La próxima crisis financiera

Me suena que, en una entrevista, hace relativamente poco, Felipe González vino a decir que España no soportaría una nueva crisis financiera. No estoy seguro de que lo dijera así; pero, en cualquier caso, es fácil suscribir una opinión como esa.

Después de las heridas económicas, sociales y humanas, que nos trajo la crisis que se desencadenó en 2008, con la caída de Lehman Brothers, y cuando todavía no nos hemos recuperado del todo de ella, ¿os imagináis que se produjera otra, de una dimensión parecida a la anterior? Desde luego, los efectos materiales, psicológicos y emocionales en la sociedad serían tan abrasivos que no quiero ni pensar en cuáles serían las consecuencias para el país.

El caso es que el BCE (Banco Central Europeo) viene dando avisos desde hace tiempo y cada vez más contundentes. Pero no solo el BCE, también el FMI (Fondo Monetario Internacional)

La mayoría me diría, sin embargo, que ese escenario es muy poco probable, que, si bien hay consenso entre los economistas de que vamos hacia un periodo de bajos crecimientos del PIB, eso no tiene nada que ver con lo que nos sucedió aquí tras el colapso del sistema financiero, principalmente de las cajas de ahorro. Fue ese colapso el que cortó bruscamente el crédito y empujó a muchas empresas al cierre y a mucha gente a quedarse sin trabajo e, incluso, sin casa.

En lo que sí está de acuerdo todo el mundo, por tanto, es que una crisis en el sistema bancario es como un ataque al corazón de la economía. Así que, aunque la inquietud generalizada se centra actualmente en saber si la estimación más reciente de no sé qué organismo rebaja en una, dos o tres décimas el crecimiento del PIB previsto por el Gobierno, por la cuenta que nos tiene y por una elemental prudencia, también deberíamos ser sensibles a cualquier señal de alarma sobre el estado de salud del sistema financiero.     

La inquietud está focalizada en eso que se conoce como la “banca en la sombra”.

El caso es que el BCE (Banco Central Europeo) viene dando avisos desde hace tiempo y cada vez más contundentes. Pero no solo el BCE, también el FMI (Fondo Monetario Internacional) y otros, como el BIS (Banco de Pagos Internacionales). La inquietud está focalizada en eso que se conoce como la “banca en la sombra”. Denominación que engloba a todo el mundo financiero que opera al margen de las reglas que han impuesto los supervisores a los bancos tradicionales, precisamente con el objetivo de evitar que pudiera repetirse la crisis del 2008.

Según estimaciones fiables, en Europa esta banca en la sombra, que incluye a fondos de inversión, fondos de capital riesgo y otros, ya representa el 40% del sistema financiero y está creciendo a gran velocidad. Al parecer, este crecimiento se debe, en gran parte, a la escasa rentabilidad que ofrece el sistema financiero tradicional, en un entorno de intereses negativos, lo que hace que muchos grandes inversores busquen mayores rentabilidades aún a costa de asumir riesgos elevados. El caso es que Luís de Guindos, actual vicepresidente del BCE, viene insistiendo desde hace tiempo en el peligro que representa esta actividad, que ha cuantificado en 42 billones de euros al cierre de 2018.

Luís de Guindos, el pasado mes de septiembre, comentó que si surgieran problemas en la banca en la sombra estos “podrían contagiarse a la banca tradicional debido a los fuertes vínculos entre los dos”.

El problema es que, entre los principales operadores de la banca en la sombra y los bancos tradicionales hay suficiente nivel de intercambios e interconexiones como para que una hipotética crisis en los primeros acabase afectando también a los segundos. A esto se refería Luís de Guindos, el pasado mes de septiembre, cuando comentó que si surgieran problemas en la banca en la sombra estos “podrían contagiarse a la banca tradicional debido a los fuertes vínculos entre los dos”.

Por eso, aunque los bancos tradicionales están ahora mucho más controlados y son más seguros, el descontrol con que actúa la banca en la sombra es una fuente de riesgo permanente. Sobre todo, cuando ya ha alcanzado un tamaño tan grande. Este es el motivo por el que el BCE reclama más competencias para poder controlarles del mismo modo que viene haciéndolo con la banca tradicional.

Así que, nada menos que el mismísimo BCE es quien nos está diciendo, una y otra vez, que el panorama es inquietante: que hay un sector financiero (banca en la sombra) que no está controlado y asume los riesgos que le parece, que ese sector está creciendo a gran velocidad y ya ha alcanzado un tamaño muy considerable, y que sus conexiones con los bancos tradicionales son suficientemente importantes como para que una crisis en ese sector pudiera extenderse a estos.

Nada menos que el mismísimo BCE es quien nos está diciendo, una y otra vez, que el panorama es inquietante.

