indican y esperan que, según avancemos en capacidad de medir lo muy pequeño, se pueda validar experimentalmente.

    ¿Qué quiere decir esto?

    Que para un físico lo biológico, como todo el resto, es una simple función de onda. Todo lo compleja que queramos pero sólo eso, una función de onda vibratoria. Nosotros somos una “función de onda”, –y mi perro igual aunque la suya está mucho mejor lograda–.

    Por tanto la biología realmente es lo que los griegos llamaban una Tecné, una técnica, no un Logos, un conocimiento fundamental.

    A mi –que como todo el mundo tengo una cierta religiosidad y me hago preguntas “teleológicas” y trascendentales e incluso me las respondo–, el debate del darwinismo/creacionismo me parece artificial y además irrelevante a efectos de para qué se usa por el laicismo militante.

    Esta ideología –el laicismo es una ideología doctrinaria, como las religiones– usa a Darwin (un hombre religioso) como munición contra formas históricas de religiosidad a pesar de que su ámbito es meramente biológico y ni siquiera se acerca a la esencia de las leyes del universo.

    Es por esto por lo que es muy sencillo ser ateo dentro de la biología. Se puede entender casi todo sin una causa primera o ignorándola. Hasta para la reproducción se puede contar con la ayuda del azar y del medio.

    Pero en el mundo físico esto no es así y por eso muchos grandes físicos son personas religiosas en su acepción esencial.

    Con todo, repito: La caverna de Platón. Releamos despacio esta alegoría que nos pone en nuestro sitio.

    Por no entrar en otro temita que debiera preocuparnos: La obsesión del estado laicista con las religiones. ¿Por qué?

    Saludos

    1. Manuel Bautista dice:

      Estimado Manu,

      Es muy interesante lo que comentas acerca de la realidad física a niveles muy micro. Creo que, efectivamente, ese enfoque de lo que en realidad es la materia (y su otra versión: la energía) no está siendo debidamente integrado en las ciencias biológicas; supongo que, entre otras cosas, por lo que tú mismo señalas: no hemos desarrollado todavía la tecnología que nos permita “ver y tocar” la materia-energía a esos niveles.

      Pero parece evidente, al menos a nivel conceptual, que sin saber hasta dónde llega y se extiende nuestra realidad “material”, mal podemos delimitar hasta dónde alcanza nuestra realidad “biológica”, y qué funciones son ejercidas en esos ámbitos de nuestra realidad material hoy ni siquiera percibidos.

      Cuando hablamos de la evolución, habría que saber cuánto de importante y decisivo es lo que aún desconocemos de nosotros en relación con lo que ya tocamos, medimos y conocemos de nuestra realidad. No vaya a ser que estemos pronunciándonos científicamente sobre el colorido de la naturaleza sin tener en cuenta que tenemos las limitaciones de un daltónico.

      El otro asunto que planteas es también muy relevante: el papel del laicismo. ¿Tiene el laicismo un sentido y un contenido que no sea el de mera contraposición a las religiones? Y tú propones un “temita” a debatir: la obsesión del Estado laicista con las religiones. Manu, te invito a que lo desarrolles y nos hagas llegar un artículo con tu punto de vista sobre este tema. Venga, ¡anímate!

      Un cordial saludo

    2. Jorge dice:

      Hola Manu,

      Me ha gustado tu comentario. Es interesante el hecho de que parece que la existencia es infinita tanto hacia lo macro como lo micro. Hay un físico cuántico llamado Nassim Haramein que precisamente habla de cómo tendemos a pensar en infinito mirando hacia el cosmos y no nos damos cuenta que que hacia adentro la realidad también es infinita. Por otro lado y como bien dices siempre se habla que de que en última instancia todo es energía vibrando a una determinada frecuencia, inclusive la materia, y es curioso cómo la física cuántica está llegando a conceptos que las tradiciones y sabios místicos llevan manejando desde hace milenios, como el hecho de que la realidad observable es relativa al observador y no al revés. Lo más interesante de esto es que si la realidad que vemos ahí fuera como algo separado de nosotros no lo es tanto, como así parece ser, y que es nuestra conciencia, pensamientos y creencias los que generan esa realidad, esto supondría un vuelco radical en la manera de enfocar nuestras vidas puesto que implicaría que somos responsables de todo cuando nos sucede y experimentamos y que el azar no existe puesto que si todo es vibración por lógica atraemos aquello que está en nuestra misma frecuencia de resonancia.

      Obviamente esta forma de ver la existencia es tan radicalmente opuesta a cómo entendemos la vida hoy día que de confirmarse haría que nos replanteásemos absolutamente todo. Sería un choque frontal contra nuestras creencias, y teniendo en cuenta cómo funcionamos, muchas personas y sistemas no estarían dispuestos a aceptarlo y como decían en Matrix, hasta matarían por defender el sistema (como así está ocurriendo).

