Una de las consecuencias de la crisis que estamos viviendo en España es la pérdida de confianza de los ciudadanos en las instituciones que nos gobiernan. A ello contribuye, y mucho, la imagen de impotencia que ofrece un Gobierno con mayoría absoluta vapuleado a diario por los mercados, ante la impasible mirada de sus socios europeos, unido a una sucesión interminable de noticias escandalosas sobre muchas de nuestras instituciones más señeras y, para remate, esa inacabable cascada de medidas reduciendo el poder adquisitivo de los ciudadanos.

Normalmente, si el malestar crece y crece, el Gobierno de turno paga el pato y cae en las siguientes elecciones. Así ha venido sucediendo en toda Europa. El problema, que ya se atisba, es cuando los ciudadanos se percatan de que, probablemente, cualquiera de los partidos que están en la oposición se verían obligados a hacer casi lo mismo si llegaran a gobernar. Ante esta conclusión, unos se repliegan hacia una actitud de resignación, otros ponen sus esperanzas en partidos minoritarios, otros se suman a las posturas anti-política, o incluso anti-sistema, y muchos hacen su personal combinación de estas actitudes.

Con este panorama es lógico que prenda con fuerza una idea tan sugerente como parece la de la sociedad civil. Pero, más allá de los ribetes cuasi románticos que lo envuelven, el concepto es un tanto difuso. En una aproximación muy primaria sería la respuesta al impulso de “hagamos nosotros lo que ellos (el Poder, el Gobierno, las instituciones, etc.) no hacen bien”. Más rigurosamente, quizás podría definirse como toda acción emprendida y organizada por grupos de ciudadanos al margen, o con mínima ayuda, de las instituciones públicas.

Esta noción se desarrolla con naturalidad cuando se centra en aquellos ámbitos de la vida social a los que apenas llega el Estado. En esos casos tiene una vocación de complementariedad más que de sustitución de la acción estatal. Es lo que están haciendo muchas de las ONG´s que, dicho sea de paso, desempeñan una magnífica labor. Sin embargo, ante la pérdida de credibilidad de las instituciones y, sobre todo, de aquellas en las que intervienen, de un modo u otro, los partidos políticos, parece como si algunos estuvieran reclamando una sociedad civil capaz, incluso, de sustituir a esos poderes públicos, en la estela de las viejas tradiciones libertarias.

Pero una sociedad civil potente y eficaz solo es posible en la medida en que exista una parte importante de la ciudadanía dispuesta a comprometerse activamente en intentar solucionar cuestiones de interés colectivo. Por eso mismo su existencia siempre sería necesaria para avanzar hacia una democracia de calidad. A falta de ella dependeríamos, como sucede ahora, de unas instituciones gobernadas por unos partidos cada vez más endogámicos y anquilosados. Por tanto, si la indignación actual diera paso a una sociedad civil cada vez más eficaz, estaríamos ante una excelente noticia y una magnífica oportunidad para revitalizar nuestra democracia.

¿Por qué se ha desarrollado tan poco la sociedad civil en España? Se me ocurren dos explicaciones. En primer lugar, desde la perspectiva de los Gobiernos y de las instituciones resulta mucho más cómodo tener una sociedad civil poco activa o inexistente. Lo que se justificaría, hasta cierto punto, porque con frecuencia se percibe que los grupos o asociaciones que encarnan a la sociedad civil carecen del suficiente conocimiento sobre los asuntos que plantean, con la inoperancia que ello conlleva. Y cuando sí conocen a fondo esos asuntos, a menudo se detectan intereses ocultos que hacen sospechar que su colaboración no sea tan altruista como parecía. Pero otra lectura que subyace es que a cualquier Gobierno, a cualquier estructura de Poder, le viene muy bien tener a una ciudadanía dócil que se pliegue obedientemente a todas sus directrices. En todo caso, es evidente que en general los Gobiernos no se sienten motivados a estimular el desarrollo de la sociedad civil. La historia reciente de España, ha mostrado cómo el PSOE prefirió, tras la muerte de Franco, volcarse en las estructuras del Gobierno sin el incómodo marcaje de las asociaciones de base, por entonces bastante activas. Desde entonces todos los partidos han hecho lo mismo: adoctrinar a sus bases para que se limitasen a actuar como simples “correas de transmisión” de las decisiones de sus cúpulas directivas, eliminando toda pretensión de control de aquellas hacía éstas.

