La libertad de pensamiento, ¿ficción o realidad?

Si se hiciera una encuesta preguntando cuáles son las características principales que definen a una democracia, seguramente el resultado apuntaría al sufragio universal, es decir, el derecho de voto de todos los ciudadanos mayores de edad, como forma de decidir quién gobierna. Naturalmente, eso conlleva añadir otros requisitos más; por ejemplo, de poco vale votar libremente si uno no es libre de formarse su opinión sobre lo que va a votar. Una cosa lleva a la otra. 

Esto, que hoy nos parece tan evidente, llevó mucho tiempo conseguirlo. Baste recordar que, pese a la enorme influencia que se le suele atribuir a la Declaración de Independencia de Norteamérica, en 1776, y a la de los Derechos del Hombre, de 1789, tras la Revolución francesa, en 1830 en Francia solo estaban autorizados a votar 140.000 varones y en Inglaterra, considerada como la cuna de la democracia, ese derecho lo tenían 400.000 varones. En realidad, lo que hoy entendemos por sufragio universal no se aprobó hasta las primeras décadas del siglo XX.

Quienes se oponían a la extensión del derecho de voto argumentaban que, para estar en condiciones de elegir a quien debía gobernar el país, era necesario tener una formación que permitiera discernir qué programa político era el más conveniente para el interés colectivo y qué persona era la más capacitada para llevarlo a cabo. Y, obviamente, la mayoría de la gente no tenía esa formación.

¿Por qué ese argumento, aparentemente tan lógico, acabó siendo desechado? Debieron influir muchos factores, pero probablemente acabó siendo decisivo la imparable demanda de igualdad, como reacción frente a las enormes desigualdades históricas agudizadas por los cambios de la Revolución industrial. A ello se añadió que la única forma de que el conjunto de la población fuera elevando su nivel de formación política era implicándola en los asuntos generales mediante el voto.

Es obvio, sin embargo, que en los casi cien años que se lleva ejerciendo el voto por toda la ciudadanía no se ha alcanzado, ni de lejos, ese nivel de formación, pese a los enormes avances que han tenido lugar, paralelamente, en la educación popular. Seguramente hay varias razones que lo explican, pero yo haría especial énfasis en cuatro.

Esa labor de convencimiento se hizo mediante el adoctrinamiento de la ciudadanía en las virtudes históricas del modelo vigente (…). Naturalmente, ello implicaba marginar a quienes criticasen con solidez sus debilidades.

En primer lugar, tras las dos guerras mundiales, los acontecimientos políticos y económicos en Europa hicieron que los principales partidos convergieran en torno al modelo de democracia asociado con el Estado de Bienestar. El éxito de este modelo durante varias décadas consolidó un férreo consenso político e intelectual sobre sus principios básicos.

En segundo lugar, a medida que se consolidaba ese consenso, los poderes políticos, económicos y sociales fueron inculcándolo en el conjunto de la sociedad con todos los instrumentos a su alcance, sobre todo medios de comunicación y educación. Esa labor de convencimiento se hizo mediante el adoctrinamiento de la ciudadanía en las virtudes históricas del modelo vigente; y eso derivó, a su vez, hacia la consagración de las opiniones mayoritarias que ese modelo fue adoptando. Naturalmente, ello implicaba marginar a quienes criticasen con solidez sus debilidades.

En tercer lugar, ante la seguridad política, económica e intelectual que aportaba este modelo a la sociedad, y ante la dificultad de nutrirse de opiniones verdaderamente divergentes, el grueso de los ciudadanos aceptó acomodarse en la zona de confort que se les ofrecía de forma tan convincente. Por supuesto, la libertad de pensamiento y la de opinión existían, y existen, pero habiéndose anestesiado la primera, con el convencimiento de haber llegado al mejor modelo de los posibles, de poco servían tanto la primera como la segunda.

La libertad de pensamiento (…) se refiere al esfuerzo reflexivo de cada uno por profundizar y dar forma a sus propias ideas, a partir de lo que va recibiendo de su entorno y de su propio análisis crítico. Y ese esfuerzo personal se hace ímprobo si su entorno apuesta firmemente por un determinado tipo de ideas.

