Despertar

Cuando todo comenzó, recuerdo cómo esta insólita situación que nos confinaba a cada uno en su casa parecía un mal sueño. La vida real esperaba fuera, y aquí dentro el espacio se tornaba ilusorio, como si nos moviéramos lentamente esperando despertar en cualquier momento.

Ahora es la vigilia quien habita la casa y el sueño el que nos aguarda ahí fuera; en ese mundo real que parece haber dejado de serlo. Experimento un recorrido onírico pasando por calles inmóviles bajo un cielo tan despejado como perplejo.

El rumor de los árboles me sugiere que están hablando entre ellos, ahora que por fin no tienen que gritar para comunicarse.

Los adoquines descansan de nuestros pasos, quizá aliviados, quizá anhelantes.

Me encuentro una ciudad dormida, silenciosa como una siesta estival, perezosa como el amanecer de una resaca o con el hastío de un domingo por la tarde.

Una ciudad conquistada por el desasosiego, como un tanatorio cuando ya se han ido todos o esa primera noche en soledad tras la ruptura.

Una ciudad inquieta y expectante, como el que aguarda el veredicto de un médico, de un juez, de un novio que anuncia que “tenemos que hablar”. Una ciudad atónita. Una ciudad febril, en todos los sentidos.

Escucho el eco de las terrazas vacías y atravieso las huellas de nuestras risas frente a cervezas y aceitunas.

Un gato ajeno a nuestro drama se acurruca en un soleado rincón. Cuando paso a su lado, ni se inmuta, parece habernos perdido el miedo, parece saber que nadie tiene ahora tanto miedo como nosotros.

Asoma la vida entre el contoneo de cortinas movidas por la brisa. Atisbo sutiles trazos de confinamiento en cada edificio; ambientes de lectura, de charla con una copa de vino, de mesa camilla, de televisores crispados o sillones con tapete.

La ropa tendida en los balcones ha formado una guirlanda improvisada de chándales y pijamas, camisetas para dormir o zapatillas de estar por casa. Es la fiesta de la indolencia.

Me cruzo con un anciano encorvado, de mirada vidriosa y paso lento, vencido por el tiempo tras una mascarilla.

Parques con los ojos cerrados, melancólicos, callados, sin patinetes, sin balones, sin risas, sin alma. Sin sentido.

Una bandera de España en el balcón, con sus colores desteñidos por el contexto.

Una niña junto al dibujo de un arcoíris en la ventana: “Todo va a salir bien”. Descaminada y naíf profecía. Siendo justos, quizás también necesaria.

Veo perros paseando pacientemente a sus dueños y mi restaurante favorito desarropado, pidiendo auxilio con las persianas echadas.

Arranca el autobús con una solitaria pasajera y se aleja dejando un silencio crepuscular.

Al llegar a casa, mi hija me recibe vestida de Cenicienta con una barra de fuet en la mano: “¡Mamá!” Y el timbre de su conmovedor entusiasmo me devuelve a la realidad.

Es hora de despertar.

7 comentarios

7 Respuestas a “Despertar”

  1. O'farrill dice:

    Precioso el artículo y su descripción poemática de una realidad más negra: el confinamiento de una población de 47 millones de personas, bajo medidas dudosas en su constitucionalidad, sometida a los sermones y adoctrinamiento que escupen los medios de comunicación (oficiales y oficiosos), con la responsabilidad personal que nos han impuesto como sospechosos de querer contagiar a los demás (presunción de inocencia ida por el desagüe), mientras nos deslizamos a unos sistemas políticos autoritarios al amparo de la crisis sanitaria y de la desastrosa gestión de la misma. Todo un ejemplo de cómo las advertencias del mundo distópico de los Orwell, Bradbury, Huxley, etc. o las historietas de los cómics futuristas, se van haciendo realidad desde un gobierno presidido por «juego de tronos».
    En todo ello se echa en falta la libertad, la diversidad, los proyectos personales y hasta los afectos recíprocos.
    No sé si Bárbara besará a su hija cuando llegue a su casa contraviniendo así los consejos que desde las emisoras nacionales dan: no abrazar, no besar… hacerlo con la mirada…. Yo llevo casi dos meses ya sin abrazar a mi hija, manteniendo con ella dentro de casa la distancia de seguridad, con miedo a contagiarla de algo de lo que no sé si soy portador, pero sí sospechoso al igual que ella hacia mí. Conozco parejas que echan de menos los encuentros íntimos o las relaciones sexuales porque pueden ser una trampa mortal…. Hay desconfianza social sembrada por doquier, denuncias o delaciones, vigilancia policial poco específica y hasta control de nuestros mensajes, opiniones y pensamientos (la «policía del pensamiento» es ya un nicho de negocio para entidades de «los nuestros»).
    Una pesadilla de la que espero y deseo despertar cuanto antes. Un saludo.

