Improvisaciones suicidas

Escribo esto poco después de disfrutar una de las más increíbles hazañas en el mundo del deporte de los últimos años, en la penúltima etapa del Tour de Francia más atípico de la historia; el que ya no será recordado por las mascarillas, las burbujas o los PCR a todo el pelotón sino por la fantástica cronoescalada en la que, una vez más, la épica del deporte se ha impuesto a la racionalidad de los watios/kg.

Empezaré diciendo que soy un fanático del ciclismo -hasta el punto de que puede que me aficione a Masterchef solo porque está Perico Delgado- y que me parece el deporte más duro y épico que existe. Me encanta practicarlo (saber sufrir y el viento en la cara al coronar…¡maravillosa sensación!) y también verlo por la televisión (incluso las etapas llanas que acaban al sprint), puede qué porque me aficioné en otra época, una que duró hasta hace solo unos años, antes de que los pinganillos y los potenciómetros restasen al deporte de un componente de sorpresa en el que cada carrera, para aquellos a los que nos gustaba, era mejor que una serie de Netflix: estaban los buenos (al menos para cada aficionado; mis buenos pueden no tener nada que ver con los tuyos), los villanos, los amigos del bueno que le arropan en la montaña y los aliados del villano que tienden emboscadas en forma de abanicos… El héroe era capaz de lo mejor y de lo peor, destrozando la carrera a cien kilómetros de meta para ganar minutos o de desfondarse en el último puerto para perder media hora, y cada etapa de una gran vuelta era una oportunidad para la sorpresa en forma de ataques lejanos e inesperados donde daba igual la superioridad que demostrase el líder porque la caída podía esperar en cualquier curva al mejor bajador y de una “pájara” no se libraba nadie, y cuando llegaba era devastadora.

El ciclismo era un deporte de épica y sorpresa, donde un gran campeón como Hinault (uno de los más grandes) sacrificaba su carrera deportiva llevando su cuerpo al límite atacando como si le fuera la vida en ello en una etapa en los Alpes cuando ya tenía la carrera ganada, o cuando Coppi (un uomo solo al comando) cabalgó en solitario 192 kilómetros para destrozar e imponerse en el Giro de 1949.

En los últimos años, no obstante, esta épica está perdiéndose debido a la tecnificación, la racionalización de los entrenamientos y a que todo está medido, calculado y controlado. ¡Naturalmente que quedan momentos para la épica!, pero ya no es lo mismo: el director en el coche tiene todos los datos de sus corredores, los de sus entrenamientos desde el principio de la temporada y sus parámetros del día anterior; sabe cómo van y como están y les ayuda a regular, además hay mucha gente que vive de esto y los sponsors al final lo que quieren es resultados, lo que vuelve a muchos conservadores: hay que ganarse el contrato del año que viene y nadie se acuerda de un ataque épico cuando después acabas a 10 minutos del ganador… gana el mejor, casi siempre, pero muchas veces de forma gris.

Por eso resulta tan maravilloso ver una etapa como la penúltima de este Tour de 2020, en la que el jovencísimo Tadej Pogacar ha ganado la carrera contra todo pronóstico y contra toda lógica, imponiendo el ansia, la voluntad y el talento a la tiranía de los watios en el potenciómetro.

Y por eso me resulta tan curioso que, mientras en el deporte (en el ciclismo, pero también en todos los demás deportes profesionales) los datos, la técnica y la racionalidad están llevando a una mejora constante de resultados (aunque a veces los hagan menos vistosos) en la vida pública los criterios de racionalidad, la lógica, el análisis de los datos y la planificación brillan por su ausencia, como está quedando claramente demostrado con la gestión que se está haciendo de esta pandemia.

Siento traicionar así al que esté hasta las narices del tema, pero es que esto del coronavirus es como antes lo de la independencia de Cataluña, un tema del que es imposible sustraerse, solo que este tema sí es serio de verdad, no un juego para distraer a las masas de los verdaderos problemas, como desde mi punto de vista era lo otro: un virus que colapsa el sistema sanitario y de paso destroza la economía sí es un problema de verdad.

Y siento aún más meter en el mismo post a héroes de leyenda como Coppi e Hinault y a políticos mediocres como los que tenemos, ya que me parece una enorme falta de respeto hacia los primeros, y les pido perdón por ello, pero lo necesito para defender mi tesis, ya que lo mismo que hace al ciclismo de ahora más aburrido que el de hace unos años es lo que le falta a nuestra clase política y hace que no piense volver a ir a votar, al menos hasta que esto cambie. En el deporte profesional la gente sabe de qué va su tema; los políticos, y los técnicos politizados de los que se rodean, o al menos a los que escuchan, no.