      Personalmente me interesa algo que trasciende la materia y que creo que es el generador de todo lo que vemos y lo que no vemos: la conciencia. Es obvio que somos seres conscientes puesto que tenemos libre albedrío y el simple hecho de yo estar aquí escribiendo por voluntad propia supone que hay una conciencia que permite que eso sea así. Esa conciencia me permite ser consciente de mí mismo y de mi entorno, de los pensamientos que yo decido cuando estoy conscientemente alerta, de mis sentimientos, emociones y actos. Pero, ¿qué es la conciencia? Según los sabios místicos es el espacio en el que todo sucede y que también ha sido llamado el “no ser”, “la nada”, “universo”, “mente universal”, “Dios”, “el todo”, “inteligencia suprema”, “divinidad”, “Tao”, “energía” etc. Quizá sea esa energía que subyace a todo y que parece que todo lo ordena, porque desde luego tiene que existir una inteligencia que de alguna manera coordine el engranaje de todo este universo tan vasto y complejo.

      Veo que muchos científicos hacen referencia a ese primer momento en que tuvo que surgir la vida de algo inerte, donde parece que la ciencia no es capaz de llegar. Pero, ¿no será que el tiempo tal y como lo entendemos de forma lineal es realmente una ilusión de nuestros sentidos y que en realidad todo ha existido siempre ya que la energía ni se crea ni se destruye? ¿No es cierto que nuestra percepción del tiempo difiere mucho de cómo verdaderamente transcurre el tiempo en términos físicos/matemáticos? ¿Puede ser que haya otras dimensiones en las que el tiempo como lo entendemos no exista y todo transcurra en un continuo ahora de tal forma que lo que percibimos como movimiento sea una ilusión producto de un salto o sucesión imperceptible de infinitas realidades paralelas coexistiendo a la vez motivo por el cual experimentamos déjà vu, clarividencia, percepciones de vidas pasadas y eventos futuros, sueños… etc?

      Ya para finalizar y tras haber leído algunos comentarios acerca de que la ciencia no habla de religión, creacionismo y “esas cosas”, creo que quienes piensan de esa manera están siendo igual de dogmáticos que los fanáticos religiosos. Al final todas las disciplinas se hacen las mismas preguntas y buscan las mismas respuestas: quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, por qué estamos aquí, qué es el universo, etc, etc… Quizá unos lo llamen Dios y otros energía, campo, éter o lo que sea, pero el fin último de todas estas disciplinas es encontrar el sentido de la existencia y creo que poco a poco vamos a ir viendo cómo cada vez más ciencia y mística van a ir convergiendo hasta darse la mano.

      Un saludo

      1. Alicia Bermúdez dice:

        Interesante comentario, Jorge. Es un tipo de pensamiento el que plasmas en él que creo que de alguna forma late en todas las personas, aunque bastante amortiguado por el ruido de qué percibimos como “realidad” por más que intuyamos que no estamos percibiéndola en su absoluta Realidad.
        Pero existe el problema insalvable de que sólo disponemos de la percepción para encarar el intento de ir un paso más allá del límite que marca la razón. Somos al mismo tiempo el camino a recorrer y los pies que han de recorrerlo; y tanto del camino como de nuestro recorrerlo todo lo que tenemos es la interpretación subjetiva que nos proporciona la consciencia.
        ¿Cómo ampliarlo, cómo romper el cerco si nosotros mismos somos nuestro propio límite consciente?
        Lo que tú escribes mi razón desea entenderlo. Quiero que sea verdad y, aunque no sé expresarlo con palabras, creo (juego de palabras) que lo creo y que es lo que creo.
        ¿Pero cómo incorporarlo a mi yo si mi consciencia no sabe cómo hacerlo suyo?

        1. Jorge dice:

          Uno despierta su conciencia cuando se hace consciente de ésta. De este modo se amplía el campo de percepción más allá de los cinco sentidos básicos. La mente es limitada. Sólo puede llegar hasta donde los sentidos y la razón le permiten. Un perro escucha frecuencias que un humano no puede. También tiene un olfato altamente desarrollado. Un águila o un buho ven cosas que el humano no puede. Es decir, nuestros sentidos son muy limitados y sólo nos muestran una parte de la realidad, pero eso no quiere decir que no haya mucho más, como así es. Por lo tanto cuando uno “apaga” la mente y escucha más a si intuición empieza a sentir y comprender mucho más de lo que la razón puede llegar a comprender. Y esto lo saben muy bien las tribus indígenas, que están en sintonía con la naturaleza y los animales. En los países desarrollados el humano está completamente desconectado de sí mismo y por lo tanto se ve como un algo separado del resto, de ahí los conflictos, las enfermedades, guerras, pobreza, etc… La física cuántica está observando que todo está conectado. No hay nada separado. De ahí el dicho de “como es adentro es afuera”. Entender esto ya es una gran paso.

    3. Jorge dice:

      Por cierto, quizá te interese cómo este chico explica el origen de la existencia encajando a su vez las piezas del puzzle de nuestra historia. Saludos!

      http://youtu.be/5VvGRSoWsV0

  14. pajarodepapel dice:

    Las “firmes creencias” darwinistas no responden sólo a las de una concepción científica caduca y ya obsoleta de la Naturaleza, porque en sus premisas y en sus argumentos se pueden identificar, más o menos disfrazados de “objetivos” o de “políticamente correctos”, todos y cada uno de los rancios prejuicios culturales y sociales que alumbraron su nacimiento. La idea de que las cualidades humanas, las virtudes y los defectos, son innatas, se pueden encontrar hoy disfrazadas de disciplina científica bajo la denominación de “Genética del comportamiento humano”, un artificio totalmente rebatido por los conocimientos actuales sobre la expresión génica en la que ni siquiera existe la, ya anticuada creencia, de una relación directa entre un gen y una simple proteína y en la que el ambiente juega un papel primordial.

