Cuando desde «los mercados» se habla de la economía española se señalan dos factores que justificarían que nuestra prima de riesgo esté desbocada: el sistema financiero y las Comunidades Autónomas. Nos tienen calados. Vivimos tiempos en los que resulta difícil esconder los problemas.

Esta crisis es una oportunidad. Así comenzó este blog a principios de año y esa afirmación cada vez parece más cierta. España tiene una ocasión histórica de mirarse en el espejo y arreglarse de una vez por todas.

Nos levantamos hoy con una noticia que, en las últimas semanas, era una crónica anunciada: España pide ayuda a Europa para sanear el sector financiero. Parece que no habrá condiciones para España. Sólo para la banca. Es una buena noticia que se mire de cara a nuestro primer problema, aunque habrá que leer la letra pequeña. Falta abordar el segundo.

Pocos dudan hoy que el gran desatino de la Constitución de 1978 fue el llamado Estado autonómico, introducido exclusivamente para integrar en el proyecto constitucional al País Vasco y a Cataluña. Desde luego no ha servido para eso: hoy hay muchos más separatistas en ambas regiones que en 1978, haciendo buena la teoría de que son los nacionalistas los que crean la nación (y no al revés).

Pero es que además el modelo, pensado para satisfacer a los separatistas de dos regiones, llevaba impresa la ruptura en su genética más profunda. No puede extrañar que su extensión a todas las Comunidades Autónomas haya conducido a la división de políticos y ciudadanos en clanes regionales, con un fuerte debilitamiento de la idea de lo común.

30 años después de la Constitución, todas las Comunidades Autónomas han clonado el modelo separatista catalán. Valencia reclama un Código Civil propio y rechaza el común que ha regido durante siglos en esa región. Andalucía pide que se le pague no sé qué deuda histórica y reclama el Guadalquivir sólo para ella. Castilla y León y Cataluña se disputan la propiedad de un archivo histórico. Aragón y Cataluña se pelean por el Ebro. Canarias reclama su porción del mar territorial. Sonaría a chiste si no fuera la cruda realidad.

Aunque han pasado tres décadas, el Estado y las Comunidades Autónomas siguen discutiendo sobre quién es titular de tal o cual competencia. ¡Y a mí como ciudadano qué me importa! Lo que quiero es que me den el servicio eficientemente, esto es, con la mayor calidad posible y al mínimo precio.

Ya va siendo hora de que nos atrevamos a sostener un debate inteligente sobre el modelo territorial que queremos. Si fuéramos, y podemos serlo, una sociedad de pensamiento complejo abordaríamos la cuestión sin prejuicios mitológicos, tratando de dar respuesta a una sencilla pregunta: ¿cómo se consigue tener un Estado más eficiente, es decir, que preste un mejor servicio al ciudadano?

Un Estado no es más democrático por el hecho de que esté más o menos descentralizado políticamente. Los que defienden un Estado unitario lo consideran más eficaz ya que permite aprovechar las economías de escala, es decir, la disminución del coste de los servicios que se prestan a un mayor número de ciudadanos. Este es el motivo por el que se está planteando, por ejemplo, la creación de una central de compras de medicamentos de ámbito nacional que rebaje la factura sanitaria. En el otro extremo, un Estado descentralizado permite visualizar mejor los problemas locales, que desde una perspectiva nacional pueden resultar ignorados.

En cualquier caso está claro que un Estado descentralizado no puede funcionar sin que exista una identidad común. Estados Unidos probablemente sea el país más descentralizado del mundo. Además tiene poco que ver un tejano con un bostoniano. Pero todos reman juntos en un proyecto común. Sin ese vector de fuerza que todos comparten no es posible que el Estado funcione. Sin ese vector la descentralización se convierte en desmembramiento.

En España existe una estrategia decidida desde los partidos nacionalistas de País Vasco y Cataluña orientada a la división y todas las Comunidades han bebido de ese modelo.

Para enderezar esto hay importantes retos que asumir. La Constitución, por el momento histórico en que se dictó, renunció a asumir el papel de distribuir claramente las competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas. Además, en el modelo constitucional la regla general es el solapamiento de competencias entre al menos dos entidades públicas -cuando no tres o cuatro-, que actúan sobre una misma materia sin que existan mecanismos claros a través de los cuales la entidad superior pueda dirigir y coordinar a las demás. El resultado son duplicidades, contradicciones, disputas e ineficiencias.

