La Ministra de Defensa alemana (y candidata a suceder a Angela Merkel) está pasando estos días algunos apuros a cuenta de una cierta discrepancia entre la formación presuntamente recibida, según su CV, y la realmente realizada, y no solo porque, al parecer, se hayan detectado algunas irregularidades en su tesis doctoral, sino porque el portavoz de la Universidad de Stanford, donde dijo haber cursado estudios, afirmó que “nunca estuvo matriculada en un programa oficial de la universidad”.

Esto en países como Alemania, o cualquier país anglosajón, en los que la credibilidad tiene importancia, se considera una falta grave. Posiblemente en el nuestro, acostumbrados como estamos a lo intolerable, pasaría más desapercibido. Pero la anécdota nos permite reflexionar sobre la formación de nuestros políticos ahora que estamos en vísperas de una larguísima campaña electoral.

Si hurgamos en la página web del Congreso de los Diputados podremos ver que, por ejemplo, José Luis Ábalos Meco, además de ser Diputado, está casado, es “maestro” y “Consultor Cooperación Internacional”. También podremos pinchar en su “declaración de actividades” y en su “declaración de bienes y rentas” y cotillear en lo que tiene. Todos estos datos están muy bien y favorecen la transparencia en la actividad de nuestros parlamentarios. Pero quizás sería más interesante saber cuál es el nivel cultural de quien aspira a representarnos.

Tras el Consejo de Ministros de turno, oí a la Vicepresidenta del Gobierno repetir de nuevo, a cuenta de Cataluña, aquello de que nadie está por encima de la ley ya que la ley es expresión de la “voluntad popular”. Obviamente, en la teoría política de la democracia representativa, esto es cierto en cuanto nuestros parlamentarios son elegidos por el pueblo soberano y en nombre de este aprueban las leyes que a todos nos rigen. Sin embargo, esta delegación y esta transferencia de la voluntad popular al representante electo se convierte en un arma peligrosa en manos equivocadas. ¿Cuántos parlamentarios hay que realmente conozcan y entiendan las leyes que se debaten y aprueban en el Parlamento?

Si la ley es la expresión de la voluntad popular y todos estamos por debajo de ella, ¿no deberíamos preocuparnos sobre las personas a quienes atribuimos un poder tan brutal? No hace falta decir que, de los 350 diputados del Congreso, los ciudadanos más formados no conocen a más de 10 por su nombre y apellidos y desde luego ignoran la formación o el nivel cultural de todos ellos. ¡Qué decir de los 266 senadores que tenemos actualmente!

Las funciones esenciales del Parlamento son aprobar las leyes que nos rigen, aprobar los presupuestos del Estado, controlar la acción del Gobierno y elegir al Presidente del Gobierno (esta última es exclusiva del Congreso). Es decir, ejercen funciones que nos afectan en el día a día y que, sin darnos cuenta, están configurando el modelo de sociedad en el que vivimos.

¿Sería mucho exigir que quienes aspiran a tan altas funciones acrediten que son personas cultas y formadas?

Si entramos en la web de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos sin duda recibimos más información. Así, podemos comprobar cómo Bradley Byrne nos cuenta que es licenciado en Derecho por la Universidad de Alabama, ha practicado el Derecho en Mobile más de 30 años y “siempre ha estado activo en la comunidad local a través de varios servicios y organizaciones para el desarrollo económico”. También nos explica cuál ha sido su vida profesional y nos enlaza con su blog donde expone su opinión sobre diversas cuestiones políticas y cuelga sus videos con sus intervenciones más relevantes.

Toda esta información está muy bien y es muy interesante, pero tampoco nos permite saber si Bradley Byrne tiene la suficiente cultura como para aspirar a regir el destino de todos.

Damos por hecho que cualquier parlamentario tiene por lo menos un título universitario, pero también sabemos que ese título ni garantiza que conozca la especialidad en la que se ha graduado (al menos así ocurre con el título de licenciado en Derecho), ni, por supuesto, que haya adquirido un nivel cultural mínimo.

Así, si hiciéramos un test a nuestros parlamentarios en el que les pidiéramos, por ejemplo, que nos citaran varias obras de nuestro Premio Nobel de Literatura, Vicente Aleixandre, posiblemente pocos serían capaces de citar alguna. Si además requiriéramos que hubieran leído alguna de sus poesías nos quedaríamos sin candidatos. Y lo mismo podría decirse de cuestiones científicas, filosóficas o incluso históricas.

