Polarización y crispación

En estos días se ha hecho evidente el clima de crispación política que se vive en este país, que es en buena parte consecuencia de la creciente polarización política en que nos encontramos. Es un buen momento para hacer una reflexión sobre el tema.

Por polarización política entendemos el proceso por el que la opinión pública se identifica con posiciones más extremas. En estos casos las posiciones más moderadas pierden peso.

Este fenómeno se ha incrementado en todo el mundo en los últimos veinte años. Así lo reflejan algunos estudios en EEUU en donde se observa que los votantes no solo se alinean más que en el pasado con los postulados defendidos por sus partidos, incluso en temas sociales y morales, sino que ha aumentado el rechazo, incluso personal, a los votantes del otro partido.

En el caso de Europa, las encuestas de la European Social Survey (ESS) reflejan un grado de desacuerdo significativamente mayor que en 2004 en temas tan variados como inmigración, multiculturalismo, integración europea, confianza en el Parlamento o satisfacción con su Gobierno.

Una encuesta realizada a nivel global en 2018 por IPSOS reflejaba que la sociedad percibe esa mayor polarización, así un 59% consideraba que en su país había una mayor división que hacía 10 años. Curiosamente España salía, con un 77%, como el “campeón” en este dato.

No es el único estudio donde España sale referenciada de forma destacada. En el documento publicado por Noam Gidron, James Adams y Will Horne se incluye a España como el país donde este proceso se da en un mayor grado. En esta publicación se definía la polarización como la antipatía de un votante hacia el resto de partidos del  espectro político.

¿A qué se debe este fenómeno de la polarización?

La crisis económica, con su corolario de mayor desempleo, se identifica como una de las principales razones. En anteriores crisis financieras se ha comprobado que indefectiblemente se produce una mayor radicalización política. La razón de ello es que las malas circunstancias económicas implican un aumento de la desigualdad social y una pérdida de confianza de la ciudadanía hacia las instituciones y la clase política en general.

La actual situación de pandemia no es sino un agravante más de este escenario. A los problemas económicos se le añaden tanto el número de enfermos y fallecidos como las limitaciones a la movilidad que afectan a nuestras relaciones personales y laborales, y que provocan una irritación acumulada en la población.

Hay un mecanismo psicológico que se dispara y es el de buscar un culpable a la mala situación que uno atraviesa siendo el mejor candidato para ello el poder público. De aquí a buscar soluciones radicales y fáciles hay solo un paso. En estas circunstancias no se tiene la cabeza fría para desarrollar alternativas racionales de futuro, se quiere algo que resuelva mi problema y además lo antes posible.

Estamos en la época de la inmediatez, donde somos bombardeados por centenares de mensajes todos los días y donde no tienen cabida las reflexiones que requieran varios párrafos, y no digamos si necesitan varias páginas para su desarrollo. No hay sitio para los grises, solo lo hay para los blancos y negros. Las redes sociales forman parte de nuestro entorno cultural en la actualidad. Algunos apuntan a que redes tan populares hoy en día como Twitter o Instagram (o la misma aplicación de mensajería Whatsapp) propician, e incluso obligan en algunos casos, a usar mensajes cortos. Esta brevedad favorece el extremismo. El mensaje debe ser breve, y por tanto radical, para que impacte y circule mucho (que es como se mide el éxito social en estos tiempos). De esto Trump sabe mucho.

Hay quienes apuntan a las declaraciones de los políticos como causantes en gran medida de esa polarización de la sociedad. Cabe preguntarse si es así o es al revés, es decir, es posible que los partidos políticos hayan decidido radicalizar su lenguaje al ver a una sociedad que se mueve a los extremos. El hecho es que las posiciones de los partidos se han ido diferenciando con el tiempo cada vez más.

Desgraciadamente las formaciones políticas nos tienen acostumbrados a que sus decisiones y actuaciones están más relacionadas con la rentabilidad electoral que con el bien común (que tal y como definía Rousseau debería ser el objetivo de la acción política).

En este ambiente llegamos a la situación actual de crispación política que, como define el politólogo Pablo Simón, sería “subir el voltaje o la intensidad del mismo de tal manera que se pase a dejar de hablar de políticas públicas o de diferencias ideológicas de fondo y se vaya a un ataque más personal, de trazo grueso, con, digámoslo así, híper-moralización del debate público acusando a tu rival de ser inepto o malvado siempre”

Según una encuesta de Metroscopia, realizada a primeros de junio pasado, hasta el 85% de los ciudadanos consideran que la manera de actuar de los representantes públicos es lo que más erosiona la convivencia,y un 93% cree que la política de nuestro país está crispada en la actualidad.

