Los datos de la política y la política de datos

En La tiranía del clic, un interesante libro escrito por Bernardo Marín, subdirector del diario El País y experto en la incorporación de nuevas tecnologías, se explica perfectamente cómo la llegada de internet y su extensión a los teléfonos móviles, hace unos diez años, unida a la gran expansión de Google y Facebook, ha puesto patas arriba el modelo de negocio de los periódicos y está revolucionando el modo de producir y difundir las noticias.

Google y Facebook se han hecho expertos en captar la atención de los lectores y en 2017 se llevaron el 60% del pastel publicitario mundial.

Hoy por hoy la financiación de los diarios digitales depende básicamente de los ingresos por publicidad. Según Marín, la publicidad online supone ingresos similares a la tradicional en los medios que mantienen la versión en papel junto a la digital, pero la suma de ambas, en España, alcanzó los 501 millones de euros en 2018, frente a más de 1.400 millones en 2007. El principal motivo de este descenso es que, en estos años, Google y Facebook se han hecho expertos en captar la atención de los lectores y en 2017 se llevaron el 60% del pastel publicitario mundial.    

Como los anunciantes pagan por cada clic de los lectores en sus anuncios, la carrera por generar contenidos que atraigan clics está conduciendo a la banalización de las noticias y, sobre todo, al aumento de las más escandalosas e impactantes. Sean ciertas o no.

A todo esto se une la estrategia de las redes sociales para enganchar a sus usuarios. En noviembre de 2017, el primer presidente de Facebook, Sean Parker, admitió en una entrevista que esta red social se había creado para mantener a la gente distraída. Y conectada. Para ello, analizaron los componentes bioquímicos que estimulan el interés en las conexiones neuronales del cerebro humano, para actuar sobre ellos.

(…) el primer presidente de Facebook, Sean Parker, admitió en una entrevista que esta red social se había creado para mantener a la gente distraída. Y conectada.

Desde luego, no era una estrategia en la que estuvieran solos. Hay empresas que se están especializando en lograr este efecto. Por ejemplo, en 2015 Ramsay Brown, neuroinformático, y T. D. Dalton Combs, neuroeconomista, fundaron una empresa cuyo nombre original era Dopamine Labs (Laboratorio de dopamina) y han desarrollado un programa informático que, según ellos, puede aumentar el enganche de los usuarios hasta el 60% en cualquier aplicación.

(…) lo que realmente buscan las grandes redes sociales, lo que está haciendo crecer sus ingresos como la espuma, lo que les interesa a cambio de facilitarnos gratuitamente cada vez más aplicaciones, son nuestros datos.

Naturalmente, saber que hay empresas con enormes recursos dedicadas a captar nuestra atención, enganchándonos a cualquier contenido, por estúpido que sea, ya es inquietante. Pero es que ahí no acaba la historia. Porque lo que realmente buscan las grandes redes sociales, lo que está haciendo crecer sus ingresos como la espuma, lo que les interesa a cambio de facilitarnos gratuitamente cada vez más aplicaciones, son nuestros datos.

La venta de los datos de millones y millones de usuarios a otras empresas es el gran negocio del siglo XXI. Hasta el punto de que, si en 2007 cuatro de las cinco empresas con mayor capitalización bursátil del mundo eran petroleras, diez años después, en 2017, las cinco empresas más valiosas en bolsa eran tecnológicas: Apple, Google (Alphabet), Microsoft, Facebook y Amazon. Como suele decirse: los datos son el nuevo petróleo de la economía. No los datos en abstracto, los datos sobre ti y sobre mí, sobre lo que leemos, hacemos, hablamos, compramos y escribimos.

Más allá de que nuestros datos puedan ser utilizados para bombardearnos con anuncios mucho más tentadores, ¿hay alguna otra implicación? Y, en particular, ¿pueden tener alguna aplicación política realmente significativa? La respuesta se vio en toda su crudeza cuando en 2018 estalló el escándalo de la empresa Cambridge Analytica. Brittany Kaiser, una de sus directivas durante cuatro años, lo describe con gran detalle en su libro La dictadura de los datos de reciente publicación.

Datos sobre lo que compras y en dónde, cuánto pagas, dónde vas de vacaciones, qué lees, qué opinas, qué te gusta, qué asuntos te preocupan, etc.

