Zombies

El arte casi siempre se adelanta a lo que nos toca vivir. Pocas canciones me han impactado tanto como el Zombies que gritaba la gran Dolores O´Riordan. Cada cierto tiempo vuelve a resonarme como el eco de un mensaje grabado en el cerebro límbico.

La canción se lanzó en 1994 como el primer single del segundo disco del grupo irlandés The Cranberries.

La letra y el grito escuchados hoy son como una bomba atómica.

Otra cabeza agachada, la niñez arrebatada lentamente y la violencia causó tal silencio. ¿A quién estamos creyendo equivocadamente? Pero ves que no soy yo, no es mi familia, en tu cabeza, en tu cabeza, están luchando, con sus tanques y sus bombas y sus bombas y sus pistolas, en tu cabeza, en tu cabeza están llorando. En tu cabeza, en tu cabeza, zombi, zombi, zombi. Qué hay en tu cabeza, en tu cabeza, zombi, zombi, zombi

Y así es. La lucha por el poder, que siempre ha estado presente en la historia de la humanidad, hoy se libra en nuestros cerebros.

El diario El Mundo publicó una entrevista con Pedro Baños, Coronel en la reserva del Ejército de Tierra español y ex jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo del Ejército Europeo, con ocasión de la presentación de su libro “El dominio mental”.

Cuenta que la geopolítica, que siempre ha tenido por finalidad la dominación de regiones mediante la invasión militar, hoy aspira a la dominación mundial, no con costosos ejércitos que tienen que controlar físicamente personas y territorios, sino mediante técnicas de control de la mente de poblaciones enteras. Un sistema mucho más barato en el que ni siquiera hay que someter por la fuerza, sino que se consigue que la gente se entregue voluntariamente al control.

La globalización, a través de la propagación del pensamiento único, ha creado el caldo de cultivo idóneo: miles de millones de personas con esquemas mentales muy parecidos. Si el cerebro es como un gran ordenador, imaginemos millones de cerebros con un sistema operativo análogo y compatible. Hackeables a través de los mismos procedimientos.

A partir de ahí el desarrollo tecnológico, que nos tiene fascinados, trae de serie las herramientas necesarias para el control total.

La primera es saber de cada uno de nosotros incluso más que nuestras personas más cercanas. Muchos de nuestros secretos más reservados los entregamos gratuitamente a través de nuestras búsquedas en internet, de las páginas que visitamos, de nuestras lecturas en Amazon, de las series y películas que nos interesan, de las cosas que compramos online o con nuestra tarjeta de crédito… por no hablar de nuestra vida compartida a través de Facebook o Instagram.

Pedro Baños afirma que cualquier artilugio que nos vendan como SMART, podemos sospechar que se trata de un espía que nos están metiendo en nuestras vidas. Y esto lo dice el ex jefe de los espías europeos.

La segunda herramienta de control es el miedo. Propagándolo adecuadamente la gente entregara cualquier cosa a cambio de evitar el mal. Obviamente, para que el miedo se extienda, la amenaza tiene que tener fundamento. Como diría mi amiga Bárbara, para los que carezcan de comprensión lectora, no niego que el coronavirus sea una amenaza. Sí afirmo que se está utilizando esa amenaza como nueva herramienta de control.

Otro instrumento es el poder de definir lo que percibimos como realidad. El ex CIA, Edward Snowden, dice que “la creación de la irrealidad ha sido siempre el arte más oscuro de la comunidad de inteligencia”. Sin ser conscientes, interactuamos en Internet con miles de bots que pasan por humanos pero no son más que parte de la inteligencia artificial utilizada para crear corrientes de opinión. Así, “las mentes en red pueden ser perfectamente manipuladas por un grupo de bots (botnet) programados para imponer una visión concreta sobre un asunto” (“El dominio mental”, P. Baños). Sí, también a través de esos likes que tanto deseamos y que imponen corrientes de opinión teledirigidas.

La lucha de los distintos poderes para imponer una visión compartida de la realidad es hoy uno de los principales campos de batalla.

Desde siempre todo el que tiene poder ha querido dos cosas: primero, conservarlo y, segundo, aumentarlo todo lo posible. Y para ello utilizará cualquier mecanismo a su disposición, ya que, como dijo Lord Acton, el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.

Y en el nuevo campo de batalla que se han convertido nuestras mentes, no sólo luchan las potencias, como China, EE. UU. o Rusia, también los grupos de poder económico, entre otros, los grandes monstruos de la Red. En esta guerra, obviamente, las democracias son más vulnerables, dado que a través de las adecuadas técnicas de dominio mental, pueden cambiarse gobiernos incómodos y fomentarse otros más propicios.