    Desgraciadamente, las informaciones sobre la extremada complejidad y de lo (mucho) que desconocemos de los fenómenos biológicos no resultan tan “periodísticas” como las simplificaciones dogmáticas de los científicos darwinistas o las noticias sobre descubrimientos espectaculares como los de “los genes del miedo” o de la homosexualidad o, incluso, de la base genética de la marginalidad. Y lo realmente dramático es que esta concepción de la naturaleza humana está calando profundamente en la sociedad porque confiere un carácter científico a muy viejos y muy nefastos prejuicios.

    La hipocresía de afirmar que las diferencias creadas en el Mundo por unas circunstancias históricas concretas y acentuadas por un modelo económico aberrante (el modelo del que surgieron las bases conceptuales del darwinismo) son “naturales”, oculta en realidad una cínica justificación de la situación y transmite una estúpida creencia en la propia superioridad. Porque la competencia “está en la naturaleza humana” (Arsuaga, 2002), y los que triunfan son los mejores. Al parecer, la única posibilidad, no ya de éxito, sino de simple supervivencia, está en una competencia permanente, y del mismo modo que en la teoría darwinista la supervivencia del “más apto” pretende justificar “con el tiempo” lo injustificable, la “libre competencia” será beneficiosa para todos “con el tiempo” como se puede comprobar observando la situación, cada día más dramática, en que se encuentra la mayor parte de la Humanidad.
    La desalentadora sensación que produce la aceptación de estos argumentos cargados de conceptos vacíos, es de que estamos asistiendo a una crisis, no sólo ética (que es muy evidente), sino también intelectual. De que se ha extendido una especie de “pereza mental” que impide profundizar, no sólo en la comprensión de los fenómenos naturales, sino también en las causas (en la raíz) de los graves problemas a los que se enfrenta la Humanidad y afrontarlos de una manera coherente. Porque, como hasta la persona más sencilla (o más “primitiva”) puede comprender, en toda competencia hay pocos ganadores y muchos perdedores. Y, de seguir por este camino, el premio para los vencedores no va a ser, precisamente, envidiable.

    1. Manuel Bautista dice:

      Estimado “pajarodepapel” (¡vaya nombre te has buscado!),

      Comparto plenamente lo que dices y creo que esa tendencia de nuestra sociedad a las verdades sencillas y fáciles de asimilar (alimentada por esta “cultura” periodística de reducirlo todo a “titulares”) nos reduce nuestra capacidad para entender lo complejo, que es como es la realdad. Siendo así, que resulta apasionante cuando los científicos nos contáis no solo lo que vais descubriendo sino también las preguntas, dudas y cuestiones que vais descubriendo sobre lo que aún no sabéis; es decir, cuando nos hacéis partícipes al resto de la sociedad de vuestra experiencia desde la frontera misma del conocimiento-desconocimiento.

      Hay científicos que publican libros de divulgación desde esta perspectiva, y ciertamente resultan apasionantes. Pero abundan más los posicionamientos afirmando que se sabe lo que, en demasiadas ocasiones, aún está en mantillas.

      Supongo que esa es una servidumbre ante la necesidad de buscar financiación y de tener que pedírsela a instituciones que solo quieren resultados seguros.

      Añades una reflexión muy interesante sobre esta cultura de la competencia y de los “más aptos” que nos ha traído el darwinismo en estrecha colaboración con el capitalismo (y, ojo, con el sistema educativo). Habría que preguntarse: lo más aptos, ¿para qué? ¿Y en qué circunstancias? Pero, sobre todo, ¿y qué hacemos, qué perspectivas les ofrecemos a los que dejamos en la cuneta por no ser “aptos”?

      Habría que revisar a fondo este concepto. Mi amigo Enrique Sánchez, coeditor de este blog, no para de insistir en sus artículos sobre lo nefasto y erróneo de este concepto en el ámbito de la educación. Si asumiéramos, como sociedad, que todas las personas son aptas para hacer diversas cosas, y que nuestro objetivo social debería ser que cada persona pudiera desarrollar todas sus posibilidades, al margen de que sean más o menos “útiles” para nuestra economía, otro gallo nos cantaría.

      Se entiende que este punto de vista también ha contribuido al éxito del darwinismo, como bien señalas, porque ha fomentado la competitividad de unos con otros; cuando seguramente la competitividad debería centrarse en uno frente a sus propias posibilidades por desarrollar y descubrir.

      En fin, tenemos mucho de que seguir hablando.

      Un cordial saludo y muchas gracias por tu participación en este blog.

  15. Crítica dice:

    Me atengo a la pregunta que encabeza el artículo pues refleja de forma más adecuada la cuestión que se aborda que el caso particular del darwinismo, que pudiera servir como mero ejemplo pero que por su excesivo desarrollo en la exposición parece que se convierte en el elemento central que se debate.

