Estamos asistiendo en España a uno de esos raros momentos en la historia de un país en el que una nueva generación política, que apenas roza los 40 años, está sustituyendo a la clase dirigente que llevaba décadas gestionando nuestro destino. La irrupción de dos nuevos partidos, Ciudadanos y Podemos, unida a la renovación generacional que se ha producido en el PSOE, ha hecho que en el último año y pico nos hayamos encontrado con un puñado de jóvenes dispuestos a asumir el protagonismo político durante los próximos años.

La entrada de toda esta gente nueva, en un momento en que la vida política estaba clamando por una profunda regeneración, es muy positiva. Al no estar hipotecada por los vicios que se han ido acumulando durante todos estos años pasados, esta nueva generación quizás pueda reinventar en muchos sentidos las formas de hacer política y consiga acercarla más a los ciudadanos.

No obstante, si alguno de estos nuevos partidos llega a gobernar, van a necesitar la implicación de mucha más gente de la que hasta ahora formaba sus núcleos dirigentes. Y gente con perfiles distintos. No es lo mismo organizar una campaña electoral, con sus mítines y sus apariciones en los medios de comunicación, que dirigir un país. Solo para conseguir sentar en el Consejo de Ministros a personas capaces de estar a la altura de los desafíos que tenemos se las van a ver y desear. Si a eso se le añade la cantidad de personas necesarias para dirigir los distintos ministerios, organismos y empresas públicas, el reto se las trae.

La experiencia pasada nos dice que estas personas suelen provenir de tres ámbitos distintos. Por una parte están los que vienen del partido. Son los políticos puros, los que se han curtido en la brega política, desde las luchas internas en el propio partido, el cuerpo a cuerpo parlamentario, la sobreexposición a los medios de comunicación, los mítines, etc. Son quienes tienen más afinado el olfato para adivinar qué medidas pueden ser más populares y cuáles, en cambio, van a soliviantar a la opinión pública. Y son, por principio, los que mejor conectan con su electorado y con la militancia del partido.

Por otra parte están los que proceden de la Administración Pública. Funcionarios de los cuerpos de élite y, en algunos casos, profesores de la universidad. Se trata del colectivo que nutre en mayor medida a los altos cargos que necesita cualquier gobierno. Varios motivos lo explican. Por una parte, son los que mejor conocen el funcionamiento de la Administración, lo cual es una ayuda inestimable para cualquier Gobierno porque eso le facilita convertir las propuestas programáticas en medidas reales. Por otra parte, la vocación de servicio público y la actividad cotidiana de esos funcionarios les capacita y  les conecta de forma natural con la gestión política del país. Y, por último, pero no menos importante, es el único colectivo que tiene asegurado su empleo cuando abandone la actividad política.

Finalmente, están los que proceden del sector privado. Estos son una minoría y, paradójicamente, están menos valorados, porque ni suelen tener experiencia política ni conocen los entresijos de la Administración. Sin embargo, son los que están más familiarizados con el mundo real. Seguramente, son quienes mejor conocen lo que cuesta pagar las nóminas de los empleados todos los meses, obtener un crédito de un banco o hacer frente a la cantidad de obstáculos burocráticos para poner en marcha una fábrica. Desde este punto de vista, es muy significativo que el 70% de los 190 ministros que en total han accedido al Gobierno desde las primeras elecciones en 1977 no habían tenido previamente ninguna experiencia profesional en el sector privado, mientras que el 63% de ellos eran funcionarios.     

Admitiendo, por tanto, que es conveniente que un alto porcentaje de los ministros y altos cargos del próximo Gobierno se recluten entre los miembros del partido y los cuerpos superiores de la Administración Pública, lo que habría que plantearse es si a este país le convendría que aumentase sustancialmente la presencia en el Gobierno de profesionales con dilatada experiencia directiva en el sector privado.

Cuando estamos necesitando cambiar nuestro modelo productivo, potenciando un tejido de empresas capaces de competir en los mercados internacionales con productos de alto valor añadido, y todos los informes del Banco Mundial, del FMI o de la OCDE coinciden en señalar la cantidad de obstáculos que tienen que salvar las empresas en España para llegar a ese objetivo, ¿no nos convendría que, por ejemplo, el ministro de Industria y sus altos cargos fueran personas con mucha experiencia en esas empresas privadas que nos vienen siempre a la cabeza como ejemplo de excelencia? ¿Se imaginan que el Consejero Delegado de Inditex, el de Grifols o el de Renault España, aceptasen ponerse al frente durante cuatro años de un ministerio como ese, con el objetivo de eliminar los obstáculos y adoptar las medidas necesarias para potenciar ese tipo de empresas? ¿Se imaginan que el nuevo Presidente del Gobierno consiguiese convencer a uno de esos emprendedores veteranos en el campo de las nuevas tecnologías para que se pusiera al frente de un ministerio de Innovación Tecnológica? Si este tipo de fichajes fuera posible ¿no habría una gran diferencia entre la capacidad de estas personas para identificar las claves sobre las que hay que actuar, para conseguir lo que de verdad hay que conseguir, y lo que podrían aportar personas de los otros perfiles mencionados?       

