El Presidente de la República Federal Alemana, un tal Christian Wulff, dimite para preservar la honorabilidad del cargo, ante la sospecha de haber cometido tráfico de influencias. El presunto delito consistió en recibir un préstamo a interés inferior al de mercado, que, por cierto, estaba devolviendo religiosamente.

¡Qué envidia! Seguro que en Alemania las cosas no son perfectas, pero sorprende la falta de tolerancia social, política y mediática con la corrupción. Sobre todo en un país como el nuestro en el que da la sensación de que, salvo excepciones, el corrupto no recibe ninguna sanción ni política, ni social, ni judicial. Una sociedad con un mínimo de amor propio no puede permitirse cerrar los ojos ante las indecencias de sus políticos.

¿Qué está pasando? Obviamente existe un caldo de cultivo que alimenta la corrupción y la indulgencia social hacia la misma. Los ingredientes del caldo son por todos conocidos. Primero, esta sociedad identifica éxito con dinero. El reconocimiento social no se gana con actos al servicio de la sociedad, sino con el dinero ganado poniendo el esfuerzo y el talento (propio y ajeno) al exclusivo servicio de uno mismo.

Segundo, el acato a la moral religiosa, muerta por el racionalismo, no ha sido sustituido por el escrupuloso respeto a la ley, como máxima expresión ordenadora de la razón. El ciudadano no conoce el porqué de las leyes y, por tanto, no tiene criterio sobre su contribución al beneficio social. El cumplimiento de la ley no aporta crédito social, sino que se trata únicamente de evitar la sanción.

Tercero, vemos la cosa pública, como algo que no es de nadie y que crece por generación espontánea. No existe conciencia de que el Estado no tiene dinero propio, sino que lo saca de los bolsillos de cada uno de nosotros.

Por último, el sectarismo con que vivimos la política hace que minimicemos los casos de corrupción de los nuestros y exageremos los de los otros. La prensa que leemos, siempre afín a nuestra ideología, nos reafirma en esa visión sectaria de la realidad. Resultado: para cada uno de nosotros sólo merece reproche la corrupción del partido político al que nunca votaríamos, con lo que recibe escasa sanción en las urnas.

¿Qué hacer para acabar con la corrupción o por lo menos con esa impunidad del político corrupto?

En relación con los partidos políticos lo primero que ha de cambiar es el aberrante caldo social en que nos hemos acostumbrado a vivir. Si realmente queremos atajar la corrupción debemos empezar por revisar nuestros propios conceptos y valores. A continuación convendría que empezáramos a ser menos sectarios y más exigentes con aquellos partidos que no persigan sus casos de corrupción, sean del color que sean. No hay partido que no haya hecho bandera de la tolerancia cero con la corrupción, pero tampoco lo hay que no se preste a proteger a los suyos cuando pesan sobre ellos indicios de que se ha producido. Es más, existe la incómoda sensación de que muchos de los casos de corrupción aparecen relacionados con la propia financiación de los partidos.

Las listas abiertas permitirían censurar directamente al candidato presuntamente corrupto. Más aun el voto negativo –que reste al que lo recibe– estimularía la participación y favorecería el castigo social y político de la corrupción y de quienes la toleren.

Los partidos, además, deberían estar sometidos a estrictos controles financieros. El Tribunal de Cuentas tiene aquí un papel esencial que debe desempeñar con mayor eficacia. No puede ser que la última memoria publicada en su web sea de 2010 y se refiera a la fiscalización de los datos de los partidos políticos de 2006 (http://www.tcu.es/uploads/I891.pdf). Si es necesario colocar a un auditor en cada partido político, hágase. Entiendo que hace falta mucho valor para controlar a quien, en una partitocracia como la nuestra, tiene todo el poder, pero resulta indispensable si queremos dignificar la Política, con mayúsculas. ¿No tienen las entidades de crédito un inspector del Banco de España colgado de la chepa? ¿Es que la función social de los partidos no justifica una supervisión, al menos, tan cercana?

Por otro lado, la corrupción en las administraciones públicas tiene nombre y apellido y se llama “huida del derecho administrativo”. Con el argumento (posiblemente cierto) de la excesiva rigidez de ese derecho, las administraciones han creado un número infinito de empresas y fundaciones en las que se han relajado los controles. Es aquí donde se producen los principales desmanes. Si el derecho administrativo es ineficaz, modifíquese, pero resulta absurdo que la propia administración defraude su ley rectora para crear agujeros negros difícilmente manejables.

En paralelo a todo lo anterior, un poco de lo de siempre. Una fiscalía independiente del gobierno ayudaría. Por lo menos evitaría esa sensación de que siempre es más activa en la persecución de las corruptelas que afectan a los partidos en la oposición. Mayor independencia judicial, de forma que se puedan enjuiciar sin presiones los asuntos políticamente más sensibles. Y, por supuesto, mayor celeridad en el enjuiciamiento. ¿Alguien se acuerda del caso Vera? El 18 de julio de 2011 se dictó la sentencia del Tribunal Constitucional que confirmaba su condena por un proceso penal que comenzó en 1994.