Esta radicalización y crispación hace extremadamente difícil conseguir los consensos necesarios para que un país avance en temas de Estado, en las reformas estructurales necesarias y en hacer frente a los retos actuales, como es el caso del Covid-19. Estamos hablando de la Sanidad por supuesto, pero también del poder judicial, del sistema educativo, del sistema de pensiones y del mercado laboral, por citar algunos de los más importantes y acuciantes. Desafortunadamente la negociación y el compromiso se perciben hoy en día como una traición.

La falta de elegancia de la que están haciendo gala nuestros representantes produce un desapego de los ciudadanos con respecto la manera de gestionar nuestra sociedad y un desprestigio de sus dirigentes.

Por otro lado, hace que crezca el apoyo a partidos más extremistas (se ha visto en España con el ascenso de partidos como Podemos o Vox) o a los partidos populistas o de carácter antipolítico. Entre estos últimos está el caso del movimiento cinco estrellas en Italia, así como otros colectivos que se basan en el rechazo al pasado y a los políticos tradicionales.

La crispación es además un arma de doble filo que puede ser contraproducente para los partidos que la practican. Según la mencionada encuesta de Metroscopia, un 40% de los votantes incomodados con esta forma de proceder serían propensos a abstenerse o cambiar su preferencia en futuras votaciones.

En España nos orgullecemos del grado de consenso conseguido durante la transición del franquismo a la democracia. En aquel momento tanto partidos de origen franquista como partidos de izquierda, republicanos y nacionalistas consiguieron ponerse de acuerdo, lograron consensuar un nuevo sistema político cediendo cada uno parte de sus posiciones y poniendo inteligencia y voluntad en llegar a puntos comunes.

Cierto que en aquel momento salíamos de 40 años de dictadura, que el pueblo estaba ya preparado para el cambio, que Europa nos presionaba y que algunos temían que el ruido de sables hiciera imposible el sueño de una España democrática.

¿Será posible que solo podamos llegar a consensos, o al menos rebajar el ambiente de crispación, cuando tenemos encima una presión de tal calibre?

14 comentarios

14 Respuestas a “Polarización y crispación”

  1. Milagros dice:

    Está muy bien. Me ha gustado mucho, refleja claramente la situación política que estamos viviendo. ¿Qué tendríamos que cambiar para coger las riendas?, ¿cambiando las personas que están en el panorama político sería suficiente para trabajar por el futuro de nuestro país?

    1. Francisco Díaz-Andreu dice:

      Hola Milagros. Me alegra que te haya gustado el artículo.

      Lo que dices que si cambiando a los políticos actuales sería suficiente para mejorar la cosa, habría que pensarlo ya que va a depender de quiénes pongas en su lugar. Sí que echo de menos que haya en la política activa más personas que miren más por el futuro del país y no tanto por la rentabilidad a corto plazo de una declaración que exaspere más el ambiente y provoque más crispación innecesaria.