En segundo lugar, desde la perspectiva de los ciudadanos no cabe duda de que lo más cómodo es apostar por un modelo en el que el Estado sea capaz de prestar todos los servicios que se necesiten. Aunque no hemos llegado a tener ese Estado supereficiente, con el crecimiento económico que ha vivido España en estos últimos 30 años se han ido extendiendo los servicios públicos y, paralelamente, se ha ido consolidando una cultura cada vez más individualista y orientada al éxito económico personal. El boom especulativo, adquisitivo y de consumo nos ha anestesiado y nos ha sumergido en nuestras burbujas de privacidad egoísta, alejándonos de toda responsabilidad colectiva. Parece evidente que una parte importante de la indignación social que bulle en las calles se debe a los perjuicios que cada ciudadano experimenta o teme experimentar en su propio bolsillo.

Hay que decir, sin embargo, que ese modelo de Estado, que además constituye una de las principales señas de identidad de nuestra Europa, no es sostenible económicamente porque llegará un momento en que no habrá ciudadanos suficientes ni suficientemente dispuestos a pagar los impuestos que se requerirán para financiar demandas de servicios públicos creciendo sin límite. Añadamos a eso que este modelo de Estado, al que se le ha unido una cultura política excesivamente endogámica y sectaria, nos aleja de lo que debería ser una democracia real porque fomenta la desconexión de los ciudadanos hacia los asuntos colectivos.

Cuando hablamos de sociedad civil nos referimos, por lo general, a una movilización ciudadana con notables ingredientes de solidaridad y generosidad. Orientada a prestar ayuda en donde se necesite, a poner en marcha proyectos interesantes sin guiarse por el afán de lucro, a impulsar actividades intelectual y culturalmente enriquecedoras, a explorar áreas y vías de desarrollo social sin las restricciones que supone la dependencia de las ayudas estatales, y hasta ejercer funciones de control y vigilancia de las actividades que llevan a cabo las instituciones del Estado, con la posibilidad incluso de plantear la recuperación de algunas de ellas.

A título de ejemplo podríamos mencionar esas organizaciones que ayudan a encontrar trabajo a quienes están en paro, proporcionándoles asesoramiento, formación en materias de mayor demanda laboral, apoyo psicológico, etc. O las que se dedican a organizar la recogida de las ingentes cantidades de comida que sobran de los restaurantes y supermercados para dársela a quienes lo necesitan. O las que se dedican al cuidado de enfermos, discapacitados o personas con otro tipo de necesidades.

En otro orden de cosas, podría pensarse en escuelas “abiertas” donde personas de todas las edades asistieran, por el simple placer de aprender, a las charlas impartidas desinteresadamente por expertos en diversas materias. Sin títulos, exámenes ni control de asistencia. Con charlas orientándose hacia los temas que a la gente le fuesen interesando más, ya fuera de ciencias, economía, política, historia, literatura, teatro o cualquier otra materia. Con su parte de coloquio-debate, algunas de estas escuelas se irían configurando, unas más y otras menos, como centros impulsores de un cierto libre pensamiento y de una formación menos restrictiva. Algunos de ellos seguirían desarrollándose y derivando hacia centros de producción de artículos, estudios, revistas, etc., llegando incluso a crear potentes “think tanks”. Todo ello con sus respectivos canales y foros en internet. Si el interés se centrase en la política, cabría imaginar que algunas de estas iniciativas pudieran incluso llegar a desembocar en la creación de movimientos o partidos políticos.

