Con la reciente imputación a la Infanta Cristina por el juez Castro se ha dado un paso más en el desapego que empieza a sentir una parte de la sociedad hacia la monarquía. Los sucesivos escándalos que han afectado a la Familia Real han roto el consenso social que existía en apoyo de esta institución. En este contexto vuelve a ponerse sobre el tapete el debate Monarquía-República con los argumentos habituales a favor o en contra. No obstante, este debate nos ofrece también la oportunidad de reflexionar sobre cuestiones de fondo que rara vez salen a la palestra.

Por resumir un poco, se ha dicho que las principales ventajas de la Monarquía son la estabilidad que proporciona a la Jefatura del Estado, por su independencia de los partidos y por su permanencia; la posibilidad que eso le brinda para ejercer un cierto papel de arbitraje; el valor como símbolo de unidad que aporta a un país como España sometido a fuerzas centrífugas muy fuertes; y la oportunidad de preparar adecuadamente al sucesor para el ejercicio de sus futuras funciones. Como inconvenientes suelen señalarse principalmente dos: que nos atamos a una persona, el Rey, de manera que si nos tocara uno muy flojito nos tendríamos que aguantar; y que dejamos su elección en manos de la genealogía en lugar de hacerlo por criterios democráticos.

Una República resuelve, en principio, esos inconvenientes, ya que su Presidente puede ser elegido mediante votación popular y además por un tiempo limitado. No obstante se pierden, en parte, algunas de las ventajas de la Monarquía. Vale. Pero ¿hasta qué punto es siempre una ventaja que el Jefe del Estado sea elegido por los ciudadanos? Sí, ya sé que me estoy metiendo en un jardín delicado y que me pueden acusar de cuestionar el sistema democrático. Vamos por partes.

Para empezar es obvio que, en los tiempos que corren, necesitamos que quienes nos dirijan, desde la Jefatura del Estado o desde el Gobierno, sean auténticos líderes; es decir, personas muy inteligentes, capaces de comprender la enorme complejidad que conlleva gestionar el país, de apreciar los desafíos y las oportunidades que tenemos por delante, de saber conciliar intereses contrapuestos, de captar los problemas de la gente, de saber transmitirles confianza en la estrategia emprendida e incluso, ¿por qué no?, de reflejar ese tipo de virtudes que nos permitan sentir a los españoles admiración y orgullo por quién nos representa.

Bien, pero ¿en qué medida es eso lo que buscan los ciudadanos cuando votan? Cuando votamos ¿estamos eligiendo a la persona que creemos más capacitada para dirigir el país entre los distintos candidatos? ¿Estamos eligiendo al que mejor nos representa? ¿O en función de qué tomamos nuestra decisión?

Ya se que el principio de «un ciudadano, un voto» es la base de nuestra democracia, y no lo estoy cuestionando. Pero sí cuestiono el modo en cómo se entiende y se aplica este principio. El modo en cómo se ejerce esa responsabilidad.

Partamos de la base de que lo normal es que la mayor parte de la gente desconoce la enorme complejidad que implica dirigir un país. No tienen por qué saberlo ni entenderlo ya que no se dedican a eso. Pero eso significa, por tanto, que en cierta medida elegimos a ciegas. Sería como si, por poner un ejemplo, el Premio Nobel de Física lo eligieran entre todos los licenciados en Físicas, incluidos los que acaban de terminar la carrera o la han acabado hace años pero se han dedicado a otros asuntos. Su capacidad para valorar los descubrimientos más importantes en este campo sería bastante dudosa y podrían acabar eligiendo al más simpático, fotogénico y charlatán.

Conceder ese derecho de voto a todos los ciudadanos sería aceptable si, pese a su desconocimiento, cada uno asumiera la responsabilidad de hacer todo lo que esté en su mano para ejercerlo lo mejor posible. Procurando informarse, intentando hacerse una idea del tipo de trabajo que es dirigir un país y tratando de percibir qué candidato se aproxima más al perfil que se requiere. Planteado así, el derecho de voto es una vía muy eficaz de estimular el interés de los ciudadanos en promover su propia formación para entender los asuntos clave que inciden en el bienestar y crecimiento de una sociedad. Es una forma de avanzar en el sentido real de la democracia.