  2. O'farrill dice:

    No sólo en España hay crispación y enfrentamiento. Ahí están las noticias sobre conflictos creados artificialmente que han desembocado en guerras entre vecinos, amigos e incluso familiares que, hasta ese momento, convivían pacíficamente sin tener en cuenta su «identidad» racial o étnica.
    Cuando digo artificialmente, hay que empezar por ser «radical» (ir a la raíz de las cosas), algo que se suele confundir por los ignorantes con ser intolerante, negacionista, etc.etc.
    La convivencia política y social de la Transición estaba cogida con pinzas, pero sirvió durante un tiempo hasta que se produjo el golpe del 23 de febrero (todavía no aclarado) y el PSOE ocupó el poder para «matar» a Montesquieu en 1985 o dejar el país irreconocible ni por su propia madre (según Guerra). Todo empezó con la «okupación» de las instituciones públicas (se politizó el CGPJ), de las administraciones, de los consejos y las direcciones de toda entidad cultural, social o económica (recordar los consejos de las cajas de ahorros y sus consecuencias).
    A pesar de todo, los españoles mantenían al menos un cierto respeto ideológico formal e incluso los políticos «bipartidistas» llegaban a acuerdos que los beneficiaban. Todos contentos. Hoy por mí, mañana por tí. Las tramas existentes en ambos partidos se van conociendo y lo pragmático cubría lo ideológico. Pero llegó un tal Zapatero que, en vez de dedicarse a «sus zapatos», llevó al gobierno nuevas «ideologías» calentadas en los laboratorios de ingeniería social de las grandes fundaciones (americanas sobre todo). Empezó a dividir con «géneros», «clima», «identidades raciales» y «memorias históricas» y a atizar el conflicto social según los cánones o intereses del capitalismo mundial y, claro está, la gente empezó a mirarse con recelo y a discutir sobre cuestiones que se le escapaban. Y la crisis económica vino a unirse a la tormenta que se preparaba.
    Otro jefe de gobierno con mayoría absoluta pasó sus años de gobierno «sin pena ni gloria». En vez de desmontar el tinglado de la farsa (porque en eso consiste) dijo eso de ¡¡Uff… que pesadez….!! y, al final dejó al país que se las arreglara como pudiera…
    Y llegó el acto siguiente. El Estado caía otra vez en manos de marionetas del capitalismo y sus planes globalizadores a los que recibía y aplaudía servilmente. Con una crisis sanitaria de origen incierto pero magnificada por sus consecuencias y propagada por los medios. Un motivo más para la «polarización» y la «crispación» entre los «devotos» de los relatos oficiales y los «herejes» que tienen la mala costumbre de pensar por sí mismos a los que había que poner un nombre peyorativo: «negacionistas» (en eso son muy hábiles) o contrarios a la doctrina oficial. Es más, se anunciaba su control desde las instancias policiales y de inteligencia (no tendrán otras cosas que hacer) para «minimizar» los daños a la imagen del gobierno. Todo un ejemplo de «moderación» democrática culminado por el asalto correspondiente a las instituciones, a las imágenes, a los medios de comunicación… hasta su «okupación» total. Total de «totalitarismo». Frente a ello hay alguna fuerza política calificada por el autor como «extrema» (con lo que sigue la doctrina oficial) que señala lo que está ocurriendo, sin darse cuenta de que eso de «izquierdas» y «derechas» sólo tiene como sentido espacial la Comuna de París y eso pasó hace muchos años. Que el mundo ha cambiado y que ahora el capitalismo ha hecho de la supuesta izquierda su peón de brega en asuntos mundiales. Que hay sólo un incentivo: el dinero o el poder (según los casos) de unos pocos y el sometimiento y pago de impuestos sin replicar de los demás. Que la «lucha de clases» sigue siendo la misma pero disfrazada de filantropía, ecología, transiciones estructurales» y todo un lenguaje banal que esconde los verdaderos planes de la globalización o mundialización.
    Por eso hay polarización. Porque hay defensores de los nuevos dogmas que se suponen «progresistas» y de quienes creemos que son puro camelo por conocimientos y racionalidad.
    Un cordial saludo.

  3. pasmao dice:

    Buenos días Don Francisco

    Una cosa es la polarización y otra la crispación, y no creo que deban ir necesariamente unidas. Contra lo que se nos quiere vender ahora la España previa al 75, antes de la muerte de Franco, no estaba ni polarizada y ni crispada. Y si algo positivo tuvo el Régimen (además de los pantanos) es que no impidió la reconciliación entre los unos y los otros.

    En muchos pueblos y ciudades se constituyeron familias plagadas de tíos y abuelos del uno y del otro lado. Y no era raro que cuando se encontraban los abuelos de ambos bandos se tratasen con corrección, y que cuando los nietos peguntábamos sobre aquello se contestara (no siempre) con ganas de aleccionar, para que aquello no se repitiera, no con ánimo de justificar una victoria o una derrota.

    En ese aspecto, el del PUEBLO, la transición estuvo hecha mucho antes del 75. El mérito del franquismo al respecto fue no impedirla. No meter la palos en la rueda. No meter la proa. No azuzar.

    Los miedos, cuando murió Franco, estaban mucho mas instalados en las oligarquías patrias y las potencias extranjeras y se debían mas a cómo se iba a repartir el pastel y a la posible influencia de la URSS en el marco de la Guerra Fría, que a un posible enfrentamiento civil. Por ejemplo, los argentinos (recién exiliados de la Junta Militar de Videla en el 76) se quedaban gratamente sorprendidos por el nivel de libertad y de concordia que había en esa España de después del 75, antes incluso de que se aprobara la Constitución. Muchos que venían a España cómo puente para ir al resto de Europa se quedaron aquí precisamente por ello.