Y tengo una mala noticia: mientras no inventemos otra cosa, la alternativa a la democracia es la dictadura. Así que, si en la batalla que está en curso, las democracias resultan derrotadas, ya sabemos cuál es nuestro futuro.

Hace poco estuve en la obra de teatro “El vuelo del Clavileño”, que todo el mundo debería ver. Basada en algunos capítulos del Quijote, hay una escena memorable en la que el Duque, indignado con que don Quijote fomente el pensamiento propio, dice algo así como: el Duque tiene sus propias ideas ¿O quizá son ideas de otros Duques? ¿O son ideas del Rey?

Pues eso, profundicemos en nuestras ideas y pensamientos, no vaya a ser que no sean tan propios como creemos.

Está en juego la batalla por nuestro cerebro.

7 comentarios

7 Respuestas a “Zombies”

  1. Sedente dice:

    Sí.
    Sí y Sí.

    Pero no es solo debido a los últimos avances tecnológicos, que también. Esto, el control de masas, se lleva produciendo desde hace ya mucho tiempo atrás. Clara y descaradamente desde hace unos treinta o cuarenta años o incluso algunos más.
    Personajes como Orson Wells abrieron la caja de los truenos y un gran abanico de posibilidades se vislumbraron, para algunos sin ninguna duda, después de aquella transmisión radiofónica de «la guerra de los mundos».
    Más tarde Hollywood. De Doris Day a Steven Seagal. De Harold Lloyd a la Naranja Mecánica. ¡El fusil! ¡El fusil! ¡Cojan todos su fusil! ámenlo, defiéndanlo. Límpienlo. Cuídenlo. Su tesoro…

    Las creencias de los incrédulos.
    Los incrédulos creyentes.

    Muchos son esos.

    Personas que dicen «no» pero llevan el «sí» dentro o viceversa. Personas que creen que no hacen algo y lo hacen todos los días. Personas que creen que hacen algo y en realidad no hacen nada o incluso peor pues hacen lo contrario.

    ¿Quién se libra?

    Quizá algunos de ustedes me puedan ver como un cansino al borde del histerismo que trascribe ideas con un pésimo conocimiento de la puntuación narrativa. Comas, puntos, frases sueltas, comillas y un sin fin de artilugios lingüísticos que no domino como quisiera. Una pena. Lo siento.

    Pero el problema no es ese. El problema es que yo con mis carentes recursos deba estar diciendo las cosas que digo y nadie más con suficiente solvencia lo haga. No en foros o en blogs o en sus casas, sino en los centros de gobierno. En la ONU, en la casa de todos, en los parlamentos Mundiales, en el Kremlin el senado Americano, Chino, Indio, Mozambiqueño o donde se digan y hablen de las cosas del comer y el beber.
    En todas partes donde se hable de las cosas del vivir.

    Es una auténtica vergüenza que no haya quien saque los colores y las vergüenzas al aire de todos aquellos que nos gobiernan y que tienen parcelas de poder en cualesquiera que sean esas.
    Petimetres vendidos por un trozo de papel impreso. Acomodados apoltronados. Conformistas avariciosos. En empresas. En negocios. En todas partes.

    Los que no lo son, los que todavía creen o tienen en su haber algo de decencia callan por cobardía o por no ofender o no ser políticamente incorrectos y no generar malestar entre sus conocidos.
    No meterse en camisa de once varas aunque se consideren ajenos a todo aquello que les domina.
    Los creyentes incrédulos. Los incrédulos creyentes.

    Hablaba de la radio y de Hollywood, la fábrica de sueños que se convirtió en la fábrica de pesadillas.

    Hace años ya intenté hacer ver esto en un periódico de tirada nacional, en su vertiente digital. Si, si, seguramente tiene usted razón o incluso la tiene sin duda, debieron pensar algunos de aquellos que me leyeron. ¿Han hecho algo? ¿Ha cambiado algo?

    Recibimos cada día en el salón de nuestras casas un índice de violencia desmedida. ¡¡Irreal!! pero absolutamente real. La vemos, la oímos y la sentimos en diversas formas.
    Pero la aceptamos en una dosis de cucharadita diaria sin rechistar socavando día tras día nuestros procesos de aceptación mental.
    Es lo que hay. Es lo que hay. Es lo que hay. Es lo que hay… ¡Todos los días!!!!!

