Cómo Ucrania nos pone en evidencia

De nuevo guerra en Europa y creo que no basta con repudiarlo. Alguna falta realmente grave debemos estar cometiendo y creo que es conveniente acercarse a cualquier opción de aclaración. A primera vista, parece insólito que pueda producirse un conflicto bélico de tan extraordinarias proporciones y repercusiones, entre dos países, como Rusia y Ucrania, con una larguísima historia en común y con un sedimento cultural de los más refinados del planeta. En este sentido, muchos se han preguntado también, cómo pudo suceder que un pueblo, como el alemán, con un altísimo desarrollo por aquellos años, tanto en las ciencias como en las artes, pudo llegar a ser hipnotizado por un loco y llevado a la II Guerra Mundial. ¿Rimas de la historia?

Esta guerra, iniciada con la invasión del territorio de Ucrania por el ejército ruso, es claro que, al parecer, solo puede ser entendida como una guerra entre dos bandos enfrentados: en uno de ellos se sitúan los EEUU y UE, dando su apoyo a Ucrania, y en el otro estaría Rusia.

Como es sabido salta la chispa porque Ucrania no cede a su propósito de poder pertenecer al club de la OTAN e incluso de la UE. Los países Occidentales dan su apoyo a Ucrania por reconocer el derecho de este país a una soberanía plena y también, por el temor de que pueda extenderse el sometimiento ruso a otros países. Por la otra parte, Rusia se opone a la expansión de una alianza militar a ese país, debido el peligro que ello supondría para sus intereses de seguridad.

Occidente no ha entrado formalmente en la guerra, pero sí está dando su apoyo militar y económico a Ucrania y ha impuesto sanciones a Rusia y sus oligarcas, buscando estrangular sus finanzas.

Es un conflicto geopolítico de primer orden en el que según diversos analistas se ponen muchas cosas en juego, y que ha venido a librarse en un territorio y a involucrar de lleno a unas gentes que pueden estar haciendo el papel de meros “cobayas” de otros “experimentos”.

Las dimensiones geopolíticas del conflicto van mucho más allá de una zona determinada y acercarse a sus causas últimas no es nada sencillo. Es conocida la fuerte interrelación entre las dinámicas geopolíticas y las económicas. La propaganda, además, puede generar mucha confusión.

Creo que a todos alcanza, en una u otra medida, la responsabilidad de una tragedia de esta magnitud. No basta con culpabilizar y quedarse con unos cuantos argumentos para justificar la guerra. Surgen preguntas y debemos buscar algo con que responder: ¿Pudo haberse evitado esta guerra? ¿Qué factores facilitaron las condiciones para que explosionase? ¿Pudo Europa tener alguna baza, que jugada adecuadamente pudiera haber evitado llegar a la situación en que nos encontramos? …

Intento responderme y, para empezar, vaya por delante, que no me basta con creerme situado en el bando de los “buenos”. De hecho, no me gustan los bandos, siempre cohesionados con el cemento de la complicidad; ni siquiera, el de los de detrás de la pancarta del “No a la Guerra”. Ya sabemos eso de “mucho ruso en Rusia”; y añado, “mucho bandolero en los bandos”. Tampoco, para nada me tranquiliza el identificar a un demonio como único desencadenante de todo, cargándole toda esa responsabilidad, por muy sicópata que sea. Para llegar a un conflicto de esta extensión hacen falta muchos demonios repartidos por muchos despachos.

Atendiendo a la maquinaria bélica necesaria para abordar las guerras, recordemos como en los años 90 del siglo pasado, la desintegración soviética marcó una época en la que Rusia paso de superpotencia a ser un país bastante pobre y muy inestable, al borde de la quiebra y cuya influencia en el mundo estaba sumamente menguada. Aquella “Guerra fría” que la enfrentaba a Occidente parecía no tener ya más sentido y, además, el coste de su mantenimiento era muy elevado. Esa situación de debilidad, quizá fuera el momento en el que Europa occidental debió tener presente que Rusia también es parte de Europa, que construir puentes y lazos de dependencia mutua siempre puede ser beneficioso para las dos partes y que es conveniente evitar riesgos de que la historia vuelva a repetirse. En Rusia se debía establecer un nuevo orden y la ayuda occidental, seguramente, habría sido muy bien recibida. No fue el camino seguido. ¿Cuáles eran las dificultades, miedos o resentimientos que lo impidieron? ¿Cuáles los intereses o expectativas? ¿Pudo Rusia también, hacer mucho más para rebajar tensiones y abrir una etapa más fructífera de colaboración con Occidente? … Solo Alemania parece haber intentado un acercamiento efectivo, en el sentido comentado. Pero no olvidemos que fue derrotada tanto por Rusia como por EEUU y otros países europeos. Y, también, fue ayudada en su reconstrucción. Tenía deudas que lastraban su autonomía de decisión.