El trabajo de esta empresa alcanzó el máximo de su “eficacia” en la promoción de la candidatura de Donald Trump, gracias a la elevada penetración de las redes sociales y a la débil legislación en defensa de la privacidad en los Estadios Unidos. Para entonces, había conseguido desarrollar unas herramientas tecnológicas realmente sofisticadas y una gran experiencia en su uso.

Según Kaiser, las bases de datos de esta empresa poseían entre dos mil y cinco mil puntos de datos (porciones de información personal), sobre cada uno de los 240 millones de estadounidenses de más de 18 años. Pero su interés por los datos era insaciable. Siguieron comprando datos a cualquiera que se los vendiera, y ya son muchas las empresas especializadas en obtenerlos para revenderlos. Datos sobre lo que compras y en dónde, cuánto pagas, dónde vas de vacaciones, qué lees, qué opinas, qué te gusta, qué asuntos te preocupan, etc. Sobre todo, los obtenían en Facebook, tanto de ti como, a través de ti, de tus amigos. También los conseguían de las famosas cookies que, aun sin saber para qué se utilizan exactamente, autorizamos constantemente y que permiten rastrear todo lo que hacemos en nuestro ordenador o en nuestro teléfono.

También los conseguían de las famosas cookies que, aun sin saber para qué se utilizan exactamente, autorizamos constantemente y que permiten rastrear todo lo que hacemos en nuestro ordenador o en nuestro teléfono.

Los datos son solo la materia prima. Con ellos, el equipo de psicólogos de la empresa establece un amplio abanico de categorías y subcategorías de personalidad y de conducta. Luego pasan a la fase de la microfocalización, en la que se diseñan mensajes a la medida de cada grupo de personas, tocando los temas políticos que más les preocupan y haciéndolo del modo adecuado a su personalidad. Mensajes que se les envian, a través de las redes sociales, eligiendo el momento y la forma de presentación que capte con más facilidad su interés. Probando una y otra vez, con ligeras variantes de esos mensajes, y viendo cuál era la respuesta de cada persona, descubrían cuál era el mensaje que, casi con toda seguridad, haría actuar a cada persona en la forma que se pretendía.

(…) descubrían cuál era el mensaje que, casi con toda seguridad, haría actuar a cada persona en la forma que se pretendía.

El objetivo, obviamente, era localizar con nombres y apellidos a los ciudadanos que estaban indecisos o, sencillamente, eran influenciables, para concentrarse en ellos e inducirlos a votar lo que los clientes políticos de la empresa querían. Según Kaiser, solo a través de Cambridge Analytica, la campaña de Trump se gastó cien millones de dólares en publicidad digital, casi toda en Facebook.   

Han pasado casi cuatro años desde entonces y, en este tiempo, seguro que han surgido más empresas, con tecnologías aún más avanzadas y con mayor capacidad para influir eficazmente en los ciudadanos que están confusos en sus opiniones políticas (cada vez somos más) e inducirlos a votar en un sentido determinado. No hace falta decir que el desarrollo de este tipo de actividades atenta directamente contra uno de los pilares básicos de la democracia: la libertad de opinión y de voto, y la transparencia de los procesos electorales.

Los gobiernos pueden hacer mucho para controlar este riesgo, aprobando las leyes adecuadas y dotándose de las tecnologías que les permitan rastrear el uso que se hace por las empresas de los datos personales, con el fin de verificar el correcto cumplimiento de dichas leyes. También es mucho lo que puede hacer la sociedad civil. De hecho, aunque no conozco ninguna en España, en los Estados Unidos son muchas las organizaciones sin afán de lucro activas en la protección de la privacidad de las personas.  

Pero, no nos engañemos, el grueso de la responsabilidad de protegernos contra esa manipulación a gran escala reside en nosotros mismos.

Pero, no nos engañemos, el grueso de la responsabilidad de protegernos contra esa manipulación a gran escala reside en nosotros mismos. Somos nosotros, cada uno de nosotros, los que tenemos que hacer el esfuerzo de informarnos sobre los modos y maneras que existen (y efectivamente existen), para evitar que nos espíen y nos manipulen y para decidir, en consecuencia, a qué servicios de los que nos ofrecen gratuitamente todos los días por el móvil, el ordenador o cualquiera de los aparatos conectados a internet, nos conviene renunciar para proteger nuestra privacidad.

