Lenguaje político y eufemismos

El lenguaje que se utiliza en política tiene unas características especiales y un poder enorme para hacer llegar a los ciudadanos los mensajes que se desean, tanto en la forma como en el contenido.

Además decía el catedrático de Gramática Histórica Eugenio de Bustos que el «El lenguaje político, como todo lenguaje, no es inocente. Intenta siempre, de alguna manera, mover al oyente en una dirección determinada, manipular nuestra conciencia».

Una de las características del lenguaje usado por los políticos es la del uso frecuente de eufemismos. Esta palabra la define la RAE como “Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”.

Los eufemismos son ampliamente usados en el lenguaje coloquial, así decimos que una persona “ha pasado a mejor vida” o “se ha ido al otro barrio” para referirnos a su muerte, hablamos de “afroamericanos” para denominar a los negros en Norteamérica, de “gays” para los homosexuales, de “interrupción voluntaria del embarazo” para el aborto, de “tercera edad” para la vejez, de “personas con capacidades diferentes” para los discapacitados, etc.

Además de estos ejemplos, en los que el principal objetivo es el suavizar una expresión que se considera dura, en otras ocasiones se pretende dignificar una profesión, como cuando se denominan “auxiliares de vuelo” a los azafatos, “A.T.S. (Ayudantes Técnicos Sanitarios)” a las enfermeras, “profesores de primaria” a los maestros, y otros muchos ejemplos que podríamos poner.

Personalmente considero que hay un abuso en el empleo de los eufemismos, siendo en ocasiones menos afortunados éstos que el nombre original (por ejemplo en el caso de los maestros). Todo ello es fruto del denominado lenguaje “políticamente correcto”.

Lo que no es nuevo es el hecho de manipular el lenguaje. Ya Quevedo (1580-1645) en “El mundo por de dentro” nos decía: “Pues todo es hipocresía. Pues en los nombres de las cosas ¿no la hay la mayor del mundo? El zapatero de viejo se llama entretenedor del calzado; el botero, sastre del vino, que le hace de vestir; el mozo de mulas, gentilhombre de camino; … la putería, casa; las putas, damas; las alcahuetas, dueñas; los cornudos, honrados. Amistad llaman el mancebamiento, trato a la usura, burla a la estafa, gracia la mentira, donaire la malicia, descuido la bellaquería, valiente al desvergonzado, cortesano al vagamundo, al negro moreno…”

Podemos considerar eufemismos relacionados con la cosa pública la denominación de “tercer mundo” por países pobres, la de “procedimientos de ejecución hipotecaria” por desahucios o la de “externalización de los servicios públicos” por privatización.

El problema en la política es cuando el lenguaje se emplea para ocultar o edulcorar situaciones que pueden ser incómodas para la población o parte de ella. También se utiliza en ocasiones un vocabulario deliberadamente ambiguo para confundir al ciudadano. Todo ello con el objetivo de manipular a la opinión pública para lograr sus objetivos, el primero de los cuales es conseguir el poder o mantenerlo.

Ejemplo de esto es cuando, en la época de la reciente crisis, se hablaba de “crecimiento negativo” en vez de hablar directamente de decrecimiento. En este caso el emplear la palabra “crecimiento” tiene la intención de mitigar mediante un vocablo de connotaciones positivas el efecto negativo del conjunto. En un caso similar la expresión “desaceleración de la economía” como indica Álex Grijelmo (“La seducción de las palabras”, año 2000, Taurus Ed.) “puede embaucar al destinatario hasta hacerle pensar que la economía llevaba una marcha positiva muy acelerada, y que por eso no importa que pierda velocidad”.

En 2012 el entonces ministro de Hacienda hablaba de “regularización tributaria especial”, de “tributación de rentas no declaradas” o de “afloramiento de bases imponibles” cuando se refería claramente a una amnistía fiscal.

Más tarde se habló de una “ayuda financiera” o un “crédito en condiciones favorables” a los bancos españoles por parte del Eurogrupo, por evitar la palabra “rescate” que, con los precedentes de lo ocurrido en Grecia, Portugal e Irlanda, no se quería que apareciera ni por asomo.