Hemos oído en repetidas ocasiones que, para mantener la paz como valor inexcusable, deberíamos alejarnos de aquel esquema obsoleto de los bloques y sus áreas de influencia, donde con facilidad se priorizan enfoques basados en el rearme.

Pero nada cambió. Se eligió, mantener un bloqueo y aislamiento de Rusia. Parecería como si Europa dudase de sí misma y no tuviese personalidad propia frente a EEUU; se decantó por permanecer bajo el paraguas defensivo de la OTAN, donde quizá los americanos marcarían la política estratégica a seguir. El resultado, ya conocido, de una serie de países, antes en la esfera de influencia de Rusia y, ahora, pertenecientes a la Alianza Atlántica y con armamento “defensivo” apuntando hacia el este. ¿Para Rusia, no ha supuesto esta situación, además de una forma de humillación, un cierto hostigamiento que ha empujado al país hacia una reafirmación nacionalista y un rearme que le garantizarse su seguridad? Se ha mantenido, por tanto, ese esquema de bloques centrado en lo militar y, sobre todo, se ha concretado la tensión en territorio europeo.

Llegado a los tiempos actuales, cabe pensar que, la diplomacia europea debía ser bien conocedora de la intención de incorporar a Ucrania a la OTAN y que ello, lleva años gestándose. También sabía que existe una especie de lógica de las grandes potencias, por la que Rusia respondería a cualquier amenaza colocada en sus fronteras y Ucrania era la más evidente. Instalar armamento OTAN en territorio ucraniano significaba poder alcanzar con misiles lugares estratégicos del territorio ruso en solo pocos minutos y sin la posibilidad de ser neutralizados. ¿Acaso EEUU consintió que Rusia instalase armamento análogo en Cuba, en aquella famosa “crisis de los misiles”?

Me pregunto ¿cómo es posible que hayan fallado todos los mecanismos de prevención y mediación diplomáticos y no se ha evitado llegar al conflicto armado? ¿hasta dónde la credibilidad y eficacia de las instituciones internacionales? La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) tiene un principio de “seguridad colectiva” que viene corroborado en el pacto “nadie puede sentirse seguro si el otro se siente inseguro”.

En definitiva, todo sugiere movimientos hacia una posición de fuerza, soportada por arsenales militares, para hacer efectivo que en otros escenarios se puedan obtener ventajas o incluso, poder sentarse a negociar.

Quizá para encontrar alguna aclaración debamos acomodar la visión e incorporar la economía al terreno de juego. Para empezar, debemos ser conscientes que el paradigma político “izquierdas” vs “derechas” hace tiempo que lleva perdiendo vigencia y, de hecho, no sé si realmente aún quedan restos. La visión de bloques de aquellos tiempos de “guerra fría” ya no está “de moda”. El nuevo paradigma político pasa a ser algo así como “globalizadores” vs “nacionalizadores”. Para los primeros, las naciones, tal como las conocemos, no tienen ningún sentido y abogan por la implantación de un gobierno e instituciones de carácter supranacional. Los segundos se niegan a ceder todo el control de las naciones a esas entidades globales.

A los ciudadanos nos ha calado el mensaje de ir hacia una globalización feliz, que se corresponderá con un paso de página en la historia; el progreso vendrá de la mano del comercio entre las naciones y las guerras darán paso a los acuerdos para solventar las diferencias de intereses y, en última instancia, la justicia se encargará de resolver los conflictos.

Debe aclararse que realmente, esta opción viene soportada desde los años ochenta del pasado siglo por una globalización financiera, en la que a capitales y mercancías se permite traspasar fronteras con libertad, mientras que a las personas se prohíbe cruzarlas.

Y mientras llegamos a ese estado de prometida felicidad, asistimos a numerosas tensiones y fuertes competencias por los recursos naturales. China es un actor principal en el concierto mundial y China se ha puesto del lado de Moscú en su guerra con Ucrania. Ha señalado dos cosas: que las sanciones impuestas a Rusia las considera ilegales y que apoya su estrategia de seguridad. Muchos otros países también parece que dan su apoyo a Rusia y, da la sensación de que, como resultado de esta guerra en Ucrania, en el mundo se puedan estar forjando dos bloques antagónicos: de un lado los países ricos liderados por EEUU y, por otro, los países pobres o en desarrollo liderados por China.

Todo indica que esta guerra traerá más tensiones y complejidad al mundo. La nueva polarización mundial solo puede evocar inquietud. Rusia y Europa son señalados como los perdedores de este conflicto, y ambos parece que seguirán en bandos opuestos. ¿Han podido representar Rusia o Europa o ambos una “piedra en el camino” en ese proceso de globalización de la economía? ¿Un tercer actor relevante (Europa y/o Rusia) en el concierto económico no rebajaría en buena medida las tensiones y riesgos de esa polaridad a la que nos acercaremos?