Hablamos mucho, y con mucho sentimiento de superioridad, del control al que se somete a los ciudadanos en países como China, pero como no nos espabilemos y este tipo de actividades no se controlen de verdad vamos camino de acabar en nuestras orgullosas democracias con un control similar al de allí, pero sin saber por quiénes.

Quizás dentro de cincuenta años nuestros nietos o bisnietos se pregunten, perplejos, qué nos pasó para estar dispuestos a regalar nuestra privacidad, y aceptar convertirnos en marionetas de otros, simplemente por empeñarnos en seguir recibiendo un sinfín de servicios o productos por la red sin pagar nada a cambio y solo con el cuento de que lo pagaba la publicidad.

5 comentarios

5 Respuestas a “Los datos de la política y la política de datos”

  1. Manu Oquendo dice:

    Muchas gracias por el artículo.

    Cada navidad hago un alto en mi material habitual de lectura y leo una obra de ficción, unas veces ciencia, otras política y otras de espionaje. Los últimos años he leído lo más reciente de John Le Carrê. Este año pasado ha tocado el turno a «Agent running in the field», publicada en 2019. En ella, junto a viejas historias profesionales de su oficio, hay muchos elementos actuales relacionados, en este caso, con el Brexit, con la antiquísima relación antagónica entre Rusia y UK, la creciente relación simbiótico-parasitaria que se va desarrollando entre USA y UK o la insalvable brecha entre las Islas británicas y las «mini» potencias continentales, Francia y Alemania.
    Detalles curiosos.
    Excepto los EEUU, el resto de servicios de inteligencia no usan «nuevas tecnologías» para las comunicaciones seguras entre sus nodos centrales y agentes de campo. Se sigue recurriendo a viejas tecnologías no electrónicas o simplemente mecánicas no conectadas a red alguna. La conocida como Internet Profunda fue desarrollada a instancia de Darpa y de agencias de inteligencia Norteamericanas para acceder a sus agentes y es perfectamente transparente para estas agencias. Justo lo contrario de lo que se supone.
    Las comunicaciones en tiempo real, imperativas en operaciones concretas, utilizan móviles de usar y tirar.

    Creo que vamos a tener que ir dándonos cuenta del mundo que nos ha tocado vivir y volver a recrear «parcelas» de vida privada y comenzar a exigir leyes muy diferentes que, so pretexto de protegernos, en realidad lo que hacen es dificultar y filtrar más cada vez, las comunicaciones privadas. Las supuestas leyes de «protección de datos» son una cacicada despótica que no nos protege en absoluto, nos obliga a un gasto brutal e imposible para la mayor parte de compañías y de facto bloquea las comunicaciones transversales en la sociedad civil: Es decir el objetivo a controlar para el Post-Marxismo Socialdemócrata y sus aliados temporales del NWO.

    Supongamos que ustedes son miembros de una asociación de antiguos alumnos o de un club y desean escribir al resto de socios. Inténtenlo y verán en qué, de verdad, consiste la «protección de datos». Qué y a quién protege.

    Lo dicho, más les vale tener una vieja agenda manual y usar textos manuscritos individualizados. Al estilo de los servicios de Inteligencia modernos.

    Eso y mucho trabajo por delante si alguien quiere realmente tener algo de vida verdaderamente privada.

  2. pasmao dice:

    Buenas tardes Don Manuel

    Interesante y necesario artículo donde afortunadamente no nos encontramos con los hackers rusos de turno a quienes echar la culpa de todo.

    Un aspecto a considerar, sobre el que también a apuntado MANU es el que las supuestas «protecciones» que te ofrecen los gobiernos de las macroentidades de turno UE, ONU.. al final sirven no al pringado de base si no a las grandes corporaciones, que por economías de escala, se lo puede permitir. Y eso no es por casualidad.

    Cuando en cualquier contrato de electricidad, teléfono, banco.. hay que irse a buscar la página escondida, el párrafo escondido.. donde uno tiene que marcar QUE NO AUTORIZA LA CESIÓN DE SUS DATOS o si no la fastidias, en vez de estar bien clarito que cualquier autorización que no sea clara y meridiana no es válida, la cosa mosquea.

    No es por casualidad.

    Cómo tampoco es casualidad que para llamar a los servicios públicos uno tenga que pasar por un 902, o como son casualidades muchas cosas.