Es imprescindible abordar ya esta cuestión, estableciendo en la Constitución un marco competencial fijo que defina cuáles son las competencias del Estado y cuáles las de las Comunidades Autónomas, de forma que, una vez que las Comunidades conocieran con claridad sus atribuciones, se dedicaran a ejercerlas en beneficio de sus ciudadanos, con lealtad al conjunto. Este simple cambio rompería la dinámica separatista en la que estamos metidos.

Pero además, hay que tener en cuenta que, en su estrategia divisora, los partidos nacionalistas han encontrado un gran aliado en nuestro sistema electoral, que favorece a las formaciones que concentran sus votos en pocas circunscripciones frente a aquéllas que los obtienen en todo el territorio nacional. Unos ejemplos: en las últimas elecciones generales de 2011 UPyD, con 1.140.242 votos, sólo obtuvo 5 escaños en el Congreso; mientras CiU, con 126.000 votos menos, consiguió 16 y AMAIUR, con 806.614 votos menos, logró 7.

Nuestro sistema electoral es mayoritario y solo funciona como proporcional puro para los pequeños partidos regionales. Esto ha otorgado un extraordinario poder en la definición del proyecto de España a partidos que estructuralmente pretendían su ruptura.

Hay solución: existen múltiples fórmulas para dar a los partidos regionales el mismo trato que a los nacionales. Al menos en el Congreso. Un Senado reformado debe permitir dar voz a los problemas locales y participación a las regiones en la elaboración de las leyes, pero leyes comunes para todo el país.

Porque estamos locos si creemos que España puede funcionar eficazmente con 17 Parlamentos y 17 legislaciones distintas. Nos hemos metido en un estado de confusión en el que nadie sabe qué ley rige, pero es que además ¿por qué debemos tener derechos distintos en función de que vivamos en Baleares o Extremadura? Si una ley es más racional y justa, ¿no debería aplicarse en todo el país?

Por si fuera poco, la existencia de 17 legislaciones está afectando gravemente a nuestra competitividad, estableciendo barreras a la libertad de circulación de empresarios. Ni la Unión Europea, ni el Estado han conseguido garantizar en España esa libertad, siendo esta una de las causas por las que estamos a la cola en la lista de países ordenados por la mayor facilidad para crear empresas.

Es muy posible que la ayuda financiera que hemos pedido a Europa nos obligue a hacer reformas que mejoren la eficiencia del Estado. Pero es que, aunque no fuera así, deberíamos tener la valentía de abordarlas. En 2005 Alemania estaba en crisis y no cumplía los objetivos europeos de estabilidad. Entonces actuaron como alemanes, diagnosticaron los problemas del enfermo y aplicaron el bisturí. Sanearon las cuentas y llevaron a cabo una reforma constitucional de su modelo de Estado. Hoy afrontan el futuro sin miedo. ¿Por qué no vamos a ser capaces nosotros de hacer algo parecido?

9 comentarios

9 Respuestas a “RESCATE Y COMUNIDADES AUTONÓMAS”

  1. Paco dice:

    El artículo plantea algunas de las debilidades más evidentes del modelo autonómico y anima a definir claramente el alcance de las competencias autonómicas para dedicarse a ser más eficiente.

    No puedo estar más de acuerdo pero..¿es realista este deseo? Desgraciadamente todo indica que esta indefinición permanente de las atribuciones competenciales es un excelente caldo de cultivo para seguir pidiendo más y justificar su propia existencia además de ocultar cualquier mala gestión. En resumen, a los nacionalistas no les interesa que se aclare el modelo. Esta indefinición, junto con el sistema electoral, favorece que vayan ganando posiciones por lo que soy pesimista ante el hecho de que tengan voluntad de cambiarlo.
    Por otro lado los agravios nacionalistas son fáciles de emplear para exacerbar a la opinión pública por lo que tienen muchas bazas para salirse con la suya.

    Sólo se daría un cambio si hubiese políticos con un gran sentido de la responsabilidad que supieran poner la eficacia de la administración a sus ambiciones partidarias. Otra opción es que entremos en una crisis tan grave que obligue a todos a ponerse juntos a trabajar.