    La ciencia no es ajena ni al hombre ni a la sociedad de los hombres. Esta evidencia debiera bastar para ponernos alerta sobre la pretendida asepsia ideológica del conocimiento científico. Convendría distinguir entre método científico y metaciencia para comprender mejor lo que quiero decir. El método científico está claramente definido y no hay discusión posible acerca de él. La ideología poco tiene que ver al respecto. La metaciencia es aquello que estando más allá de la metodología científica va a condicionar sin embargo a la ciencia. Me refiero precisamente a la ideología, entendiendo por tal el caldo de cultivo social en que germinan determinadas ideas globales sobre la explicación dada a determinadas preguntas sobre la totalidad del universo, de la vida. Preguntas que no corresponde responder propiamente a la ciencia, porque no tiene respuestas científicas para ellas, que entrarían en el ámbito de la filosofía, incluso de la teología, o en el más prosaico de los intereses políticos o económicos de una determinada época histórica que requieren de una justificación global para su legitimidad social, y que no obstante, sin incumbir propiamente a la ciencia, la condicionan en múltiples aspectos. Vuelvo a repetir en este punto pues me parece importante recordarlo aquí que la ciencia está hecha por hombres y se desarrolla en la sociedad de los hombres.
    Me refiero a aspectos precientíficos e ineludibles como sobre qué dirigimos la mirada antes de ponernos a investigar, qué nos interesa saber y qué no, no ya tan sólo en el aspecto de financiación, o de por qué unas especialidades cuentan en determinadas épocas con un desarrollo espectacular mientras otras parecen estancadas o abandonadas y raras son las personas que deciden dedicarse a ellas, aspectos que entrarían dentro de las prioridades sociales de un determinado momento en función de aspectos económicos y políticos, es decir, claramente ideológicos, sino también en esa especie de estructura mental e ideológica que se “respira” en determinadas épocas históricas y que parece impregnarlo todo, desde el arte a la ciencia, y a la que el científico, en general, no es ajeno. Prueba evidente de ello es que los grandes científicos, los que aportaron decisivos y espectaculares cambios que hicieron evolucionar nuestros conocimientos, tuvieron que oponerse en primer lugar a la propia comunidad científica de su época, que fue su principal enemiga. De ahí que me haga gracia la defensa a ultranza que hacen muchos científicos, fundamentalmente medianías que se apoyan en el principio de autoridad para defender sus argumentos, de que ellos están libres de prejuicios e ideologías,

  16. Miguel Angel Nieto dice:

    Señor Bautista
    Poner como ejemplo de las supuestas debilidades de la teoría evolutiva el “hecho” de que no hayamos presenciado el nacimiento de ninguna especie nueva a partir de otra distinta, o que no sea capaz de predecir ni cómo ni cuando aparecerán, demuestra el absoluto desconocimiento que tiene usted de dicha teoría.
    La evolución, según esta teoría, se desarrolla desde hace millones de años, y es evidente que un par de siglos no son un tiempo sufieciente para que se pueda apreciar el nacimiento de nuevas especies.
    Me gustaría poder comentarle otros aspectos de su artículo pero después de esto he sido incapaz de continuar leyendo.

    1. Manuel Bautista dice:

      Al margen de los millones de años de años que lleve operando, la evolución según Darwin es la generación de una especie concreta a partir de su antecesora, y según dicen eso requiere mucho menos tiempo, aunque nadie dispone de ejemplos concretos.

      Estará usted de acuerdo conmigo en que el caso más estudiado es el de la evolución humana. Pues no hay ni un solo ejemplo, dentro de nuestro linaje, de cómo una especie dio lugar a su descendiente. Ni siquiera está claro cómo distinguir una especie de otra.

      De hecho, hoy mismo la revista Science nos ha brindado un ejemplo magnífico sobre la confusión que hay en esta cuestión. Después de llevar décadas escuchando que las primera especie humana, el Homo habilis, evolucionó dando lugar al Homo erectus (o ergaster) y este, según el equipo de Atapuerca, de alguna manera acabó evolucionando hacia el Homo antecesor, que después dio lugar al Homo heidelbergensis y este al neandertal, etc.; hoy se publica un artículo con mucha resonancia mediática en el que, a partir de un cráneo (y de otros fósiles) encontrado en el yacimiento de Dmanisi, Georgia, el equipo investigador de este yacimiento afirma que solo hubo una especie, que todas esas otras no son más que variaciones dentro de una misma especie. No es que sea la primera vez que se dice esto, porque este debate se repite cada dos por tres, pero hoy vuelven de nuevo a la carga.

      Si no se sabe si nuestro linaje contó con la existencia de 5, 6 o 7 especies distintas, o si fue solo una, quiere decirse que no está nada claro qué es lo que define a una especie y cómo distinguirla de otra. Y si eso está confuso, ¿qué decir de los mecanismos que impulsan el cambio de una especie a otra?

      Estimado Miguel Ángel Nieto, yo no cuestiono la evolución, lo que pongo en duda es que la “fuerza” primordial que la ha venido impulsando fuera lo que Darwin llamó la selección natural. Pudo ser eso o cualquier otra cosa. Y desde luego que sea esa no se ha demostrado hasta ahora.

      Tampoco he dicho que un par de siglos sea tiempo suficiente para ver cómo se origina una especie a partir de su antecesora. Lo que he dicho es que en un par de siglos el archivo de los fósiles conocidos ha crecido enormemente y, sin embargo, seguimos sin tener evidencias fósiles de cómo se ha pasado de una especie a otra.

      Pero, ¿si no hay que pedir esas evidencias, qué otras deberíamos pedir para verificar que la teoría de Darwin es cierta y que se cumple? ¿Hay alguna forma de medir o comprobar su veracidad? Dígamelo usted, por favor, porque yo no he encontrado en la literatura científica ninguna manera que permita comprobar científicamente que esta teoría es correcta. Toda teoría científica tiene que ser verificable de algún modo, y sospecho que esta no lo es.

