En la década de los setenta, la mayor empresa tecnológica del mundo, la más innovadora, la más prometedora y la más poderosa (con el permiso de IBM, a la que amenazaba con enterrar) era Xerox, una compañía que entonces tenía base en Nueva York y que se había convertido en líder mundial, encumbrada por sus productos estrella: las fotocopiadoras y los fax.

Como temían que los japoneses -que en aquella época eran famosos por hacer exactamente lo que los chinos les hacen ahora a ellos: copiar- se hiciesen con su negocio, los directivos de la corporación tomaron una decisión muy inteligente, que luego no supieron aplicar correctamente, y fundaron en Palo Alto un centro de investigación donde trataron de atraer a los investigadores más brillantes de la época, a los que pagaron bien y dieron libertad para crear.

En el PARC, que es el nombre que recibió el laboratorio de Xerox, se desarrollaron un enorme número de elementos que ahora nos parecen totalmente normales, pero que entonces parecían de ciencia ficción: allí nacieron los sistemas de conexión e intercambio de datos que harían posible Internet, allí se desarrolló el primer ratón, con el que podías seleccionar textos que copiar y pegar (¡Copiar y pegar nada menos!: para muchos el mayor invento de la civilización desde la rueda), las primeras interfaces gráficas, el sistema de carpetas que copiarían Apple y Windows y decenas y decenas de innovaciones tecnológicas a las que no se sacó ningún provecho, porque los directivos de la compañía no tenían el talento ni la visión para poder aprovecharlas.

Pero otros si lo tenían. En 1979, durante una visita guiada a la PARC, un jovencísimo Steve Jobs se quedo totalmente fascinado con las cosas que allí se estaban haciendo y de regreso a la sede de su empresa lo primero que hizo fue crear un equipo para replicar (copiar, vamos) alguno de los “prodigios” que había contemplado. Algo parecido hicieron desde Microsoft, ya que, como cuenta en sus memorias Paul Allen, cofundador de la empresa, en otra visita guiada al laboratorio de Xerox también quedó totalmente anonadado con lo que vio, y esa visita fue lo que les puso en el camino de sus productos estrella, de su inmensa fortuna y de lo que hace posible que tú puedas leer esto ahora en tu móvil o PC.

Para una empresa, para cualquier organización en realidad, anclarse en el pasado, acomodarse, creerse intocable, invencible, es una mala política. Xerox lo tenía todo: no solo tenía el producto más rentable de la historia y un casi monopolio del mercado sino que también tenía jugando en sus filas el talento suficiente como para prolongar su situación de poder. Los directivos de Xerox creían que tenían el mercado agarrado, se confiaron y renunciaron a cambiar su modelo de negocio, lo veían tan claro que renunciaron a aprender.

Treinta y cinco años después de las visitas de Steve Jobs y de Paul Allen al laboratorio de Xerox, esta es una empresa menor que sobrevive gracias a las impresoras láser (otro invento del PARC) mientras que Apple es la mayor empresa del mundo y Microsoft (a pesar de sus propios errores) le sigue de cerca. Apple y Microsoft aprendieron de los errores de Xerox y fueron ellos los que marcaron el camino.

Desde luego ni el PP ni el PSOE pueden presumir de tener un laboratorio de ideas como el que tenía Xerox en Palo Alto, más bien todo lo contrario: las ideas en estos dos partidos ni están ni se las esperan, y el no tener ideas (más allá de como intentar ganar las siguientes elecciones) es uno de los factores que va a acabar con el bipartidismo.

Tampoco parece que los nuevos jugadores estén tratando de copiar nada de los representantes del bipartidismo, pues saben que sus cartas precisamente pasan por renegar de todo lo que PP y PSOE representan, pero el ejemplo de Xerox es, desde mi punto de vista, paradigmático de como, desde una posición de absoluto dominio y teniendo todas las cartas para perpetuarlo, puedes, rápidamente, convertirte en un jugador menor.

Aún no sé cual va a ser el resultado de las elecciones del 20D en España, pero todo parece indicar que los dos grandes jugadores en la política de este país, los que como Xerox tenían la situación de dominio, los que tenían el producto que la gente compraba y el duopolio del poder, van a aprender en sus carnes que, en un mundo dinámico, por estable que pueda parecer tu posición, confiarse, hacer las cosas mal y no saber reaccionar ante tus errores se paga.