    En esa mezcla cada vez mas enredada entre lo público y lo privado las leyes se hacen a medida de los que mandan. Y lo peor es que nuestros nietos y posteriores no serán conscientes ni de lejos de lo que significa privacidad, por lo expuestos que estarán a toda fiscalización de su actividad.

    https://www.lasinterferencias.com/tag/classdojo/

    para que se hagan una idea

    Lo peor es la «afición» que se le ha cogido a todo esto desde el mundo de lo políticamente correcto, porque han visto en ello la mejor herramienta para una futura inquisición que dejará en paños menores a la de Savonarola.

    Por cierto, respecto a que Trump ganó porque supo hacer mejor «uso» de este tipo de tecnología.. uno empieza a estar cansado de excusas. Trump ganó porque sus rivales en el partido republicano eran malísmos y después en la batalla final Hillary hizo todo lo posible por hacerlo mal. Y ello fue porque se consideraban unos sobrados a quien un advenedizo no iba a mojar la oreja. Después de semejante selección inversa entre sus rivales/enemigos Trump lo tuvo muy fácil.

    Un cordial saludo

  3. O'farrill dice:

    Felicidades al autor del «post» por traer al debate al mundo de la «transhumanidad» en que ya (desgraciadamente) no encontramos y en el que, al parecer, estamos tan felices. Vender el alma al diablo, eso es lo que se ha estado produciendo paulatinamente en un proceso de adoctrinamiento social hasta conseguir el sometimiento total. No hay más que darse cuenta del lenguaje imperativo de cualquier artilugio tecnológico y cómo nos obliga a obedecerlo. Personalmente me negué a aceptar esas «cookies» porque me dí cuenta de que era otro subterfugio más de imposición y control. Hice la prueba un par de veces y me encontré con que no solamente habían detectado mi interés por algún tema más o menos banal, sino que incluso han detectado cualquier dato referente a mi salud.
    Hace poco tiempo escribí un «post» que traía al recuerdo una de las obras distópicas clásicas («Farenheit 451» de Ray Bradbury) que, como otras obras similares, nos advierten de lo que nos espera en el futuro. Un futuro que ya está aquí amenazando nuestras escasas libertades desde todos los sectores sociales. Un futuro que ya está aquí y por donde pasean con toda naturalidad los nuevos «transhumanos» o la nueva especie de «homo digitalis» que llevan ya grabados en su piel o en su terminal telefónico sus nuevas señas de identidad.
    Hace un par de días en una sucursal bancaria me informaban del clásico «apagón» informático que les tuvo dos días sin trabajar. Un poco más tarde comía con un par de jóvenes entusiastas de las tecnologías que, cuando les pregunté qué harían si alguien simplemente les desconectaba, no sabían qué responder. La dependencia de algo siempre ha sido un error. Un poco más tarde otra chica joven intentando ayudar a resolver un traspaso de imágenes desde un móvil a un ordenador comercial, enviaba prácticamente todos los archivos particulares del teléfono al otro aparato…..
    Hemos tomado como juguetes (en el caso de los más jóvenes y en el de quienes pretenden demostrar que lo son) unos artefactos que pueden traer unas consecuencias terribles. Sin ir más lejos la pérdida de experiencias y conocimientos del ser humano, adquiridos a través de cientos de generaciones para sustituirlas por artilugios que no sabemos (porque así está previsto) domesticar, sino que por el contrario nos han domesticado.
    La robótica ya es un hecho en el mundo industrial, laboral y hasta doméstico (esos simpáticos muñecos que dicen estar para servirnos pero que exigen alimento energético constante). Los nuevos inventos de movilidad urbana circulan sin control ni responsabilidad, dejando que nuestras piernas pierdan su función progresivamente…. Hasta en invierno se impone la moda de dejar al descubierto las articulaciones (rodillas y tobillos) que reciben los rigores de frios y humedades sin ninguna protección.
    ¿Tan inconscientes somos de que no nos hemos dado cuenta de las imposiciones que nos van «cosificando»?
    Finalmente tenemos lo más grave: el control del pensamiento (la «policía del pensamiento» de Orwell) en forma de nuevas ideologías y doctrinas con las que nos machacan diariamente y que van «moldeando» nuestra opinión. El ejemplo más reciente es el de la falsa «emergencia climática» con que van a justificar nuevas formas de coerción legal y fiscal sobre los desprotegidos ciudadanos, obligándoles a endeudarse para no ser sancionados (hace poco la propia fiscalía del Estado requería del ayuntamiento de Madrid la aplicación del código penal para los vehículos contaminantes). Como vemos, las instituciones que debían apoyar y defender a la sociedad, al servicio de las doctrinas impuestas por intereses particulares.
    Cuando el propio comunicado de de CGPJ -en que parece querer defender el mundo jurisdiccional de las injerencias políticas- empieza por declarar al Estado español como «socialdemócrata» vulnerando el principio de pluralismo político, nos está demostrando la afiliación institucional política que pretende presentar como neutral.
    En fin, coincido con el autor en que somos nosotros, en nuestro día a día, quienes debemos impedir esas imposiciones ilegítimas rechazando el adoctrinamiento mediático-político (un duopolio de «poderes» tan pervertido como los demás), pero ya se ha avanzado demasiado ante nuestra pasividad y comodidad.
    Y, para terminar querido Manuel, el Sr. Trump es otro de los «mantras» usados en ese adoctrinamiento, al igual que en otros sitios es la falsa «ultraderecha» en un mundo en que la falsa izquierda es la herramienta al servicio del capitalismo salvaje. No hagamos el juego a quienes propagan la «desinformación» (libro del periodista Pascual Serrano sobre «cómo los medios ocultan el mundo»): «La prensa en muchas ocasiones no sólo es un un mero altavoz del poder que se limita a reproducir literalmente lo que se le dicta. Su papel de propagandista de la ideología dominante es mucho más activo en el papel promotor de la opinión…»
    Un cordial saludo.

