Vaya temporada lleva el sistema financiero.

El Banco Central Europeo le ha tenido que dar a la maquinita de hacer billetes para abrir una línea de crédito de un billón de euros al 1% a unos bancos europeos que están literalmente quebrados. Estos bancos, a su vez, vuelven a depositar la mayor parte de ese dinero nuevamente en el mismo Banco Central Europeo que se lo prestó y dedican una pequeñísima proporción para hacer préstamos a los Estados, es decir, a cada uno de nosotros, a un interés en torno al 4 ó 5% (ahora todavía más alto).

Los bancos utilizan ese dineral para lamerse sus heridas y sanear sus cuentas. Tan mal están que ni se lo prestan entre ellos (esto es lo que quiere decir que el mercado interbancario está seco). Por supuesto, no hay dinero para préstamos a particulares.

Además, el dinero que emite el BCE nos empobrece a todos. Imprimir billetes no crea riqueza. Al contrario, si la riqueza de un país se mantiene y se abusa de la maquinita lo único que ocurre es que cada billete vale menos, es decir, que nos empobrecemos.

Además, finalmente España ha tenido que pedir apoyo financiero con una línea de hasta 100.000 millones de euros para salvar a nuestras cajas (y algunos bancos). Todos los españolitos asumimos una deuda descomunal para que no se hunda nuestro sistema financiero

¿Para qué todos estos sacrificios? Si fuera para mantener un sistema financiero eficaz y justo, sería bienvenido. Pero por qué será que tengo la extraña sensación de estarme sacrificando para que los mismos banqueros, como mínimo incompetentes, que nos han metido en este lío, puedan seguir como siempre.

¿Qué está pasando? ¿No parece una novela de ciencia ficción?

Se ha criticado mucho –y con razón- el sistema hindú de castas. Pero en él por lo menos las reglas estaban claras. En el extremo superior estaba la casta de los brahmanes, con todos los privilegios y el reconocimiento; en el otro extremo, la casta de los intocables, condenados a la pobreza. Pero si el intocable robaba, la sociedad y la justicia eran menos severas; si lo hacía el brahman caían sobre él las penas del infierno.

Aquí parece que ocurre lo contrario. Los brahmanes de nuestra historia -directivos bancarios con gigantescos beneficios- dejan bancos y cajas en quiebra, arrastran a la sociedad a una crisis sin precedentes y salen de rositas, llevándose grandes premios en forma de fondos de pensiones, indemnizaciones, participaciones en beneficios y similares. Las castas más bajas y las intermedias –parados, asalariados y clases medias- pagan para que continúe la fiesta. ¿Qué absurdo modelo es este?

Hay muchas cosas por hacer en esta Europa desnortada.

Lo primero que no nos tomen el pelo. Si, contraviniendo la principal regla de su funcionamiento, el BCE se ve obligado a dar a los bancos barra libre de liquidez, tiene que haber una contrapartida: los bancos que acudan a ese mercado de crédito deben someterse a estrictas condiciones de actuación. Si necesitan dinero para no hundirse y de paso nos empobrecen a todos, a pagar. Cómo: el BCE debe establecer fuertes limitaciones en las retribuciones que reciban los directivos y en los beneficios que reparta el banco. Éste debe quedar bajo la estrecha supervisión de los Bancos Centrales nacionales, coordinados por el BCE. La percepción de la línea de crédito debe condicionarse a la adopción de estrictas medidas de saneamiento y a que el banco cumpla su finalidad de canalizar el dinero a la sociedad en forma de préstamos. ¿O es que los bancos van a estar en mejor situación que los Estados que reciben ayuda externa?

De esta supervisión deben salir respuestas: ¿por qué el banco ha necesitado una ayuda excepcional? ¿Qué responsabilidad ha tenido cada cual en la situación del banco? Y a partir de ahí, implacables en la exigencia de responsabilidad a los directivos, supervisores y políticos que hicieron o dejaron hacer los desmanes. William White, presidente del Comité de Economía y Desarrollo de la OCDE, declara: “una de las cosas que más me sorprende de esta crisis, especialmente en países como Estados Unidos y Reino Unido, es el escaso número de directivos de banca que ha acabado en la cárcel. (…) En los 90, con la crisis de las Saving&Loans (equivalente estadounidense de las cajas de ahorros), miles de personas fueron encarceladas. Esta vez no ha pasado”.

