La enseñanza concertada

“En la base del orden social moderno no está ya el verdugo, sino el profesor. El símbolo y principal herramienta del poder del estado no es ya la guillotina, sino el (y nunca mejor dicho) doctorat d’état. Actualmente es más importante el monopolio de la legítima educación que el de la legítima violencia (Ernest Gellner, “Naciones y nacionalismo”).

La cita puede parecer exagerada, pero, bien pensada, no lo es. En mi último post os recomendaba un libro del coronel retirado, Pedro Baños, titulado el dominio mental, en el que cuenta como el campo de batalla de las actuales guerras es la mente de cada uno de nosotros.

En esa guerra, una de las herramientas de control más eficaces sigue siendo la educación, que, por supuesto, lleva en su interior dos potentes fuerzas enfrentadas: la acción liberadora del conocimiento, que despierta la inteligencia y nos transforma en personas capaces de desarrollar un pensamiento crítico; y la doctrina impuesta como barrera a esa inteligencia y como verdadero código que facilita el posterior control de nuestros pensamientos y acciones (eficazmente dirigida, puede introducir las claves que permitan el posterior hackeo de nuestros cerebros a través de palabras o conceptos contra los que estemos inermes, al no permitir un pensamiento crítico frente a ellos). Ambas semillas están presentes. Y dependiendo del tipo de educación, pueden proliferar más unas u otras.

Es cierto que hoy existen otros instrumentos, incluso más poderosos que la educación, para el control del pensamiento (desde los juegos de ordenador que los niños se meten en vena a las series que consumimos gran parte de nuestro tiempo). Y, precisamente, la cultura y la inteligencia son los únicos escudos protectores frente a esas formas de dominio.

Por estas razones, es fácil entender que la educación sea un importante campo en la batalla política: bien utilizada crea “peligrosos” ciudadanos librepensadores; mal utilizada facilita el control de la población por los poderes.

La reciente Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, de Educación no es ajena a esta lucha de poder sobre la enseñanza.

Aunque me salgo del debate, lo primero que hay que decir es que parece poco presentable que se hayan tramitado sumariamente leyes de rango cuasi constitucional (forman parte de lo que se ha llamado el “bloque de la constitucionalidad”) cuando, además, estamos pasando una pandemia “bíblica”, nos encontramos en un estado de excepcionalidad constitucional -como es el estado de alarma decretado hasta el 9 de mayo- y el Parlamento está funcionando a medio gas. Así, la Ley Orgánica de Educación se ha aprobado sin apenas debate. Y le siguen otras leyes orgánicas nucleares, como la de Eutanasia y de Reforma del Poder Judicial. El sosiego con el que deben debatirse este tipo de leyes, que estructuran nuestras sociedades, es absolutamente imposible en un momento de profundo trauma social, como el actual.

En cualquier caso, volviendo a la educación, uno de los puntos más polémicos de la nueva Ley es lo que, desde algunos sectores, se ha catalogado como un ataque a la educación concertada.

En nuestra Constitución se garantiza la gratuidad de la educación obligatoria, que se presta a través de una red dual de centros educativos de titularidad pública y centros privados, subvencionados por el Estado a través del llamado concierto. Estos últimos son los centros concertados.

El debate que está detrás de la concertada es esencial: asumiendo que toda educación incluye ideología, ya sea como condimento o principal nutriente, la pregunta es ¿quién decide qué doctrina se imprime en los cerebros de los niños?

La Constitución española garantiza el derecho de los padres a que sus hijos reciban una educación conforme a sus convicciones religiosas o morales (al igual que hace el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas). El Protocolo al Convenio Europeo de Derechos Humanos añade el derecho de los padres a que los hijos reciban una educación conforme a sus concepciones filosóficas. Y la Carta de Derechos de la Unión Europea suma, a las convicciones religiosas, morales y filosóficas, las opciones pedagógicas.

Por supuesto, en el sustrato de estos derechos de los padres se encuentra el temor a que un monopolio estatal de la educación imponga un pensamiento único y acabe con el pluralismo, que es el verdadero distintivo de una sociedad democrática (a decir del Tribunal de Derechos Humanos).

Desde sus primeras sentencias, nuestro Tribunal Constitucional sentó que no era admisible un monopolio estatal educativo e incluso negó la existencia de un ideario educativo impuesto desde la Constitución, afirmando que esta establece un marco de coincidencias suficientemente amplio como para que dentro de él quepan opciones de muy diferente signo. Por lo tanto, cualquier opción pedagógica que cumpla con los fines constitucionales mínimos, esto es, fomentar el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales, cabría dentro de la Constitución.

