Tenemos que hablar

Cuando murió mi padre, muchos amigos me llamaron por teléfono, pero otros muchos me enviaron un wasap de pésame. ¡Un wasap! Si en el peor momento de mi vida no pueden coger el teléfono y hacer una llamada, ¿entonces cuándo? ¿Cuándo una ocasión merecerá el esfuerzo de llamar y transmitir de viva voz lo que uno tiene que decir? ¿O acaso no hay nada que decir? Tras la excusa de no querer molestar a los demás, se esconde el no querer molestar-nos nosotros haciendo un esfuerzo por los demás.  ¿Qué nos pasa? ¿Por qué no hablamos? ¿De verdad no nos damos cuenta de lo solos que nos estamos quedando?

Con el uso de las redes sociales se exacerba lo que parecía no poder exacerbarse más: la soledad. Llegamos a convencernos de que ya estamos suficientemente comunicados solo porque tenemos la información de lo que nos sucede a unos y a otros, pero la transmisión de información no es comunicación. La comunicación es voz, es mirada, es contacto físico, es emisión de intenciones.

Le tenemos miedo al otro. Miedo al rechazo, miedo al aburrimiento, miedo a decepcionar, miedo al ridículo. Le tenemos tanto miedo a los demás que preferimos mantenernos en nuestra burbuja aislada, haciendo más esfuerzos por impedir que se pinche que por ocuparnos de otras personas. Buscamos permanentemente excusas para evitar la exposición, casi todas relacionadas con la vida que llevamos. Y llevamos una vida en la que difícilmente cabe ninguna improvisación, pero poco a poco nos vamos acostumbrando a dejar de ver a los demás, dejar de hablar con los demás, dejar de mirar a los demás a los ojos, desde este cautiverio voluntario que nos consume y deprime sutilmente.

El miedo al otro nos lleva a viajar en el metro como si alguien nos estuviera apuntando con un revólver bajo amenaza de volarnos los sesos si abrimos la boca. No queremos llamar la atención, en cuanto se oye una voz todo el mundo se gira para ver quién es, qué hace, qué dice y, sobre todo, por qué. Si por error rozamos la mano de alguien al agarrarnos a la barra, la apartamos rápidamente, como si el contacto físico nos repugnara, nos aterrara, nos avergonzara.

A veces nos preguntamos por qué los viejos se ponen a hablar con desconocidos en los parques o en la parada del autobús, y la pregunta es por qué no lo hacemos todos. Buscan cualquier excusa para entablar conversación; el clima, lo que tarda el autobús, la gripe que han tenido o alguna anécdota de sus nietos. Están solos metidos en casa sin escuchar la voz de nadie durante días. Bajan al supermercado a por algún detalle solo para poder hablar con las cajeras, que les tratan con cariño y les “aguantan” conversaciones banales, conscientes de que eso ya es parte de su trabajo. Conscientes de que, por su mísero sueldo, ahora ejercen también de psicólogos.

Pero nos molesta que nos saquen de nuestro aislamiento. No dejamos que nadie nos libere del encierro. No permitimos que nuestros amigos deprimidos nos den la chapa, que la gente se pone muy intensa y yo no tengo por qué aguantar a nadie. Bastante tengo ya con “lo mío” (sea lo que sea eso).  

Vivimos pegados a nuestro núcleo relacional sin apenas hacer expediciones fuera de la zona de confort, que cada vez es más reducida e incómoda, pero es la nuestra y al menos es conocida. Nos gusta estar encerrados, cada vez más solos, pero sin obligaciones, sin responsabilidades, sin esfuerzo y sin sobresaltos.