Una movilización de estas características tendría, lógicamente, que potenciar la creatividad y el surgimiento de ideas y tendencias nuevas. Esto, objetivamente, sería muy bueno para nuestra democracia y, en general, para la renovación constante de los conceptos en los que se basan nuestras clases dirigentes.

Ahora bien, más allá de las lógicas dudas que podrían plantearse sobre el funcionamiento, la financiación, la transparencia, etcétera, de estas organizaciones, cabría preguntarse cómo sería la “convivencia” entre el Estado y una sociedad civil potente y bien organizada. En mi opinión, podrían ser compatibles, y tanto más cuanto más fuerte fuese la segunda. Pero, en todo caso, la construcción del Super Estado europeo al que estamos asistiendo comporta tales riesgos de vaciamiento de las prácticas democráticas vigentes que una de las pocas formas de evitarlo sería, pese a su gran dificultad, la de disponer de esa sociedad civil.

8 comentarios

8 Respuestas a “¿JUGAMOS A LA BOLSA O A LA SOCIEDAD CIVIL?”

  1. Valentina dice:

    No sé, Sr. Bautista, pero según leía el artículo me iban entrando sudores y picores por todo el cuerpo, sin dejar de considerar sin embargo que la idea tiene su encanto. Pero…
    ¿Quiénes conformamos la sociedad civil? Sí, usted lo ha explicado muy bien, pero en resumidas cuentas sociedad civil es “todo el que pasa por ahí”. Y entre todo el que pasa por ahí cada cual es de su padre y de su madre; y para que entre tantos individuos y tantos pareceres la cosa marche tiene que haber quien dirija la cosa, tiene que haber un líder.
    Y es que, los líderes, Sr. Bautista, ¡son tan arma de tan doble filo e inspiran tanta desconfianza!, o, bueno, a mí por lo menos me la inspiran, y soy una persona muy normal y corriente.
    Un líder siempre suele ser el que utiliza el tono de voz más convincente, o el que mejor maneja la retórica, cualidades ambas que tiran para atrás a gran parte de la ciudadanía porque, escarmentada y con el colmillo retorcido, se pregunta si ese tipo que tiene ahí enfrente es el más inteligente o nada más el más listo; otra parte de la ciudadanía se deja envolver por la retórica y el tono convincente y sigue al tal líder sin más planteamiento. Y con eso ya tendríamos dos bandos, que no se diferencia mucho de tener dos partidos. Y otra vez a la gresca.
    A mí me parece que una sociedad civil sólo puede funcionar en condiciones si cada individuo actúa y se comporta, en su vida privada y en su cada día, con honestidad escrupulosa y pendiente en todo momento de que hasta el más insignificante de sus actos esté regido por una total ausencia de individualismo, de interés persona.
    Y para eso no hace falta ninguna organización, basta con que se levante uno de la cama cada día, se quite las legañas, y sin consensuar ni parlamentar con nadie, se ponga a la faena.

  2. Manu Oquendo dice:

    Estoy, en general, de acuerdo con el autor.

    Resumiendo un poco, la tesis que domina nuestras tertulias y las mentes de la ciudadanía de a pie es tremenda: “Son todos iguales” al referirse a los partidos.

    Una visión nihilista pero probablemente acertada en el sentido sistémico.

    Está en perfecta sintonía con lo más avanzado de las teorías vigentes sobre el estado, el poder, los mecanismos para conseguirlo y gestionarlo con sabias recetas sobre “public choice”, “agents”,”incentivos”, “desincentivos” y los criterios filosóficos de la modernidad postmoderna.

    Es decir, “en este tablero de juego y con estas reglas e incentivos cualquiera de nosotros terminaría en parecida situación porque, en el fondo, todos somos bastante parecidos”

    La conclusión más frecuente de esta forma de ver las cosas es apartarse del sistema para evitar los daños colaterales de la increencia dado que, en determinados niveles, “la fe se mide”.

