¿El arte digital se puede considerar arte?

Uno de los indicios indiscutibles de la presencia del ser humano en tiempos remotos son las manifestaciones artísticas. Una actividad aparentemente innecesaria cuando lo que primaba era la supervivencia. El arte nos hace humanos. Pero, ¿qué se entiende por arte?

Más que definirlo, el proceso o el hecho artístico, se puede describir. Mientras sucede, transforma al que participa de él, le acerca a otra forma de percepción o de comprensión de sí mismo y de lo que le rodea, a otra forma de percepción de la realidad que va más allá del análisis y la razón; y todo ello se quiere plasmar y comunicar; y para eso se utiliza la voz, el trazo, el movimiento, el sonido…

El arte acerca a la belleza, a los arquetipos, tanto al que lo ejecuta como al que lo contempla. Por decirlo de alguna manera, nos coloca en un estado alterado de consciencia que nos aproxima a eso tan ambiguo que llamamos felicidad, amor, éxtasis o goce del espíritu. Nos recuerda que el ser humano es mucho más que un animal racional.

Desde esta perspectiva, muchas de las creaciones que socialmente se consideran como obras de arte en realidad no lo son. No siempre que se pinta un cuadro, se construye un templo, se escribe una novela o se compone una melodía, se está haciendo arte; sino que simplemente se está elaborando un producto que satisface los gustos, prejuicios, intereses o necesidades del espectador. No se pretende elevarlo sino complacerlo. No se le ofrece un intento artístico sino un espectáculo.

Pocos consideran teatro a la grabación en vídeo de una representación teatral; es otra cosa que de ninguna manera transmite lo que sucedió en el escenario y el patio de butacas. Algo similar ocurre con la música grabada y, sin embargo, mucha gente considera música a aquello que se escucha en la radio o al reproducir un vinilo, un CD o un archivo mp3. Algo que siempre suena igual, siendo la única diferencia la que marca la calidad del aparato reproductor o el mejor o peor estado del soporte que la contiene; pero que no refleja la inspiración, la maestría o la sintonía entre los músicos que la ejecutan y el público que la escucha cuando se ejecuta en directo.

Con la literatura, con la poética, sucede algo parecido, aunque más sutil. Hoy se escribe muy poco a mano, incluso poesía. Pero hay diferencias entre lo escrito a mano y lo escrito con un teclado, tanto en el proceso como en el resultado. Hay una fuerte relación entre la mano y el cerebro, no es lo mismo ejecutar un trazo que pulsar una tecla. El proceso creativo es diferente; se reflexiona menos, se corrige más, entran en juego menos sentidos, se piensa distinto; en general se piensa menos, influidos por la productividad. Se abusa del copiar, cortar y pegar; y se nota.

Todavía se discute si la fotografía y el cine se pueden considerar un arte al mismo nivel que la pintura o el teatro. No digamos ya de las imágenes y sonidos generados con la ayuda de los ordenadores, lo que ha venido en llamarse arte digital.

Se podría decir que el ordenador y sus recursos es un medio más de los que utilizan los artistas para elaborar su obra; pero tengo mis reservas al respecto. Efectivamente es un medio más, pero añade un montón de interferencias o procesos automáticos totalmente predecibles. Tiene poco de creación y mucho de tecnología; el resultado es más un espectáculo que una obra de arte. No es lo mismo emular la presión de un pincel que manejarlo; a través de una tecla se transmite poca pasión. Pero es una opinión, totalmente discutible.

Las imágenes digitales pueden resultarnos más o menos agradables, pero carecen de ciertos aspectos sutiles de la pintura. Los colores de un cuadro son pigmentos que emiten y cambian con el tiempo, la iluminación y el ojo del espectador. Una imagen digital no es más que un conjunto de píxeles que no se modifica con el tiempo. Un cuadro está vivo, una infografía no. No es posible hacer una copia idéntica de, por ejemplo, Las Meninas; pero sí podemos reproducir hasta el infinito un archivo digital. Y lo mismo podría decirse de la música compuesta y ejecutada por una máquina que sigue las instrucciones de un algoritmo.

Es una opinión, pero creo que la digitalización está contribuyendo más a la destrucción del arte que a su crecimiento. Se supone que lo socializa, que hace que llegue a más gente. Pero la visita virtual a un museo o el acceso on line a la grabación de un concierto tiene muy poco de hecho artístico y mucho de espectáculo, de consumo y de negocio. Es un mal sucedáneo.