En cambio, ese derecho de voto nos llevaría al desastre si se banalizara y se convirtiera en un ejercicio de poder caprichoso e ignorante, donde a cada votante solo le importase lo que afecta a sus intereses personales e inmediatos. Sería, salvando todas las distancias, como si pusiéramos una pistola en manos de un niño.

Naturalmente, que se interprete de un modo u otro depende en gran medida de la lectura que haga cada persona: si cree que más que un derecho es una responsabilidad para la que debe capacitarse o si cree que, como tantos derechos, es merecedor de él porque sí, por el «mérito» de haber nacido. También depende, y mucho, de cómo lo interpreten quienes desde los partidos, las instituciones o los medios de comunicación influyen decisivamente en la opinión de los votantes.

Viendo las estrategias electorales de los partidos y en qué tipo de mensajes concentran su dinero y su tiempo, es evidente que están convencidos de que lo que determina el voto es una combinación de miedo al adversario y de decir lo que la gente quiere escuchar sobre sus intereses inmediatos. Aunque eso implique afirmar en Barcelona lo contrario de lo que se diga en Sevilla. Ellos creen que los mensajes electorales más eficaces son los que combinan simplicidad e impacto emocional. Pero no cabe duda de que actuando así los partidos están alimentando el aborregamiento de la sociedad y, con ello, el vaciamiento de la democracia. Y desgraciadamente no es una cuestión de que el sistema político español sea muy cerrado y no tengamos apenas en dónde elegir, porque el de Estados Unidos es muy «abierto» y los políticos que salen elegidos allí no son sustancialmente distintos a los nuestros.

El problema básico, en mi opinión, es si los ciudadanos estamos cultural y psicológicamente dispuestos a aceptar que estamos muy lejos de comprender suficientemente la complejidad del ejercicio de gobernar, pero que, pese a esa dificultad, nuestra responsabilidad democrática es elegir al más competente, esforzándonos por hacerlo lo mejor posible y estar a la altura de las circunstancias. O si, por el contrario, lo que queremos es que «el de arriba» sea alguien «como nosotros» porque nos parece que casi cualquiera puede valer para ponerse ahí. Aquí radica una de las claves más importantes de la democracia que estamos construyendo.

La aspiración por crear una sociedad civil potente tiene que ver totalmente con esta cuestión de fondo. Y tiene que ver, por tanto, con la calidad de la democracia que tenemos. El desafío es muy importante, porque si no se pone un empeño especial en evitarlo podemos acabar convirtiendo el debate político, en estos tiempos de creciente desconfianza en los políticos, en una disputa de grillos al estilo Telecinco, donde quien más chilla y más barbaridades dice es el que se lleva el gato al agua. Eso ni es democracia ni es nada, por mucho que votemos. Y eso es lo que hace que el Poder se sienta legitimado para prometer lo que le de la gana, para luego hacer lo que quiera y encima seguir engañando una y otra vez a la ciudadanía. Es ese discurso de: «si no les interesa y además no lo van a entender ¿para qué les voy a contar la verdad?».

Así pues, si el voto ciudadano se ejerciera mayoritariamente con el sentido de responsabilidad y de compromiso personal al que me he referido, yo me decantaría, sin lugar a dudas, por una elección del Jefe del Estado mediante votación popular. De lo contrario no me parecería tan relevante tener una Monarquía o una República.

 

11 comentarios

11 Respuestas a “MONARQUÍA, REPÚBLICA… ¿ES ÉSA LA CUESTIÓN?”

  1. Remedios dice:

    La verdad es que a nuestro país no hay quien lo entienda.

    Siento contraponerme a la opinión dominante de moda en estos momentos derivada de los sucesivos escándalos que están salpicando a la Monarquía, o al actual Rey y a su familia. Queda bastante claro que las conductas que actualmente están en la opinión pública son, cuando menos y en la mejor de las versiones, abiertamente reprobables.

    Pero la cuestión radica, como se deja entrever en el texto, en que se represente bien, fidedignamente, a quienes están detrás de dicha representación, es decir al pueblo español. Como dice el autor del artículo el problema no es tanto si Monarquía o República, sino si quien ostenta el cargo está ejerciendo responsablemente la representación de la nación, a la postre los españoles.