Los centros públicos de enseñanza no tienen un derecho constitucional a lo que se conoce como el ideario propio. El TC ha afirmado que este derecho fundamental corresponde en exclusiva a los centros privados (STC 31/2018, FJ 3). Por tanto, para aquellos padres que deseen dar a sus hijos una educación con un ideario distinto del estatal, la gratuidad de la educación obligatoria se les presta a través de los centros privados concertados.

Con la disminución de la natalidad y la falta de cobertura de la totalidad de las plazas en los centros públicos, hace años que algunas Comunidades Autónomas comenzaron a denegar la renovación de los conciertos, sobre la base de una supuesta subsidiariedad de la red concertada. Es decir, sólo daban la subvención al concertado si no había suficientes plazas en la red pública. Desde 2008 el Tribunal Supremo viene rechazando esta subsidiariedad, afirmando que las redes pública y concertada son complementarias y atienden a finalidades constitucionales distintas, por lo que no cabe denegar el concierto por la existencia de plazas en centros públicos, sin tener en cuenta la demanda social de plazas concertadas.

El legislador orgánico ha entrado en este debate y donde antes decía que el Estado garantizará la suficiencia de plazas en centros públicos y privados concertados, en consideración a la demanda social; ahora sólo asegura la suficiencia de plazas públicas y promueve el incremento progresivo de puestos escolares en la red de centros de titularidad pública, sin atender a la eventual demanda social de centros concertados.

Por lo tanto, a pesar de las palabras tranquilizadoras de la Ministra de Educación, parece lógica la preocupación de los padres que llevan a sus hijos a colegios concertados: si en un contexto de disminución de la demanda de plazas escolares, la ley programa el aumento de plazas públicas y sólo garantiza la suficiencia de estas, parece lógico pensar que la red de centros concertados está en peligro.

En Francia (siempre nos ha gustado copiar a nuestros vecinos), una Ley de 1985 trató de implantar la subsidiariedad, admitiendo únicamente la inclusión de un centro privado en la red pública cuando la oferta de plazas en centros estatales no fuera suficiente. Sin embargo, el Consejo Constitucional francés, declaró que tal inclusión no podía hacerse depender solo de elementos cuantitativos, sino que debía tomar en consideración “elementos cualitativos como la demanda de las familias”; imponiendo así una vuelta a la complementariedad.

En fin, el progresivo estrangulamiento de la red de centros concertados no es una cuestión administrativa o burocrática, sino que tiene implicaciones constitucionales: supone un recorte en las libertades de pensamiento, ideológica, religiosa y de culto y del derecho de los padres a que sus hijos reciban una educación conforme a sus convicciones.

Es un paso más hacia el pensamiento único y la defunción del primer nutriente de una democracia: la aceptación de la diferencia y del pluralismo ideológico.