  4. Paco dice:

    Me permito recomendar vivamente la película “Brexit” que está disponible en la plataforma HBO al hilo del tema de este artículo.

    En ella se describe el trabajo y la estrategia desarrollada por el equipo de la campaña a favor del Brexit en Reino Unido. El responsable de la campaña ( a propósito ha sido recientemente incorporado al equipo de Boris Johnson) no sólo crea el lema de la campaña y dirige el trabajo del equipo sino que contrata a Cambridge Analítica.

    El trabajo de esta compañía se centra en los indecisos. En ellos detecta a través de la información de que disponen los temas que más les preocupan (a unos la emigración, a otros el paro, otros son nacionalistas, etc) y a cada uno le abordan en sus páginas de internet, móviles y redes sociales con los mensajes a los que son más sensibles: a los del paro prometiéndoles que un Reino Unido fuera de Europa va a tener más puestos de trabajo, a los sensibilizados con la emigración con noticias sobre delincuencia protagonizada por emigrantes, con noticias sobre la pérdida de identidad cultural del país, etc.

    En definitiva, muestra de manera gráfica la manipulación a la que estamos cada día más sometidos.

    Lo que es preocupante es que no se apuntan muchas soluciones para remediar esto. Quizá porque los primeros interesados en hacer uso de esta forma de manipulación son los mismos políticos y así lo demostraron al aprobar una ley en la que permitían a los partidos acceder a información de particulares que las leyes de protección de datos vetan a las compañías particulares.

  5. Ligur dice:

    Buen artículo Manuel;
    No puedo aportar más de lo que aquí se ha dicho.
    O`farrill, lo has “clavao”.
    Es lo que tiene la agenda globalista, control y más control; no van a parar ni reparar en el como. Ya sabemos que para ellos, el fin justifica los medios. Apoyados por una iglesia que se desmorona pero que aún dará su guerra, por poderosas corporaciones, por regímenes totalitarios, por la la izquierda más rancia y ávida de poder, a la que se le acabó el chiringuito de la lucha por la clase obrera cuando cayó el muro de Berlín. Ahora y como no podía ser de otra manera, se han hecho dueños y señores del feminismo, del cambio climático, del animalismo, del veganismo, de la ley de memoria histórica, de las leyes de género en todo su amplio espectro, de las redes sociales, de ciertas cadenas de TV y periódicos, del lenguaje inclusivo.
    Y si Dios no lo remedia, y tiene pinta de que no lo va a remediar, también de la fiscalía y del poder judicial.
    Han tomado buena nota, hasta del número que calzamos, gracias a las imperantes y sofisticadas tecnologías, no especialmente necesarias a nivel usuario y que la mayoría utilizamos. Me dan ganas de volver a los antiguos Nokia de botones. Lo tendrían más difícil.
    Como dice un buen amigo: ¡¡¡¡ Esto se nos ha ido de las manos !!!
    Y ahora que ….

    Un saludo

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