Pero, naturalmente, este tipo de fichajes implica correr ciertos riesgos. El primero y más obvio, es que no comprendan la lógica interna, los procedimientos y la cultura de la Administración, y sus propuestas se estrellen una y otra vez. A fin de cuentas, el mundo de los negocios es muy distinto del de la Administración Pública, y no digamos ya del de la confrontación política. Pero se supone que es gente inteligente y que tras un período de tiempo sabrían adaptarse.

Con todo, quizás el mayor riesgo sería el que se asocia con las famosas puertas giratorias. Nadie puede pretender que, finalizado su período de dedicación gubernamental, estas personas acepten resignadamente quedarse en el paro. Por el contrario, lo lógico es que busquen trabajo de su nivel en empresas importantes, con lo cual siempre será inevitable que en torno a estas personas exista la sospecha de que, mientras ejercían sus respectivos cargos públicos, cuidaban sus relaciones con las empresas que después podrían contratarles. Y de hecho eso sucederá en un porcentaje de casos. La cuestión, entonces, es si merece la pena correr esos riesgos teniendo en cuenta todo lo que aportarían. Curiosamente, en un país como Estados Unidos, que no destaca especialmente por su nivel de corrupción, se aprecia que para los altos cargos del Gobierno se busquen a directivos de grandes empresas. Y, por supuesto, se admite como algo natural que después retornen al sector privado. ¿No tendrá mucho que ver esa ósmosis entre el sector privado y el público con la eficacia del apoyo que tradicionalmente brinda la Administración de Estados Unidos a la competitividad de sus empresas?

Desde luego, si yo fuera Presidente del Gobierno de España no lo dudaría un minuto: haría lo imposible por convencer a unos cuantos directivos de nuestras empresas modélicas para que, por el bien del país, aceptasen puestos de primer o segundo nivel en el Gobierno para volcar toda su experiencia en crear las condiciones ideales para que proliferen y se desarrollen las empresas que necesitamos.

Pero no solo eso, intentaría que la mayoría de los puestos de director general en la Administración, o de presidente de las empresas públicas, se cubriesen mediante concurso público con los mejores candidatos, procediesen del sector público o del privado, tal como ya hemos expuesto en varias ocasiones en este blog. Al final, la cuestión que subyace a todo esto es muy simple y se reduce a una sola pregunta: ¿queremos o no que el Gobierno esté formado por los mejores? ¿Debe ser este el criterio dominante o debe ser otro?

7 comentarios

7 Respuestas a “¿Son siempre malas para el país las puertas giratorias?”

    1. Pepe dice:

      Gracias Manolo por expresar lo que yo entiendo que seria imprescindible en un Gobierno,que entre otras cosas debe de gestionar un balance nacional,ingresos y gastos.De las otras competencias no digo nada.

  1. Jose Maria Bravo dice:

    Realmente el articulo es muy reflexivo y cuestiona la forma de gobernar. Uno puede preguntar: en realidad siempre han existido las puertas giratorias?. La respuesta es Si un si rotundo.

    Cuando leia el articulo pensaba muchas cosas. Un articulo que hace pensar. Pensaba en Estados Unidos donde un directivo de Hewlett Packard o de Occidental Petroleum Company puede haber sido Presidente de la Corte Suprema. Es evidente que Estados Unidos es el Albatros del Capitalismo. Pero que es la Social Democracia?. Si nos remontamos al Socialismo politico, vemos que los deportistas, los artistas, etc, eran trabajadores del Sistema. Ahora el Espectaculo, como tal, lejos del Arte es uno de los sectores con ganancias estratosfericas y los artistas “esenciales” en la pobreza. Quizas, es topico mencionarlo, pero para filosofos como Nietzche, el hombre “cuando es”, es Artista. Bueno quizas, solo esto es para significar que es el hombre hoy en dia?. En que medio de produccion, de evolucion, esta inserto?.

    El otro dia, en los debates, nadie hablaba de Cultura. Entonces dentro de este Sistema,lo que dice Manuel Bautista es muy cierto. Para gobernar este pais hay que tener en cuenta a los directivos de empresas privadas. Pero como seria la seleccion?. Ya los ha habido, con los resultados que todos conocemos, Rato, Pique, Sevilla, Sebastian, etc.

    Lo que dice Bautista a los cuerpos de la Administracion me parece muy acertado. Son gente que brega con la realidad diaria. Habria que preguntarle a un alto cargo de la Administracion que piensa de su Ministro de turno. Sea que venga de la empresa privada o de la politica. Es parte de la sociedad apoyada en el individualismo y la imagen.

    El otro dia el Presidente Rajoy se alegraba de la gran cantidad de turistas que vienen a España. España, per se, es una “maravilla”. Pero cuantas agencias de viajes mayoristas y minoristas se han cerrado en los ultimos años?. Cuantos miles de trabajadores, de ese sector, en el Paro?. Cuantas multinacionales de la WEB, son las que se quedan con una buena parte de las ganancias. Habria que preguntarle a un Director de hotel cuanta comision le piden en esta guerra de precios. Tambien Rajoy se ufanaba de los Tratados de Libre Comercio. Habria que preguntarle, por ejemplo, a los agricultores que estan exportando grandes cantidades, un alto porcentaje a Europa preferentemente, porque ha bajado su nivel de renta.