Y algún día, en nuestro lecho de muerte (porque todo indica que nos vamos a morir), quizás no aparezca nadie a despedirse, es probable que los amigos o supuestos amigos no acudan a nuestro entierro ni nos lleven flores porque justo ese día les “pilla mal”, pero enviarán un wasap muy sentido con un emoticono que llora. Ese día nuestro Instagram conseguirá más likes que nunca, algunos harán un hashtag con nuestro nombre en Twitter o escribirán una sentida necrológica en Facebook. Todos publicarán cosas bonitas durante un par de días, esas cosas que jamás dijeron, que jamás dijimos, esas palabras que nunca llegaron porque estábamos demasiado liados viendo Netflix o comprando en Amazon.

Algún día nos daremos cuenta de todo el tiempo que hemos perdido con esta vida de mierda, o peor, de todo el amor que hemos perdido y que ya no habrá manera de recuperar.  

Algún día, ojalá hoy, nos daremos cuenta de lo importantes que son los otros, aunque solo sea, porque nosotros también somos los otros.

15 comentarios

15 Respuestas a “Tenemos que hablar”

  1. O'farrill dice:

    De nuevo felicitaciones a Bárbara por el tema de su artículo. La comunicación o la incomunicación personal es algo que se ha ido extinguiendo en aras de una supuesta privacidad o de egocentrismos agudos. En los años 80 recuerdo una frase que -como se dice ahora- se hizo viral: «No me cuente usted su vida; yo también he sufrido mucho». El aislamiento (que no es lo mismo que la soledad) es otra de las maneras con que se nos va preparando para el futuro. El colmo esas parejas, sentadas una frente a la otra, dedicadas cada una de ellas a contestar mensajes de otros en lugar de comunicarse entre sí o ese grupo de «colegas» que acaban por aislarse con su» juguetito» correspondiente en lugar de charlar directamente de cualquier tema.
    Y ahí entramos en otra de las facetas de la comunicación: ¿de qué temas podemos hablar? En el mundo de las parejas jóvenes normalmente se ocultan temas o asuntos que consideramos «espacios propios» (nuestra privacidad) y que, más tarde o más temprano, se conocerán y traerán consecuencias. Una cosa es la invasión de la intimidad y otra muy diferente el no compartirla con quien se supone tu confidente más importante y más cercano. Entre las amistades (el amor sin sus alas, según Rilke), habría que distinguir entre los conocidos por unas circunstancias u otras, los compañeros de trabajo que parecen amigos y los amigos de verdad (los incondicionales) a los que no queremos interferir en sus vidas y ocupaciones. Al final, es mucho más espontánea la comunicación con algún vecino o con cualquiera que veamos que está dispuesto a escucharnos (de esto tengo abundantes experiencias) y a dedicarnos algo de su tiempo.
    Las redes sociales son sólo eso: una forma de pescar en el océano revuelto de las mismas, diciendo las mismas banalidades, rebotando mensajes de un tipo u otro y replicando lo que nos ha llegado por las mismas vías hasta que nos quedamos literalmente «enganchados» en ellas, controlados en nuestras actividades y aficiones o con desenlaces desagradables si las cosas derivan (como pasa muchas veces) por derroteros imprevistos.
    En todo ello la verdadera comunicación (esa que va más allá de las palabras, gestos y miradas) hace aguas por los cuatro costados. Estamos demasiado ocupados, somos demasiado egoistas o nos han enfrentado tanto que, al final, nos hemos convertido en conejos de Indias del gran experimento de ingeniería social que han diseñado para someternos.
    Yo sugeriría a los editores de este y otros «blogs» y «foros» la posibilidad de encuentros (se han hecho algunos) donde podamos llevar nuestra modesta comunicación «bloguera» al conocimiento personal directo.
    Un saludo.

  2. Paz dice:

    Excelente post y excelente comentario. Gracias enorme
    P.S. ¿Cuándo quedamos?

    1. Coque dice:

      Tengo mucho lío últimamente para quedar, Paz. Si eso ya te llamaré dentro de unos meses.