    La violencia, que ya venía de antes, la puso básicamente ETA y algún grupo terrorista mas de uno y otro lado.

    El miedo, que si hubo, después del 75, fue en gran parte un miedo inoculado precisamente por las oligarquías patrias (esas que se lo debían todo a Franco) y por las potencias extranjeras para tapar el reparto de del pastel, con trágalas diversos, cómo ese disparatado Título VIII de la Constitución. Que dio un poder aún mayor a las ya entonces poderosas oligarquías catalanas y vascas.

    Lo de Monarquía o República fue una filfa, una distracción para tenernos ocupados. Lo ha sido siempre. Republicanos cómo Prim lo sabían. Y lo mas que pudo hacer fue intentar cambiar una monarquía por otra.. mas de pandereta.. pero en la convicción de que aquí la figura del Rey era tan necesaria como el gazpacho o la tortilla de patatas.

    Y visto lo bien que les resultó en el post 75 (lo de meternos miedo y jugar a dividirnos para que aceptáramos «soluciones» configuradas desde arriba), así hemos estado desde entonces. Al principio de a poquitos y ahora en dosis masivas. Siempre diciéndonos que había que huir de la polarización y buscar un consenso que lo que conseguía es que el personal no tuviera claro ni en lo que creía y en que había cedido.. en teoría en aras de una paz común pero en la práctica para apuntalar cada vez mas el pacto de oligarquías.

    Si ahora hay polarización es precisamente porque tanto ha ido el cántaro a la fuente que al final se rompió.

    A mi personalmente no me importa la polarización, es mas, para mi es incluso bien recibida, porque ayuda a tener claras muchas cosas entre el personal, cosas que antes se sabían pero sobre las que no se podía hablar. Cómo el tema de las Taifas, por ejemplo.

    El problema no es la polarización, si no que la falta de transversalidad en mucha de las ideas que conlleva esa polarización, porque tenemos una población tan poco educada que es incapaz de asumir que en muchas cosas ha podido estar equivocada, engañada.

    No se entiende que en ese reparto de papeles el que necesariamente tengan que ir de la mano un estado centralizado con uno de «derechas», o que la protección del medio ambiente dependa de una Agenda Climática liderada por una Juana de Arco de serie B, made in Sweden, o que el tema feminista esté tan desquiciado que a Lidia Falcón la echen de Izquierda Unida, amen con lo de la cosa LGTBi, o que históricos hispanistas de izquierdas se lleven las manos a la cabeza con la Ley de Memoria… Ídem con ¿nuestra? Iglesia Católica tan identificada con los postulados globalistas y separatistas.

    La polarización que debería de llevar a tener las ideas mas claras en estos temas, donde no necesariamente se tiene que ir de la mano en las posturas prefijadas en todos ellos por desgracia no existe.

    Y es esa falta de ideas de lo que verdaderamente pasa, y el no tener conciencia de que somos marionetas de terceros que juegan a enfrentarnos lo que de verdad genera crispación. Sólo hay que ver cómo el presentador de ese programas infame de variedades se expresa respecto lo que él considera que debe de ser su audiencia (de «rojos y mari…es») para saber donde están los incentivos a la crispación.

    Conozco y tengo familia y amigos de las ideas mas opuestas a las mías y jamás he dejado que desde arriba interfieran para enfrentarnos a unos con otros, mientras en los puentes aéreos o los palcos de los equipos champions se reparten nuestras cuentas corrientes.

    Un cordial saludo

    1. Francisco Díaz-Andreu dice:

      Hola Pasmao.
      Efectivamente antes de la muerte de Franco había un ambiente en España de olvidar el pasado y recomponer los lazos familiares. No obstante no habría que dejarse engañar por la situación ya que no en todas las familias se vivió la situación de la misma manera y la represión política (y sobre todo el recuerdo de la que hubo durante y después de la guerra) hacía que hubiera cosas de las que no se hablaba o se hacía en voz baja. Personalmente creo más en el espíritu de reconciliación que hubo en la transición que el espíritu revanchista que parece animar a algunos.