A esto añadamos un “pequeño” matiz: la repercusión de una crisis en los bancos tradicionales sería tanto mayor si tenemos en cuenta que, en el caso de España, ya casi no quedan cajas de ahorro ni bancos pequeños, y los bancos que quedan son, en su mayoría, de esos que se han calificado como “sistémicos”, es decir, demasiado grandes para dejarlos caer. En otras palabras, el Estado tendría que inyectarles el dinero (de los contribuyentes) que fuera necesario para salvarlos, porque dejarlos quebrar generaría un destrozo en la economía muy superior.

Con todos estos ingredientes, inquieta que este asunto reciba tan poca atención en España, por parte de la clase política y de la opinión pública en general. ¿Hasta dónde tendría que asomar el lobo para que nuestros políticos, analistas y contertulios en los principales medios de comunicación, se dieran por aludidos y se tomasen esto con el rigor y la seriedad que requiere?   

3 comentarios

3 Respuestas a “La próxima crisis financiera”

  1. Paco dice:

    Hay cada vez más opiniones que hablan de una próxima crisis y no son pocos los que incluso la vaticinan para el próximo año 2020.

    La reflexión que me suscita este asunto es la de si seremos capaces de preverla con suficiente antelación y tomar las medidas oportunas para minimizar sus efectos.

    En la crisis de 2008 el tema nos pilló totalmente desprevenidos. Esto ocurrió no solamente en España. Ninguna de las instituciones internacionales fue capaz de detectar a tiempo lo que iba a pasar.

    Las consecuencias posteriores fueron devastadoras con impacto no sólo en la economía y el paro. El efecto indirecto que tuvo sobre la sociedad fue enorme. El notable incremento del paro y la falta de seguridad en el empleo que conllevó la legislación aprobada para recuperar la economía, estuvieron en el origen en mi opinión de fenómenos como el 15M y el nacimiento de opciones políticas como Podemos.

    Considero que la misma crisis económica está en el origen de fenómenos como el Brexit y deriva independentista catalana. La insatisfacción de la población se canaliza en muchas ocasiones hacia otros temas que tienen poco que ver pero que actúan de válvula de escape para la población.

    Estamos siendo testigos en los últimos meses de un incremento de la conflictividad social en muchos países (Chile, Bolivia, Colombia, Cataluña,…) que son reflejo también de la insatisfacción generalizada de la ciudadanía. ¿Será ésta un nuevo indicio de la venida de una crisis?

    De momento la ministra de economía en funciones dice que no nos preocupemos, que no ve una crisis a corto plazo (https://elpais.com/economia/2019/10/26/actualidad/1572096226_825209.html). Me recuerda comentarios similares de 2006-2007, lo cual no hace más que aumentar mi preocupación

  2. O'farrill dice:

    Efectivamente, los augurios no parecen buenos al haberse globalizado la economía y deslocalizado sus actividades. Detrás están los intereses de un variopinto conjunto de abstractos «inversores» que se mueven como pez en el agua en este sistema. Al debilitar a las naciones y a los estados que las sustentan, se crea un ecosistema económico a conveniencia.
    «Las generaciones que nacen en las cárceles de deudores, se pasan la vida comprando el camino hacia la libertad…» Porque de eso se trata: de nuevas formas de opresión nacidas de la dependencia deudora de los estados y los pueblos que representan.
    Esperar por otra parte que las instituciones (globalizadas también) reaccionen es «pedir peras al olmo». Quienes las representan lo hacen con la venia de los opresores. Sólo se trata de enmascarar los objetivos finales con temas que distraigan al personal (el cambio climático es uno de ellos) y trasladen sus preocupaciones a otras amenazas más o menos ficticias.
    Si nos centramos en España, a las crisis conocidas debemos añadir el sistema clientelar de corrupción política y económica propiciado por nuestro sistema autonómico, donde los gastos del Estado se han multiplicado para el reparto correspondiente. Un solo dato: la CNMC calcula en unos 48.000 millones de euros el despilfarro en las contrataciones públicas…… Se supone que se estará investigando… ¿o no?
    No nos extrañe pues que frente a la globalización,se levanten voces que requieran poner orden en las cosas internas antes que perderse en trampantojos ideológicos de todo tipo. Y tampoco debe extrañarnos los calificativos aplicados a quienes denuncian la trampa.
    Un saludo.

  3. Manu Oquendo dice:

    Lo que llaman banca en la sombra –referido a fondos de inversión y de pensiones o al circuito de Cajas alemanas, por ejemplo, no Integradas en la Supervisión directa del BCE– es una cuestión que ha sido diseñada de esa forma para que, junto a nuestros depósitos no cubiertos por el Fondo de Garantía de depósitos, sirviese de cortafuegos protector del núcleo duro bancario. Antes de que el Capital del banco tenga que pagar nada, lo pagarán los «Fondos de Inversión y Pensiones» –gestionados por el Banco– y a renglón seguido los depósitos privados no garantizados.