Es decir, las crisis bancarias se repiten como los virus, pero no sólo no aprendemos para que no vuelvan, sino que cada vez somos más indulgentes con los responsables. ¡El mundo al revés!

¿Qué deberíamos hacer para que paguen los responsables y para que no se vuelvan a repetir situaciones tan obscenas?

Los supervisores deberían ser independientes. No pueden existir sospechas de connivencia con el sector, ni puede ser que la máxima aspiración de los altos cargos del supervisor sea pertenecer algún día al clan de los brahmanes bancarios.

Es cierto que todavía nadie ha resuelto la cuestión de ¿quién es el guapo que inspecciona con seriedad y rigor a quienes tienen tal poder económico que podría pensarse que manejan los hilos de nuestros políticos? Pero hay camino por andar: los altos cargos del Banco de España deben ser independientes del Gobierno (el gobernador es designado por el Presidente del Gobierno y el subgobernador y los consejeros por el Gobierno). Deben existir estrictas normas de incompatibilidad que impidan el salto del supervisor al supervisado (hoy el Banco de España se rige por las normas de derecho privado y no está sometido a las normas de conflictos de intereses que rigen en la administración).

Por supuesto, también es necesario revisar nuestro derecho penal y sancionador. El triunfo del racionalismo ha conducido a leyes generales, abstractas y objetivas que a todos tratan por igual. Se ha llevado al extremo el llamado derecho penal del hecho y no del autor, es decir, se analiza objetivamente el hecho y se fija una pena en función de su gravedad, con independencia de quién lo cometa. Conclusión: es lo mismo que robe un pobre que un hipermillonario. La pena es la misma. ¿Tiene esto algún sentido?

Pero quizá lo más esencial sea contar con una Fiscalía independiente, que esté vigilante en la persecución de todo tipo de conductas irregulares, cualquiera que sea su autor. Y si fuera necesario una fiscalía especializada en la persecución de este tipo de conductas.

En Islandia se está juzgando a quien era Primer Ministro de ese país en 2008 cuando sufrieron una grave crisis financiera que todavía están padeciendo y que obligó a intervenir varios bancos, dejando a un país rico casi en la bancarrota. Se le acusa de una mala gestión de la crisis. La fiscalía está investigando a directivos de la banca para presentar cargos contra ellos.

No sé si el Primer Ministro islandés, de nombre impronunciable, es o no culpable de los delitos que se le imputan (parece que finalmente no lo fue), pero desde luego me parece saludable que empecemos a acostumbrarnos a ser extraordinariamente estrictos en la exigencia de responsabilidad a nuestros brahmanes.

(Este artículo se publicó por primera vez el 21 de Marzo de 2012)

16 comentarios

16 Respuestas a “BANQUEROS Y OTROS BRAHMANES”

  1. Marmolillo dice:

    En el mundo somos muchos los que no entendemos una palabra ni de economía ni de finanzas ni de nada de eso. Pero tenemos una vaga idea de que los billetes que los bancos emitían se estaban correspondiendo con el valor del oro en lingotes que los bancos guardaban en cámaras muy protegidas y muy seguras. De manera que el valor del dinero parecía estar apoyándose en algo real.
    Ahora, una servidora por lo menos, se imagina los billetes como una ración de calamares en un bar.
    Una voz dice “¡otra de billetes, Pepe!”, y el de la cocina contesta “¿de a cuanto?”, y el otro responde “pues unos 7.987.459 millones de euros en billetes de a mil; unos 3 o 4.000 millones en de a cien y el resto en calderilla para el café”. Y el de la cocina contesta “¡¡¡¡marchando!!!”.
    Y los vivientes nos creemos que nuestros agobios representan algo.
    Una tomadura de pelo el mundo y la vida.
    Perdón, pero no sé hacer un comentario a la altura, sólo sé ser un ser vivo que tiene que habérselas con todo este sindios que es el mundo que tenemos. Pero tan contentos.

    1. Isaac Salama Salama dice:

      A Marmolillo, sobre tu comprensible desconcierto en relación con el oro y la riqueza hay un sencillo pero ilustrativo comentario en el blog de economía nada es gratis llamado Buffet y el oro. No esta mal.