La culpa del fracaso de Xerox fue de los dirigentes de la compañía, que se acomodaron. La culpa del cambio del paradigma en la política española es de los dirigentes de los dos grandes partidos, que se han acomodado, que no han sabido reaccionar a los tiempos que cambian y que no han sabido utilizar el talento con el que, posiblemente (aunque no se note), contaban.

Creo, sinceramente, que en España, un país en el que no nos caracterizamos por nuestra cultura política, al bipartidismo se le habría seguido perdonando su incompetencia en muchos aspectos, su falta de visión y la falta de capacidad de sus líderes, pero lo que no se les va a perdonar es el pecado de la soberbia, un pecado que les ha hecho no saber reaccionar frente a la corrupción que azota a ambos y que ha terminado por hastiarnos a todos.

No vamos a perdonarles su falta de respuesta y su inmovilismo; porque, además,  de repente nos hemos dado cuenta de que no tenían tampoco ideas, de que quizá hacía falta algo nuevo.

En estas elecciones, por primera vez en años, puedes elegir: ya no hay que votar para castigar, no tienes por qué votar al bipartidismo, y todo parece indicar que tras el 20D se acabaron las apisonadoras en el Congreso; ahora el que gane tendrá que dialogar y será necesario que, al menos en las cosas importantes, se lleguen a pactos de Estado. 

Adiós Xerox. Hola Apple.

Se acabó la época de las fotocopiadoras, bienvenidos al mundo de Internet .

4 comentarios

4 Respuestas a “Una visita guiada al futuro de la democracia”

  1. Loli dice:

    Uno podría plantearse que por fin hemos tenido más libertad de opciones en estas últimas elecciones, que por fin se ha dado un paso importante en el despliegue de las posibilidades que la democracia guarda, incipientes aún, como capacidades no desarrolladas.

    Pero….a mi entender, creo que estamos con las manos atadas, desde varios aspectos, como para que la apertura del abanico electoral nos predisponga al optimismo en ese aspecto.

    Tenemos una Ley Electoral que, se mire por donde se mire, no responde a ningún espíritu democrático, por más que se quiera forzar esa “cualidad” en ella.

    Esta Ley responde, en realidad, a los “cambalaches” y “concesiones” territorialistas que hubo que realizar en el año 1978, para contentar a formaciones políticas nacionalistas.

    Así, nos encontramos con que setecientosmil votos en Cataluña suponen nueve diputados independentistas en el Parlamento, y un millón largo de votos….le dan dos a otras formaciones como Izquierda Unida…de la misma manera ocurre con otros grupos con muchos más votantes como pueda ser Ciudadanos..etc…

    Esto es injusto, y muy reivindicado por los llamados “partidos emergentes”, entiendo que con razón, ya que….muy democrático…no es, ¿porqué vale más un voto si vives en el País Vasco, que si vives en Extremadura?.

    Ahora bien, hay otro aspecto de la Ley Electoral, muy silenciado, y no menos dañino e “insidioso”, al que no se le da publicidad, ni es mencionado o reivindicado su cambio o adaptación por ninguna formación política clásica o emergente.

    Me refiero al que tiene que ver con “las abstenciones”.

    Nunca se explica debidamente lo que supone un voto en blanco y una abstención.

    De hecho, en general, todos solemos confundirlo.

    Hasta el extremo que hay mucha gente que vota cualquier cosa que no sean los partidos más nombrados, que no les convencen, para “que su voto no se pierda”, y no vaya a engrosar al “más votado” al que no quieren.

    Particularmente, siempre había creído que la abstención, es decir, no votar, además de ser una posibilidad democrática,era la forma que tenía de expresar que no me sentía convencida por lo que ninguna opción política estaba ofreciendo, o que no estaba de acuerdo con el análisis que de la realidad social hacía ninguna de ellas, y que este sentimiento quedaría “expresada” como tal en el “recuento final”. Es decir,que mi voluntad al respecto, mi libertad en “no” ejercer el voto, entendiendo esa libertad como una herramienta más del sistema democrático….quedaría “democráticamente reflejada también”.

    Pues resulta que, al parecer, no es así.

    Preguntando y ahondando un poquito en el tema, me encuentro con que mi abstención, dependiendo de la circunscripción o del lugar donde la hay ejercido, no solo puede no tener reflejo alguno, es decir, no ser tenida en cuenta, sino que, además, ese ninguneo de mi voluntad, puede favorecer, en el recuento, a la opción política más votada.