Cuando el gobierno español presentó en Bruselas su plan económico que implicaba una reducción de los salarios se presentó como “devaluación competitiva de salarios”. De nuevo la inclusión de una palabra de resonancias positivas como “competitiva” pretendía compensar el efecto negativo de la frase. Otro tanto ocurre con expresiones como “medidas de flexibilización laboral”, “medidas de ahorro” y “medidas de optimización”.

Hace un tiempo, en una entrevista a Pablo Iglesias en el programa “El Objetivo”, a pesar de las preguntas reiteradas de la presentadora, se le vio reacio a admitir el nombre de “Órgano de Dirección” para el recientemente elegido en su partido, prefiriendo el de “espacio representativo de la voluntad colectiva”.

Las palabras son poderosas y eso lo saben los líderes políticos. Es interesante analizar algunas de los términos empleados y de las denominaciones de los partidos que tenemos actualmente en nuestro país.

Un término muy empleado es el de “progresismo”, que todos identificamos actualmente con los partidos de izquierda (y que los líderes de esos grupos se encargan de recalcar periódicamente). ¿Es que los partidos más conservadores no desean el progreso de la sociedad? Creo que no es así, pero cada partido o grupo de partidos se apropia de términos con el objetivo de marcar diferencias y resaltar su orientación. En este caso la idea fuerza es la de que las izquierdas hacen progresar a la sociedad y, por exclusión, se da a entender que otras ideologías no lo hacen. Por otro lado nos aleja de términos como “socialismo” o “izquierda” que parecen más antiguos y un tanto devaluados después del fracaso de los países socialistas.

Otro tanto podría decirse del término “popular” empleado por el PP. ¿Desean ser menos populares el resto de partidos en el arco parlamentario? No lo creo. En este caso el término tiene connotaciones positivas (igual que en el caso de “progresista”) y evoca la idea de que es un partido cercano al pueblo. Además una persona o grupo que es popular es que tiene éxito entre la gente. Aquí también ha influido la alineación con el grupo popular europeo, en cuya denominación habrán existido consideraciones como las que he empleado. Por otra parte se aleja del término “conservador” que no sería muy atractivo en este momento para la gente.

La denominación “Unidas Podemos” ha tenido una evolución que merece la pena detallar. El origen remoto de esta formación está en el Partido Comunista de España. El término comunista quedó desfasado, por lo que se formó una coalición con otros partidos afines que se denominó “Izquierda Unida”. Por otro lado, a partir de las movilizaciones del 15M, se formó el partido Podemos. Esta denominación refleja un impulso positivo que recuerda mucho el slogan de Obama del “Yes, we can” (Sí, podemos) que manifestaba el optimismo de aquellos que consideran que, a pesar de todo, los sueños se pueden alcanzar. Como todos saben la coalición de los dos partidos dio lugar al nombre compuesto de “Unidos Podemos” que posteriormente se cambió a “Unidas Podemos” haciendo un guiño al feminismo.

El nombre de “Ciudadanos” parte del origen del partido en Cataluña como Ciutadans, convenientemente traducido. La denominación evoca a un movimiento que surge de los individuos interesados en mejorar la situación del país como contraposición a los partidos políticos convencionales.

Vox” por su parte nos recuerda, por su raíz latina, que es un partido ligado a la tradición. Además nos querría decir que quieren ser la voz de una parte de la población que no ha sido representada hasta ahora.

El lenguaje es uno de los dones que adornan al ser humano y que nos diferencia del resto del reino animal. La influencia de las palabras que se emplean es formidable por lo que mi recomendación es la de observar con más cuidado qué nos dicen los mensajes que recibimos (particularmente los de los políticos) y la de que prestemos especial atención a los eufemismos empleados, ya que esconden con mucha frecuencia intentos de manipulación; de hecho los eufemismos, cuando se utilizan en política, implican casi siempre algún tipo de engaño.

Queda por tratar un tema relacionado con éste que es el del lenguaje inclusivo y que espero abordar en un próximo artículo.

7 comentarios

7 Respuestas a “Lenguaje político y eufemismos”

  1. pasmao dice:

    Interesante columna Don Francisco

    No se si habrá hecho algúna parodia sobre cómo y por qué salen al lenguaje dichos eufemismos. Tampoco se si habrá tesis doctorales, porque lo merecen.

    Si me imagino a un grupo de sesudos y sesudas gafapastas, haciendo una especie de «brainstorming» sobre que palabra usar para calificar determinada situación incómoda. Es posible que, por ejemplo, después del extraño periplo de la Vicepresidenta de Venezuela en Barajas y de la visita a su avión de nuestro ministro de transportes nos encontremos con alguna nueva.

    Me parece que es en Alicia en el país de las maravillas donde la Reina de Corazones decide que es lo que significan las palabras (lo mismo que está haciendo Sánchez con nuestro Poder Judicial, que aún no sabe que significado dar a la palabra ensoñación, como si de Calderón se tratara).

    Lo peor es que no es sólo con eufemismos.

    Tenemos todo ese neolenguaje orwelliano donde las palabras significan lo opuesto a lo que significaban hace 20/30 años nada mas.

    Lo mas terrible es que todo ésto se hace rodeado de silencios implícitos, donde el empleo de los nuevos eufemismos y el nuevo significado de nombres, adjetivos y adverbios no se hace de forma reglada y transparente.

    El estar en el «secreto» de cómo, cuando y por qué emplear las dichosas palabrejas es lo que denota estar en el Poder o no.

    Exactamente cómo la Reina de Corazones.

    Todos muy republicanos, pero cómo también dijo Orwell «Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros»

    Un cordial saludo

  2. O'farrill dice:

    Un interesante tema el de la manipulación del lenguaje por parte de los políticos. No sólo por ellos, el mundo empresarial y corporativo (que también son parte del «sistema»de manipulación social) viene utilizándolo.
    Las palabras crean «mitos» y éstos se transmiten como dogmas con la complicidad del mundo intelectual y científico.
    Por ejemplo cuando se dice «emergencia climática» se está dando lugar a creer en una especie de Apocalipsis que se llevará por delante la humanidad actual y a todos los seres vivos. Ya el término «emergencia» sitúa a quien lo recibe en la «urgencia» de una situación que, en su fondo, es totalmente natural (de la naturaleza), mintiendo en aras de intereses económicos particulares.
    Cuando se dice «progreso» recuerdo la frase: «progresista» es a progreso, lo que «carterista» es a cartera…» El autor, señala otra mentira de quien desde el supuesto «progresismo» está defendiendo intereses de lo que se conoce como «capitalismo salvaje» a través de la globalización. Paradojas de la vida, Soros es el primer interlocutor gubernamental de un gobierno de «izquierdas».
    La verdad es que la mixtificación y la mentira que vamos descubriendo en todo ello, va haciendo de todos esos términos políticos palabrería hueca, sin ningún sentido…. Sólo encuentra su semilla en aquellos sectores más simples de población adoctrinados por los medios de comunicación (sobre todo televisión).
    En cuanto al lenguaje «inclusivo» quedo a la espera del siguiente «post» porque es una forma más de manipulación social que, por desgracia, puede llegar a ser coercitiva. Por cierto «Podemos» no surgió del 15M sino que se apropió de él y lo utilizó en su beneficio.
    Un saludo.

    1. Francisco Diaz-Andreu dice:

      Hola O’farrill.
      Me temo que lo que indica que el lenguaje manipulador de los políticos sólo cala en los “sectores más simples de la población” no es desgraciadamente así. En mi opinión este tipo de lenguaje nos influye, a veces sin darnos cuenta, a todos, incluso a las personas más instruidas.