  2. José María Bravo dice:

    Creo que Salama dice algo sensato y nada extravagante. El asunto es complicado y por eso el articulo es pedagógico. Esta plagado de ideas y quizás, en el buen sentido, de sueños. Pero así se conforma una nueva realidad, a base de golpear la mesa de la verdad.

    Yo, cuando Salama, habla de independencia me quedo frío, es en realidad una palabra hueca en nuestro sistema. En nuestro sistema tambien hay sectas. Como el dice, unas sectas más complejas, unas sectas vestidas de democracia. El sistema permite elegir a nuestro “verdugo” y además somos “felices” defendiéndolo. Somos” hooligans de una “demagogia” disfrazada. Se habla de los jueces independientes, de los políticos independientes. Es parecido a decir de “anestesistas” independientes. Además, filosóficamente, todos somos interdependientes. Yo creo que mejor sería decir comprometidos. Necesitamos profesionales comprometidos con valores sociales, con un sentido de humanidad, de respeto, de tolerancia. Personas, que golpeen en la mesa de la verdad, como hace Salama en este articulo, y que modifiquen este sistema. Tarea ardua pero apasionante.

    1. Marisa dice:

      La exposición de Salama en este artículo es de una claridad y sensatez que asombra pensar que alguién no comparta su opinión.

      El sistema actual, en todos sus ámbitos, ha fracasado o al menos se ha desgastado. Ha llegado el momento del cambio y nos ha pillado a todos inmersos en una burbuja de individualismo, escepticismo y descrédito absoluto. ¿Cómo recuperar a la ciudadanía y sacarla de este automatismo?.

      Este país ha tenido un crecimiento económico, ahora sabemos que irreal, brutal en los últimos 30 años. Desafortunadamente, ese crecimiento ha ido en paralelo con la pérdida absoluta de valores. El poder y el dinero han ocupado durante décadas, tristemente sigue siendo así, los primeros puestos de la admiración ciudadana.

      Tolerancia, respeto, humanidad y valores sociales….que palabras tan bellas y tan desacreditadas.

      La lectura de los artículos de Salama me ayuda a recuperar la ilusión y la esperanza en la condición humana.

      La tarea es ardua pero posible.

  3. carlos dice:

    y siguiendo con Islandia y las castas: allí no sólo juzgan y empaquetan a los “ex-brahmanes” de las finanzas, sino que se reafirman en su idea del “poder de gobierno” superior de las mujeres (más ordenado y terrenal y menos inspirado en el ego y los billetes)y copan los puestos de relevancia en lo público y lo privado.
    ¿Será verdad? ¿son las vikingas, y por extensión sus vecinas sureñas una casta superior? No lo creo, pero sí pienso que tienden (y me jode generalizar) a ser menos competitivas y egocéntricas y más solidarias y realistas, y creo que en estos tiempos son valores que debemos reforzar.
    un abrazo!

  4. Irene dice:

    La frase de Carlos “más ordenado y terrenal y menos inspirado en el ego y los billetes” parece estar conteniendo una contradicción, pero puede ser tan sólo apreciación mía. Si hay valores femeninos que deban reforzarse no creo, sin embargo, que sean más válidos o más dignos de ser aplaudidos que los masculinos; sí creo que las mujeres han arrinconado durante las últimas décadas (desde que se puso de moda eso de ser “modernos”) su feminidad y todo lo que esa feminidad conlleva de diferencia – no para competir sino para complementarse, que me trae como un símil un poco simple aquello de “la media naranja” a la memoria –; y esa diferencia es necesaria si queremos un mundo menos desquiciado del que tenemos ahora mismo.
    Ahora en gobiernos de distintos países hay mujeres ¿Pero qué modifica eso si constantemente están imitando a los hombres?
    Cuando la mujer se “liberó” lo que en realidad estaba haciendo era doblegarse y claudicar.
    (Nuevo intento de envío)

  5. carlos dice:

    hola Irene!
    no hablo de MariMerkel, ni de feminidad, ni de emulación..y mucho menos de modernidad, que ya sabes que viene y va como la campana de los pantalones. Sí sospecho que coincidimos en que la súperwoman es un mito o un fracaso. Y también creo (y vuelvo a mi paréntesis inicial: me jode generalizar)que hay unos valores y unas prioridades diferentes entre vosotras y nosotros y que conjugáis mejor el plural mientras a nosotros nos cuesta apartarnos del singular.