    Y ¿cuando antes hemos estado mejor representados? Nuestro país que en los últimos veinte años ha estado sacudido de escándalos de todo tipo, por quién va a estar mejor representado?: Políticos haciendo tráfico de influencias por doquier, banqueros delincuentes que acaban en las cárceles, ministros del orden que ordenan asesinatos, directores generales de las fuerzas de seguridad enormemente enriquecidos por las comisiones cobradas, sindicalistas sospechosos de desviar los fondos europeos para la formación a sus propias arcas, comunidades que han creado redes ex profeso para incluir a sus aliados y amigotes en los Ere´s, jueces que dictan sentencias condenadas por prevaricación, expresidentes del gobierno recibiendo clases de golf con dinero de todos, tesoreros de partidos llevándose la caja a Suiza, sospechosos de entenderse con organizaciones criminales mafiosas independentistas, nacionalistas que reivindican su autogobierno en una autonomía profundamente corrupta por sus líderes, presidentes de patronales encausados por levantamiento de bienes y apropiamiento indebido, representantes de los trabajadores son sueldos millonarios en cajas de ahorro quebradas fraudulentamente, gobierno de la iglesia especulando sus millones en fondos de inversión delincuentes. ¿Y pasa algo?

    Lo dicho, nunca antes el pueblo español ha estado mejor representado, porque si después de todo esto todavía hay alguien que se acerca a una urna a votar, es que se siente bien representado. ¡Viva España! ¡Viva la Constitución! ¡Viva el Rey! ¡Viva Vicente del Bosque! ¡Viva Mari Carmen y sus muñecos!

    1. Alicia Bermúdez dice:

      Ah. Pero es que tu te refieres a la acepción nº 7
      Ver aquí:
      http://lema.rae.es/drae/?val=representar.

    2. Tutan dice:

      Pues si no fuera por la monarquia estarian mucho peor, no sabes lo corruptas y tiranas q se vuelven las republicas q al final terminan llegando al poder puro delincuente que les dejo el poder su amigo o socio pero no los mas capacitados. Esos banqueros en una republica estarian libres.

  2. José María Bravo dice:

    Yo creo que el debate que suscita Bautista puede ser interesante pero, como el mismo dice, da pie a un cuestionamiento democrático. Pero, en fin, podría cuestionarse la Democracia?, claro que si. Sobre todo su concepción en nuestra sociedad.

    El problema que yo veo en el articulo, y que me gustaría que Bautista lo esclareciera, es que el, también, parece caer en la concepción democrática imperante. Cual es ejercicio del poder popular conveniente que Bautista nos sugiere?. De que complejidad de gobernanza nos habla?.

    La matización que le pediría a Bautista es como concibe el sistema democrático más allá de los procesos electorales. El articulo merecería, para mi, esa reflexión o si no queda como algo vago, muy interpretable. Por ejemplo, Bautista considera que gobernar responsablemente es adecuarse a los dictados de la economía neo-capitalista del momento actual?. O considera que la virtud política es transmitir que esto es «lo que hay que hacer»?. O, por otra parte, que la conscientización es aceptar que la desigualdad económica y social tiene como referente la desigualdad esencial de cada uno de los hombres?.

    Yo creo que sería interesante un debate más profundo de este asunto que es para mi la clave del cambio o de la estatización. Incluso esto me lleva a pedirle con que fundamento el defiende, en un articulo anterior, la Unión Europea. Esto también podría tener connotaciones «imperiales» políticas y económicas que hay que cuestionar, más allá de la supuesta «modernidad» de ese modelo.

    Pues, en fin, le agradecería a Bautista ahondar más en este tema tan actual.

  3. Manuel Bautista dice:

    Yo creo, José María, que planteas muchas cuestiones de fondo que, obviamente, no caben en la extensión que admite un blog.

    ¿De qué complejidad hablo cuando me refiero al ejercicio de gobernar un país como España? Pues si ya es muy complejo gestionar una gran empresa, como por ejemplo Telefónica o Repsol, creo que lo es mucho más gestionar un país.

    Eso hablando de gestionar, de administrar. Pero la acción de gobernar rebasa con mucho el puro ámbito de la gestión. Significa también transformar una sociedad, prepararla para los cambios que se avecinan, los que nos vienen dados y los que deberíamos hacer (por nuestra propia iniciativa) para avanzar hacia una sociedad mejor.