Porque, es evidente que la libertad de pensamiento no se refiere a dejar que fluyan espontáneamente las ideas en el interior de cada persona, puesto que eso es un hecho biológico imposible de restringir. Obviamente, se refiere al esfuerzo reflexivo de cada uno por profundizar y dar forma a sus propias ideas, a partir de lo que va recibiendo de su entorno y de su propio análisis crítico. Y ese esfuerzo personal se hace ímprobo si su entorno apuesta firmemente por un determinado tipo de ideas.

Cuanto más uniformizada ideológicamente, por acción u omisión, está una sociedad más difícil es que surjan individuos librepensadores. Pueden surgir rebeldes, y de hecho surgen muchos, pero sin la posibilidad de acudir a referentes que les ayuden a profundizar y a organizar sus ideas, es muy improbable que esos rebeldes sean capaces de estructurar visiones alternativas coherentes.  

Al no haber apenas personas, organizaciones o instituciones que alimenten ideas alternativas, (…) la libertad de pensamiento individual queda, por lo general, reducida a sus versiones más elementales.

Y esto me lleva a la cuarta razón: al no haber apenas personas, organizaciones o instituciones que alimenten ideas alternativas, incluso en medio de una crisis profunda en la que se hace evidente la desorientación general de las clases dirigentes, la libertad de pensamiento individual queda, por lo general, reducida a sus versiones más elementales.      

Para salir de esta situación sería necesario, como ya he dicho en otra ocasión, que emergiera una élite intelectual independiente, al margen de que se coincidiera o no, con sus ideas. Siempre es importante que haya vanguardias, cuanto más numerosas, valientes y potentes intelectualmente mejor, que iluminen y alimenten de nuevas ideas al resto de la sociedad.

Pero, también sería necesario que existieran canales de transmisión y difusión de esas ideas para que llegaran fácilmente al gran público. Si la educación no estuviera controlada por los poderes públicos y estuviera realmente comprometida con la formación del espíritu crítico de los jóvenes, esa sería una vía muy eficaz.

la tendencia dominante nos está instalando en una democracia en la que todos tenemos derecho al voto, pero con una libertad de pensamiento prácticamente anulada y convenientemente dirigida desde otros intereses.

Otra opción importante sería que surgieran medios de comunicación realmente independientes y que, por supuesto, no fueran partidistas con objeto de evitar su propio adoctrinamiento. En definitiva, medios de comunicación que apostasen a fondo por difundir todo tipo de opiniones con la única exigencia de que fueran interesantes y respetuosas con las ideas discrepantes. La posibilidad de que surjan este tipo de medios es, hoy en día, mucho mayor habida cuenta de las enormes posibilidades que brindan las tecnologías en torno a internet.

Mi conclusión es que, si no surgen iniciativas desde la sociedad civil que promuevan activamente el libre pensamiento, la tendencia dominante nos está instalando en una democracia en la que todos tenemos derecho al voto, pero con una libertad de pensamiento prácticamente anulada y convenientemente dirigida desde otros intereses. Y esto, no nos engañemos, es una democracia vaciada de contenido.

5 comentarios

5 Respuestas a “La libertad de pensamiento, ¿ficción o realidad?”

  1. Ligur dice:

    Esta nuevo artículo, me suena al del 16 de Agosto, pero con matices substancialmente distintos y enriquecedores. En hora buena Manuel por esta entrega.

    La libertad de pensamiento, sería una realidad auténtica, si se diesen las premisas oportunas y necesarias para que esa libertad se pudiese llevar a cabo.
    El pensamiento y la libertad del mismo, va acorde con la capacidad de estar libres de manipulaciones y sometimientos, y como se puede ver, dista mucho de la realidad en la que vivimos.
    Un buen amigo ya fallecido, persona magnífica, de mente privilegiada y de gran valía, hace años y en vísperas de una elecciones generales, dijo, que el no iba a votar, porque su voto valdría igual que el de “periquito el de los palotes”, (para entendernos).
    Y no le faltaba razón, tanto en cuanto, no son mayoría los seres librepensadores , como dice Manuel en esta sociedad, con la preparación, conocimiento, criterio y moralidad suficientes para la creación de esas organizaciones e instituciones pertinentes, donde primarían más otro tipos de valores, que los meros deseos egoístas e intereses políticos, que desde hace centurias existen en el mundo.