    ¡El personaje «bueno» mata al «malo»! ¡Qué bien! El bien triunfa.
    Es como debe ser.

    ¡Mentira, señores! ¡Mentira!

    El Bien no mata. ¡El Bien transforma! El Bien de verdad transforma.

    El Bien transforma nuestra mierda, así de crudo, en alimento para los frutos más sabrosos que comemos.
    Eso es lo que hace el Bien.

    Pero están todos como ciegos y se han tragado una cosa por otra y vivimos escuchando bombas y tiros desde que estamos en el vientre materno. En el salón de nuestras casas todos los días.
    Todos los días, señores.

    Tengan aquí mi dosis de histerismo diario. Mi dosis de ver las cosas con ojos cansados de las lágrimas caídas. De las risas infantiles convertidas en llantos adultos.

    Sigamos. Sigamos. Sigamos cabeza abajo.
    Conquistados y engañados.

    Un saludo a todos.

    (Bravo por el artículo al igual que por el anterior…)

  2. O'farrill dice:

    Mi enhorabuena a Isaac por el artículo que pone sobre la mesa las verdaderas cuestiones, los asuntos reales que se nos están ocultando tras la crisis sanitaria y el cambio de sistema político donde el «cesarismo» (según Oswald Spengler) omnipotente y extraconstitucional de los ejecutivos, se hará con el poder absoluto de forma antidemocrática pero «legal».
    Huxley decía que un poder de este tipo no utilizaría la coerción, sino la propaganda controlada para convencer a la gente de que obedeciendo, serían más felices.
    Los aparatos de propaganda funcionan en sociedades previamente desprovistas de cualquier rasgo crítico. Si nos damos cuenta, el lenguaje que se utiliza desde la tecnología, es imperativo. Si no cumples sus órdenes te quedas sin conseguir lo que buscas. ¿Cuantos años llevamos siguiendo las instrucciones de las máquinas? ¿Cuántos sometidos a sus protocolos y sistemas?
    El «zombi» representaba para las culturas haitianas, al muerto viviente. Cuerpos físicos sacados de sus tumbas por rituales y hechizos, para trabajar en beneficio de sus amos. Existen casos documentados de esta extraña «vivencia» aparente mientras las mentes o las almas quedaban sometidas a la voluntad del hechicero o del chamán. Zombi es alguien poseído mental y espiritualmente cuando la vida se ha extinguido, cuando sólo hay un cuerpo obediente y sumiso a los deseos del amo. ¿Cuantos años llevamos con las mentes capturadas por la propaganda hechicera, asustados, perdiendo nuestras cualidades humanas, sin posibilidad de rebelarnos?
    La batalla que se plantea es de resistencia de lo «humano» frente a lo «transhumano»; del criterio propio frente al relato impuesto; del conocimiento responsable frente a la ignorancia manipulable…..
    Gracias de nuevo a Isaac por abrir este debate tan importante porque, esta vez sí «nos va la vida en ello».
    Un saludo.

  3. Sergio dice:

    Buenas tardes,

    Mucho antes del covid ya se dieron cuenta que el «control de masas» es más eficiente si no hay guerras de por medio, necesario un pensamiento único, distracciones varias y el miedo a un enemigo común.

    Es posible, aunque el artículo no lo dice, que la pandemia esté siendo aprovechada por el poder para afianzarnos en nuestro papel de «zombies», sinceramente no lo veo ni necesario, ya estábamos perdidos antes.

    Ante esto, y como conocedor del mal llamado «Big data», o como dirían algunos, «nadie da duros por pesetas», en nuestra mano está elegir, y las opciones no son muchas.

    1. Aceptarlo y «disfrutar», cierto que esa subyugación ha mejorado si la comparamos con la sufrida en la plantación de algodón de Virginia.

    2. Regresar a lo rural, pero en mayúsculas, obviamente sin «smartphone» y a ser posible usando poco internet, en la biblioteca y por supuesto sin caer en buscadores comerciales. Trucos haberlos haylos.

    Ahora hay que elegir, ¿Que pastilla desean?

    Un saludo

  4. Lafuente dice:

    Mi enhorabuena al autor, por su reflexión lúcida y, sobre todo, valiente (hoy día) sobre un asunto tan inquietante y para cuya solución, me temo, quizás llegamos ya bastante tarde.