En definitiva, la lucha contra la corrupción es cosa de todos. Como primer paso exige de cada uno un cambio radical de mentalidad sobre la importancia de la función del político como gestor de lo nuestro. Además requiere de una voluntad política decidida que afronte el problema de cara. Nos va mucho en ello. O reaccionamos pronto o la corrupción puede acabar por gangrenar la política. Lo hemos visto en otros países sobradamente conocidos.

(Este artículo se publicó por primera vez el 26 de Febrero de 2012)

9 comentarios

9 Respuestas a “CORRUPCIÓN ¿REALMENTE NOS EXTRAÑA?”

  1. yes we can dice:

    También, desde el inicio, es un problema de ignorancia. Sí, de ignorancia. Creo que cualquier gestor de lo público debería recibir un «welcome pack» al ser nombrado, en el que, entre otros contenidos, se le familiarizara con el principio de legalidad, el control financiero de la administración, o contenidos del código penal como malversación de caudales públicos, la falsedad documental.

    Estoy seguro de que a veces, los gestores pùblicos de llevan auténticas sorpresas cuando surge una querella penal por «nimiedades» como un fraccionamiento de contrato público, o «agilización» de un expediente

    Al hilo de esto, querría destacar que la inamovilidad de un funcionario público juega un papel relevante para prevenir la corrupción, cuando en su actividad ordinaria está recibiendo presiones de sus superiores para resolver en uno u otro sentido, ajeno a su criterio.

    Enfin, mi reflexión es que uno nunca piensa que es un corrupto, porque, a priori, la gente no sabe qué es jurídicamente una actuación corrupta. Merece la pena que,a falta de referentes éticos sobre el asunto, al menos, nos ilustremos con el sentido del principio de legalidad o la lectura del código penal.

    1. A.Galan dice:

      Desde el inicio de la historia del hombre siempre ha llevado la corrupción consigo, siendo necesario controlar estos desmanes a través de la recuperación moral colectiva e individual de las personas, obtenida a través de la inversión en educación y un desarrollo del control de los cuerpos de gestión.

      Una Ley de Trasparencia real y objetiva, una regeneración de la clase politica que elimine de todo cargo público a cualquier corrupto o mal gestor que es tan dañino como el primero con independencia del partido al que pertenezca, cuando exista una democracia real con listas abiertas donde un voto valga un voto que permita eliminar a través de la urnas a todo personaje que parasite la clase política evitando de esta forma la formación de clanes sectoriales, varones incrustados en las mas altas estancias que con el paso del tiempo se convierten en centro del clientelismo, deudores y protectores de grupos de poder económicos.

  2. Repha dice:

    Quizá deberíamos plantearnos si la corrupción es algo que caracterice únicamente a ciertos altos cargos políticos o sociales. Quizá muchos de los que vociferamos contra tales hechos, no somos corruptos… porque no podemos.

    Claro, si un alto cargo se embolsa un millón de euros es un corrupto y todos nos echamos encima de él (especialmente si es de signo político opuesto al nuestro, porque si no es así, seguro que tiene una razón o es un manejo de los otros), pero pensemos en nuestro círculo habitual, en nuestro ambiente y en nuestras posibilidades y a ser posible, seamos sinceros. ¿Cuántos de nosotros negaríamos la ganancia de cincuenta euros por hacer «un favorcillo sin importancia»? ¿cuántos no veríamos una posibilidad de obtener una ganancia por «acelerar» algun proceso que está más o menos en muestras manos?

    Obviamente no es lo mismo cincuenta euros que un millón, pero la actitud sí lo es. Nada ni nadie nos asegura que si lo hacemos por cincuenta seamos capaces de negarnos por un millón.

    ¿No estamos acusando a otros de algo que más que molestarnos por lo injusto de la acción nos molesta porque no podemos hacerlo nosotros?

    Quizá hay que ser un poco mas radical, hay que ver las cosas más desde la raíz.

    Y a partir de ahí, obrar en consecuencia.

  3. Teresa Cabarrush dice:

    Felicidades al autor por tan interesante articulo, ya la corrupción en nuestro País es casi genética, consentida por los ciudadanos, y los gobernantes antes son ciudadanos, cada vez tengo menos fe en la condición humana. Un mismo pueblo puede ser grandioso, ahí está la solidaridad de Galicia, y cuando el tema del chapapote, que acudieron muchos ciudadanos a Galicia para ayudar, pero otras veces los Pueblos prefieren las injusticias, así de claro, ha existido durante toda la vida. Se le ha dado importancia a la Constitución de 1812…¿ pero el enemigo venía de fuera, no ?, los franceses, en aquellos tiempos se veía claro a qué diana dar, lo malo es no saber dónde dar.

    Sentido de colectividad en España, nulo, bien especificado en el artículo, ¡ no pero si el dinero no es de nadie !, menudos cazurros que somos, la verdad, como dice José Antonio Marina, todos dicen » que listillo eres», pero nadie dice » que inteligente eres».