      La polarización política implica que cada vez un número mayor de personas se alinean con las ideas de determinados partidos políticos y se da menos un espíritu crítico e independiente a título personal. Es decir, que puedes incluso votar a un partido pero no estar de acuerdo con todo lo que plantea. Esta polarización es un hecho constatado en algunos estudios en diversas partes del mundo según indicaba en el artículo. Esto implica la falta de transversalidad a la que aludes en tu comentario

      1. pasmao dice:

        Efectivamente Don Francisco

        Durante los años finales del franqusimo también hubo miedo, mas o menos, eso iba por «barrios» pero desde el «régimen» no se exhortó al enfrentamiento si no a la reconciliación. De una manera «paternalista» y hasta buenista.. pero no creo que se destilara la mala leche ambiental que hay ahora.

        Además todos sabían que aquello era un dictadura, unos lo llamarían régimen autoritario, otros democracia orgánica y otros dicatdura fascista.. pero a nadie (ni del régimen y ni de fuera del régimen) se le ocurría asimilarlo con lo de USA/Francia, por ejemplo. No había engaño al respecto.

        Ahora nos dicen que sómo una democracia consolidada y el personal se lo cree hasta la bola. Y si se nos sugiere algún «deficit» democrático se nos dice que tenemos que parecernos aún mas a lo Venezuela.. y si cuela cuela.

        Entonces esas cosas no colaban.

        Si la Transición «funcionó» no fue gracias a esta Constitución fraguada en petit comité, con un título VIII nefasto (entre otros), que se votó porque el personal confió en los que la habían hecho de la misma manera que antes confió en Franco (porque de su contenido pasó cómo con Franco, mejor no meterse en política); si no por el caudal enorme de ilusión que había en la gente para que España pudiera considerarse un pais normal. Cuando en muchos aspectos ya lo éramos, pero no lo sabíamos (¿por que no convenía que se supiese o por que no queríamos reconocerlo?).

        Esa ilusión era la consecunecia de esa reconciliación, y partía de un reconocimeinto de una realidad: No éramos una democracia (algo que para algunos era un atraso destestable y para otros no tanto, pero si un hecho reconocido por todos). Y una voluntad de adaptarnos a los tiempos de entonces, no de la 2ªRepública y posteriores.

        Ahora no hay ilusión, por eso es tan dificil avanzar.

        Respecto a la posible contradicción entre un pensamiento trasversal y esa mentalidad de apoyo a los «míos» cuasireligiosa .. que polariza todo. Yo creo que el problema principal es que muchos estudios están diseñados para dar la razón a quienes los pagan, mandan.. Y al respecto las militancias de los partidos están mucho mas polarizadas que incluso los propios votantes de esos mismos partidos.

        La ventaja USA es que en las elecciones a candidato de cada partido votan personas que no necesariamente son militantes, si no simples simpatizantes o mas bien interesados… No creo que ni un 10% de las personas que van a los caucus, o que votan en ellos, dependa su puesto de trabajo del resultado de la votación. Cuando aquí supongo que será por lo menos un 50-60%, si no mas. Son lo que llaman partidos de «cuadros».

        Y si a pesar de ello vemos la polarización, promocionada por los medios (mayormente «Demócratas») que hay allí, imaginemos la que debe de haber aquí, cuando lo que se juegan los militantes son lentejas, el piso VPO, la plaza de liberado, la beca de la niña, mas ese plus que en el funcionario de nivel bajo supone deidcarse a la política y al dejarla al cabo de 8 años tener el 80% del sueldo de político… Ergo si yo estoy en una consultora y tengo que vender un estudio, que me comprarán esos partidos/»instituciones» donde comen tantos polarizados que necesitan de argumentarios que justifiquen esa polarización que tan tapa sus vergüenzas.. ya me las arregalré para resaltar lo que mas pueda contribuir al enfrentamiento y a esconder lo que mas podría contribuir a su entendimiento.

        Justo lo opuesto que en los estertores del franquismo.

        Un muy cordial saludo y muchas gracias por bajar a la «arena» a contestar nuestros comentarios

  4. Loli dice:

    ¿Se puede decir que alguien está polarizado en su opinión o en sus criterios, cuando no sabe de lo que habla?.

    Desde esa interrogante creo que entiendo lo que plantea “pasmao” en su comentario.

    Hasta para defender “ideas extremas”, tiene que haber existido un camino, algún tipo de preparación, reflexión y conclusión, y eso haber llevado un tiempo, seguramente no vale lo de “me voy a informar a toda mecha y rápidamente y así creo una opinión en base a la cual me decanto por un extremo u otro”.

    Las cosas no funcionan así, pero, en general, no nos gusta que nos lo recuerden.

