El toro se para y mira, midiendo antes de embestir; pero, cuando lo hace, agacha el testuz y se enfila contra su oponente levantando la cabeza y arrasando con todo cuanto tiene a su alcance, sin mirar a los lados, hacia adelante, hacia arriba. El oso observa agachado a su oponente antes de hundir sobre la víctima sus poderosas zarpas. En la pelea se levanta sobre sus cuartos traseros y deja caer su peso, o el de sus patas delanteras, desde tan alto como puede, con una fuerza avasalladora. Y son estos dos animales, el oso y el toro, los símbolos…
¿Deben ser las pensiones la máxima prioridad del gasto público?

El pasado 3 de abril el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, cumplió con el ritual de entregar los Presupuestos Generales del Estado a la presidenta del Congreso de los Diputados para iniciar el debate parlamentario que conduzca, si es posible, a su aprobación. En cualquier país democrático el de las cuentas del Estado es el […]

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