      Es como una lluvia fina que va calando en todas las capas de la población y que contamina a los medios de comunicación, que actúan como altavoces de los mismos términos. Las generaciones jóvenes, por ejemplo, ya no dicen Gerona sino Girona, inducido por las leyes y la repetición en todos los medios de comunicación. En mi opinión que esto es equivalente a, cuando hablamos en español, decir que la capital del Reino Unido es London, en vez de Londres. Igual que vemos esto absurdo no sé porqué no vemos igualmente ilógico lo otro.

      Otro ejemplo es cuando los medios de comunicación hablan de Euskadi (o cualquier otro territorio) y España (para referirse al resto de territorios). Sería más preciso hablar de Euskadi y del resto de España ¿no?

      1. O'farrill dice:

        Totalmente de acuerdo. Por desgracia muchos consideran positivo todo lo que se les presenta como moderno. Es producto también de la ignorancia y el adoctrinamiento.
        Lo más grave es que los medios públicos se hayan olvidado de que el español (castellano) es la lengua oficial del Estado. Causa bochorno oir a los habituales presentadores de las cadenas públicas esforzarse por pronunciar bien nombres y términos que solo afectan a determinados territorios.
        Un saludo.

  3. Manu Oquendo dice:

    Cuestión muy importante la que trata el autor y sobre la cual sería muy de agradecer que algún profesor con buenos conocimientos de FILOLOGIA y de los cambios sufridos a lo largo del siglo XX en el estudio y enseñanza de las lenguas –vectores fundamentales de los procesos de manipulación– nos ayudase a ir profundizando en esta cuestión tan abandonada. Todos saldríamos ganando.

    Con esto de la lengua pasa lo que con casi todo. Se financian, se desarrollan –a veces casi desde cero–, se inventan lenguas que nos dividen –Babel fue un castigo bíblico– mientras se descuida, se corrompe, no se defiende y se ataca la lengua de todos. Además se prostituyen intencionalmente los significados. Se prohíben palabras y se niegan las libertades de expresión y por tanto de pensamiento.

    Esto sucede con la ayuda ACTIVA y CULPABLE de los Gobiernos de España y de la Unión Europea. Tanto es así que, como estamos viendo, realmente no se sabe ni para quién gobiernan ni para quién trabajan. Simplemente destruyen.

    La Palabra es «performativa»: crea y destruye ideas. Por eso el énfasis de todas las ideologías e intereses que quieren dominarnos recurren a cambios forzados del lenguaje.

    Los ejemplos son muy abundantes.

    1. Los toponímicos españoles, por Ley, están siendo reemplazados por los supuestamente autóctonos muchos de ellos inventados recientemente.
    2. El Latín, en toda Europa, está desapareciendo de los programas educativos o ya lo ha hecho completamente. Varias generaciones carecen ya de él y vaya si se nota.
    3. Algunas neolenguas, batua por ejemplo, han eliminado rasgos ancestrales de su gramática (en el vascuence actual se eliminan por Villasante y Michelena en los años 60 verbos que, como en el fraterno bereber, eran diferentes si los llevaba a cabo un hombre o una mujer o palabras no «deseadas» — como Navidad– son sustituidas por «Solsticio nuevo», «eguberri». Al tiempo que el neogallego se priman vocablos simplemente para diferenciarlos del portugués y poder tener una red de «educadores» que sea leal al nacionalismo porque viven de él.

    Los ejemplos son miles de palabras que se han convertido en «significantes vacíos» (desde democracia a amor, desde hombre a mujer) y que ante los neo-vocablos «performativos» la población carece de los recursos etimológicos imprescindibles al habérseles negado los mínimos conocimientos del substrato común. En nuestro caso el latín y en menor medida, griego. PROCESO DELIBERADO y DESTRUCTIVO.

    Recuerden que el profeta de la destrucción soterrada de nuestras sociedades fue Antonio Gramsci: Filólogo.

    Todo ello con la cooperación de los Gobiernos y presiones de la UE.

    ¿Qué pretenden?

    ¿Crear una «identidad europea coherente con nuestras raíces o inventar una ridícula versión del imperio Habsburgo con cientos de pequeños principados fácilmente gobernables sin la menor discusión?