    1. Irene dice:

      Te entiendo, Carlos. Ocurre, y es una mala suerte que tengo, que pese a ser mujer desconfío bastante de las mujeres. Puede parecer ilógico, pero es así; es más, si me viera obligada a elegir (en una especie de extravagancia onírica que no tiene por qué darse en la realidad) entre una sociedad regida por los criterios masculinos o por los femeninos, creo que elegiría la primera.

  6. Marmolillo dice:

    Gracias, Isaac, por remitirme a ese blog y a ese artículo. Me encanta la economía, aun no entendiendo una palabra, y me alegra saber de sitios nuevos (nuevos para mí, claro) a los que poder acudir para poder no me atreveré a decir ampliar mis conocimientos pero sí achicar un poquito mis ignorancias.
    He entendido que hay valores (en términos de inversión) más rentables y productivos que el oro; y sí, Buffet lo explica muy bien e ilustra con su ejemplo lo que quiere significar de forma muy cercana y comprensible.
    ¿Quién medianamente sensato se decantaría, después de haberlo visto tan clarito, se decantaría por la pila A?
    La gente sin embargo sigue, una gran mayoría de gente, obsesionada por atesorar…
    Pero, bueno, lo que yo pretendía expresar aun en mis términos y maneras tan poquito elaborados — me permito hacer notar en mi descargo que no abundan personas que con mi edad, conocimientos e instrucción se atreven a meter su nariz y su criterio en determinados medios, como por ejemplo este blog (este en el que estamos ahora mismo) que, además, me gusta muchísimo —, es que el ciudadano vulgar y corriente tiene la sensación de que el valor del dinero (y tantos otros valores y ahora no me estoy refiriendo nada más a “valores” en términos de inversión) lo determinan — no diré a capricho pero sí atendiendo a condicionantes o agentes externos o como puedan llamarse que escapan a los alcances del común de los mortales — los gobiernos y los gobernantes desde el poder que ejercen, sin que parezca existir una especie de cimientos sólidos (aunque los habrá) que avale esas decisiones.
    Por eso decía que el valor de los billetes antes, en tiempos antiguos, sí eran el reflejo de una riqueza tangible y ahora no.
    Y en cuanto a los valores en general — y no nada más en términos de inversión, pero no me voy a meter en ello porque es salirse del todo de tema — pasa lo mismo. Desde el poder y los poderes nos viene establecido qué son el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo bien hecho y lo mal hecho, lo moral y lo inmoral, y las gentes hemos declinado o hecho dejación de nuestro propio sentido ético; de manera que se admite sin pestañear y sin revelarse todo cuanto está permitido o tolerado por las leyes.
    Pero es salirse del tema. Vuelvo al tema y doy las gracias al señor Salama por responderme y por remitirme a ese blog de economía tan interesante.
    Y me permito, a quien ocasionalmente o de intención pase por aquí, a participar; los Marmolillos quizá vayamos poquito a poquito siéndolo un poco menos si nos interesamos y nos arriesgamos en temas que en principio consideramos (apabulladillos nosotros) tan lejanos y ajenos y que nos quedan tan grandes.