    En realidad, el enfoque de la critica a las puertas giratorias es que los altos cargos de la administracion suelen trabajar, con su influencias, en las multinacionales para beneficiar la internacionalizacion de estas. Seria bueno que trabajaran cuando gobiernan en favor de sus nacionales. De sus pequeñas empresas, de sus autonomos, de sus profesionales, de sus estudiantes, de sus artistas, de sus cientificos y de sus marginados

  2. O'Farrill dice:

    Estimado Sr. Bautista: Hace unos días conocí su estupendo libro sobre la alternativa a Darwin y me propuse conocerle personalmente. Ayer un gran amigo (Manu/Ramón) me dijo que colaboraba en este blog y así he leído su artículo sobre las llamadas “puertas giratorias”. Como pequeño empresario por una parte y la experiencia de conocer la Administración Pública desde hace muchos años (demasiados) así como por mi experiencia política desde la Transición, creo que puedo aportar alguna opinión sobre el interesante asunto que plantea.
    En primer lugar creo que el problema nace de la “profesionalización” en el mundo de la política, cuando el paso por la misma debía ser temporal como aportación ciudadana en un proyecto común. También he defendido siempre la promoción interna del funcionario a la máxima responsabilidad de la carrera que debía ser la de director general o, lo que es lo mismo, la igualdad de oportunidades en la carrera administrativa. Por otra parte he conocido y padecido las dificultades de poner en marcha cualquier actividad privada donde interviene la necesidad del administrador de someter al administrado. Se justifica así la excesiva regulación y las plantillas administrativas o mercantiles públicas.
    Las “puertas giratorias” dependen más de la ética personal que de cualquier regulación. Perfectamente se puede haber colaborado en la Administración temporalmente si no se trata de utilizar esa colaboración a posteriori en interés propio o de quien me contrate. Si se vuelve a la casilla de inicio de partida en igualdad de condiciones que los demás. Lo que ocurre es que, por desgracia, se utilizan para crear situaciones privilegiadas y hacer trampas en la libre competencia (que, ahora, creo que es donde Vd. se mueve) por lo que mejor que nadie conoce en directo el asunto de “cárteles” y ese dato de 48.000 millones de euros “perdidos” en las contrataciones públicas según el informe de la propia CNMC.
    En fin, espero poder conocerle personalmente y seguir charlando sobre sus atinadas observaciones sobre la evolución humana. Un saludo.

    1. Manuel Bautista dice:

      Estimado Sr. O´Farrill, le agradezco su comentario sobre mi libro y, por supuesto, buscaremos la manera de conocernos y poder charlar tranquilamente.

      En relación con el tema de las “puertas giratorias”, es cierto que se trata de un asunto complejo. Tiene relación, desde luego, con la profesionalización de la política. Sobre todo, en aquellos casos de personas que han estado muchos años ejerciendo puestos políticos y luego no ven cómo empezar su vida laboral, en el mundo privado, desde cero.

      Los hay que lo hacen y bien, pero muchos acaban recurriendo a “su agenda” de contactos para buscarse una salida “confortable”. No cabe duda de que para afrontar este tipo de situaciones están mucho mejor equipados los que somos funcionarios o los que son ricos de familia.

      La verdad es que es un tema en el que le confieso que yo no tengo clara cuál es la solución. Pero, desde luego, estoy de acuerdo con usted en que al final depende mucho más de la honestidad y la ética de la persona que de cualquier régimen de incompatibilidades que se establezca.

      Lo que sí he visto en mi vida profesional es que en otros países que solemos tomar como ejemplo, tales como Inglaterra, Holanda o Estados Unidos, es bastante habitual que gente del sector privado se incorpore a la Administración y luego vuelva al sector privado. Y parece que les va bien.

      Pero, si yo tuviera que empezar a desenredar esta madeja por algún lado, empezaría sin lugar a dudas por la profesionalización de muchos de los Altos Cargos que hoy son enteramente elegidos por el Ministro de turno.

      Lo que sucede es que, hoy por hoy, se suele entender que esa profesionalización consiste en cubrir esos puestos con funcionarios, siendo así que estos solo lo pueden ser quienes han dedicados X años de su vida a prepararse una oposición de alto contenido memorístico. En fin, que habría muchos matices en todo esto.

      Un saludo y muchas gracias por su comentario

  3. elangelcaido dice:

    El quid de la cuestión está perfectamente resumida en la última frase del artículo, que dice así: “Al final, la cuestión que subyace a todo esto es muy simple y se reduce a una sola pregunta: ¿queremos o no que el Gobierno esté formado por los mejores?

    El error de origen radica en que el autor asume que “los mejores” parecen ser los que mejor defienden unos intereses muy concretos (de una minoría) y no otros (de una mayoría. Por lo tanto, la pregunta la dejaría así: ¿queremos o no que el Gobierno esté formado por los que mejor defienden los intereses de la mayoría de los ciudadanos?

    Me remito al informe de Oxfam, por lo del 1%-99%

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