Europa parece obligada a un rearme para convertirse en actor principal del teatro del mundo, pero ello no le dará una posición de fuerza real si no lo acompaña con un mayor fortalecimiento de su sociedad, quizá algo así como un nuevo nacimiento, que obligue a sus élites políticas a una profundización decidida en sus democracias.

2 comentarios

2 Respuestas a “Cómo Ucrania nos pone en evidencia”

  1. Manu Oquendo dice:

    La guerra de Ucrania, cuyas raíces envenenadas van a cumplir treinta años, es una tragedia humana que deberíamos haber evitado y que debemos paliar restañando heridas. No debemos escatimar nuestra ayuda ni nuestras acciones en pro de la verdadera paz: La paz de los corazones. Todo lo contrario de lo que los liderazgos occidentales están haciendo atizando el fuego.

    En lo material y económico la guerra también es un problema gravísimo para una Unión Europea que ya arrastraba muy severas dificultades apenas disimuladas bajo billones de euros de emisiones dinerarias por parte del BCE, una fiscalidad en metástasis, ríos de regulación y dirigismos de todo tipo, también de las ideas, cuyos efectos estamos sintiendo desde hace muchos años en la silenciosa destrucción de nuestra capacidad productiva.

    De la invasión de Ucrania vamos descubriendo cada día facetas desconocidas. Como, por ejemplo y entre ot ras, que la OTAN llevaba cooperando con el ejército de Ucrania desde 2007 en la recientemente bombardeada instalación militar, de 400 kilómetros cuadrados, cerca de la frontera con Polonia bajo la cobertura de Instrucción militar y entrega de armamento. Expuesto por El Debate del 14 de Marzo.
    O, también por ejemplo, la red de laboratorios de guerra biológica reconocidos el 8 de Marzo por Victoria Nuland, Subsecretaria de Estado norteamericana encargada de Europa, y la congresista Tutsi Gabbard en Fox News. Enlaces al final.

    Estas y muchas otras facetas cuestionan un relato que, cuanto más se profundiza en él, más nos confirma que la verdad es la primera víctima de la guerra. Esperemos que el derramamiento de sangre termine lo antes posible porque las guerras las pagan siempre los inocentes y comienza a ser evidente que las sanciones van a tener para nosotros un coste muy superior al de Rusia en no pocos casos. Curiosas Sanciones que nunca afectan a nuestros gobernantes y que pagamos nosotros. Algo que ya estamos comprobando económicamente en los precios de todos los productos.

    Si como se deduce de los hechos conocidos llevamos veinticinco años acercando nuestros misiles y ejércitos a las fronteras rusas y que este acercamiento se ha producido por presiones de los EEUU –especialmente a Francia y Alemania que se oponían a ello– no cabe duda de que, además de los Gobiernos de Rusia y Ucrania, alguna responsabilidad tenemos en la situación.

    ¿Qué horizonte podemos esperar en una Europa enemistada para los próximos cincuenta o cien años en la que se ha sembrado miedo, odio y muerte, en contra de nuestros propios intereses? Una Europa cuya naturaleza de Protectorado norteamericano es ya notoria en la calle por muy políticamente incorrecto que resulte decirlo.

    ¿Qué imagen transmite nuestro liderazgo político a una población cada vez más consciente de su vasallaje dentro del imperio?
    ¿Qué tipo de líderes optarán a esos destinos y quiénes, avergonzados, elegiran no presentarse a los procesos de preselección en foros oscuros?

    Pero, sobre todo lo anterior, ¿quién se beneficia de ello y quiénes son los perdedores?
    Una mayoría de ciudadanos sabe que los grandes perjudicados de este desastre largamente anunciado somos los europeos de a pie, incluidos los rusos y los ucranianos, por supuesto, y que los grandes beneficiados son los EEUU y una China que se está acostumbrando a ser victoriosa sin mover un dedo gracias a clamorosos errores ajenos fruto de una gran carencia de liderazgos y un evidente miedo a la verdad.

    Tras la marcha de Merkel, el último de los grandes personajes de la UE, muchos europeos ya se preguntan por qué nuestros liderazgos políticos son tan imperceptibles, tan petimetres, y tan incapaces de oponerse a tiempo a comportamientos que van en la dirección contraria a nuestros intereses estratégicos y que, en consecuencia, van a eternizar la actual situación de protectorado de hecho.

    Nadie se sorprenda de que la opinión de los europeos acerca de nuestro sistema político –donde cada vez es menor y de peor calidad la representación de los ciudadanos europeos– no llegaba, ya en 2013, al aprobado: un 3.5 sobre 10 según Eurostat. Este dato fue el 1.9% para España.