6 comentarios

6 Respuestas a “La enseñanza concertada”

  1. O'farrill dice:

    Totalmente de acuerdo Isaac con tu artículo. El problema es cuando deja de percibirse la diferencia entre lo «privado» y lo «público». Lo estamos viendo y constatando en la actitud claramente sumisa y resignada (cuando no aplaudidora) de la sociedad civil y sus organizaciones, más atentas a recibir fondos y subvenciones de los presupuestos públicos que de una calidad y pluralismo educativo adaptado a las necesidades de los alumnos.
    Por cierto, ya que lo nombras, recomiendo una videoconferencia (Davos, Soros….) del periodista y economista Jano García con el coronel Baños y el periodista Javier Villamor en la que se habla del libro que mencionas.
    Por mi parte empecé a interesarme hace ya tiempo por esa tupida red de la filantropía mundial. Hay un buen trabajo de carácter histórico «L’argent de la influence» de Ludovic Tournèe (está en PDF) recogiendo la actividad de las primeras organizaciones de este tipo en Europa. Llega hasta el actual Soros (otro libro de Juan Antonio de Castro «Soros y la destrucción de España» es muy interesante). pero ahora hay que ampliar la relación de supuestos benefactores con las grandes tecnológicas y sus fundaciones (que al parecer son incapaces de atender a las llamadas de las propias ONGs con que nos bombardean a través de TV, pero sí andan enredando en otras cuestiones más rentables).
    En el mundo actual la sociedad ya se divide entre los que pertenecemos a los planes antiguos de Educación y quienes pertenecen a los planes modernos (libros y humanidades frente a formación televisiva). Naturalmente con las consabidas excepciones. Los primeros, tuvimos como base unos conocimientos que imposibilitan aceptar la propaganda política (por llamarla de alguna forma) del capitalismo filantrópico mundial. A los segundos no se les ha dado la menor oportunidad de cuestionarlos como nuevos dogmas de fe.
    En todo ello vemos que la apropiación de la Educación por intereses particulares, ha sido y es el caballo de batalla en los «relatos» que se imponen. No es -por desgracia- sólo una cuestión nacional, sino que esas redes clientelares la han hecho global. Los ingredientes y la estrategia son simples desde el dinero: compra de voluntades, alquiler de cerebros, incluso el chantaje puro y duro en caso necesario. Más tarde la «okupación» de los puestos y cargos claves institucionales y el sometimiento del mundo de la comunicación (¡qué tiempos en que la prensa todavía era el baluarte contra las imposturas del poder!).
    En todo ello hay un fundamentalismo sectario teológico-político superior a cualquier otro que se conozca. Con medios más sutiles y retorcidos y con mucho dinero, tanto como para poner a su servicio todo un orden jerárquico y litúrgico de las nuevas ideologías.
    El día que los restos de inteligencia natural y conocimientos heréticos sea suprimido del todo, se habrá logrado la robotización mental del resto. Por eso los «mayores» sobran….. (Carmina Fort).
    Un saludo.

  2. pasmao dice:

    Buenas tardes Don Isaac

    Hace usted un muy buen análisis, pero respecto la enseñanza concertada yo creo que se debería ir mas lejos.

    Partiendo de la base de que de la enseñanza concertada, y en menor parte de la 100% privada, ha salido gran parte de nuestra clase dirigente, incluidos los políticos (incluso los de izquierda), de los últimos 60 años… ¿Cómo es posible que se haya posibilitado desde el poder su degradación?

    Tenemos a la Excelentísima Ministra de Educación, la Sra. Celaa, de colegio concertado, y religioso, cañí. Y que por lo visto también llevó a sus hijos a ese tipo de colegio. Tenemos también el actual Presidente y a muchos de sus ministros, tenemos también a muchos de los de la oposición que en el pasado tuvieron responsabilidades de gobierno…

    ¿Tan poco les ha afectado la educación que recibieron, que pareciera que ahora se revolvieran hasta con saña (o resentimiento), no sólo contra las instituciones donde se «educaron» si no en las que incluso llevaron a sus hijos?

    Yo con ese tipo de cosas me pierdo. No las entiendo. Lo confieso.

    ¿Tan mal lo hicieron quienes les proporcionaron una educación, merced a la cual muchos de ellos han llegado hasta donde están, que así se lo pagan? Porque pareciera que lo que aprendieron lo han usado para revolverse contra quienes los educaron con las herramientas con las que les educaron.

    ¿Que pensaran los profesores, los directores de los colegios, etc.. por donde pasaron; viendo lo que se ve?

    Pienso que el problema principal de esa educación mayormente concertada es que los valores en los que los educaron fueron unos valores muy flojos, muy acomodaticios (salvo excepciones, que seguro que alguna habrá), y de esos polvos estos lodos.

    La educación concertada funcionó porque fue un parche que permitió en un determinado momento dar una salida mas económica y de mejor calidad a la educación general, tolerando cierta segregación (que nunca fue para tanto) de «clase».. a cambio de «no meterse en política». De que, por ejemplo, en una mayoría de los colegios religiosos no se enseñara casi religión. De no ser molestos. De que los alumnos que de allí salieran fueran lo suficientemente acomodaticios con el sistema.

    Por ejemplo, en las comunidades «bilingües» muchos de ellos se apuntaron con fervor, casi desde el principio, al ninguneo del español. Así se garantizaban que en las Consejerías de Educación no solo inmunidad, si no hasta influencia. Los mismos colegios que en la época de Franco estaban a partir un piñón con el régimen. Los mismos que durante la Guerra Civil las pasaron canutas .. pero que ahora son fervorosos partidarios de la memoria histórica.

    Con esos mimbres es muy difícil luego tener unas élites dignas de ese nombre (salvo excepciones) que velen por la educación de sus semejantes de la misma manera que se veló por la de ellos.

    Nos queda la «ventaja» de que cómo los actuales no saben hacer la O con un canuto, puestos a destruir o adoctrinar no creo que tengan mucho mas éxito del que tuvieron sus predecesores, que indudablemente estaban mucho mas formados y capacitados.