      Un cordial saludo

  17. Chaquet dice:

    Aunque llego tarde al debate, me gustaría hacer una aportación de última hora. Y es esta breve entrevista a Máximo Sandín (científico desconocido para mí hasta hace unos días) que guarda relación con parte de lo planteado en el artículo y su posterior debate. ¿Sigue vigente la teoría de la evolución de Darwin? Ahí va: http://www.20minutos.es/noticia/1960566/0/biologia/evolucion/darwinismo/
    Por otra parte, y contestando a la pregunta que da origen a al artículo: la ciencia no está libre de ideología, puesto que es un producto de las personas que hacen ciencia. Aunque creo que el éxito de la ciencia frente la religión es su capacidad para explicar el mundo, a pesar de la ideología de los científicos: una hipótesis debe poder ser demostrada por diferentes experimentadores para ser válida.
    Para acabar, quiesiera recordar que a medida que se encuentran nuevos datos que hacen tambalearse a las teorías ya existentes, la ciencia se pone en marcha y busca otras posibles explicaciones para encajar dichos datos y ofrecer una explicación del mundo más satisfactoria. La religión sigue con su discurso por los siglos de los siglos…No olvidemos que la ciencia no consiste tanto en dar respuestas, sino en formular preguntas.

    1. Manuel Bautista dice:

      Estoy completamente de acuerdo con usted en que la ciencia evoluciona y busca nuevas explicaciones, mientras que las religiones apenas se mueven.

      La cuestión que yo planteo es si la comunidad científica es suficientemente “ágil” en su capacidad para reconocer que una teoría, hipótesis, paradigma o como se le quiera llamar, no explica suficientemente determinados aspectos de la realidad para ponerse entonces en disposición de buscar otras que lo expliquen mejor.

      En cuanto a Máximo Sendín, tuve referencias de él hace tiempo. A mí también me parece muy interesante lo que dice y, además, tiene el coraje de decirlo públicamente.

      Un cordial saludo y muchas gracias por su comentario.

  18. Racon dice:

    Como se puede introducir un comentario(el de Miguel Ángel nieto) en ese tono prepotente sin aportar nada, sólo negación desde la ignorancia. Son este tipo de actitudes las que acotan todo desarrollo del conocimiento

  19. Giuseppe dice:

    Creo que el autor mezcla el tema del método científico con la gestión de la ciencia y el impulso de determinadas líneas de investigación. La ideología política está presente en cada acto de la vida, y por cierto, necesaria para dar coherencia entre los actos y las ideas de cada individuo. Evidentemente la ideología política se encargará de marcar las líneas de investigación y de financiar ciertas investigaciones respecto de otras. En este aspecto, sí, la ciencia, como cualquier acto de la vida debe estar dirigida por la ideología política.
    Otra cosa es el método científico y como se trabaje con él, si las principales revistas científicas están monopolizando el rigor científico y por tanto, asumiendo un excesivo poder que puede llevar a asumir publicaciones por ciertos intereses, lo que daría lugar a una perversión del método y a posturas acientíficas. En eso, deacuerdo.
    Sin embargo, cuando hablamos de ciencia, y más aún, cuando confrontamos ciencia y superstición, no hay margen a la duda. EL conocimiento aportado por la ciencia ha ayudado a conocer más la realidad, a la vista están los últimos 500 años a partir del REnacimiento, que es cuando se empieza a formalizar la ciencia y a aplicar métodos matemáticos en ella . Cualquier superstición, como las creencias en las deidades producen ignorancia y regresión. Esto se demuestra en aquellas zonas donde las supersticiones están institucionalizadas, donde las sociedades son regresivas y en muchas ocasiones, reaccionarias.
    Evidentemente, ciencia y materialismo están estrechamente unidas. La ciencia es parte del materialismo.
    POr cierto, sólo faltaba introducir el tema de la homeopatía para que el artículo parezca propio de una web “conspiranoica”. Ojo con los ejemplos peligrosos, pueden confundir más que aclara o inducir dudas.