Comparemos el caso de la preparación de un Tour de Francia por parte de un ciclista profesional con el de la gestión del coronavirus por parte de los responsables políticos.

Todos los ciclistas del pelotón actual conocen perfectamente su cuerpo, llevan una dieta rigurosa (a veces demasiado) y entrenan con objetivos claros y métodos científicos. Todos saben leer sus potenciómetros, ellos y sus entrenadores estudian al detalle los recorridos de las carreras y, cuando se juegan algo, saben perfectamente donde apretar, donde descansar y que se espera de ellos: el gregario sabe cuándo tiene que ayudar a su líder y el líder cuando llegó su momento… Naturalmente luego el entorno es cambiante y nadie está libre de una caída o de una enfermedad, y por supuesto da igual lo que diga tu potenciómetro cuando el de al lado está más fuerte que tú; pero todos, desde el mecánico al que se sube al podio, pasando por los directores deportivos y los gregarios, conocen su tema. Todos conocen el recorrido al dedillo, han visitado las etapas clave antes de que empiece la carrera y estudian a los rivales como si les fuera la vida en ello: porque les va su sueldo en ello…

Por el contrario, veamos a nuestros políticos y su gestión de esta crisis: soy de los que piensan que la gestión de la primera fase fue nefasta, y la única justificación que se dio en su momento es que “nadie estaba preparado para esto” … bien, aunque no me lo creo porque se veía venir, aceptemos la mayor. ¿Y ahora qué? ¿Ahora tampoco sabías lo que se venía encima? Seis meses después de que nuestros avispados líderes empezasen a ver las orejas al lobo y tres después de que se diese por vencida la primera batalla (pírrica victoria: niños encerrados, economía destruida, miles de muertos y sanitarios agotados) llega la segunda ola, algo que todo el mundo sabía que llegaría y no se ha avanzado nada.

La respuesta a esta segunda oleada, a la que se llega con un mayor conocimiento del enemigo, debería haber sido preparada por técnicos, en base a datos y con recursos reforzados. Sin embargo, no es que haya gente preparada que tienen un plan, es que ni siquiera hay “un uomo solo” cargado de épica, sino la misma clase política que evade responsabilidades, se pone de perfil y actúa solo en base a criterios electoralistas sin preocuparse, no ya por su pueblo, sino siquiera por su primera línea de combate, el sistema sanitario, que llega a la segunda batalla diezmado por el agotamiento y la falta de refuerzos y medios.

Lo de improvisar de forma suicida es precioso en una etapa alpina del Tour de Francia, con final en Alpe d’Huez y antes de coronar La Madeleine y el Glandon, pero no es admisible en mitad del desafío más importante al que se enfrenta este país desde el final de la Guerra Civil.

4 comentarios

4 Respuestas a “Improvisaciones suicidas”

  1. Loli dice:

    Sinceramente, creo que este enlace es, como poco, interesante de ver y arroja algo de luz ante la ciénaga de confusión de datos, recomendaciones, imposiciones, restricciones y medidas contra la salud, que se nos están imponiendo:

    https://www.youtube.com/watch?v=BH2cion3YpM

  2. O'farrill dice:

    Hay un interesante artículo: «Teoría de la interferencia inmunológica entre los polisorbatos parenterales y el SARS-CoV-2. Papel de las C-lectinas», de un equipo del Hospital de Barbastro, firmado e identificados sus autores, que quizás merece la pena leer con calma. ¿Se lo han leído los políticos? De los supuestos «expertos anónimos» no sabemos nada. Es más, que no existían. Aunque sólo fuera una teoría ¿no merecería la pena investigarla? Pues no, ya han entrado en juego los nuevos censores para desacreditarla. Hay que ir otra vez al artículo de Manuel sobre la libertad de pensamiento…Un saludo.

  3. Ligur dice:

    Pues si O’farrill, claro que son conocedores de ese estudio de los de Barbastro, pero se lo han pasado por el arco del triunfo. Simplemente, ese estudio y conclusiones no entraban en sus planes y lo han desechado como la paja del trigo.

    Es vergonzoso, irritante e impotente, ver, como estamos en esta vieja Iberia, la cantidad de barbaridades conscientes que se van sucediendo día a día desde que nos invadió el virus. Ya no creo que todo sucediera por incompetencia, inutilidad y por un no saber hacer, creo que la criminalidad ha sucedido por incompetencia, inutilidad y por un no saber hacer.