  7. Valentina dice:

    Por favor, tengo una pregunta que tiene que ver con la economía, por eso me vengo a este artículo aunque podría haber sido a cualquier otro que estuviera igualmente bajo la etiqueta “economía”.
    Mi duda es de qué forma podemos las personas, cada individuo, hacer que la economía se coloque en una especie de punto de equilibrio.
    Quiero decir. Aparte de las “gran crisis” que estamos viviendo toda persona pasa gran parte de su vida en una constante crisis (y sólo me estoy refiriendo a cuestiones de dinero y esas cosas, otras crisis son otros temas), continuamente debatiéndose entre ahorrar unos dinerillos y, al mismo tiempo, ingeniárselas para adquirir artículos de diferentes índoles que supone van a hacerla feliz. Y eso sin considerar “la hipoteca”, que parece un miembro más de cada familia o un componente de la sangre o de la célula, incrustado en el ADN.
    Para ser más feliz o tener mejor calidad de vida la gente compra cosas (zapatos, por ejemplo, las señoras; y cuántas veces un par de zapatos descabala un presupuesto o, cosa más voluminosa, cambia el tresillo del salón o tira abajo la cocina por el gusto de renovar los azulejos y el armarito de guardar las sartenes), y viaja – cruceros, a ser posible adquiridos a precio de oferta y a plazos, lo que quita por cierto el puntito de glamur al crucero, cuya única gracias es ser caro y lujoso y que te traten en el barco como a una duquesa y no como a una criada – y cambia de coche y… me canso de enumerar.
    Así que un día la persona se da cuenta de que está hasta las narices; se para un momentito a pensar y concluye “todo esto no me hace ilusión, ni gracia, así que, fuera”. Y deja de gastar, y se conforma con un par de zapatos, y no cambia el tresillo del salón, y no cambia los azulejos ni el armarito de guardar las sartenes, y no va a cruceros ni se compra un apartamentito adosado en decimonona línea de playa ni… Me vuelvo a cansar de enumerar así que, resumiendo, la persona decide vivir sin lujos, pero (punto muy importante) sin deudas y, cosa curiosa, se percata de que no es esencialmente menos feliz.
    Y aquí viene mi pregunta, que me trae a mal traer. Si dejo de gastar en cosas que me importan un cuerno y dejo de tener deudas, ¿qué ocurrirá con los fabricantes de zapatos, y de azulejos, y de tresillos, y de armaritos para las sartenes, y de barcos, y de vajillas y cuberterías para abastecer al barco del menaje necesario para alimentar al pasaje, y qué con los fabricantes de coches y qué con las gasolineras y los gasolineros que al haber menos coches venderían menos gasolina?
    Parece todo un chascarrillo, ya lo sé, pero me lo planteo absolutamente en serio.
    Y sé que economistas que en el mundo han sido (y que son en la actualidad) han defendido unos que para que una economía funcione hay que gastar y consumir para que el comercio y la industria y la producción prosperen, en tanto que otros han sostenido o sostienen que lo inteligente para no terminar hurgando en los cubos de basura es ahorrar.
    ¿Qué es lo justo, el punto medio o de equilibrio o lo sensato?
    Me gustaría de verdad y agradecería de todo corazón aunque escriba esto en un cierto tono de guasa que alguien, en serio, me lo explicase pero (a ser posible) sin meterse en filigranas de PIBes ni índices bursátiles de esos que siempre tienen nombres extranjeros.
    Se me vienen a la memoria dos que se llamaban el uno Dow Jones (o algo así) y el otro Nikei (o algo así); hace años, ponías la radio y ahí estaban los dos. Luego como que se pasaron de moda porque hace mucho que no se los nombra.

  8. Indalecio dice:

    Entonces, Valentina, viviríamos no para trabajar sino para algo tan sin sentido como sólo vivir.
    No nos levantaríamos cada mañana para ir a trabajar o para buscar un trabajo, o trabajaríamos muy poco porque con muy poco dinero nuestras necesidades estarían cubiertas. Y nos estaría sobrando mucho tiempo. Y no sabríamos qué hacer con un tiempo que qué falta nos haría si no lo utilizásemos en sobrevivir.
    Para tu pregunta no tengo la respuesta.

  9. Mar dice:

    En referencia a lo escrito por Valentina, me ha recordado un artículo que leí, escrito por no me acuerdo quién, sobre el interés y el cambio de enfoque que supondría invertir cada vez más no tanto en bienes perecederos, sino en cultura. Es decir, ¿que el dinero es un bien con el que su transacción y movimiento repercute y revierte a los demás?, es claro, otra cosa es en qué. Y me gustó la idea de ir haciendo hincapié en valores no tanto de «usar y tirar» —en donde está basada y me atrevería a decir que es pilar de nuestra economía—, sino en aquello que aporte un valor añadido al individuo como puede ser la cultura en su más amplio sentido.

    El movimiento, la fluctuación y el trasvase me parecen la esencia de todo sistema económico; de ahí que la acumulación, fruto del miedo o necesidades de reafirmación psicológica que ello conlleva, enflaquece y aborta cualquier dinámica de crecimiento, sea del signo que sea. Sin embargo, me suena bien y me parece un valor a acuñar el ir tomando conciencia de qué tipo de consumo hacer y cómo hacer que siga circulando, pero buscando un enriquecimiento personal, no dejando permanentemente residuos desechables. Ahí sí que entiendo que el dinero sirve, aporta y alimenta la rueda que a todos nos sustenta.