  20. Científica dice:

    No sabe cómo me ha gustado que escriba lo que leo, Sr “Giussepe.
    A usted Sr Bautista, con el que he discutido a menudo estas cuestiones, a la luz de este comentario le agradezco infinitamente que sacara el tema.
    ¡Por fin!… se habla claramente de la intención de los Poderes en la manipulación de cualquier actividad profesional, sobretodo en ésta.
    A través de la historia, se ha intentado manipular desde ámbitos no científicos y por expertos que no lo son de nada, sino de su propio interés a corto plazo, de sobre qué y hasta dónde debemos investigar, y no sólo de eso, sino también, habiéndolo descubierto, qué es conveniente o no mostrar al político de turno, a la agencia de turno y/o a la sociedad de turno.
    Evidentemente este Señor no es científico, porque jamás se tiraría piedras a su propio tejado.
    La ciencia no puede comprarse, como no se pueden comprar personas, y las ideologías, aunque lo intentan, no pueden con la inquietud y la honestidad del trabajo experimental que busca nada más y nada menos que intentar profundizar en lo que nos rodea, para entenderlo y mostrar a los otros, las consecuencias de su desarrollo. En su diseño y desarrollo, el método científico – eso lo sabemos TODOS LOS CIENTIFICOS- no es el único camino, a veces, los descubrimientos más reveladores, son precisamente los que se salen de ese método que todos aplicamos en el diseño de nuestros controles y sujetos de estudio.
    Hablo de ciencia rigurosa, con la propiedad y la veteranía que me da la experiencia en el trabajo y la incredulidad con la que a priori, siempre me enfrento a mis resultados.
    Dicho ésto, podría ponerle miles de testimonios de científicos ilustres que apoyarían lo que digo, pero prefiero que los encuentre usted, si le place.
    Esta no es una Web conspiratoria, aquí cada cual expresa su opinión, su ideología y su filosofía. Y se admiten muchos comentarios que podrían ofender la inteligencia del lector, porque creo que es muy interesante, como lo demuestra su ejemplo, que la gente se retrate.
    Finalmente Señor Giussepe, le diré que disiento bastante en la línea histórica divisoria que le pone a la Ciencia; Poco se ha descubierto a partir del renacimiento que verdaderamente haya supuesto una mejora de las condiciones de vida de la humanidad en su conjunto, de la tierra como planeta con su agua, su flora, su fauna y su aire. Estamos en una regresión y en una explotación feroz de los recursos que afecta directamente a los que aquí vivimos.
    Lo único que ha cambiado es que se destinan billones de dólares para investigar las enfermedades de los que se mueren en la abundancia, mientras que en el resto del mundo empiezan a “emerger” – enfermedades emergentes las llamamos- muchas otras que ya habíamos empezado a erradicar. Lo único que ha cambiado es que en el resto del mundo, los que sabían cómo curarse con los remedios que tenían al alcance, sus plantas, su agua, sus piedras y su aire, hoy se ven obligados a morir si no pueden comprase la pastilla, inyectarse la vacuna y así sucesivamente, porque la medicina se ha convertido en un negocio, la Astrología en una guerra armamentística, El mar en un basurero, los Bosques en plástico y panfletos de márqueting y la comida en una especie de amalgama con colorantes, espesantes y “olorizantes” que en poco tiempo hará que las neuronas del gusto y del olfato no den “pié con bolo”.
    Esas consecuencias de la gestión de la Investigación, en estos momentos críticos por los que pasa nuestro País, son dirigidas por personas con su mismo nivel de pensamiento, Señor.

  21. Manuel Bautista dice:

    Tanto en el comentario de Giuseppe como en el de Científica se aportan matices que me parecen muy interesantes.

    La gestión política, versus la interferencia política, en la investigación científica. El problema es que quién financia la investigación la puede condicionar.

    Según tengo entendido, la mayor parte de la financiación es pública; de los contribuyentes. Eso significa que habrá un responsable en la Administración (califíquese de “político”, de “funcionario” o de “científico”) que tendrá que distribuir el presupuesto disponible entre las solicitudes existentes. Como seguramente los proyectos de investigación que solicitan una subvención suman mucho más dinero del disponible, ese responsable (supongamos que es un científico de los pies a la cabeza, asesorado por un comité de sabios) tendrá que establecer prioridades y criterios objetivos para seleccionar qué proyectos se financian y cuáles no. Y si no lo hace así, se expone a que el Interventor del Ministerio y después el Tribunal de Cuentas le llamen al orden.

    Establecer esas prioridades ¿es ideología política, como dice Giuseppe? No tiene por qué serlo, pero tampoco es blanco o negro. ¿A qué llamamos ideología política? Si priorizamos la investigación en los asuntos que más interesan a la opinión pública, ¿es ideología? En cierto modo sí, porque debería priorizarse aquello que “conviene” más al conjunto de la sociedad, sean o no temas conocidos por esta.

    En realidad, el riesgo de politización se da, no en función de “ideologías”, sino en función de su mayor o menor conocimiento mediático. Pero aquí si hay un riesgo evidente. A muchos políticos les entusiasmaría aparecer en las portadas de los periódicos inaugurando el mega-centro de investigación (con título rimbombante, si es posible).

    Pero, aun queriendo hacerlo realmente bien, ese responsable tendrá que priorizar unas líneas de investigación sobre otras, y aunque no se deje influir por el interés mediático de cada una de ellas (sino solo por el criterio científico), su elección puede estar contaminada, no sé si por ideologías o simplemente por criterios no estrictamente científicos.

    Ayer nos pusieron un ejemplo en bandeja: Randy Shekman, Premio Nobel de Medicina en 2013, acaba de publicar una carta denunciando a las tres principales revistas científicas porque, según él, su política de publicación de artículos científicos no obedece a criterios estrictamente científicos (http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/12/11/actualidad/1386798478_265291.html) En fin que el tema es bastante más sutil de lo que parece a primera vista.

    No quiero alargarme más, pero no resisto la tentación de hacer una matización sobre lo que Giuseppe dice de la superstición. En principio, todos de acuerdo en que las supersticiones “producen ignorancia y regresión”. Pero ¿a qué calificamos como “superstición”? Un científico, o un simple racionalista, puede decir de un tema que lo ignora o que no tiene datos suficientes para opinar sobre ello, pero cuando lo califica de superstición ¿es porque conoce el tema a fondo y sabe que es falso, o es que se está dejando arrastrar por un prejuicio? Si alguien dijera que la única realidad que existe es la que se conoce científicamente, mediante experimentos de laboratorio, y que lo que no sea así es que no existe, ¿no estaría convirtiendo el método científico en otra forma de superstición?