    El estado es hoy un ente sacralizado que vigila si nuestra fe es suficiente.
    Al menos para aquellos que aspiran a ejercer funciones jerárquicas públicas y privadas como por ejemplo son las docentes, investigadoras o de difusión de saber y criterio.

    Como los males no son superficiales ni están a la vista, los remedios ni siquiera se vislumbran y por ello, previamente a cualquier forma de acción política que pueda ser constructiva, será necesario un largo tiempo de trabajo de formación de criterio, de identificación de factores causales sobre los que se pueda actuar con probabilidades de éxito.

    Esto significa un nuevo siglo de las luces que nos permita salir del marasmo creado en el XVIII. Seguimos viviendo con normas, criterios y recetas nacidas hace más de tres siglos.

    Recordemos que la revolución francesa sucedió entre el 1789 y 1794. En Francia el sufragio universal llegó en 1944.

    Así que incluso a cuatro veces el ritmo estaríamos hablando de 40 años.

    De momento hace cinco años que reventó la última burbuja y todavía no hay un diagnóstico serio sobre la mesa.

    Saludos

    Pero esta tarea es necesaria, vale la pena, es difícil y está tímidamente sucediendo. La prueba son las cosas que se escriben en blogs como este.
    Hay buenas cabezas entre los editores y es de muy agradecer.

    Saludos

  3. Manuel Bautista dice:

    Respondiendo a Valentina:
    Estoy de acuerdo en que cualquier organización medianamente compleja, sea de la sociedad civil o no, requiere de líderes, de personas capaces de tomar decisiones complicadas. Y aunque las necesitamos (más en épocas de crisis) también desconfiamos sobre sus intenciones. Es un problema que no sé si tiene solución, pero si la tuviera yo creo que ésta requeriría, entre otras cosas, que los demás nos espabiláramos, hiciéramos el esfuerzo de formarnos, de crear nuestro propio criterio y de ejercitarnos en el “libre pensamiento” para corresponsabilizarnos lo más posible con ese ejercicio de dirección. Dicho un poco en plan caricatura: si el “pueblo” prefiere dormitar y preocuparse solo de los intereses de cada uno, que no se escandalice luego si sus dirigentes le toman el pelo.
    Otro matíz: no creo que la sociedad civil se pueda construir con la gente “que pasa por ahí”. Todo lo contrario, requiere de gente muy comprometida.

    En relación con lo que plantea Manu Oquendo, y por mi propia experiencia personal, yo no diré nunca que “todos los políticos son iguales”. He conocido unos cuantos y los he visto de todos los colores, pero desde luego muchos de ellos eran gente muy honesta y deseosa de mejorar esta sociedad. Otra cosa es que no siempre acertaban con la forma de hacerlo.
    Pero coincido plenamente contigo en que necesitamos otro “siglo de las luces”, en el que surjan nuevas ideas que nos permitan salir de esta especie de gran pensamiento único en el que sorprendentemente millones de personas piensan y dicen lo mismo. Tengo un amigo que sabe mucho y que dice que “cuando dos personas piensan igual, al menos una de ellas no piensa”.
    Quizás los blogs nos brinden la oportunidad a todos de practicar la saludable gimnasia de intentar desarrollar y profundizar en nuestro pensamiento, tratando de aportar algo nuevo. La mayoría de las veces no lo conseguimos, pero si insistimos e insistimos quizás, poco a poco, vayamos dejando de ser “rebaño” y así contribuyamos a que la sociedad civil deje de ser un sueño utópico y alguna vez sea una realidad importante. Por eso, comentarios como el tuyo y el de Valentina se agradecen.