    Desde esas realidades, el punto de encono y agresividad está servido, más aún si la situación económica y sanitaria se agrava en poquísimo tiempo.

    Y al plantear esto no lo hago pensando únicamente en la sociedad, que está bajo la presión más brutal de estos últimos años, sino en la clase política dirigente, sobre todo.

    ¿Cómo van a consensuar los que más ignoran sobre lo que se traen entre manos, los que menos saben de lo que hablan y gestionan?, porque esa es la impresión que dan.

    Muchos de los políticos que ahora tienen el país en sus manos, no han conocido vida profesional fuera de sus respectivos partidos, su experiencia real , por tanto, en cualquier campo de gestión, es nula.

    ¿Qué van a consensuar, si solo se pueden mover a golpe de ocurrencia, si están demostrando no ser capaces de realizar un análisis meramente coherente porque no tienen la formación para ello…?.

    El “grado de consenso” con el que se llegó a una incipiente “democracia” y al que alude el autor del artículo, seguramente fue realizado y logrado por gente mucho más preparada y creíble…con crédito.

    Pero también…seguramente muy “cobardica”.

    Se prefirió “dar gusto a todos” y a nadie….

    Se redactó una Constitución ambigua y se fraccionó el Estado en diecisiete administraciones que hacía inviable una representación justa en el Parlamento, condicionando todo lo que saliera de su Cámara Legislativa, y por ende todo aquello sobre lo que se sustenta el Estado de Derecho…como estamos comprobando ahora mismo.

    Quizás se pueda y se deba exigir mucho más a la clase política, aunque llega un momento, en que también algunos (me meto ahí), nos damos cuenta de que no sabemos qué les podemos exigir, porque no entendemos ni conocemos cómo funciona… nada….y cualquier mensaje “simple, breve y bien cocinado”, nos mueve las entrañas, que no el corazón ni el cerebro…eso parece.

    1. Francisco Díaz-Andreu dice:

      Hola Loli. Gracias por tus comentarios.

      Te preguntas si alguien puede estar polarizado si no sabe de lo que habla. Creo, al contrario, que cuanto menos se sabe de lo que se habla, la gente se polariza más, ve más las cosas como blanco o negro y es incapaz de ver los matices intermedios que toda situación tiene.

      Esto lo saben los políticos por lo que sus departamentos de comunicación se han especializado en lanzar esos mensajes “simples, breves y bien cocinados” de los que hablas. Saben que dan buenos resultados en una parte mayoritaria de la población y sirven para el objetivo que parece primordial de los partidos hoy en día, que no es tanto mejorar la sociedad, sino conseguir votos para mantenerse en el poder el mayor tiempo posible.

  5. Rafa dice:

    El desacuerdo permanente entre posturas radicalizadas, genera individuos muy similares.

    Esto explica que en ocasiones nos parezca el mismo individuo con argumentos muy próximos un extremista de izquierdas que uno de extrema derecha, un ultra del real madrid que uno del barcelona por poner un ejemplo; y esto es conocido por cualquier poder.

    Un individuo radicalizado para cualquier bando con posturas inamovibles, sirve a los intereses de los políticos.

    Fabricar este tipo de individuos se ha ido gestando por la sociedad de un tiempo a esta parte si no provocado, si promovido por estamentos de poder y apoyado por el colchon de los medios de comunicación.

    Desde cuando no vemos en televisión, programas formativos para los ciudadanos sobre ciencia, arte o política?, nos limitan como mucho a documentales con visión parcial e interesada sobre algún tema que nos encauce hacia la pereza de dar como cierto o falso lo que se nos está contando ( ninguna entidad en este momento financiaría programas sin una doctrina y cuyo objetivo fuera simplemente la educación y el desarrollo del espíritu crítico de las personas).

    A partir de una fantasía asociada al estado del bienestar nos vectorizan a tomar partido por una idea, o una política determinadas, descartando el estudio de las otras posibilidades; solo tenemos que elegir un determinado canal de tv, prensa, redes sociales, etc para saber que inclinación siguen.

    La pandemia por ejercer una presión psicológica y emocional, también ha destapado esas posturas radicales que se vienen gestando.
    Ahora existen ciudadanos que acatan todas las normas dictadas por las autoridades, sin cuestionarlas, y de otro lado, los llamados negacionistas del virus, que las rechazan permanentemente intentando no cumplirlas, (pero sin tener en cuenta que se han hecho ya secuencias del covid 19, ni hacer tampoco un análisis razonado de las causas).