    Si eso es así, significa que el democrático derecho a que la gente refleje que no confía en ninguna opción de las que se presentan, queda quebrado y pervertido desde la misma Ley que se supone regula y protege el ejercicio electivo en el que se basa nuestro sistema democrático.

    En definitiva…es una trampa…

    Y lo curioso de todo ello, es que ninguna formación política, ni las clásicas, ni las emergentes…con esas nuevas posibilidades que tanto parecían estarnos ilusionando..(a mí, al menos, reconozco que en algún momento, lo hicieron), ninguna, repito, ha hecho mención, o ha reivindicado su cambio, a este aspecto de la Ley Electoral.

    ¿Tanto miedo les da el abstencionismo?

    ¿Es que lo temen ya de antemano?

    Cabría preguntarse por qué

  2. Diego Almazán dice:

    Mientras que la caída de Xerox en favor de otros competidores necesitaba de la ineptitud de sus propios dirigentes (y de la de los dirigentes actuales de ppsoe) y también de la buena predisposición de la competencia (ahora Rivera e Iglesias), en nuestro cambio político interviene un factor determinante, los votos, cuyos emisores son ciudadanos de a pie de todo el país, de toda condición y de cualquier nivel intelectual. El resultado es el que es.

  3. Loli dice:

    Las condiciones de vida han empeorado para todos….pero eso no tiene que, necesariamente, justificar el bajo nivel de cultura política e interés intelectual por el modo de vida en el que nos desenvolvemos.

    Quizás, y en un país como el nuestro, con una pasado histórico tan rico y tan importante para el resto del mundo, parece que nos hayamos acomodado con demasiada rapidez, al papel de incultos y mediocres que …no se sabe bien qué tipo de intereses…nos han adjudicado.

    Países, con una situación económica mucho más delicada,mantienen, al menos, un interés por el arte y la cultura, que forma parte cotidiana de su vida.

    El cultivo del intelecto no está reñido con la situación de precariedad económica necesariamente.

    Sí,entiendo que, desde el momento en que delegamos cualquier acción en ese aspecto (el educativo, el de nuestra salud, el de asegurar nuestro futuro…si es ese “futurismo” es posible…etc…) parece que estemos delegando también nuestra capacidad de pensar, y de actuación.

    Así, nunca provocaremos que surjan nuevos políticos….nuevas formas de gestionar o de gobernarnos….siempre estaremos pidiendo algo “viejo”, que nos haga sentir la “ilusión” de que seguimos acurrucados en los “colchones” protectores que “aparentemente” nos tiende el llamado “Estado del Bienestar”.

    Y claro, así, las Leyes Electorales…siempre se verán legitimadas para blindar la existencia de esos partidos y no permitir, lo que no es capaz de pedir y demandar la sociedad, esa ciudadanía soberana, responsable última de tipo y el nivel de políticos que nos gobiernan.

  4. O'Farrill dice:

    El título del artículo resulta ya provocador e interesante. Nada menos que adivinar cómo sería la democracia del futuro cuando todavía andamos en pañales con la del presente. La teoría del sistema democrático (el asambleario sería el más puro) ha sido retorcida demasiadas veces para tratar de combinar lo que se conoce como “gobernabilidad” o “estabilidad” con la representación real y democrática de los ciudadanos. El pueblo soberano es el constituyente del Estado Moderno. De él nacen por acuerdo las normas de convivencia y, de la misma forma, se cambian, rectifican, modifican o se anulan cuando la sociedad lo requiere. Son normas al servicio de una sociedad, no una sociedad al servicio de normas.
    Naturalmente todo esto nos suena a algo ajeno en nuestras “democracias consolidadas” ya que nos han habituado a lo contrario. Los partidos políticos se han convertido en el único sujeto de representación política y sólo queda votar por unos o por otros por lo que, de acuerdo con el comentario de Loli, la abstención sería la única forma de expresar la disconformidad con el menú precocinado que se nos presenta en cada convocatoria electoral. Una convocatoria notoriamente injusta en sus procedimientos donde se confunde la representación territorial (provincias) con lo que debería ser una circunscripción única nacional (así se llama el Parlamento) con igualdad de voto sobre candidaturas abiertas.
    Efectivamente. La “trampa” está ahí. En su momento el sistema D’Hont tenía unas pretensiones simples de gobernabilidad y representatividad territorial, pero se ha convertido junto con los privilegios de salida para algunas formaciones, en un esperpento de la representación política. Ya no se trata de que falten ideas de desarrollo político o democrático. Es que simplemente no interesan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza Cookies propias para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web. política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies