Pocos podíamos imaginar que esto fuera a acabar así. El bipartidismo establecido por las dos Españas en consenso, para garantizar la gobernabilidad en una democracia incipiente y novedosa en nuestras tierras, acaba en una auténtica parodia a fuerza de persistir en errores de principio que se han ido acumulando a lo largo de decenios. Parodia cómica al estilo español, en la que ya se sabe que lo cómico no es cómico sin su adecuada dosis de tragedia, Arniches y Valle-Inclán escribiendo el libreto, y Jardiel Poncela a la sombra…

Cuando algunos analistas enfatizan en el carácter seguidista de la conciencia política ciudadana, heredada del régimen anterior, están advirtiendo de la tentación partidista de utilizar una mentalidad poco avanzada y primaria del conjunto de la población en su provecho. Y así ha sucedido, pues el lento e inexorable declive de la “calidad democrática” ha ido en ascenso, hasta alcanzar altas cotas de mediocridad, siendo su punta del iceberg la ausencia clamorosa de líderes válidos que catalicen el sentir colectivo, pues el único perfil dominante que se divisa en este pésimo panorama es el de “gestores de lo público”, sin un ápice de iniciativa, creatividad e imaginación, en las propuestas lanzadas, y con una alarmante falta de impulso y de la garra necesaria para la importante acción de gobierno.

Y es que vivimos desde las sentencias de las estadísticas, que como principal herramienta política en la acción de gobierno, se han querido convertir en el eje principal de la vida un país. El fonendo de los políticos son las encuestas del CIS, como espejo y escaparate de todos los grupos, pero que lejos de medir, por ejemplo, la intensidad de los latidos se queda simplemente en la simple frecuencia cardiaca.

Es de suponer que sucederá en el resto de países de nuestro entorno que las relaciones que establecen los partidos con la ciudadanía tengan como punto de partida exclusivamente el cuerpo electoral; es decir la causa y el efecto de que unos se mantengan en el poder y otros puedan alcanzarlo, pero ya no es que escame que se les haya visto el plumero, es que están todas las cartas boca arriba con total descaro.

Democracia no es un sistema político basado solamente en elecciones, sino principalmente debería ser una cultura colectiva sobre las realidades de lo público, cuyos canales son los partidos y las votaciones. Pero, a base de invertir los principios, hemos logrado lo contrario: que las votaciones a los partidos garanticen su acceso al poder público y los programas acaben siendo casi anecdóticos en la acción de gobierno posterior.

Si a esta sensación generalizada de que el ciudadano es poco más que la coartada para que unos u otros gobiernen, le añadimos el apestado fenómeno de la corrupción, también generalizada, y la mencionada y completa incompetencia de los cabezas de lista para dirigir un país más allá de los resultados económicos, no queda otra que irse a otro lado, o dejar de votar indefinidamente, o clamar urgentemente por la doctrina de la fe. Y es que se van a  enterar de que no estamos para tebeos, y que el sufrimiento considerable de una parte importante de la población ha producido un tremendo cabreo, y que ofendida y seriamente dolida con todo esto, ha pasado sobradamente las líneas rojas.

Habremos de apelar al subconsciente de Francisco Ibáñez, creador de Mortadelo y Filemón, o a su inusitada capacidad premonitoria, para dibujar un país en un tebeo infantil simpático. Porque Filemón, gris y poco inteligente, directivo y ejecutor, obediente y funcionarial, define a la perfección el estilo político caricaturizado de uno de los grandes partidos nacionales. Su misión es muy básica, resolver los problemas encomendados y poco más, y para ello utilizará las formas establecidas de antemano, porque más allá de los estándares todo para él es inasumible riesgo y aventura. Todo, desde su punto de vista, es muy simple, se trata de que la gente vuelva a recuperar el poder adquisitivo perdido con la crisis, y retomar esa ficción colectiva de “nuevos ricos” que añoramos tanto como un mal destete. Su análisis no pasa de ahí, y todo se cifra en datos y estadísticas sobre lo económico, y si alguien se pasa de la raya, con llamarle subversivo y tratarlo como tal tiene suficiente. Apela permanentemente a la parte más cicatera, consumista y acomodada del lector/elector, apoyándose en los beneficios que esto proporciona y convirtiéndose en el gran defensor del aspecto más cutre de la clase media acomodada e inmovilista.

