¿Cuál ha sido el pecado de los mayores?

Si alguna evidencia nos está dejando esta pandemia es la de que a todos, personas e instituciones, nos está sacando las “vergüenzas” y está poniendo al descubierto los soportes de barro y grietas del modelo sociopolítico que mantenemos. Hemos consentido que la pandemia castigue con mucha mayor intensidad a los mayores, a los más vulnerables; ellos han sido los más desprotegidos; las personas que han participado en la construcción de nuestro presente y las que siempre han estado dispuestas a que nunca nos faltase ayuda o cariño; a las que hemos alejado o separado de nosotros por miles de justificaciones.

“Hemos consentido que la pandemia castigue con mucha mayor intensidad a los mayores, a los más vulnerables.”

Es conocido el ritmo creciente del envejecimiento de la población y los problemas asistenciales que ello conlleva. También sabemos de sus elevados costes y que los recursos económicos son siempre limitados;  como sociedad estamos frente a un problema complejo y que afecta a los pilares básicos del discurso político y las creencias sociales; se ponen de manifiesto contradicciones importantes y no parece que, como sociedad, las soluciones que seamos capaces de encontrar, puedan fundamentarse en “algo” más allá del “economicismo”; ante este tipo de situaciones solemos adoptar opciones cómodas y no exentas de ciertas dosis de hipocresía o, como alternativa, cualquier “ocurrencia” de base ideológica, que suele venir a tapar los problemas reales y, a la larga, generar mucho más sufrimiento en las personas que las padecen.

La muerte de miles de ancianos en las residencias de mayores exige una respuesta, para hacer “algo” consecuente con ese dolor y que suponga darle un cierto contenido de “verdad” al mismo. No sirve ninguna justificación, solo abrirnos a aceptar nuestras responsabilidades para clarificar, primero, las causas de todo tipo que han llevado a ocasionar esas tragedias y, luego, para afrontar y realizar todo aquello que sirva para corregir los errores cometidos. Y… claro, al menos, pedir perdón.

“La muerte de miles de ancianos en las residencias de mayores exige una respuesta…”

Hoy tenemos en este país más de 850.000 mayores de 80 años que viven solos. Sabemos que el abandono o el desamparo van a incidir considerablemente en su salud y en el estado en que se encuentran. En España tenemos un sistema de ayuda pública que pretende evitar ese aislamiento y cubrir ciertas necesidades básicas de dichas personas.

Como soporte de ese sistema asistencial existen en torno a 5.500  alojamientos colectivos para personas mayores de diversos tipos, aunque predominan, las residencias. En ellos habitan unos 400.000 mayores de los cuales el 75% superan los 80 años. Este sector de actividad da trabajo, a cerca de 200.000 personas.

Años atrás las residencias las identificamos como pequeños chalets donde vivía la gente mayor. Hoy en las residencias viven las personas más deterioradas, las más enfermas. En la medida en que su estado empeora aumenta la facilidad que existe para obtener ayuda pública para que sean ingresadas.

“Hoy en las residencias viven las personas más deterioradas, las más enfermas.”

Las residencias fueron pensadas como lugares para vivir y convivir, no como servicios sanitarios, ni siquiera sociosanitarios, sino como servicios sociales. Los mayores que viven en ellas siguen teniendo derecho a atención sanitaria a cargo de la sanidad pública y, en consecuencia, pueden ser hospitalizados, como cualquier otro ciudadano. Actualmente las residencias no son consideradas meros hoteles ya que muchos de los ancianos que en ellas viven necesitan cuidados asistenciales profesionales

Un aspecto muy relevante es el que corresponde a su propiedad. De los referidos centros, el 71% son privados y el 29% son públicos aunque, buena parte de los establecimientos privados ofrecen plazas públicas concertadas. El sistema público de asistencia a mayores está, por tanto, sustentado por una red de establecimientos que son privados. Existen también múltiples concesiones de la gestión de los centros de titularidad pública al sector privado.

Por otra parte, si bien en principio dichos centros fueron gestionados por pymes u otras entidades, en la última década se ha producido una concentración de la propiedad de los mismos en otras empresas que, ahora, en algunos casos, pueden llegar a gestionar decenas de ellos; en ocasiones estas empresas son de capital internacional que también controlan muchos centros de este tipo en otros países europeos.