  3. Cris dice:

    Excelente artículo, retrata perfectamente a lo que esta sociedad ha ido degenerando. Suelen /solemos ser personas egoístas, lo que llaman ahora yoístas, poco empáticas, poco imaginativas, incluso. De esas personas que tan pronto tratan fatal a uno como a otro, al que no les lama los zapatos en ese momento. Y si no quedas para divertirte, no les comas la cabeza. Pero eso sí, estate ahí para SUS rollos. Lo que les importa son sus «problemas del siglo XXI». Nada de reciprocidad aquí.

    Cada vez hay más casos en nuestros periódicos de gente que vive sola y muere sola. Dicen que todos morimos solos. Oiremos mucho «algo habrá hecho para que ni su familia le hablase». Claro. Da miedo. Da miedo como cada vez es más común. Como la semana pasada encontraron 3 personas muertas en su casa. En uno de los casos, la última vez que le vieron por el barrio fue en fin de año. Los vecinos asumieron que se había ido con la familia. Y yo me pregunto, ¿nadie le llamaba por teléfono? ¿A nadie le interesaba? Finalmente, uno de sus familiares que vivía lejos, llamó a otro que vivía muy cerca y se personó en su casa para ver cómo estaba… Aún me estremezco y me da ganas de llorar. Y esto es cada vez más común. A esto hemos llegado como sociedad.

    Cuando murió mi padre… en el núcleo familiar también nos dimos cuenta de quienes estaban demasiado ocupados. Y también nos llevamos varias sorpresas. De gente que no esperabas que estuviese ahí, y estuvieron un día entero. De amigos que se iban de viaje y sacaron un rato antes del vuelo, que cancelaron un viaje, cruzaron todo el país para venir a nuestro lado, se colgaron del teléfono por horas… De esa gente invaluable que cada vez queda menos. Y es una amistad recíproca, yo le doy todo de mi ser a quien me corresponda.

    También, por otra parte, los vecinos nos empezaron a tratar como «apestados». Es una comunidad pequeña, con edificios de pocas plantas y hemos crecido ahí. Pero hemos pasado de compartir ascensor, esperar al que llega, abrir puertas, comentar el día, dejar llaves, sal, azúcar y favores varios, a ver cómo X vecino nos ve llegar y cierra rápidamente la puerta del ascensor, o se apura a entrar al portal para no compartir el mismo espacio vital y no tener que hablar. Mi madre llegó a preguntar «¿se creen que la viudedad es contagiosa?». Pero ya le expliqué que no fue ahora, esto fue algo progresivo.

    Igual que la gente que atropella a ciclistas por contestar mal, gente que cruza mal e increpa al conductor que se queja… Y más casos, que dan más miedo que vergüenza. Por lo comunes que son. Esta sociedad cada día está más sola, y la soledad aboca a la locura.

    Ya sabéis… lupus est homo homini

  4. Manu Oquendo dice:

    El artículo de Dña. Bárbara y los comentarios son formas de comunicarnos, de decirnos lo que pensamos y de acercarnos unos a otros. Sin ellos no tendríamos las relaciones personales que hoy tenemos con los editores y con no pocos de los comentaristas habituales.

    Dicho lo cual no está de más recordar que comunicarnos es decirnos cosas relevantes con la intención de ayudarnos, de acercarnos y de paliar esa circunstancia del ser humano que tiene su lado bueno y su lado peor, la susodicha Soledad. El nombre de una de mis queridas abuelas.

    Estos días estoy preparando un comentario a un libro de un amigo: «Respuestas breves a inmensas cuestiones». Un libro que es un compendio de su ingente obra de Filosofía Moral. Sobre «Dios, el mundo y el yo; sobre mi libertad con ley y moral». Lo voy leyendo a razón de unas 20 páginas por noche y, precisamente esta madrugada, hablaba del «Yo».