Y, sin embargo, resulta evidente que el cambio social que todos anhelamos solo se va a producir cuando quienes nos gobiernen sean dignos de la responsabilidad que ejercen. Y sólo pueden serlo si tienen una vasta educación en el sentido renacentista del término. Está muy bien, como no, que un buen número de parlamentarios sean licenciados en Derecho o Economía, dado que son dos ramas necesarias para entender el funcionamiento de sociedades tan complicadas como las nuestras. Sin embargo, por mucho que sepan de Derecho o de Economía, si no tienen una cultura polidireccional, no van a saber comprender los problemas a los que se enfrenta el ser humano ni esbozar un modelo de sociedad más justo.

En otro artículo se señalaba cómo un 80% de nuestros parlamentarios o bien eran funcionarios, o bien eran licenciados en Derecho y las consecuencias que eso tenía en la percepción de los problemas y en la definición del modelo social. En dicho artículo se reclamaba una mayor presencia en política de personas con una formación más humanista, que se hubieran ocupado del estudio de las distintas corrientes del pensamiento que han intentado responder a las grandes preguntas que siempre han perseguido al hombre y que ninguna sociedad (y mucho menos esta) se ha atrevido a afrontar.

En realidad, me da lo mismo cual haya sido la especialización académica de un aspirante a político, siempre que sea una persona que se haya ocupado a adquirir una cultura plena. Sería brutal el cambio social que se produciría si nos gobernara gente así.

Pero claro, el primer paso es que la ciudadanía aspire a este tipo de gobernantes y no al modelo actual, carnaza de programa de Tele 5. Y solo una sociedad cultivada aspirará a tener políticos cultos. O, al menos, una sociedad en la que sus iconos no sean los Cristiano Ronaldo de turno sino, por ejemplo, los científicos sin nombre que descubrieron la vacuna del ébola.

Pero mientras el sueño se cumple, no es bueno quedarse cruzados de brazos. Ya sé que la cultura es difícil de medir y que está relacionada más con una actitud de cultivarse que con amasar datos, pero sí es relativamente fácil determinar quien es un ignorante y certificar su “ineptitud para la política”. Una saludable limpieza de morralla partidaria.

En este país exigimos titulación y autorización para todo. Pero cualquiera nos vale para hacer una ley. Y así nos luce.

Un comentario

Una respuesta para “Examinemos a los políticos”

  1. Loli dice:

    “Dirijo un partido limpio, y aspiro a gobernar un partido limpio” (Pedro Sánchez , candidato de Partido Socialista Obrero español a la Presidencia de la Nación).

    “El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto” palabras copiadas de Karl Marx y que se las dirigió a su amigo Ludwig Kugelmann…hace ya un tiempecito…en 1871. (Pablo Iglesias, candidato de Podemos a lo mismo).

    “Lo mejor de lo que pasó la semana pasada es que ya pasó y que ya se resolvió y zanjó” (el actual Secretario de estado de Relaciones de las cortes y Portavoz de Ejecutivo).

    Hay muchos más…de todos los representantes principales, y no tan destacados también, de los partidos aspirantes a gestionar esta Nación.

    Ya sé que son frases “sacadas de contexto”. Pero es que si vamos a ese “texto”…no encontramos cosas mucho más elaboradas..

    He leído que el Ateneo de Madrid, fundado en 1835, fue el centro de una intensa actividad cultural, donde conferencias y debates se convirtieron en objetivo de trabajos que versaban alrededor de muchas materias.

    Literatura, filosofía, ciencia, parece que todo se debatía, y lo más interesante: “se convirtió en vivero donde se practicaba la selección de la clase política, en un segundo Parlamento, en el refugio de la oposición” (Paul Aubert, sacado del libro La Historia de España de Joseph Perez).

    Intelectuales que… independientemente de mayores o menores aciertos en sus devenires políticos, parece que tenían una formación desarrollada en un momento de la Historia de España muy mediada por la Institución Libre de Enseñanza, y que planteaban, entre otras cosas que la evolución de la sociedad pasaba por su instrucción, por llevar la cultura a una población, en su mayor parte excluída de ella.

    Aquella intención pudo fracasar en muchos aspectos, e inclusive ser utilizada y provocar abusos y situaciones indeseadas..No sé ..la Historia está ahí para bucear en ella desde todas las fuentes posibles.

    Pero me quedo con esa actitud ahora parece brillar por su ausencia: el interés de una llamada en su momento “clase intelectual”, destacada en muchas materias, y brillante en muchos aspectos, que luego quiso ser política y elevar el nivel de cultura y formación de su pueblo.

    No me imagino a un Miguel de Unamuno, ni a un Manuel Azaña, haciendo discursos, o dando conferencias que recordasen a “anuncios de detergentes”, a “perogrulladas”, o copiando frases de otros, o si alguna vez hubiese ocurrido, seguro que no pasaban desapercibidos, que alguién se daba cuenta y lo hacía ver, y que eso era causa, como mínimo, de “sonrojo”, cuando no de “vergüenza”.

    Nada de eso pasa ahora, y “así nos luce”, como temina Isaac su artículo.

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