De la actividad de este sector ya se habían puesto a la luz problemas innegables: según parece, la Ley de Dependencia buscaba el cuidado de los mayores y, al tiempo, la creación de un nuevo mercado de trabajo. Su aprobación en 2006 abrió las puertas a que muchos pudieran emanciparse del cuidado de sus padres. Luego la crisis de 2008 paralizó el desarrollo de esta Ley, que con el tiempo se ha ido precarizando más y más.

“Las administraciones públicas no pueden descargar de cualquier manera la responsabilidad del cuidado de los mayores sobre el sector privado.”

Las administraciones públicas no pueden descargar de cualquier manera la responsabilidad del cuidado de los mayores sobre el sector privado. Todos sabemos que la empresa privada tiene una lógica económica y, la administración, si desea compartir el soporte de una función pública tiene que marcar unas condiciones; la administración es responsable de establecer unas regulaciones y controlar que se cumplan. No basta con hablar de la dedicación de unos recursos económicos dados, es necesario contemplar los distintos factores que marcan las calidades del servicio que puede prestarse al ciudadano.

La deficiente equipación, la escasa o nula asistencia sanitaria en algunas residencias, la mala o nefasta gestión pública de los cuidados a los mayores, el coste y exigencias propias de estos cuidados…, y, de otra parte, la irrupción de la pandemia y la conocida inexistencia de test para conocer el estado de usuarios y profesionales en residencias, o su falta de medios y de apoyo sanitario, trabajadores entrando y saliendo de esos centros, la saturación de los hospitales, ancianos con pluripatologías…, todo ello desencadenó los sucesos conocidos.

“Es innegable que se ha tratado a los mayores como ciudadanos de segunda.”

Es innegable que se ha tratado a los mayores como ciudadanos de segunda. Pero resulta más inadmisible todavía intentar evitar responsabilidades políticas, repartiendo culpabilidades por doquier, y solo buscando obtener ventajas oportunistas. Como gota que hace rebosar el vaso, también se han producido declaraciones de algún gobernante, justificando las muertes en residencias de ancianos como consecuencia del envejecimiento de la población del país, como si la factura en vidas entre la gente mayor fuese el menor de los males de esta pandemia y, de paso, convirtiendo así, victimas en culpables. No sé lo profundo que puede ser el pozo de la miseria humana, pero algunos, no se sitúan muy lejos del mismo.

Vivimos en tiempos de descrédito de la edad y el conocimiento; la memoria siempre ha sido transmitida de generación a generación desde las personas que más tenían que decir, que más experiencia de vida acumulaban.

La historia nos dice como los romanos después de vencer a un pueblo hacían desaparecer cualquier vestigio cultural o de pasado de ese pueblo; los romanos ya sabían que eliminar cualquier referente a la tradición o la memoria de las gentes facilitaba su sometimiento. Quizá de ello también pueda deducirse que un pueblo que no escucha a sus abuelos es un pueblo un poco más débil, un poco menos libre.

“No sé lo profundo que puede ser el pozo de la miseria humana, pero algunos, no se sitúan muy lejos del mismo.”

El poeta nos recuerda que tradición no es una simple costumbre, algo envejecido, caduco o inservible. Tradición es algo vivo, una sustancia siempre viva y originaria. Tradición es savia materna, médula materna que conlleva la propia condición del ser. Tradición no es pasado, sino antigüedad original, presente y perenne. La tradición no es un lugar para estar, sino de irse… pero sin olvidarnos ni desentendernos de su antiguo y lejano manantial.

6 comentarios

6 Respuestas a “¿Cuál ha sido el pecado de los mayores?”

  1. O'farrill dice:

    El tema de los «mayores» tiene ya su antecedente en el artículo de Manuel Bautista, por lo que mi comentario al mismo, puede servir para este otro. Muchas gracias. Un saludo.

  2. Sedente dice:

    Quizás les parecerá que mi comentario está fuera de lugar, pero les aseguro que detrás de lo que comento hay muchas más soluciones de las que parece a primera vista.
    Nunca les hablo de esto pero siempre pienso en ello.