  4. Inés dice:

    ¿Sabes Manuel? Mientras preparo un arroz porque hoy tendré en casa a parte de mi familia, y escucho musiquita, me llegan algunas de las frases que leí de tu post. Y de pronto, tu discurso, con el de Valentina, me ha evocado a Edgar Morin.
    A este hombre increíble me acercó hace pocos años, no su filosofía sino
    sus escritos sobre biología y algo que comparto con él: Su amor por el cine. Me encantó la metáfora de lo que él llama tan dulcemente “mitopoyesis”.
    Enfín, uno de los hombres a los que me gustaría tener la oportunidad de conocer e intercambiar algunas frases en su lengua.
    Ni idea de porqué me recordaste a Morín, como él y como otros muchos, el conocimiento de mí me ha llevado por derroteros nunca antes imaginados, como por ejemplo mi investigar en la física y la simetría del cosmos y de las esferas.
    Además respondiendo a las reflexiones de Valentina, podría añadir que como creo que las capacidades humanas son bellamente imperfectas y siempre en evolución. Como creo que los dioses nos crearon sin “acabar”, también creo que es posible arremangarse a solas y en conjunto. De hecho, aunque ella quizás no se haya dado cuenta, no trabaja sóla porque comparte con los demás sus profundas reflexiones y provoca.
    Un día pensé que con sus conocimientos podría enseñar a adolescentes locas por la palabra que me consta que existen y están ávidas de aprendizaje de una lengua impecable, como la que ella domina.
    Pinitos en el campo de las voluntades, porque sí, creo que muchos tenemos. Hace un par de años que me invitan a hablarles a los chicos desde infantil a los últimos cursos de primaria, sobre sistema inmune y alimentación. Y os juro que la experiencia está siendo mil veces más enriquecedora para mí que para ellos. Eso sí, me lo curré a fondo, y me siento orgullosa de que esas conferencias me costaron el doble de trabajo que las ponencias en otros congresos que hago en mi campo.
    Pero que bello, que los siguientes días vengan las madres a decirte:
    Oye, ¿que le has dicho a mi niño? que no quería el bocadillo de Nocilla y que insistió que me acompañaba al mercado, porque quería ver si era verdad que existían lentejitas naranjas y judías negras y me pidió modelar empanadillas como si trabajara la arcilla.
    Estoy de acuerdo, cada uno a medida que descubre su belleza interior debe mostrarla, para que los demás disfruten de ella. Un “acto que es una ofrenda mutua y que supone ponerle una marcha nueva a tu “bici”.
    Sigo con el arroz, que si no, me pongo tontorrona.

  5. Sitogr dice:

    Excelente artículo, enhorabuena al autor.

    La crisis económica es fundamentalmente política, de ahí la institucional y los problemas que tenemos para intentar salir y ver la luz, a lo que hay que sumar la crisis privada de empresas y familias, y la de valores. Estas dos últimas aunque no directamente, sí creo que también han sido provocadas paulatinamente por la política, con un Estado mastodóntico que facilita todo al ciudadano y le adormece, con una política educativa y universitaria sin esfuerzo y sacrificio, una relatividad moral de la que se ha dado ejemplo…

    Como siempre defiendo y no me cansaré de hacerlo, pues estoy firmemente convencido de esta idea, la solución en este país es más liberalismo. Se ha demostrado claramente la teoría austríaca que que el poder por naturaleza tiende a ser insaciable, parasitario, a alejarse del ciudadano, a corromperse, fomenta el clientelismo, malgasta y derrocha por no ser recursos propios y tienden a defender sus propios intereses. La única solución es poner coto a eso. La sociedad civil y limitar al máximo el Estado.

    El estado ha de ser vigilado de cerca. Porque ha fracasado un estado mastodóntico por costoso e ineficiente. Se ha de defender sólo lo fundamental, principalmente: libertad, salud, propiedad privada, seguridad y educación. No hay fundamento para que el Estado se dedique a actividades que en la practica concede a empresas privadas y faltando a los principios del libre mercado, basándose en conchabeos y amiguismos. Eso no es el Estado de Bienestar. Las actividades privadas por poderes públicos tienden a ser más costosas e ineficientes, porque no tiene competencia, no tiene que responder ante nadie, tiene dinero ilimitado (ahora se está comprobando que no es así) … El ejemplo más claro son las cajas de ahorros.
    Reduciendo el Estado al máximo se consigue una cosa, bajar los impuestos y que el dinero esté donde los liberales consideran mejor sitio, el bolsillo de los ciudadanos. Con la excusa del poder público no se puede intervenir en todo, regular todo, ni coartar libertades. Las cosas fundamentales no han sido creadas por el Estado: propiedad privada, trabajo, idiomas, … Nadie mejor que el individuo sabe organizarse y regular su propia vida. Para eso hace falta esa sociedad civil fuerte y un despertar a ese ciudadano protagonista, comprometido, responsable, formado, e informado, con espíritu crítico, autonomía … de la que habla el interesante artículo de carmen sánchez y al que han narcotizado.