    Quiero solidarizarme también con Sedente, sí, yo también me siento un histérico que parece ir, además, en dirección contraria por una autopista llena; llevo frotándome los ojos unos cuantos años ya, de pura perplejidad, ante el silencio y vacío reinante sobre estos asuntos, en los ámbitos en los que más hincapié debía haberse ido haciendo, medios, política e intelectualidad, con contadas excepciones (ya no sé bien qué significa el término).

    El empuje del desarrollo tecnológico que venimos experimentando desde hace unas décadas, permite un nivel de control, como señala el autor y las personas que cita, mucho mayor que el que hasta ahora tenía a disposición el poder, o los poderes, con la novedad y la ventaja añadida de que no nos la han tenido que imponer a la fuerza, sino que nos hemos metido solitos en ello los ciudadanos, picando del cebo que ha supuesto jugar, a sabiendas y tras años de sutil seducción, con nuestra comodidad, pereza, impaciencia, y voracidad consumista, todos ellos pilares del llamado Estado del Bienestar, eso de «compro y tiene que llegar ayer» pagando precios injustos para el productor, todo muy socorrido por la falta de tiempo y energía en la que se desenvuelven la mayoría de vidas en nuestra sociedad; también mediante la fascinación «algo paleta», diría yo, por tener aparatitos que nos hablan y que metemos en casa encantados, haciéndonos sentir muy modernos, como no tuviéramos suficiente con los móviles, dispositivos como Alexa, Siri…etc. El enemigo en casa ¿a quién se le ocurre?

    Más grave aún me parece, el panorama de devastación del pensamiento y las relaciones sociales, que nos va dejando la polarización paulatina que se ha ido instalando en nuestras vidas, azuzada por políticos irresponsables; un escenario en el que todos nos hemos ido callando, primero quizás por miedo al conflicto, o simplemente por habernos tragado que solo existen dos visiones posibles sobre un problema, y por tanto hay que tomar partido por una de ellas. Pero también porque nos da miedo sentir junto a nosotros a compañeros de viaje indeseables, con los que nunca hubiéramos imaginado, y menos deseado, compartir trayecto, la amenaza de la etiqueta y el estigma nos ha ido produciendo una parálisis total y así hemos llegado hasta aquí.
    La infantilización progresiva de la sociedad, con la contribución de una educación cada vez más degradada a ello, ha dado como resultado un pensamiento cada vez más simple y binario, más forofo, en vez de complejizarse, siendo cada vez más incapaces de ver matices en nada, o más cobardes para señalarlos.

    Hay demasiadas etiquetas para despachar cualquier discusión, sin tener que molestarse en razonar nuestros argumentos, las hay para todo gusto y ocasión, facha, progre, social-comunista, machista, feminazi, conspiranóico, anarco liberal….etc

    Si hoy en día hubiera alguien que identificara y aislara certeramente una conspiración, la diferencia en la opinión pública con un conspiranóico sería = 0. No estoy yo cualificado para afirmar o desmentir que la haya, eso solo se suele saber con 200 años de retraso, y en muchos casos nunca llega a saberse.
    Solo quiero apuntar que si uno tiene, como yo, una limitada cultura general (no de la ESO), sabe que la historia es una sucesión de conspiraciones, de dinastía contra dinastía, de nobles contra nobles, de revoluciones ¿o acaso no lo fue la Revolución Francesa, o como ahora vamos sabiendo la tan mitificada revolución Rusa? También lo fueron muchos golpes de Estado de militares, aunque por lo general han sido más chuscos habitualmente, y no han dejado mucho lugar para las dudas y sutilezas.

    Insisto en que no estoy defendiendo ninguna hipótesis, no puedo saber la verdad, cada uno sabrá lo que piensa, pero de lo no me cabe duda, es de que desde las esquinas del poder, algo como ésto puede hacerse y se ha hecho, y no tengo ninguna confianza en los escrúpulos del mismo, sea cual sea ese poder.

    Mientras andamos entretenidos en discutir si son galgos o podencos, y en negarle el pan y la sal al que no piensa como nosotros, no nos damos cuenta de que el medio natural para nuestro campo de acción en la sociedad, la política, y la información, han sido secuestrados y sustraídos al ciudadano.

    De nuevo enhorabuena y saludos.

    1. Sedente dice:

      Le agradezco profundamente la mención que me hace. A menudo tengo la sensación de ser el elemento discordante entre las opiniones al que se le deja hablar para que enrede lo mínimo posible. Como si fuera un ruido de fondo que enturbiase el transcurso apacible de lo expuesto y al que es mejor ignorar y pasar por encima como ave silenciosa.