    Desde esta perspectiva, gobernar tiene también mucho de educar, de movilizar, de entusiasmar a una sociedad para emprender los cambios que se ven necesarios por razones visibles e inmediatas, y los que no se ven tan fácilmente si no te lo explican.
    Gobernar debería ser también promover debates y reflexiones de gran calado sobre, por ejemplo, qué sociedad querríamos tener dentro de 10 o 20 años. A falta de ello, se hacen cosas tan curiosas como zambullirnos en cambiar la Ley de Educación sin apenas pensar qué educación creemos que deberían tener los chavales que ahora tienen 5 años y que, cuando terminen el ciclo de educación asociado a esa nueva Ley, tendrán 15 o 20 años más.

    Es decir, creo que gobernar un país es bastante más complejo que gestionar una gran empresa. Para esto hay muchas escuelas de negocios de gran prestigio, muchos master MBA, etc., pero para gobernar un país… votamos entre dos o tres candidatos con no sé muy bien qué criterios.

    Me pides también que explique cómo concibo el sistema democrático más allá de los procesos electorales. Bueno, sobre eso precisamente han versado varios de mis artículos.
    Pero, en todo caso, yo creo que la democracia requiere, como condición necesaria, elecciones libres; pero como condición suficiente tendríamos que hablar de eso, de lo que se hace en el período que va de unas elecciones a las siguientes. De lo que hacen los partidos, los políticos y, sobre todo, los ciudadanos. Tenemos la democracia que tenemos en gran medida por la actitud de los ciudadanos. Y una de las cosas buenas que le veo a la crisis actual es que se está produciendo una movilización ciudadana que puede tener derivaciones muy interesantes.

    En fin, José, no puedo abarcar todo lo que planteas. Pero desde luego son todos ellos asuntos muy interesantes.

    En cuanto a lo que dice Remedios en su comentario, yo solo le diría que también ha habido mucha gente magnífica dirigiendo este país, en la primera línea y detrás.

    Muchas gracias por vuestros comentarios

    1. José María Bravo dice:

      Es evidente Manolo que respondes bien porque respondes con tus propias inquietudes.

      Cuando tocas la sociedad del futuro es una concepción, como es tambien verdad, que un pais, hoy en día, es una gran empresa.

      Y el problema es, como tu tambien enuncias, que no es esencialmente una empresa sino una sociedad con sus creencias, sus connotaciones culturales, su desarrollo humano y esto es un asunto diario. Hoy en día un desgarramiento diario. Para mi la politica democratica deberia abordar diariamente ese devenir de la consciencia, esa importancia de cada uno de sus integrantes.

      Manolo, te agradezco tu amable respuesta.

  4. Alicia Bermúdez dice:

    Decir República en este país es algo así como nombrar la bicha. Se te ocurre decir que te parece buena cosa y serás calificado de loco o de insensato.
    ¿Pero por qué?
    Es verdad que las dos que tuvimos dieron mal resultado, pero no creo que el mal radicase en ellas propiamente sino en las gentes que aquí somos ¿No? ¿O es que no hay un montón de republicas en el mapa de Europa sin estar suponiendo mayor drama para quienes las viven? Y si hay mayores dramas no es el hecho de ser repúblicas lo que los acarrea.
    Por otra parte, ¿qué es un rey?, ¿qué son todos los reyes y todas las dinastías que en el mundo han sido?
    Nunca se ha visto que una señora se ponga de parto y, al rato, “¿qué ha sido?”; y, “señora, ha tenido usted un rey”.
    No están hechos de otra cosa que el resto de los mortales ni los adornan cualidades distintas de las que puedan adornar a cualquiera.
    ¿Por qué entonces avenirse a darles un trato diferente? ¿Por qué doblegarse sin rechistar a que vivan fuera de la ley? Porque me parece a mí que personas que quedan al margen de ser ni juzgadas ni encausadas ni sancionadas con la pena que según los códigos de cada país corresponda a tal o cual infracción o delito están viviendo al margen de la ley, ¿o no? ¿Y no es verdad que quienes viven al margen de la ley son un peligro público?
    Así que prefiero una república, con su presidente al que se elige y, si no funciona, a la ronda siguiente a por otro.
    Luego está el tema de con qué criterios elegimos la papeleta que depositamos en la urna que tenemos delante. El jubilado con la vista puesta en su pensión. El achacoso, en su salud. El parado en su subsidio. El vago en su subvención. La jovencita desinhibida en su aborto. El cada uno en su cadaunez…
    Ya sé que estoy exagerando, pero… ¿a cuántos conocemos cada uno cuyas miras vayan un poco más allá de sus personalismos?
    ¿De qué manera meter en las cabezas de las gentes que ese mundo mejor que cada uno queremos sólo lo será si es mejor para todos?
    Así que no sé, la verdad. Con Monarquía o con República estaremos igual de empantanados mientras sigamos siendo como somos.
    Una anécdota. Me contaba un amigo de un grupo de personas que fueron a visitar una fábrica en Japón. Era por la mañana muy temprano y los pocos coches aparcados en un aparcamiento inmenso estaban muy lejos del edificio. Los visitantes preguntaron que por qué era así, y la persona que los acompañaba explicó que aquellos coches eran de los que habían llegado pronto, y que los sitios más cercanos los dejaban para que los fueran ocupando a medida que llegaban con el tiempo más justo.
    ¿Alguien se puede imaginar semejante forma de proceder aquí, en este país?
    Y así nos va.