    Muchas gracias a ambos por vuestros comentarios.

  22. Owen Barrow dice:

    Hola:

    (un comentario más, algo tardío).

    Me parece un artículo interesante, sobre todo porque pone a debate el cientifismo actual, ideología según la cual cualquier disensión solo puede provenir de la religión y no la ciencia (incluso de otra ciencia): la noción de ámbito de validez es primordial, porque el darwinismo, especialmente en su versión neodarwinista, pretende explicar todos los fenómenos humanos y naturales, reduciendo los primeros a los segundos.

    Una precisión sin embargo: no sé hasta qué punto la teoría de la evolución supuso en tiempos de Darwin la revolución que se pretende; en efecto, la nocion de evolución estaba bastante extendida ya en la primera mitad del siglo XIX entre los naturalistas. Al contrario, lo que parece que sí escandalizó a la comunidad científica de la época fue, según comenta Gould, su materialismo insostenible, que el neodarwinismo actual ha sin duda heredado, pero en su versión más cosista y reductora.

    Un saludo.

    1. Manuel Bautista dice:

      Supongo que a estas alturas nadie atribuirá a Charles Darwin la “noción de evolución”, entre otras cosas porque ya llevaba circulando desde hacía más de cien años. De hecho sus biógrafos suelen recordar que su propio abuelo ya se significó postulando ese concepto.

      La contribución específica de Darwin fue la “selección natural” como mecanismo que hacía posible esa evolución, y este mecanismo es desde luego “materialista”. La cuestión es si la selección natural de Darwin es la causa principal de la evolución (como afirman sus seguidores) o solo es una causa secundaria, porque haya otras causas naturales (hoy por hoy desconocidas) que influyan mucho más.

      También es cierto (como ya ha señalado alguno de los participantes en este debate) que el propio concepto del “materialismo” se nos queda muy corto, a la luz de los descubrimientos sobre la materia, la Física de las partículas, etc. Si aún no tenemos del todo claro qué es y hasta dónde llega nuestra noción de materia, y de energía, no deja de ser algo ingenuo presuponer qué hace y qué no hace la materia. En este sentido, el tradicional debate materia versus espíritu no deja de ser una especie de antítesis entre dos “cosas” desconocidas.

      Un cordial saludo y gracias por su comentario

      1. Manu Oquendo dice:

        Me parece muy oportuna la precisión.
        Además de que la visión simplista, dualista y antitética, entre materia-cuerpo, y espíritu-alma, es una construcción cultural y religiosa minoritaria en la humanidad posiblemente fruto de esa forma –infantil o primitiva– de clasificar las cosas por absolutos olvidando tanto los matices como nuestro esencial abismo de desconocimiento.
        Se puede hacer una lectura radicalmente diferente si todo lo que consideramos materia lo percibimos como lo que es: diferentes funciones de onda de una onda inmaterial que no somos capaces ni de imaginar entre otras cosas porque opera en más dimensiones de las que hoy podemos concebir en nuestras mentes.

        El maniqueísmo del bien y el mal, como valores absolutos, es otro ejemplo del mismo fenómeno que, puestos a imaginar su origen, es posible que provenga de nuestra poderosa pulsión por la seguridad perpetua.

        Un saludo cordial.

  23. Loli dice:

    El hecho “religioso”, o búsqueda de la trascendencia , se ha mantenido siempre presente en la historia del ser humano, al menos desde donde podemos tener constancia de la misma.

    A la re-ligión, palabra en la que encuentro un matiz semántico, cuando menos curioso : “volver a ligar”, no se le puede vaciar de contenido de manera tan plana, y menos desde la ciencia, que busca conocer la realidad de manera íntegra desde lo que percibimos de ella, que es parcial.

    El concepto religioso abarca…lo mítico, lo filosófico, la historia, las Artes…, impregna la historia del hombre desde todos los ángulos.

    Algo así, no puede ser tachado de manera tan categórica y plana por un científico de mera superstición, sin preguntarse siquiera por su origen, y el porqué de una influencia tan determinante en el desarrollo del hombre, de manera que sin la influencia del concepto religioso, no se podrían entender ni las culturas, ni la diferentes civilizaciones, considerada éstas como exponentes de la evolución del ser humano.

    Encuentro que la búsqueda del conocimiento que mueve la investigación, que mueve, también por tanto la ciencia y su instrumento :el método científico, no es ajeno a los intentos de manipulación desde muchos ámbitos..sobre todo de los que pueden ejercer cualquier tipo de poder…

    Per el relegar directamente el concepto de la búsqueda de esa realidad que aún nos es desconocida y aún no acaparada por las hipótesis científicas, a los superticioso, y quedarnos tan “anchos” …se puede llamar de todo..menos científico

  24. Mandarina dice:

    Estupendo debate. Me han encantado todas las aportaciones. Al mirar desde todas las perspectivas se tiene una visión más completa.

    Deduzco que el artículo trata de hacer una crítica “blanda”,-(que la mayor de las veces es la más dura de las críticas)-, a los intentos de la ciencia por explicar el origen del hombrer (y también de la mujer, añado), por considerar que la teoría más aceptada entre el mundo científico no tiene suficiente demostración experimental, está llena de muchos huecos aún pendientes de relleno, pero se acepta alegremente. aunque está en constante “evolución”-, entiéndase científica, que también es natural, en tanto que los sesudos científicos/as son naturales-. ¿Cómo se aplicaría el método científico a este caso, si no?.

