No sin mi papel higiénico

Una de las noticias que más impacto tuvieron durante los primeros días del confinamiento por el coronavirus fue la escasez de papel higiénico en los supermercados. Las imágenes de estanterías vacías de este producto salpicaban todos los diarios. He de confesar que este tema levantó mi curiosidad.

No es el único producto que escasea desde antes de decretarse el estado de alarma. Los geles desinfectantes, las mascarillas, los guantes y, últimamente, la levadura están entre los productos más solicitados. El papel higiénico tiene sin embargo algo que hace que su impacto mediático sea mayor. Quizá sea su cercanía con lo escatológico, quizá la sorpresa de encontrarnos con que falta algo tan aparentemente secundario y sencillo.

El miedo y la incertidumbre es lo que dicen algunos expertos que provocó la avalancha de aprovisionamiento de este producto en cuanto se decretó el cierre de los centros escolares, junto con el efecto contagio al ver que estos productos desaparecían de los estantes (a ver si me quedo yo sin ello en casa por tonto). Esto va unido al hecho de que los grandes paquetes abultan, por lo que destacan mucho cuando nos fijamos en otros carros de compra y resulta especialmente evidente el hueco vacío que dejan en el supermercado cuando no quedan existencias.

Además la escasez percibida provoca una avalancha de compras y finalmente una escasez real ya que ningún sistema de distribución está preparado para estos excesos. Ante esto no caben las llamadas a la racionalidad de las grandes cadenas comerciales y del gobierno, ya que el miedo es libre.

Algunos psicólogos opinan que compramos tanto papel higiénico ya que, al ocupar tanto espacio y ser necesario diariamente, nos hace sentirnos bien a un coste relativamente pequeño. Adicionalmente representa el control, porque se usa para limpiar y para ordenar según explica Niki Edwards, investigador de la Universidad Tecnológica de Queensland (Australia): “Con la crisis del coronavirus la gente teme perder ese control”.

Otra razón es la creencia de que no tiene un sustituto cómodo. Nos sorprenderá saber que su uso no es todavía habitual en algunos países y que su empleo no se estableció en Occidente hasta finales del S. XIX.

Hay que reconocer que lo mejor de esta historia han sido los impagables memes que la creatividad popular ha ido difundiendo estos días.

La reflexión a la que nos conduce la reacción de la población ante la posible escasez de determinados bienes es que, ante crisis grandes como esta, las personas se aferran a lo que consideran realmente importante.

La pregunta que realmente nos deberíamos hacer es: ¿Qué es lo esencial en la vida? Quizá la pandemia del coronavirus nos ayude a ver con más claridad las cosas fundamentales.

Como sabe el que ha salido de una situación de vida o muerte, o la de un familiar cercano, los problemas realmente transcendentales en la vida son muy pocos. Otra cosa es que, cuando no estamos en esa situación extrema, el resto de las pequeñas preocupaciones empiezan a ocupar todo el espacio de nuestra mente y les damos por ello una relevancia que no tienen.

Me permito a continuación exponer algunos de los elementos que, a mi juicio, son realmente importantes:

La alimentación y, por tanto, la agricultura, ganadería y, en general, la producción, distribución y venta de alimentos.
La salud. Los aplausos desde los balcones de cada tarde a las 8 son buena prueba del reconocimiento de la gente a la impagable labor de nuestros sanitarios en estos momentos
La seguridad. Queremos que las autoridades nos garanticen que se van a hacer cumplir las normas para salir lo antes posible de esta situación.
El conocimiento y la experiencia. La opinión de los técnicos, de los científicos es en la que se basan en estos momentos los políticos para la toma de decisiones según argumentan repetidamente. Es el triunfo de los hechos frente a las opiniones, especialmente las banales, de la experiencia frente a la glorificación permanente de la juventud.
Las relaciones humanas. En estos días valoramos especialmente, y echamos de menos, la relación directa con familiares y amigos, los abrazos y el cuidado de los mayores.
La cultura y la autorrealización. Todo ello como necesidad de cultivarse, de salir de nuestra ignorancia y de crecer como personas.

(Una vez escrita esta relación, inspirada ciertamente por los acontecimientos actuales de la crisis de la pandemia, observo la similitud que tiene con la jerarquía de las necesidades humanas de Abraham Maslow. Siempre volvemos a lo mismo).

Ante estos elementos esenciales quedan ahora en un segundo plano los programas de telerrealidad, las opiniones banales de tertulianos sin oficio ni conocimiento, la fama desmedida de artistas, futbolistas, “youtubers”, etc. frente a la de científicos, sanitarios, agricultores y tantos otros oficios que sustentan lo sustancial.

Algo que tienen en común muchas de estas profesiones es que son poco glamurosas. Son poco valoradas y peor pagadas. Están todavía en nuestra memoria las recientes manifestaciones de nuestros agricultores que se quejaban de que su trabajo no les daba para vivir, la falta de financiación a la Sanidad pública, las demandas de mejora de salario de las fuerzas de seguridad, la falta de ayudas al sector cultural y la escasa inversión en Investigación y Desarrollo, por mencionar algunas.