    Tras casi cinco semanas de guerra en Ucrania nos encontramos con un mal panorama que es, en gran medida, el resultado del silencio sobre hechos conocidos o de la de la desinformación deliberada.

    Pasamos de 12 miembros de la OTAN a unos 30 casi sin darnos cuenta. La alianza militar se expandió primero hacia lo que había sido el pacto de Varsovia (Polonia, Chequia, Hungría, etc. de la mano de Javier Solana y con el acuerdo de Rusia) y posteriormente, sin escuchar ni a Rusia ni a voces experimentadas occidentales, hacia repúblicas de la URSS hasta que llegamos a Bielorusia y Ucrania. Raíces de la Rusia histórica y, también en parte, de la gran Épica Polaca.

    Es conocido que en este largo proceso algunos países europeos se opusieron –Francia y Alemania en particular—pero terminaron cediendo ante la presión de los EEUU. A su vez mostraron su oposición a este crecimiento de la OTAN hacia Rusia los tres principales estrategas norteamericanos: Kissinger, Brzezinski y Kennan. Sus argumentos, ya del dominio público, no sirvieron de nada porque el avance de la OTAN continuó hasta llegar a Ucrania donde, como hoy sabemos, se comenzó a romper la baraja desde mucho antes del sangriento golpe de estado del 2014 en Kiev. Alguien tenía interés en acogotar a Rusia y forzar lo que hoy tenemos entre manos.

    Hace unos días, Fox News, mostraba a las Sras. Nuland y Gabbard confirmando que en Ucrania hay cerca de treinta centros de investigación de guerra biológica a los que los EEUU no son ajenos. Ambas personalidades, la primera muy activa durante el golpe de Estado que derribó a Yanukovich en 2014, urgían su destrucción antes de que cayeran en manos de Rusia.

    La mayor parte de la prensa occidental –en algún momento habría que hablar su papel en esta guerra– no ha reflejado la noticia y, a pesar de las evidencias, ha hecho con ella lo mismo que con el incidente de la isla de las serpientes donde tras contarnos cómo Rusia había eliminado fríamente a 13 soldados heroicos, nos encontramos a todos –82 en realidad— desembarcando en Sebastopol en perfectas condiciones para ser devueltos a Ucrania. El Debate nos puso al tanto y fue una feliz excepción que hemos de agradecer.

    En este momento nuestra prensa ignora, en su mayor parte, estas y muchas otras cuestiones. Está en la pura propaganda pero no de nuestros intereses sino en los de Zelinsky.

    Saludos

    Enlaces.
    https://www.youtube.com/watch?v=g2cwGscanAg
    https://www.youtube.com/watch?v=MQYP6v4bBks
    https://www.youtube.com/watch?v=u6AsFCm_ACA
    Tras las declaraciones de Nuland y de Gabbard en medios norteamericanos está fuera de dudas la existencia de laboratorios de armas bioquímicas en tierras de Ucrania. Nuland, Subsecretaria de Estado para Europa ha indicado que es prioritario que Ucrania evite que caigan en manos rusas y que las muestras sean destruidas.

  2. Suspiros de España dice:

    «Alguien tenía interés en acogotar a Rusia y forzar lo que hoy tenemos entre manos», dice Manu Oquendo. Nunca mejor dicho:

    https://diario16.com/la-receta-del-conflicto-en-ucrania-estaba-escrita-desde-estados-unidos-conozca-los-detalles-del-informe-de-rand-corporation-punto-por-punto/

    El artículo anterior enlaza con el siguiente:

    https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2019-05-24/informe-rand-rusia-estados-unidos-guerra-fria_2019126/
    que a su vez enlaza con el informe Rand Corporation completo, en inglés.

    Este otro, traducción del original cuyo autor menciono debajo y muy reciente, también lo encuentro muy interesante. Copio-pego la presentación del articulista, Jacques Baud: “antiguo coronel del Estado Mayor suizo, ex-miembro de la inteligencia estratégica y especialista en los países de Europa del Este, antiguo experto de la ONU y de la OTAN, nos ofrece el más detenido, casi exhaustivo análisis de la guerra de Ucrania y de las razones que la han motivado.”

    https://elmanifiesto.com/mundo-y-poder/575674285/Las-razones-y-detalles-de-la-guerra-de-Ucrania.html

    Me pregunto cuándo terminará la Segunda Guerra Mundial. Y también si alguna vez la mayoría de la gente querrá saber realmente en qué mundo vivimos, cómo hemos llegado a esta y otras locuras y si cada uno de nosotros tiene -siquiera si tiene- ya no cuánta, ya no cual, sino alguna responsabilidad. No me parece posible que tragarse la versión de todo lo que ocurre -y de lo que no ocurre- con que nos drogan los medios de comunicación de masas constituya un puro ejercicio de ingenuidad.

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