Pandemia

En todo el medio de la vida pública, privada y personal, ha venido este virus a darnos a todos irremediablemente. Tan central, tan único y tan terrible que ha empezado a dominar cualquier idea, pensamiento o reflexión, y las relaciones de todo tipo que mantenemos habitualmente ya están condicionadas por ello.

La gran mayoría de los hábitos adquiridos, que jalonan los diferentes momentos del día a día, y hasta sus más mínimos detalles, y actúan como muletillas y apoyos para realizar tareas o para relacionarnos, resultan peligrosos desde el punto de vista del contagio, y operan modificando reacciones, conductas, actuaciones o actitudes.

“…para poner en evidencia que nuestra “felicidad” social era tan frágil como ficticia.”

No acaba más que empezar esta especie de confinamiento colectivo, que amaga más largo de lo que se dice, para poner en evidencia que nuestra “felicidad” social era tan frágil como ficticia. Una especie de mundo de fantasía en el que nos creíamos invulnerables e invencibles, manteniéndonos bastante ajenos a los aspectos del vivir relacionados con el sufrimiento, la enfermedad o la muerte.

Ya han salido a la palestra comentarios y reflexiones de los voceros del apocalipsis, repartiendo culpas a diestro y siniestro, sobre lo merecido que lo teníamos y la lógica del castigo que estamos padeciendo. Discursos que ahondan y hurgan en esa mala conciencia que arrastramos desde el principio de la humanidad, algo así como un secular efecto del pecado original que ya habíamos enterrado, y que como repartidores de un Ente superior vienen a confirmar los malos presagios de las profecías ya vertidas.

“…no dejan de ser un nuevo Panteísmo en el que la Naturaleza nos castiga por incumplir sus leyes.”

Los nuevos formatos con los que se nos flagela en la actualidad no dejan de ser un nuevo Panteísmo en el que la Naturaleza nos castiga por incumplir sus leyes, a cuenta del calentamiento del planeta, el efecto invernadero, las injusticias de la economía global, la maldad del capitalismo o los suculentos sueldos del Ibex. Y, por tanto, expulsados ahora del Paraíso vagaremos una eternidad por esta Tierra hostil, mientras montamos otro modelo que esté en armonía con la esencia natural. No sé por qué pero todo esto me suena mucho….

La verdad es que todo resulta tan sorprendente, por inesperado, como desconocido. Desde la terrorífica verdad con la que se encontraron los aliados al liberar los campos de concentración alemanes al finalizar la II Guerra Mundial, no hemos asistido a un panorama colectivo tan desalentador y fatalista. La quiebra del Mundo Feliz construido posteriormente a las grandes guerras, en el que la seguridad e inmunidad han sido parte esencial de la conciencia ciudadana, es recogida con un estupor obediente, sumiso y atemorizado por parte de todos, a medio camino entre el agazaparnos para que no nos dé a nosotros, y la esperanza de que todo esté más o menos igual cuando termine, y podamos construir algo no muy distinto a lo de antes, y así continuar la fiesta.

“Ni los apocalípticos me gustan, por esa superioridad intrínseca en la que siempre se ponen ellos en el bando de los “buenos”, ni los agoreros tampoco…”

Ni los apocalípticos me gustan, por esa superioridad intrínseca en la que siempre se ponen ellos en el bando de los “buenos”, ni los agoreros tampoco, por su vaticinio de los muchos males que nos esperan, por un mal digerido sentido de la derrota. Pero si me parece que será muy difícil que todo vuelva a ser igual a como antes lo era. Desgraciadamente la conciencia humana no ha sabido superar el instintivo sentido de supervivencia, y casi solo le pide a la vida, a la sociedad y a sus dirigentes, poder vivir sano muchos y muchos años, independientemente del contenido de ese tiempo. Se trata de durar todo lo que se pueda e ir disimulando el fin lo más posible, alcanzando cotas auténticamente obsesivas. No sé que puede pasar cuando esto no pueda garantizarse como se desea.

Puestos a seguir riñendo con las tentaciones mentales derivadas de esta crisis, tampoco es de recibo practicar aquello de que “no hay mal que por bien no venga”, que malamente disimula la engañifa hipócrita que en él se contiene. En cambio, se van desencadenando aspectos que pueden significar un fin positivo. A bote pronto encuentro tres interesantes. Las mascarillas, la individualidad solitaria y la difuminación de las ideologías sectarias.