    A que se debe este fenómeno ? como se pregunta Paco, probablemente hayan contribuido múltiples causas que a mí se me escapan.

    Como curiosidad la crisis economica a la que parece estamos abocados, va a afectar mas a paises aparentemente muy polarizados y radicalizados politicamente, como son España caida prevista de un 12, % del PIB, Italia de mas de un 11% y Francia también con una fuerte caida; los paises nórdicos y en general el norte de Europa van a sufrir menos estos vaivenes.

    Otra de las causas que se apuntan en el artículo con la que estoy de acuerdo, es la inmediatez de las formas a la que hemos llegado y que afecta a todos los niveles de la sociedad, la política, el arte y la cultura.

    En teatro por poner un ejemplo ya no se aguanta una obra con un proceso largo para llegar a un desenlace coherente y esta de moda el microteatro, en poesía los haycus japoneses, la comida rápida, y un largo etc, actualmente necesitamos que todo sea util y rápido.

    Y los politicos creo que son un ejemplo muy representativo de la sociedad polarizada y crispada en la que nos estamos convirtiendo.

    Un abrazo

    1. Francisco Díaz-Andreu dice:

      Hola Rafa. Creo que aportas varias cosas interesantes.
      Desde luego que no se fomenta el espíritu crítico, y a la vez constructivo, ni en la televisión ni en otros medios de comunicación. Abunda la crítica radical que, amparada en el anonimato, saca a veces lo peor de las personas en las redes sociales.
      Falta valentía para presentarse uno mismo sin anonimato. Cuando lo haces tienes necesariamente que hacer un discurso que sea constructivo y realista para evitar el desprestigio. Esto último no se da cuando disparas desde el anonimato ya que no sufres las consecuencias negativas.
      Falta también fomentar más ese espíritu de reflexión y de llegar a soluciones factibles en la escuela. En mi opinión se podría hacer más en este ámbito.

  6. Manu Oquendo dice:

    Pues a un servidor le parece que la verdad, el bien y el mal, lo falso y lo cierto, lo justo y lo injusto no dependen de «consensos» ni de búsquedas de equidistancias. De mismo modo que la ciencia no progresa por consenso.
    Esto, que es bastante sabido, siempre ha sido un problema para quienes –desde modos e ideologías totalitarias– detentan el Poder Social y por ello han intentado constantemente implantar en las mentes de la masa la idea de que todo es relativo y que el error tiene el mismo valor que lo cierto y el mismo o más derecho a ser aceptado obligatoriamente.

    El consenso ha sido como una adormidera para los agredidos de nuestra sociedad. Un mantra para aquietarlos y para que «dejen hacer» y no se enfrenten al despotismo imperante.

    Hoy nos están agrediendo y nos están llevando irremediablemente a ser la Venezuela europea. Lo llevan haciendo desde hace más de sesenta años y lo hemos aceptado. Hasta nos parece bien «Apaciguar al Agresor» aceptando que, en vez de un 100% de Daño, solo nos hagan un poco menos del 100 o del 50%.
    ¿Por qué?

    Sobre esto y aún no traducido al español escribieron en USA los eximios representantes de la Escuela de Francfort emigrados para implantar allí la «guerra de trincheras» de Gramsci.
    El resultado fue, hablando de consenso y tolerancia, «A critique of pure tolerance» «Una crítica de la estricta tolerancia». Corría el año 1964 y sus autores fueron Marcuse, Wolf y Barrington Moore. Otro libro de cabecera de generaciones de comandos de destrucción.

    Veintiún años más tarde Laclau y Mouffe, desde sus universidades inglesas decían en «Hegemonía y estrategia socialista» lindezas como las que siguen.

    Citas

    “… las articulaciones políticas y hegemónicas crean retroactivamente los Intereses que dicen representar”. (Pág. 16)

    “Nunca pensamos que descartar el modelo jacobino debiera llevarnos a….considerar a la democracia una mera competición…en un terreno neutral”. (Pág. 20)

    O, en la página 22, “El papel central que desempeña el antagonismo, elimina cualquier posibilidad de reconciliación final, de consenso racional, o de un “nosotros” totalmente inclusivo»
    Fin de cita.

    Nosotros podremos renunciar a verlo. Pero ellos lo tienen clarísimo: «Solo habrá cuartel para quienes se rindan». Dicho literalmente.