    ¿Cómo puede extrañarse nadie de que esta Europa, que obliga con sus convenios a destrozar lingüísticamente viejas naciones como España produzca desprecio creciente en cuanto la gente va captando su verdadera y sibilina función?

    Saludos y gracias.

    PS. Un librito muy instructivo.

    «Los Nombres Robados», de Ernesto Ladrón de Guevara. 2019. Ed. Letras Inquietas. Sobre la Manipulación, falsificación y rediseño de los topónimos vascos.

  4. Rafa dice:

    Interesante artículo el que has elegido Francisco por continente y contenido, el poder de la palabra y su uso en la política.

    Estoy de acuerdo contigo en que el hombre ha utilizado historicamente el don de la palabra para engañar, justificar, reducir o engrandecer a otros, y hasta para explicar el mundo.

    Siguiendo tu argumento quizá vivamos una época en que nos dá miedo pronunciar ciertas palabras por su contenido, e intentamos dulcificarlas, así como el término viejo nos alude a la vejez que nos asusta y no está de moda, por lo que utilizamos el de tercera edad, pero esto sería como dices un lenguaje coloquial.

    Pero como la palabra debería de ser el símbolo de su esencia, creo que el lenguaje político trasciende todos los eufemiemos y su intención lejos de dulcificar es la de confundir o convencer a los ciudadanos.

    Externalizar los servicios públicos ( que sugiere amplitud) no utiliza el término correcto, porque una privatización en todo caso alude a una desvinculación de los servicios públicos que las más de las veces conlleva una exclusión de un gran número de ciudadanos de estos servicios a los que no podrían acceder al ser privados.

    Pero uno de los casos mas flagrantes, lo tenemos con los términos que se están acuñando para los independentistas en cataluña.

    Algunos les denominan golpistas, que nos evoca violencia y delincuencia, y otros apelan a ellos como presos políticos que nos conduce a que son víctimas de una persecución, según el punto de vista de quien se trate.

    En este caso cual de los dos términos sería un eufemismo ?, sino son los dos, referidos a los mismos sucesos.

    Por tanto el lenguaje político, en la mayor parte de los casos cambia una palabra o frase por otra que evidentemente tiene otro significado y otra intención.

    Otro ejemplo es el que tu citas «popular» que se identifica con cercania al pueblo, y como contrapartida ha surgio otro que es el «populista», también cercano al pueblo y que tiene la intención de ser popular, pero por medios menos lícitos.

    Así que como tu nos recomiendas, tendremos que reflexionar como en los contratos con la letra pequeña de lo que nos dicen en el ámbito de la poítica.

    Un abrazo

    1. Francisco Diaz-Andreu dice:

      Hola Rafa.
      Hacer referencia a dos términos que me parecen interesantes.
      Por un lado está el debate entre la denominación de “presos políticos” para los dirigentes catalanes encarcelados como consecuencia de los acontecimientos del 1 de octubre, siendo la denominación correcta para otros la de “políticos presos”. Maravilla del lenguaje que, por el simple hecho de cambiar el orden de las palabras, nos lleva a un significado totalmente distinto.
      El término “populista” es cercano fonéticamente al de “popular” pero su significado actual es totalmente distinto, teniendo hoy en día una connotación negativa.
      En ambos casos la cercanía fonética es un recurso del lenguaje que se utiliza con intención de corregir de alguna manera al interlocutor, lo cual le deja psicológicamente en una posición de inferioridad. Por poner un ejemplo es como cuando estamos discutiendo con alguien sobre un tema cualquiera, pongamos el caso sobre fotografía digital, y nuestro interlocutor nos habla del programa “Fotosop” y nosotros, que estamos argumentando en contra de lo que él dice, le corregimos indicándoles que se debe referir al programa “Photoshop”. La argumentación de nuestro contrario puede ser perfectamente válida y mejor que la nuestra, pero, al corregirle, nos hemos puesto en una situación de superioridad.

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