Otra de las cosas en la que coinciden estas tareas es que requieren tiempo y gran esfuerzo para dominarlas. Son la antítesis del titular apresurado con el que quedamos satisfechos atiborrándonos de datos pero no de conocimiento.

Cuando las cosas vuelvan a su cauce normal ¿nos iremos olvidando de nuevo de estos sectores a los cuales aplaudimos ahora de forma entusiasta? Si lo hacemos, seremos responsables de ello, y también de no presionar a nuestros políticos para que den prioridad a lo fundamental.

Estos días de confinamiento también nos deberían haber abierto los ojos sobre la importancia de trabajar en nuestro crecimiento personal tanto a través de la cultura como con cualquier medio que nos sirva para alejarnos de la simpleza en la que generalmente nos desenvolvemos.

6 comentarios

6 Respuestas a “No sin mi papel higiénico”

  1. O'farrill dice:

    Ojalá se cumpla el deseo final, pero me temo que la propaganda política vuelva a hacer de las suyas (incluso se ha interpretado el aplauso de los balcones como aplauso a la gestión del gobierno) y la deriva preocupante hacia el totalitarismo (la llamada «ley mordaza» no sólo no se ha derogado, sino que ahora les está sirviendo para aplicarla a su modo), se traduzca en forma de compra de votos a costa de las «ayudas» y «subvenciones» para mantenerse en el poder. ¡Es tan fácil disponer del dinero ajeno con provecho propio….!
    Gobernar es tener en cuenta precisamente las necesidades de los ciudadanos (de todos) no las del partido y sus fieles. En este caso, tal como se ha puesto de manifiesto en los muchos comentarios a otro artículo del Sr. Díaz Andreu sobre el mismo tema, la «seguridad» de la población no ha sido precisamente honrada por el gobierno ya que seguridad implica prevención. Pero no merece la pena insistir en la «gran chapuza» con que se ha ido improvisando, contradiciendo y hasta engañando desde la propaganda a una ciudadanía inerme, asustada y… ¡ojo! dispuesta a entregar sus libertades a cambio de una supuesta seguridad (que es lo que ha venido buscando desde hace tiempo) de una forma más o menos descarada.
    Un saludo.

  2. Ligur dice:

    Pues si. Lo dije hace meses en este foro. El miedo la incertidumbre y la duda es la imposición que nos colocan los indignos y ruines que gobiernan este país.
    Es la manera más fehaciente que tienen de controlarnos.
    La máxima de estos …….……… es: Trabaja para mi, piensa que es por tu bien y se feliz haciéndolo. Si seguimos con esa mentalidad de obedientes, pronto nos veremos mermados en todo.

    Se lo decía a un buen amigo el otro día, tu madre (exiliada cubana) ya los conoció, nosotros estamos conociéndolos ahora.
    «Pido, que el pensamiento funesto y los actos destructivos de esta horda de intransigentes, controladores, falsos corderos, ahora y otrora genocidas en muchas partes del mundo, se disuelva y vuelva a la Fuente a purificarse». Hecho está.

    Hay muchas formas de agradecer al personal sanitario que lo está dando todo y a los que están ayudándonos desde innumerables sectores a seguir adelante sin necesidad a montar el número balconil. Todo está dirigido para que nos comportemos así.
    O es que, los que viven en urbanizaciones, en un chalet cerrado, salen a aplaudir, no creo, o si, por que nadie les oiría el aplauso, por que no habría contacto visual de balcón a balcón con los vecinos. Habría que preguntarlo. Allá cada uno con sus cadaunadas.

    Cuando debería ser en nuestro cotidiano día a día, fuera de estos tiempos convulsos, donde el agradecimiento, tendría que ser el pan nuestro de cada día hacia todas las personas que nos ayudan durante todo el año.
    Por eso comente hace unos post, …. y luego que …., ¿que pasará cuando todo esto acabe?
    Y es que se adolece de voluntad y entrega hacia los demás cuando nos vienen bien dadas.

    Estamos en una guerra sin balas, también sin mascarillas. De los políticos no se puede esperar mucho más. Dan para lo que dan;
    Hay que enviarles al rincón de pensar, al ostracismo y al olvido.
    La necesidad de una fuerte y cohesionada sociedad civil para hacer frente a una clase política, ladrona, falsa, mentirosa e incompetente, es muy imperiosa y necesaria AHORA.
    Todos tenemos que dejar las tibiezas y: (de Gabriel Celaya)
    “- TOMAR PARTIDO HASTA MANCHARSE-”

    Cuidaros

  3. O'farrill dice:

    Mientras pasa esta tarde de primavera con los consabidos chubascos en unas zonas y el sol brillando en otras, supongo que muchísimos de los ciudadanos en el mundo rural siguen manteniendo su rutina habitual, incluyendo un paseo por zonas donde el peligroso contacto coronavírico es imposible, bien porque los paisanos nos están haciendo negocios internacionales, bien porque tampoco acuden a conciertos o concentraciones y el transporte público es inexistente o acuden a la ciudad de forma muy esporádica o nunca.
    La aplicación de las medidas del gobierno no les afecta más allá de un cierto temor (si ven las televisiones) porque, afortunadamente para ellos y desgraciadamente para los «urbanos», parece que el virus prefiere éstos ambientes para su propagación.
    En esa «España vacía» donde miles y miles de pequeños núcleos o aldeas tienen solamente una decenas de vecinos fijos, donde cada cual tiene su faena que cubrir cada día para salir adelante, no hace falta mantener distancias específicas ya que tienen todo el campo o el monte a su disposición donde se han recluido por propia voluntad para evitar el contagio procedente de las ciudades (en todos los sentidos).
    Un saludo.