    1. Valentina dice:

      Gracias, Mar, por comentar mi comentario. Sí, yo también creo que el dinero debe moverse, que cada cual ha de mover en la medida que pueda el poco que tenga. Pero ocurre, sin embargo que… Me asalta por ejemplo eso que siempre se ha dicho de “invertir en cultura”, que, sí, la cultura está muy bien, o lo estaría si no se hubiese convertido en un producto más de consumo.
      No hay más que ver, a cuenta de la crisis, economistas, periodistas, pensadores y demás discurrientes sacan un día tras otro cada cual su libro respectivo, unos para explicárnosla, otros bajo el pretexto de mostrarnos trucos de cómo sobrellevarla; pero todos vendiéndolos. La crisis es para muchos, a fin de cuentas, una fuente de ingresos. Así que…
      Y con todo lo demás pasa lo mismo; la cultura que tanto se cacarea es en la que deberíamos invertir es la cultura que nos quieren vender.
      Tanto escritor y divulgador como quiere explicarnos la crisis y “ayudarnos” a salir de ella podría publicarlo gratis en internet.
      Pero, no, todo el mundo quiere vender, todo el mundo quiere dinero.
      Gracias de nuevo por aludir a mi comentario.

  10. Mar dice:

    Valentina, tienes razón, pero ahí nos toca a cada uno seleccionar lo que de verdad se aporta y lo que, camuflado bajo el palio de cultura, no deja de ser otro objeto desechable. Me parece importante el tomar conciencia de en qué empleamos el dinero y de qué manera lo estamos haciendo circular.

  11. mariangeles dice:

    invertir en cultura es la educación, la investigación, el buen cine y el teatro, así como muchas de las cosas que hacen los y las jóvenes como un intento de innovar o ayudar.
    claro está esto no está en el mercado, pero tampoco estaban las ONG y hacíamos circular nuestro dinero por ” ellas”, sin duda debería ser una exigencia que cualquier gobierno se responsabilizara de que hubiese una corresponsabilidad solidaria para que esto pudiese ” engrandecerse”; mientars hay muchas organizaciones, gracias a las cuales estamos informados, que necesitan aportaciones para difundir lo que callan los gobiernos, no deseo hacer propaganda , enumero dos con ideologías distintas ATTAC , Avant. org

  12. Manu Oquendo dice:

    El sistema financiero occidental ha sufrido al menos cuatro alteraciones fundamentales a lo largo del siglo XX.

    Un siglo que se inicia en la prolongación del Gold Standard (puro) y diversas versiones del Gold Exchange Standard, a seguir una moneda anclada al oro (el Dólar de Breton Woods hasta 1971) y desde entonces lo que se conoce por “fiat money”. Dinero de sólo papel y sin otro respaldo que la Fe que cada uno deposite en él.

    Esta evolución tiene diversos motivos pero el fundamental no es otro que el Sufragio Universal.

    A lo largo del siglo XX el que quiera gobernar tiene que conseguir los votos y el Gold Standard con su dureza –que exigía ajustes automáticos en salarios y empleo sin grandes márgenes de maniobra– era una receta segura para nunca ganar una elección.

    Keynes y sus políticas de estímulos nacen en este entorno y en un país imperial.

    La historia económica del siglo XX es así la de las formas de estímulo que de modo creciente los gobiernos creaban para ignorar la realidad al menos hasta después de “las próximas elecciones”.

    Para completar el cuadro recordemos que, hasta 1989 y desde 1917, estuvo viva la URSS prometiendo un universo alternativo y Occidente no podía permitirse ni la sospecha de que algo pudiese ser mejor para gran parte de la población.

    Por consiguiente no parece que el sistema financiero pueda entenderse desvinculado del sistema de acceso y gestión del poder político. Como si fuera algo con vida y personalidad propia cuando en realidad nada hay ni más legislado ni más supervisado por el poder político.

    Desde esta perspectiva quizás sería más apropiado estudiar el sistema económico y financiero como subsistemas del Poder político. Más acorde con la realidad.

    Saludos

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