    ¿Hemos llegado a ese punto? Me permito ser un tanto pesimista sobre el tema…

  2. José María Bravo dice:

    En este debate complejo sobre el Estado Autonómico es difícil mezclar, con acierto, el asunto financiero y las comunidades autónomas. Caprichosamente se pasa de la responsabilidad, en el déficit, del gobierno central a la responsabilidad de las comunidades autónomas. Esta aberración dialéctica depende de la lucha política.

    Salama pone como ejemplo la reforma constitucional alemana, fraguada en el 2005 y sancionada en el 2006. Quizás, este ejemplo debilita, de alguna manera, su discurso unitario por varias razones. Salama, en su articulo, recorre el territorio nacional señalando la mimesis separatista. Primera entelequia compleja, separación de que?. En esta forma de concebir la política, separatismo implica desatención de los intereses nacionales. Cuales son esos intereses nacionales?. Nos aboca a mirar la historia. A esta dilatada y compleja historia de España. No, no es fácil en un plumazo descriptivo señalar los problemas de la «unidad española» e incluso de la Unidad y/o diversidad en si misma.

    Pero, brevemente , porque digo que el ejemplo de reforma constitucional alemana,una de las tantas reformas en ese país, debilita su discurso. Lo primero es que esta se produjo por el hecho político de que hubo mucha igualdad en las elecciones alemanas del 2005 e hizo que los dos partidos mayoritarios se pusieran de acuerdo para esta reforma. O sea que fue una reforma consensuada. Pero no solo consensuada entre los partidos si no que partió de los Land, (territorios o en nuestro caso autonomías). Quiere decir que partió de los legisladores de los territorios e incluso, el Estado Central aminoro algunas de sus competencias, entre otras constitucionales.

    Evidentemente lo más importante fue la definición de la atribución de las competencias. Y en esto hay tarea que realizar en España. Se superponen aquí muchas competencias, tanto del Estado central como de las Autonomías.

    En fin, en Alemania hubo reducción de las leyes federales, estatales, o sea más capacidad de decisión de los Land en la Dieta Federal .Clarificación de las responsabilidades políticas, ya no habría tantos balones fuera de los Presidentes Autonómicos en España. Y una representación unitaria ante las instituciones comunitarias, menos «embajadas» territoriales.

  3. Suleiman dice:

    En un país como España en el que cada cual quiere ser el seleccionador nacional, cada uno tiene maneras de dirigir el país, todo quisqui montaría su propio partido político, cada pueblo quiere ser diferente de el de al lado, es de auténticos bobos haber creado un Estado haciéndose eco de los complejos «históricos» de los provincianos del Norte, donde unos se inventan reinos donde nunca los hubo y otros hacen gala de su brutalidad recogida desde la época de los romanos sacando pecho. Y sus políticos a remar a favor de corriente, ¿qué si no?

    Un desastre que imitan el resto. El nacional socialismo perdió la guerra pero ahora gana las elecciones.

  4. Aprendiza dice:

    En otras circunstancias me hubiera sorprendido su comentario, pero esa frasecita de «la oportunidad» ya suena a cotidiana.
    Tiene razón, es mejor volver al pasado, o mejor que todo eso, que es hacia donde vamos, a pasar a ser una provincia conquistada del Imperio Alemán. Y sé de lo que hablo porque viví allí un par de años.
    ¿Es que no se da cuenta de que el problema es que los fríos mares del norte y la amenaza de su mundo cuadrado y contaminado les ha hecho a lo largo de los siglos codiciar el solito del sur?
    Mire usted hacia un lado y verá la daga en el pecho de los Griegos, porque si nadie acaba con las políticas totalitarias nosotros también empezaremos a usar las pateras, pero en sentido contrario.
    Exactamente lo mismo que propone es lo que dice Angela, solo que en vez de Madrid, la capital un poco más al centro.

  5. Micaela Casero dice:

    Creo que no la he entendido bien. Por favor, Aprendiza, ¿podría explicarme qué quiere decir con «los fríos mares del norte y la amenaza de su mundo cuadrado y contaminado …»?