“Poder y odio, nada nuevo. Tan antiguo como desear el fin, la muerte o la desaparición de tu vecino. Siempre el otro como causa de mi desdicha.”

La caída de las máscaras era un acto imprescindible, pues es físicamente imposible ponerle mascarillas. Si quieres mascarilla te tienes que quitar la máscara. Y eso ha pasado con algunos políticos truhanes en su engañoso discurso público, malabaristas tanto en el arte de esconder las auténticas intenciones, como en unas motivaciones en apariencia altamente bondadosas. Una suerte de perversión refinada urdida a base de convocatorias electorales y de torpeza mental del electorado. Dos conclusiones se pueden sacar sin mucho esfuerzo, que a unos el Poder les vuelve auténticamente locos y pasarán por encima de lo que haga falta y que de estadistas no tienen nada de nada, y que a otros el odio al otro y diferente es la savia que alimenta su pensamiento, su ideario y sus acciones.

Poder y odio, nada nuevo. Tan antiguo como desear el fin, la muerte o la desaparición de tu vecino. Siempre el otro como causa de mi desdicha, ahora en formato Nación y socializado.

En los, hasta ahora, tiempos del buen rollito colectivo, este alejamiento forzado del otro, cómplice necesario de estas escenas de idilio tramposo, obliga sin que lo queramos a un retorno sobre uno mismo para el que no estábamos preparados. Una soledad que rompe los esquemas y los roles predefinidos, en los que el uno sin el otro y sin el grupo se queda sin el entramado en el que sostener la deslealtad interna que tan bien habíamos logrado escamotear en el bullicio asambleario.

Fin del ¡Todo superguay!

“Pues bien, ahora por las calles nos encontramos a todos y cada uno señalando a uno y a todos.”

Otro post reciente hablaba de la costumbre colectiva de ir señalando a todos aquellos que iban estorbando al bien común, empezando por los no nacidos molestos, y terminando ahora en los ancianos designados como sobrantes. Pues bien, ahora por las calles nos encontramos a todos y cada uno señalando a uno y a todos. Basta darse una vueltecita de las ilegales, para ver miradas torvas y recelo de soslayo, como si la propia mirada pudiera contagiar, del mismo modo que el papel higiénico se antoja una necesidad feroz en el super. Si queríamos caldo…

Y como si de un reseteo completo se tratara, en menos que unos pocos días, aquello que ocupaba el centro completo, absoluto e inmóvil del discurso social, detentador de una incapacidad clara para acometer la vida en toda su dimensión y variedad, desde una frustración profunda en encontrarle un sentido no darwiniano, se queda completamente vacío de un contenido encumbrado en lo más alto de una torre de naipes, que un solo nuevo microbio es capaz de echar abajo en poco menos que un santiamén.

¡Qué efímero era todo este tinglado!

7 comentarios

7 Respuestas a “Pandemia”

  1. Manu Oquendo dice:

    Por poner una nota de humor, me acaba de llegar un Whatsapp que dice lo siguiente: «Cuando violaron la tumba de Tutankhamon, todos murieron con terribles desgracias…..El año pasado violaron la tumba de Franco… …Yo ahí lo dejo….»

    Bromas aparte deberíamos estar atentos para ver si realmente estamos haciendo lo más inteligente a plazo.

    Desde que la Ministra Irene Montero dijo ayer que las manifestaciones del día 8 se hicieron «siguiendo a los Expertos» sic, me ha entrado una profunda desconfianza de estos grupos de genios que los gobiernos suelen usar para justificarse más que para resolver. De momento los «expertos» se están equivocando.

    Hoy Italia ha pasado de 900 muertos, nosotros hemos pasado de 750. Y la semana siguiente al día 8 fue cuando los números se dispararon.

    El caso es que el 96% de los muertos somos personas de más de 60 años.

    Voy a plantear una pregunta sin intención, abierta y me gustaría escuchar argumentos a favor y en contra.

    La traigo porque la he escuchado ya dos o tres veces y el Corriere lo planteaba sin entrar en muchos detalles hace tres días.