    Saludos

  2. O'farrill dice:

    Muy oportuno el artículo en tiempos de «memoria democrática» y otras memeces por el estilo, cuyas consecuencias pueden ser muy graves si llegan a plasmarse en forma de leyes.
    Se está siguiendo fielmente un guión surgido de alguna mente retorcida, para crear sociedades sometidas a un pensamiento oficial y «correcto». Para ello la máquina de adoctrinar mediáticamente, es engrasada convenientemente y los periodistas, antes vigilantes del poder, se han convertido en sus siervos.
    Quienes creemos que la dignidad de la persona está implícita en su libertad de ser y pensar, no podemos aceptar imposiciones ni controles en nuestra memoria y por ello estorbamos. Quienes conocimos hechos y circunstancias durante muchos años, no podemos sustraernos a analizar unos y otros comportamientos y por ello estorbamos. Quienes a pesar de la edad y sus «goteras» intentamos mantener el ánimo de «hacer», más allá de pensar, también somos incómodos.
    De todas formas ya está en marcha desde hace tiempo el control de lo que se dice y hace y, lo que parece pretenderse, es evitar la tentación funesta de pensar.
    Un saludo.

  3. Alicia dice:

    Al hilo de este artículo, muy relacionado, por cierto, con la primera clase de Política impartida por el autor en la Academia, me voy a permitir ―con permiso de los administradores del blog; que si no me lo dan pues si hay que ir al infierno se va― introducir una, digamos, “cuña publicitaria”, para todo el que pase por aquí y no la conozca.
    https://www.laacademiaarteyciencia.com/
    Creo que no cometo ninguna incorrección con ello, pues soy nada más una alumna, y ninguno de quienes la dirigen ni de quienes imparten las clases son mi primo; además, por mucho que los elogiase no me iban a aprobar, porque no hay exámenes, y todo cuanto pueda aprender revertirá quizá tan sólo en mi satisfacción personal por haber achicado un poco el radio del círculo de mi ignorancia, pero, también quizás, en que aquello que pueda yo aprender incidirá de algún modo en mi relación con mi entorno, quiero pensar que para bien.
    Cual quiera que entre en la web puede leer cuáles son los propósitos, la finalidad, los contenidos y los métodos de la Academia. Las diferentes materias que en ella se imparten y las diferentes maneras de acceder a las clases. También los precios, tema “sensible” en los tiempos que vivimos.
    Cabe la posibilidad de que leyendo la información en la web pueda pensarse que todo el que quiere dar a conocer qué hace dirá, lógicamente, que lo hace bien.
    Pero es que, en este caso, es rigurosamente cierto.
    Y os lo dice, insisto, tan sólo una alumna que no tiene ningún tipo de interés material.
    La clase a la que al principio hago referencia, la de ayer de Política, está grabada, al igual que todas las demás clases presenciales del resto de las asignaturas; a las que se puede asistir también on line.
    Hala, allá va.

  4. Loli dice:

    Es curioso que, en su momento, se apostara por un modelo de democracia asociado al bienestar de sus ciudadanos, sin contemplar demasiado la implicación de éstos en la vida pública, en la política, y por tanto la aportación de todas las herramientas posibles para su crecimiento, capacidad crítica y discernimiento.

    Considero, igual equivocadamente, que lo que denominamos como “política” en general, y que desligamos tanto de nuestra “cotidianidad”, abarca importantes espacios del crecimiento personal de cada individuo, al estar, pienso, su desarrollo en continua interrelación con el “entorno”, con la sociedad, con el resto de las personas que se “organizan” (no que se “ordenan”) en ellas.

    Sin embargo, como apunta Manolo en su artículo, no solo no ha sido así, sino que además este modelo asociado al Estado del Bienestar ha servido de escenario y trampolín a una manera de infantilización de las personas, con la aquiescencia de las mismas y llevando a los poderes públicos a gentes con cada vez una menor categoría y preparación en todos los aspectos, pues se hace innecesaria esa preparación, no para gobernar, pero sí para acceder al poder, que es en lo que parece haberse quedado el afán de llegar a las instituciones.