    Una de nuestras primeras evidencias intuitivas, el «yo», es en el fondo y ante todo la conciencia de una verdad solitaria. Quizás temporal, transiente, pero solitaria. Algo que es bueno reconocer, aceptar y disfrutar aunque sea para luego darnos a otros como se dan las madres y los padres. Como se dan los buenos esposos, los buenos amigos. Las posibilidades de crecimiento humano parten siempre de la reflexión solitaria y positiva y se mueven hacia un fenómeno realmente «eucarístico» de «partirnos y repartirnos» en bien de otros. Sin esperar nada a cambio que es la esencia del «ágape».

    La evidencia de esta soledad «constituyente» no es obstáculo para compartirla sabiendo que el sentido de la vida es un esfuerzo por transmutar el «yo» en un «nosotros» plausible.

    Saludos cordiales.

    Obra citada:
    Respuestas breves a inmensas cuestiones. 2019
    J. Ramón Recuero.
    Editorial Y

  5. Gema. dice:

    Buenas tardes Bárbara, gracias por tus artículos, quería comentar algo que Igual viene al hilo del post o igual no…
    Es sobre las redes Tecnología etc;

    Intento brevedad: no hace mucho Le pareció algo que malEscribí a una persona en red, me avisó: ya no somos amig@s?, bien…no pasa nada, en esa ilimitada lista de amistades no/conocidas ni por el apellido, somos un@ menos en ambas listas..por ambas partes..

    Era por un malentendido en relación a un tema masculinidad-feminidad..

    Resuelto el Entuerto: vuelta a la «amistad» de dos personas no-conocidas más que de «opinar» en red..

    Una vez la AMISTAD: de indagaciones a ver quién es quién, es lo que da la red, Amistades sin Saber quién hay ahí..

    Conclusión que yo saco de las Indagaciones: Personas que están colgadisímas de la red, con la Cabeza llena de «cosas insulsas» que te da la red.. tirando el TIEMPO de vida, enganchando a otr@s en la dinámica y sin llegar a ninguna parte más que usar un tiempo para nada; no es por nada: de Voladura Mental…y Era Joven…

    Es fácil, te proporcionan el formato (redes)..internet y etc–>TÚ gastas tu tiempo, otr@s se Enriquecen a manos llenas, y al final del día, quedas en tu cama…. prácticamente sól@…

    Y así día tras día si no Hay CAMBIOS de ésta dinámica…
    Lo dicho: considero las redes, mal usadas hiperpeligrosas, y que van a condenar a «soledades» a muchos…si no dejamos a nuestra cabecita Respirar…
    Y parece que lo que no está en redes no existe?—

    No sé, a todo esto lo llaman Progreso..
    Y pa’l pueblo que me voy, yo, de Regreso…

  6. DaniCh dice:

    J**** qué bien escribes!! es como si te estuviese tomando un café conmigo, inquietante…

  7. Manu Oquendo dice:

    Aprovechando que el artículo va de «Tenemos que hablar» quiero contarles una historia que pasó hace dos días en Madrid. Una de tantas.

    El Domingo pasado, en un hospital de Madrid murió un hombre de 77 años, enfermo crónico de corazón con muchas intervenciones a cuestas y cuya muerte era previsible desde el mes de Diciembre. Su familia estaba muy acostumbrada a llevarlo a Urgencias de un Hospital cercano a su domicilio donde era bien conocido por el departamento de Cardiología.

    El mismo domingo, a las 4 de la madrugada, su esposa y uno de los hijos lo llevaron al hospital como en otras ocasiones. Las urgencias estaban casi vacías y les atendió una cardióloga, conocida de la familia, con los ojos «muy cansados» –como los del resto del personal– . El paciente se quedó en un Box de Urgencias y como es habitual no se permitió a la familia quedarse allí. Solo despedirse de él que claramente estaba viviendo sus últimas horas. También le hicieron una prueba del Corona que resultó negativa.
    A lo largo del día llamaron por teléfono, se les atendió muy correctamente, con cariño incluso, y poco a poco se fueron acercando los hijos y la esposa por separado, como se nos exige en estos momentos, y, muy excepcionalmente, se les permitió, de uno en uno, verle unos minutos cuando ya agonizaba sedado.