    Lo han hecho aposta. Llego a creer, que la existencia de este Coronavirus (por que existe, pero no como nos lo quieren colar), responde a un plan de manipulación masivo, de ahí, que este gobierno actúe de esta manera tan torticera, obedeciendo como no podría ser de otra forma.

    Quieren hundir España a toda costa este gobierno de Social-Comunista, o lo que es lo mismo, este golpismo organizado, oligárquico, arrodillado ante la agenda globalista, apoyándose en partidos inconstitucionalistas y también algunos constitucionalistas traidores, jueces y fiscales vendidos y renegados y medios de comunicación bien untados.
    La agenda 2030 tiene que cumplirse si o si, España sería la primera en caer y de conseguirlo, las demás irán cayendo en el tiempo como fichas de dominó, Europa y América Latina. Tal es la maldad que estos siniestros personajes quieren imponer.

    Esta es la infame y criminal agenda globalista de la que reniego, como renegaron de satanás y en mi nombre, mis Padres y Padrinos en mi Bautismo.

    PD.
    A ver Sr. Ponce, me gusta su ímpetu y afición al ciclismo, y como se ve, es un exhausto conocedor del mismo, lo vive de verdad. Reconozco que es un excelente deporte.
    No se me enfade, pero decir que se ha hecho aficionado a masterchef porque en ese programa aparece un ídolo de su deporte favorito, creo que con esa declaración, esta haciendo apología de la idiotez y borreguismo (sin llamárselo a Ud.)

    Saludos de Corazón

  4. pasmao dice:

    Clarificadora columna Don Raúl

    El ciclismo que mas me ha interesado es el de montaña, porque tengo pánico a los coches y cuanto menos asfalto vea, pues mejor. Pero reconozco la grandeza de las carreras cómo el Tour, la Vuelta y demás.. es mas, de cara a la competición me parece que sólo la puede haber en carretera. No comprendo la competición en el monte, bien en bici, corriendo, con esquí de travesía.. yo nunca he ido al monte a competir con nadie, casi ni conmigo mismo.

    Por lo demás ocurre algo muy sencillo, el ciclismo, cómo otros deportes llaga a una gran cantidad de gente porque sus reglas son muy sencillas, y muy transparentes a la hora de ser interpretadas. Además las bicis son mas o menos iguales todas. La diferencia la pone quien pedalea.

    El que se haya introducido el mundo de las estadísticas.. cómo en esa película de béisbol es una anécdota mas de adonde nos llevan los tiempos.

    Ello estimula al máximo la meritocracia.

    Nos contrapone el mundo de la política y cómo es posible que estos esgarramantas que nos mandan disfruten de tanto poder pese a su absoluta incompetencia.

    El problema es que no es sólo en la política. Hace poco conocíamos que dos señoras del anterior gobierno de Rajoy han ido de manda algo a Brasil y México a cuenta de una empresa dicen que de energía.. algo que por otro lado es habitual. La pregunta es cuanto del personal que mas cobra un buen pico en las empresas del IBEX, las que están en régimen de oligopolio y dependen del BOE, están en eso; y hasta que punto el que se las admita es también para que haya toda una panoplia de Borja Maris (educados en el mas puro snobismo que hace seguidismo a las universidades de élite USA) que tampoco tienen ni idea pero si muy buen acomodo.

    Algo que no creo que encuentren en Inditex o en Mercadona, que si se caracterizan es porque tienen que pelear un mercado muy competido a cara de perro todos los días.

    Pero no nuestra banca, energéticas (electricidad gas/gasolinas…), constructoras (el cemento SEPánico..), telecos (ahí hay algo mas de competencia).

    Ya en otras ramas de la Administración cuantos abogados añejos se mesan los cabellos ante las nuevas generaciones de notarios, registradores, abogados del estao, … Y en los propios Jueces que pasa con esos de 4º,3er, turno..

    Y si esos son los que valen.. que filtros podrá haber con los que no valen.

    Lo peor es que al final hasta parece que les pueda salir bien. El personal que tanto exige a médicos, ingenieros, deportistas, les votará cómo si nada .. y si no fuera así me temo que harán un pucherazo (NUNCA nos dicen el desglose del voto mesa per mesa) que los medios santificarán.

    A mi es la parte que mas me duele y desespera.

    Las tragaderas del personal para asistir a un tongo, cómo esos combates amañados de lucha que ponían por la tele para que los vieran los ¡¡¡ niños !!! .. con un locutor (¿Héctor del Mar?) que exageraba cada acción hasta el infinito.

    Sólo que ahora el personal va y se lo cree.

    Y hasta se atreven a darnos lecciones de ética (o «hética») deportiva.

    Un muy cordial saludo

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