    En el artículo se da varias razones para ello a la luz de una reflexión que me parece muy interesante: la convergencia de los partidos políticos en torno al modelo de democracia asociada al Estado de Bienestar.

    Esta “convergencia”, quizás ya estaba poniendo de manifiesto algo que debería haber alertado a las sociedades del momento y a las clases políticas con vocación de trabajar por mejorar la vida de las gentes, también.

    Estructuras jerárquicas, como son los “partidos políticos» ,aunque en origen condicionen su existencia a una cierta temporalidad en función del servicio a la sociedad, a no ser que se cuide constantemente por que no se desequilibren en su tentación de convertirse en “permanentes”, tienen muchas papeletas para ello, y un consenso en torno a un determinado modelo social sin contemplar la evolución del modelo, y no su supervivencia a toda costa, pues es posible que no fuera el mejor comienzo.

    Otro aspecto al que alude el artículo, es el de la “seguridad política, económica e intelectual que aportaba este modelo económico a la sociedad”, el problema es que nunca se ha explicado claramente a costa de qué y las consecuencias en otras partes del mundo.

    Tampoco es que los ciudadanos de a pie nos hiciéramos muchas preguntas al respecto….los derechos estaban ahí y punto…., economía, mercado…eso era para los entendidos.

    De todo ello y en base a lo expresado en el artículo, lo que más me sobrecoge es que, en una sociedad donde hemos tenido tiempo y posibilidades de acceder a una mayor formación y conocimiento en muchísimos aspectos, donde, a pesar de todo y de todos, dirigentes incluidos, hemos tenido un dilatado período de cierta serenidad que nos permitía el acceso a un cultivo personal que hubiera sido impensable en otros momentos de la historia reciente, da la sensación de lo hemos desperdiciado sistemáticamente, o al menos no hemos sacado el rendimiento que, a estas alturas, debería haberse puesto sobradamente de manifiesto.

    El panorama que se vislumbra, pinta….difícil, ya que, como apunta el artículo, todas las posibles salidas a esta crisis del modelo social, se ven muy mermadas por el estado de inercia al que hemos sometido nuestra capacidad de pensar y yo diría, a nuestros propios sentidos también.

    Quizás producto de ello sea el hecho de tener una clase dirigente carente de nivel, preparación y perspectiva, dirigentes que, ante la oportunidad de ser cambiados y sustituidos por algo mejor, no solamente no es así, sino que los que salen aupados son cada peores y menos capaces que los anteriores….¿son solamente culpables ellos de tener aferrados los engranajes del poder, o son el reflejo de en lo que nos estamos convirtiendo como sociedad?…..

    Si hemos renunciado a cualquier esfuerzo que contemplase una nueva forma de pensar, si no estamos entrenados en ello, se hará cada vez más cuesta arriba empezar a hacerlo ….pero igual, no hay más remedio.

  5. pasmao dice:

    Profunda columna y bien sistematizada, la de Manuel.

    Al principio comenta acerca de las revoluciones, la francesa y la americana. Luego se explaya sobre todo con las consecuencias de la francesa, pero olvida la americana.

    Y yo creo que el principal problema es que la que fue una experiencia revolucionaria por un lado:

    – muchos menos violenta
    – mucho mas participativa, de sus ciudadanos en asuntos políticos, una vez pasada la revolución. No hubo ni un Robiespiere, ni tampoco un Rousseau, ni un Voltaire.. eran imposibles en ese «ecosistema»

    Es decir la americana, ha sido devorada por las burocracias devenidas de los modelos de Estado paridos por la francesa.

    ¿Cuando y cómo ocurrió eso?

    Yo creo que si a los padres fundadores USA, mas alguno de sus antiguos presidentes, vieran en que ha devenido los USA le daba un patatus.

    Todo el problema «Trump» se basa en que sus salidas de pata de banco dan mucho mas motivo para la reflexión seria que los coros y danzas de BLM.

    No conozco ni bibliografía y ni análisis serios de cuando y cómo se corrompió el modelo de democracia que ponía mas enfásis en que en el proceso de decidir a quein se votaba el ciudadano tuviera de verdad mas información, porque entre cosas quería/necesitaba estar informado; no adoctrinado.

    Un cordial saludo

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