  6. Inés Corraliza dice:

    Pues quiero decir que a los alemanes les gusta tostarse al sol de España, por eso han permitido que invirtamos los dineros en turismo y les dejemos las industrias a ellos, por eso, les compensaba mucho más pagar la subvención y que las cosechas se dejaran morir en los campos, por eso, había que invertir en carreteras, aunque ya las teníamos y en aeropuertos fantasma, porque luego iban a venir las industrias, esas que todavía estamos esperando.
    Querida señora, me he paseado durante dos años por la ordenada y maravillosa selva negra -contaminada de lluvia ácida- conozco la profunda hipocondria de los alemanes, que desde el desastre de Chernobil, piensan que van a mutar todos de golpe, por eso les fue más fácil culparnos de falta de limpieza en nuestros pepinos, y se contaminaron con brotes de soja «demasiado naturales».
    Muchos de ellos me hablaban de su sueño de venir a retirarse a España incluso con 30 años. Están hartos de llevar una vida tan cuadrada, con todo programado, sin improvisación, sin arte.
    No todos son así, por supuesto. Tengo muchos amigos allí, buena gente, y guardo muy buenos recuerdos.
    Pero me ha parecido demagógico en extremo comparar la recuperación económica milagrosa alemana de 2005, que realmente no fué ninguna caída, puesto que fueron ellos los que desde que se inventaron su Europa, marcaron los límites, con la evolución de nuestra economía que han controlado ellos desde el principio. Ahora, la situación es mucho más peligrosa, porque no sólo controlan la economía sino que dirigen las políticas globales de los países, sobretodo las sociales.
    Creo que he respondido ampliamente a su pregunta.
    Dejemos ya de compararnos al resto y sostengamos desde aquí lo que aún no se ha derrumbado del todo, ¿no le parece?. Desde fuera es mucho más fácil, lo se, y además sucede que los que llevan mucho tiempo fuera, también lo he vivido, sufren un desarraigo tan profundo, tan triste, que de pronto se encuentran sin identidad, critican lo español y lo extranjero porque han perdido el paisaje de referencia. Sufren por España más que los españoles, pero no vuelven a enseñar lo que han aprendido, porque para muchos, su propio país no tiene remedio

  7. Micaela Casero dice:

    Gracias por responder a mi pregunta.

    El artículo de Isaac me ha recordado la Teoría de Conjuntos, que si no recuerdo mal, aprendí cuando estaba en tercero o cuarto de EGB. Con 8 ó 9 años aquello del concepto de pertenencia me cautivó. Tal vez porque respondía a algo tan elemental e instintivo que mi sentido común, de entonces, aceptó sin discusión. Tengo que decir que las matemáticas, según se fueron haciendo abstractas y alejándose de la realidad cotidiana y alcanzable, se convirtieron en un problema. Por ello, desde la división con comas, mis recuerdos se pierden en un galimatías sin sentido. Y esto me da rabia. Pues, disfruté con la geometría y aunque el cuadrado nunca fue mi figura favorita (demasiado previsible), me dejé encantar por las posibilidades del triángulo, el círculo ó el híbrido hexágono. También oí más tarde hablar de la cuadratura del círculo y es todavía una de mis asignaturas pendientes.
    No estoy desvariando, aunque a simple vista pudiera parecerlo.

    La conexión entre la teoría de conjuntos y el concepto de pertenencia con el de las comunidades autónomas me parece instintivamente clara.