  4. Rafa dice:

    Todos los que hemos asistido a algun curso de publicidad, sabemos que la compra es un alto porcentaje emocional y responde poco a una reflexión de nuestras necesidades, que en muchos casos son creadas por los medios.

    Yo tuve la oportundidad de viajar a Praga no mucho despues de la caida del telón de acero.

    Allí mantuve una conversación con unos conocidos, que me relataron.

    Unos vecinos nuestros, una familia compuesta por el matrimonio y dos hijos, hasta ahora han carecido de aparatos electrodomésticos como por ejemplo la lavadora; pues bién en cuanto se han desahogado económicamente, de las primeras compras que han hecho, fué una televisión y un video.

    En momentos de crisis este impulso emocional está marcado por el miedo.

    El caso del papel higiénico que efectivamente no deja de ser curioso, parece que está incluido en una especie de complejo (el efecto bunker), en el que los que lo sufren, necesitan aislarse viendo a los otros en principio como enemigos potenciales (posibles contagiadores, en el caso de un virus), y situarse en una postura de autonomía y suficiencia.

    Suongo que como tu apuntas el papel higiénico además nos es familiar como referencia, pues forzosamente nos relacionamos con el una o dos veces al día.

    Un abrazo

    1. Es interesante lo que comentas de la necesidad de aislarse, de refugiarse en un búnker, en situaciones de emergencia como ésta.
      En el fondo es parecido a la reacción psicológica que le ocurre a una persona cuando se siente atacada o despreciada. Una posible respuesta es reaccionar violentamente, la otra es replegarse sobre sí mismo, refugiarse en lo conocido donde se siente seguro.
      En este caso no se puede dar la oposición violenta comentada, por lo que es natural que la segunda abunde, que busquemos lo que nos da seguridad y, entre ello, está por una parte la comida y limpieza, y por otro que no nos falte algo como el papel higiénico al que nos hemos acostumbrado y sin el que nos encontraríamos perdidos o, cuando menos, muy incómodos.

  5. Sedente dice:

    Las necesidades y lo necesario.

    Para no perder la costumbre, yo intentaré dar otro punto de vista sobre todo este asunto del papel higiénico.

    Quizás les desilusione la resolución del enigma.

    Sencillamente, tanta gente compró papel higiénico porque tanta gente había que hacía sus necesidades fisiológicas fuera de su casa.

    Es así que incluso cuando a veces necesitabas simplemente secarte las manos en un baño público en el que no funcionaba el chorro de aire, no había ni papel higiénico para secarte.

    Mucha gente sale de su casa temprano y pasa el día fuera de su casa hasta la noche. Mucha gente tiene sus necesidades fuera de casa. Mucha gente pensó que lo que hacía fuera lo tendría que hacer dentro.

    Pero volviendo a las necesidades y lo necesario y a enlazar de algún modo con la pirámide de Maslow.

    Es necesario utilizar ese papel de vez en cuando, más necesario es todavía comer, más necesario que comer es beber, y todavía más aún respirar. Parece claro.

    Pero si ponemos el foco no en el acto si no en el objeto del que dependemos, la cosa cambia y nos ofrece un singular punto de vista muy diferente e interesante. A ver si les parece.

    Lo comido, lo bebido y lo respirado va perdiendo sensibilidad a nuestros sentidos cuanto mayor es el grado de dependencia. No se si me siguen.

    En lo comido, además, cuando el médico nos recomienda una dieta muy sana, su sabrosidad decrece y aumenta su insipidez.

    Es así que lo más insípido e invisible es lo más necesario.

    Este grado de «insustanciabilidad» es estirable y ampliable, a mi modo de ver, a una mayor escala para obtener lo absolutamente más necesario de entre todas las cosas necesarias e innecesarias.

    Puesto que el grado de necesidad aumenta a mayor imperceptibilidad de lo necesitado, lo más necesario debe ser sin ninguna duda lo más imperceptible.

    Lo más imperceptible debe ser lo que incluso se pone en duda y genera gran controversia sobre su existencia o inexistencia pues es incluso indemostrable y difícilmente imaginable.

    Es así que parece que lo superiormente necesario entra en lo indemostrable por su alto grado de imperceptibilidad.

    ¿Qué cosa es esta? ¿Qué concepto tan imperceptible, indemostrable e incluso imaginable, pero a su vez real, es aquello que resulta ser lo más necesario de entre todas las cosas que existen y son necesarias?

    Seguro que muchos de ustedes pueden imaginar el término que empleamos para nombrarle.

    Algo necesario como primera cosa de entre todas las cosas.

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