    Supongamos que los mayores de 60 seguimos en estricto aislamiento y vuelven a trabajar y a los colegios los de menos de esa edad.

    De este modo no se destrozaría la economía y se ganaría tiempo para buscar ayudas farmacéuticas serias. Los mayores seguiríamos con restricciones seis meses o un año pero el destrozo –que nadie se imagina su dimensión si esto se prolonga quince días más allá de Semana Santa– se reduciría muy significativamente.

    Lo hecho hecho está. Ahora hay una molécula suelta que ya están diciendo que ha venido para quedarse. Es decir, esto no va a parar en unos pocos días. ¿Vamos a seguir sin trabajar por ello? Hoy lo que hacemos es destrozar todo –incluidos muchos futuros– para, en el fondo, protegernos a los mayores que podemos ser protegidos a un coste mínimo para el resto si seguimos en cuarentena indefinida.
    ¿Qué piensan ustedes?

    Saludos

    PS. Hoy se dice que la curva Alemana es debido a que no diagnostican si el «corona» no es la causa de la muerte. Esto quiere decir que en el caso que cité del fallecido el sábado pasado en la F.J.D. por fallos terminales del sistema cardio-respiratorio sin estar contagiado fue contabilizado como «posible coronavirus».
    Es decir, el sistema «contable» probablemente esconde muchísimas lagunas y es poco fiable.

  2. Gran Duque de Alba dice:

    Después de oír las declaraciones del neerlandés Frits Rosendaal, jefe de epidemiología clínica del Centro Médico de la Universidad de Leiden, diciendo, que la culpa que sufren las urgencias en España e Italia, es por la afluencia de ancianos, me cabrea en grado sumo.
    MISERABLES.

    De el Confidencial – “Los médicos de Países Bajos y Flandes están dando directivas y guías a sus hospitales para que se piensen dos veces el trasladar a un centro médico a los ancianos contagiados con el coronavirus para «prevenir su sufrimiento» y no saturar los hospitales”.
    Países Bajos= países rastreros.
    Holaaa MISERABLES INDIGNOS …. Heee vueeeeltoooo!!!.

    Asistimos a diario viendo muestras de solidaridad por parte de los ciudadanos, aplaudiendo desde los balcones al personal sanitario por su entrega a costa de sus vidas y sin apenas una protección sanitaria decente, atendiendo a enfermos.
    ¿Tiene que llegar una pandemia como la que sufrimos, para hacernos recapacitar, poner pie en pared y hacernos más solidarios y condescendientes con nuestros semejantes?.

    Y después que.
    Que pasará en el mundo. Seguro que se declarará el día mundial de la pandemia o algo así, para rememorar a los muertos y a sus héroes. Y las mezquitas, las sinagogas y las iglesias elevaran preces a su Dios para agradecer su protección por no haber sucumbido, librados de la enfermedad y la muerte.

    Y después que.
    Que pasará cuando esto se normalice. ¿seguiremos siendo igual de solidarios con nuestros semejantes, seguiremos elevando a nuestro Dios nuestros rezos con la misma vehemencia que hacemos ahora, seguiremos acordándonos de nuestros viejos para subirles el pan y la leche y bajarles la basura?

    Y después que.
    ¿Se seguirá votando al psoe, después de haber demostrado una incapacidad manifiestamente notable y superlativa de ineptitud e ineficacia en esta crisis sanitaria?
    Seguro que habrán millones de ingenuos españoles que los seguirán votando, apelando a eso de 100 años de honradez.
    Muchos españoles pensábamos que el Corte Inglés sería un buen candidato para gobernar este país, pero visto lo visto ….

    Ahora prefiero y desearía que fuera Amancio Ortega.