    Las personas necesitamos desde muy pequeños encontrar una identidad. Me reconozco siendo yo, pero además necesito casi al mismo tiempo reconocerme en otros, surge la necesidad de pertenecer a un grupo con el que me identifico.
    El problema surge cuando esa identidad de uno mismo la trasladamos hacia elementos externos: ¿por qué me defino como español?, ¿qué elementos me identifican con ese conjunto de personas y no con otro?
    En la teoría de conjuntos, yo sabía que unos elementos pertenecían a un conjunto y no a otro porque existía una definición previa: todas las cosas azules o/y con una forma determinada pertenecen al conjunto A y no al B, la definición autoexcluía a muchos elementos y los incluía en B, también previamente definido. La cosa se complicaba con la intersección de conjuntos: había que rescatar elementos que reuniesen características de A y B. La búsqueda de estos elementos siempre me resultó fascinante.
    Creo que el concepto de autonomía, de país, de región, de provincia…, son conceptos que se definen al principio respondiendo a características reales de identidad, la situación cambia cuando la etiqueta que define a los que hay que integrar en ese conjunto se aleja de la realidad y se convierte en papel mojado, caro, anacrónico y peligroso.
    Si una persona que pertenece al conjunto de los catalanes porque habla catalán, vive en Cataluña,…, cree que es mejor por ser catalán, cree que lo hace mejor por el hecho de ser catalán…, la tarjeta de identidad está mal definida. Se perdió el sentido primario de la pertenencia. Igual pasa con un madrileño, alemán, español… Pertenecer al grupo es algo intrínseco al ser humano. Necesitamos pertenecer, formar parte de algo. Hasta aquí, todo nace de un sentido común universal. Pero, ¿cuándo empiezan las comparaciones negativas, la necesidad de establecer jerarquías en los conjuntos, la inquietud ancestral por sobrevivir a costa de la eliminación de los otros conjuntos?
    Creo que una de las formas de evitar esta tendencia a justificar mis errores a través de los otros es estar alerta y autocriticarte honestamente. La autocrítica no significa aceptar las soluciones de los otros como válidas, sino si las cosas no funcionan, aceptar que hay que cambiarlas, mirar, hablar, intercambiar con otros impresiones, ideas. Esos otros pueden ser franceses, alemanes, asturianos, andaluces, mahometanos, budistas, gitanos …
    Creo que Isaac habla de esto en su artículo.
    Había en la teoría de conjuntos nociones como la de exclusión, inclusión…, esa dinámica es necesaria y no elimina la pertenencia a un determinado conjunto (léase autonomía, provincia, país, mi familia, mi barrio, mi colegio …)
    La tierra que es en definitiva el conjunto por excelencia, al que usamos, conocemos, derrochamos, tiene la etiqueta puesta «el tiempo se acaba» y no podemos hacer como Mafalda dice cuando algo no le gusta: «que se pare el mundo que yo me bajo» No podemos usar solo la exclusión como criterio para organizar nuestra realidad, es un lujo inútil y peligroso.

    Lo siento muchísimo, me ha salido largíiiiiiiiiiisimo.

  8. Fernando Rodríguez Prieto dice:

    Efectivamente, todos los datos apuntan a esa dirección. El BCE ya se ha dado cuenta, y creo que no le valen las escusas habituales de patio de recreo de nuestros políticoa locales. Véase hoy mismo:
    http://www.elmundo.es/elmundo/2012/06/14/economia/1339672632.html
    En este mismo sentido:
    http://hayderecho.com/2012/04/16/el-debate-sobre-la-reforma-territorial-del-estado/

  9. José María Bravo dice:

    Me ha gustado mucho el comentario de Micaela porque juega, entrelaza, dinamiza. Quizás, es cierto, si así fuera la construcción de los países, efimeras realidades que dejan de identificarse y se modifican constantemente. Hablaría de otras realidades. Daríamos pábulo a la imaginación. Estoy leyendo el I Ching y a veces dice cosas, quizás por la mala traducción, que me cuesta interpretar. Pero, constantemente dice que hay que nombrar dirigentes locales. En América Latina, las asambleas locales tienen mucha fuerza. Se que enseguida se puede interpretar como caciquismo. Pero de alguna manera en Suiza, quiere decir en las antípodas de lo anterior,tienen los Cantones.

    Eso del Estado, del «supraestado», quizás viene de que, como dice en algún libro José María Carrascal, de que España ha sido antes Imperio que Estado. Se que Salama dice lo que dice, con criterio, por la cantidad de duplicidad de competencias, por el costo enorme del mantenimiento burocrático, etc. Pero tiene algo de «quimerico» desactivar el Estado de las Autonomías y algo de osado decir que el pecado constitucional español es el Estado Autonomico. Quizás, y es cierto, que como también diría José María Carrascal y refrenda, a su manera, Micaela, que que español acepta, y aceptaría, que Cataluña y el País Vasco tengan más privilegios que cualquiera de ellos. Puede ser una licencia no muy respetuosa, y pido perdón si es así, cual es el exito del ahora de la Comunidad de Madrid?. Que «saca pecho» frente a las comunidades llamadas «históricas»

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