    Sobre las 17:00 horas del domingo murió el paciente y, poco después, la viuda y las dos hijas comenzaron los trámites funerarios con la persona del hospital que se ocupa de este proceso. Se lo resumo:
    No podría ser incinerado en un Madrid desbordado y sin suficientes trajes protectores para los empleados de estas empresas. Por tanto, el cuerpo, dentro del correspondiente ataúd forrado de zinc, como se exige para traslados largos, seria llevado al tanatorio de un pueblo a unos 400 km de Madrid. Allí será incinerado.

    No había por tanto la opción de enterrarlo en el panteón familiar de la Almudena sin incineración, como querían el difunto y sus deudos. Les pudieron concretar la fecha del traslado para unos días más tarde y les anunciaron que recibirían las cenizas dentro de mes y medio. El coste de la operación ascendió a unos 6000 euros porque el traslado casi duplica la tarifa mínima habitual sin sepelio etc. La familia liquidó la cuestión pecuniaria en aquel momento y recibió un certificado de defunción que atestiguaba que la muerte se había producido por la habitual parada cardio-respiratoria y, ¡oh, sorpresa!, «posible coronavirus».

    Ayer han muerto 514 personas supuestamente a causa del condenado virus. Los ataúdes comienzan a apilarse en la Pista de Hielo. No podrá haber funerales hasta dentro de meses. No se sabe cuándo podrán ser enterrados.

    Hoy he hablado con la viuda y con los hijos cuyos padres conocí hace exactamente cincuenta años. «Tenemos que hablar», como dice Dña. Bárbara.

    Me gustaría saber cómo están todos ustedes. Algunos lo sé por teléfono y afortunadamente sé que están bien.
    Alicia, Loli,…¿cómo estáis?

    Un fuerte abrazo a todos. Y otro al personal sanitario, público y privado, que están viviendo una experiencia dura y de alto riesgo. Una oración por las familias. Por tantas familias.

    Take care &….. let’s talk.

    1. Loli dice:

      Hola Manu,

      Muchas gracias por tu emocionante preocupación hacia los que hemos participado de algún modo en este foro, libre y distinto, como es en el que nos encontramos.

      Por ahora voy bien, ha habido momentos de altibajos, no te lo niego.

      La cara más terrible de la malla extendida del miedo, por unos poderes…¿cómo definirlos?…negligentes, irresponsables o tontos…ha mostrado su faz.

      Y reconozco que he sentido su más feroz mordida.

      Esta situación me está forzando a escuchar mi silencio…sin demoras ni distracciones a las que agarrarme.

      A encontrarme con mis miedos, mis temores y lo que eso supone frente a los demás.

      A distinguir el buenismo…a sentir en las propias entrañas el porqué del egoísmo…la sinrazón a la que hemos sometido a nuestro organismo en aras de apariencias, de “perder el tiempo” y de justificarlo…en la banalidad, o en mostrar imágenes de nosotros mismos mientras el alma se desesperaba atrapada en la razón justificativa.

      Ahora todo obliga…y enseña, de manera casi dramática…que las respuestas están en nosotros, en lo más profundo, en los silencios de nuestro organismo…en los silencios de fuera …¿o no?. ¿Hasta dónde las fronteras de “dentro” y “fuera”?.

      Son momentos de incertidumbre….tremendos.., difícil de evitar el temor…por todos…, por todo.

      También es el momento del romper los ruidos que rodean el silencio …que tiene, seguramente, muchas cosas que contarnos…y ahora puede.

      El último artículo de Carlos Peiró trata de esto, es muy ilustrador.

      Pero este comentario es la respuesta al tuyo , Manu, por tu amable recordatorio..y sé que lo que en él deposito..es entendido y acogido por ti.