  2. Sedente dice:

    Sorpresivo texto con final mágico para mostrar la paradoja. No sé si era su intención pero le felicito.

    Es la disfrazada magia de la ilusión y la fantasía la que trae la paradoja.

    ¿Despertar de qué para ver el qué?
    Despertar del horror por y para ver la mágica ilusión de lo futuro, quiero pensar.

    Miren la metáfora en la que estamos. Todos necesitando mascarillas, tan grande es el hedor que se desprende de lo hecho.

    Solo se puede entender ese despertar como una necesaria ruptura de lo antiguo hacia lo nuevo.
    Del desmontaje del pasado equivocado hacia la puesta en marcha del ilusionante futuro.
    Por todos ellos, nuestros hijos, (-nosotros-), es necesario desmontar toda infecta letrina en favor de lo bello, hermoso y justo.

    ¿Trabajo?
    ¡Claro que hay trabajo!
    Ya lo dije hace mucho y lo repito aquí, hay tanto trabajo que agota el solo pensarlo.

    Pero no hay cosa que alegre más al cuerpo y lo llene más de endorfinas y riqueza hacia el alma que el trabajo por el bien hacer.
    Y si es por el mayúsculo Bien, más será.

    ¿A qué empresa acudirían a trabajar?
    ¿No acudirían a trabajar a aquella empresa que se dedique a todos nuestros hijos (-nosotros-)?, ¿Al ilusionante y perfecto futuro?, ¿Creando el futuro perfecto?
    Una empresa que diga: ¡Eh! ¡Vamos a arreglar el mundo porque todo esto es una mierda que no hay quien la aguante!

    ¿Cómo?
    Haciendo esto, lo otro y lo de más allá.
    ¿No se les ocurre?

    Les voy a dar unos cuántos pasos.
    -Girando el planeta y explicando el por qué. Hablando y contando el mensaje que aquello encierra. La tremenda unión mundial que supone todo eso.
    -Dejando de construir armas. Destruirlas, desmontarlas y olvidarlas. No más guerras.
    -Ocupándose en primer lugar de aquellos de nuestros hermanos más olvidados. Aquellos más débiles y escuálidos. Aquellos todos tan desamparados.
    -Limpiando, reforestando, proyectando, construyendo y haciendo.
    -Creando y plantando lo nuevo e ilusionante.
    -Empezando.
    -Despertando.
    -Luchando contra todo mal.

    ¿Castillos en el aire?
    Sí, Sí. Claro que SÍ.
    Así se hacen las cosas.

    Lo soñado realizado.
    Creando lo imaginado.
    Con las huellas de nuestras manos.
    Moldeando el barro.

    ¿Acaso solo quieren dejar sus pisadas?

    HACER.

    Hacer es el verbo.

    A él le acompañan la voluntad y el sueño. La ilusión acompaña al hacer.

    ¿Vergüenza?
    ¿Se creen que no la siento? ¿Que no me atemoriza y paraliza los huesos?
    ¿Se creen que esto que escribo y mi tono no resuena en mi interior con un acompañamiento que me atemoriza?
    Por tal osadía. ¿Se creen que considero normales las cosas que muchas veces escribo?
    ¿Se creen que no me pregunto de dónde sale todo esto y el por qué me meto en tales berenjenales?
    ¿El descrédito o la burla o el pensar de locura que me acompañan?
    ¿La vergüenza?