Y es que este hombre no se entera de nada de nada, porque si los escándalos de corrupción salpican al más pintado pues con unas leyecitas plantadas por los propios colegas de los corruptos salimos adelante; que si una plataforma ciudadana de hastiados de tanta porquería se alinean para hacerse con el pastel, pues vamos con sucesivas campañas que destapen sus triquiñuelas, para que las cosas no vayan a más; que si los territorios periféricos cada vez tiran más para sus propios beneficios, con alzar una plegaria a la Santa “sangre no llega al río”, y poner unas velas, es suficiente. ¡Qué auténtico sentido de Estado!

Por otro lado tenemos al otro gran partido nacional a lo Mortadelo, que con esa fabulosa capacidad para adoptar el disfraz más conveniente, consigue sus objetivos a base de no casarse con nadie para seducir al electorado. Si llueve, paraguas, si está despejado ropa de moda, si nieva abrigo, y si calima en bañador, al final nunca se sabe hasta llegada la ocasión qué ropajes vestirá. Independentista si se tercia, patriota en los gobiernos, aliado del que se hace necesario, o moderno socialdemócrata aunque huela a naftalina. Tan efectivo como su compañero, pero siempre dando la impresión de un “todo vale” envuelto en progresía popular o de la fina, según se tercie; firme defensor de un estado de bienestar cuando ejerce de oposición de la que luego tiene que desdecirse cuando gobierna, resulta tan persuasivo con sus políticas sociales que aunque todo se vaya a pique, en eso nos hace a todos ultra conservadores e infalibles contra todo recorte que afecte a la población. Porque cuando a Mortadelo lo cogió un psicoanalista y le diagnosticó de narcisismo compulsivo, se le escapó del diván, y aplicó la idea a su quehacer político constante.

Y es que este hombre no deja pasar ni una, porque si hay un conflicto de intereses, ahí está él para apoyar al más fuerte mediáticamente; que si hay un problema territorial, con definir, redefinir, formular y reformular el problema convenientemente, surgirá una fórmula magistral desconocida en la que él tendrá siempre el papel protagonista. Y si fuera el caso de que le salpicara la corrupción, aunque sea cuatro veces más que a su detectivesco jefe, saca el disfraz de ofendido entre los ofendidos, mientras entorpece  como nadie las investigaciones al respecto. ¡Qué profundo sentido de lo Propio!

Ninguno de los dos se acaban de enterar de que cuando en una pareja, como la de político – ciudadanía, uno de los dos pierde toda la credibilidad, el inevitable dilema es o divorcio o refundación terapéutica, ya que de mantenerse la relación lo que es seguro es la infidelidad, en este caso de la segunda, la despechada. Lo auténticamente más destructivo, y que volveremos a pagar todos.

4 comentarios

4 Respuestas a “LA AVENTURA DE MORTADELO Y FILEMÓN CONTRA LOS ÁTOMOS DEL CIS”

  1. Inés dice:

    Un regalito, Señor Carlos Peiró ( risas)
    Para que luego digan que no es posible adivinar el futuro…

    http://www.publico.es/culturas/barcenas-protagonista-del-proximo-numero.html

    También es posible que aunque no comenten, ya sabe usted que hay pocos artistas de la palabra y muchos copiones..
    ( me he reído mucho al leer la noticia)

    » este álbum número 200 se titulará «El tesorero» y se publicará el próximo 8 de abril»
    Saludos

  2. Jose Maria Bravo dice:

    Divertido y lisonjero articulo. Hay que respirar un poco de tanta parodia periodistica e irse a dar un baño al Manzanares y que vuelen los patos y las enaguas de las majas goyescas. A ver si visitamos el Prado y leemos menos los discursos de los de siempre, como siempre.

  3. Jose Maria Bravo dice:

    Aclaro. Lisonjero en el sentido de agradable

  4. Miguel Ángel Prieto dice:

    Sr. Peiró, Cómo ya no me acuerdo de estos personajes humorísticos no llego a comprender la totalidad del mensaje. Sin embargo, comprendo perfectamente su estilo. No me extraña que Usted sea un verdadero experto en el Comportamiento Humano. Tal vez le interesen los Grupos que existen en LinkedIn sobre «Systems Thinking». Yo comencé uno hace años sobre este tema – Systems Thinking and System Dynamics Practitioners Worldwide – y otro sobre » Memes, Memos, Virus of the Mind – Spiral Dynamics».
    Gracias por este blog y por sus artículos. Lo recomendaré desde mis dos blogs cuando decida las líneas generales de ambos. Uno será en castellano y el otro en inglés.

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