    Vivimos anclados en el pasado, y no me refiero a las tradiciones, me refiero a la arquitectura y urbanismo de nuestras ciudades.
    Nuestra forma de vida parece salida más de una necesidad de vivienda rápida en tiempos de postguerra que de algo pensado por y para el progreso y la convivencia, para el desarrollo humano.

    Estamos sufriendo trombosis continuas, y ni nos enteramos o no lo queremos ver, y además creemos que son cosas de la modernidad o el desarrollo.
    Parcheamos continuamente todo sin arreglar nada en profundidad. Diseñamos nuevos proyectos y reincidimos en los errores.

    Sostenibilidad debería ser uno de los fundamentos. Convivencia e integración. La capacidad de influenciar en el comportamiento humano se deriba de tales premisas.
    Culturizar a través del urbanismo de nuestras ciudades.
    Las personas viven y se desarrollan en relación a su entorno. Las personas pueden transformar el entorno para que sea el más adecuado. La creación del entorno adecuado generará las personas adecuadas a ese entorno.

    Acabo de ojear el proyecto Madrid Norte para ver si me equivocaba y no, no me equivocaba. Es un, otro, claro ejemplo de los errores que se cometen contínuamente. Todo como si fuese muy moderno.
    Existen dos residencias de la tercera edad proyectadas que distan a dos y cuatro manzanas de distancia del centro de salud más cercano, entre grandes vías por ambos lados y edificios de viviendas. Además, ambas, alejadas de las zonas verdes que ni las ven. Cual garaje o aparcamiento para coches.

    Las residencias deberían estar integradas o permanecer colindantes a centros de salud o mejor hospitales. Así mismo las zonas deportivas y zonas de recreo deberían estar cercanos a ellos para permitir los paseos, salidas, acudir a gimnasios y piscinas para sus necesidades.

    Esto alimentaría la integración de los jóvenes con los mayores. Los jóvenes que acudieran a hacer deporte estarían así mismo también cerca de un centro asistencial por una posible lesión y gozarían unos y otros de sus respectivas compañías con todo lo que eso supone para unos y otros.

    Es decir, hospitales, residencias y zonas deportivas para todas las edades deberían formar un único concepto de salud integradora.
    Esto incentivaría la movilidad eléctrica e incluso autónoma en todo el recinto.

    Pero no. Las residencias se apartan nuevamente y se difuminan entre bloques de hormigón. Un hospital allí, el gimnasio allá y la residencia por aquí en medio en este hueco que queda.

    Nada se piensa pensando.

    El único anhelo es quién se llevará el proyecto, cuánto cuesta y quién se pondrá la medalla. El cómo pagarlo no hace falta decirlo. Nosotros, todo lo pagamos nosotros. TODOS NOSOTROS.
    Pero nunca se quiere ver nada.

    1. pasmao dice:

      Terrible link Remedios

      Pero mas terrible es intuir que si se hubiera deslizado desde el universo gubernamental, «progresista», de Sánchez-Iglesias y sus desconocidos expertos dicho comentario habría tenido las bendiciones de todo el mundo progre.

      Y además dichas bendiciones se habrían incorporado a un argumentario que lo único que busca es ahondar en un despotismo totalitario nada ilustrado.

      Si buscan una Camboya 2.0 no vayan muy lejos, la tenemos aquí.

      Un cordial saludo

  3. Manu Oquendo dice:

    Pregunta el autor qué hemos hecho mal los mayores actuales durante toda nuestra vida.
    Realmente el problema no es de ahora. También lo hicimos mal hace 30 años.

    Lo peor, creo yo, fue no darnos cuenta de la naturaleza real del Sistema Político en el cual vivimos. Simplemente nos creímos el mito, el relato tramposo, y nos fiamos.

    Craso error que no podíamos cometer en Dictadura alguna porque entonces conocíamos perfectamente la realidad. No engañaban.

    Por debajo de este error hay otros dos problemas.
    El primero es un Discernimiento Deficiente que nos perpetúa, voluntaria o involuntariamente, en la inopia.
    El segundo es peor: nos hemos hecho muy Débiles de Carácter.