    Y entonces despierto. ¿Vergüenza?
    Vergüenza es callarse y no intentarlo.
    Vergüenza es morir sin haberlo intentado.
    Vergüenza siento cada noche al acostarme y tener que pensar. Otro día.
    Otro día perdido.

    Esa sí es una terrible y enorme vergüenza.
    Despertar y ver y oír la misma podredumbre es una vergüenza.
    Despertar y ver el otra vez, otra vez.
    Sentir ese otra vez, es un horror mas suma otro horror.
    Otra vez.
    Otro error.
    Otro día en sentido contrario hacia donde deberíamos ir.
    Eso si es una vergüenza.

    ¿Lo otro?
    Lo otro es la magia y el sueño soñado.
    Lo otro es la ilusión y la esperanza.
    Lo otro es Caridad y el buscar lo Bueno.
    Lo otro es sentirse orgulloso por encima de la vergüenza.
    Lo otro es poder decir: «Yo lo hice», «Yo colaboré»
    «Yo también soñé el sueño soñado»
    Yo dejé mis huellas en el barro.
    Para dejar … lo mejor.

    Para arreglarlo.

  3. Manu Oquendo dice:

    Pues el día que comenzó la prisión domiciliaria más dura de Europa –y la más ineficaz para salvar vidas– me dormí pensando que, aunque residual, estábamos todavía en una democracia al estilo europeo. Esta sensación duró poco ya que en amaneceres sucesivos me fui Despertando con la consciencia de que me estaba adentrando en un mundo tenebroso, entre sepia y gris marengo.

    Un mundo feo que me recordaba los lejanos Estados de Excepción de Franco, con policía patrullando las calles y llevándote a comisaría por si la autoridad gubernativa tenía a bien multarte porque seguro que habías hecho algo mal al salir de casa en pleno Estado de Sitio. Si todo iba bien la sanción, recurrible, era de tres mil pesetas. Si no iba demasiado bien, los días en comisaría se prolongarían y si iban mal terminabas en Martutene y desde allí al TOP y vuelta.
    Aquello pasaba por exactamente por las mismas razones que hoy día sucede a cientos de miles de personas que no entienden una norma sin cobertura constitucional. De hecho les bastaba mirar a Portugal para saber que la norma, en España, era para otra cosa.

    Luego fui cayendo en la cuenta de otros detalles.

    Un día Radio Nacional de España sacaba en hora punta llamadas anónimas de supuestos oyentes para insultar a Isabel Díaz Ayuso, la joven presidenta de la Comunidad de Madrid convertida en objeto de odio por ir a misa por los muertos y llorar. Al día siguiente comprobabas que el Consejo de RTVE está compuesto por 5 señores de Podemos, 4 del PSOE y 1 del PNV.

    La semana se acababa y leías que la mortandad reportada, ya la mayor del mundo, no era cierta. Que había muchísimos más muertos.
    Otro día en una larga locución al estilo pausado del primer Castro, ves que el Presidente del Gobierno pide disculpas tras un acto oral fallido. Acababa de decir, «España» y «Nación» para inmediatamente corregirse azorado para susurrar, «bueno, en realidad, mejor decir Comunidad»

    En otro momento caes en la cuenta de que no había tests – todavía hoy no los hay lo cual resulta hasta conveniente– y que a los muertos de las residencias y en las casas no se les podía contar como fallecidos por la plaga. En resumen que nos faltan muertos por contar y el gobierno no mueve un dedo por ponerles cara y número. Deben parecerles poco porque ni siquiera muestran señales de duelo.