      Un fuerte abrazo
      Cuídate, cuidaros todos mucho, por favor

    2. Alicia dice:

      Gracias, Manu; de momento estoy bien.
      De salud…
      Todos los que podemos decir «estoy bien” nos referimos, imagino, exclusivamente a la salud.
      Pero, por todo lo demás… ¿podría alguien decir «estoy bien»?
      No puede evitarse pensar que, una vez que ese mundo tan invivible que veníamos viviendo se ha venido abajo, el nuevo que nos espera llegará cargado de incertidumbre, inquietud e incluso angustia.
      Seguro que ya no es posible que todo vuelva a ser como lo hemos conocido.
      Seguro también que en todo lo que son aspectos materiales las economía – tanto a gran escala como las pequeñas economías domésticas – saldrán muy resentidas, y tardarán en recuperarse. Y a lo mejor una vez recuperadas su manera de funcionar ya no es ni sombra de la que, quienes fueran, a quienes correspondiese, no supieron o no quisieron hacer funcionar de otra manera. Y los otros, los pequeños, tampoco es que acertásemos mucho a no dejarnos arrastras por un materialismo del todo estúpido.
      Por eso, pienso, en otros muchos aspectos saldremos fortalecidos. Quiero pensar que nuestras ambiciones y objetivos cambiarán; que pensaremos de forma en la que no habíamos quizás jamás pensado llegar nunca a pensar. Y que todo esto dará paso a una nueva humanidad, un nuevo humanismo, una nueva sociedad, una nueva filosofía, una nueva literatura, nueva narrativa, nueva poesía, nueva pintura, nueva música, nuevo teatro, todo nuevo… Incluso una nueva ciencia ficción que, aún en sus pretensiones de originalidad, siempre fue una especie de monstruo de Frankenstein resultado de juntar y pegar retazos de historias y situaciones ya vividas. Generalmente éramos amenazados por seres de otros planetas, o por deterioro del nuestro; pero el mal estaba fuera de nosotros, de nuestro cuerpo, y siempre quedaba la esperanza de qué o de adónde escapar.
      Pero esta vez no. Esta vez no hay de qué ni adónde escapar. Otro planeta; otra galaxia a lo mejor, donde sus condiciones ambientales mataran el virus…
      Estoy fantaseando.
      Pero y qué…
      Me tomo la libertad de fantasear que todos habremos de tomarnos la libertad de fantasear si no queremos quedarnos muy, muy por debajo de la realidad que ya se atisba – o puede que de momento sólo se fantasee estar atisbando – más verdadera y más desprovista de los miedos, arrastrados por siglos, que nos han paralizado para dar el salto fuera de nosotros mismos y de nuestras inmediateces y pequeñas o grandes miserias.
      Vamos que, para lo cenizo que me he reconocido siempre, estoy, y aunque pueda parecer disparate, optimista.
      Besos para todos.
      Y besos sobre todo para la autora del artículo, Barbara, que puedo dar fe – en carne propia – de que pone en práctica sus teorías.

    3. Manu Oquendo dice:

      Muchas gracias, Loli y Alicia, por vuestras amables palabras. No os vayáis muy lejos porque leeros nos ayuda a todos a discernir mejor la realidad en todas sus direcciones. A mi, concretamente, me ayuda a remediar la visión «daltónica» y la apertura del ángulo.

      Como sabéis soy de los mayores del foro y estoy cada día más convencido que mi segmento de edad –que generosamente llamamos «el último tercio» de nuestras vidas– es, de largo, el más importante y el que más puede contribuir a que nuestras sociedades, los eslabones de los que vamos tirando por el simple fluir del tiempo, reciban el testimonio de que la vida tiene un sentido que nos trasciende y unas obligaciones que son previas a cualquier derecho humano o a cualquier imposición del estado. Esta es nuestra responsabilidad de modo mucho más acusado que en las etapas de vida anteriores.
      Como siempre, es una tarea que se hace mucho mejor en grupo que solitariamente.

      Un fuerte abrazo y gracias por volver en estos momentos tan duros para millones de personas.