    Lo dicho, todo el debate muy interesante, a veces algo disperso, pero para mí muy ilustrativo, y agradezco a todos el esfuerzo, me disculpo por mi retraso en entrar, y deseo aportar esta breve reseña:
    “Muchos espíritus distinguidos, aún hoy, parecen no poder aceptar, ni incluso comprender, que de una fuente de ruido la selección haya podido, ella sola, sacar todas las músicas de la biosfera. La selección opera, en efecto, sobre los productos del azar y no puede alimentarse de otra forma; pero opera en un dominio de exigencias rigurosas donde el azar es desterrado. Es de estas exigencias, y no del azar, de donde la evolución ha sacado sus orientaciones generalmente ascendentes, sus conquistas sucesivas, el crecimiento ordenado del que ella parece dar la imagen.

    Algunos evolucionistas postdarwinianos han tenido, además, la tendencia de propagar una idea empobrecida de la selección natural, una idea ingenuamente feroz: la de la pura y simple “lucha por la vida”, expresión, además, que no es de Darwin, sino de Spencer. Los neo-darwinianos de principio de siglo XX han propuesto, al contrario, una concepción mucho más rica y han mostrado, sobre la base de teorías cuantitativas, que el factor decisivo de la selección no es la “la lucha por la vida” sino, en el seno de una especie, la tasa diferencial de reproducción.

    Los datos de la biologia contemporánea permiten aclarar y precisar aún más la noción de selección. Tenemos, particularmente, de la potencia, de la complejidad y de la coherencia de la red cibernética intracelular (incluso en los organismos más simples) una idea bastante clara, antes ignorada, que nos permite, mucho mejor que antiguamente, comprender que toda “novedad”, bajo la forma de una alteración de la estructura de una proteína, podrá o no ser aceptada en función de su compatibilidad con el conjunto de un sistema ya ligado por innumerables sujeciones que deciden la ejecución del proyecto del organismo. Las únicas mutaciones aceptables son, pues, las que, por lo menos, no reducen la coherencia del aparato teleonómico, sino más bien lo confirman en la orientación ya adoptada o, sin duda raramente, lo enriquecen de nuevas propiedades.

    El aparato teleonómico, tal como funciona cuando se expresa por primera vez una mutación, es el que defien las “condiciones iniciales” esenciales de la admisión, temporal o definitiva, o del rechazo de la tentativa nacida del azar. Es la “performance” teleonómica, expresión global de las propiedades de la red de las interacciones constructivas y reguladoras, la que es juzgada por la selección, y es de este hecho que la evolución parece cumplir un “proyecto”: el de prolongar y amplificar un “sueño” ancestral.”

  25. katia dice:

    He llegado a lo de que”seguimos sin tener un solo ejemplo que muestre cómo una especie se ha ido transformando hasta producir a su sucesora” y la verdad, he dejado de leer. ¿Ha oído usted hablar del ADN mitocondrial?

  26. Hoy Google dedica su doodlédico homenaje a Lucy, nuestra presunta abuela ancestral. Así que es un buen día para darle un repaso a la cuestión de los orígenes. Es fascinante ver cómo se desenvuelven estos hilos por la Red, toda ella llena de trampas para cazar incautos, y se serpientes cobras que nos adormecen con el sonido de sus axóuxeres (sonajero, en gallego). Como pasa en la física, con su búsqueda de la ley que unifique teorías incongruentes, también la biología parece estar a falta de una teoría global. Tal vez la búsqueda sea la misma. El paso de la materia inerte a la vida, el surgimiento en la vida de la conciencia, y la cárcel de la conciencia al saberse materia inerte, ¿no son fronteras posibles de una misma realidad? Nos rebelamos contra la finitud porque somos pulsos de luz infinitos. Ahí hay un oscuro dilema que llena de fantasía nuestras palabras. Y a veces también de consuelo nuestro corazón, la parte que la ciencia tiende a elidir.

  27. Sergio dice:

    Buenas tardes.

    He dado con el artículo y con la web casualmente, después de leer un artículo de El País sobre la deriva tendenciosa de la ciencia. Cada vez que leo un artículo así se me renuevan las esperanzas por una ciencia con mayúscula; la que nace del asombro. Después en los comentarios siempre aparecen los pitbull de la ortodoxia, los guardianes de las fronteras, que vigilan celosamente no vaya a ser que estemos equivocándonos dejando entrar a algún pseudo de esos, sin darse cuenta del flaco favor que hacen al conocimiento y su avance. El artículo está lleno de sentido común; dejemos entrar otras teorías o al menos no sigamos anclados en otras que de no ser por cuestiones ideológicas no se sostendrían.
    En esta línea conocí hace algún tiempo el discurso de Máximo Sandín, otro “mártir” del cientifismo. Lo han llamado de todo, y nunca nada que tuviera que ver con la realidad. En fin, todo esto suena a inquisición, la misma que denuncian estos nuevos Torquemadas. Bajamos al cura del púlpito y ponemos al científico. No se preocupen por nosotros señores de la ortodoxia, sabemos dónde nos metemos, controlamos nuestras creencias, y dejen paso… por favor.

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