    Un día veo que El País había decidido cerrar sus famosos «comentarios» abiertos a sus lectores on-line. Miles de comentarios cada día en casi todos los artículos y, muchísimos de ellos, muy críticos con el Gobierno y con el artículo si así les parecía. En general El País era bastante liberal y la ocasional censura estaba centrada en temas tabú como las “Gender Policies”.
    Al día siguiente la redacción del medio se siente ya sin freno y sabedora de que lo que sus propios lectores piensen de los contenidos ya no importa, se convierte en instrumento para mejor blanquear la peor gestión gubernamental del mundo. ¿Un acto de patriotismo entre gentes sin patria?

    Otro día–fuera del circuito «adicto», por supuesto– hay titulares de subvenciones millonarias a medios televisivos privados célebres por su apoyo ideológico a este gobierno. A los pocos días leo que la esposa de uno de los más sectarios, también entrevistadora televisiva, ha creado una compañía para asesorar sobre «bulos» que no sean los del gobierno. «Oye, a facturar, que son tres días».

    A seguir hay un general de la Guardia Civil, recién ascendido por este gobierno al que no gustaba lo suficiente el vigente escalafón, que dice en la Tele del Partido, antes pública, que tiene órdenes de vigilar las noticias falsas en los chats y sistemas privados de mensajería.
    El ministro entra en cólera y dice que el general o no regía bien o había leído mal lo que su ministerio le había puesto ante los ojos en el teleprompter. La gente comienza a abandonar Whatsapp para irse a plataformas como Telegram. O hacen como un servidor que he regresado al Nokia de 25 euros. Un ajuste a la economía que viene. La pana vuelve, estimada Bárbara.

    Esa noche ya no dormí y cuando se acercó la hora de Despertar recordé que en la Jurisprudencia española la Falsedad ideológica en documento privado no es delito en si misma. No señor. Audiencia de Sevilla ratificada por el TS hace más de 20 años. Conclusión, el Gobierno tiene tiempo para perseguir lo que no es delito pero sigue sin tener suministros suficientes.

    A la hora de desayunar me di cuenta de que el Ministro es también Magistrado y que la ilegalidad de las Órdenes que su ministerio había transmitido al General de Estado Mayor de la Guardia Civil le era mucho más conocida que a mi.
    En realidad ¿qué está tratando de hacer el Ministro? ¿Qué persigue? ¿Al disidente? ¿Al adversario?

    Al día siguiente los uniformados desaparecieron de las ruedas de prensa del “relator oficial” de la Gran Mortandad. En México, gran nación hermana, a los uniformados y a las señoras también estaba prohibida la entrada en las pulquerías. El pulque es el zumo primigenio del ágave fermentado.

    Otra madrugada, mucho antes de Despertar, y en plena pesadilla recordé que hace 45 años en otro «Virus» mucho más mortal –el del Sida por el que murieron Decenas de Millones en todo el mundo y siguen muriendo todavía– sucedió todo lo contrario.
    Es decir, donde para permitirte viajar y tomar residencia tenías que presentar los correspondientes certificados de Vacunas y de Salud, de repente, todas esas exigencias desaparecieron en Occidente. Y se comenzó a denigrar a países que los mantenían. Rusia, Cuba o China, por ejemplo.

    Curioso, ¿no? En aquel caso hoy sabemos que se buscó maximizar y acelerar deliberadamente la difusión global de aquella mortal enfermedad. Hoy sigue sin freno y ya pasan de 32 millones los «decesos». Sigue muriendo una media de 700,000 personas por año y ya es una forma de eutanasia estructural.

    El caso es que esta pandemia nos está mostrando la verdadera cara de este gobierno y han vuelto los Despertares del miedo y de la incertidumbre, los Despertares sudorosos del duelo, del paro y de la miseria. Tal parece que ya estamos donde nos dijeron que íbamos. A veces pienso que sería mejor seguir durmiendo y no Despertar.

    Saludos y gracias por otro precioso corto de la autora.

  4. Sedente dice:

    Deberían preguntarle a sus hijos, a aquellos que todavía no han perdido la sonrisa y la ilusión de sus rostros, sobre algunas cosas.