    Un muy cordial saludo

  3. Lucas Montes dice:

    Deseo respetuosamente mostrar mi desacuerdo profundo con el artículo del Sr Salama. Detrás de lo que denomina «ideario propio» no hay, las más de las veces, más que un conjunto de creencias que atentan contra la ciencia cuando no contra la lógica. Y con ese equipaje no solo es difícil hacer una sociedad moderna, sino que abonamos el terreno para creer cualquier cosa (conspiraciones y delirios de iluminados).
    A mi juicio, la enseñanza primaria y secundaria deberían tener entre sus objetivos primordiales el de «enseñar a pensar» y la enseñanza concertada suele cambiarlo por el de «enseñar LO QUE HAY QUE PENSAR». Y así nos va!
    ¿Significa algo la libertad de pensamiento si no nos han dado las herramientas mentales para poder ejercerlo?
    Un saludo cordial desde la diferencia

    1. O'farrill dice:

      Estoy de acuerdo con usted en lo que se refiere aprender a pensar, pero antes hay que conocer, tener un mínimo de base sobre la que pensar. De otra forma nos lo darán ya pensado, deglutido y digerido según los cánones del momento. En todo lo demás, coincido con lo expuesto por el autor. En cuanto a la supuesta «modernidad» social es otro debate igualmente interesante. Un saludo.

    2. Manu Oquendo dice:

      A falta de mayores precisiones por su parte, estimado Sr. Montes, no creo que sus planteamientos estén muy acertados.
      No creo acertado al enfrentar público con concertado ni suponer que lo público es menos sesgado y doctrinario que lo privado cuando la evidencia nos muestra todo lo contrario.
      No es posible obviar la evidencia cotidiana: tenemos una enseñanza pública propia de dictaduras retrógradas nacionalistas y socializantes que en pocas décadas nos han llevado al sótano educativo del globo. Y encima se arrogan –en flagrate desprecio constitucional, el derecho a arrebatarnos nuestros hijos y nietos. Como todos los déspotas.

      Hoy tenemos un sistema público en el que, por ejemplo, al número uno de su oposición a un catedrático de Instituto (Historia, D. Francisco Oya, Barcelona) se le prohíbe en su instituto enseñar su materia. O, en Madrid, a Doña Alicia Rubio, autora de renombre y filóloga, se la relega a dar clases de Gimnasia en su instituto por discrepar con sólidos argumentos del adoctrinamiento de género.
      Tenemos un grave problema en Occidente con la enseñanza a todos los niveles. Tanto que en menos de 3 o 4 décadas nos ha llevado de tener la primacía mundial en Registros de Propiedad Intelectual y Patentes a que la UE (400 millones de almas) produzca menos que Corea del Sur con 51 millones. Y dentro de la UE la situación española es patética.

      En este momento no voy a comentar su postura sobre la enseñanza religiosa pero quiero aportar la joya publicada por El Español el pasado 11 de Enero donde un ministro –de nada menos que Cultura– de este gobierno escribe un artículo con el siguiente titular. «La laicidad, «religión de la libertad».
      Les invito a contemplar un ratito el tipo de intelectual que nos cuida la Cultura y su intento de instaurar una Religión de Estado para lo cual el PSOE tiene nada menos que una Secretaría Federal con objetivos de adoctrinamiento e imposición a todos.

      https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20210111/laicidad-religion-libertad/550564949_12.html

      Así está la cosa.
      Saludos cordiales.

  4. Ligur dice:

    En mi humilde opinión, la ciudadanía, debería arrebatar de las garras del estado el gran pastel que es la educación, la enseñanza. El control del pensamiento y otras muchas aberraciones a las que se somete a los niños desde la guardería hasta que entran en la universidad, es invasivo y muchas veces pernicioso.

    Me da igual que el monopolio de la educación la tenga el gobierno, un grupo religioso o una suerte de poderes políticos poco transparentes que por sus intereses, justifiquen el fin por los medios. Estaríamos en las mismas.

    Los padres deberían tener absoluta libertad, para ofrecer a sus hijos la educación que más y mejor crean oportuna y llevarles a los centros por libre elección. Como si no quieren hacerlo y darles una educación particular y privada, esa sería la gran baza y verdaderamente anarquista a conseguir.

    Y como dice Isaac), la cultura y la inteligencia, serían los escudos protectores de la futura ciudadanía.

    Saludos a todos

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