    Si carecemos de esa sociedad civil y de ese tipo de ciudadano es por la ausencia de libertad en este país y el estatalismo exagerado. Siempre es más fácil apostar a que “papá Estado” preste todo, haga todo, y ayude a todo. Pero hay un momento que el niño tiene que madurar e independizarse. El liberalismo clásico, incluso el moderado o social, que está presente en la mayor parte de países más desarrollados y por casualidad donde se aplica con mayor intensidad son los países más prósperos del planeta. El tercer grupo parlamentario europeo es la Alianza de Liberales y Demócratas en Europa (ALDE), a la que no pertenece ni PP ni PSOE.

    Y añado, no sólo tiene que independizarse el ciudadano, también el empresario. Se habla que la culpa de la crisis es del capitalismo pero en este país lo que tenemos es un empresariado grande favorecido por el poder político, con un apalancamiento en muchas ocasiones inasumible y altamente intervenido, y unas PYMES abandonadas a su suerte y que sufren una competencia desleal de los grandes y de las empresas públicas.

    http://www.elconfidencial.com/opinion/mientras-tanto/2012/10/14/los-otros-y-verdaderos-culpables-de-la-crisis-10025/

    1. Thùlio dice:

      El artículo que recomienda de El Confidencial, en general no está mal, pero como suele ocurrir con las opiniones personales, yerra en en la valoración de las causas del devenir de algunas sociedades o culturas.
      ¿Cuántos cheyennes, sioux, apaches, cherokees o seminolas superaron la invasión democrática de los WASP?
      Incluso muchos años después, ¿cuántos hispanos, -que ya vivían en los territorios conquistados a México-, superaron la conquista democrática de los WASP?
      Y añado, ¿cuántos descendientes de esclavos negros han superado el dominio democrático de los WASP? Por favor, no confundamos la democracia virginal de 1760 en las colonias británicas, con lo sucedido cien o doscientos años después.

  6. Binah dice:

    Estoy de acuerdo.

    La sociedad civil primero tenía que descubrir que esto es capitalismo, que hasta aquí y más se puede llegar basando la organización d la sociedad en el poder del dinero.
    Todos asumimos la dictadura de los mercados como si fuese la panacea. Los mercados dirigen la educación, los estudios, etc. y en suma nuestro destino. Y cada vez que hay una crisis se lleva por delante a un número muy elevado de personas, que son los daños colaterales. O más bien de los que hay que prescindir para seguir manteniendo las grandes fortunas.
    Tenemos una economía ficticia basada en la especulación, en vez de en el PIB. Mientras el PIB cada vez es más escaso.
    Hablemos del libre mercado globalizado. ¿Libre para qué? Para seguir especulando con el tejido productivo. Para apostar a las deudas de los países en el gran casino mundial que se han montado. Libre para no pagar impuestos y guardar el dinero en paraísos fiscales.
    Esa es la libertad que nos vende la dictadura de los mercados que es la que dirige nuestro destino.

    Aceptamos la dictadura de los mercados, sin embargo la dictadura del proletariado nos asusta.
    ¿Nos asusta tomar la riendas de nuestro destino?
    ¿Nos asusta organizar la sociedad con una economía real basada en el PIB e invertir en ello?
    Tenemos el mejor de los líderes: el proletariado.

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