    Deberían preguntarles, por ejemplo, si les gustaría un mundo sin guerras. Si les gustaría que la entera humanidad se uniese para ayudar a los más necesitados. Si les gustaría que todos los adultos se pusieran a trabajar y a construir ambientes fabulosos, preciosos y bonitos. Divertidos. Si les gustaría que las casas de todos fueran hermosas y con jardines y zonas para poder disfrutar correr y hacer deporte. Si les gustaría poderse tumbar en la hierba bajo la sombra de un árbol.
    Si les gustaría que los adultos se hermanasen como guiados por el bien común y comenzaran a construir zonas en las playas con la creación de piscinas y atracciones y transformaran todas las zonas ariscas en zonas sinuosas y cómodas para el ser humano. Si les gustaría que los ríos llevasen aguas limpias y toda la energía generada en el planeta fuera limpia y no contaminara.
    Si les gustaría no encontrar residuos flotando en el mar cuando se bañan. Si les gustaría que el planeta entero fuera como un gran y maravilloso parque de atracciones, donde todo estuviera cuidado y a cada paso se hiciera mejor.
    Si les gustaría poder viajar y conocer todo su planeta y saludar y ayudar y disfrutar con todos aquellos que lo habitan. Y hubieran fiestas y proyectos comunes en todos los confines de la tierra. Que se investigase y se crearan formas para hacer todo esto posible.
    Deberían preguntarles si les gustaría que sus padres, ustedes, fueran unos de los que hicieran todo eso.

    Ahora, también deberían preguntarles si creen que debería de interponerse una demanda colectiva contra alguien en el tribunal supremo o en el tribunal de derechos humanos de Estrasburgo por su mala gestión y así interponer demanda tras demanda durante decenas de años de recursos y apelaciones.
    Deberían preguntarles también si les gustaría que mucha gente estuviera en la cárcel. Si les gustaría que a los padres de algún amigo suyo los multaran por haberse portado mal. Si les gustaría hacer una nueva guerra contra ese país en el que parece que todos son muy malos. Y así matarlos a casi todos, incluso a los niños de allí, y mantener a los restantes encerrados en desiertos, hambrientos y andando entre sus heces. Si les gustaría que los adultos quemaran todos los bosques del planeta y ensuciáramos todos los mares y los ríos hasta que no hubiera agua sana en ninguna parte del mundo. Deberían preguntarles si creen que es mejor que gobierne la izquierda o la derecha o los extremos con el centro o los que quieren ser independientes pero dependientes del mundo entero. A ver si consiguen ellos entenderlo.

    Deberían preguntarles todas estas cosas o algunas más con sus propias palabras.
    A ver que dicen.

    Sebastiao Salgado, el famoso fotógrafo, después de ver y fotografiar los horrores de la guerra, de ver los ríos convertidos en sangre con miembros desmembrados flotando por doquier, tuvo que retirarse para recuperarse a una tierra yerma y deforestada que había heredado, patrimonio de su familia.
    Allí comenzó a crear un nuevo bosque que es hoy un ejemplo de reforestación y sostenimiento. Seguro que muchos ya lo habían oído o visto.

    Deberían preguntarse a sí mismos que quieren seguir haciendo.
    ¿En qué mundo queremos despertar mañana?

    Si tienen dudas, el consejo de sus hijos puede resultar muy útil.

  5. Alicia dice:

    «Un escape room, sala de escape o cuarto de escape es un juego de aventura físico y mental que consiste en encerrar a un grupo de jugadores en una habitación, donde deberán solucionar enigmas y rompecabezas de todo tipo para ir desenlazando una historia y conseguir escapar antes de que finalice el tiempo disponible (normalmente, 60 minutos). Cada juego puede estar ambientado en un escenario completamente diferente: naves espaciales, búnkeres militares, casas encantadas, la guarida de un asesino en serie, el despacho del director de un colegio y un sinfín de temas. Usualmente los temas de los acertijos siguen la temática del cuarto.»
    La definición la he sacado de wikipedia. Pero no sé encontrar la respuesta a cómo salir de ésta, ni hacia dónde.