      PS.
      Hoy tuvo lugar, en un pueblo a 400 kms. de Madrid, la incineración de la persona que falleció el sábado pasado en una cama de urgencias en un hospital de la zona de Moncloa. O nos organizamos para resistir, sin pretensiones pero con firmeza y preparados para hacerlo más allá del tiempo de nuestras vidas, o la incompetencia y el sectarismo rampante nos «deconstruye» del todo. Sería nuestro peor legado.

      1. Loli dice:

        No Manu, no nos vamos muy lejos, ¿verdad Alicia?.

        «Resistir más allá del tiempo de nuestras vidas»….es una invitación a «crecer» en ésta, ahora, y encima deprisa…me parece

        Un abrazo muy, muy fuerte a todos

  8. Loli dice:

    Hola Alicia,

    Voy a aprovechar el comentario de Manu para decirte que he pensado en ti estos días.

    No tengo tu teléfono, pero te vi en otro foro, el lunes, de unas clases on-line.

    Supongo y espero que estés bien.

    Son momentos difíciles para todos, Alicia, sé que no coincidimos en muchas aspecto y opiniones, pero…te conozco hace mucho tiempo, como tú a mí, y me he encontrado con alguien distinto, un, más que probable, trabajo en tí misma, te ha llevado a ser alguien que se abre a los demás, que no guarda en un rincón oscuro las críticas, los prejuicios o la incompresión , que no le cuesta rectificar, divertida, con sentido del humor, y como dijo alguien, para que nos enteráramos unas cuantas, una persona que “ordena muy bien las ideas en su cabeza”.

    Y eso..lo necesitamos, así que…te necesitamos Alicia

    Un abrazo muy fuerte
    Cuídate mucho, por favor

    1. Alicia dice:

      Vaya. Estoy emocionada. Mil gracias, tesoro. Por acordarte de mí y por tu buena opinión y virtudes de las que me adornas.
      Yo también he pensado y pienso mucho y sobre todo en las personas que, como yo, estáis solas.
      Pero ocurre, es algo que me ha pasado siempre, algo que va en algo así como mi ADN, que soy quizá excesivamente pudorosa – y no me considero sin embargo en absoluto tímida – a la hora de acercarme a los demás. Temo siempre estar pudiendo parecer inoportuna, o entrometida o indiscreta; y cuando me encuentro con personas que conversan en grupos pienso si será una conversación privada de la que mi irrupción les hará perder el hilo. Y si son personas de una en una, pues, no sé, no me resulta fácil encontrar temas que vayan (a criterio mío, tan subjetivo) a resultar interesantes a ambas partes.
      Y, en cuanto a por teléfono… Ahí ya sí que soy tremenda. Me da auténtico miedo, o vergüenza, llamar por teléfono.
      Y fíjate, lo comentaba con una amiga el otro día, después de haber sido telefonista toda la vida…
      Pero la telefonista es diferente. La telefonista es la mano inocente que llama donde se le ordena cuando se le ordena. Sin responsabilidad alguna en cuánto o cómo la llamada pueda interferir en el «ahora» de quien la recibe.
      A título personal es otra cosa. A título personal uno llama cuando «mira, ahora que me viene bien»; ¿pero le viene igual de bien el mismo «ahora» a la persona a quien estoy llamando?
      En fin, rarezas mías.
      Pero, ¿sabes?, no soy igual de rara a la hora de ser yo quien recibe la llamada. Que sí no es una de esas voces educadas y fingidamente amables que me invitan a cambiar de compañía o comprar algo que no necesito me pongo tan contenta…
      Así que:
      638208577
      Y un beso grande.
      Ah, Si me llamas escríbeme antes un SMS diciendo quién eres. Que si no veo nombre me creo que es una de esas llamadas, y no contesto.

      1. Loli dice:

        De acuerdo Alicia, tomo nota de tu teléfono y de la indicación.

        Un abrazo muy fuerte

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