    Quien Ama despierta Amaneceres, quien ama y un gobernante que ame a su Tierra, se ama así mismo, es la cualidad para hacer una Buena Gestión por un País, lástima que aquellos gobernantes que eran Buena Gente, los demás decían de ellos » Es que no sabían mandar»…pero si un gobernante se odia así mismo…¡ qué es lo que no odia!

    Luego hemos aprendido en los últimos años a practicar la Ambigüedad, mala cosa, personas tan hipócritas que hasta presumen de cara a la galería de lo que no practican en realidad, así nos va, que nadie se aclara. La verdad, que las Narices, no sé cuantos metros tienen de longitud ya…como la de Pinocho.

    Dice la escritora Ángela Becerra, que la corrupción crea adicción: » La escritora Ángela Becerra (Cali, Colombia, 1957) asegura que la corrupción, al igual que la seducción, «crea adicción» porque cuanto más se tiene más se quiere. «Hay un tipo de sinvergüenza que ha existido siempre, en todas las épocas, personas que se mueven por un exceso de ego, por falta de escrúpulos y que anteponen el tener y el conseguir», ha sentenciado.

    La autora ha realizado estas manifestaciones en una entrevista concedida a Europa.

    http://www.europapress.es/cultura/libros-00132/noticia-angela-becerra-corrupcion-crea-adiccion-20130219201141.html

    Por cierto, este artículo de la escritora me fue censurado en otro Blog, quizás existen blogs que les tienen miedo a los afectos, otra cosa no entiendo.

    Lleva mucha razón el final del artículo:

    En definitiva, la lucha contra la corrupción es cosa de todos. Como primer paso exige de cada uno un cambio radical de mentalidad sobre la importancia de la función del político como gestor de lo nuestro

    http://www.youtube.com/watch?v=j5hCRBHqmLw

    Así nadie es feliz consigo mismo, en el fondo, lo que hemos dejado de herencia…no tiene nombre,¡ que Dios nos perdone!, si es que tenemos perdón, claro.

    Saludos.

  4. Teresa Cabarrush dice:

    Lo corrupto forma parte de nuestra condición al igual que lo correcto,¿ por qué no acordarnos de las personas que sí han sido correctas ?, seguro que las hay, y son las que han perdido mucho en un ambiente de tantas incorrecciones, mis felicitaciones a ellas.

    Este fragmento de teatro si que me impresionó siempre…

    http://www.trampitan.es/textos-dramaticos/textos-breves-para-dos-o-mas-actores/las-bicicletas-son-para-el-verano-/

    Saludos.

  5. Teresa Cabarrush dice:

    Aunque nos produzca tristeza el ambiente de corrupción, el ser humano también tiene la capacidad ( a veces difícil, pero no imposible ) de levantar el vuelo y generar buenas acciones.

    http://www.youtube.com/watch?v=zxoYQyBQoFk

    Saludos.

  6. jajopo dice:

    Democracia = «Predominio del Pueblo en el Gobierno e Un Estado», en Europa solo hay un país democrático que es Suiza donde el Pueblo mediante Referéndums Populares Vinculantes para la clase política dicta las leyes por las que deben regirse sus vidas, el resto de Países de Europa son Dictaduras Partidocraticas donde el Pueblo no ejerce el poder sino que solos escoge cada 4 o 5 años a los que lo ejercerán.
    Hay Dictaduras de los Partidos donde los demás poderes (Jueces, Fiscales, Policía, Medios) ejercen un severo control sobre los gobernantes y por lo tanto se trata de Dictaduras de Partidos Controladas (Alemania, Escandinavia, Holanda, etc.) y hay otras (España, Catalunya, Italia, Grecia, etc.) donde son los políticos los que nombran a los Jueces, Fiscales, Policía y subvencionan acallando a los Medios
    España y Catalunya (con o sin Independencia) continuarán siendo un estercolero mientras no haya Referéndums Populares Vinculantes y ni Consultas para tener la Llave de la caja y robar más.

  7. josep dice:

    Esto es la España de la Transición: sin tuvimos que tragar con el perdón de asesinos, torturadores y genocidas de una dictadura militar de corte fascista (acá modalidad falange, luego movimiento nacional o nacional catolicismo) hasta el punto que los herederos políticos del dictador y las oligarquías que le sostuvieron incluso gobiernan el país hoy sin que ha nadie se le caiga la cara de vergüenza… si esto es así ¡que va a extrañarnos la pequeña corrupción económica! La corrupción moral ya estaba servida bajo el paraguas del sucesor de Franco -y que Franco nombró- en la Jefatura del Estado. Si no terminamos con ese regimen de impunidad protegida por la monarquía no vamos a ninguna parte, pues la bajaza moral y la indignidad histórica no son precisamente el mejor caldo de cultivo para una buena ética ciudadana. Un saludo. josep turu.

    1. radarr dice:

      Exactamente. Ése es el punto de partida.

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