    1. O'farrill dice:

      Alicia, si te refieres a cómo salir de ésta (crisis sanitaria) mi lado optimista dice que sí es posible desde el olvido de lo «electoral» para centrarse en el problema de forma conjunta y sin «trampas ocultas» como los llamados «pactos de reconstrucción nacional» y otra tonterías por el estilo. Hace falta para ello una sociedad aún más crítica y exigente, pero también menos cómoda en sus aspiraciones. Una sociedad alejada del alienamiento infantil con el que han estado preparando el terreno desde la ingeniería social: «elaborar una ciencia social que permita administrar los comportamientos individuales y colectivos. Crear un hombre nuevo y una sociedad racional presidida por la Ciencia…» (Rockefeller). Una sociedad donde las nuevas «religiones» que nos enfrentan no tengan cabida y donde quienes manejan los hilos no encuentren marionetas serviles, cuando no mercenarios bien pagados.
      Todos los problemas que han afectado al mundo a través de los tiempos, han sido solventados por el conocimiento, la experiencia y la esperanza de quienes han ejercido la verdadera «autorictas». En cambio poco se puede esperar de un grupo de PNNs aupados a una situación, por la ignorancia y el adoctrinamiento rancio las falsas «derechas» e «izquierdas» que tienen cómo únicas referencias el mundo de la ciencia ficción o sólo de la ficción.
      Un saludo.

    2. Sedente dice:

      Hay muchas pistas para salir de esta y hacia dónde, pero las pistas interesantes a nadie le importan y nadie quiere seguirlas o eso parece. Todos tenemos muchas pistas acumuladas, pero estamos tan infectados por las distopías ya, que nadie cree en las buenas pistas.

      Lo único que sigue mucha gente son cosas como «supervivientes», fíjese que título en tiempos de pandemia, o «sálvame» otro éxito del momento. Para los más exigentes está el «sálvame de luxe» en el que tienes que llevar lentejuelas y zapatos brillantes.

      Como resultado, la conocida y manida frase:» es lo que hay».

      Luego sale un individuo con muy pocos escrúpulos que nos dice «en consecuencia» muchas veces y va proponiendo fechas y días y horas a todos y todas, nunca a todas y todos, cosas o cosos o cosus o cosis o coses. Todas esas cosas y cosos y cosus y cosis y coses las iremos haciendo todos y todas, nunca todas y todos.
      Fíjese que proponen cuatro fases y en lugar de numerarlas 1, 2, 3 y 4 las numeran 0, 1, 2 y 3 con toda malicia para propiciar más el caos y el desconcierto.
      Podrían haber dicho que las fases son: la 1 que corresponde a la -27, la 2 a la 3 raiz cuadrada de 22, la fase 3 a la 8 fracción de -9 y la 4 a la derivada de infinito cuando tiende a 8, y daría igual.
      Ya nadie sabe qué fase corresponde a qué ni en qué consiste cada fase (no lo saben ni ellos). Es la teoría del caos que otros se encargaron ya de popularizar.
      Y así, «en consecuencia», llegaremos a un escenario que seguirá con lo que muy bien resumían anteriormente: «la pana vuelve».

      Nuestros hijos, poco a poco, también se irán dando cuenta de que aquello que hacían los mayores no era arreglar las cosas de verdad si no un «sálvese quien pueda». E irán cayendo, a través de los años, en el pesimismo y la tristeza, en la seriedad. Y ya no disfrutarán, siendo mayores, de una permanente sonrisa y felicidad, al igual que nosotros.

      Con los años, o pasado el tiempo, encontrarán una vacuna o un medicamento que mitigue los efectos de la pandemia, y los muertos quedarán difuminados en las estadísticas. Perdidos entre otras muertes por accidentes, asesinatos, suicidios, abortos, eutanasias y un sin fin de enfermedades con nombres antiguos y otros nuevos.

      Y bla, bla, bla, bla… vuelta a empezar. Las piedras de arriba de la pirámide serán cada vez más grandes y las de abajo cada vez más pequeñitas.

      Todo por no querer seguir las buenas pistas.

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