    Es cierto, como bien apunta el artículo, que los Fondos de Inversión, –también gestionados por la Gran Banca–, están creciendo más deprisa que los balances bancarios bajo supervisión del BCE y que esto representa un riesgo. Un riesgo para nosotros, no para el banco.

    Lo siniestro de la cuestión es que esos fondos son gestionados mayoritariamente por la banca sistémica –que cruje a comisiones a los pequeños inversores en dichos instrumentos– y los Riesgos son –Todos Ellos– asumidos por el titular o copartícipe del fondo. No de ahora, sino de siempre. Sucede que, ahora, desde hace unas décadas, el papel de estos fondos ha crecido tremendamente y también es «sistémico» y está íntimamente relacionado con el proceso de «creación de dinero».

    Por ejemplo, un caso real. Tengo desde hace mucho un pequeño fondo con un banco de los sistémicos. Lo mantengo para documentar lo que me hacen y eventualmente querellarme. El fondo no crece desde hace al menos diez años pero no porque las rentabilidades sean especialmente bajas o negativas –que lo son– sino porque el Banco Gestor hace cosas como vender al fondo «Bonos Patrióticos de la Generalitat» –cobrando un 6% de comisión al emisor– y acto seguido se lo vende a mi «fondito» en el cual estamos 200,000 clientes «cautivos».
    Muy poco tiempo después, no mas de dos meses o tres, todo el Mundo Mundial cae en la cuenta de que el «papel» que emite la Generalidad de Cataluña es en realidad un bono basura y su cotización de desploma casi en su totalidad.

    ¿Saben ustedes en quién repercute el descenso de valor de cerca de un 85% de esa «deuda patriótica»? Exacto, en los clientes cautivos que han invertido en dicho fondo gestionado por el susodicho banco «sistémico».

    ¿Por qué digo que los clientes de Fondos de Inversión y Pensiones son Cautivos?

    Muy sencillo, porque si yo me dedico a gestionar mis inversiones nunca compraría deuda de una Comunidad como la catalana.
    Pero lo importante es que si compro y vendo valores como persona física, cada vez que los venda para comprar otra cosa y sin retirar los fondos para gastarlos, tengo que pagar Plusvalías y me limitan el derecho a deducir Minusvalías, cosa que no hacen con los Fondos Gestionados por el Banco. Es decir, se me castiga por tratar de gestionar mis fondos de inversión o de pensiones simplemente por ser persona física «pequeña». Porque si tuviera dinero de verdad tendría un «vehículo inversor propio», una Socimi o similar.

    Nuestra función «sistémica» es ser los paganos de las insolvencias de la deuda emitida por los gobiernos. Y esto no ha terminado de calar en la población que sigue sin percibir que es el único soporte de un sistema varias veces quebrado desde el Final de Bretton Woods (1971) cuando se introduce el «dinero» sin valor de respaldo y se desvinculó al $ del oro.

    Dinero, hoy, es cualquier crédito que conceda un banco. Un crédito concedido es un medio de pago para el receptor y por tanto «dinero». Cuando «mi banco gestor» compró por 94 deuda de la Generalitat con un valor facial de 100 y se lo «vendió a mi fondito» por 100 –cobrando otra comisión por la transacción a cada «partícipe del fondo»– creó dinero por el neto, 94.
    Cuando todo el mundo se dio cuenta de que aquello era un bono basura y su valor cayó a 15 –desde los 100 contabilizados– mi banco gestor aplicó a rajatabla la regla «match to market» y redujo el valor del fondo y de las participaciones en dicho importe. A renglón seguido y dado que aquello es bono basura lo vende –y nos vuelve a cobrar comisión–. Unos meses más tarde el Estado garantiza el Papel de la Generalitat y la cosa sube a, digamos, 55. Si lo vuelve a comprar nos atiza otra comisión, etc, etc, etc.
    Esto, señores, es «el sistema»

    Por cierto, en la anterior Burbuja hubo dos grandes fallas sistémicas, en el circuito de deuda titulizada.

    La primera consistía en que los Ratings de la Deuda (su calificación de solvencia) los paga el Emisor de la misma. Fallo básico de credibilidad.
    La segunda que la remuneración del Gestor del Fondo se basa en comisiones por transacción que decide el propio banco y no por los resultados obtenidos por el fondo. Falla de Alineamiento entre inversor y su mandatario.

    ¿Creen ustedes que se ha corregido?

    Saludos cordiales

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