  5. Manu Oquendo dice:

    Artículo importante. Tendré que leerlo un par de veces para poder comentar pero, además de importante, es de plena vigencia.
    Saludos.

  6. AABRC dice:

    Yo como española, no creo ni en la democracia que hay en España ni mucho menos en la monarquía. Esta última la considero un adorno bonito y costoso, que a diferencia del UK, la monarquía de ellos vende, aquí solo nos hace pasar vergüenza y degradar cada vez más nuestra imagen en el exterior. Por otro lado, creo que la política en todas partes del mundo, esta manipulada, es más me atrevo a decir, que ya estaba planeado que el PP ganaría las elecciones en España y que el PSOE será el siguiente partido en el poder. Me gustaría señalar que necesitamos que nuestros dirigentes sean españoles que tengan un interés y un amor real por España. No me gusta Ruvalcaba ni la que esta en Cataluña , hace falta gente nueva, dinámica, preparada y con ganas de impulsar este país. Me gustan sus comentarios pero les falta dinamismo, realismo, es como si no pasearán por las calles, es como si quienes escriben, en este blog, están en una oficina elegante, de la calle Serrano de Madrid o algo por el estilo. Además las horas en que hacen los comentarios, son horarios de oficina, yo es que acabo de recoger la mesa dónde ha cenado mi familia y por eso llevo estos horarios. Es una critica totalmente positiva.

  7. Israel dice:

    En primer lugar (y en respuesta a AABRC) tengo que decir que, hasta no hace mucho, era la monarquía británica la que hacía pasar vergüenza y degradaba la imagen exterior (recuerden a Sarah Ferguson, los amoríos de Lady Di, las compresas del príncipe Carlos…), en fin, que todo va por rachas…
    Por otro lado, respecto a la cuestión de fondo, Monarquía-República, la verdad es que creo que este debate, en España, está falseado. Y lo está porque quienes defienden, al menos visiblemente, la forma de gobierno republicana, tiene la curiosa costumbre de ondear la bandera tricolor, que representa a una república que fue, reconozcámoslo, un verdadero fiasco. Aquella república nació con la intención de servir de puente hacia una dictadura del proletariado. El que no reconozca este hecho creo que no ha leído mucha historia.
    A mi el debate en cuestión tampoco es que me apasione. Pero si algún día veo a manifestantes reclamando la República desde posiciones razonables, con la bandera roja y gualda en la mano (la misma que utilizó la I República, cambiando la corona real por la mural) ese día apoyaré la República, porque entenderé que están reclamando una república como la alemana, la francesa, la estadounidense, o como muchas otras de nuestro entorno, y no una república como la RDA.

  8. magda brown dice:

    Demasiado largo el artículo. Bastaría con el apremio de una premisa básica: un buen sistema educativo, libre de ideología y responsable de conocimiento de acceso público y necesidad universal.

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