      El asunto de las armas no es algo sin importancia. El hecho de que una de las naciones más poderosas del planeta permita y defienda el derecho a poseerlas es una atrocidad.
      Sus alegatos son arcaicos y basados en leyes de hace tres siglos como poco (1776). Leyes propuestas para ayudar a las personas que hace cientos de años vivían alejadas por el vasto territorio de su nación y que imposibilitaba que fueran defendidos en caso de peligro por las autoridades. Una familia en una solitaria ladera de las Montañas Rocosas no tenía otro medio de defensa ante posibles vándalos o el de un hambriento oso que el de su rifle. De ahí hasta ahora.

      Es así.

      Cuando me enfrenté por primera vez a viva voz o, mejor dicho, con el tecleo de las comunicaciones actuales, fue en referencia a las armas en videojuegos. Armas y batallas prácticamente en todos ellos.
      Pero claro, el asunto era extensivo a todo lo demás. No hay película en el que no aparezca un arma, un asesinato o una muerte. En eso se basa casi la totalidad de los argumentos en todos ellas.
      Crímenes a resolver y a vengar utilizados como base de todo lo demás. La maldad. Siempre la maldad. La maldad solucionada con más maldad.
      Nosotros, nuestros hijos en sus habitaciones con sus amigos. Las conversaciones…
      -» Y entonces vino el otro y le mató. Le clavó el puñal en la cabeza a la par que le reventaba un ojo con un dedo de la otra mano»
      -«…Oooh, ¡qué pasadaaaa!

      Esto es lo que ocurre. Ese era el «bueno». El que hacía eso era el «bueno».

      Tremendo. Ya les digo.

      Y esto se extiende como mancha de aceite por una cultura robotizada por intereses financieros.

      Imaginen el planeta y centre su visión sobre EE. UU. y ahora piensen en cómo se extiende la posesión de armas en personas de a pie por el resto del planeta. México, Sudamérica, las zonas donde se han espoleado los conflictos poblacionales y donde han ido dejando los respectivos armamentos desde uno y otro bando.

      En todo esto que les comento y mi particular cruzada contra las armas, en cierta ocasión, en el periódico del que hablaba, adjunté un link referenciando a quiénes eran los mayores productores de armamento según un ranking aparecido en el Instituto de Investigación para la Paz de Copenhague (un nombre muy bonito con seguro que cientos de personas cobrando un buen sueldo), pues bien, el link a los pocos minutos desapareció en destino ante seguramente el aluvión de clics recibidos sobre el tema tratado. Desapareció por arte de magia impidiendo saber qué países eran los mayores responsables de la fabricación del armamento que corría por nuestras calles. Más tarde no solo no estaba disponible sino que la página con los datos migró a una nueva dirección en internet.

      Por la Paz. Por la Libertad.

      Atroz, espantoso y todo término se queda pequeño.

      Si debates de tú a tú sobre estos asuntos con defensores del derecho a portar o tener armas te alegan los más contradictorios argumentos y cuando el tema se pone serio por el empecinamiento que mostré y los argumentos sólidos contrarios, aparece algún personaje por en medio con el que al poco te das cuenta de que ningún razonamiento es válido pues, es no ya un incansable bot al que podrías cortocircuitar y dejar en evidencia ante su falta de humanidad y empatía ante los demás asistentes al debate, sino que percibes que se trata de alguien pagado a quienes sus jefes observan en la defensa de la posesión de armas por encima del hombro.
      Ya les digo, cualquier razonamiento es menospreciado en el debate aunque por dentro se les revuelvan las entrañas.

      El dinero manejado, las cifras que manejan los fabricantes de armas, son tales que acongojan.

      Recuerden todos. Es por la Paz y la Libertad.

      Instrumentos que no sirven nada más que para matar. Única y exclusivamente matar.

      Es así como nos conquistan y engañan. Es así como transforman nuestros procesos mentales para aceptar lo inaceptable. Por dinero. Por codicia.

      Luego está la propiedad privada y el derecho a decidir y un montón de cosas más. El liberalismo financiero y la oferta y la demanda y la geopolítica y un montón de términos utilizados para confundir, engañar y hacerte sentir que no estás a la altura de todas esas cosas diluyendo toda conversación. ¿Tú que sabes?
      Hoy aparece una noticia puntualizando que las cinco mayores fortunas de España poseen el 55% de la riqueza del país. Sí, sí. La libertad, el liberalismo económico defendido como panacea engañosa. El consuelo del estar mejor que otros o de poder llegar a ser uno de esos cinco. El silencio y/o la defensa de algo perjudicial, al igual que con las armas, la defensa de lo ilógico, inaceptable e irracional.