    Cuidaros

  3. Jesús Fernández de Quirós dice:

    Hace tiempo que dejé de creer que las cosas pasan por casualidad. Que en Europa, y no sólo en Europa, muchos países hayan optado por no tomar medidas hasta que ha sido demasiado tarde, levanta todo tipo de sospechas.
    ¿Y si lo que se ha decidido es que el virus pase rápido a costa de sacrificar unas cuantas miles de vidas en pos de no hundir del todo la economía? Está claro que esa decisión no puede trasladarse a la población porque probablemente, no lo aprobaríamos y digo probablemente por que hay veces que viendo como el personal justifica lo injustificable, me asaltan todas las dudas.
    Opino como el Sr. Manu que lo mejor hubiera sido salvaguardar a nuestros mayores y no asistir al espectáculo de ver a los ancianos muriendo solos y asustados en las residencias donde muchas veces son abandonados; ellos son las primeras víctimas de lo que está ocurriendo y esa imagen nos tiene que conmover, hacer reflexionar y pedir Justicia.
    Como dice el Sr. Gran Duque de Alba, los que nos gobiernan han demostrado una tremenda incapacidad. Ayer escuchaba las declaraciones de la señora ministra de igualdad y me recorría una sensación mezcla de cabreo e incredulidad, decía Irene Montero: «Nosotros hemos hecho caso a lo que decían los expertos y la Autoridad» y ese es el problema: «Tú eres ahora la Autoridad». No estás en una asamblea de barrio, ni en una junta de facultad, ni siquiera en una manifestación del 8M. Eres parte del gobierno de España, a ti toca tomar las decisiones y mancharte…, Pero no saben, no están preparados y les nubla la ideología por encima de la realidad. ¿En manos de quien estamos? En España no cabe la conspiración, sólo la torpeza y la ignorancia que se deriva del dicho “Un tonto es un tonto y dos un desastre”.
    ¡Que Dios nos asista!

  4. Sedente dice:

    ¡Que el planeta no debe estar así!
    Que debe estar asá y además lo saben.
    Todos los que lo han visto lo saben.

    No hay heterodoxia, ni herejía, ni cisma, ni dogma que doblegue a la Verdad.
    A la verdad se le detecta por su pureza, por su crudeza, por su ímpetu y su sí, es así. Por su ten, ten la verdad.
    Todo lo demás es menor y superfluo y tablillas de sustento para encorsetar.

    Si me permiten.
    ¿Cómo se pretende salir de esta?
    ¿Volviendo a lo anterior?
    ¿Volviendo a la anterior mierda?
    Lo pueden ver en las imágenes de satélite, las imágenes para poder ver el asunto o qué es lo que está pasando con perspectiva suficiente.
    La polución y la mierda sobre nuestras cabezas, las de nuestros hijos o nuestros padres.

    Poder ver cómo se va o cómo vuelve toda la mierda.

    ¿Volver a lo de antes?
    ¿Volver a la mierda de antes?

    Me rompí los cuernos y he tirado mi vida cuando todo esto que está pasando ya pasó de alguna otra forma. Con los sentimientos y la forma de comportarse de las personas.
    Con su forma de actuar y sus tejemanejes y conspiraciones. Con sus mentiras y valoraciones. Con sus juicios.
    Luché y busqué y me negué en redondo desde la primera pregunta a pensar que Dios no era.
    Pasé por loco y algunos quizás todavía lo creen.

    Cómo me apena esta humanidad inhumana. Toda esta mierda que se derrama.
    Cómo me apena la incredulidad. El vivir en la llaga y no verla ni notarla.

    Giren el planeta, hombre! Tengan valor de gritarlo a los cuatro vientos.
    Denle el valor a las piedras según sean. Casi todas parecen iguales. ¿No lo ven?
    Algunas son mas pequeñas, otras más grandes, pero apenas hay diferencia. Poca diferencia hay entre las piedras de una gran pirámide.

    Mañana voy a la guerra. No me involucro en ella directamente, pero estoy allí como un reportero entre las trincheras. Fugaz. Tomando apuntes mentales de lo que ocurre. Del rostro de los que lo viven en primera linea de fuego.

    En esa guerra nadie lleva chalecos antibalas, ni ropa de camuflaje, por el contrario se les ve a una hora lejos con sus trajes. Nadie lleva visión de infrarrojos, ni casco, ni fuertes y resistentes guantes o botas. No hay metralletas, ni balas.

    En esa guerra a la que voy solo veo bolsas de basura como trajes y una especie de fibra parecida al papel, pero mucho más fina en el mejor de los casos.
    Las botas son también bolsas de plástico, y los guantes tan ligeros que permiten la sensibilidad de las manos.
    ¿Armamento? Valor y mucho cariño al prójimo. Mucha valentía y desinterés por lo material. Mucho corazón valioso.