    Por lo tanto me resulta muy difícil aceptar en nuestro caso concreto en España, hoy, la tesis central del artículo.
    Creo que es una postura para otros tiempos y otras sociedades. Fue la postura de nuestros constituyentes. Y, como estamos viendo, «It takes two to tango». Hacen falta dos para bailar un buen tango.

    Saludos cordiales.

    1. Francisco Díaz-Andreu dice:

      Hola Manu.
      Creo entender de tu comentario una crítica de la transición política del 75. En este caso no solo bailaron el tango dos, sino que lo hicieron desde el partido comunista hasta la derecha heredera del franquismo , los nacionalistas y el resto de partidos.
      ¿Hubiera sido mejor y menos traumático para la sociedad la ruptura democrática? No lo creo.
      Esto no implica dejar de defender con entusiasmo las posturas que cada uno tenga, incluso revisar la constitución en aquellos puntos que consideremos que se equivocaron en su momento.
      El que políticamente está enfrente nuestro es posible que también piense que tenemos un plan malévolo de conquista de la sociedad. Creo que es necesario que busquemos maneras de que la sociedad avance. En determinados temas (educación, sanidad, poder judicial…) son importantes consensos ya que el estar cambiando de criterio cada cuatro años es contraproducente.

  7. Manu Oquendo dice:

    Estimado Francisco.

    Le adjunto un video que nos muestra que el baile sale bien si ambos están de acuerdo en lo fundamental.
    Creo que esto es lo que, milagrosamente, salió más o menos bien en la Transición. Excepto por el título VIII, claro, y algún que otro detalle que el contertulio O’Farrill vivió en directo.

    Lo que no creo que se pueda ni deba hacer es sacralizar el consenso cediendo en lo fundamental a quien sólo busca sometimiento y destrucción como es el caso hoy en España. Llevamos haciéndolo demasiado tiempo y no terminamos de aprender.

    Un saludo cordial y muchas gracias por su artículo

    PS. Para el baile he elegido un matrimonio con un par de niñas encantadoras. Bailan muy bien porque están de acuerdo en lo fundamental pero ni siquiera bailarían si uno de ellos quisiera destruir al otro.
    https://www.youtube.com/watch?v=_4G03HpzArc

  8. Ligur dice:

    La situación por la que está atravesando España es inaudita e irremisiblemente inadmisible a ojos de cualquier persona, (no hace falta que esté ideologizada) que ven los pasos de siete leguas que está dando este gobierno para cambiarla, destrozarla en todos los sentidos y cuanto antes. Peor no se puede hacer. Ya no es cuestión de enumerar todo lo que está ocurriendo, sería inútil a los ojos que siguen empeñados en blanquearlo todo, a pesar de que todo el mundo tiene puesto sus ojos en nosotros y no para bien precisamente.

    Me hace gracia esta progresía moderna, hipsterianos vintage, censores de opinión y artículos, convertidos en dominicos quemalibros y perseguidores de “herejes”, sean los que dirijan las mentes de esta sociedad cada vez más mermada en todas sus capacidades, imponiendo como debemos expresarnos y pensar.
    Quien crea y ponga al mismo nivel a Podemos y a Vox, se equivoca, tiene que argumentarlo y no dejarlo escrito, así por las buenas. No estoy de acuerdo y por muchas razones (no he vuelto a votar a un partido político desde el 1.982).
    El mensaje que lanzan los Social-Comunista-Bildu-Separatistas-Ciudadanos (¿PP?) está calando, al calificar y equivocar lo que es derecha, como extrema derecha.

    Muy buen post Manu y el tango maravilloso.

    Para O’farrill:
    No puedo estar mas de acuerdo con lo que dices. El pasotismo, traición y dejadez de M. Rajoy, consiguió lo inconseguible, dejar a España a los pies de los equinos (disculpa a los caballos). También, este sujeto, tenía que cumplir su hoja de ruta globalista.

    Para Milagros:
    El trabajo es individual. Un amigo contaba esta tarde, que España es la segunda nación del mundo más vieja después de Japón.
    Creo, que si queremos cambiar cosas y amparar y avanzar, primeramente hay que proteger, escudar y custodiar al ser humano desde su concepción. Si no es así, ¿para que y para quien queremos conseguir cambiar las cosas. Para cobardes e irresponsables que consentimos y amparamos todo lo irrespaldable? (el que no se sienta sí, que no se de por aludido).

    Saludos

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