      Pero acabas finalmente agachando la cabeza. ¿Tú qué sabes de esas cosas? Yo no puedo cambiar esas cosas y «virgencita que me quede como estoy».
      Pero eso no ocurre. Todos lo sabemos. No te quedas como estás. La «llave inglesa» también tiene su función en manos de la avaricia. Apretar la tuerca. ¿Les suena? El término del «vendido» o «comprado», según se mire, no es cosa menor. Otro más seducido por el canto de sirenas.

      No, no. Lo inaceptable es inaceptable.
      No importa el tiempo que el aceite lleve esparciéndose por el Mundo.
      Si hace falta hay que decantarlo y extraerlo. Absorberlo y transformarlo.

      La Verdad.

      Yo no soy rojo, ni azul. Yo soy hijo de mis padres, alguien que mira al cielo con anhelo.
      El anhelo de la belleza de lo creado.

      Paro, porque me embalo.

      Un saludo y gracias nuevamente.

      1. Lafuente dice:

        Tienes toda la razón, yo me pregunto, ya casi hasta por mero entretenimiento, ¿hasta dónde se puede estirar la temática policial y militar en el el cine, la TV…etc? ¿Es que no hay otras cosas fascinantes de las que hablar?

        Evidentemente todo ello, conduce a una normalización de lo aberrante, y a la infravaloración de la vida y la esencia del ser humano; ni mucho menos es inocua, como cuando llegamos a acostumbranos a comer mientras vemos en el telediario destripados por el terrorismo (recordar ETA en los 80 sobre todo), las guerras, o miseria y hambre, que ya acabamos ni viéndolo, lo traspasamos con la mirada.

        Pero la clave de tu comentario y que tiene todo que ver con el artículo, me parece cuando al final dices «Lo inaceptable es inaceptable», exacto, antes de ninguna idea, o ideología sobre las cosas, hay que decir NO a lo que merece ser negado, llamarlo por su nombre, lo inaceptable anula cualquier cosa posterior, es ahí donde tenemos que pararlo en seco venga de donde venga.

        Saludos.

        1. Loli dice:

          La “tibieza”…ese posicionamiento mediático que parece hace nos más ecuánimes a la hora de emitir una idea, una opinión…, pero que parece, igualmente, responder al miedo a cambiar nuestras actitudes…de toda la vida.

          Es una de las maneras, tengo la impresión, de introducirnos en una dinámica de pensamiento para llegar al mismo sitio, sin haber cambiado absolutamente nada, sin haber aportado, ni siquiera a nosotros, nada nuevo.

          Quizás esa sea también una tarea pendiente, la que se puede abordar individualmente, pero de la misma forma, quizás sea una de las más difíciles.

          Está estudiado.

          La “relativización”, trivialización”, o “distracción”, son maneras, seguramente, de contrarrestar la incomodidad que se produce cuando, en algún momento, intuimos que efectivamente hay argumentos en contradicción respecto de las actitudes, criterios, con los que nos hemos desenvuelto muy bien…hasta ese instante…, cuando surge la tensión, pues se percibe que algo ya no puede disfrazarse dentro de los argumentos que dan cobijo a la actitud acomodada, sin levantar ampollas emocionales o cognitivas que no deseemos,..ante la creencia, intuición…o la realidad de algo nuevo, no esperado, que, además de la de un acontecimiento, también puede ser la de una información o incluso la emergencia de un conocimiento que ha escapado a los «controles» defensivos de nuestra «personalidad.

          Entonces todo vale…desde la búsqueda intensiva de la información que nos “avale”, hasta el posicionamiento “tibio”, y creo que engañoso también, de la “falsa mediación”, de la “neutralidad” blanda y sin sostén.

          Todas las herramientas que nos evite el tránsito, hasta doloroso, hacia reconocer más matices de la realidad,… que aflora,… a pesar de nosotros mismos.

          Totalmente de acuerdo con Sedente y Lafuente.

          Hay cosas que si seguimos empeñados en pulirlas bajo el prisma opaco de la “relativización”…cuando ni siquiera sabemos qué es eso, ni cómo se hace para que sea coherente con nuestras propias emociones, es que somos bastante cortitos…como «poco».

          Y por ahora parece que no estamos demostrando, desgraciadamente, mucha lucidez, en general, con nuestras actitudes respecto a lo que está aconteciendo.

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