    No hay presupuesto para más. No llega. No se hace ni se piensa.
    ¿En qué se piensa? ¿En qué están pensando?

    Vergonzoso.

    ¡Giren el planeta, hombre! Tengan valor de gritarlo a los cuatro vientos.

    ¿La misma base?
    ¡No, por Dios!
    ¡La verdadera!
    La que pueda hacer todo cada vez mejor.

    Así evitaremos el tener que pedir perdón a nuestros hijos, por toda esta mierda.

    1. Delia dice:

      De acuerdo y usted no esta equivocado, todos o algunos muchos que aún no estamos segados por los gobiernos manipuladores de mentes. creemos que toda esta mierda es causalidad y esta hecho todo ello con clarísima premeditación, sobrada alevosía y en ventaja total,
      La noción de causalidad también está presente en la sabiduría popular o en los conocimientos informales. Varios refranes difunden esta idea, como “ cosecharás tu siembra” o “quien siembra vientos recoge tempestades”. Estas frases no están vinculadas a hechos científicos o fácticos, sino que tienen su valor en la creencia de que el comportamiento de las personas inevitablemente tiene sus consecuencias.

      1. Sedente dice:

        Discúlpeme Delia, y gracias de nuevo por su reconocimiento.
        Hay partes de todo esto que ocurre que son un verdadero espanto.

  5. Sedente dice:

    Oiga, con todo mi agradecimiento, ¿usted cree que todo esto ….//

    //…

    …¿Se cree que no lo sé?

    ¿Se cree que desconozco, es decir, que no las conozco porque las desconozco, pues «el hombre propone pero Dios dispone», pero que conozco o para mejor decir intuyo o supongo sobre las consecuencias o tempestades o siembras de lo que todo esto trae?

    ¿Que no lo pienso o lo he pensado o no he sido consciente o intento ser inconsciente de todo lo que supone todo esto que acontece?

    ¿Cree que todo este lío y tejemaneje del que hablo o todo lo que tecleo y destecleo no está, o intenta estar en consonancia con el peso y las consecuencias o causalidades y causales casualidades poéticas que se desprenden o se intuyen al posible resultado de las acciones y gestos y no gestos de todos nosotros? ¿Del toma y daca? ¿Del diálogo?

    ¿Del escalofriante temor que me recorre por el cuerpo cuando paro o sigo o dejo o escucho o hago oídos sordos y me pitan los oídos y los sentidos al ver salir y ponerserse, y descubrirlo y poner-ser-se y ponerse el Sol día tras día?

    ¿Se cree que la cosa esta que sobre los hombros llevo deja de computar posibilidades?
    ¿Del esfuerzo y cansancio que supone el vivir día tras día con ese «run run» ocupando las tareas mas peregrinas o banales que pueda imaginar?
    ¿La mezcla de todo ello?
    ¿El encontrar un pelo?

    ¿Su causa?¿Su casualidad?
    ¿La locura que supone?

    ¿La imagen, el concepto, el futuro imperfecto o el perfecto, el presente, el ausente, el pasado que es y el que se esconde?

    Lo inacabado y lo venidero, lo finito e infinito.

    Algunos hicieron desaparecer lo que era. Arrebataron el roce y la confianza y lo convirtieron todo en tapada mentira y engaño. En conspiración.

    Y ya ve lo que trae todo eso. Cómo se intenta balancear todo eso.

    Cómo en lugar de lo sencillo y directo estamos en este nudo que se deshilacha por el tiempo.

    ¿Qué dejar? ¿Qué dejaremos a nuestros hijos?

    ¿Qué dejarles?

    ¿Qué verdad dejarles si no la más pura de las verdades?
    La que les abrace y no les suelte jamás.

    De la inmensa belleza que desprende todo ello.
    No puede imaginar lo que hay ahí.

    Un día me senté en el campo.
    Durante unos instantes se me dejó ver la Armonía del volar y moverse y de sus colores y sonidos que todo aquello, pequeño retal, tenía en verdad.
    De la maravillosa obra del Ser y Hacer y Estar.
    Prendado de la fugaz belleza del instante de un Ver.

    Con todo el intento de mi posible sinceridad. Palabras escoltadas por lágrimas. Aguas de lo redondo. De las de arriba, no las de abajo.

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