Uno de los objetivos, declarados o no, del proceso de socialización, de homogeneización, es la desaparición de las élites y de lo exclusivo. La idea de élite es impopular en el pensamiento progresista, porque se asocia con la idea de privilegio. En este proceso, la socialización del arte, que el arte esté al acceso de todos, suele derivar en espectáculo, en estereotipo. El arte solo está al acceso de los que pueden percibirlo y para eso se necesita un desarrollo personal, una educación, no un adoctrinamiento.

El poder, del tipo que sea, busca perpetuarse, mantenerse, que no haya cambios; y esto es totalmente opuesto al hecho artístico. Es por esto por lo que los poderes nunca se han sentido cómodos con el arte y la cultura, aunque hayan intentado ponerlos a su servicio. Hay algo en el estudio y en el proceso artístico que transforma a los que los practican, que transforma su pensamiento y sus emociones. Hay algo impredecible cuando no se conoce de antemano el resultado.

Tal vez sea esto lo que explique la poca relevancia o la ausencia de la música, las artes plásticas, la filosofía o incluso las manualidades en los currículos escolares. Se trata de controlar cualquier cosa que despierte en exceso el potencial latente de los dominados.

3 comentarios

3 Respuestas a “¿El arte digital se puede considerar arte?”

  1. O'farrill dice:

    Ya casi todo es un «sucedáneo». En el mundo de la creatividad artística hace tiempo que se instalaron artificialmente gracias a la propaganda, unas nuevas formas expresivas que carecen de la fuerza emotiva de la creación original.
    Durante muchos años me he movido en ese mundo (pintura, escultura y toda clase de «novedades» que no pasaban de ser meras»ocurrencias», así como en teatro, hasta incluso ser candidato a la dirección del Centro Dramático Nacional hace ya unos cuantos años) y he comprobado cómo el talento real era sustituído por la propaganda publicitaria cuando no por el clientelismo político.
    En el mundo de la literatura o la música ocurre exactamente lo mismo. No digamos en ese cine subvencionado y fagocitado por los de siempre.
    Todo ello es posible cuando la sociedad se ha debilitado previamente y la ignorancia, la desgana o la comodidad, han hecho posible los «sucedáneos» (científicos, artísticos, sociales y políticos)servidos por la gran máquina de propaganda: la televisión.
    Nada es casual. Para someter a sociedades hay que tener unos objetivos y esos -mucho me temo- no son la incentivación por el conocimiento o la cultura.
    «¿Cultura o basura?» es la pregunta que se hace James Gardner, crítico de arte de»National Review». «Al natural. La verdadera historia del mundo del arte»de Anthony Haden-Guest o «La palabra pintada» de Tom Wolfe, también indican unas pautas para entender cómo las modas, los intereses o el dinero guían la creación artística. Pues bien, desde la simpleza de Wharhol: «es arte todo lo que el artista dice que es arte», hasta nuestros días, lo cierto es que estamos comprando, produciendo y subvencionando subproductos culturales que son basura. El supuesto «arte digital»no es más que una herramienta artificial de «amplio espectro» que no puede satisfacer nunca ni sustituir al arte de verdad, sino engañar a los bobalicones de las tecnologías y hacer caja de la ignorancia. El colmo son ahora las NFT, simples reproducciones de imágenes vendidas a precio de oro.
    He pasado estos días por una feria de arte en el Ayuntamiento de Madrid, donde una gran variedad de obras se realizan sobre iconos infantiloides o «deconstruyendo» a Van der Weyden (por ejemplo). La triste realidad es que no hay nada nuevo bajo el sol en el mundo del arte o de la cultura, todos llenos de estereotipos repetidos, cuando no de mensajes doctrinarios.
    Un saludo.