    Eso se ve claramente en la película «La deuda», cuando un criminal de guerra Nazi, Dieter Vogel, es capturado por el Mossad, y dice a sus interrogadores:
    “¿ Por qué crees que fue tan fácil exterminaros, David? Sois tan débiles”
    https://www.youtube.com/watch?v=H-OzoC_lJWg

    Ambas debilidades tienen remedio.

    Voy a traer ahora un pequeño problema de discernimiento que me ha sucedido durante la Prisión Domiciliaria. Lo digo tal cual es porque he aprendido que nunca se puede usar la semántica de tu verdugo. Sánchez, no contento, sigue a toda velocidad con su programa de Muerte Protocolizada. No tuvo tiempo para avisar pero si lo tuvo para todo lo que le interesaba como cumplir cada etapa del proceso parlamentario de esa Ley que independientemente de lo que yo diga va permitir al estado decidir por mi en función de mis parámetros vitales. Igualito que hace 14 años en Móstoles y ahora mismo durante el Covid 19.

    Un amigo biólogo docente me ha explicado esta mañana que el Objetivo de nuestra «cuarentena» que ya va para «CIEN Días de Prisión Domiciliaria con Toque de queda» no es impedir el contagio.
    No, señor. El objetivo es ayudar a que este contagio se produzca a un ritmo manejable por el sistema hospitalario.

    Esto explicaría por qué en toda Europa las cuarentenas fueron desde el primer día mucho más moderadas y la gente ha podido siempre salir a hacer ejercicio una o dos veces al día. Muchos países ya empezaron el colegio de nuevo.

    Por supuesto lo que no explica es por qué nuestra «cuarentena» ha sido, de largo, la más dura de Europa.

    Quizás esta sea la razón por la cual los “expertos” del gobierno de Sánchez deben ser secretos. Ningún experto serio se avendría a decir justo lo contrario de sus equivalentes europeos. ¿Por qué nuestros expertos son tan “diferentes”?

    En consecuencia vamos a tener un larguísimo proceso de contagio –y de destrucción económica– hasta que se alcance aquel 70% de contagiados al que aludió Frau Merkel hace ya tres meses. La última muestra del Ministerio dio un 5% de la población que ha sido contagiada –media nacional–. Luego falta nada menos que un 65% y hoy tenemos un 95% de la población no contagiada.

    Yo no pienso que estemos gobernados por ineptos aunque la evidencia ya sea abrumadora.

    Simplemente creo que sus objetivos no son los nuestros y que el Tandem Bolivariano está interesado en un Proceso Excepcional Muy Largo. De hecho es lo que busca Sánchez obsesivamente y lo dice Iglesias en este video.
    https://www.eldiestro.es/2020/04/video-pablo-iglesias-te-estremecera-dara-miedo/Responder

    A ver ahora que hacen Inés Arrimadas e Iñigo Urkullu.

    Me explico.

    1. O'farrill dice:

      Amigo Manu: tanto la una como el otro, como no son «mayores», actuarán según sus intereses. La Sra. Arrimadas necesita una solución personal para su futuro, aunque el precio a pagar sea la destrucción política de Ciudadanos. Por eso cae tan fácilmente en la trampa del Sr. Sánchez que incluso, le ha dado en la última encuesta del CIS (tan manipulada como las demás) un alto porcentaje de votos, con lo que calma a los suyos diciendo: «Veis como la cosa va bien apoyando al gobierno….» Lo que haría falta es que «sus» diputados votasen «no» inesperadamente y la dejasen sola ante el peligro….
      El Sr. Urkullu o el PNV tiene un horizonte más amplio: la futura autodeterminación en el País Vasco (incluyendo Navarra) con ellos al frente de un nuevo estado independiente. Esperan y por eso «trampean» a ver qué pasa con Cataluña, que sería el precedente también para Valencia y Baleares o Galicia. En un plazo de tiempo no muy largo (unos cinco años) la geografía polçitica de España puede haber dado un giro copernicano: donde antes había una nación aún potente, quedaría media docena aproximada de nuevos estados. Lo llaman la «nueva normalidad»y hasta El Corte Inglés la incluye en su publicidad.
      Un saludo.

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