  2. Alicia dice:

    No sabría, es decir, no sé pronunciarme acerca de si una creación digital puede calificarse de arte o no. Pero sí me tomo el atrevimiento de opinar que por qué no; o, incluso, aunque no sea propiamente arte en el sentido tradicional de la palabra, por qué no ha de ser aceptado simplemente como creación salida de la mano y de la mente de alguien que, en el momento de realizarla, estará en un determinado estado de ánimo, sujeto a algún tipo de pensamiento o de sensación o de emoción, del mismo modo – y sea cual sea el pensamiento o la sensación o la emoción – podría estarlo a la hora de agarrar un pincel para pintar un cuadro o papel y pluma para escribir un ensayo, o un poema, o lo que sea…
    Pienso que lo que cada persona hace es único e irrepetible, y que cualquier forma de expresar la individualidad de cada uno es perfectamente válida. Otra cosa es, y eso reconozco que es cierto, que (aunque no entiendo mucho, ni poco, de tecnologías ni de técnicas y puedo decir tontadas) la obra digital puede ser repetida tantas veces como se quiera y no poder, por tanto, apreciarse en las copias la “verdad” que estaría conteniendo el original.
    Pero, según un criterio tan rígido como (a mi corto entender) aplicáis, habríais también de considerar que la obra literaria nada más sería válida cuando estuviéramos teniendo delante el manuscrito original, y en su idioma original, y sin embargo todos leemos libros impresos, y traducidos, además, desde idiomas tan extraños y desconocidos que si conociéramos la lengua del que lo escribió nos quedaríamos tal vez perplejos al ver que del manuscrito a lo editado media un abismo. Pero leemos libros y decimos “he leído este libro de Fulano de Tal”, Fulano que quizás pondría el grito en el cielo clamando “¡Cielos, yo jamás escribí eso!”.
    Y, por otra parte, hay efectos y contrastes y transparencias y texturas y superposiciones que sólo se pueden (creo) lograrse por medios digitales; o, aun pudiendo sin duda estar yo equivocada, aunque lo mismo pueda lograrse con el arte de toda la vida de Dios que con el arte digital, estoy (creo) segura que el ojo del experto apreciará la diferencia.
    Y si hay diferencia es que algo hay en el “uno” que no lo hay en el “otro”.
    Esta misma mañana, sin ir más lejos, he estado visitando una exposición de arte moderno y me he tenido que poner las gafas de cerca para leer los letreritos y enterarme de la técnica utilizada. Y me ha gustado muchísimo todo lo que he visto. Pero, ya digo, no soy ni de lejos ni para nada experta.
    Pero, también digo, que por qué no encajar de manera abierta, o aquiescente, o como pueda llamárselo, que cada época lleva y conlleva sus formas y maneras de expresar y plasmar el sentir de quien las vive. Y si estamos, como parece ser que estamos, en tiempo de una profunda crisis, por qué no dar tregua ni cuartelillo a qué pueda ser lo que venga, y aunque hoy por hoy, pueda parecernos disparatado, o grotesco, o tomadura de pelo.
    Y es que, la verdad, a mí nada me parece tomadura de pelo. El que crea lo que cree, ahí está su obra, y el observador, o lector, o escuchador, que aplique su propio criterio para el “me gusta” o el “no me gusta”.
    Y que algún motivo tendrá (tanto como todos miramos el dinero, y los ricos creo que más) alguien para, por ejemplo que se me viene a la cabeza aunque no es digital, pagar ciento y no se cuantos miles de euros por un plátano (plátano de verdad que se chuchurria) pegado con cinta adhesiva a una pared.
    Y si es verdad que cualquiera podemos decir “eso también lo hago yo”, no es menos cierto que no cualquiera tuvimos la ocurrencia de hacer lo que hizo el que lo hizo antes de que ese mismo que lo hizo lo hiciera.
    Besos (digitales)

    1. O'farrill dice:

      Estimada Alicia: creo que no toda iniciativa, ocurrencia o capricho salido de la mano del hombre (aunque esta sea digital o industrial, ya que muchas de las obras se realizan por otros)pueda ser considerado como una creación artística (aquellas que aportan algo ala historia del Arte), sino simples formas o herramientas de expresión para lograr unos fines muy diferentes por quienes las utilizan.
      En el siglo XX explotaron los «ismos» dando paso a un «todo vale» basado en la libertad de acción. Perfecto. En cuanto ese «todo vale» se pretende que sea público y se presente como obra de arte, obra literaria, musical, etc., se somete a la opinión, acogida o rechazo del público, cuya diversidad, formación, conocimientos y experiencias, van a determinar su actitud ante lo presentado. Tan libre es el supuesto creador de enseñar lo creado, como el público en adoptar una posición más o menos crítica e incluso de rechazo, ante lo presentado.
      En la literatura no es la caligrafía del escritor lo que importa como creación (de ahí que no sea necesario el manuscrito que siempre se valorará más)sino el contenido de esa literatura editado de una u otra forma y, como en el arte, sujeto a crítica libre, tan libre como la creación del texto.
      En todo caso, una cosa es la libertad espontánea de expresión y otra diferente la expresión forzada por circunstancias e intereses ajenos al sentimiento creativo personal.
      Un cordial saludo.

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